CAPITULO XX

PASTOS Y FORRAJES

 

1. -Ojeada a la vegetación natural.

En la obra del autor dedicada a la vegetación y a los recursos naturales, se señalan las áreas de América ecuatorial. que a la llegada de los europeos (siglo XVI) estaban ocupadas por las formaciones que --utilizando una palabra taína-arawak usada en Santo Domingo por los indígenas para tal formación natural --se han venido llamando "sabanas" o "zavanas".

Sin entrar en los detalles pertinentes, que con las autoridades respectivas, se remiten a la obra citada, se mencionan zavanas concretamente en 1) el occidente de Costa Rica (Nicoya); 2) la por ción meridional del istmo de Panamá; 3) los asientos densamente poblados de Guaca, Nore, Buriticá y otros de la serranía que separa las hoyas del Atrato y del Cauca; 4) al oriente del río Sinú (más o menos las actuales sabanas de Bolívar); 5) la fosa central del Cauca, excepto la vegetación de galería, 6) parte de la planicie de Popaydn; 7) la altiplanicie de los pastos, al sur del río Caliente o Juanambú, y 8) el valle interandino ecuatoriano hasta los límites del Ecuador y el Perú. Es oportuno advertir que la altiplanicie de los Pastos no se llamó así, como dicen Cieza y fray Jerónimo de Escobar, "porque es tierra de grandes pastos para ganado" (Cieza, 1924, 110; Escobar: Jijón y Caamaño, 1938, II, Doc., 151); supuesto que al parecer esa palabra no tuvo significado fisiográfico, sino etnográfico, ya que se refería a pueblos indígenas, y quiere decir "alacranes" en la lengua nativa (Jijón y Caamaño, 1940, I, 120).

Los llanos orientales aparecen como región agrostífera desde los primeros relatos de entradas y expediciones de los alemanes. Había asimismo zavanas en la parte alta de la cuenca del Magdalena, y en la meseta bogotana, especialmente en el trayecto entre Santa Fe y Tunja; y aquí y allá enclaves abiertos cuya ubicación geográfica a veces es difícil determinar, o aun no siéndolo, añade poco de provecho a esta sumaria visión retrospectiva del paisaje.

En Venezuela, la porción vecina al lugar donde se fundó la ciudad de Maracaibo también tenía praderas, entrecortadas por los pocos ríos que bajan a la margen occidental del lago. En la provincia de Caracas había "buenos pastos y cabañas".

En el siglo siguiente, un autor que viajó extensamente por América, afirma: "En:ruchas partes destas Indias se hallan espaciosas llanadas, que acá llamamos "zavanas" y "pampas", que sólo producen hierba, y por ser esta en gran cantidad y muy crecida, les llaman los españoles pajonales" (Cobo, 1891, II, 247).

 

2. -Animales herbívoros americanos.

En el volumen dedicado a la historia de la agricultura en el área de este estudio, se pasaron en revista los animales amansados o domesticados por los indígenas ecuatoriales. El único herbívoro de importancia entre los domésticos era la llama, cuya área de dispersión sólo llegó hasta el actual territorio de la altiplanicie nariñense (Patiño, 1966, 178-200).

Entre los herbívoros salvajes, faltaron las especies de gran talla, características del Africa y de otros continentes. Unicamente merecen mencionarse venados medianos o pequeños, muchos de los cuales tienen hábitos selváticos, y ramonean los árboles, lo mismo que las dantas.

 

3. -Incendio de zavanas.

Para cazar estos animales herbívoros, los indígenas de la porción intertropical apelaron en algunos casos al uso del fuego. Incendiaban las zavanas, y previamente congregadas muchas personas, se ubicaban estratégicamente para ir matando con lanzas o flechas o a golpes, los animales que huían (Casas, 1909, 26). Así ocurría en la porción oriental del istmo de Panamá (Andagoya: Cuervo, 1892, II, 86).

Las siguientes observaciones se hicieron a raíz de la fundación de San Juan de los Llanos, hacia 1555, como resultado de la expedición de Juan de Avellaneda Temiño: "Como he dicho, es tierra doblada y áspera del pueblo para abajo, es tierra llana y de los llanos de Venezuela todo lo más de ella es rasa y escombrada, pero cubierta de una paja muy alta y muy dañina a las piernas de los indios, porque se las roza y rasguña, y para remediar esto los indios hacen de cuero de venado cierto calzado que les llega sobre los tobillos, y de allí para arriba se ponen cierta manera de medias calzas hechas de un cáñamo sacado de unas hojas de árboles a quien llaman palmichos; y para que más cómodamente se pueda andar por estas sabanas y campañas tienen los indios cuidado de pegarles fuego diversas veces del año, porque de otra suerte no se podría andar por ellas a causa que como se ha dicho, crece tanto la paja de estos llanos que cubre un hombre de a caballo" (Aguado, 1916, I, 780; -----, 1956, I, 587; Ojer, 1960, 181, 186). La costumbre se siguió practicando durante la dominación española, con el propósito de que el ganado tuviera yerba palatable (Gilii, 1965, I, 178; II, 38-39). Aun más arriba de los llanos, ya en las faldas de la Cordillera, la costumbre se ha perpetuado: en Quetame se quemaba periódicamente la paja para "parar" el ganado que en partidas se transportaba de la planicie a Bogotá (Restrepo, E., 1870, 26-27; -----, 1955, 47).

El espectáculo de quema de zavanas para cacería impresionó profundamente al naturalista Schomburgk, quien presenció varios casos en la Guayana (Schomburgk, 1922, I, 285-286; 291-292), y aun en uno de tales incendios que lo alcanzó casi pierde la vida (Ibid., 1923, II, 10, 49; Barrere, 1743, 47; 63). Se practica periódicamente en las zavanas o "campos" del Amazonas, abajo del Río Negro (Wallace, 1939, 122-123; Spruce, 1908, I, 69).

Otros casos de quema de pajonales como medida de guerra se registraron durante la conquista. Uno notable es el ocurrido en el norte de Antioquia, provincia de Pequi, en que pereció con algunos españoles el capitán Gonzalo de Vega, de las huestes de Gaspar de Rodas (Castellanos, 1955, III, 561, 562; 567-568; Simón, 1953, VII, 16-17; 20-21). La zavana o mesa de Páez también la queinaron los indios para atajar las fuerzas enviadas por Francisco de Belalcdzar en socorro de Domingo Lozano (Aguado, 1917, 11, 811; -----, 1957, II, 554-555). El expediente se usó también en los llanos orientales durante la guerra de independencia contra los españoles (Rivero y Ustáriz, 1857, I, 108 y nota).

No es de este lugar terciar en la disputa de si las zavanas o formaciones herbáceas son o no son antropógenas (Budowski, 1959, 1, 261-263; 264-278).

 

4. -Las gramíneas, estorbo para los amerindios.

En otra obra se ha descrito la tecnología usada por los pueblos indígenas de la porción equinoccial americana para producir sus alimentos. Se dijo allí que la duración de un cultivo en un lugar dado, estaba acondicionada al nacimiento de malezas y de rastrojo, cuya erradicación se hacía difícil con los útiles a disposición del indígena; y por la competencia que las plantas adventicias, sobre todo las gramíneas, hacían al cultivo principal. Esto llevaba a cambiar cada varios años el sitio del cultivo (Patiño, 1966, 116-122; Pelleprat (1655), 1857, 107-108).

Por otra parte, el suelo en las sabanas es menos fértil para las plantas usuales de cultivo, y así el indígena lo evitó cuanto pudo (Gilii, 1965, II, 185; 273).

Al contrario, una corona de gramíneas (obsidionalis) se concedía al salvador de una ciudad sitiada, entre los pueblos pastores de la antigüedad clásica (Gubernatis, 1878, I, 175).

 

5. -Ejidos y pastos comunales.

Con la introducción de animales domésticos por los europeos, cambió la situación de las formaciones vegetales, en función de su utilidad o perjuicio para el hombre recién llegado. El indígena veía en la selva una ventaja, porque representaba defensa, escondite contra el intruso. En los terrenos cubiertos de vegetación, arbórea --sobre todo en valles y vegas --era más ventajosa la agricultura.

En cambio, para el europeo la selva constituía un obstáculo. El prefería las grandes llanuras, donde los caballos pudieran correr y alimentarse a su antojo. De allí que al establecer núcleos urbanos, se tuviera en cuenta la localización de extenso terreno cubierto de pastos en las cercanías, y el suficiente ámbito para los ejidos. Esta circunstancia se hace constar, por ejemplo, en el acta de la segundo fundación de Cartago, en 1541, y también en la refundación de Antioquía por Cabrera en 1542 (Robledo, E., 1945, 82; 301). Ocho leguas de término para pastos se reservaron a Riohacha (Frigide, 1963, IX, 139). Después se consagró la medida como acto de buen gobierno, en las ordenanzas sobre población dictadas en 1572.

Asimismo se recomienda a fines del siglo XVI, que el jefe de una expedición fundadora debe siempre tener en cuenta este aspecto, inclusive previendo la extensión o aumento que pudiera te ner en el futuro la población recién fundada (Vargas Machuca, 1599, lllv, 118v.).

El carácter nobiliario, oligárquico o preponderante que tenía la ganadería en España en la época del descubrimiento (véase volumen V de esta obra, sobre animales domésticos introducidos), se trasplantó a América y adquirió allí caracteres mucho más absorbentes que en la península. Con el aumento de los ganados, vinieron pronto los conflictos por asegurar el forraje pura los animales propios, tratando de excluir a otros grupos, menos influyentes en el conglomerado social. A esto obedecen las continuas disposiciones de los reyes españoles, sobre que los pastos sean comunes a todos, como se decreté en 1541 para el recién conquistado Perú (Torres de Mendoza, 1872, XVIII, 5-6; Schaefer, 1947, 11, 337; Ramos Pérez, 1947, 164-165).

En ciertos casos, el uso de los pastos comunitarios sirvió de fuente de ingresos o propios a las villas y ciudades.

 

6. -Adaptación de los animales introducidos a los pastos americanos.

Es sabido que en la zona templada, de donde procedían los animales domésticos introducidos al Nuevo Mundo, los pastos se agostan durante el invierno, y que en ciertas comarcas de clima riguroso, se debe aprontar la paja o heno que es yerba seca, para dar a los animales cuando el terreno cstd raído de vegetación o cubierto de nieve. En América, aunque hay un agostamiento durante la época de sequía, si es muy prolongada, sólo en regiones de extrema aridez adquiere un carácter semejante al de Europa. En la parte equinoccial son reducidos los enclaves donde esto ocurre. Siempre hay forraje disponible.

Así lo expresaba en el siglo XVI, refiriéndose a las Indias en general, Tomds López Medel, oidor que fue en el Nuevo Reino de Granada: "Para las bestias regaladas y de caballería, hay tanta manera de yerbas, y tan comunes y perpetuas, que en todo el año ni en todos los tiempos jamás deja de dárseles verde, y tan ordinario les es cada día el verde como les es el pienso de la cebada o maíz..." (Cappa, 1890, V, 362-363).

En cuanto al efecto de los pastos americanos en los animales recién introducidos, se creyó observar a los principios en las Antillas y en el Darién, primeros lugares colonizados en América, que "las yerbas se hacen tan altas como las mieses: engordan el ganado admirablemente, pero dan carnes insípidas (...) Las crías de todos los animales, por la exhuberancia de la hierba, se hacen mayores que sus padres, aunque coman sólo hierbas, sin cebada u otro grano" (Anglería, 1944, 107-108). Quizá esto fue apenas un desenfoque inicial, cuando todo lo del Nuevo Mundo parecía prodigioso.

El mismo López Medel, después de referirse concretamente a varios pastos, como un género de avena [Bromus unioloides H.B.K.], el camalote (véase adelante) y una grama, apunta que inicialmente hubo dificultades de adaptación: "...porque aunque a los principios o por no estar trenzados y tratados los prados estaban en muchas partes de las Indias muy agrestes y dsperos, de suerte que no podían comella los ganados, ahora con la huella y frecuencia de los muchos ganados que hay, y con la industria de los nuevos pobladores, estén tan moles y delicadas aquestas yerbas, que se pacen muy bien y son tan buenas como las mejores" (López Medel: Cappa, vol. cit., 362-363). A lo cual cabe observar quo --aparte de la introducción de leguminosas forrajeras como la alfalfa y el trébol, que sólo se difundieron en climas fríos --los españoles no intentaron hacer mejora alguna en los pastos nativos; y que la cría de ganado fue en la América española una actividad librada casi a las fuerzas de la naturaleza, como suficientemente se demostró en otra obra (Patiño, 1966, 364-369). En efecto, la siembra artificial de pastos es tardía, y sólo se puso en práctica en América tropical en el período nacional (véase adelante) (Ospina, T., 1913, 121-122; Striffler, 1958, Mont., 136-137).

En la Española se observó que el pasto llamado allá espartillo(?) era dañosísimo al ganado en sitios nuevos, no hollados previamente, según documento de 1608 (Rodríguez-Demorizi, 1945, 11, 324).

 

7. -Cambio del paisaje.

El impacto que la introducción de animales domésticos del Viejo Mundo hizo en la vegetación natural del Nuevo, en la parte que es escenario de esta obra, se estudiará en detalle en el vo lumen pertinente. Aquí sólo se observa de paso, que el paisaje ha ido cambiando, a medida que áreas nuevas van siendo utilizadas con pastos. Este proceso se observó desde principios de la ocupación española (Casas, 1909, 39; 113; De Candolle, 1855, 1, 471).

 

8. -Sobra de forrajes; aprovisionamiento urbano.

Fueron relativamente muy pocos los casos en que los animales introducidos por los europeos a la parte equinoccial del Nuevo Mundo, hayan perecido por falta de forraje. La historia de los ca ballos, que con los perros fueron los primeros animales introducidos en las expediciones, por su carácter de armas de guerra, presenta pocos ejemplos de muerte por imposibilidad física de alimentarlos. Tales casos ocurrieron siempre en regiones de selva pluvial.

Ni aun en la marcha de Juan de Vadillo desde el Urabá hasta el valle del Cauca se registraron bajas por hambre, sino por despeñamiento. No había pastos (gramíneas) en largos trayectos del recorrido de la serranía de Abibe; pero mediante los indios de servicio se obtuvieron hojas de iracas y de plantas diversas.

Otro caso espectacular fue el de la entrada de Gonzalo Pizarro al país de la Canela, en las espaldas de los Andes de Quito.

Estabilizada la dominación española y fundados núcleos urbanos, aunque se hubiera omitido (y en pocos casos lo fue) el requisito de ubicar la fundación en regiones con suficientes pastos en las cercanías, no por eso sufrieron hambre los ganados (otra vez especialmente los caballos), pues una de las obligaciones de los indios de servicio o indios mitayos, era el acarreo de yerba --en ocasiones de grandes distancias --para mantener provistas las caballerizas del encomendero. Acerca de este aspecto del trabajo indígena --como sobre otros de este tema --poco se ha insistido. Aquí sólo se destaca la circunstancia de que el corte de yerba para dar como pienso, representaba una práctica no intencional de mejoramiento y conservación de los pastos, que la ciencia agronómica moderna está recomendando.

Para terminar con este aspecto del papel de los indígenas en el establecimiento de la industria ganadera en América, en lo elativo a forrajes (los otros se verán in extenso en la obra pertinente), hay que establecer que la costumbre española de la "derrota", o sea el derecho consuetudinario español de que el ganado en tránsito podía comer los sobrantes de las mieses y toda vegetación que hubiera en las heredades situadas a ambas orillas del camino recorrido, operó en América exclusivamente contra los indígenas, cuyos maizales fueron sistemática y perseverantemente asolados por los ganados del conquistador o encomendero, y en muchas partes actualmente del gamonal o cacique local.

En resumen, los ganados herbívoros introducidos por los europeos, hallaron en América o praderas de formación compleja, o cultivos asimilados a forrajes (maíz), que aseguraron desde el principio la supervivencia y propiciaron un rápido aumento de tales ganados, como se verá en la historia de cada especie en particular, último volumen de esta obra.

 

9. -Ganados al Perú.

La costa peruana en toda su extensión es tierra árida, que sólo se viste de vegetación forra] era durante cortas semanas en la época de las lluvias o "garúas" (junio-julio) (Anónimo, 1958, 45). En los arenales de Catacaos (Piura) sólo se conseguía un pasto "nudillo" (Serra, 1956, II, 345), quizá Axonopus compressus (Sw.) Beauv. (Macbride, 1936, 1, i: 205). La llevada de ganados allá habría sido más difícil, si no hubiera sido por la circunstancia que pasa a puntualizarse.

Establecida regularmente la navegación desde Panamá al Perú, como la corriente de Humboldt y los vientos dominantes en el Pacífico hicieron difícil el movimiento de los barcos de vela cerca de la costa, de Panamá hacia el sur se apelaba a la navegación de altura. Los navíos se desviaban primero al occidente, hasta la punta de Burica por lo general, y de allí se lanzaban directamente a las costas ecuatorianas (San Mateo, Puerto Viejo, Coaques, Pund) o peruana (Túmbez, Payta, Callao). Parece que se acostumbraba cargar yerba y leña en Burica para la travesía; así por lo menos ocurrió en 1533 cuando Juan de Espinosa, hijo de Gaspar, intentó ir en socorro de Francisco Pizarro durante el levantamiento de Manco Inca (Medina, 1913, II, 379; -----, CDIHC, 1895, VI, 203).

 

10. -Otros recursos forrajeros.

En zonas marginales o sometidas a largas sequías que agostaban los pastos, o en regiones cuyo clima no es propicio para las gramíneas, no faltaron árboles, arbustos o yerbas forrajeros que por sus ramas y hojas, por sus frutos o semillas, y a veces por unos y otros, sirvieron y sirven como forrajes, no sólo para casos de emergencia y penuria, sino de modo casi regular o cotidiano.

Conocida es también la preferencia de los ganados por ciertas plantas forrajeros, aunque dispongan de pastos abundantes.

 

MONOCOTILEDONEAS

 

TIFÁCEAS.

 

217 --Typha spp..

Totora (t'otóra), matára, del quechua (Lira, 1945, 1016; 638).

Caipempe (guaraní); tunaz (chiquitano); zec-zec o umaocsa (aymara) (Peña, 1901, 131).

Junco, enea. Ambos nombres se aplican también a otras plantas, especialmente del género Scirpus.

Enea, anea, espadaña; los dos últimos no se usan en América.

Esta planta de lugares húmedos y pantanosos tiene una amplia dispersión en toda la América intertropical y más allá. No es en rigor objeto de cultivo; pero para ciertas comunidades del área del presente estudio ha tenido y tiene considerable valor económico. Lo relativo al empleo como planta fibrosa extractiva se estudiará donde corresponda.

Los uros que vivían en las márgenes del lago de Titicaca dependían de la totora para satisfacer muchas necesidades de la vida diaria. Ella era alimento para puercos, caballos y hombres, después de establecida la dominación española (Acosta, 1954, 44). A orillas de la laguna de Paria (Desaguadero), había en la segunda mitad del siglo XVI grandes piaras de cerdos, que se alimentaban con el rizoma de esta planta (Ibid., 75; Cobo, 1890, I, 335-336; 1956, 1, 157).

 

GRAMÍNEAS.

 

218 --Chusquea spp.

Chusque; guaduilla; carrizo; suro.

No se cultiva para forraje. Algunas especies se propagan como ornamentales, especialmente para setos.

Comentando un autor el viaje de Gonzalo Pizarro al país de la Canela, cuenta las penurias pasadas por no poder sostener los caballos a falta de pastos. Los indios de servicio tenían que cortar en la parte más alta de la Cordillera, "carrizo" para alimentar dichos animales (Rodríguez, 1684, 13). Esto sin duda fue producto de la observación en las Cordilleras Central y Occidental del Nuevo Reino de Granada (Spruce, 1908, 11, 267-268 nota).

En efecto, otros datos confirman el uso del "carrizo" como forraje, especialmente en el antiguo camino de Guanacas, donde las mulas de las recuas eran alimentadas con él (Serra, 1956, 1 125).

Los venados de la zona del salto de Tequendama se alimentaban de "chusque" (Hamilton, 1955, 1, 95).

Como especies norteandinas se han registrado Chusquea uniflora Steud, C. weberbaueri Pilger, C. serrulata Pilger, C,. scandens Kunth (Hitchcock, 1927, 309-312), y C. lehmannii Pilger (Ibid., 1930, 571).

 

000 --Gynerium sagittatum (Aubl.) Beauv..

Véase numeral 172 en el capítulo XV.

Aunque no se ha cultivado como forrajera, sí como planta industrial y material de construcción.

El uso de la hoja para forraje fue ocasional. Véanse las referencias pertinentes en el lugar indicado.

 

219 --Stenotaphrum secundatum Kuntze.

Canoíta, en la costa colombiana del Pacífico.

Saint Augustine grass, en los Estados Unidos (Hitchcock, 1930, 622-623).

Esta gramínea reptante con hojas de forma aquillada que lo ha valido el nombre vulgar, es regularmente común en las playas marítimas o fluviales de la costa colombiana occidental. El autor la ha visto como planta espontánea en algunas islas de la bahía de Málaga, y en varias playas de islas y caños del estuario del Patía. Se hicieron colecciones botánicas y de material de propagación para la Oficina de Investigaciones Especiales del ministerio de Agricultura de Colombia, en julio de 1955. Otros colectores también la han hallado (Cuatrecasas, 1953, In.;----- y Killip N" 39062, Togoromá: USNH).

Pero también al Valle fue introducida --al parecer desde Florida --como grama ornamental para prados, en dos tipos, uno verde y otro variegado (Patiño, 1948, Mem., 42; 48).

Este es uno de los ejemplos de plantas que han llegado al país desde el exterior, y se han propagado por el prestigio de lo foráneo, sin que las especies nativas correspondientes u homólogas merezcan atención.

El género Stenotaphrum fue señalado en Trinidad a mediados del siglo XIX (Crüger: De Verteuil, 1884, 403). Contemporáneamente se ha registrado en Surinam y Guayana (Stehlé, 1956, 92; 175). Se cultivó en los Jardines Experimentales de Summit desde 1925 (CZG, 1926, 22; -----, 1939, 27).

 

220 --Ixophorus unisetus (Presl.) Schlecht.

Pasto hatico, en Colombia.

Por haber llegado inicialmente a la hacienda "El Hatico", de los hermanos Molina Garcés, cerca de Cerrito, en el Valle del Cauca, quedó con ese nombre (Chardon et al, 1930, 74). Posteriormento (hacia 1929-1930) fue introducido de Puerto Rico a la Estación Agrícola de Palmira.

Es nativo de Centro América (Hitchcock, 1930, 679).

 

221 --Eriochloa polystachya H.B.K..

Carib grass.

Janeiro, pasto Janeiro, en el occidente colombiano. Se ignora de dónde proviene el nombre.

Yerba nativa de las Antillas al Ecuador, preferentemente en zonas riparias y anegadizas (Hitchcock, 1927, 429; Chardon et al, op. cit., 74). En Puerto Rico se usa en la actualidad para corte (Stehlé: 1956, 244).

Esta gramínea, o una tan semejante que se confunde con ella a simple vista, vive con todos los caracteres de indigenismo en los ríos del litoral occidental colombiano; abunda especialmen te en el brazo de Naranjal, río Guapi (USNH: E. P. Killip 33034. 1939. Buenaventura).

Según Zuleta, el primer semillero de "pasto janeiro" lo tuvo en Medellín el señor Eusebio A. Jaramillo, de tallos que le envié del Cauca (Valle del Cauca) Julián Uribe Uribe a José Domingo Sierra, en. agosto de 1917. Luego la Escuela Superior de Agricultura de Medellín distribuyó tallos entre varios agricultores, cosa que afirma el historiador de modo fehaciente, pues desempeñaba entonces el cargo de director de esa institución (Zuleta: RHA, 1919, 2: 641).

Hacia la primera década de este siglo, un "pasto janeiro" se empezaba a propagar con buenos resultados cerca de Macas, en el oriente ecuatoriano (Tufiño-Alvarez, 1912, 46).

Quizá sea el mismo que en la carretera de Santo Domingo de los Colorados a Quinindé (observaciones de 1952) se conoce como "pasto manabita".

En el valle del Cauca se plantó algo en el pasado (USNH: Chardon 3, 1929, "El Hatico": "similar to para, but planted on hillsides; not so popular as pará; H. García Barriga 6338, 1939, "El Trejo", "pasto janeiro").

 

222 --Axonopus scoparíus (Flügge) Hitchc..

Camalote, camelote; gamalote, gramalote. Nombres ambiguos que se aplican a otras especies, inclusive no gramíneas.

Pasto imperial.

Micay. Los dos últimos nombres colombianos.

Cachi, caricachi, en el Perú (Hitchcock, op. cit., 628). También ambiguos: "Cachhu - la yerua y comida de los animales. Yuyo las de los hombres" (González Holguín, 1608, I, 34). "Káchu: forraje, pasto, hierba verde que se da a los animales herbívoros", con otras desinencias (Lira, 1945, 385-386). Lo mismo viene a ser la segunda palabra, pues cari (kkhári), es el macho de todos los mamíferos, inclusive el hombre (Lira, op. cit., 518).

Sara-sara, en Bolivia (Black, 1963, 18-19).

El nombre "gramalote" o "camalote" no sólo se aplica a esta especie, sino a otras plantas, especialmente acuáticas o anfibias. Por eso no todos los datos que siguen pueden atribuírsele a la es pecie en estudio. En ciertos sectores se aplica el nombre a Trípsacum (véase).

Un río del Gamalotal, hoy río de Jesús María, valle de Landecho, se registra en documentos de Costa Rica, correspondientes a 1691 (Fernández, 1882, II, 4, 7, 11). Gamalotales había tam bién en la cuenca del río Pataste, en territorio ocupado por los guatusos (cuenca del río San Juan), en 1882 (Thiel: Fernández, 1883, III, 313).

No se sabe qué yerba era la que se cargaba en Burica cuando los barcos salían para el Perú (véase parte introductoria de este capítulo); pero en la región de Veragua ocupada por los do races y zuríes, en la primera mitad del siglo XVII, un misionero dice haber visto "gamalotales" (Rocha: Meléndez, 1682, 111, 356).

En su revisión sobre algunos pastos del Nuevo Mundo, el licenciado López Medel, quien violó mucho por el occidente de la Nueva Granada, informa: "Hay otra yerba que llaman "camalote", que se hace en tierras calientes, y se ofrece a cada paso, que ni. hay necesidad de sembrarla, ni aun de poner mucha diligencia para buscarla y hallarla" (Cappa, 1890, V, 362-363).

La descripción que hace Antonio de Alcedo de la "gamalota" poco sirve para identificar la especie, aunque por la altura, quizá pueda adscribirse a la que se está considerando, en la forma llamada "imperial": "Yerba que se da comúnmente fresca a las mulas y caballos en lugar de paja en el Reyno de Tierra Firme, como la alfalfa en el de Valencia: tiene la hola de una vara de largo, y una pulgada de ancho muy semejante a la del maíz; es semejante a la cebada, aunque la hoja es más ancha, larga, gruesa y espesa de un verde algo obscuro y vivo: el vástago fuerte y guarnecido de nudos en la raíz de cada hoja, y del grueso de dos líneas: crece a la altura de más de dos varas, y cuando se inunda el terreno, y la cubre cl agua se pudre; pero después que baja y le da el sol vuelve a renacer en pocos día.,. D. Antonio Ulloa observó que es tan provechosa para los ganados que pacen en los llanos, como perjudicial a los de las montañas" (Alcedo, 1789, V, Voc., 85-86).

En el bajo Atrato hay un caño llamado Gramalote (Cuervo, 1892, 11, 318).

"Gamalote", como pasto de las partes cenagosas, menciona en la Nueva Granada del siglo XVII un autor (Rodríguez, 1684, 13). A principios del actual, observó un geógrafo en el sector lluvioso del camino entre Túquerres y Barbacoas, que en la faja de 15 metros dejada libre a lado y lado del sendero, sólo se podía sembrar pasto imperial o "gramalote", porque a causa de la blandura del terreno cualquiera otra gramínea menos tierna, la arrancaría de raíz una bestia al comerla (Gutiérrez, 1920, I, 192).

Pedro Vicente Maldonado, el apóstol de la comunicación de la sierra interandina ecuatoriana con el mar, sembró "gramalote" en San Mateo en 1736, y en el tambo de San Tadeo, en el camino que abrió de Quito a Esmeraldas para fomentar la colonización de esa zona (Rumano González, 1948, I, 65, 171; 235). Lo observó después Caldas en el camino de Malbucho (Caldas, 1933, 351-352).

"Camalote" había en las planicies inundables de Babahoyo a mediados del siglo XVIII (Alcedo y Herrera, 1946, 62). En Bodegas, allí mismo, vio Spruce en el tercer cuarto del siglo XIX potreros de "gamalote", que identifica como un Panici (Spruce, 1864, 32). En Manabí, por la misma época; había un pasto "Cauca", parecido al gramalote (Wolf, 1892, 430).

Axonopus scoparius sólo se ha hallado hasta ahora ruderal o cultivado, y se desconoce su centro de origen (Black, 1963, 7, 18; 112-114; 177).

En cuanto al cultivo, ya se ha visto que desde 1739 Maldonado parece haberlo propagado en Esmeraldas, y que Spruce halló en 1863? potreros de él en Babahoyo (Bodegas).

Según Tulio Opina, el "gramalote" o imperial fue "descubierto" en San Bartolomé de Antioquia, "de pocos años a esta parte" (Opina, T., 1913, 124). Pero un contemporáneo y paisano suyo afirma que el "pasto imperial" lo introdujeron a Antioquia, del Perú, don Federico y don Urbano Zuluaga, quienes sembraron ese pasto en Guarne, y de allí lo trajeron a Medellín don José María Jaramillo y don Lázaro Botero (Zuleta: RHA, 1919, 2: 641).

Aunque desde el punto de vista taxonómico pueda no haber diferencia entre el imperial y el micay (Black, 1963, 18, 177), lo cíerto es que nadie los confunde en Colombia. Por eso los datos que les corresponden se ponen por separado.

"Muy pocos recordarnos, y es de justicia que no se olvide, que el primero que sacó del valle del río Micay este pasto y lo hizo conocer sembrándolo en sus tierras de la Cordillera Occidental, en el lugar llamado La Eivira, cerca de Cali, en 1887, fue don Elías Reyes". Esto lo dice el geógrafo Rufino Gutiérrez --muy vinculado a la casa de los Reyes, como que fue secretario de Rafael --a propósito de la influencia favorable que tuvo la propagación de ese pasto en la economía de Santa Rosa de Cabal a principios del siglo actual (Gutiérrez, 1921, 11, 49; Parsons, 1949, 135). La creencia de que este pasto es originario de la cuenca del río de su nombre, en el departamento del Cauca, ha estado muy arraigada en Colombia (Tascón, L., 1935? 196; -----, 1961, 269). Aun se ha llegado a señalar específicamente el lugar de San Antonio, en el antiguo camino de Popayán al Micay, como el punto de origen (Yacup, 1934, 168). También se ha dicho que de allí o del vecino río Timbiquí lo llevó al interior don Julio Arboleda, cuya familia tenía minas de oro en aquella región costera. Hasta la altura donde el autor conoce el río Micay, o sea hasta la boca de la quebrada Juli, no ha visto "micay" sino "imperial" subespontáneo en las terrazas orillanas, cosa frecuente en los ríos de la costa occidental colombiana. No se han podido hallar pruebas documentales serias sobre la introducción de Arboleda.

Ello es que para 1912, los potreros del Valle estaban predominantemente constituídos por trenza [Paspalum notatum Flügge], pará y guinea. Se empezaba a cultivar la argentina [Cynodon dactylon (L.) Pers.], y en "los climas templados de la Cordillera" se cultivaba el micay (García, E., 1945, 264).

Por su parte, el agrónomo Tulio Ospina afirma que el micay es nativo del Chocó (Ospina, T., 1913, 123). Una cepa de este pas to habría sido llevada a la ciudad de Antioquia el 18 de febrero de 1910, enviada desde Santa Rosa de Cabal por Jesús Constaín a Eusebio A. Jaramillo & Cía. (Sierra S., 1916, 10). Ya preocupaba la infertilidad de la semilla (Ibid., 16). "El Sr. D. Eusebio Jaramillo introdujo aquí [Medellín] el pasto micay en 1910..." (Zuleta: RHA, 1919, 2: 641).

A San Agustín, Huila, habría sido introducido en 1916 por Gustavo Muñoz O. (López M., 1947, 209).

A Anolaima, Cundinamarca, fue llevado del Cauca (Pérez Arbeláez, 1947, 113).

Las 500 cabezas de ganado que había en la región de Macas, oriente ecuatoriano, en 1911, se sostenían en potreros de "gamalote" (Tufiño-Alvarez, 1912, 46).

Ahora bien, si todas las informaciones concuerdan en que la procedencia de estos pastos corresponde a la parte noroccidental de Sur América, no se sabe a qué especie se refiera el nombre de grarnalote o semejantes del valle del Magdalena. Un gramalote era el único pasto que se conocía en tierra caliente de Cundinamarca, que crecía espontáneamente en las lomas, donde era buscado por las mulas de las recuas, antes de la introducción de la guinea y del paró, a mediados del siglo XIX (Rivas, M., 1899, 31).

En cuanto al gramalote acuático o anfibio, tanto del Valle del Magdalena como de la región amazónica y otros ríos ecuatoriales, es evidentemente otra cosa, con mucha probabilidad Hymenachne amplexícaule (Rudge) Nees (Hitchcock, 1930, 668; Black, 1963, 18), o H. donacifolia (Raddi) Chase (Hitchcock, loc. cit.).

Este debe ser el que utilizaban como forraje los manatíes del Magdalena en el siglo XVII (Simón, 1953, IV, 338), y quizá también en el Amazonas (Maroni, 1889, 101), y en el Orinoco (Gilii, 1965, 1, 121).

A las tortugas guardadas en corrales o charaperas en el Amazonas (Patiño, 1966, 164), les echaban para mantenerlas durante muchos meses, gamalote u hojas de caña (Uriarte, 1952, 1, 142, 215).

 

223 --Paspalum notatum Flügge (Hitchcock, 1930, 636-637).

Pasto de Bahía (Bahía grass) (Wilson, 1951, 196-197).

Pasto alfombra.

Jenjibrillo, en Costa Rica (Wagner, M., 1944, 202; Stehlé, 1956, 278, 285; Pittier, 1957, 142).

Grama, grama trenza.

Pasto común.

Es el principal componente de las llanuras del Valle del Cauca. Muy usado para prados urbanos.

Es difícil decir que a él se apliquen las palabras de López Medel: "Hay también un género de grama [fuera del camalote que es notable y recio pasto para las bestias... " (Cappa, 1890, V, 382-383).

Los zootecnistas discuten sobre su valor nutritivo (Chardon & al, 1930, 65-66; Black, 1963, 17; 71-83; Mcllroy, 1964, 8).

 

224 --Paspalum dilatatum Poir.

Dallis grass; paspalum; paspalum grass (Hitchcock, 1930, 642-643).

Cultivado. Es una de las pocas gramíneas de la pampa argentina que han sido aprovechadas como forrajeras (Parodi, 1935, 115); allá lo llaman "pasto miel".

Introducido a Antioquia en 1909 por Eusebio Jaramillo (Zuleta: RHA, 1919, 2: 641). A Norte América había sido llevado desde 1880 (Wilson, 1961, 185-186).

 

225 --Trípsacum laxum Nash..

Gama-grama, en Guatemala.

Pasto Guatemala, en Colombia y en otros países.

Gramalote (véase Axonopus scoparius).

Maicillo, en algunas partes de Centro América (Hitchcock, 1930, 700-701).

Existen Tripsacum spp. espontáneos en diversas regiones de, América tropical (Patiño, Mss.). En la Cordillera Oriental de los Andes colombianos, la abundancia de esta gramínea le dio nom bre a un municipio: Gramalote, en el actual territorio de Norte de Santander. Quizá por el mismo (aunque no hay pruebas, como en el caso anterior; donde todavía perdura la especie en forma espontánea), se llamó Gramalote un lugar (533 m. sobre el mar), cercano al alto de Bella Vista, en el camino de Bogotá a los Llanos orientales, a causa de "una yerba alta" que allí abundaba. La observación corresponde a enero de 1824 por dos de los científicos más escrupulosos que hayan visitado a América (Boussingault, 1900, III, 250; Rivero y Ustáriz, 1857, 1, 83; 114).

También en Lages, boca del Río Negro sobre el Amazonas, se estableció la presencia de este género, asociado con la palma Maurítia, desde mediados del siglo XIX (Spruce, 1908, 1, 237; -----, 1942, 208).

Pero ninguna de las especies espontáneas parece haber despertado mucho interés como forrajera, ni hay constancia de que se haya cultivado alguna con ese propósito.

En cambio, la especie centroamericana T. laxum Nash, se ha venido empleando de modo cada vez más intenso y creciente, primero en el Valle del Cauca y ahora en el resto de Colombia y países vecinos, a partir de su introducción.

Esta tuvo lugar por primera vez, a la Estación Agrícola Experimental de Palmira, en marzo de 1929, enviada desde Puerto Rico por la Misión Chardón. De ese centro experimental se ha di fundido por todo el país, y se halla ahora desde el nivel del mar hasta alturas de 1.600 y aun de 1.700 metros (Chardón et al, 1930, 73-74; Molina Garcés, 1930, 49; Kuri, 1948, 45).

A Tripsacum parece corresponder este dato del siglo XVII: "Es el "acamalote" una yerba tan parecida a la planta del Maíz en el talle, caña y hoja, que vista en los campos engaña a mu

chos. No produce semilla alguna [comestible, se entiende]; véndese en los pueblos de la Nueva España como el "Zacate"; y con él engordan mucho las bestias" (Cobo, 1890, I, 438; -----, 1956, I, 199).

 

226 --T. latifolium Hitch..

Zacate prodigio.

Nutriol.

Originaria de Guatemala (el tipo de la especie es de Cubilquitz), Honduras, Nicaragua y del oeste de Méjico (Hitchcock, 1930, 700).

Esta gramínea fue estudíada en 1912-1913 por el agrostólogo Mario Calvino en la Estación Agrícola Central de Méjico. Hacía 10 años aproximadamente que había sido introducida al cultivo en la región de Coscomatepec, cerca de Huatuzco, Veracruz. Plantada en terrenos barrosos de la Estación Agrícola de Tabasco, se dio bien; de allí fue llevada a Cuba por Calvino en 1918 (Calvino: RACT, 1920, 62-67; -----, 1952, 44-51; Díaz: RMA, 1946, 24-26).

A instancias del doctor Ciro Molina Garcés, entonces Secretario de Agricultura del Valle del Cauca, Héctor Cuenca, joven vallecaucano que estudiaba en Cuba tecnología azucarera con una beca de aquella entidad, llevó a su:egreso a Cali en abril de 1947 (Molina Garcés, 1947, 26), unos tallos de "zacate prodigio", que fueron plantados en el vivero de la Escuela de Artes y Oficios de Cali. De allí se distribuyó a varias personas.

Unas cepas fueron llevadas a la Estación del bajo Calima y plantadas el 7 de marzo de dicho año (Patiño, 1947, Mem., (1948), 29). Aunque esta planta, procedente de la Estación Agronómica de Santiago de las Vegas, Cuba, llegó al Valle como T. latifolium, aparentemente no se distinguía del T. laxum Nash. Sin embargo, parece haber sido Introducida con anterioridad a la fecha indicada, pues 5 libras de semillas, 3 bultos de cepas y 10 matas de ella, aparecen distribuídas desde el segundo semestre de 1945 por la campaña forrajera de la Secretaría de Agricultura del Valle (Molina Garcés, 1946, 48).

 

227 --T. dactyloides L..

Maicillo.

Parece la especie más difundida en América en estado espontáneo (Hitchcock, 1930, 700).

Con ese nombre figura introducido a Costa Rica a principios de este siglo, desde los Estados Unidos, "hace poco" (Pittier, 1908, 110).

 

228 --Euchlaena mexicana Schrad..

Teosinte, del náhuatl teocentli.

Cencocopi (Hernández, 1946, 111, 868-869; 866).

En una información levantada en Cartago, Costa Rica, en el año de 1775, acerca de la región de Talamanca, en el sector de la vertiente atlántica, un testigo dice que el terreno le pareció fértil, y "que los pastos que vio son tiosintales y otras yerbas, escaso de zacate" (Fernández, 1907, X, 40). Es de saberse que el nombre "teosinte" se ha aplicado también en Centro América al Trípsacum spp. (Hitchcock, 1930, 700-701), y podía tratarse más bien de éste último, pues no hay constancia de que Euchlaena, que es de origen mejicano (Hitchcock, op. cit., 701-702), haya vivido tan al sur como Talamanca. Pero, por otra parte, hay constancia de que la colonización mejicana prehispánica se había extendido hasta los actuales límites de Costa Rica y Panamá, de modo que el Euchlaena pudo haberse extendido a Talamanca por agencia humana, aunque esto es algo improbable.

Eduardo Zuleta dice que el teosinte lo introdujo la Escuela de Agricultura de Antioquia en 1917, pero que parece lo había llevado antes (no indica de dónde) el señor José Jaramillo Zapata (Zuleta: RHA, 1919, 2: 641).

A la Estación Agrícola de Palmira fue introducido también hace bastantes años, probablemente después de 1940; pero no se ha destacado mucho como planta forrajera. De allí llevó el autor en 1952 (enero 11) semillas a la de Medellín, para la colección de relativos del maíz. En esta última institución se sembraron el 4 de febrero de 1954 semillas de teosinte 4n de Méjico, enviadas por el Dr. Pohl, del Depto. de Botánica, Iowa State Collega (Patiño, apuntes de cartera).

 

000 --Zea mays L..

Véase numeral 131, 1964, II, pp. 92-154.

Abundaran o escasearan los pastos, el maíz constituyó el forraje por excelencia, a partir de la época de la conquista. A escala mundial, se ha reconocido que la cría de ganado en Europa no habría adquirido el impulso que tuvo desde el siglo XVIII, sí no hubiera sido por el maíz y la papa; de manera que América pagó sobradamente por los ocho cerdos que trajo Colón en un principio (Lewinshon, 1952, 161). También se ha señalado que el cultivo de leguminosas en las colonias inglesas de Norte América, se vio limitado por el uso del maíz como forraje (eras, 1946, 291; 297-298).

Es natural que este uso lo hayan aprendido primero los europeos en las grandes Antillas.

Para la expedición inicial de Hernán Cortés a Méjico, en 1519, en los barcos se hicieron pesebreras y se metió "mucho maíz y yerba seca" para los caballos (Díaz del Castillo: Vedia, 1947, II, 20).

En Méjico, desde luego, donde parecen haberse seleccionado por los indígenas variedades de maíz con cañas de un alto contenido de azúcar, la práctica de usarlo como forraje y grano fue muy difundida (Motolinia, 1941, 201-202; Gómez de Cervantes (1599), 1944, 114). En unas instrucciones a los jesuítas administradores de haciendas, se recomienda dejar en pie, después de cosechar las espigas, los rastrojos de maíz o "tlazote", para que los coman a su tiempo los ganados (Anónimo: Chevalier, 1950, 123).

En Nicaragua al maíz para forraje se le llama "huate" (Levy, 1873, 186, 458), y en Costa Rica "guate" (Wagner, M., 1944, 203).

En Cuba era costumbre la cría de puercos con maíz (Arrate (1761), 1949, 14).

En Jamaica se usaba de preferencia para animales en el siglo XVII (Hughes, 1672. 27).

A Hernán Sánchez de Badajoz lo acusaron algunos de sus soldados, de que les daba para comer el maíz dañado y podrido que traía para los caballos, en 1541 (Vega Bolaños, 1955, VI, 355).

En Panamá, aunque se cogía maíz en los términos de la ciudad, corno ahora, se traía a principios del siglo XVII de otras provincias del istmo o de Nicaragua o Cartagena para las mulas que hacían el transporte transístmico (Vázquez de Espinosa, 1948, 283). Villa Santos proveía maíz con el mismo objeto (Cuervo, 1892, II, 34).

Durante la expedición de Francisco Cesar a Abibe, los indios daban de comer maíz a los caballos, con temor supersticioso (Simón, 1953, V, 212; 216). En Cartagena servía para alimentar cabritos (Ibid., IX, 201).

En la entrada al Nuevo Reino, los españoles hallaron en Sorocotá maíz que fue empleado para los caballos (Ibid., I, 268). Cuando los compañeros de Quesada se dieron cuenta de que se aproximaban otros españoles por el occidente, enviaron a Hernán Pérez a saber de qué se trataba. Hallaron el rastro, por los granos de maíz caído, del que se esparcía cuando daban de comer a los caballos, y de lo que sobraba de los puercos que llevaban, granos que sirvieron a los compañeros de Pérez para alimentarse, pues venían desprovistos (Serrano y Sanz, 1916, 128; Friede, 1960, NR., 246).

A San Francisco de Guamocó, región minera del Magdalena, donde escaseaba el pasto por ser selvática, se llevaba el maíz para que comieran las cabalgaduras (Simón, 1953, IX, 116).

En Flandes, cerca del actual Girardot, se alimentaban cerdos con maíz durante la guerra de independencia (Hamilton, 1955, I, 152). Era forraje habitual de équidos en climas cálidos (Ibid., 40).

En Antioquía se consideraba que las gallinas dej ceban de poner y los cerdos de procrear cuando se les suprimía el maíz (Posada Arango, 1909, 192).

Por la escasez de pastos en el Perú y en el Ecuador interandino, se usaban como forrajeros el trigo y la cebada, y especialmente la hoja del maíz, que se consideraba lo mejor (J. de la Es pada, 1881, I, 6; 8). Con Salazar de Villasante, que es quien hace la afirmación, estuvo después de acuerdo Acostar "las hojas del maíz y la caña verde es escogida comida para cabalgaduras". En cuanto al grano, también se usaba, pero dando de beber primero agua a los caballos, para que no produjera torzón (Acosta, 1940, 266; -----, 1954, 109). Esta era la principal comida para cebar cerdos (Ibid., 1954, 110, 133).

Según Cobo, el que ordinariamente comían los caballos era el maíz morocho (Cobo, 1890, I, 342; 180, 182). Y Garcilaso: "las cañas secas y sus hojas son de mucho mantenimiento y muy agradables para las bestias" (Garcilaso, 1945, II, 177). La paja de maíz para forraje se llama "chala" en el Perú (Anónimo, 1958, 4849). El grano engordaba mucho a gallinas, pavos y otras aves en Lima (Ibid., 50).

En la Guayana alimentaban pavos con maíz (Berkel, 1942, 88).

En el Brasil los portugueses sembraban maíz para caballos y otros animales (Amaral, 1940, II, 292).

A mediados del siglo XVI ya se notó que los caballos, "no enflaquecen como acá [España), aunque caminen, comiendo maíz verde" (Gómara: Vedia, 1946, I, 289). La experiencia para fines del siglo XVI había enseñado que con este grano "sustentan los caballos, en lugar de cebada, y engordan el ganado porcino, y es de mucho provecho a la República" (Vargas Machuca, 1599, 164 v.).

La avidez y selectividad de los animales importados por el maíz, dio origen a la destrucción de heredades indígenas y sementeras, que como consecuencia y reacción, provocó levantamientos y muertes. Esto se verá con más detalle en otra oportunidad.

 

PALMACEAS.

 

Como hecho general, hay que anotar que con la moderna industria de aceites vegetales comestibles que utiliza la pulpa del coco y almendras de varias palmas de la subfamilia de las Cocoí nas, ha ido aumentando el aprovechamiento, a fuer de forraje, de la torta o pasta resultante del proceso de extracción, residuo que es altamente valioso por su composición bromatológica. Ultimamente se ha empezado a usar en la India como alimento humano.

 

000 --Cocos nucifera L..

Véase numeral 4, 1963, I, pp. 58-96.

Mucho antes de que se iniciara el aprovechamiento industrial del coco para aceite comestible, se usó como forraje. En Guam se engordaban puercos con él en el siglo XVII (Dampier. 1927, 209), así como en la costa de Nicaragua y Honduras en el tercer cuarto del XIX (Wickham, 1872, 267).

 

000 --Syagrus sancona (H.B.K.) Karst..

Véase capítulo XIX, suplemento.

Las vacas suelen rumiar la pulpa dulce del fruto, en el Valle del Cauca.

 

000 -- Scheelea butyracea (Mutis) Karst..

Véase capítulo XIX, suplemento.

En mayor proporción que la anterior, el ganado vacuno come la pulpa dulce, anaranjada de los frutos en el Valle del Cauca.

En el pasado, grandes piaras de cerdos se alimentaban del fruto de estas palmas en el norte de ese Departamento; tal hecho le valió a la especie el nombre de "corozo de puerco" (Hamilton, 1955, II, 78; 81; Patiño, 1952, 18-20; Boussingault, 1903, IV, 168; V, 31; Villaquirán: BHV, 1939, 227).

Lo mismo ocurre con especies afines en el valle del Magdalena. Una fábrica de extracción de aceite a partir de las almendras de la "curumuta" o "curún" cerca de Pivijay, Magdalena, se proveía de materia prima (corozos) en los corrales de la vecindad.

 

229 --Acrocomia antioquensis Posada.

Acrocomia spp..

Corozo amolado, corozo grande.

Tamaca.

Como en el caso de las dos especies anteriores, el ganado vacuno gusta rumiar la pulpa oleaginosa y mucilaginosa que rodea la nuez. En el pasado abundó esta especie en varios lugares de Antioquia (Patiño, 1952, 37-40).

Pero en América equinoccial parece haber sido desconocido el uso de la hoja de especies de Acrocomía a fuer de forraje, como sí ocurre en Paraguay, Argentina y Brasil con A. total Mart., cuyas frondes se dan al ganado (Correa, 1931, II, 329-331; Roseveare; 1948, 166). Es claro que esta costumbre es post-hispánica, pues entre las utilidades del "totaí" todavía a mediados del siglo XVII no figuraba la de servir de pienso (Cobo, 1891, 11, 72; -, 1956, 1, 262).

El "coyol" (A. vinifera Oerst.) de Centro América es también forrajero (Ramírez Goyena, 1911, II, 1004-1005; Pittier, 1957, 98). Gallinazos y perros devoran con avidez en el Amazonas los frutos de A. lasiospatha Mart., llamada localmente "mocayá" o "mucayá" (Bates, 1962, 74).

 

230 --Astrocaryum murumuru Mart..

Murumurú.

Palma espinosa de la región amazónica, cuyos frutos son buscados por el ganado, en la parte media de ese río. También los aprovechan los cerdos, que logran quebrar el cuesco, a pesar de ser durísimo, para comer la almendra, con la cual engordan. En épocas de escasez de otros alimentos, inclusive los gallinazos (Catharísta spp.) picotean la pulpa (Wallace, 1853, 101-102). Esta misma información la atribuye un observador contemporáneo del anterior, a A. tucuma Mart. (Bates, op. cit., loc. cit.).

Comentarios (0) | Comente | Comparta