DISCURSO XII.
De los caballos aguilillas de la provincia de Santa Marta
§ I.
Salgamos de los montes del Brasil, y divirtámonos un poco con los famosos caballos de Santa María. Entre los reinos de ambas Américas fecundísimos y pobladísimos de caballos, es uno el Nuevo Reino de Granada, y entre las provincias del Nuevo Reino la de Santa Marta se lleva la gloria de ser fecunda madre de los mas estimados. No sé, ni quiero decir si reino alguno de la América abunda mas de caballos que el Nuevo Reino. Creo si, que en el número y calidad de ellos ninguno le excede. Y ya que este reino tiene tambien la desgracia de ser poco estimado, siendo tan estimable como cualquiera de los otros, quiero dejar correr un poco la pluma por los amenísimos prados y vegas hermosísimas de las diversas provincias que contiene, para hacer ver á los enciclopedistas y geógrafos extranjeros, que tiene el monarca de España en el Nuevo Reino mas riquezas en todo género de lo que dan á entender ellos, diciendo que nada particular tiene este reino. Tiene caballos innumerables, buenos, espiritosos y fuertes. Caballos en las Sabanas, esto es, en las praderías y llanuras de la misma capital de Santa Fe. Caballos en los llanos de Neiva, en los de Ibagué, en la provincia de Mariquita , en la de Velez, en los llanos de Sogamoso, y en otras tantas provincias, sin hablar de los vastísimos llanos de San Juan, de Casanare y Meta. Y hay caballos en tanto número, que por ejemplo no mas diré que en la deliciosisima llanura de Santa Fe, que se extiende por dos jornadas, contando desde un pueblo llamado de Suacha, y del salto de Tequendama (del cual hablaré despues) hasta los pueblos de Nemocon y de Suesca, habrá mas de doscientos mil caballos. Entremos ahora en la provincia de Santa Marta. Esta, como fué la primera de Tierra Firme que recibió y dió pasto saludable á los caballos españoles que trajeron los conquistadores, y la que por mano de ellos suministró caballos para poblar de estos generosos brutos las campañas de todo el reino; así es tambien la que se lleva la primacía, y goza la excelencia de los caballos mas apreciados. Estos son famosos por todo el reino, y son llamados comunmente aguilillas de Santa Marta, por la singular velocidad en el andar. El paso de ellos es natural , y no forzado ni enseñado; es suave, y no fatiga al jinete: tan veloz, que en una hora, sin ser espoleado, caminará un caballo aguililla tres leguas buenas. Este paso tan ligero lo traen ya los aguilillas del vientre de sus madres, las cuales regularmente exceden en la ligereza á sus hijos. Oí en la provincia de Santa Marta, que en otros tiempos fué mandado á España uno de estos aguilillas para presentarlo á su majestad católica; pero tuvo la desgracia de morirse antes de llegar á la presencia del monarca. Si llegara la raza de ellos á gustar los amenos y pingües pastos de los potreros reales, creo que fueran muy codiciados de los aficionados á montar caballos de buena marcha. Mas esto no es de mi historia: bástame haber insinuado que florece la provincia de Santa Marta en la raza de los aguilillas tan estimable. Si la calidad de estos brutos tan veloces viene, ó de las influencias superiores, ó de la amenidad y belleza de los pastos que gozan en los verdes prados y colinas de la provincia, ó de uno y otro, no lo sé. Lo cierto es, que conduce mucho al bien y delicias de una provincia producir caballos, de los cuales podemos decir: Velociores aquilis equi illius. Caballos que vuelan por la tierra como las águilas por los aires, y aun mas veloces en su carrera que en su regular vuelo las águilas, como son los aguilillas de Santa Marta.
