PREFACIO AL LECTOR

 

Otros valientes escritores de mi tiempo han hecho inmortal honor á la España, su amada patria, con nobles partos de sus fecundos ingenios, et adhuc manus eorum extenta. Un Andrés, un Serrano, un Lampillas, un Aimerique, un Arteagas, un Nuix, un Herbas, un Masdeu, y otros varios, cada uno según le picó la vena, y le inspiró su ingenio al reflejo de las luces que rayaron en su despejadamente; todos de lejos, con los vuelos de su ingenio, y bellos rasgos de sus plumas, han tratado de acarrear honor a la nacion, haciéndola ver á la Italia, nacion más capaz y culta de lo que ella, de si misma enamorada, pensaba; yo, conociendo que no podía servir de honor á mi nacion española, me he animado a servirle de utilidad. Quien no es capaz de acrecentar a otrola gloria, puede ser hábil para servirle en algo. Esta parte me ha tocado a mi; y creyendo que esta obrita puede ser de grande utilidad y ventajas a la religión, á la monarquía, al comercio de España, y á la poco afortunada provincia de Santa Marta, y aun á todo el Nuevo Reino de Granada, la doy á luz para servir á todos.

Yo no vengo á decir lo que ya dijeron otros: he tenido siempre por importuno oficio el trasladar; y era de balde repetir lo que otros han dicho. Vengo á decir lo que he visto en la provincia de Santa Marta; lo que he observado en ella, corriéndola á caballo, y á pie descalzo también. Vengo á decir el estado en que presentemente se halla. Los Herreras, los Gómaras, los Ramuszos, los Piedraitas y otros muchos dijeroncómo estaba ese aquellos sus tiempos; yo vengo á decir cómo está ahora. Por eso casi sin más libro que el de mi memoria he compuesto el presente. Sólo rara vez para dar mayor autoridad á lo que refiero, produzco de algún mis exacto cronista, o histórico, alguna antigua noticia. Entraron con tanto gusto por los ojos y oídos las especies en mi fantasía, que para hablar aun en más larga historia de esta provincia de Santa Marta, no necesito de libros.

Mi asunto es descubrir las riquezas y ramos de comercio que están escondidos en esta provincia; dar noticia de las naciones bárbaras que por rebeldes a la religión y la corona necesitan todavía de cristiana conquista: insinuar algunos proyectos de hombres sabios, prácticos y celosos, para reducir aquellos Indios gentiles, y pacificar así la provincia; y últimamente, como mostrar las diversas vías, puertos de mar y ríos por donde puede promoverse el comercio de España con la provincia, y en todo el Nuevo Reino. El estilo es corriente, natural ­y genial. Puede ser que el lector halle algunas sales en  los discursos para sainete, pero no pimienta, pero no pimienta que pique y  ofenda.

El fin que me propuse en estos mis discursos. es el fomento de aquella provincia tan preciosa, el atajar que los extranjeros se lleven sus riquezas, que la perviertan con sus execrables máximas, y todos los días hagan más inconquistables á los Indios bárbaros, proveyéndoles de esclavos y armas de fuego, é inbuyéndolos en depravados sentimientos contra la religión, contra el monarca de las Españas, y contra toda la nacion española. Mi fin es promover el comercio de España (atajando el de los extranjeros) con aquella provincia, capaz de enriquecer compañías enteras, si se fomenta; y últimamente procurar con este medio la pacificación y reducción de aquellas pobres naciones de Indios bárbaros, triste reliquia de la gentilidad e idolatría; que el valor de los españoles y celo de nuestros Reyes Católicos, comenzando por esta provincia, abolió y desterró de casi todas las demás del reino. Aunque fui mandado a este fin a la provincia, no pude por varios motivos lograrlo. Había en mi corazón abrazado con el deseo el martirio entre los Indios guajiros, para cuya conquista fui destinado, y no fui digno derramar mi sangre, ni de dar mi vida entre ellos en obsequio de la Santa Fe, y obediencia á mi monarca, que se dignó mandarme. Por fin no pude cooperar al bien de aquella provincia y de aquellas naciones estando presente; quiero ver si ausente puedo coadyuvar a la salud de todos. Ya que no pude en vida, puede ser que lo logre despues de muerto. De todo esto resultará gran bien á la monarquía, y por último fin la mayor honra y gloria del Señor, á que aspiro, y á la cual dirijo los presentes discursos. El buen corazón, los deseos sincerísimos de servir al público, de mirar por el mayor bien de mi nacion, juntamente con la salud quebrantada, la edad algo avanzada, la vista débil, y poca comodidad para escribir con más acierto y difusión, podrán servir para que el lector disimule mis yerros y faltas de otras noticias, mientras que me protesto siempre amante de mi nacion y del bien público, deudor á todos, y siervo de todos.

 

ANTONIO JULIAN

Comentarios (0) | Comente | Comparta