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3)Textiles prehispánicosDe muy contadas regiones americanas se han conservado muestras prehispánicas de telas de algodón. Todos los países no han sido tan favorecidos como Méjico y el Perú por la climato logía, en el particular de que se hayan preservado casi intactos los restos de civilizaciones antiguas. Sin embargo, queda constancia en las fuentes escritas de que la habilidad en el tejido no fue patrimonio exclusivo de los dos pueblos mencionados, sino que era compartida por otros grupos, ahora extinguidos. Son demasiado vagas en cuanto a localidades geográficas las afirmaciones de Las Casas sobre la habilidad de algunos pueblos americanos para hilar y tuer algodón y lana (Casas, 1909, 167, 168). a) Según el doctor Alvarez Chanca, quien relata el segundo viaje de Cristóbal Colón, en la isla de Guadalupe, habitada por caribes, halló mucho algodón hilado y por hilar, y "muchas man tas de algodón tan bien tejidas que no deben nada a las de nuestra patria" (Navarrete, 1954, I, 186). b) Los españoles elogian la ropa que usaban en la provincia de Paris, parte occidental del istmo de Panamá : "las mantas hacían con labores de tintas muy gayas" (Andagoya: Cuervo, 1892, II, 93). c) La serranía de Abibe era habitada por pueblos que en el piedemonte cultivaban algodón ales, y del algodón hacían "muy buena y fina ropa que llevan a vender y contratar por aquellas tierras a los pueblos que en ellas hay poblados" (Aguado, 1919, II, 53; -----, 1957, IV, 28). d) Los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta elaboraban "paños... que es cosa de ver" (Enciso, 1948, 216). "Levántase sobre todo encarecimiento... las mantas pintadas de colores varios en el telar" (Simón, 1953, VIII, 115). Bajaban a rescatarlas a la Ciénaga por pescado y sal (Frigide, 1960, NR., 214). e) Los muiscas de la altiplanicie cundiboyacense --aunque no fueran cultivadores de algodón --habían alcanzado notable adelanto en la manufactura de esa fibra. La distorsión de las ca racterísticas culturales indígenas en algunas obras españolas, no alcanza a anular hechos como aquél. Para el autor del "Epítome", la habilidad textil de los muiscas era producto de imitación de lo que vieron a los españoles, cuando dice: "Es gente de mediano ingenio para hacer cosas artífices, como en hacer joyas de oro y remedar las que ven en nosotros, y en el tejer de su algodón, conforme a nuestros paños, para remedarnos; aunque lo primero no lo hacen tan bien como los de la Nueva España, ni lo segundo, tan bien como' los del Perú" (Cuervo, 1892, II, 213-214; Friede, 1960, NR., 267-268). Juan de San Martín y Antonio de Lebrija, más llanamente, informan: "La gente de ella [la tierra del Nuevo Reino] andan vestidas de ropa de algodón diferente de la de Santa Marta y de la del Perú. Es muy buena y pintada de pincel la más de ella" (Friede, op. cit., 197). Es natural que los tejidos más finos se encontraran en poder de individuos de alta jerarquía (Ibid., 240-241, 244). f) En la cuenca del Cauca hallaron los españoles excelente ropa de algodón. Entre Palomino y el Pueblo Grande de los Gorrones, sobre la orilla del río, halló el conquistador Robledo "ropa galana y blanca" (Robledo, J.: Cuervo, 1892, II, 393). Asimismo en Tahamí, en el sector más bajo del río, se halló ropa "muy pintada y galana" (Ibid., 408). En este último caso, por la vecindad geográfica, la ropa pudo obtenerse de la región de Abibe [véase inciso b)]. No hay datos para pronunciarse sobre posibles focos manufactureros de telas finas en el alto Cauca. g) Uno de los centros donde la manufactura del algodón parece haber alcanzado niveles de altísima calidad, es la parte superior del Amazonas, entre las confluencias del Putumayo y del Ucayali. Cuando descendía Orellana en 1541, en el mismo pueblo donde halló mucho maíz, abajo de Las Picotas, había "muy buena ropa de algodón" (Carvajal, G., 1894, 56). Asimismo, durante la expedición Ursúa-Aguirre, en 1561, se comprobó que la gente de Cocama "anda vestida curiosamente de algodón", y que en Cararo, más abajo, era "toda gente vestida de muy buenas y galanas camisetas pintadas de labores y colores de algodón al uso del Pirú" (Vázquez de Espinosa, 1948, 382, 383; Castellanos, 1955, I, 628). En los dos siglos siguientes, los cocamas continuaban vistiendo camisetas "muy pintadas y galanas", que trocaban por cuchillos y herramientas (Figueroa, 1904, 103; Uriarte, 1962, I, 131; 199; Jouanen, 1941, 1, 320; 381). Los de Cararo, que deben ser los omaguas o cambebas, siguieron usando --aunque no todo el año --sus llamativas camisetas pintadas (J. de la Espada, 1889, Teix., 85; Heriarte, 1874, 53-54; Laureano de la Cruz, 1942, 49; Berredo (1749) 1849, 303; Monteiro de Noronha, 1862, 58; Ribeiro de Sampaio, 1825, 72-73). En la cuenca del río Chinchipe, alto afluente del Marañón, los indígenas tenían mantas de algodón de colores para cargar al brazo, y camisetas que casi no se ponían (J. de la Espada, 1897, IV, xlviii). En general, la habilidad de varios grupos de esta porción amazónica para confeccionar telas era alabada (y fue aprovechada económicamente) por los misioneros (Magnin : RI, 1940, I, 171, 183; Jesuítas, 1942, 75; Uriarte, 1962, I, 160; 193). h) Hay unanimidad en las fuentes para sostener que fue en el Perú, tanto en la costa como en la sierra, donde la hilatura alcanzó el más alto nivel de perfección, aun en parangón con cen tros del Viejo Mundo como la india. Un autor sostiene que en general los peruanos superaron a todos los pueblos en diseño del. tejido, mientras que los indostanes sobresalieron en los tejidos estampados y teñidos; unos y otros usaron elementos técnicos muy semejantes. La exquisita perfección del tejido en el Perú obedeció más a la habilidad del operario que a la complejidad de los elementos o procesos empleados (Crawford, 1924, 51-52, 55). Ponderando un autor la simplicidad del útil empleado, añade: "...hacen los tejidos, así los llanos y sencillos como los labrados de colores y figuras, los bastos y los ricos y preciosos, a dos haces, que es obra de gran primor y que con razón nos admira" (Cubo, 1956, 11, 259).
4) Industria textil colonialCon los españoles llegó la concepción mercantilista, que se aplicó a los recursos naturales de América, a los productos cultivados y a la mano de obra. Durante el siglo XVI la industria textil orientada por las concepciones económicas e industriales de los españoles fue muy modesta. El equipo mecánico y aun las instalaciones debieron ser lo más sumarias e imprescindibles [véase inciso E), numeral 2)], puesto que la labor primaria estaba encomendada a los indígenas tributarios dispersos en sus viviendas.
a) Mano de obra.No sólo el indígena fue el cultivador del algodón (Patiño, 1966, 412-413), sino el que beneficiaba la fibra. Este beneficio tuvo dos aspectos principales: la hilatura local y casera de mantas para pagar el tributo; y la hilandería y tejeduría por cuenta directa del encomendero o empresario textil, en el domicilio de este o en instalaciones ad-hoc. Bajo una u otra forma, el indígena, como ha sido la regla, fue objeto de abusos de toda laya. En Tocuyo, principal centro textilero de Venezuela, los indios hilaban, para los españoles (Arellano, Moreno, 1950, 154). En Mérida el oidor Vázquez de Cisneros fijó las condiciones que de bían regir para el trabajo y el salario de las indias hilanderas y los indios tejedores de algodón (Gutiérrez de Arce: AEA, 1946, 1181; Arcila Farías, 1957, 265, 266-267; 359). Todavía en el siglo XVIII los pocos indios que quedaban en los valles de Chabasquen y Sanare (Tocuyo) labraban lienzos de algodón, uno ordinario y otro más delgado (Altolaguirre, 1908, 160). En la parte oriental, los cumanagotos de Píritu labraban hilo, que cambiaban a los españoles por herramientas y otros artículos (Ruiz Blanco, 1892, 18). En lo que es hoy territorio caldense, los indígenas debían entregar algodón hilado (Friede, 1963, Q., 102). En varios lugares de la porción meridional del Ecuador, tanto de la Sierra como del flanco amazónico, en la segunda mitad del siglo XVI y primera del siguiente, los indígenas tenían por princi pal oficio hilar algodón para sus encomenderos, como en Quijos, Loja, Nieves y Cungarapas (J. de la Espada, 1897, III, 12, 216; IV, 44, lxx). Durante la época de las misiones jesuíticas, los indígenas del Marañón, especialmente los omaguas, eran empleados en lo mismo (J. de la Espada, 1897, IV, cxlv; -----, 1889, Mar., 511; Magnin : RI, 1940, I, 169; Uriarte, 1962, I, 160; 193). Los indígenas de Solongo, costa ecuatoriana, tenían este como oficio preponderante a principios del siglo XVII (Torres de Mendoza, 1868, IX, 291). En la época prehispánica algunos pueblos no hacían diferencia en los sexos para este menester. En las provincias ístmicas de Cabiores y Durucaca (actual Costa Rica), "hilan los hombres co mo mujeres, e lo tienen por cosa e oficio ordinario para ellos" (Oviedo y Valdés, 1959, IV, 427). Entre los serranos de Santa Marta: "Ellas [las mujeres] hilaban aprisa y muy delgado y ellos [los hombres] tejían muy despacio y muy curioso" (Simón, 1953, VIII, 115). En el río Guarapiche que desemboca al golfo de Paria, hombres y mujeres hilaban el algodón sobre los muslos, pero sólo las mujeres tejían las hamacas (Pelleprat (Montezon), 1857, 140). En los Andes ecuatoriales la tejeduría era labor masculina, y la hilatura oficio femen.ino entre los imbabureños (Jijón y Caamaño, 1920, 122); cañaris (Cieza, 1924, 132, 149), y entre los serranos en general (Compte, 1885, I, 55). La costumbre de que el hombre hile o teja, perdura entre los jíbaros actuales (Karsten, 1935, 89, 97, 98, 243; 106). También hubo igualdad entre los sexos en la industria textil durante la dominación española, aunque entonces con carácter compulsorio, como en Santiago de Atalayas, donde los españoles "no perdonaban sexo ni persona para semejante ejercicio, pues no solamente las mujeres, para quienes es más propia esta ocupación, se empleaban en ella, sino hasta los varones, para quienes es indigna la operación de hilar, la cual desdeñan aun los bárbaros; y hasta los niños tiernos, cuya delicadeza y edad pedía dispensación en el trabajo; todos sacaban fuerzas de flaqueza para hilar el día entero y cumplir su tarea, sobreponiéndose a la falta de vigor, el temor del castigo, y la crueldad de los amos" (Rivero, 1956, 32).
o -No parece que la tecnología europea hubiera tenido mucha influencia en la industria textil durante la época colonial en América. Incidentalmente se habla de que algunos españoles, seglares o religiosos, enseñaran a algunas tribus a hilar. El médico Laguna trata sin contemplaciones a las mismas mujeres españolas de su época a este respecto: "Como por estas partes hilen de tan mala gana las hembras y quieran antes enviar a las Indias por aquella suerte de tela que hilarla y tejerla en sus propias casas... " (Font Quer, 1962, 408; 407-408). Para 1582 se dice de los colimas que "ya saben" hilar algodón (Latorre, 1919, 119). Recuérdese que la habilidad de las mujeres de esta área en la época prehispánica es alabada en ese particular. Un fundador de pueblos costeños de la Nueva Granada se vanagloría de haber enseñado a los mulatos, zambos y mestizos al occidente del San Jorge, a hilar y tejer varias fibras nativas, entre ellas el algodón (Torre Miranda, 1794, 17). Aun a tejedores insignes como los indígenas de la altiplanicie ecuatoriana se los ha calumniado al decir que se les enseñó a fabricar sus propias telas, justificando con este argumento la esclavitud de que fueron objeto en los obrajes (Vargas, 1957, 42). También a tribus tan familiarizadas con el algodón como las del Marañón y alto Amazonas, célebres por sus telas pintadas, se ha pretendido por apologistas de los misioneros, que estos les enseñaron a tejer (Rodríguez, 1684, 264-265). Lo único que hicieron fue introducir un tipo de telar más eficiente (Uriarte, 1962, I, 160; 193). Los españoles durante su dominio no mostraron la misma habilidad técnica que los indios, y aun tuvieron desaciertos en la conducción de la industria textil (Prado, 1941, I, 67-69). El botánico Ruiz observaba en el siglo XVIII que los indígenas peruanos no habían adelantado nada en textilería, y que las piezas trabajadas en su época eran idénticas a las que se extraían de tumbas antiguas (Ruiz, 1952, I, 267). Los telares de Chile se arruinaron en el siglo XVII, cuando se prohibió usar indios en los obrajes (Montero Guzmán, 1948, 64). En este, como en otros aspectos en que se confrontan tipos distintos de cultura, no debería entrar en juego el factor capacidad. No debe olvidarse que España fue el primer país europeo que conoció y usó el algodón, traído por los árabes, y que la industria algodonera --inclusive la del papel --mientras ellos dominaron fue floreciente. Lo que debe ponerse en la balanza es el desvío hacia toda actividad industrial o manual, que manifestaron los españoles en América. Actividad que no se ejercita, no promueve la creación de adelantos técnicos.
oo -Algunas tentativas se hicieron durante la dominación española para cambiar la utilería industrial. En 1518 el licenciado Suazo mandó a hacer "ingenios" para limpiar el algodón en la isla Española (Torres de Mendoza, 1880, XXXIV, 253). La industria suramericana que empezó en Tocuyo, fue la primera que empleó "telares altos", como los europeos (Aguado, 1918, I, 362;-----, 1957, III, 245-246). En Santa María de Nieves o Nieva, bajo Marañón, los encomenderos a fines del siglo XVI o principios del siguiente, daban a los indios encomendados o curicamayos, "tornos y algodón" (J. de la Espada, 1897, IV, 44). Antonio de Narvdez y de la Torre dice en 1778 haber pedido a Barcelona con destino a Santa Marta, cuatro maquinitas para despepitar e hilar algodón (Cuervo, 1892, II, 179). También el vi rrey Ezpeleta pidió a Europa máquinas de tejer, hilar y desmotar el algodón, para el Hospicio- de Bogotá (Groot, 1890, II, 303). Se ignora la suerte que corrieron tales iniciativas. Lo que se sabe sobre el estancamiento de 1a industria en España desde mediados del siglo XVI (Herrera, G. A., 1819, III, 221), permite creer que las mencionadas máquinas e ingenios no eran nada del otro mundo en perfección. De Martínez de Pinillos se asegura que -ya para terminar la época colonial- enseñó a los productores de algodón del Socorro y San Gil a empacar y prensar la fibra (Camacho: Caldas, 1942, II, 9-10; nota; Febres Cordero, L., 1950, 172). Aun la utilería introducida sufrió la adaptación inevitable hecha por los operarios indígenas. Manifiesta Caldas, a propósito de los obrajes que vio en Otavalo en 1802: "He formado el plano de uno de ellos, el diseño de tornos, telares, perchas, batanes, que difieren mucho de los que usan los pueblos civilizados(...)Estos hombres [los indios] han fundido, por decirlo así, las artes y la industria en la simplicidad de sus almas. Todo lo que tiene visos de complicado lo han desterrado de sus maniobras, y han sabido sustituír instrumentos sencillos y análogos a su genio. Ud. [se dirige a Mutis] verá con placer sus tornos, la.supresión del "aspa-decuenta", y muchas piezas del telar común, sin faltar a la exactitud de la maniobra. No negaré que los indios han degradado las artes del punto en que las recibieron de sus conquistadores en general, pero ninguno me podrá disputar en vista de mis trabajos y observaciones, que más sabios que sus maestros han sabido simplificar muchas máquinas y muchas operaciones" (Caldas : Mendoza, 1909, 200-201). No se olvide que Caldas pertenecía a la casta dominante.
b) Obrajes.Los obrajes eran instalaciones donde se concentraban indígenas mitayos para actividades manuales de tipo industrial. Los de lana y algodón de la sierra ecuatoriana los describe así un autor "En su aspecto material, la vivienda era extensa, como galpón, con pequeñas ventanas, defendidas por rejas de hierro, que dejaban pasar poca cantidad de luz, con una puerta; en su interior se encontraban los mismos instrumentos y aparatos primitivos que los indios los inventaron y con los cuales trabajaban sus tejidos: la rueca, el telar primitivo, las cardas, las devanaderas. En. sección aparte estaban las enormes pailas utilizadas en la tintorería; completaba la fábrica el famoso batán, situado en orillas de un río o de una acequia..." Los indígenas permanecían encerrados bajo llave todo el día; sólo descansaban breves minutos a la hora del almuerzo, que les era llevado por sus mujeres o hijos. Por lo general se daba una tarea fija; quien no la cumplía era azotado (Pérez A. R., 1947,. 172-173; 171-202). Para fines del siglo XVI o principios del XVII funcionaban en la entrada a los Llanos orientales del Nuevo Reino, vía de Casanare, varios establecimientos de ese tipo, como los de Santiago de la Atalaya: "Era mucho el obraje que había entonces sobre beneficiar el algodón: para eso tenían ramadas muchas y muy capaces, y en ellas, como si fueran cárceles o mazmorras, de Berbería, tenían encerradas a estas gentes [indios achaguas], atareadas todo el día en desmotar e hilar el algodón, más oprimidos y sujetos que si fueran esclavos..." (Rivero, 1956, 32). No es de esperar que este tipo de trabajo compulsorio propiciara mejoras tecnológicas. Es difícil explicar entonces, por qué algunos centros de producción de América equinoccial tenían más fama que otros por la calidad de las telas que producían. Quizá se debió a la procedencia de la fibra.
c) Centros de producción.Ya se dijo que en Sur América durante la dominación española la textilería de algodón con carácter industrial parece haber empezado en Tocuyo, Venezuela. Por lo menos esa palabra llegó a ser y continúa siendo, sinónimo de "lienzo de algodón". Como ocurrió en el sistema capitalista español, dicha industria funcionaba a expensas de los indígenas, tanto a fuer de cultivadores como de operarios. La disminución drástica de la población indígena en todas partes de la América española como consecuencia del sistema político-económico, acarreó la decadencia de Tocuyo como centro industrial. La relación geográfica de esa ciudad de 1579 no menciona grandes instalaciones sino una actividad muy modesta "el tracto y contratación principal de esta tierra es criar ganados mayores y menores y labranzas de conucos C,] mahiz [,] yuca e caña y algún azúcar y algodón que se haze hilar y hilado se haze lienzo con que se tracta contracta e sustentan los uezinos de comprar las cosas de España que les son necesarias..." (Arellano Moreno, 1950, 153). En la Sierra de Mérida parece que hubo cierta actividad, aunque no muy concentrada, como se deduce del hecho de que las ordenanzas de Vázquez de Cisneros prohibieran el uso de indios en los obrajes de algodón (Gutiérrez de Arce: AEA, 1946, 1170). Alguna diferencia que señala su origen deben haber tenido las telas de esta región, pues las mantas "timotas" son mencionadas en las mismas ordenanzas (Ibid., 1178). Durante el siglo XVI funcionaron, fuera de Tocuyo y Mérida-Trujillo, centros de manufactura en Barquisimeto y San Felipe. Más tarde se establecieron en Araure, Maracaibo y Acarigua (Arcila Farías, 1946, 69-70, 70). En 1768 funcionaban 5 telares en Nirgua, valle del Sarare (Altolaguirre, 1908, 64). En el Nuevo Reino de Granada, la industria textil en grande parece haber estado concentrada en dos principales focos muy separados entre sí: el de la Cordillera oriental, y el de Pasto. El primero comprendía varios sectores: 1) la altiplanicie y valles altos, como Tunja, Socorro, San Gil, Sogamoso; 2) el flanco oriental de la misma cordillera hacia los Llanos, que tuvo como lugares claves a Morcote, Támara y a Santiago de Atalayas. 3) La Palma de los Muzos. 4) Remedios (Oviedo, 1930, 261; López de Velasco, 1894, 367; Julián, 1787, 99-100; Posada e Ibáñez, 1910, 145; Torre Miranda, 1890, 78-79). A mediados del siglo XVIII se consideraba que los lienzos de Morcote y Támara eran los mejores del reino (Oviedo, 1930, 227). Los lienzos bastos de Socorro se exportaban hasta el lejano sur, donde eran muy apreciados al finalizar las guerras de independencia (Boussingault, 1903, V, 141). Las telas producidas en La Palma de los Muzos debían ser de inferior calidad, pues se destinaban para el vestido de los esclavos negros (Latorre, 1919, 129; Rojas, U., 1958, 286, 287; Ibot León, 1933, 241;-----, 1952, 324). Hay que advertir que una clase de tejido. llamada "palma", se fabricaba en Casanare (Cuervo, 1893, III, 144). Toda la producción de este sector era para consumo interno en el Nuevo Reino o cuando más en la Nueva Granada (Restrepo, V., 1888, 167). En cuanto a Pasto, sus paños y lienzos parecen haber tenido un consumo más vasto. Las primeras menciones de "mantas pastusas" o "pastucias" datan de 1587 (Sañudo, 1938, I, 97, 120, 122; Friede, 1963, Q., 212, 216). Esta preeminencia textil la continuaba manteniendo a fines del siglo XIX (Santander, 1896, 71). Durante el período republicano varió poco la localización geográfica de la industria textil. Las alternativas que padeció la manufactura criolla a partir de la independencia, y la lucha --al fin perdida --contra la competencia británica, son temas que se pueden tratar mejor en una historia económica general, y por eso no se tocan aquí.
d) Telas.Se han ccnservado los nombres de algunas; pero para un estudio de características, habría que adelantar una investigación tecnológica, que no entra en los lineamientos de la presente obra.
e) Industria moderna.Se considera moderna la industria que usó el vapor para mover las hilanderías (Klemm, 1959, 255; 255-256; 289-292). En la provincia venezolana de Carabobo había hacia 1863 varias industrias algodoneras que usaban máquinas de vapor (Michelena, 1867, 82). Nada parecido se ha podido comprobar en los otros dos departamentos de la antigua Gran Colombia. La actual industria textil colombiana, una de las más avanzadas de América latina, empezó y se ha mantenido desde 1906 en el valle de Medellín (Ospina Vésquez, 1955, 340-342; Reyes, 1908, 26).
F) ASPECTOS SOCIO-ECONOMICOS Y POLITICOSI) La estratificación de las sociedades en planos y categorías, trae consigo la imposición de signos distintivos para cada estamento o grado dentro de la pirámide social. En el caso particular de pueblos americanos, una categoría podría ser de los que se vestían por contraposición a los que no lo hacían. Otra, de las distintas clases o modelos de vestidos, o de fibras diversas usadas en la confección. Los mejicanos tenían establecido que sólo los guerreros principales usaran algodón: "Todos los susodichos podían traer oro y plata, y vestirse de algodón rico, y tener vasos dorados y pin tados, y andar calzados. Los plebeyos no podían usar vaso sino de barro, ni podían calzarse, ni vestir sino nequen, que es ropa basta" (Acosta, 1954, 205; Soustelle, 1956, 143). Entre los americanos, el vestido parece haber tenido más importancia como distintivo de clase social, que por razones morales. "La extensión y calidad del vestido humano han estado en todos los países subordinadas a la temperatura media del aire ambiente, pudiendo decirse que el pudor no es sino un efecto del hábito inveterado de usar vestidos. En los climas intertropicales, donde el clima es abrasador hacia las regiones balas, la limitación y aun la supresión del traje constituyen un hecho natural, por decirlo así, en el individuo. Más todavía: muchos años después del descubrimiento de Venezuela, observaron una y otra vez los misioneros lo mismo que Colón había advertido en las costas de Paria, es decir, que entre las mujeres el sentimiento del pudor era meros vivo que en el hombre" (Alvarado, L., 1945, 94). A lo largo de este estudio, se han presentado casos de pueblos que tenían algodón, y sabían hilarlo y tejerlo muy bien, pero que usaban vestidos muy sumarios. Es particularmente diciente el caso de las tribus altoamazónicas, como los omaguas y cocamas, que a pesar de tejer primorosas mantas y camisetas pintadas, no se las ponían sino en ciertas ocasiones; por lo común las llevaban al brazo. Con la llegada de los españoles, para la parte intertropical (excluido el Perú donde también la había) se usó al principio lana en los vestidos, hasta cuando los requerimientos del clima hicie ron imprescindible para los recién llegados el uso del algodón. Aun donde el clima frío exigía una fibra más protectora, inicialmente los españoles usaron el algodón, como ocurrió en el Nuevo Reino de Granada. Las primeras telas introducidas las trajo a Santa Fe Jerónimo Lebrón, en 1541. Pero asentada en firme la dominación española, y establecida la comunicación marítima tanto con Europa como con Asia, las sedas de la China y telas de las factorías europeas (holanda, ruán etc.), se importaban de preferencia para las capas altas de la sociedad. Por ejemplo, en la Guajira y Santa Marta, donde el clima exige vestidos frescos como los de algodón, las telas extranjeras traídas de contrabando por Riohacha se consumían por los españoles, mientras que los indígenas continuaban usando su tradicional algodón (Alcacer, 1959, 156); aunque las mujeres sólo se vestían cuando había europeos presentes (Cuervo, 1891, I, 40). El lienzo barato de algodón se usó para vestido de esclavos y de indígenas en todo el período colonial y en gran parte del republicano hasta nuestros días. A mediados del siglo XIX sólo la gente acomodada de Cundinamarca usaba telas europeas; el resto, de algodón (Camacho Roldán; 1923, 118). A medida que la democratización de las costumbres ha ido ganando terreno, se hace más ostensible en el vestido que en cualquiera otra manifestación. Dicho proceso no ha sido igual para todos los países americanos, ni para todos los grupos raciales. En este particular, los negros tomaron ventaja a los indios. Son frecuentes desde temprana época colonial las disposiciones dictadas para que las negras no usaran vestidos o adornos que se consideraban monopolio de las blancas. Sobre el asunto se podrían hacer interesantes consideraciones, que están fuera de lugar en esta obra. II) La búsqueda del algodón fue la principal actividad del comercio de los aztecas; "el indispensable algodón" fue uno de los productos que estimularon la expansión hacia el sur, hacia las tie rras tropicales, ues a la actividad comercial sucedió la conquista por la fuerza de las armas (Soustelle, 1956, 143). Ese mismo elemento estuvo en el origen del movimiento expansionista de los norteamericanos hacia la América hispana, que trajo consigo la anexión de las dos terceras partes de Méjico republicano. Igual ocurrió con la búsqueda y control, por parte del imperio británico, de regiones algodoneras en todo el mundo para dar abasto a las voraces hilanderías de Manchester. El algodón dio margen también a uno de los aspectos más sombríos de la explotación del hombre por el hombre. En las posesiones españolas de la faja intertropical, el obraje fue --con la minería --la forma más oprobiosa de dominación. Asimismo, en las colonias inglesas y francesas de Norte América, el cultivo y beneficio del algodón estimularon el incrementó de la esclavitud negra. Por otro lado, el cultivo --y en esto en algunas partes el algodón se parece al tabaco --fue en ciertas regiones una actividad de gente humilde. Así, una de las peticiones de los Comuneros insurrectos del Socorro y San Gil, era la rebaja al 2% de las alcabalas para artículos de primera necesidad, "y que se exceptúen de esta contribución los algodones por ser fruto que solamente siembran los pobres", según expresa Juan Francisco Berbeo, en Zipaquirá, a 5 de junio de 1781 (Cuervo, 1894, IV, 25). Negros y zambos tenían pequeñas parcelas en Daule y otros puntos de la costa ecuatoriana en la segunda mitad del siglo XIX (Spruce, 1864, 80-81).
BOMBACÁCEAS
183 --Pseudobombax septenatum (Jacq.) Dugand.
A principios de la segunda mitad del siglo XVIII fray Juan de Santa Gertrudis, relatando su viaje Magdalena arriba, dice: "... Majagua llaman un arbol. Este tiene la cáscara de medio dedo de canto, y quitado la primer peladura queda una cinta de color de canela muy fuerte y durable. Esta se compone de muchas telitas, y todas ellas más fuertes que el cáñamo. De estas telas de majagua se fabrican maromas para los barcos que trafican las costas de aquellos mares, y sirve también para llevar las cargas a cuestas en algunas otras partes, como diré en llegando a Barbacoas... " (Serra, 1956, I, 60). Por supuesto que la de Barbacoas es otra cosa. El siguiente pasaje de Antonio de la Torre Miranda, en que cuenta cómo organizó la construcción de viviendas en los pueblos fundados por él en la región de Sinú y Sabanas de Tolú a fines del siglo XVIII, sí se refiere a P. septenatum, que es muy frecuente en toda la costa atlántica y el bajo Magdalena y sus tributarios, así coma en Venezuela y otras partes. A la pretérita abundancia de esta especie debió su nombre el pueblo Majagual del Bajo Cauca, ahora importante centro arrocero. El autor citado, después de hablar de la propagación vegetativa de esta especie, para setos divisorios de propiedades (Patiño, 1966, 319-320), añade "... y de sus cortezas qué arrancadas sin perjuicio de la planta, después de beneficiarlas hasta ponerlas en hebra, hacen gruezas y delgadas cuerdas de que fabrican Hamacas, Chinchorros, Redes, Chacaras, Cavezadas, y otros varios obrages de que sacan bastantes utilidades, y también la de impedir con la ramazón el que en caso de algún incendio se comunique el fuego de unas cases a otras, no obstante de ser construydas de materiales muy combustibles" (Torre Miranda, 1794, 32). A fines del período colonial se enumera como producto extractivo (Pombo, J. I., 1810, 86-88). Se planta en varias partes del área de dispersión (Robyns, 1963, 32-38; 37). __________ ADVERTENCIA. A esta familia de las Bombacáceas pertenecen plantas que suministran fibra, ya en los frutos (Ceíba pentandra L., Ochroma lagopus Sw., Chorisia spp.), como en la corteza interior (el Pseudobombax del numeral 183 y otras especies), o en ambos. Pero no existiendo bajo cultivo -si no de manera ocasional- para el suministro de fibra, y sí en cambio como árboles ornamentales que lo son en sumo grado, se estudiarán en el capítulo pertinente. Las especies de utilización puramente extractiva se relegan a la obra sobre recursos naturales. |
