PREVENCION CRITICA
AL LECTOR DISCRETO
Para quien instruirse quiere en las cosas de las Américas pertenecientes a España, no juzgo muy á propósito los libros extranjeros. He visto acá en Italia varias geografías y diccionarios de plumas extranjeras, y he observado que en ellos se calla mucho, se miente sobrado, y de aquellos países saben poco los autores. Pondré ejemplitos. El celebrado Chiusole, hablando del nuevo Reino de Granada, dice en italiano: ln questo nón c è cosa memorabile. Viene despues a demarcar Santa Marta, y la presenta tan pobre, miserable y desfigurada, que se contenta con mentarla puramente Santa Marta: como que no tiene más que el nombre, y dicho éste lo ha dicho todo. Pudiera este ser el mayor elogio de la provincia de Santa Marta, si lo dijera Chiusole en el profundo sentido de aquel poeta, que despues de haber dicho mil glorias, en parafrasi continua, de un cierto general, desde el principio de la octava real la concluye así:
... Nadie se asombre
Que nada dije hasta que dije el nombre.
Pero no es ese el sentido de Chiusole. En uno y otro muestra estar poco informado. ¿En el Nuevo Reino de Granada no hay cosa memorable? ¿Y tantas minas corrientes de oro, y tantos ríos que arrastran arenas de oro, que yo mismo he visto, y las ve quien quiere, y tantas minas de plata que actualmente se trabajan; y las otras de esmeraldas, las de zafiros, amatistas y topacios, que también he visto; llanos donde pastan caballos, y ganados sin número, y tantas haciendas de cacao excelente, con mil otros ramos de comercio, no es cosa memorable? ¿Y no es el Salto de Tequendama tan celebrado por una de las maravillas del mundo; salto que hace el navegable río de Bogotá, de más de media legua de alto hasta lo profundo de las peñas que lo reciben, con tan violento curso, que el ruido del golpe se oye a siete leguas dé distancia? ¿De una altura tan grande, que pasa todo el río de un golpe, de tierra fría a tierra caliente, y de un clima a otro en el cual los árboles, las plantas, las frutas, los animales son totalmente diversos? Pues todo eso merecía conmemoración del señor Chiusole, por ser no solo cosa memorable, sino maravilla tan grande, que si el erudito y dignísimo Monseñor Carrara, que en su curiosa fresca historia de las cascadas de los ríos, dice ser la del Velino, en Terni, la mayor del mundo que ha llegado a su noticia, por ser de 1063 palmos de altura, mudara de parecer sabiendo la de Tequendama, y afirmara ser esta del Nuevo Reino la mayor y más memorable de todo el Universo conocido. Pero dejemos eso, que de este salto pienso hablar en otra particular historia de los ríos del Nuevo Reino. Cuente entre tanto Chiusole los palmos geométricos que corresponden á medía legua española, y verá en cuántos miles de palmos excede la de Tequendama a la de Terni y otras, y me dirá despues si en el Nuevo Reino de Granada hay cosa memorable.. Basta: multo tempore disce quod doceas, decía a Rustico San Jerónimo. ¿Y que diré del silencio que observa el Chiusole sobre Santa Marta? Eso lo dirán los siguentes discusos.
Vamos a M. la Martinière; en su Grand Dictionaire géographique et critique, inmediatamente, despues de haber dicho en la palabra Sainte Marte, bellas cosas de la ciudad, como que es de temperamento salubre, de un óptimo puerto, que antes era ciudad rica, mercantil y poblada; y de la provincia que abunda de salinas, de leños, de metales de oro y plata, cobre, piedras preciosas, etc., pasa á otro párrafo otra vez con la palabra Sainte Marte, y luego dice: Montagne situèe dans la Nouvelle Espagne, et nommée par ceux du pays Sierra Nevada. Este es un desvío geográfico tan enorme que no sé como los académicos parisienses hayan podido pasar por él. Si pone M. la Martinière estas montañas en la palabra Santa Marta, ¿cómo las describe situadas en la Nueva España? Esta se halla en la América Septentrional, Santa Marta en la Meridional Y si son de la Nueva España, ¿porqué las pone en Santa Marta? Mas prosigamos por el rumbo tan contrario a la buena geografía, que tomó Martinière: Elle est dans la zone torride à 8 latitude, et peut avoir trente ou quarante lieues de tour. ¿Cómo puede estar en la Nueva España a 8 grados de latitud, si ésta se halla a los 15 por lo menos, ó 20 grados, y mas, según la parte donde se elevará la tal Sierra Nevada; circunstancia que no dice, y debía decir? Mas: On la voit, añade, assez distinctement par un beau temps du cap de Tiberin qui est dans l´île de la Dominique, quoique ce cap soit distant de cent cinquante lieues. No se ve aquí ni buena geografía ni critica. Sea de la isla de Santo Domingo, sea de la que llaman Dominica, hay mucho mas de doscientas leguas hasta la Nueva España; ni es increíble que hayas anteojo de larga vista que pudiera á semejante distancia descubrir la tierra de la Nueva España. Solo que en un globo, aerostático la divisara en más elevada región del aire algún académico francés, pudiera creerse. Lo que quería, ó por lo menos había de decir M. la Martinière, es, que la Sierra Nevada, llamada así por antonomasia, entre otras muchas Sierras Nevadas que también hay en el Nuevo Reino de Granada, es la de Santa Marta: montaña altísima, siempre cubierta de nieve en grandísima parte hasta su cumbre; montaña que es llamada la madre de los Andes, porque de ella comienza toda la cordillera hasta el Perú y Chile, à qua sumunt Andium montes exordium, dice el exactísimo Laez: montaña que se divisa en alta mar a gran distancia, según unos de cien leguas, según otros de ciento y cincuenta. Yo puedo decir que desde un buen trecho la divisamos los de mi nave; y la voz de los marineros, y fama común de Santa Marta, es de que se descubre a cuarenta ó cincuenta leguas no más de distancia, y esto tengo por más verosímil. Si no dijo esto M. la Martinière fue, ó porque le confundió alguno las especies con la montaña llamada el volcán de Orizaba, mas allá de Vera Cruz en la Nueva España, elevada de tal suerte, que a unas quince leguas antes de llegar a esta ciudad, ya se avista cubierta también de nieve; ó fue mal informado de quien quiso darle noticias de Santa Marta sin estar instruido. Y es lástima que un escritor tan laborioso, critico y literato, amante de la cabal instrucción de todos los estudiosos, cayera en tamaño error por siniestras informaciones, siendo honor de la Francia, y lumbrera de grande esplendor en la república literaria. Pero oigamos otro.
Ofrécese despues de éste un inglés con su diccionario intitulado también en su traducción italiana. Il Gazzettiere americano, Y dejando otras costas, entretengámonos un poco en confrontar dos letras de su abecedario. En la palabra Caracas, dice así: Caracas, metropoli della provincia di Venezuela, e di tutta la Terra Ferma. ¿Quién ha soñado jamás en que Caracas sea metrópoli de toda la Tierra Firme, ni en lo eclesiástico, ni en lo político? Santa Fe de Bogotá es la metrópoli y corte de toda la tierra Firme, y no Caracas. Mas vamos á otra letra. En la palabra Venezuela dice: Venezuela provincia di Terra Ferma, che comprende ancora Caracas. La sua capitale che si chiama coll stesso nome Venezuela (y antes decía que era Caracas) ó con quello di Coro (quantunque vi sia chi gli considera come due luogui distinti) è sítuata presso la costa del mare. Para disipar esta confusión de noticias, y enredo de unas ciudades con otras, no quiero decir más para común desengaño, sino que hay dos Venezuelas, alta y baja, ó superior é inferior. La baja es la de la costa del mar, y laguna de Maracaibo, y su capital donde reside el gobernador, sujeto al virrey de Santa Fe, es la ciudad de Maracaibo. La otra a la que se llama provincia de Caracas, y la ciudad propia llamada Caracas, ó Santiago de León, es la capital donde reside gobernador aparte. Coro es ciudad distinta, y Venezuela es otra ciudad también particular. Añado que por novísima sabia providencia de nuestro Católico Monarca, el señor Carlos III, se ha constituido Maracaibo sede episcopal, y está ya en posesión el primer ilustrísimo señor obispo, con el distrito de una competente diócesis, que comprenderá la Venezuela inferior, hasta la nobilísima ciudad de Mérida inclusivamente. Providencia que se deseaba tiempo hace, y se requería para el alivio y recursos de tantos pueblos e iglesias, unas sujetas al señor obispo de Caracas, otras al ilustrísimo señor arzobispo de Santa Fe. Esta es la pura verdad; lo demás que dice el gacetero diftongado de inglés e italiano, son tinieblas ó polvos que desde lejos nos echan a los ojos extranjeras manos. Hicieron bien uno y otro el autor inglés y el traductor italiano de tomar el nombre de gacetero.
Vamos al Coleti, que pocos años hace sacó á luz en Venecia el Dizionario storico-geografico dell America meridionale. Alabo de este autor el buen deseo de servir al público, y la paciencia en el trabajo ímprobo que empleó en ilustrar nuestra América, y Nuevo Reino de Granada, Pero no acabo de entender como ha podido padecer tantas equivocaciones un sujeto tan literato, tan capaz, de tantas luces, y de sus circunstancias: un sujeto que de Italia pasó misionero a la provincia de Quito, tan inmediata al Nuevo Reino, y de tanta comunicación con la ciudad de Santa Fe y otras del reino: un sujeto, que no perdonando fatiga, aun estando en Quito, comenzó su obrita, y protestó al principio de ella, que para hacerla con toda exactitud ha consultado hasta cincuenta y cuatro autores que nombra en un largo catálogo, unos en sus libros impresos, otros en sus manuscritos, y fuera de eso veinte y dos distintos mapas, cuyos autores nombra también en otro catálogo, y sin embargo, hablando del Nuevo Reino y de sus lugares, no hay seguramente letra de abecedario donde no se equivoque, ni casi lugar ó ciudad donde no tropiece en su diccionario, y aún en su carta geográfica. Pondré ejemplitos en uno otro. En la dicción Maracaibo dice así: Maracaibo, città della provincia di Venezuela... vi si contano quattro conventi: quello di sant Agostino. della Mercede, di san Domenico, e di San Francesco, che è il maggiore, ed il migliore di tutti; Pues sépase, que ni de San Agustín, ni de Santo Domingo, ni de la Merced, hay convento alguno, y sólo hay en Maracaibo un convento de San Francisco. Pero vamos adelante con Coleti; vi si contano quattro conventi di monache. Ni siquiera hay uno. Ni han visto jamás monjas los de Maracaibo, si no han salido de su laguna. Más dice: Dipendi di Caracas. Es falso, porque depende del Virrey de Santa Fe, etc. No quiero seguir más lugares, porque fuera nunca acabar la fe de erratas.
Vamos a la carta geográfica, hecha, según él dice, secondo le ultime osservazioni astronomiche, y con las más recientes y exactas noticias. Primeramente en la dicción Mompox dice: Città nel Nuovo Regno di Granata: vi è un gran muro di pietra, alzato, sulla sponda del fiume per impedire, etc. Ni jamás se ha visto Mompox con muralla chica, ni grande sobre las márgenes del Magdalena, pasa atajar las rápidas corrientes del río: Ni al tiempo que escribía Coleti por lo menos, era ciudad, sino villa Mompox. Mas eso es de poco momento, porque si no es todavía ciudad, pudiera muy bien serlo. Lo que más noto, es la inconsecuencia en el mapa que formó. Dice en el diccionario que Mompox está sobre la margen, ó parte occidental del río Magdalena, y en el mapa lo delinea en la parte oriental de la parte de Santa Marta, del río Cesare, del Valle de Upar; todo lo cual está al oriente de Mompox, y éste a la otra banda del rió, o al occidente. ¿Cómo va, pues, esa consecuencia? Pero dejemos eso, que no quiero molestar más, ni a Coleti, ni a mi lector. Añado sólo; que por esas razones no lo cito ni traigo jamás para confirmación de lo que afirmo sobre la provincia de Santa Marta. Dice de ella buenas cosas: de la provincia: que vi si troyano miniere d oro, d argento, di rame, di smeraldi, e di altre pietre preziose, ed il Brasile. Pero también dice que en aquellos montes viven muchos Indios bárbaros guerreros principalmente i Taironas ed i Chimilas. De estos dice bien: de los Taironas, ya casi ni memoria hay en aquellas tierras. Eso era en aquellos tiempos cuyas noticias quiso reformar Coleti. Dice más, que il clima della Provincia è assai caldo nelle pianure, e verso la costa del mare: eso es verdad, ma verso le montagne che chiamano Serra Nevata, è assai freddo. Eso no es así, porque al pie de la Sierra Nevada está la Ciudad del Valle de Upar, Barrancas, Becerril, Pueblo Nuevo, Molino, y Villa Nueva, etc., y son países frescos, y que más bien inclinan a calientes. En la nevada cumbre de la montaña, y entre aquellas sierras, y sus faldas, sí es algo frío el clima; pero no, como afirma Coleti, hacia las montañas. Así también hablando de la misma ciudad de Santa Marta, dice que il porto è diffeso da due forti, comodo, capace, e di ottimo fondo: que una volta era città ricca, mercantile, e popolata assai: todo eso es verdad, pero añade luego: il clima è caldo e poco sano. Que el clima sea cálido es innegable; pero que sea poco sano, es equivocación, y error palmario. En ninguna parte he visto hombres y mujeres de más avanzada edad, generalmente hablando, que en la ciudad de Santa Marta. Ya que Coleti, en su largo catálogo de consultores, mienta á Herrera, por qué no consultó á tan exacto y acreditado cronista sobre la provincia y ciudad de Santa Marta, y hubiera con más acierto ilustrado su diccionario? Oiga, pues, el Coleti a Herrera en su década IV del libro X: «La Ciudad de Santa Marta está poblada en sitio sano... Está en temple caliente: la tierra adentro de esta provincia es fresca, porque participa de las Sierras Nevadas, que están a veinte leguas de la ciudad, en especial la provincia de Tairona, que son Sierras y tierrafría. Esta es la verdadera descripción. Mas dejemos a Coleti, digno por otra parte de todo aprecio y elogio por sus prendas, y por haber sido el primero de todos los que venimos de la América, en haber ilustrado a su Italia con su diccionario de tan bella impresión y hermoso carácter. Si como habla del Quito, que vió, hablara de lo que no vió; era insigne su diccionario; pero en estas materias veo que no puede casi fiarse uno de otros. No obstante es laudable por varias noticias selectas, por su erudición, y porque da su nombre latino a cuanto lugar describe. Inventis addit, et abdita invenit.
Omito el registrar otros diccionarios, enciclopedias y geografías, por no detener sobrado a mi lector al principio, ó en el atrio de mi obrita. Pero no quiero ni debo omitir el hablar del esclarecido señor abate don Felipe Gili, el cual va dando a ¡a luz il Saggio di storia americana en diversos tomos, con gran Crédito y aceptación no sólo de Roma, de la Italia, y de España, sino también de otras regiones del Norte. Este sí es autor de cuyo dicho y pluma se puede fiar uno en todo lo que por sus mismos ojos ha visto y observado en Orinoco. Merece repetidos elogios, por la prolijidad con que en el Orinoco observó las cosas, por la claridad con que da las noticias, por la variedad de sus asuntos, y selecta erudición en diversos puntos. Habla despacio, pero habla en muchas lenguas, que aprendió, sin perdonar fatigas, en Orinoco, para bien de aquellas bárbaras naciones. Sólo reparo que en algunos asuntos, sobre los cuales hubo de consultar a otros, por no ser cosas pertenecientes al Orinoco, no fue tan exactamente informado como creo deseaba el mismo don Felipe, y así nadie extrañe si alguna vez me le opongo con amigable contradicción, que sólo procede del amor de la pura verdad. Del río de la Magdalena, llamado en el Nuevo Reino por antonomasia el río Grande, dice con algún recelo de exagerar algo: que forse, quizás es grande como cinco veces el Tíber. Anduvo un poco escrupuloso el amigo don Felipe; podía muy bien haber afirmado que es como veinte veces el Tíber. De suerte que por lo menos cuarenta leguas antes de entrar en el mar el Magdalena, tiene veinte veces mayor caudal de agua que el Tíber cuando pasa por Roma, vecino ya a desembocar en el Mediterráneo. Y esto lo hago evidente en otra obrita que tengo ya trabajada con el titulo de: Historia geográfica del río Magdalena, y de todas las provincias que le tributan de una banda y otra sus ríos. Mas en esto es disculpable también, porque sólo lo navegó hasta la mitad al ir de España jovencito, y se acostumbraron despues, en la madura edad, sus ojos á ver las corrientes más caudalosas del Orinoco, y se le borraron de la fantasía las especies del primero que vió recién llegado a la América. También de las periódicas crecientes y menguantes del mismo Magdalena, dice algo en que muestra no haber observado con tanta prolijidad este río como el Orinoco. Si lo hubiera en todos tiempos navegado, tantas veces como yo, y hasta sus bocas, ciertamente no hubiera tenido escrúpulo en darle mayor grandeza. Mas esto no es de grande importancia. Mi amigo y señor don Felipe Gili ha hecho inmortal honor a Roma, su patria, que abandonó para ofrecer al Señor el sacrificio de estar casi veinte años entre bárbaros ó salvajes para reducirlos á la fe: honor a España, al Nuevo Reino de Granada, y al Orinoco por haber ilustrado con tan claras luces sus regiones y honor á si mismo, por haberse dado a conocer hombre erudito en noticias, curioso en las observaciones, exacto en las demarcaciones, y perito en tantas lenguas de que se hizo maestro, y por cuyas noticias le dan mil gracias singularmente los académicos del norte, que están ahora ocupados en averiguar de fijo las setenta y tantas lenguas que de los campos de Sennaar y de la torre de Babel se esparcieron por todo el mundo.
Puede ofrecerse a algún crítico el discreto reparo de no dar yo a la pública luz esta obrita en lengua italiana, lengua del país en donde escribo, y lengua que ya se ha hecho familiar desde que in salicibus suspendimus organa nostra. Cierto que otros con aplauso y aceptación universal lo han hecho así, y han sido tan apreciadas aun en España sus obras que se han querido traducidas en el idioma propio de la nacion. Lo confieso, y alabo la sabia conducta de los que me han precedido con tan ilustres ejemplos. Pero diré la verdad. He tenidos varias instancias acá en Roma, así de literatos italianos, como de eruditos amigos españoles, para que diera a la imprenta esta obrita en lengua italiana, en la cual la tenía compuesta de primera mano. Se me proponían diversos motivos de hacer honor a mi nacion, de satisfacer al deseo de los hombres laudablemente codiciosos de nuevas luces y buenas noticias, y otras varias razones. Pero como yo escribo para utilidad de la nacion, me ha parecido vía más recta para lograr el fin, darla á la pública luz en la lengua de mi nacion, a quien más trato de servir, que no de divertir a cuatro curiosos, que leído, o no leído mi libro, lo arrimaran in perpetuum sin más fruto. Esta es la razón legítima. Si vale, pase; si no, vale lector mío.
