LA FORMULA MAGICA
Durante los largos meses en que la Revolución mantuvo conmovido al Istmo, la Compañía francesa logró, no obstante, proseguir sus trabajos de excavación del canal, aunque siempre bajo el temor de que en cualquier momento los valiosos intereses comprometidos en la obra y aún la vida de los franceses residentes en el Istmo, resultaran perjudicados, lo que inspiró al Director de Trabajos señor Dingler, la solicitud de fuerzas navales a su gobierno para protegerlos. Mas en París, el Presidente Freycinet, cauteloso, no quería complicaciones internacionales y menos con los Estados Unidos, así que sólo después de mucho vacilar, se decidió al fin a mandar unas fragatas a Colón, pero con instrucciones limitadas, en el sentido de que sólo debía precederse a un desembarco en caso de que todo el cuerpo consular acreditado en Panamá lo solicitara. Menos mal que, como ya se dijo atrás, la revolución colombiana no perjudicó en materia grave la obra del canal, aunque sí contribuyó a retardar y dificultar la marcha de la excavación.
La verdad es que el sistema inaugurado en 1884, de confiar los trabajos a diversos y modestos contratistas en vez de uno solo, había dado, en términos generales, y pese a su alto costo, un resultado relativamente satisfactorio, y el eco de estos progresos resonó en Europa, de modo que unos cuantos empresarios de renombre comenzaron a interesarse por participar en aquellas lejanas obras ante las cuales tanto temor habían demostrado hasta entonces. Lesseps se aprovecha de este momento favorable, y a fines de 1885 seis nuevos y grandes contratistas de crédito internacional, van a instalarse en la línea del canal. Comienza aquí lo que podría llamarse la tercera etapa en la vida de la Compañía.
Es más: el propio Lesseps, entusiasmado, resuelve ir personalmente de nuevo a Panamá. El viaje es toda una marcha triunfal. En Southampton, en las Antillas y ya en Colombia, la acogida que al ilustre visitante se le dispensa es como a la de un Rey.
En Barranquilla los notables de la alta sociedad consideran que el Alcalde de la ciudad, por sus modestas condiciones personales, no es el individuo indicado para representar a Colombia ante un personaje de tantas campanillas, y -con el tácito consentimiento de la víctima- se inventan un gobierno de mentirijillas, pero de mucha representación social, al cual se le asigna la grata tarea de homenajear al egregio huésped con todo el rumbo y la elegancia de que era capaz la entonces naciente reina del río Magdalena; y, al final de un banquete, la inevitable décima de Joaquín Pablo Posada. Terminaba así:
Nada el Triunfo impedirá,
pues con tus potentes brazos
harás saltar en pedazos
al Istmo de Panamá 125.
Luego, a su llegada a Panamá, la bienvenida reviste caracteres aún más jubilosos y hospitalarios que la de 1880. Otra vez fiestas, iluminaciones, banquetes y discursos alternan con excursiones, visitas a los campamentos, discusiones y estudios sobre planos "Aún me parece que lo veo-escribió algún tiempo después uno de sus compañeros de viaje-, subiendo a galope por el escarpado cerro de Culebra, al ruido de los "¡hurras!" entusiastas, que a su paso lanzaban negros y blancos, maravillados de tanto ardor y tanta juventud". ¡Y ya cifraba más de 80 años!
El entusiasmo de Lesseps tenía, en cierto modo, justificación. A pesar de todas las enormes dificultades, las estadísticas, en lo que a excavación de tierras se refiere, invitaban al optimismo, pues la cantidad mensual de material removido se había triplicado desde 1883 a 1884, y quintuplicado entre finales del 83 y principios del año 86. En números redondos la excavación había avanzado así:
1883 metros cúbicos por mes 250.000
1884 " " "
" 614.000
1885 " " "
" 1.079.000
¿Cómo no pensar que la obra podía ser concluida? Uno de los industriales y altos personajes que formaban la comitiva de Lesseps, John Bigelow, antiguo Ministro de Estados Unidos en París, escribía muy objetivamente: "la posibilidad de construir el Canal es una cosa que no se discute y es preciso admitir que la construcción será continuada hasta su terminación 126. Si, pues, los trabajos marchaban, cada año a un ritmo más acelerado, y si los problemas técnicos no son insuperables, ¿por qué dudar del buen éxito final? 127.
Algunos ingenieros, es cierto, vienen de tiempo atrás sugiriendo a Lesseps abandonar el proyecto del Canal a nivel para sustituirlo por el de un Canal con esclusas. "Sería más barato, y más fácil" decían. Además, ya Dingler había demostrado que el cálculo hecho por Lesseps en 1880 sobre el cubo total de tierras por excavar se había quedado corto. ¿No sería prudente contentarse con un proyecto más modesto?
Precisamente por aquellos días, y con motivo del retiro de Dingler, el joven ingeniero a quien ya hemos mencionado en el capítulo anterior, Philippe Buneau Varilla, se había tenido que encargar provisionalmente de la dirección de los trabajos y desde el primer momento, empezó a preconizar la idea, en cierto modo ingeniosa, de que el Canal debería construirse con esclusas, pero de carácter provisional, o sea que su proyecto consistía básicamente en la construcción de unas esclusas cuyo nivel, en el tramo superior, sería excavado a 40 metros por encima del nivel del mar, para luego, ya en servicio el Canal, seguir profundizando con dragas, sin interrumpir la navegación. De este modo Buneau Varilla creía que podría llegarse rápidamente y en forma económica a la meta final de un canal a nivel.
Del mismo modo el nuevo Director de Trabajos que acababa de llegar al Istmo casi al propio tiempo que Lesseps, León Boyer 128, se dio cuenta, desde el primer momento, de que el proyecto de canal a nivel sobrepasaba las posibilidades económicas de la Compañía; y en un serio estudio que por desgracia no fue tenido en cuenta de inmediato, expresó su pensamiento sobre la necesidad y la posibilidad de construir, sin dificultad mayor y en condiciones razonables de tiempo y dinero, un canal con esclusas.
Pero el viejo Lesseps -testarudo y engreído por sus triunfos pasados-, no quería ni siquiera oír mencionar la palabra "esclusa". Para él la cosa era en grande, o no lo era. La cuestión estribaba en contar con el dinero suficiente, y si en esto radicaba todo el problema, él lo conseguiría. ¿Acaso no le había sucedido algo similar en Suez? El viejo, optimista como siempre, regresó a Francia dispuesto a conseguir la total y definitiva financiación de su obra. Para ello, llevaba metida en la cabeza una idea, especie de fórmula mágica que se le había ocurrido para levantar los fondos suficientes y que no podría fallar: lanzaría un nuevo empréstito en bonos, pero esta vez con el anzuelo de una lotería, en virtud de la cual los propietarios de los bonos que resultaren premiados, no tendrían que seguir pagando cuotas, y gozarían de otras adehalas económicas, menores, pero no menos atrayentes.
La idea no era nueva. Ya él la había probado en Suez. Lo malo estaba en que para hacer una operación de tal naturaleza, necesitábase de una ley expresa que la autorizara; y como por aquellos tiempos los miembros del Parlamento francés carecían de iniciativa legislativa, se caía de su peso que también era necesaria la aquiescencia del Gobierno, el cual debería presentar el proyecto a la consideración de los parlamentarios.
Con todo, Lesseps no dudó ni un momento de que las cosas saldrían bien. Estaba seguro de que los iversionistas franceses se precipitarían a copar la suscripción.
No contaba con el puñal que el propio Ministro de Obras
Públicas, M. Baihaut, estaba afilando para enterrárselo por la
espalda y hasta los gavilanes.
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125. |
P. M. Revollo, Memorias, Tomo II (de 1868 a 1906), página 66. |
126.
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El nombre de este John Bigelow no se nos debe olvidar, porque años más tarde, gracias a la amistad que desde ese memorable viaje anuda con el joven ingeniero Bunau-Varilla, este último va a poder abrirse camino en sus actividades encaminadas a favorecer desde los Estados Unidos, la causa de la separación de Panamá. |
127.
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En el "Memorándum sobre la cuestión del Canal Istmico con los Estados Unidos" que escribió el Dr. Carlos Martínez Silva, como Ministro de Colombia en Washington, fechado en junio 25/01, se lee este párrafo: "Por informes absolutamente seguros que poseo, sé que la sorpresa de la Comisión Istmica (Comisión Walker) fue muy grande cuando al llegar a París y ponerse en contacto con la Compañía francesa, encontró que los estudios y trabajos preliminares de Panamá, eran de una corrección absoluta en el punto de vista técnico, que no había pormenor alguno omitido, ni problema que no estuviera satisfactoriamente resuelto". Martínez Silva. "Por qué caen los partidos políticos". Página 294. |
128.
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Entre la partida de Jules Dingler, en la segunda mitad da 1885, y la llegada de su reemplazo León Boyer a principios de 1886 la dirección de los trabajos fué confiada, interinamente, al ingeniero Hutin; pero como la salud de éste se resintió, todo el peso y la responsabilidad de la obra del Canal, vinieron a recaer, desde luego provisionalmente, sobre Bunau-Varilla, quien a la sazón solo contaba 26 años y era ingeniero activo, inteligente y lleno de ardor, pero prácticamente sin experiencia. |
