CAPITULO XVII

MEDICINALES, ESTIMULANTES, VENENOSAS, INSECTICIDAS

 

En este capítulo se considerarán en conjunto las plantas propiamente oficinales o curativas, las estimulantes y narcóticas, así como las venenosas, ictiotóxicas e insecticidas. Para los fines prácticos es muy difícil, si no imposible, establecer una separación definida entre todas esas categorías. Los principios activos de algunas plantas están localizados a veces en uno o más órganos, y así es frecuente el caso de especies alimenticias que son al mismo tiempo venenosas.

Es entendido que la revisión se limitará a las plantas cultivadas cuyas propiedades estén comprobadas, o a las que --no siendo del todo sativas --por alguna razón se considere necesario des tacar. Las medicinales extractivas se estudiarán en el volumen dedicado a los recursos naturales, y las espontáneas tóxicas para los animales domésticos, en la obra sobre factores limitantes.

 

Concepto de lo curativo y su evolución

Abundan las referencias en los documentos coloniales y en varias obras contemporáneas, sobre plantas real o presuntamente salutíferas. En una época, de la cual todavía no se sale del todo, en que los remedios eran exclusiva o preferentemente de origen vegetal (Uribe Angel, 1936, 38; Figueroa Marroquín, 1957, 215), casi todas las plantas conocidas se probaron como medicina. Prácticamente no existe ninguna --dentro de los otros grupos ya estudiados en los dos volúmenes anteriores de esta obra y en éste mismo --a la cual no se le hayan atribuido una o más virtudes curativas. La revisión de tales referencias no figura dentro del plan propuesto.

Por otra parte, las propiedades curativas de ciertas plantas son puramente imaginarias, cuando no producto de la superchería de los curanderos o yerbateros profesionales. Algunas han ido perdiendo la virtud medicinal que se les asignó, a medida que la ciencia las conoce mejor (Gubernatis, 1878, I, xviii-xx; Pardal, 1937? 41). Las plantas, como todo, están sujetas a la influencia de los gustos predominantes en cada época, por causa de lo que un investigador contemporáneo llama "moda terapéutica" (Font Quer, 1962, xci, 419).

A la inversa, no se sabe si nuevos métodos de investigación, nuevas técnicas de análisis, y un renovado interés por volver a lo ya desechado --de que hay varios ejemplos --no rehabilite en el futuro, aunque no sea para fines curativos, algunas plantas que han perdido el favor del público o de los médicos. Tampoco se sabe si se encuentren sustancias valiosas en especies que actualmente pasan desapercibidas. Queda por delante una tremenda tarea de investigación.

 

Medicina indígena

Hay razones para sospechar que las primeras plantas domesticadas por el hombre no fueron las alimenticias, sino las que --por una u otra causa --se consideraron mágicas, místicas, simbólicas, fetiches; o que, por algunas de sus propiedades, se asa ciaron a actos rituales o mágico-religiosos (Gubernatis, op. cit., 218; Füllop-Muller, 1941, 19). Algunas de este tipo son al mismo tiempo medicinales en el más amplio sentido; o narcóticas, venenosas o estimulantes; pero la línea de separación entre lo mágico y lo utilitario es difícil de establecer, tanto en África (Schnell, 1957, 133), como en América (Pardal, op. cit., 32; Hoehne, 1939, 31). Siendo así, no es de extrañar que tales plantas acompañaran al hombre en sus desplazamientos; que fueran sembradas intencionalmente cerca a las viviendas, y que en algunos casos escaparan al cultivo. Sólo en esta forma puede explicarse la enorme difusión geográfica de algunas especies (Martius, 1939, 239).

Con todo, el número de plantas realmente curativas que fueron sembradas por los indígenas es bastante reducido. Tampoco durante el período colonial se adelantó gran cosa en este particular. Después de cuatro siglos, no siempre se hallan al alcance de la mano las especies más socorridas, y cuando se presenta una emergencia, tienen que salir los familiares del enfermo a buscarlas donde los vecinos, y más frecuentemente a los prados y rastrojos, como ocurría en Antioquía en el siglo pasado (Uribe Angel, 1936, 39-40), y como ocurre todavía en todo el mundo (Schwanitz, 1966, 7). Aun la industria farmacéutica actual depende de plantas silvestres para preparar medicamentos tales como la cortisona y ahora las píldoras anticoncepcionales; aunque después logre sintetizarlos.

El descubrimiento de propiedades activas de cualquier índole en las plantas, no debió ser solamente obra del azar, sino en algunos casos resultado de un proceso elaborado y complejo (Ames, 1953, 41). El nivel de los conocimientos terapéuticos de los amerindios en la época de los descubrimientos, se ha comparado con el de los pueblos europeos del Mediterráneo, consagrado y codificado en la obra de Dioscórides y sus comentaristas (Font Quer, 1962, xxxix; Zúñiga, 1955, 130). Algunos hallazgos pudieron deberse a comunidades estables y agricultoras (Imbelloni: Pardal, 1937? 8), pero no se les puede negar participación a las tribus marginales o tenidas como tales. Al contrario, lo que se va a ver en este capítulo demuestra que los pueblos más avanzados de Sur América, los de las mesetas andinas, recibieron de grupos selváticos muchos elementos de cultura material.

Es difícil establecer cuánto se ha perdido de la experiencia y conocimiento de los indígenas americanos sobre plantas medicinales. Fue casi general la tendencia de encubrir en un princi pio los secretos terapéuticos, para que no aprovecharan a los conquistadores blancos; o la de enmascarar y presentar los remedios de manera que no pudieran ser reconocidos (Robledo, E., 1959, 83). Por ejemplo, los muzos, que sabían preparar veneno de flechas -actividad que presupone conocimientos harto especializados- eran renuentes a mostrar a los españoles sus yerbas salutíferas, y cuando se las daban, las traían ya molidas y transformadas (Morales Padrón: AEA, 1958, XV, 602-603; Latorre, 1919, 127). Igual cosa ocurrió en el Ecuador interandino (J. de la Espada, 1897, III, 160). No menos ilustrativa a este respecto es la relación geográfica de Guayaquil de principios del siglo XVII: "Dicen que hay muchos otros géneros de yerbas medicinales, con que los indios se curan, pero que no son conocidos de los españoles, ni les saben los nombres, porque aunque los indios las aplican, no quieren dar noticia dellas; cierto es que los españoles no les han apretado tanto para que las descubran, como para el oro" (Torres de Mendoza, 1868, IX, 252).

Algunos secretos los conocieron los españoles por intermedio de las indias, que fueron los agentes más eficaces de trasmisión cultural (Monardes, 1571, 87; San Martín, A., 1892, 27). Un ejemplo es el del bálsamo en Santo Domingo hacia 1527 (Oviedo y Valdés, 1959, II, 11). Esto quiere decir que el conocimiento de las plantas mágicas fue, por consecuencia, incompleto y tardío, puesto que el uso y manipuleo de casi todas ellas fue exclusivo de los varones, vedándose estrictamente la presencia de mujeres en la preparación. Así se explica en parte que todavía hoy no se conozcan exactamente todas las plantas que entraban en la composición de los diversos venenos sagitarios.

Aun la misma identidad botánica de muchas yerbas y matas a las cuales las tribus selváticas sobrevivientes les atribuyen diversas propiedades, es dudosa, contradictoria o totalmente desconocida. Es una lástima que los antropólogos y etnógrafos que se adentran en las selvas a estudiar la vida y costumbres de los indígenas, salvajes o no, presten por lo general tan poca atención a la flora utilitaria de las comunidades que visitan. Ya que no se hicieran descripciones detalladas, por lo menos se deberían colectar muestras de herbario que podrían ser identificadas por especialistas. Este material tendría tanto valor para el conocimiento cabal del grupo estudiado, como los objetos de cerámica, tejidos, ornamentos y armas. También hay necesidad de un estudio combinado botánico y bioquímico o farmacológico, para explorar nuevas posibilidades de la flora. En Europa y los Estados Unidos casi todo, aun las humildes yerbas, ha sido estudiado.

 

Transculturación.

A la luz de las anteriores consideraciones, se destaca como un hecho que también en este campo surtió su efecto el fenómeno más prominente en América española, el de la mestización. Un aspecto de tal fenómeno es la disputa entre quienes pretenden que todo descubrimiento relativo a plantas se debió a los indígenas, y los que han sostenido que los europeos hallaron también aplicaciones terapéuticas, aparentemente desconocidas en América en la época precolombina.

Los europeos aceptaron sin vacilar muchos medicamentos indígenas (Riquelme Salar, 1950, 37; Robledo, E., 1959, 80), y aun algunos los ponderaron. tanto, que la sugestión les comunicó luego más virtudes que las originalmente admitidas. El yerbatero indígena tuvo durante la colonia y en muchas partes hasta nuestras días, quizá más predicamento y prestigio que los médicos oficialmente aprobados. Sobre este aspecto hay muchas anotaciones recogidas, que se considerarán en otro oportunidad. La medicina azteca, aprovechada por los médicos españoles y apenas en parte consignada en los escritos del protomédico Francisco Hernández, se enseñó en el colegio de Tlatelolco, en Méjico (Henríquez Ureña, 1961, 35), y de ella hizo uso Agustín Farfán, uno de los primeros tratadistas de esa materia en América (Comas: AI, 1954, XIV,27-361).

 

MONOCOTILEDONEAS

 

BROMELIÁCEAS

 

000 --Ananas comosus Merrill.

(Véase numeral 7, 1963, I, 177-190).

Diversas propiedades curativas se han atribuido a la piña. En Centro América se creyó que era buen diurético (Figueroa Marroquín, 1957, 176; Miyares González, 1954, 103). La más justificada parece ser su acción contra parasitoses intestinales, debido a la bromelaína, enzima o proteasa que hidroliza las proteínas (Collins, 1960, 236, 253; 250).

El vinagre asoleado durante 10 días, según un recetario alto~ peruano de 1699, "es contra toda intemperie cálida"; el zumo del fruto verde, mezclado con otros ingredientes, en ayunas, "es contra el ardor de orina, y de las materias venales, purgación y calenturas largas..." (Sapahaqui: AAB, 1943, 3).

 

000 --Bromelia nidus-puellae (André) André ex Mez..

B. pinguin L..

(Véanse numerales 10, 8 y 9 en tamo I).

Más acusada contra parasitosis intestinales parece ser la acción de los frutos ácidos de estas plantas (Piso, 1948, 30; Ramírez Goyena, 1911, II, 789; 1043-1044), aunque escasean investigaciones modernas sobre el particular.

 

LILIÁCEAS

 

187 --Schoenocaulon officinale (Schlecht y Cham.) A. Gray.

Izcuinpatli,  en México ( Ximénez, 1888, Mor., 240-241).

Cebadilla (Pittier, 1926, 177-178) Sabadilla, que se usa en inglés, es corruptela del anterior.

Monardes, quien recibió esta planta de Méjico, dio de ella el primer dibujo y la primera descripción a los europeos. Considera la cebadilla como el cáustico más enérgico y corrosivo que hubiera conocido. Hizo la experiencia, y un grano que partió con los dientes le ampolló la lengua. Lo recomienda para matar gusanos de animales domésticos (Monardes, 1571, 69v. - 72v.).

Con una carta dirigida desde Sevilla par el doctor Castañeda al botánico francés Clusius (Charles L'Ecluse), el 13 de marzo de 1602, le remite varias plantas americanas, incluyendo la "l0. cebadilla de Indias para purgar" (Alvarez López: RI, 1945, VI, 276-277, nota), pues también se usó con ese objeto.

En 1615 Francisco Jiménez la describe de Méjico bajo los nombres de YZCUINPATLI [mata-perro?] y QUIMICHCUITLATL, atribuyéndole las siguientes propiedades: "La simiente mata los gusanos, consume la carne superflua que suele nacer en las llagas podridas y cauernosas, por graues y malignas que sean, las corrige y repara, mata los pezes y los ratones si la gustan, esparciendo el poluo en lo que se les echa para comer, por lo qual le llaman algunos QUIMICHCUITLATL, mata tanbien los perros mezclandola con la carne que an de comer E.] quita tanbien admirablemente el dolor de las junturas, y echa poluo si se mezclare y deshiziere en agua y se aplicare en la parte que duele veas vendas varadas en ella lo quita, con mucha facilidad, y por el consiguiente si se enjuagan la boca con esta agua quita el dolor de los dientes..." Más adelante destaca sus propiedades cáusticas (Ximénez, 1888, Méx., 264265)

Servía para combatir los gusanos de las mataduras en las bestias (Cobo, 1890, I, 408; -----, 1956, I, 188).

La principal área de producción en el período colonial, estuvo constituida por las provincias de la capitanía general de Guatemala. La ciudad de Granada (Nicaragua) propuso a los po deres públicos en 1665, que para costear las fortificaciones contra los ataques de los piratas que menudeaban entonces, se impusiese un gravamen por los artículos que se exportaban a Españá y entre ellos a la petaca de la cebadilla, un real (García Peláez, 1943, I, 76); lo que quiere decir que en aquel tiempo era un artículo de comercio regular. En 1739 se extrajeron de Guatemala 36I fanegas de este grano (Ibid., 1944, III, 15). Fuentes y Guzmán, el naturalista y cronista guatemalteco --advirtiendo que no quiere repetir lo que había dicho Monardes sobre ella --dibuja la planta y apunta que el grano cocido de la cebadilla sirve para empeines [la piodermatitis llamada impétigo) y sarna de cualquier clase, y el polvo para prevenir la caries y curar el dolor de muelas (aunque ampolla las encías), así como para destruir el gusano del ganado (Figueroa Marroquín, 1957, 41; 107-108).

Las virtudes insecticidas fueron las más aprovechadas en el resto de América, desde las Antillas como Cuba (Arreste (1761), 1949, 16) y Santo Domingo-Haití (Sánchez Valverde, 1947, 84-85; 19I-192; Descourtilz, 1833, III, 195-202; 200-201), hasta el Perú (Cobo, loc. cit.; Valdizán y Maldonado, 1922, II, 120).

La cebadilla figura entre los artículos que se introducían para el comercio de Cali, a través del mercado mayorista de Popayán, por 1643 (Arboleda, 1928, 115). Si procedía de la región de Pasto o del Ecuador, o si se importaba desde Centro América, es cosa difícil de establecer. A fines del siglo XIX se producía en Sandoná y se exportaba desde Pasto (Santander, 1896, 157, 71).

En toda la Nueva Granada se utilizó el polvo del grano de la cebadilla contra insectos parásitos del hombre y de los animales domésticos (Morales Puerta, 1857, 87; Posada Arango, 1909, 161-162; Robledo, E., 1959, 38). El uso perduró hasta el primer cuarto del presente siglo, cuando gradualmente fue suplantado por el de insecticidas y parasiticidas químicos.

Esta se ha juzgado una contribución positiva de América en el campo de las plantas oficinales (San Martín, A., 1892, 52). En el grano del SchoenocauIon se encuentran varios alcaloides cebadina, veratridina (que parecen ser las más activas); cebina, cebadillina y sabadina (RMJ.: BII, 1946, XLIV, N° 2, 102-104; 103). Análisis recientes han confirmado sus propiedades insecticidas (Jacobson, 1958, 162).

La cebadilla es planta espontánea en regiones montañosas de Méjico, Centro y Sur América. En el área del presente estudio, se conocen colecciones botánicas de Costa Rica (USNH: Otón Ji ménez 637, 1912, Nuestro Amo, Alajuela) y de Venezuela, especialmente de los montes cercanos a Caracas (varias colecciones). Este último país llegó a ser el único proveedor del mercado europeo. En 1876 se embarcaron en la Guayra 35.033 kg. de semilla, dé los cuales 25.966 estaban destinados a Alemania; se usaba entonces sólo para la extracción de veratrina (Flückiger and Hanbury, 1879, 699; 697-699). Durante la segunda guerra mundial, Estados Unidos importó de Venezuela cantidades sustanciales de semilla: en 1939, 93.977 libras; en 1940, 75.758 libras, y en 1941, 100.141 libras (Higbee et al, 1945, 160).

Pero se ha cultivado --aunque en pequeña escala --en algunos lugares, como en Convención, departamento del Cuzco, Perú (Valdizán y Maldonado, 1922, II, 120).

 

AMARILÍDEAS

 

000 --Agave spp..

000 --Fourcroya spp..

(Para lo relativo a la fibra, véanse los numerales 174 a 179).

Lo más común ha sido usar las hoj as soasadas del Agave o de la cabuya para curación de traumatismos recientes, quemaduras (Pardal, 1937? 250, 253) y heridas (Cochrane, 1325, II, 385). En el último caso obrarían como antibióticos: "El çumo... sirve... de curar las llagas canceradas o inflamadas" (Garcilaso, 1945, II, 183; Valdizán y Maldonado, 1922, II, 123; Gilii, 1965, I, 219, 175, 266-268; II, 82; III, 181; Descourtilz, 1833, IV, 242, 243; Peckolt, 1888, 207, 210; Hoehne, 1939, 91).

El zumo de las hoj as y raíces se considera adecuado rara lavatorios, con el objeto de quitar el cansancio (Garcilaso, loc. cit., Valdizán et al, loc. cit.).

E1 cocimiento de la raíz se tenía como diurético en Santa Marta en el siglo XVIII (Rosa, 1945, 307-308).

En el Ecuador el penco o Agave se habría usado como abortivo (Pérez de Barradas, 1957, 147, citando a A. de Paredes).

El zumo, solo o con sal, se creyó apto para combatir la sarna (Serra, 1956, i, 344; Gilii, 1965, III, 180) y los gusanos de las llagas (Garcilaso, op. cit.; Descourtilz, 1833, IV, 241). Esta última virtud provendría de las saponinas que contiene, cuyos efectos venenosos en los peces son conocidos donde -al extraerse la fibra- se arrojan los desperdicios de tejido intersticial al en las corrientes de agua de poco caudal, cosa sabida por los indígenas (Du Tertre, 1958, II, 99).

Tales saponinas han permitido usar los bulbillos y también las raíces como jabón (Zamora, 1930, 36; Descourtilz, vol. cit., 24I; Velasco, 1927, I, 47).

Así resume un médico colombiano los usos terapéuticos de la cabuya: "Su zumo es detersivo y vulnerarlo. Las raíces son medicinales, al modo de la zarzaparrilla, lo mismo que las flores y bulbillos, con los que se preparan tisanas y jarabes depurativos y alterantes; los últimos se comen también en encurtidos" (Posada Arango, 1909, 240-241).

A propósito de la postrera afirmación, véase tomo II, pág. 189.

 

DICOTILEDONEAS

 

PIPERÁCEAS

 

188 --Peperomia inaequalifolia R. et P..

Peperomia spp..

Congona. Nombre de origen oscuro. En el sur del Brasil se aplica al árbol de la yerba mate, bajo la forma portuguesa congonha. En quechua, khunkhúna figura en una conocida obra, como "planta umbelífera forrajera (yareta), usada como combustible por su alta temperatura al arder" (Lira, 1945, 501). También a un árbol (?) frutal del oriente peruano se le llamaba cuncuna en el siglo XVIII (Velasco, 1927, I, 69), aunque más bien debe ser cocona (Espinosa Pérez, 1955, I, 464) (véase numeral 108, 1963, I, 409-411).

Zizahuyna, en quechua; huyñainquilla, en aymara (Peña, 1901, 109).

Una información sobre el Perú, correspondiente a los primeros quince o veinte años del siglo XVII, reza como sigue en relación con Lima: "Tienen las damas criollas en las ventanas una yerba que llaman la congona dentro de lindas macetas, esta yerba es la cosa que ellas más estiman y guardan con sus hojas, saber a clavos de especia, su virtud sélo las gallardas damas criollas la alcanzan" (Anónimo, 1958, 38).

Cobo, luego de describir la planta, comparándola a la siempreviva, con hojas semejantes a las de la verdolaga, pero un poco mayores y el doble de gruesas, muy acuosas, añade: "Las calidades que tienen porque se precia, es por ser olorosa y que mascada tiene un sabor agudo y picante parecido al de la nuez moscada o clavos de comer, y que deja la boca olorosa por un rato, como si se hubiera tenido en ella alguna de las especias referidas. Suelen echarlas en las cazoletas olorosas que se aderezan por los perfumadores, y sirven también para otros usos" (Cubo, 1890, I, 424; -----, 1956, I, 194).

En la segunda mitad del siglo XVII se seguía cultivando, como lo pudo observar en los jardines de Lima y vecindades un naturalista (Ruiz, 1952, I, 28).

Se ignora si esta misma especie es la KUNGÚNA que usan los indios jíbaros del oriente ecuatoriano, cultivada ex-profeso, para lavar y dar de beber a sus perros cazadores en infusión, durante la ceremonia que realizan con ese fin, así como para revitalizo a los canes decrépitos (Karsten, 1935, 171; 172).

P. inaequalifolia se continúa cultivando como planta aromática en el Perú y en el Ecuador (Trelease et al, 1950, II, 575-576; USNH: A. Rimbach 260, s. f.). Los indios de Saraguro, entre Cuen ca y Loja, "cumplen todavía el turno de barrida de la iglesia con congona y flores olorosas" (Vargas, 1957, 58).

En la provincia de Ancash, al norte de Lima en el Perú, se ha colectado P. flavamenta Trel. vel aff., también bajo el nombre de CONGONA: "En toda esta región [de Timpoc] es muy estimada por sus propiedades curativas. Se usa el jugo para lavar las heridas o también machacada como emplasto" (USNH: Ramón Ferreyra, 7585, 1960).

 

ARISTOLOQUIÁCEAS

 

000 --Aristolochia spp..

Algunas especies de este género tuvieron predicamento en el pasado como presuntas alexitéricas; otras se consideraron altamente léxicas.

Como en la actualidad el cultivo se limita a las especies ornamentales, se tratará de ellas en el capítulo XIX.

 

QUENOPODIÁCEAS

 

000 --Chenopodium ambrosioides L.., var. antihelminticum.

Caa-ne, en tupí? (Pardal, 1037? 108-111).

Epazote, del náhuatl epazotl, "planta olorosa" (Ximénez, véase adelante); de donde pazote, usado en Méjico (Cobo, 1890, I, 386-387) y en España (Font Quer, 1962, 153-154).

Paico, del quechua paykko (Lira, 1945, 746).

Quenopodio, nombre comercial, derivado del científico.

El epazote se ha usado en Méjico y en el Perú como verdura, de lo cual se han dado referencias en el numeral 143, capítulo XII, tomo II, página 190.

El uso de esta planta como vermífuga es general en toda América intertropical, sin poderse saber si lá costumbre se extendió a partir: de un foco geográfico dado. Tal acción se debe a la pre sencia del ascaridol. Ya a fines del siglo XVI se empleaba desde Méjico ("expele del vientre los animales nocivos": Ximénez, l 888, Méx, 134-135); Centro América (Figueroa Marroquín, 1957, 131 y fig.; Standley, 1946, XXIV, 140-141) y Antillas (Descourtilz, 1833., l. 245-249), hasta Sur América: `

En la Nueva Granada se usó tradicionalmente como medicina, aunque no como hortaliza (Holton, 1$57, 445; Robledo, E., 1959, 35-36)

En la porción interandina del Ecuador se usaba el palco - entre los medicamentos ordinarios, sin que aparezca especificado en las fuentes para qué dolencias se aplicaba en la segunda mitad del siglo XVI. Hablan de él las relaciones geográficas de San Luis de Paute y Cañaribamba, provincia de Cuenca (J. de la Espada, 1897, III, 169; 187). En Quito un siglo después, se curaban cor él dolores de estómago y de muelas (Ibid., cxxv). Andando el tiempo, se diversificaron sus usos: "Se le atribuyen las virtudes del té, y es eficaz para curar heridas" (Velasco, 1927, I, 42).

La relación de Guayaquil de 1607 se refiere al payco como yerba caliente, que "aprovecha mucho a los resfriados" (Torres de Mendoza, 1868, IX, 252); mientras qué la relación de Puertoviejo de la misma época, dice que el zumo "beben para las lombrices" (Ibid., 296).

A Atahualpa antes de su ejecución, le dieron sus médicos zumo de payco y de otras yerbas (Valera, 1945, 142; Garcilaso, 1945, I, 92; Valdizán y Maldonado, 1922, I, 146-147; Yacovleff y Herrera, 1935, II, 39-40). Cobo, aunque lo menciona como estomáquico y antigaseoso, no habla de las propiedades vermicidas (Cobo, 1890, I, 386-387; -----, 1956, I, 179).

Los macusis del interior de la Guayana inglesa usaban Chenopodium como vermífugo, a mediados del siglo XIX (Schomburgk, 1923, II, 268).

En el Brasil los campesinos barren sus casas con ramas de esta planta, y las ponen también en los colchones, para ahuyentar insectos parásitos (Hoehne, 1939, 111).

A raíz del descubrimiento de América, esta especie, fácil da propagar en espacios abiertos, se diseminó a los otros continentes. A España debió arribar entre 1571 y 1574; en este último año, Monardes dice haberla empleado en su persona para el dolor de nada que nace de ventosidad; pero aparentemente desconoció la acción ascaricida (Monardes, 1574, 103v. - 104). En el siglo XVIII se había naturalizado en la península (Font Quer, 1962, 153-154).

En el África portuguesa, donde le llaman ERVA DE SANTA MARIA, se usaba contra el "maculo"; proceso disentérico muy frecuente en los barracones donde eran concentrados los esclavos destinados para la venta en América. Se aplicaba un supositorio --renovado con frecuencia --hecho de la yerba machacada, mezclada con pólvora molida y aguardiente (Ficalho, 1957, 241).

 

ANONÁCEAS

 

000 --Annona muricata L...

Guanábano.

Como árbol frutal se ha estudiado en el numeral 13 (Pestiño, 1963, I, cap. VI, 195-199).

En Puerto Rico se usaba la fruta para curar tabardillos ya los "ya tocados de ético" (Migares González, 1954, 103).

Se recomendaba lo siguiente en Antioquía: "Para acabar con los piojos de la cabeza, basta espolvorear los cabellos con cebadilla molida [véase numeral 187], o con óxido rojo de mercurio ["polvo Juan"], o con semillas de perejil, o de guanábano (Annona muricata), o aplicadas en tintura alcohólica... (Posada Arango, 1909, 402).

 

000 --A. squamosa L..

Anón.

En su categoría de árbol frutal, se ha estudiado en el numera 14, tomo I, pp. 199-201.

En las Antillas, se consideraban astringentes los cogollos, las raíces y la corteza de los frutos (Descourtilz, vol. cit., 65-68; 67).

De la semilla se extrae un veneno semejante a la rotenona, aunque menos activo (Jacobson, 1958, 13-14).

 

000 --A. reticulata L..

Balo el nombre de MAMÓN se ha estudiado entre los frutales, en eI numeral 15, tomo I, página 201.

Este es el ALACALYOUA de los caribes, usado como antidiarreico (Descourtilz, vol. cit., 61-64; 63-64).

 

LAURÁCEAS

 

000 --Persea americana Mill..

Véase numeral 23 (Patiño, 1963, I, 212-224).

De la semilla (?) del aguacate se extraía en Méjico un aceite para curar el sarpullido, las cicatrices y la disentería, y para prevenir "que los cabellos se partan" (Hernández, 1942, I, 88-89; Ximénez, 1888, Méx., 67-68). Este último autor agrega que con la tinta de la semilla se marcaban lienzos, picando sobre ella con un alfiler, hecho conocido en toda América (Ruiz, 1952, I, 31; Descourtilz, 1833, VIII, 291).

Los cuescos eran buenos "para agua de piernas", según el conquistador Jorge Robledo, que debió experimentarlo en el Pueblo de las Peras de la cuenca del Cauca (Cuervo, 1892, II, 403, 404; Jijón y Caamaño, 1938, II, Doc., 86-89).

También en Trinidad de los Muzos, en la misma época en que eI médico Hernández se hallaba en Méjico, se consideraba que la semilla del curo era buena contra las diarreas (Morales Pcdrón: AEA, 1958, XV, 606).

Sobre las pretendidas propiedades afrodisíacas del aguacate, se trató en otra parte (Patiño, 1963, I, 223-224). Los médicos franceses de las Antillas recomendaban tanto la pulpa como la semilla triturada (Descourtilz, vol. cit., 288-294; 293-294).

 

PAPAVERÁCEAS

 

189 --Bocconia spp..

B. frutescens L., árbol peculiar de los pisos medio y frío en los Andes, se ha tenido como purgante vermífugo, acaricida y piojicida (Pérez Arbeláez, 1947, 264).

Otros autores le atribuyen la propiedad de ser corrosivo de verrugas y de curar úlceras (Hoehne, 1939, 127).

Nuevas informaciones sobre otros aspectos de este género pueden verse en el capítulo XIX.

 

190. --Argemone mexicana L..

Chicalote, en Méjico y Centro América.

Cardosanto.

Originaria de Méjico y ahora difundida en todas partes. Como medicinal para los ojos y para heridas, bajo el nombre de CHICALLOTL O CHICHICALOTL fue descrita en la segunda mitad del siglo XVI (Hernández, 1946, III, 803-805). Su comentador repite los conceptos y consigna los nombres CHILLAÇOTL y CHICHILLOTL (Ximénez, 1888, Méx., 190-191). Aquellas propiedades medicinales se atribuyen también a la especie A. ochroleuca Sweet (Martínez, 1928, 138-142).

Era maleza cultivada en el valle de Guatemala en el siglo XVIII con el mismo nombre mejicano (Figueroa Marroquín, 1957, 117-118), y para los mismos usos ya indicados.

En Costa Rica y en Colombia se conoce como CARDOSANTO (Pittier, 1908, 78; Pérez Arbeláez, 1947, 264-265).

Con el mismo la difundió en Europa el médico Monardes, quien dice se descubrió por informes de un indio de Mechoacán a un franciscano (Monardes, 1571, 59; -----, 1574, 118-119).

 

CAPARIDÁCEAS

 

000 --Gynandropsis speciosa (H.B.K.) D. C. (= Cleome speciosa H.B.K.).

Véanse los datos pertinentes en el capítulo XIX.

 

CESALPINÁCEAS.

 

000 --Cassia grandis L..

Véase numeral 35, tomo I, pp. 241-242.

Maremare, marimari, cañafístulo burrero, cañaflota (Alvarado, L., 1953, 249); cañaflote (Pittier, 1926, 163), en Venezuela. El último nombre es usado en la costa atlantica de Colombia.

Cañafístola macho (Serra, 1956, I, 107).

Como purgante suave; contra la pleuresía; para los riñones y la vejiga, "mezclada con polvos de trementina, cura la honorrea, o purgación ex impura venere contracta". Esto ocurría en el oriente de Venezuela en el siglo XVII I (Caulín, 1779, 25-26; 26). Los indígenas orinoqueses la usaban como fruta (Gilii, 1965, I, 119; 171; Rivero y Ustáriz, 1857, I, 108).

En la Guayana inglesa existía un grupo arawak llamado "waruwakana", que tomó su nombre de la WARUWAKA o WILD-LIQUORICE-TREE, como quien dice el orozuz silvestre, pues la especie era común en la costa de Esequibo (im Thurn, 1883, 183).

Una especie conocida también en las Antillas, ''de flor como de durazno", se usó como emoliente y laxante (Du Tertre, 1958, II, 165-166; Descourtilz, 1833, VII, 301-304; 304.

Por lo de "multitud" de árboles de cañafístola en el Nuevo Reino, debe ser esta y no la legítima Cassia fistula L., del Viejo Mundo, la que se usaba como purgante en la época colonial (Za mora, 1930, 37). Abundaba particularmente en los llanos calientes de Vélez y San Gil (Oviedo, 1930, 25).

Del Valle del Cauca llegó a exportarse a Lima en un tiempo (García, E., 1945, 276). Allá se usó para preparar una bebida refrescante.

Asimismo en el Perú se cultivó una cañafístola americana (Calancha, 169, 59). El botánico Ruiz vio en Huacho, cerca de Lima, y después en Huánuco, la que llamó Cassia procera R. et P. (Ruiz, 1952, I; 44; 298). Se ignora si se trate de la misma especie en estudio, que parece más bien de la porción nororiental de Sur América y de los valles calientes.

También se llama MARIMARI y CAÑAFÍSTOLA la C. moschata H.B.K., y se usó con los mismos fines que C. grandis L., aunque tiene las flores amarillas y los frutos más delgados y cilíndricos. CANNAFISTULAS BRAVAS se mencionan en el Amazonas y Maranhao (San Luis) desde principios del siglo XVII (Silveira (1624) 1874, 31), aunque la legítima C. moschata sólo se halla en el Amazonas en la hoya del Río Branco (Ducke, 1946, 16; USNH, N° 1351, 1943, Cacacarahy). Existe también en Venezuela y en Colombia. Varias muestras llegaron a Europa en la década de 1860; pero no hallaron mucho favor en la farmacopea, a causa del sabor un tanto amargo (Hanbury, 1876, 318-326).

 

191 --Brownea ariza Benth..

Brownea spp..

Arizá; palo de cruz.

(Véase el capítulo XIX).

Las propiedades hemostáticas, reales o supuestas, del leño de estos árboles cuyas flores son uno de los más soberbios ornamentos tropicales, fueron reveladas en virtud de por lo menos tres "descubrimientos", todos casuales, ocurridos durante el período colonial.

En el oriente de Venezuela, parece que ello tuvo lugar en 1727 al cortarse un pie un trabajador (Caulín, 1779, 27-28).

"Hay en los mismos llanos [de Santiago de Atalayas y Casanare] un árbol cuya madera tiene una cruz roja en el corazón, y le llaman palo de sangre, que es admirable para estancarla, la cual virtud se descubrió con el accidente de estar un negro cortando estos árboles y se hizo con la segur o hacha grande una herida en un pie, y entre los desasosiegos causados del dolor reparó en que cuando ponía el pie sobre el tronco del árbol dejaba de salir la sangre, y en apartándole corría con abundancia, y con esta experiencia se ató una astilla de aquel árbol al pie herido y se le estancó la "sangre del todo, y sané sin hacerse otro remedio" (Oviedo, 1930, 27).

Una versión semejante dio el franciscano Diego García, cartagenero, colaborador de Mutis, quien en 1783 fue comisionado para adelantar varios estudios sobre las ciencias naturales en la Nueva Granada. Divulgó el hallazgo del ARIZÁ, por el pueblo de este nombre en la cuenca del río Nechí (González Suárez, 1944, 71-72 y nota; Pombo, J. 1., 1810, 90-93).

Este palo de cruz también existe en el Valle del Cauca (Campo y Rivas, 1803; 29), como que el género Brownea tiene uña amia dispersión en América.

"En Bogotá usan el aserrín del tronco con tal objeto, aplicándolo sobre las heridas" (Pérez Arbeláez, l 947, 71).

 

PAPILIONÁCEAS.

 

192 --Myroxylon balsamum (L.) Harms., sensu latu.

Chucte, en Pánuco; hoitziloxitl (Hernández, 1943, II, 557559) o huitzxochitl (Ximénez, 1888, Méx., 26), en Méjico.

Tache, olor, en el occidente de Colombia. Nombres registrados desde la época colonial (véase adelante).

Bálsamo de Tolú. A veces, simplemente tolú, pero este es vocablo equívoco, que se aplica también a la ceiba colorada o de Tolú, Bombacopsis quinata Dug. (Revollo, 1942, 263).

Olor (Miranda); estoraque (Tuy); roble maría (Trujillo), denominaciones usadas en Venezuela (Pittier, 1926, 123-124, 123).

Estoraque, en el oriente ecuatoriano (véase adelante).

Quino-quino, quino, en el Perú.

Iba-ú, en guaraní (Peña, 1901, 13, 1G).

Bálsamo del Perú.

Bálsamo.

Prescindiendo del bálsamo de las grandes Antillas, que quizá llevaba el nombre taíno de GOACONAX (Oviedo y Valdés, 1959, II, 11-13; 19-20; Casas, 1909, 37, 46, 51; Vázquez de Espinosa, 1948, 38; Cobo, 1891, II, 91); pero cuya identidad botánica es dudosa y en todo caso no asimilable a Myroxylon, tres regiones americanas produjeron bálsamo y dos lo exportaron durante el período colonial y en parte del republicano: 1) Centro América, especialmente la costa occidental de Guatemala - El Salvador, conocida por eso como Costa del Bálsamo; 2) La región magdaleno-caribe en la Nueva Granada y parte de la costa de Venezuela; y 3) la porción andina, quizá desde la cuenca deI Marañón hasta Bolivia y los declives orientales hacia Salta y Jujuy.

Conviene establecer que lo que se llamó BALSAMO en la isla Española (Croton?), vino a conocerse en Europa, ya por el médico italiano Codro, o por Antonio de Villasante, quien a su vez hubo el secreto por una india su mujer, natural de dicha isla; pero quien usufructuó en un principio el descubrimiento fue este último, por cuanto se le concedió privilegio para la explotación. "Este Villasanta dio a entender en España que daría a Su Majestad un gran tesoro con este bálsamo, y está mandado, so graves penas, que ninguno lo haga, e aqueste se murió sin cumplir lo que prometió(...) E cuanto al tesoro que había de dar, no se efectuó" (Oviedo y Valdés, 1959, II, 11-13). La prohibición real fue consecuencia de una capitulación de 22 de abril de 1528 (Friede, 1961, 425).

 

1) Centro América

En 1563 el médico Nicolás Monardes da informes sobre el bálsamo de la Nueva España, extraído, bien por incisión del tronco, bien por destilación de las ramas y astillas del árbol en agua ca liente; por ser volátil, debía guardarse en vasijas de vidrio, estaño o cosa vidriada. La principal aplicación era como vulnerario. "Es muy común el uso dél en esta ciudad [Sevilla], en cosas de heridas, porque pocas casas hay, do no haya bálsamo para este efecto". Y afirma: "Cierto, aunque no se descubrieran las Indias, sino para este efecto de enviarnos este licor maravilloso, era bien empleado el trabajo que tomaron los nuestros españoles" (Monardes, 1569, 19v-24). En cuanto al proceso de destilación de astillas, parece que este informe fue atribuido erróneamente a Myroxylon.

En Chiapas y en la costa mejicana del golfo se sacó bálsamo (Motolinia, 1941, 217; A costa, 1954, 122-123). De allá había sido mandado a traer el árbol por los monarcas mejicanos para el jardín botánico de Guastepec, y ya se cultivaba en la segunda mitad del siglo XVI (Hernández, 1943, II, 558), "no menos por regalo que por magnificencia y grandeza donde le vide cada passo assistiendo yo en aquel Hospital siruiendo a los pobres algunos años..." (Ximénez, 1888, Méx., 26-28).

En su relación sobre San Salvador y Honduras de 1576, Diego García de Palacio dice que existían árboles de bálsamo en los montes de Guaymoco, de la costa de Tonalá; vio en la iglesia de este último lugar doce pilares de aquella excelente madera, de 55 pies de alto, y apunta: "El licor que en común se coge dél, es por el verano, que acá llaman desde Noviembre hasta Mayo. Vale una botija perulera de él doscientos y cuarenta reales entre los indios; sácanlo con alguna violencia, porque para que el árbol dé y destile más, lo chamuscan con leña alrededor del tronco. Yo he hecho sacallo y cojello, como el árbol lo da y despide, sin otra fuerza de fuego ni instrumento; dicen es licor maravilloso y que será de mejor efecto; echa su semilla como almendras, y en ellas cría un licor como oro... " (Fernández, 1881, I, 28-29; 28).

Quizá por el precio elevado, surgieron los fraudes que han sido comunes en todos los productos extractivos, pues a principios del siglo siguiente, "los indios chamuscan el árbol para que destile aquel licor, cuesen las cortezas del, y assi lo sacan negro, y aunque usan muchas maldades para multiplicarlo, como las taberneras de Madrid el vino aguandolo: el balsamo no consiente cosa alguna, que sea de otro genero consigo, porque luego la echa aparte, y se conoce, y echa de ver... " (Vázquez de Espinosa, 1948, 212-213). La explotación había decaído mucho a mediados del siglo XVIII, entre otras cosas por la baja del precio, debida a las adulteraciones (Cortés y Larraz, 1958, I, 92, 97, 222).

En la sexta década del siglo XIX quedaban como principales lugares de extracción en la costa del Bálsamo, los pueblos indígenas de Juisnaga, Tepecoyo o Coyo, Tamanique, Chiltiuapan, Talnique, Jicalapa, Teotepeque, Comasagua (Comayagua?) y Jayaque. En 1861 se llevó de allí semilla a Ceilán. De esta época existe una interesante relación sobre la manera rudimentaria como se hacía la extracción. El bálsamo, que entonces se exportaba en cántaras de barro, después lo fue en tambores metálicos. El puerto de salida era Acajutla (Hanbury, 1876, 296-309; Fluckiger and Hanbury, 1879, 205-211).

La madera del bálsamo se usaba en Guatemala para mazas de trapiches (Cobo, 1891, II, 90).

 

2) Nueva Granada - Venezuela.

a) A raíz del viaje de Ambrosio Alfinger por el valle del río Cesar y el Magdalena en 1532, comprobaron quienes lo acompañaban, que entre los indios cendaguas había un bálsamo muy fino, que llamaban LUPO (Friede, 1961, W, 203). A principios del siglo XVII el producto se extraía por el puerto magdalenés (margen derecha) de Tenerife (Simón, 1953, IX, 203; Zamora, 1930, 37).

En la primera mitad de la siguiente centuria, los indios pintados de la cuenca del Cesar tenían como principal granjería la extracción de bálsamo, del cual había montes enteros en Garupal (Rosa, 1945, 190; 208).

Cerca de Plato colectó muestras y observó el proceso de extracción en 1863 el botánico John Weir (Flückiger and Hanbury, 1879, 203-204; Markham, 1880, 278).

Las pequeñas cantidades de bálsamo que se extraen todavía en Colombia, proceden de la margen oriental del Magdalena.

b) Pese a la circunstancia de que se conoció primero en la región de Santa Marta, el BÁLSAMO DE TOLÚ monopolizó este último nombre, merced al médico Monardes, quien en 1574 dice que ha cía poco tiempo se empezaba a conocer en España, obtenido de la región entre Cartagena y Nombre de Dios (Panamá). La extracción difería algo de la usada en Centro América, pues aunque se sajaba la corteza del tronco, la sustancia instilada se recogía al pie del árbol en unos a modo de cucharones hechos de cierta cera negra. Monardes juzgaba este bálsamo superior al da la Nueva España, ponderándolo como "la mejor cosa y de mayores virtudes de quantas han venido de aquellas partes". Sus principales propiedades consistían en cicatrizar heridas recientes, de tal manera que no dejatan señal, "y así para las del rostro es excelentísimo... la virtud de este bálsamo es prohibir no se engendre materia en la herida". Contra el asma se tomaban una gotas en vino. Era muy bueno para resolver hinchazones, "en qualquier parte del cuerpo" (Monardes, 1574, 121-123v.):

A fines del siglo XVI había muchas leguas de montes de bálsamo en la región de Tolú (Ordóñez de Ceballos, 1947, B. A., 301; Vázquez de Espinosa, 1948, 294; Acosta, 1954, 122; Anónimo, 1958, 122). Se sacaba también del pueblo de Colosó (Zamora, 1930, 37). También se daba en San Jerónimo del Monte, no lejos del actual Ayapel (Vázquez de Espinosa, 1948, 323). Para fines de la época colonial debió tener poca importancia económica, pues un autor habla de la región del Sinú como productora de "distintos y útiles bálsamos" sin mención particular (Torre Miranda, 1794, 19).

A mediados del siglo XIX, la zarzaparrilla y el bálsamo eran los principales productos extractivos de la cuenca del Sinú (Striffler, 1958? Cer., 19). El de Tolú figuró entre los productos del comercio exterior de la Nueva Granada en el período republicano. Las cantidades despachadas fueron moderadas, y sólo aumentaron en ' los años 1834-1835, cuando la exportación alcanzó al monto de $ 20000. Cartagena era el principal puerto de salida (Samper, 1925, I, 230; Restrepo, V., 1888, 168; Nieto Arteta, 1942, 375-378).

En 1859 el árbol de Tolú era imperfectamente conocido, por la falta de buenos especímenes botánicos (Hanbury, 1876, 181); pero en 1863 los datos recogidos por Weir y el material que tomó en el Magdalena (véase atrás) fueron importantes aportes. Este bálsamo de la Nueva Granada se exportaba en tarros cilíndricos dé 10 libras. Se despacharon de Santa Marta en 1870, 2.002 libras; en 1871; 2.183, y en 1872, 1.206 libras. En cambio, por Sabanilla se exportaron en 1876 unos 27.180 kg. (Flückiger and Hanbury, 1 &.79, 202-205).

c) Por supuesto que la especie no vive solamente en la costa deI Caribe, sino también en los valles interioranos de Colombia, hecho señalado desde el primer siglo de la ocupación española (Simón, 1953, IV, 314; Zamora, 1930, 37; Oviedo, 1930, 24-25). Lo curioso es que para fines del siglo XVI ya debía conocerse la similitud del bálsamo de Tolú:con el quino-quino del Perú, pues estenombre se había difundido, y sin mucho discernimiento, varios autores lo aplicaron al bálsamo de la Nueva Granada (Zamora, op. cit., 38; Oviedo, op. cit., 27). Mutis escribió en 1785 ciertos estudios sobre los bálsamos (González Suárez, 1944, 113; Ibáñez, 1884, 49).

En la cuenca del Cauca se usaba antes quemar la semilla del Myroxylon al atardecer, para alejar los zancudos. Aunque se halla todavía espontáneo en el flanco oriental de la Cordillera Occidental, municipios de Bolívar y Roldanillo, se planta también como poste vivo o como árbol ornamental. Localmente se lo distingue con los nombres de OLOR y TACHE. Ambos están registrados desde mediados del siglo XVIII (La Condamine, 1914, 11). El jesuita Velasco, hablando del TACHO (así), anota: "De este sale por incisión el bálsamo que llaman "negro". En la fragancia y demás virtudes, no cede a ninguno de todos los que se llaman "peruanos". Su uso común en la provincia de Popayán es de hacer las pastillas de olor, que son de grande fama y estimación. Dan otros nombres a este árbol que es común en Mocoa y otras partes. Su bálsamo es el que se endura más breve que ningún otro" (Velasco, 1927, I, 59). En l 808 abundaba el TACHE en la jurisdicción del partido de Quiñtero, orilla izquierda del río Cauca, dependiente del corregimiento de Roldanillo (Villaquirán: BHV, 1939, 61-66; 221), y con el mismo nombre en Cartago (Campo y Rivas, 1803, 29).

d) Una de las acusaciones --en gran parte apasionadas e injustas --contra los alemanes de Venezuela, fue que por acapararlo ellos, estorbaban a los españoles la extracción del bálsamo de la costa de Coro y pueblos vecinos de Tomodore, Verso y Maripura. Cuando la corona en 1531 concedió a los Welser un permiso para explotarlo, surgieron de inmediato los pleitos, en los cuales se alegó como pretexto el permiso que se había dado a Antonio de Villasante pocos años antes. De todos modos, hubo algún interés en este renglón, y debieron sacarse pequeñas cantidades (Friede, 1961, W, 212-213; 425-430; 428-429; Besson, 1943, I, 56).

La exportación se hizo también desde la cuenca del lago de Maracaibo, y hacia 1722 se registró un aumento de consideración en el bálsamo extraído de esta área (Besson, op. cit., 286).

e) Al oriente de los Ardes se ha señalado la existencia del bálsamo, aunque no con la densidad que en la costa caribe. Roberto Schomburgk halló en la Guayana, a 2° 32'N, una floresta de Myroxylon. Los frutos eran usados por los indios. Cuando su hermano Ricardo, el botánico, llegó donde los wapisianas del monte Kunuku en 1843, vio a las indias llevando collares hechos de la semilla, y se le informó que a dos días de camino abundaban los árboles (Schomburgk, 1923, II, 269; 307). En el Herbario Nacional de los Estados Unidos hay una muestra botánica que confirma el hecho. Fue colectada por A. C. Smith (N4 3533), en el período 31 de marzo - 16 de abril de 1938, en la falda noroccidental de los montes Kanuku, entre 150 - 400 metros sobre el mar, en la cuenca de la quebrada Mokumoku.

BÁLSAMO DE TOLÚ se hallaba, aunque poco, cerca de Villavicencio en el siglo pasado (Restrepo, E., 1870, 339; -----, 1955, 255).

 

3) Al sur del Ecuador

En la porción puramente ecuatorial se conoció también el Myroxylon. La relación de Guayaquil de hacia 1605 indica: "Para las cámaras, dan una pepita que llaman de quina quina, bebida en vino o en agua conforme a la calidad de las cámaras" (Torres de Mendoza, 1868, IX, 267).

En el al o Amazonas, al pie da los Andes, se extraía el bálsamo o estoraque, poniendo fuego alrededor de los árboles y algodones en la superficie dilacerada" para obtener el jugo por im bibición: "Nuestros misioneros [jesuítas], hecha polvo la corteza, la revuelven con copal derretido 0 otra resina como el ámbar, que llaman YURU [Plumiera? --sugiere el editor], y de allí forman una masa que llaman estorache y sirve en las iglesias a falta de incienso" (J. de la Espada, 1889, Mar., 109, 110; Figueroa, 1904, 406). Lamas era la principal zona de extracción de bálsamo. Parece que la mezcla se hacía con varias sustancias, pues también se menciona otra llamada SCHIGAYUNA (Magnin: RI, 1940, I, 171). El ESTORAQUE figura como un producto de Macas a mediados del siglo XVIII (Montúfar y Frasco, 1894, 138). Ese nombre perdura en el área (NYBG: José M. Schunke 316, 1935. Gamitanacocha, río Mazán, Loreto (Perú). 100-125 m. "Estoraque").

En la parte ecuatorial, algunos nombres han sido registrados en la época colonial, difíciles de adscribir a una especie o variedad dadas. Velasco habla de CHAQUINO, confundido con el QUINO; del CHAQUINO MACHO de Cuenca, al parecer el mismo estoraque de Maynas; ESTORAQUE FINO, y PICHIRUNA (Velasco, 1927, I, 42; 56; 57; 58).

La quina-quina se usaba para embalsamar los cadáveres de los soberanos incas del Perú (Borregán, 1948, 79); pero aparentemente no llamó la atención de los españoles, sino cuando el interés por los bálsamos de otras regiones americanas se generalizó en Europa (y también en el Nuevo Mundo), merced a la obra del médico Monardes. Aunque se ha dicho que en la carta, escrita en Cuzco el 26 de diciembre de 1568, Pedro de Osma le hablaba del bálsamo al médico sevillano (Lastres, 1956, 121; 171), del contexto de ese documento mejor puede pensarse que se refería, no al quino-quino, sino al molle (véase numeral 46 y más adelante en este capítulo), cuya semilla usaban los indígenas para preparar una bebida (Monardes, 1571, 82-83). Nótese, por ejemplo, la relación de Guamanga de 1586, en que las únicas plantas medicinales reportadas son el molle y la chillca, y donde se hace esta perentoria afirmación: "y no tienen plantas aromáticas r i notables... " (J. de la Espada, 1881, I, 175). Cosa semejante dicen en Atunrucana en el mismo año (Ibid., 192).

El quino-quino se daba de preferencia en lo que es hoy Bolivia, provincia de Chuquisaca. A principios del siglo XVII la experiencia con este árbol maderable era la siguiente: "Del arbol Quinaquina se saca vna resina de color de hipado muy odorifera y saludable, con su sahumerio se consumen frialdades, y reumas de Caueça, con esta resina mesclada con azeite se curan heridas, y llagas, y el mismo efecto tiene el azeite que se saca de sus pepitas y es con reas efficacia C. ] el arbol Quinaquina es muy hermoso, y su madera muy odorifera, y fuerte, el color de su madera blanco y leonado a vetas" (Vázquez de Espinosa, 1948, 609, 608). En términos semejantes se expresan autores contemporáneos del anterior (Calancha, 1639, 59: "remedio de muchas enfermedades, i un milagro para las heridas"; Anónimo, 195S, 76; Valdizán y Maldonado, 1922, II, 179). Lo curioso es que teniendo esta medicina a las manos, a Lima se importaba bálsamo desde Nicaragua Anónimo, óp. cit., 114-115). Ninguno de estos autores, ni Cobo, que dice haber visto el árbol del bálsamo en Guatemala y describe la quina-quina al parecer con conocimiento de causa (Cobo, 1891, II, 90; 88-89; 90-91), cayeron en la cuenta de que se trataba de árboles muy semejantes; de donde se viene a sospechar que muchas de las informaciones que suministraron las hubieron de oídas.

Sebastián López Ruiz, panameño muy conocido en la Nueva Granada en la época de la Expedición Botánica y aun antes, hizo en 1764 una tesis en latín, sobre "El Bálsamo rubio o peruano", para optar el título de médico en la Universidad de San Marcos dé Lima (Susto, 1950, 6-7). También Hipólito Ruiz, quien halló quino-quinos en la parte norte de la sierra peruana, montes de Pozuzo, Muña, Cuchero, Pajaten y Pampahermosa, describe usos semejantes a los ya vistos. Localmente se empleaba la corteza Ruiz, 1792, 97-100; -----, 1952, I, 29$-299).

Igualmente Mutis se ocupó en este bálsamo por esa misma época (González Suárez, 1944, 113).

 

Otras observaciones

El bálsamo, aunque últimamente se hayan puesto en duda sus propiedades vulnerarias, fue uno de los aportes positivos de. América indígena a la ciencia médica (Pardal, 1937? 51; 170-172; 346-350). El uso tiende a desaparecer, por la sustitución irremediable que se opera mediante la actividad todopoderosa de las casas productoras de drogas.

Por bula "de Pío V, de 2 de agosto de 1571, se permitió el usó dé cierto licor o jugo hallado en las Indias, en el ritual de la iglesia católica, en sustitución del legítimobálsamo de Alejandría, muy difícil de obtener (Acosta, 1940, 303-304; -----, 1954, 122; 5$5; Hanbury, 1876, 293-296; 304).

En algunas partes de América tropical se continúa usando como planta medicinal, y se cultiva a veces, más que todo por su excelente madera (Standley, 1946, XXIV, 307-308).

 

000 --Pachyrhizus spp..

Véase numeral 122, tomo II, 1964, pp. 33-36.

Que la semilla de algunas especies es venenosa, se había observado ya en el Brasil desde el siglo XVI con el jacatupé (Hoehne, 1939, 141-142).

Esto se ha confirmado experimentalmente en años recientes para las especies P. erosus (L.) Urban, P. palmatilobus (Mocc. y Sessé) y P. tuberosus (Lam.) Spreng. (Killip y Smith, 1935, 9; Jacobson, 1958, 149-150).

 

193 --Lonchocarpus nicou (Aubl.) D. C..

Lonchocarpus spp..

Iary (Schomburgk, 1923, II, 120); iari, hiarri (im Thurn, 1883, 234; 383); aiari, haiari, en la Guayana inglesa. Cube, en el oriente peruano.

Timbó, en el Brasil.

Varbasco, varbasco de bejuco.

Todos nombres genéricos para designar plantas ictiotóxicas. A veces se acompañan con desinencias o adjetivos para identificar variedades o especies (véase adelante).

Entre los pueblos primitivos de todos los continentes, se conoció la pesca mediante el uso de sustancias activas que arrojadas aI agua tienen la virtud de aletargar, emborrachar o matar a los peces, permitiendo su fácil captura, sin que la carne pierda su inocuidad. Los amerindios usaron este sistema cuando querían pesca abundante, sobre todo para sus fiestas. La detección de las plantas idóneas, algunas sometidas a cultivo, y el uso específico de cada una de ellas de acuerdo con las circunstancias de tiempo y lugar, se cuentan entre los logros más notables (Karsten, 1935, 179-180).

Antes de entrar en materia, conviene dejar constancia de la dificultad de interpretar los textos relacionados con plantas ictiotóxicas en América equinoccial, por cuanto --no sólo son más de un centenar las especies empleadas --sino que algunas se encuentran simultáneamente en una zona dada, y lo que es peor, varias son designadas con el mismo vocablo.

Los más difundidos de éstos son los siguientes: CUNA, KUNA, en Orinoco-Guayanas, con sufijos o prefijos para distintas especies y aún géneros. CUBE, en el oriente del Perú, más estrictamente aplicado a Lonchocarpus, aunque a veces se use para otros grupos también. JÚQUE, en el bajo llano de Venezuela, genérico; pero asimismo adscrito particularmente a CIibadium (Alvarado, L., 1953, 217). TIMBÓ, del tupí-guaraní; aunque se ha afirmado que el verdadero es Serjania (Hoehne, 1939, 19, 186-187), se aplica ahora en el Amazonas a Lonchocarpus. Los nombres indígenas de la parte andina desaparecieron, siendo sustituídos por el español VERBASCO, que también es un genérico para toda planta ictiotóxica, aunque preferiblemente usado con referencia a las Escrofulariáceas del género Verbascum, como V. thapsus L.. Son más comunes en América las formas VARBASCO y BARBASCO; la primera es más correcta.

En las plantas ictiotóxicas la parte utilizada es unas veces la raíz (Lonchocarpus,Derrís, Tephrosia); otras las hojas y ramas (Phyllanthus, Clibadium), y otras los frutos y semillas (Muelleria, a veces Tephrosia). Esto no obedece a un patrón rígido, sino que varía en cada lugar.

Tampoco se usan indistintamente para toda clase de pees. Empezando porque hay especies de éstos inmunes o muy resistentes a la acción de las sustancias activas.

Se conocen cultivados con fines específicos, los géneros Lonchocarpus, Tephrosia, Phyllanthus y Clibadium, que serán los que se estudien en esta obra, donde el orden taxonómico lo exija.

 

Región amazónica

Desde fines del siglo XVI, en una lista de las plantas más comunes del Nuevo Mundo, se habla del varbasco ictiotóxico, y en especial del "bejuco de Iscance para pescar" (Vargas Machuca, 1599, 146-146v). Iscance, Escanse o Descanse fue una villa fundada por ese estratego y conquistador en la parte sur de la Nueva Granada, alto Caquetá, y actualmente una población del departamento del Cauca.

En su relación sobro el Amazonas da 1639, el jesuita Acuña menciona un torbisco[1] o timbó del grueso del brazo, que se usaba para pescar (Acuña, 1942, Bog., 94-95). Este dato puede convenir a Lonchocarpus, pero también a Derrís amazonica Killip o especies afines, que son asimismo llamadas timbó (USNH: Pires, Rodrígues, Irvine 50832, 1961, río Ariguarí, Amapá).

Ambas citas se pueden referir a Lonchocarpus, llamado también en algunas partes VARBASCO DE BEJUCO; pero los datos sobre cultivo sólo aparecen cuando se amplió el conocimiento de las costumbres de los indígenas, especialmente al pie de los Andes, por la permanencia durante largos períodos de misioneros de distintas órdenes, que apuntaron y trasmitieron informaciones más concretas. Sin embargo, esta --como otras plantas del área amazónica que son objeto de la presente investigación --tienen simultáneamente el carácter de silvestres y cultivadas.

Los maynas de la provincia de su nombre, en of oriente ecuatoriano, mataban en 1619 los peces con flechas, "o embarbascándoles con una raíz que llaman barbasco" (J. de la Espada, 1897, IV, cxlvii): Aunque el editor de la relación identifica la planta conJacquinia armillaris, éste género es más común en el área circuncaribe. Por imposición de las autoridades de la villa de Borja, fundada en la mencionada provincia de Maynas en 1639, los indígenas locales debían sembrar comunitariamente una sementera con comidas de la tierra y barbasco (J. de la Espada, 1889, Mar., 228; 102, nota 133; Figueroa, 1904, 72, 73; 92; 208). Este cultivo mixto es muy común en la región.

El jesuita Magnin (1740), informador de La Condamine, habla del varbasco con el doble carácter de especie silvestre y cultivada, pues primero dice: "Otro veneno C uno es el de f lechas] ay para el pescado, que es el barbasco, rayz dessa planta, que naturalmente crece en la montaña"; y después lo enumera entre las cultivadas por los indígenas, en mescolanza con las demás de su interés (Magnin: RI, 1940, I, 172; 179-180).

El botánico Ruiz, en sus exploraciones por la provincia de Pozuzo, departamento de Huánuco, oriente peruano, en el tercer cuarto del siglo XVIII, establece: "Siembran una de las Didelphias, que llaman VERBASCO, y les sirve para matar la pesca" (Ruiz, 1952, I, 293).

Por supuesto que los datos de Ios tres párrafos anteriores se pueden aplicar también a Tephrosia, que es asimismo un varbasco de raíz.

El BARBASCO LEGÍTIMO o CUBE se planta con carácter semi-industrial en la región de Iquitos y en Yurimaguas, Perú, así como cerca de Belem del Pará (Killip y Smith, 1930, 77-78). Los indí genas ecuatorianos lo continúan propagando en pequeñas cantidades (la var. utills Smith), como ocurre en Samatá, cerca de Archidona, bajo los nombres de BARBASCO y TIMU-AMBU (USNH Inés Mejía, 7305, 1935), y entre Puyo y Canelos (Ibid., 6835, 1935; Karsten, 1935, 319, 568 (TIMO); Stirling, 1938, 108). Este nombre TIMU se ha atribuido asimismo, por falta de información, a Tephrosia (Espinosa, 1935, 104). También lo siembran los huitotos, que le llaman JADÓ (Ranghel Galindo: Gutiérrez, V., 1943, 27-28).

De estaca, como es la costumbre dondequiera, lo plantan (var. urucú Smith) los indígenas del río Piraparaná. Los nombres locales son IYÚ (e-yoó) en baresana; KUNA (koo-na) en makuna; DARUMÁ (da-roo-má) en puinave; OJIMICHI (o-je-mee-chee) en taiwano, en Ios caños Timiña y Paca (USNH: Schultes y Cabrera, 17243, 17591, sept. 1952).

 

Orinoco y Guayanas

Una noticia de mediados del siglo XVIII sobre el Orinoco, vaga como es, quizá deba referirse a este género, pues hablando del CUNA (véase numeral siguiente), añade: "La otra raíz con que pescan... se llama barbasco, es del mismo color y hechura que el de un tronco de parra, y tiene también la fuerza del cuna" (Gumilla, 1955, 189). Existe Lonchocarpus en el área a que se alude, y recientemente se ha descrito de ella la especie L. Ianguidus (Hermann, 1944: 10982, 11005, 11123, 11128, 11150, 11177, 11209, 11225, 11228, 11289 (cult.), 11310).

El 13 de julio de 1947 quien escribe obtuvo en San Fernando de Atabapo unas estacas de Lonchocarpus, de las cuales se obtuvieron matas para plantar en Buenaventura.

Aunque no da indicios de que fuera cultivado entonces por Ios indígenas de la Guayana, Schomburgk señala que el HAIARY L. densiflorus Benth.. se consideraba como el ictiotóxico más efec tivo, hallándose nativo en las cabeceras del río Pirara, zona habitada por los macusis (Schomburgk, 1922, I, 272; 319-320). Sin embargo, el pez llamado YARRO[2] es inmune a la acción de este varbasco, y al contrario muy sensible a la de Tephrosia (Ibid., 1923, II. 120). Los indígenas tienen allí este mito sobre el origen de la planta: "Una vez un indio fue a bañarse en compañía de su hijo. Dondequiera que el joven nadaba, morían los peces, y el padre se percató por experiencia propia que este pescado era muy saludable como alimento, de manera que se acostumbró a obtenerlo en esa forma. Pero, transcurrido algún tiempo, habiéndose los peces confabulado, escogieron un momento en que el joven estaba sentado en un tronco antes de arrojarse al agua, de modo que pudieron aproximársele a su salvo, y entonces, saltando al unísono fuera del agua, acribillaron al joven con sus púas. La punzada de la raya resultó fatal. Pero como el padre fuese cargando a su hijo moribundo hacia la casa, la sangre se iba regando en el suelo; dondequiera que cayó una gota, creció una mata de haiarri, que desde entonces ha sido usada por los indios para envarbascar las corrientes cuando quieren pescar" (im Thurn, 1883, 234; 383).

En la actualidad el HAIARI se cultiva, aunque escasamente, por los remanentes del grupo caribe. Se conserva entre algunos ese nombre; pero los negros criollos dicen NEKOE (USNH: Archer, 2520 (haiari), Barima; 2784 (nekoe), Sandrij I; 2879, Paramaribo; 2908 (nekoe), Carolina: 1934). Este (INEKOU) es nombre antiguo (Barrere, 1743, 158).

 

Otras áreas

Lonchocarpus se cultivaba en 1933 en los Jardines Experimentales de Summit, en la Zona del Canal (CZG (1933), 1938, 13-15).

De Mayagüez, Puerto Rico, introduco a Colombia quien escribe unas estacas en 1946.

 

[1]
"Torvisco" o "torbisco" es en España la Timeleácea Daphne gnidium L., ictiotóxica (Font Quer, 1962, 388-389).
[2]
Hypostomis o Doras?.
 
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