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CAPITULO XVIIICAUCHIFERAS Y LATICIFERAS
Consideraciones sobre el juego de pelotaEn un estudio reciente sobre el tema, se clasifican los juegos de pelota acostumbrados por los pueblos americanos, en dos tipos fundamentales: 1° deportivo, en círculo, con participación de ambos sexos, usando las manos; 2° agresivamente competitivo, entre dos bandos, sin uso de las manos, y con gran soporte de partidarios de lado y lado. En el primer caso, predominaría el uso de la pelota de hojas de maíz o --como en la Tierra del Fuego --de vejiga de mamíferos revestida de cuero. El segundo tipo --dos bandos --era el más difundido en el área amazónica occidental (Stern, 1950, 91-92). Aunque hay fuertes evidencias del origen suramericano del juego de pelota, tesis que ha tenido el respaldo de eminentes americanistas, el autor comentado se inclina por el área circuncaribe, sin definirse por ninguno de los dos principales focos que allí tuvo el juego, el de los otomacos o el de los antillanos (Ibid., 99-100; 100-101). Es de particular interés la hipótesis de que el juego con pelotas de materiales distintos del caucho, pudo ser más antiguo, y que la bola de caucho, especialmente la hueca, que sí parece de in confundible origen suramericano y representaría una evolución del uso de la taputarana o jeringa, habría sido incorporada después a un juego ya existente (Stern, op. cit., 99). En cuanto a la asociación del juego de pelota con otras actividades de la vida material o espiritual de los pueblos americanos, la documentación existente no permite sino sugerir que tanto pudo tratarse de un simple deporte, o de un ejercicio preparatorio para las actividades guerreras, como de un rito asociado a ceremonias de fertilidad de la tierra, propiciación de deidades meteorológicas, o sacrificio penitenciario o expiatorio.
Antillas.El juego de pelota estaba extendido en la isla Española y las otras Antillas mayores a la llegada de los europeos. Tenía lugar en un terreno hecho a propósito, allanado y.circunscrito por mar cas, en las plazas, o a la salida de los pueblos, o en las encrucijadas. Se jugaba con las caderas, rodillas, cabeza y hombros. En el juego tomaban parte ambos sexos. Al sitio, al juego y a la pelota elástica que se usaba, se les daba el nombre colectivo de "batey". "E las pelotas son de unas raíces de árboles e de hierbas e zumos e mezcla de cosas, que toda junta esta mixtura paresce algo cerapez negra. Juntas estas y otras materias, cuécenlo todo e hacen una pasta; e rodéanla e hacen la pelota tamaña como una de las de viento de España, e mayores e menores; la cual mixtura hace una tez negra, e no se pega a las manos; e después que está enjuta, tórnase algo espongiosa, no porque tenga agujero ni vacuo alguno, como la esponja, pero aligeréscese (así), y es como fofa y algo pesada" (Oviedo y Valdés, 1959, I, 143; 144-146; Tejera, 1935, 55-57). Aunque se hacían apuestas, predominaba eI aspecto deportivo sobre el venal (Casas, 1909, 113, 121; 538). Los yucayos se dedicaban a este deporte cuando no entendían en siembras y cosechas (Anglería, 1944, 502; 508, 469). Usaban los indios
(Castellanos, 1955, I, 234; Oviedo y Valdés, op. cit., II, 107; Abbad, 1959, 28-29; 23). En esta isla de Puerto Rico a los principios de su conquista, los indios se jugaron al batey a un prisionero español, que al fin fue rescatado (Oviedo y Valdés, 1959, II, 92-93; Abbad; op. cit., 33). La zona de Utuado parece haber sido centro importante de juego, pues éste tuvo quizá en Puerto Rico carácter ritual más definido (Alegría: Bogué, 1961, I, 37-40). Lo mismo era en Cuba (Oviedo y Valdés, II, 115). Los indios de Jamaica se jugaron a la pelota al prisionero Diego Méndez, a quien había enviado Colón a la parte oriental de esa isla, en 1503, con eI objeio de tratar de llegar a Santo Do mingo por auxilios; pero logró escapar (Navarrete, 1954, I, 245; Morales Padrón, 1952, 20). El nombre del juego allí, a que eran muy aficionados los nativos era "bato" (Morales Padrón, op. cit., 27-28); quizá más bien "boté". Los caribes de las pequeñas Antillas llamaban a la pelota "tibuele" (Breton (1666), 1900, 283). De la descripción de Oviedo transcrita atrás, poco puede inferirse sobre las plantas usadas para elaborar la pelota en las Antillas. Algunos autores sugieren que el principal ingrediente procedía de los frutos del "copei" o "copei" (Clusía spp.), según la tradición (Tejera, 1935, 169). Este copei fue árbol familiar a los europeos, porque sus hojas coriáceas de tersa superficie las empleaban para escribir en los primeros tiempos de la colonización. Oviedo advierte: "La Eructa deste árbol no la he visto, aunque he visto muchas veces las bol as e los mismos árboles" (Oviedo y Valdés, 1959, I, 256-257). Asimismo Las Casas describe el fuego.y las pelotas, y en cuanto a éstas, dice que se hacían de un árbol, "que por no mirar en ello no lo cognoscí" (Casas, 1909, 159). Ni Castilla ni Hevea son nativos de las Antillas. Las muestras colectadas allí, sobre todo del primero, corresponden a introducciones recientes (véase adelante). Quedan como posibles fuentes de caucho árboles o arbustos de los géneros Ficus, Sapium, Clusía, Chrysophyllum, Plumiera, Jatropha y quizá otros. Es también probable que algunas pelotas fueran obtenidas por comercio, desde la parte oriental de Sur América.
MORÁCEAS
000 --CastilIa elastica Cerv..C. ulei Warburg.Castilla spp..(Véase numeral 181, capítulo XV).
Méjico.Quizá el luego de pelota de los antillanos hubiera sido registrado apenas como una curiosidad, y perdídose después con varias de las tradiciones de los indígenas isleños, al ser aniquilados éstos durante las primeras décadas de la dominación española, si no se hubiera encontrado también establecido entre los mejicanos. Es evidente que los españoles admiraron la organización política de los mejicanos, pues tenía más semejanza con la suya propia, que las behetrías antillanas. El juego de pelota parece haber sido allí un distintivo jerárquico (Stern, 1950, 46-71; 96; Soustelle, 1956, 162-164). El hecho de que los olmecas tributaran a los mejicanos la enorme cantidad de 16.000 balones por año, indica ya la importancia que debió tener el juego (Lowe and Ries, 1944, 37-38; Stern, op. cit., 51 nota). Tenía, además, un carácter definidamente ceremonial y religioso, empezando por el lugar mismo --llamado "tachtli" --en que el juego se realizaba, pues era un recinto amurallado, mucho más elaborado que el batey antillano. Este juego estaba asociado con ritos de carácter agrario. Aunque las explicaciones son hipotéticas en mayor o menor grado, se ha creído que el recinto del juego representaba el espacio celeste, y las pelotas los vientos. En un país donde el abastecimiento del agua para los cultivos era vital, por las características semiáridas de gran parte del territorio mejicano, estos ritos agrarios, así como los sacrificios humanos, parecen haber tenido gran importancia en la vida de la comunidad (Ortiz, 1947, 610-613; 216-217; 327; 391; 522-523; 233; 289; 391-393; Lowe et al, 1944, 34-35; 36; Stern, 1950, 47; 51-52; 56; 63-71; 69-71; 46-74). Pero el ulli no sólo se usaba para pelotas. El látex formaba parte de un complejo ritualistico y utilitario muy elaborado y esotérico. Con gotas de él se impregnaban las tiras de papel que servían de ofrendas en muchas ceremonias (Motolinia, 1941, 49; Lowe et al, op. cit., 38). Se usaba como medicina, contra la ronquera, o adicionado al ololiuqui[1] para ver visiones (Lowe et al, op. cit., 39); fundido, para vulcanizar heridas (Sahagún, 1946, II, 260261; 267-268; Pardal, 1937? 253). Con él se revestía el extremo de los palillos o baquetas con que se tocaban los tambores, elemento que se halla igualmente en el Amazonas (Lowe et al, op. Cit., 38-40). También el látex seco se incineraba en las ceremonias religiosas. Aunque el olor del hule quemado no sea apetecible, y por eso se ha dudado de la que pudiera ser una ofrenda grata a los dioses (Standly, 1946, XXIV, 19), el hecho no puede remitirse a duda, pués está bien documnetado. (Cué Canovas, 1960, 81). Los pipiles lo incineraban en uno de sus ritos de siembra (Lowe et al , op. Cit; 39). Copal y "ulí" quemaban en braserillos los sacerdotes, en las ceremonias de propiciación de cosechas o de cacerías (García de Palacio: Fernández, 1881, I, 40). La aglutinación e impermeabilización de telas y fibras con el látex de Castilla fue conocida y usada en Méjico y Centro América. Los soldados aztecas se vestían de henequén (véanse numerales 174-176; 177-179, C, "vestimentas"), revestido con goma de hule (Lowe et al, op. cit., 39). Durante la primera mitad del siglo XVII se impermeabilizaron botas (Cobo, 1890, I, 438; 1891, II, 87), antiparas y otras cosas, sombreros y varias prendas de vestir, especialmente para los viajes. En las postrimerías del siglo XVIII se hizo un intento de aplicar este hecho ya conocido, para impermeabilizar las bolsas en que se transportaba el azogue, que venía desde la península para las minas mejicanas (Lowe et al, 1944; Cué Cánovas, 1960, 81). El área de dispersión del género Castillas iba en Méjico por la costa del golfo, de Veracruz al sur. Orizaba era el centro más importante de manufactura de encauchados (Lowe et al, op. cit., 48 50). También lo había en la costa pacífica del istmo de Tehuantepec (Stern, 1950, 75; 75-76). En 1797 se informa que los árboles de Castilla de que se obtenía leche para la confección de encauchados y otros usos de menor cuantía en Orizaba, no eran cultivados sino silvestres; pero que si el ensayo de elaborar bolsas absolutamente impermeables para el transporte de azogue resultaba favorable, se podría emprender el cultivo, mej orando mediante él la calidad del producto (Lowe et al, op. cit., 107-108). Un siglo después, con el uso creciente del caucho, hubo en Méjico f fiebre de cultivarlo, que tuvo por escenario principalmente el istmo de Tehuantepec. La empresa "Plantación Rubio" tenía en 1906 cerca de Coatzacoalcos unos dos millones de árboles plantados (Pearson, 1906, 110-115; 130-143). Otras dos plantaciones constaban de 150.000 árboles cada una (Ibid., 122-124; 124-128). Hacia la costa del Pacífico ocurrió lo mismo (Ibid., 144-164). La inestabilidad de los gobiernos y el robo nocturno de la leche, por la rapidez con que fluye al hacer el corte, se han anotado como causales de que este esfuerzo no haya sido coronado por el éxito (Polhamus, 1962, 262).
Guatemala.En una lista de plantas útiles de Guatemala, hecha a mediados del siglo XVI, se incluye el "huli", "el arbol de que se hazen las pelotas" (Plantas de Guatemala, Mss., 357; AI, 23-10023-1511200). Los indígenas de Guatemala quemaban copal y "uli" al sacrificar niños (Fernández, 1881, I, 37), en los ritos agrarios que se han descrito en otro lugar (Patiño, 1966, 48), relativos a la siembra del cacao. Todavía en la segunda mitad del siglo XVIII, el obispo de Guatemala en sus visitas por toda la diócesis, comprobó que en ciertos lugares como Taxiaco, los indígenas hacían ídolos de leche de hule para sus ritos de meteoromagia y agromagia (Cortés y Larraz, 1958, II, 230). La leche la consideraban los mayas buena para las quemaduras; ella o la madera hervidas contra la disentería; y las hojas machacadas en cataplasma para hinchazón de rodillas (Roys, op. cit., 255).
Honduras.En la costa de Honduras se empezó a explotar comercialmente el Castilla hacia 1860 (Conzemius, 1932, 46-47; 52-53; Stern, 1950, 33).
Nicaragua.Los nicaragüenses honraban a Quiateot o dios del agua, "con sahumerios de tea y resina" (Oviedo y Valdés, 1959, IV, 380). La primera puede ser el teocote o Pinus spp.; la segunda quizá era el hule (Conzemius, op. cit., 33), aunque también el Hymenaea. Después de describirlo, el jesuíta Cobo añade: "Sajado el tronco de este árbol, destila una goma tan líquida y blanca como leche y en tanta cantidad, que sale un hilo della como brota la sangre de la vena en una sangría; vase volviendo poco a poco amarilla y últimamente negra, pero con esta diferencia, que si se deja en una vasija, se está líquida mucho tiempo, y en untando con ella cualquiera cosa, en breve se cuaja y se vuelve negra. Y para experimentar esta breve mudanza, hice una vez picar un árbol, estando en la provincia de Nicaragua, y con el licor que corría me fui lavando las manos, y aunque quedaron luego blancas, dentro de una hora se había ya helado y vuelto negro, de manera que parecían estar las manos con guantes negros. Sirve esta resina para untar botas, antiparas y otras cosas, porque resiste al agua; y los que caminan por Nicaragua y otras fierras calientes, donde la hierba crecida suele mojar con su rocío a los caminantes, usan hacer unas grandes medias de lienzo que les lleguen hasta la cintura, y untadas por defuera con esta resina, quedan como enceradas y defienden muy bien del agua. En cuajándose esta resina, queda negra, liviana como corcho y correosa como un nervio. Si la encienden, arde como cera, y hecha de ella una pelota, da mayor bote que pelota de viento; y echando un pedacillo de ella en las pelotas de cuero, les hace dar levantados botes; y así usan de ella para jugar a la pelota. Y finalmente, es muy útil para muchas medicinas. Aplícase para curar cámaras de sangre, para provocar la orina y curar otros males" (Cobo, 1891, I I, 86-87). Este se usó en el siglo pasado como árbol de sombrío para el cacao (Levy, 1873, 467). La extracción del caucho de Castilla se intensificó en Nicaragua, como en todas partes, desde mediados del siglo XIX (Wickham, 1872, 162, 176, 181). En 1878 se extraían 10.000 quintales; se empleaban unos 600 huleros (Markham, 1880, 451). Para principios deI siglo actual, se establecieron plantaciones en las cuencas de los ríos Bluefields y Escondido, en la costa del Caribe. En 1906 había tres medianas, Cukra, Si m Iron, Daytona Rubber Grove, así como varias pequeñas, con un total de más de 400.000 árboles (Pearson, 1906, 170-174; 175-178). Los indígenas aculturados de Mosquitia fabrican varios objetos de hule (Conzemius, 1932, 52-53).
Costa Rica.Abundando el árbol entre las tribus de la parte costera de Cosca Rica, que lo usaban para vestidos (el mastate de que se ha hablado en el capítulo XV), y como combustible para alumbrarse de noche (Fernández, 1883, III, 306-307 nota, 308 nota), los huleros nicaragüenses se fueron adentrando en la provincia de los guatusos costarricenses, en la cuenca del Río Fríe, y no sólo los desplazaron, sino que mataron muchos, y se llevaron como esclavos a sus hijos (Ibid., 306-310; 316-318). Los guatusos llaman "quirri" al Castilla y por eso a las teas que hacen con la leche de este árbol las denominan "quirri-lateca", o sea "luz de quirri" (Ibid., 308 nota). Los indios de Chirripó, río Moravia, Costa Rica, sacaban hule y zarzaparrilla a Limón, para obtener herramientas y otros artículos en cambio, hacia 1882 (Fernández, vol. cit., 336 nota). Los tiribis de Talamanca hacían lo mismo (Ibid., 369). En esta última región zarza y hule eran los dos productos extractivos más importantes. El último lo extraían por sajadura, coagulando la leche con el jugo de una Convolvulácea (Conzemius, 1932, 46), y prensando el caucho en bloques de un pie de largo por ocho pulgadas de ancho y una de espesor (Fernández, vol. cit., 385, 386; 386-387). De Costa Rica se exportaron 78.381 libras de caucho en 1878 (Markham, 1880, 451 nota). Pequeñas plantaciones, asociadas en los bananales, se hicieron cerca de Puerto Limón en la última década del siglo XIX y en la primera del actual; pero parece que no llegaron a explotarse comercialmente, por ser el banano el renglón económico predominante. Cerca de la frontera con Nicaragua hubo otra plantación de 25.000 árboles (Pearson, 1906, 193-198; 197). De la especie Castilla nicoyensis Cook, afín a C. elastica, se hicieron también pequeños cultivos cerca a Punta Arenas, Nicoya (Polhamus, 1962, 100).
Panamá.Gaspar de Espinosa, en la relación de su entrada a las tierras situadas al occidente del istmo de Panamá, hablando concretamente de la provincia de Jabraba, confinarte de Pocoa y Escoria, dice: "Este es el primer cacique que en estas tierras se ha hallado el juego del bateyn que se usa en Haity" (Espinosa: Cuervo, 1892, II, 480). En la segunda mitad del siglo XIX caucheros colombianos, especialmente del Sinú y de Cartagena, invadieron el Darién y se dedicaron a extraer caucho en forma vandálica, que involucraba, como en otras partes de América, abusos con los indígenas, inclusive los de San Blas (Reclus, A., 1958, 78; 84; 86; lámina 101; 132, 135, 155-156; 172, 269; 273, 300, 317). La infidelidad entre las mujeres cunas fue más frecuente después de la entrada de caucheros (Restrepo Tirado: Wafer, 1888, 123). Por otro lado, esta emigración de caucheros presupone dotes de audacia, tendencia expansiva y espíritu emprendedor (Camacho Roldán, 1892, I, 658). De la hoya del río Chagres sacó Roberto Cross 600 plántulas de Castilla y muestras del látex, para llevar a Inglaterra, suceso ocurrido entre mayo y octubre de 1875. Sobrevivieron 135 plantas, que fueron transportadas a la India en 1876 (Markham, 1880, 276; 453-454). Aunque el área de dispersión de C. elastica llega hasta Panamá, parece que las plantas colectadas por Cross eran de la especie o subespecie C. panamensis Cook (Pittier, 1910, 249; 250; 274-275; 277-278; Polhamus, 1962, 92; 99-100). En esa época se exportaba algo de caucho del istmo (Markham, op. cit., 451). Durante la primera década del siglo actual, se plantaron varias decenas de miles de árboles, preferentemente en el sector occidental de la península de Azuero, parte por los indígenas guaymíes, parte por mestizos. Una plantación de cerca de 300.000 árboles fue hecha también por la Darién Gold Mines Co., en 1900, con semilla y plántulas compradas a los indios cunas (Pearson, 1906, 216-217; 238; 234). El hule explotado y plantado en la América ístmica puede corresponder, no a la sola especie C. elastica, sino a un grupo de ellas más o menos afines, que de norte a sur son C. lactiflua Cook, C. guatemalensis Pittier, C. nicoyensis Cook, C. costarricana Liebm. y C. panamensis Pittier (Pittier, 1910, 263-278; Polhamus, op. cit., 98-100). La especie C. fallax Cook, de la costa hondureña, no produce caucho comercial (véase numeral 181).
Costa del Pacífico.El informe de los franciscanos de Popayán sobre las misiones que administraban en Putumayo y Caquetá, escrito en 1773, trae este pasaje: "La resina o leche del palo que llaman caucho, de que en las Provincias del Raposo y Barbacoas hacen sayos, botas de cabalgar, fundas para sombreros y los Portugueses bombas o geringas, no es apreciada, ni menos vulgar por estos parajes" (Cuervo, 1894, IV, 274; Zawadzky, 1947, 207). Esto demuestra que a mediados del siglo XVIII el caucho se conocía y usaba en la costa occidental de Nueva Granada, y que aparentemente no se distinguía del de la cuenca amazónica. No podía provenir sino de Castilla o de Sapium, pues Hevea no existe espontáneo en la vertiente occidental de los Andes, y el que hay ahora fue introducido en el siglo actual. Pero de allí a afirmar, como lo hacen Sergio Arboleda y Antonino Olano, editores de la obra de Jaime Arroyo, que fue en la ciudad de Popayán donde primero se sacó la resina del caucho y se hicieron ensayos para aprovecharla en balones y encauchados (Arroyo, 1907, 336-337), media una gran distancia, pues ya se ha transcrito el pasaje de Cobo de 1652 en que da cuenta de que en su tiempo estas aplicaciones del caucho eran conocidas en Centro América o mejor en toda la América tropical. Cuando el coronel Hamilton estuvo en Popayán en 1824, le regalaron una ruana con forro de caucho. Tuvo oportunidad de ver la leche en tarros de guadua, traída "de las montañas vecinas", con la cual se hacían pelotas y las mencionadas ruanas (Hamilton, 1827, II, 86;, 1955, II, 23; 48-49). Esto puede interpretarse de varias maneras. O era leche de Sapium, algunas de cuyas especies pueden darse a considerable altura sobre el mar; o era de Castilla traída de la vertiente occidental de la Cordillera Occidental, por la f ocultad que tiene de permanecer líquida durante mucho tiempo; o pudo tratarse de látex de bejucos o arbustos de los géneros Burmeistera, Centropogon o Syphocampylus, famila Lobeliáceas (Humboldt, 1942, IV, 186 nota), o de Cnidoscolus y Jatropha, Euforbiáceas. En 1824 Cochrane indica que los indios (chamíes?) usaban la leche de caucho para impermeabilizar sus cerbatanas (Cochrane, 1825, II, 405-406). Cerca a Nóvita se extraía para usarla en la confección de tinta de escribir, y como impermeabilizante de sombreros, botas, ruanas etc.. "No me cabe duda, agrega el viajero, que esta leche adquirirá algún día gran reputación" (Ibid., 423). Conviene advertir que por la localidad, el dato se puede adscribir también a Sapium. A principios del presente siglo, había una plantación en las cercanías de Istmina, perteneciente al señor Francisco de B. Carrasco. De este sector salían por Buenaventura unas 200 toneladas de caucho seco al año, la mayor parte de "chaza", o sea bolas (Pearson, 1906, 257; 258, 249 mapa). Por supuesto que la extracción había empezado antes, quizá en los últimos veinte años del siglo XIX, pues Buenaventura fue puerto de exportación (Samper, 1925, I, 229). A principios del siglo actual se halló en la cuenca del río Dagua cerca de Juntas, la especie C. daguensis Pitt. (Pittier, 1910, 268). También en el primer cuarto de este siglo hubo cauchales cultivados en el rio Tapaje (Yacup, 1934, 179), y quizá una pequeña plantación de 5.000 árboles en la isla Gorgona (Pearson, op. cit., 234). A fines del siglo XIX se sacaba de la cuenca Patía-Telembí algún caucho, qua se usaba en Pasto para hacer tinta de imprenta (Herrera, L., 1893, 75). Figura entre los renglones comerciales de Nariño en la misma época (Santander, 1896, 71). Parte se exportaba por Tumaco (Samper, op. cit., 229). A principios del siglo actual, se extraía algo de caucho en Barbacoas, y se fabricaban ruanas encauchadas en Altaquer; pero el mayor volumen venía del Caquetá (Gutiérrez, 1920, I, 204). Se ha atribuido al general Rafael Reyes, cuando fue presidente de la república (1904-1909) haber fomentado el cultivo del caucho, haciendo pagar un peso por cada árbol que se plantara (Pérez Arbeláez, 1947, 218); pero como se ha visto, el movimiento de siembra había empezado antes. Quizá sí lo estimuló e fintensificó.
Costa ecuatoriana.Quito, ciudad donde se ejercitaba una incipiente actividad industrial, parece haber sido la primera de América equinoccial donde se benefició el caucho. Dice Diego Rodríguez Docampo en su relación sobre esa ciudad de 1650, al hablar de las producciones típicas de la provincia de los Yumbos, que como se sabe, era la vertiente occidental de la Cordillera andina hacia el mar, a la altura de la línea equinoccial y nanas aledañas: "hay caucho, que derretido al fuego, se enceran con ella (así) varias cosas de manera que no lo pasa (así) el agua; y estando enjuta, se pone correosa, y si le pegan fuego, conforme al grosor que quieran darle, arde; y si se hace pelota, tiene el bote muy levantado" (J. de la Espada, 1897, III, ci). Más de un siglo después, un misionero informa: "En Quito con esta leche hacen forros para sombreros y capotes y relingotes y ruanas encauchadas. Esto es, sobre lienzo le dan con esta leche; ella se cuaja que parece una pintura pintada al óleo. Y con un instrumento de estos va uno seguro de aguacero, porque por más que llueva, así como cae en ello el agua, se resbala como en una pintura pintada al óleo... " (Serra, 1956, I, 172). Estos "relingotes encauchados" se usaban también en la provincia de Pasto (Ibid., II, 280). A La Condamine le parecieron estos capotes un poco pesados; pero utilizando la idea, mandó a hacer, estando en Quito, una tela encauchada para proteger de la intemperie su cuarto de círculo (Chasseloup, 1942, 93). En su época se hacían en Maynas botas impermeables (Ibid., loc. cit.). De la capital de la Audiencia envió, con una carta que firmó asimismo Bouguer, fechada el 24 de junio de 1736, como muestra, unos cilindros o bastones de una masa negruzca y resinosa que había traído de Esmeraldas, por donde acababa de entrar, y durante cuya travesía había visto usar a los nativos y usado él mismo las teas que se hacían con esa sustancia (Ibid., 92-93). Es de este lugar llamar la atención de que las tribus que ocupaban el territorio de la actual provincia de Esmeraldas en el Ecuador, tenían para el caucho (Castilla, Sapium?) los nombres de "sabe", "sabae", "sebe" y variantes (véase atrás). Este nombre indígena vino después a aplicarse, por uno de esos errores tan frecuentes en las ciencias, a un árbol completamente distinto del Castilla, con el cual tiene únicamente en común la cualidad de producir látex (Posada Arango, 1909, 216-217). En 1802-1803 Caldas viajó por la región del San Lorenzo, al norte del Esmeraldas, y menciona hachones o teas de "jebe" o caucho, con que se alumbraban los nativos, aunque equivocada mente lo da como un " Ficus" (Caldas, 1933, 359). Recuérdese lo que se dijo del uso de estas teas de Castilla entre los guatusos de la costa nororiental de Costa Rica. El caucho de la costa ecuatoriana se exportaba por Guayaquil. Los registros mencionan partidas en 1835; de manera que la actividad extractiva debió ser anterior (Campos, 1894, 223, 226). En enero de 1846 el botánico Seemann observó en Atacames árboles de caucho, cuya leche se usaba para capotes impermeabilizados, botas y antorchas (Seemann, 1853, I, 70). En 1878 se exportaron por Guayaquil 6.561 quintales de caucho (Markham, 1880, 451 y nota). En 1893, el Ecuador exportó caucho por valor de $ 390.000 colombianos de entonces (Samper, 1925, II, 147). Tentativas de cultivo de Castilla fracasaron (Hilton, R. N., 1955, 301).
Cuenca del Atrato.En la cuenca del Atrato Castilla era abundante y activamente explotado durante el último cuarto del siglo XIX. Sobrevino el mismo fenómeno de otras partes, que los buenos precios y la destruc ción de los árboles fueron haciendo cada vez más difícil la extracción, por lo que los caucheros empezaron a adulterar el producto, y éste a bajar de cotización. Convencidos de que era este mal negocio, los negros se pusieron a plantar, y para la primera década del presente siglo, casi todos tenían sembrados un número mayor o menor de árboles. Además, se hicieron plantaciones de cierta magnitud, que totalizaban unos 250.000 árboles. Estaban situadas en los siguientes lugares: Cerca de Quibdó, Cicerón Angel, Carlos Nicolás Ferrer, Gonzalo Zúñiga, Meluk y Cía. y Delfino Díaz; en Riosucio, Juan C. Olier y Manuel Ríos; en Sautatá, Ahuchar Hermanos; en Yankomba, René Granger, y en Turbo, Luis González. La extracción de un año con otro, era de unas 231 toneladas, que se llevaban a Cartagena (Pearson, 1906, 256-259; 249 mapa). Los datos del cónsul norteamericano en Quibdó, Henry C. Granger, publicados en 1906, por Pearson, indican que la actividad cauchera tenía entonces unos 30 años en el Atrato, y que para dicho año había plantados cerca de 300.000 árboles en todo el Chocó. Por consiguiente, esto fue anterior a la campaña de fomento que se ha dicho promovió el presidente Rafael Reyes, pagando un peso por cada árbol que se plantara (Pérez Arbeláez, 1947, 218). En 1912 las plantaciones de Juan Olier en Riosucio constaban de más de 50.000 árboles (García, E., 1945, 255). Claro que el árbol era espontáneo también en la cuenca deI Atrato (Posada Arango, 1909, 266).
Cuenca del Cauca.Decía de Cartago un autor a principios del siglo XIX: "Hay... caucho, con cuya leche se hacen buenos encerados o Ules" (Campo y Rivas, 1803, 29). La abundancia de caucho en los montes del Quindío y zonas aledañas, fue uno de los móviles del movimiento migratorio antioqueño hacia el sur (Parsons, 1949, 78). En 1880, Pereira era el centro comercial de este producto; el de Cartago iba a la sabana de Bogotá (Schenck, 1953, 50). Se usaba encauchado para atravesar cl paso del Quindío a mediados del siglo (Holton, 1857, 366). Pero se agotó rápidamente y para f males del siglo ya no se sacaba (Peña, 1892, 19; 20-21). A Manuel Pombo le fue informado en el Valle en 1855? que "los árboles de caucho formaban bosques" (Pombo, M., 1936, 98). En 1868 se ensayaron tanques de caucho para el transporte de aguardiente. El señor Eder fue uno de los exportadores de caucho del río Cauca (Eder, 1959, 394; 402). La guerra de 1876 paralizó la exportación (Aragón, 1940, I, 282). Se consignan estos datos, aunque es dudoso que puedan atribuirse a Castilla, cuyo indigenismo en la cuenca del Cauca no está comprobado.
Costa atlántica y valle del Magdalena.Existía caucho, pero no se beneficiaba, en la provincia de Santa Marta, a mediados del siglo XVIII (Rosa, 1945, 317). No hay indicios sobre la especie productora. El caucho figuraba como producto extractivo, por lo menos potencial, a fines del período colonial (Pombo, J. I., 1810, 94). Cuando el ingeniero Luis Striffler remontó el Sinú en 1848, todavía no se extraía allí caucho en cantidades apreciables; él hizo en esta ocasión un encauchado. En 1870, en cambio, los ár boles espontáneos de esa cuenca habían desaparecido: tal había sido la fiebre extractora (Striffler, 1958? Cer., I1-12). El mismo autor penetró por el río San Jorge en 1880, cuando encontró caucho en el monte Cuiba, y abundante en el caño Sejebe (véase lo dicho inicialmente a propósito de este nombre). Ya por entonces estaban siendo arrasados los árboles de la región de Ayapel (Striffler, 1958, Mont., 85; 151; 159). Agotados los cauchales de la región, los caucheros se trasladaron al Darién, y fue cuando los halló el ingeniero Reclus (véase el subtítulo Panamá). La exportación se hacía por Cartagena (Markham, 1880, 451). Hay pocos datos sobre la parte alta del Magdalena, donde Castilla parece ser escaso. El caucho que se conoció en el Nuevo Reino de Granada propio era del género Ficus, según una descripción de principios del siglo XVIII, en la cual figuran estos detalles morfológicos: "...es tiende otras [raíces ] por la superficie, y si encuentran alguna piedra por grande que sea, la ciñen toda, como si estuviera dentro de una red formada de los vejucos, que arroja de las raizes... las frutillas que lleva son coloradas en forma de avellanas, y la medula se convierte en mosquitos, que llaman xexenes(...)Vsanla para cubrir votas, zapatos, y capotones que llaman encauchados..." (Zamora, 1945, I, 144). También se le llamaba "uvito" (Oviedo, 1930, 26). Mutis plantó algunos cauchos en su casa de Mariquita, que todavía se veían a fines de la guerra de independencia (Boussingault, 1900, III, 109). Se ignora de qué especie eran, pues a más del Ficus, parece haberse aprovechado Sapium en este sector.
Cuenca del Orinoco.El autor ha visto un Castilla nativo en el declive meridional de la Cordillera de Mérida, bajando hacia Barinas, en Venezuela. En un viaje realizado por científicos en 1824 de Bogotá al Orinoco (Cariben), vía San Martín, se habla de "capa de hule" entre el equipo de los expedicionarios (Rivero y Ustáriz, 1857, I, 93). Imposible saber confeccionada dónde ni con qué clase de caucho. Se conocía caucho en los llanos del Meta y hacia el Ariari en la segunda mitad del siglo XIX (Restrepo, E., 1870, 142), y hasta se ensayó la extracción cerca a Villavicencio, habiendo fracasado (Ibid., 327; -----, 1955, 127, 247-251). Estos datos están confirmados por otro viajero, quien profetizó los resultados de la explotación inmisericorde (Cuervo Márquez, 1956, 84; 54). Los informes no mencionan la especie. Debe considerarse que Hevea no avanza hasta el pie de la Cordillera Oriental por este lado, pues las formaciones más septentrionales parecen estar en la cuenca del Vichada y de allí al Atlántico (véase numeral siguiente). En Uribe (río Guayabero) el caucho Castilla abundó en un principio; pero fue aniquilado prontamente (Rocha, J., 1905, 59). Quizá a eso deba atribuirse la escasez del árbol en esta región.
Trinidad.Desde la última década del siglo XIX se hicieron en Trinidad tentativas de cultivar Castilla. Se introdujeron semillas, obteniéndose la fructificación de los primeros árboles en 1891. Se distribu yeron folletos con instrucciones sobre cultivo. En 1906 había plantaciones de 20.000 árboles, y se despacharon las primeras muestras del producto (Hart, 1889-1907, varias).
Hoya amazónica.Un caso extremo de la dificultad para hacer la historia de las plantas en América, lo constituyen las cauchíferas. Es confusa la geografía botánica de los géneros Castilla y Hevea, en la porción occidental de la cuenca amazónica, especialmente en el piedemonte andino, pues ambos se superponen y entremezclan. Existen también otros árboles laticíferos que han podido utilizarse y se usaron para adulterar el caucho: Sapíum, Couma, Mímusops, Brosímum, Mabea. De éstos géneros, el primero es el que puede vivir a mayor altura sobre el mar, llegando a veces hasta cerca de los 2.000 metros; Brosímum no alcanza tanto, aunque puede vivir en el llamado "clima medio" andino. Carácter notable que debe señalarse, es que los frutos de Couma, Mímusops, Brosimum, Castilla y las semillas de Hevea son comestibles, y como tales los usaron las tribus amazónicas. En cuanto a Couma, el látex era muy estimado para aplicaciones medicinales, como antidiarreico (véanse numerales 103 y 21, 1, 396-397; 210-212). Los primeros datos disponibles sobre el área, inclusive los de académicos y científicos hasta el siglo XVIII, no describen las especies productoras ni dan detalles que permitan filiar aunque sea la familia botánica a que pertenecen. Para tratar de desenredar la madeja, se subdividirá el estudio del área por sectores. En toda la hoya parece predominar la especie Castilla uleí Warburg. Pero se ha registrado al pie de los Andes peruanos (Morrozango) C. australís Hemsl. (Pittier, 1910, 267).
1 --Caquetá-Putumayo.El tambor de señales que usaban los indígenas del Putumayo, arriba del Sucumbíos, a mediados del siglo XVIII, se tocaba con baquetas, una de cuyas puntas se revestía con una bola de cau cho. "Hay allí unos árboles que llaman cauchos. El caucho es un árbol grande y muy coposo. Su hoja es parecida a la hoja de la morera en la figura. Es muy más grande, de color azul turquí (?) y de mucho canto. Este árbol de caucho al picarlo, destila mucha leche en abundancia, que hay caucho que dará una botija de leche (...) De esta leche enlazan a la punta de unos palos hasta que se forma en cada uno una bola, y con estos palitos pican con las bolas en la abertura del tambor, ya cerca o lejos de los dos agujeros, y con muy leve impulso despide el ronquido que dije, el muy suave y retumbante" (Serra, 1956, I, 172). No cabe duda de que este caucho era Castilla, por los detalles de parecerse su hoja al moral, tener mucho canto, y fluir el látex en gran cantidad. También, aunque indirectamente, lo confirman los misioneros franciscanos del Putumayo-Caquetá, quienes --como se ha visto en el subtítulo Costa del Pacífico --identificaron el caucho que vie ron allí con el que se utilizaba en las provincias de Raposo y Barbacoas para hacer sayos, botas de cabalgar y fundas para sombreros (Cuervo, 1894, IV, 274). Es de notar que según ellos, allí se apreciaba poco (o el pasme está mal transcrito), y sí en cambio el "huansocahuito" (Couma), cuya leche usaban para diarreas, y espesada para calafatear canoas (Véase numeral 103, 1963, I, 396397). Por la misma época elaboraban estos misioneros franciscanos (José Berrutieta?) un vocabulario de la lengua general de la región, muy entroncada con la ceona o siona, documento que estaba listo en 1778, y en el cual figuran los siguientes nombres: ""huantinga" = una resina que llaman cauchoc; "huantincané" = el árbol que da esta resina" (J. de la Espada, 1904, 29). Otra versión dice "watinkané" (Jijón y Caamaño, 1945, IV, 583). Los huitotos, que habitaban el área en estudio, llaman "kahuna" al árbol del caucho; "kautzu", a la pasta del caucho, mientras que el árbol gomífero Hevea es "hísere" (Koch-Grünberg: JSAP, 1906, III, 169). Fuentes contemporáneas de la anterior, dan la forma "kajuna" para el caucho negro, y para el siringa o Hevea, "sísere" (Rocha, J., 1905, 204; 205), o "isire" (Hardenburg, 1913? 151). Los caucheros que desde fines del siglo XIX empezaron a batir los montes de toda la Amazonia en busca de la preciosa sustancia, sabían distinguir muy bien (para hacer adulteraciones) las distintas especies de que se podía obtener caucho. No queda duda de que el negro o Castilla existía en la región estudiada, a veces solo, a veces también junto al Hevea. Por ejemplo, en Tres Esquinas (Caquetá), abundaba el primero y se sacó bastante; pero para principios del siglo actual se estaba agotando (Rocha, J., op. cit., 55; 55-60). También Io había en Caguán (Ibid., 85). Del Putumayo al Napo abundaba el Castilla, extraído principalmente por blancos; en el territorio ocupado por los huitotos había sólo Hevea, que ellos extraían en andullos, como el primero, y no como el jebe fino de Iquitos (Ibid., 134). Otros viajeros confirman la existencia de bastante caucho negro en el alto Putumayo, y la subsecuente desaparición por el método extractivo (Hardenburg, op. cit., 95). Si se hace una prospección o inventario botánico en el área amazónica, especialmente en la porción occidental, quizá mostraría que hay poca densidad del género Castilla. Pero no se debe ol vidar que el método inicial de beneficio consistía en derribar el árbol para obtener de una vez la mayor cantidad posible de leche (Hispano, 1913? 316). Así la destrucción fue enorme. Cuando se fue agotando el Castilla, se echó mano del Hevea, que en un principio también se derribó (Polhamus, 1962, 17; 91); pero por ser más remiso en el flujo de la leche, se comprobó que rendía más sangrándolo en pie y de manera continua. A fines del siglo XIX el caucho del Caquetá, en una proporción de 5.000 arrobas anuales, se exportaba por la vía de Tumaco (Herrera, L., 1893, 67). Gran parte del que absorbía la pequeña industria manufacturera de Pasto a principios del presente siglo, de allá (Gutiérrez, 1920, I, 204), La extracción de caucho promovió un movimiento migratorio de colombianos desde el alto Magdalena y regiones adyacentes del nudo de Colombia, atravesando la Cordillera, hasta la parte alta del Caquetá y del Putumayo y sus afluentes superiores. Este movimiento empezó a fines del siglo XIX (Friede, 1953, 65); pero se intensificó a principios del actual, afectando no solamente a las tribus de tierra caliente donde estaban los árboles caucheros, sino los de la parte alta de los Andaquíes, especialmente del resguardo de La Concepción, mediante la acción de bandidos como los famosos hermanos Gutiérrez (Ibid., 229-232; Tastevin (1895): JSAP, 1923, XV, 99-100). El producto de la región vecina a las fuentes del Magdalena se llevaba a Neiva (Friede, op. cit., 230; Rocha J., 1905, 34). Del Putumayo, por lo menos del sector abajo del Chipayacu, era más fácil sacar el producto por el Amazonas y aprovisionarse de lo necesario, que por Pasto o por el Magdalena (Casement: Hardenburg, op. cit., 271; 275). Este sector estaba ocupado por colombianos, antes de 1904 en que llegaron los negros de Barbados importados por la compañía Arana para la intimidación de los indios (Ibid., 294). Cuando el fatídico Julio César Arana entró al alto Putumayo en 1896, encontró ya en La Chorrera pequeños establecimientos caucheros de colombianos (Hardenburg, op. cit., 199). En 1907 sólo había en la parte alta del río una reducida actividad extractiva. Aunque había abundado el Castilla en ese sector, la explotación inmisericorde lo había diezmado (Ibid., 68; 95). Se han conservado algunos nombres de caucheros que "conquistaron" a los indios, como ocurrió con los huitotos a manos de Crisóstomo Hernández, que lo hizo a sangre y fuego en 1896-1897 (Rocha J., 1905, 105-108; Casement: Hardenburg, op. cit., 294). El autor está en desacuerdo con que haya heroísmo alguno en la acción de los caucanos, tolimenses y antioqueños que --depreciadas las quinas --bajaron en busca del caucho en Caquetá y Putumayo, y se internaron entre Caraparaná e Ingaparaná (debe ser Igaraparaná) habitados por huitotos, "que fueron conquistados y reducidos al trabajo por esos héroes colombianos, cuyos nombres debemos estampar aquí: Benjamín Larraniaga y Rafael Larraniaga, José Gregorio Calderón y sus hermanos, Hipólito Pérez, Ildefonso González, Antonino Ordóñez, José Cabrera, David Serrano, Manuel Martínez, y otros. --Conquistadas las tribus huitotas, fueron repartidas entre los empresarios, quienes las destinaron a la extracción de caucho, fundando Agencias en los ríos Caraparaná e Ingaparaná (sic), y estableciendo habitaciones, sementeras y potreros. A1 principio enviaban el caucho a Manaos e Iquitos, de donde traían mercancías y víveres; más tarde, cuando el aumento de la producción de caucho hizo imposible su exportación en balsas y canoas, los empresarios colombianos se asociaron o vendieron sus propiedades a Julio Arana..." (Hispano, op. cit., 251-252). En ese sector se hicieron también entonces tentativas de cultivo. En Mocoa se había formado en 1907 una compañía de Pasto entre tres personas, Octavio Materón, Gabriel Martínez y (N) González, el corregidor de Mocoa en 1911, para cultivar caucho en el alto Putumayo (Hardenburg, op. cit., 71). En "La Sofía" diez peones sionas (siempre los indígenas) hacían siembras, tanto de Castilla como de Hevea (Ibid., 94, 95). En el Igara o Caraparaná había por entonces varios miles de cauchos plantados por Serrano, de dos a cuatro años de edad (Ibid., 147).
2-Putumayo-Marañón.Al describir en 1614 Pedro Ordóñez de Ceballos el tambor gigante para señales que usaban los indígenas de Coca, oriente ecuatoriano, dice que lo tocaban con unos mazos cuya extremidad estaba revestida con una bola de cierta resina (Ordóñez de Ceballos, 1947, B. A., 258). Otros autores confirman este uso (Heriarte (1662), 1874: 56). Del siguiente pasaie, escrito en 1737, se deduce que entre los maynas del Marañón, por lo menos en el sector abajo del pongo de Menseriche, se conocía y utilizaba el verdadero caucho negro o Castilla. Es una descripción de los productos naturales de la región, entre los cuales se incluye el "caucho", "ques una leche crasa que sale de la corteza de un arbol de este nombre. Secada al sol se pone negra y al modo de un cuero flexible, a que los indios, aplicándoles unos moldes de arena y burro, le dan varias formas de f rasco, vejiga, que llaman "Taputarana" y suple las veces de la "Chiringa" y otras semejantes. Los muchachos forman pelotas para el juego" (Maroni: J. de la Espada, 1889, Mar., 111). A continuación habla de la "tucuya", que no es otra cosa que el "huansocahuito" de los franciscanos del Putumayo, o sea Couma (Ibid., loc. cit.). De aquí se deduce que el caucho suplía las veces de la "chiringa" (Maroni era italiano) o sea la siringa o seringa de los portugueses, que es el nombre dado por sinécdoque a la leche del Hevea, así como el árbol es "seringueira" o "siringueira". En este sector también operaron los mismos sistemas de arbitrariedad, explotación y crueldades que en el resto de la Amazonia, durante is fiebre del caucho, especialmente en el sector Napo-Curaray (Pérez, A. R., 1947, 477). El caucho del Putumayo, así como el del Agua rico y del bajo Napo, iba a Iquitos, y toda la mercancía de consumo venía de allá (Rocha, J., op. cit., 144, 145; Hispano, op. cit., 305).
3-Al sur del Marañón.Se ha dicho que los antiguos peruanos del Cuzco conocieron el caucho, presumiblemente obtenido de la "montaña" amazónica (Yacovleff y Herrera, 1935, 33; Polhamus, 1962, 91). Como en este sector el Hevea sube a mayor altura sobre el mar que en el resto del área de dispersión, quizá todos los datos deban referirse a esta especie y no a Castilla. Por eso se considerarán en el numeral siguiente.
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