DISCURSO II.

De los estragos hechos por los extranjeros en aquellas naciones, y de las benignas leves y providencias de los Católicos Monarcas á favor de losIndios

§ I. 

Pensé que el señor don Felipe Gili en su historia del Orinoco me hubiera ahorrado el tiempo y trabajo que á honor y defensa de mi nacion debo emplear en este asunto. Llegué al capitulo X de su primer libio, y me encuentro con este curioso é interesante título Perchè sieno si poche le popolazioni dell’ Orinoco. ¿Por qué son tan pocas las poblaciones del Orinoco? Yo me hubiera expedido luego de este por qué con las palabras del psalmo: Exterminavit eam aper de silva, et singularis ferus depastus est eam. En una palabra porque forasteras gentes, como jabalíes y osos de las selvas, entraron en esta viña del rey de España, y la vendimiaron y destruyeron. Pero nada de eso leo en aquel título, ni de todo el capitulo se puede, no digo inferir, pero ni siquiera por aprehension entender el por qué. Fundacion de la pequeña ciudad de la Guayana; invasiones contra ella de los Caribes, y algunas naciones europeas, que en algunos tiempos hacian guerra contra la España; viajes de los maestres de plata á Santa Fe para llevar á los soldados de la Guayana el situado ; mutaciones de las misiones de los padres jesuitas; martirio de los padres Ignacio Fiol y Vicente Loverco, jesuitas; division del Orinoco á tres religiones; reducion de algunos Caribes, y favorables resultas de la real expedicion de límites: esto es lo que leo, y á eso se reduce todo el largo capítulo, y el ¿por qué son tan pocas las poblaciones de Orinoco? A ese por qué no se responde. Pues ya que en italiano no responde el señor Gili, yo responderé claro y limpio en español con la sinceridad que me es genial. Quieren los eruditos saber ¿por qué son pocas las poblaciones de Orinoco? Porque las del bajo y medio Orinoco las destruyeron los Caribes con los Holandeses y Franceses, como dijimos en el discurso antecedente, y las del alto Orinoco los Portugueses. Mas breve: porque unos y otros extranjeros vendimiaron muchas naciones, y donde quedan pocas naciones, es consiguiente haya pocas poblaciones. Vamos á los Portugueses. Y protesto que no es mi intencion denigrar la fama, ni de las mencionadas naciones, ni de los Portugueses ,como se puede haber observado en el anterior discurso, y se verá en el presente. Traigo siempre hechos de particulares, reprobados de la nacion, y prohibidos de los respectivos soberanos, para que vean en sí mismo las demás naciones, que los hechos de particulares Españoles tampoco deben atribuirse á toda la nacion.

§ II. 

Fué por muchos años el alto Orinoco, aun despues que pertenecia á la corona de España, una viña vendimiada, un monte talado, y un campo depopulado de la codicia de los Portugueses y tiranía de sus amigos los bárbaros Indios Guipunaves. Del rio Negro venian aposta los Portugueses al Orinoco á llevarse esclavos á los Indios de varias naciones. Comenzaban la tiránica presa de Indios por las orillas del Casichiari, que es el brazo famoso en nuestros dias, por el cual el Orinoco se comunica con el Marañon, y por ser brazo del Orinoco, pertenecia ya al rey de España. Navegando el Casichiari entraban con suma libertad en el propio caudaloso Orinoco, y navegándolo un poco, bajaban á unirse con sus paniaguados Indios Guipunavis, y con estos tiranizaban y esclavizaban aquellas miserables naciones de Indios que habitaban en las orillas y vecinos montes del rio. Era ya tan notorio en los dominios de Portugal este comercio de esclavos indianos orinoqueses, que habia una ley real emanada de la córte de Lisboa sobre este punto: segun esta ley, habia una pública casa real, que llamarse puede de contratacion, para el jurídico registro del número y calidad de los pobres indios transportados esclavos. Y para evitar injusticias estaba nombrado censor, ó juez de esclavos, un padre misionero de los mas justos é instruidos en esta materia; docto y perito en el que llamamos jus gentium, como ciertamente se requeria. Aclaremos estos tres puntos, que son muy doctrinales é importantes. La ley de Portugal era esta: «Que los Indios vencidos, y pillados en justa guerra por otros Indios, así como quedaban esclavos del vencedor, segun las leyes y costumbres de aquellas naciones, así tambien podian ser comprados, retenidos y vendidos por los Portugueses como esclavos, sin contravenir á la justicia. No así los que hubieran sido en injusta guerra. Estos debian declararse libres.» A mí no me toca juzgar de las leyes, ni criticar las altas, sabias disposiciones de los soberanos. Diré sí que me parece mas benigna y favorable á los Indios la ley de España (1), aunque sea la nacion española reputada de los extranjeros por bárbara: esta es la ley de los reyes de España : «Que no sea hecho esclavo, ni tratado como esclavo indio alguno de sus reales dominios, aunque fuese pillado de otros Indios gentiles en guerra justa.» Paréceme que ni los Indios quejarse pueden de esta ley, ni tacharla de bárbara los extranjeros. Pues aun se trasluce mas la huma­nidad, benignidad y paternal dulzura de los reyes de España con los Indios en sus reales cédulas. Por estas se ordena que á mayor bien de los pobres Indios que hubieran llegado á manos, y bajo el dominio de otros, de cualquier modo sea, puedan redimirlos los Españoles, y así rescatados y comprados, puedan retenerlos en su servicio y dominio por el espacio de solos diez años; pero no como esclavos ni faquines, sino como hijos huérfanos, con el fin y obligacion de instruirlos en la santa fe, religion y buenas costumbres, sin poderlos vender, ni cambiar, ni aun dar en regalo á otra persona en todo aquel espacio de los diez años. Pasados estos, ó si antes de acabarse los diez años se casaran, se les dé su plena libertad, y sean agregados á algun pueblo de Indios ya cristianos, libres como estos mismos reducidos. ¿Puede darse ley mas benigna, providencia mas piadosa y paterna con los pobres Indios? Sin embargo, son leyes y providencias de la España, llamada bárbara con las naciones indianas. Dejemos leyes de Portugal y de España por ahora, y vamos á la casa de contratacion de los Indios orinoqueses que los Portugueses tenian. 

§ III. 

En el Gran Pará, ciudad capital del Marañon, habia una casa ó almacen público de contratacion y comercio de los esclavos indios del rio Negro, del Casichiairi y del Orinoco. Allá eran transportados violentamente los miserables Indios, allí se exponian á la pública venta, y se vendian y compraban tal cual los negros traídos de Angola y de la Guinea, y aun los Portugueses los llamaban negros. Para obviar injusticias, á mas de haber su majestad fidelísima publicado la sobredicha ley, nombraba por inspector y juez de esclavos á un padre misionero. Este residia en una poblacion llamada el Arrayal, fundada en rio Negro, entre las misiones mismas de los Portugueses, donde aportaban siempre las naves que venian del Casichiari y del Orinoco cargadas de Indios. La incumbencia del juez padre misionero era declarar cuales Indios habian sido cogidos en justa guerra, y por consiguiente hechos esclavos de los otros Indios vencedores, y cuales no. Aquellos Indios, que declaraba el padre legítimamente adquiridos, segun las leyes de Portugal, quedaban esclavos, y eran transportados al público almacen del Gran Pará, fuesen ellos ó no de los dominios del rey de España. Pero los que juzgaba el padre no ser legítimamente adquiridos, eran declarados libres, y en lengua portuguesa llamaban forros. Donde iban á parar tales Indios del Orinoco declarados forros, ó libres, ¿quién podrá adivinarlo? Con todo eso, si se hubieran observado las leyes de su majestad fidelísima, no se hubieran acarreado á las naciones del Orinoco y á los dominios del monarca de España tantos daños como provenian de la transgresion de las reales leyes. Aseguró el padre Achule Aldrobandi, jesuita italiano, juez de esclavos indios, al padre Manuel Roman en el año 1744 : que en un año solo habia registrado en el Arrayal cinco mil Indios transportados allá como esclavos; que de estos babia declarado libres muchos, pero hacia el cálculo que eran otros tantos los que habian pasado por alto y de contrabando los avaros comerciantes, por temor de que muchos de ellos fueran declarados libres. De aquí se puede inferir el por qué sean tan pocas las poblaciones y naciones del Orinoco. Concluyo este asunto con el siguiente suceso, no menos sacrílego que bárbaro é inhumano.

Olvidados de Dios, y de todas las leyes humanas y divinas, se unieron algunos Portugueses para ir al Orinoco á coger Indios esclavos. De comun acuerdo determinaron que uno de ellos se fingiese sacerdote y celoso misionero, que andaba buscando las almas desparramadas por aquellas selvas; que celebrase el santo sacrificio de la misa; que predicase, y tratase de juntar á muchos Indios en una poblacion para instruirlos en la santa religion; que los otros compañeros le ayudarían en la empresa, fingiendo el mismo celo de las almas. Mancomunados así, llegaron á cierto sitio donde habia gran número de Indios. Con frívolos regalillos y buenas palabras, de aquellas que la zorra alababa tanto en el lobo cuando le decia: Bona verba, heros inclitissime sylvarum, llegaron á engañar aquellos pobres Indios, los juntaron hicieron una gran poblacion, y les fabricaron una iglesia competente, donde celebraba misa todos los días el malvado fingido sacerdote. Cuando vieron los Portugueses que ya había una buena porcion de Indios recogidos en aquel pueblo, publicaron para un cierto día una fiesta solemne, que debía celebrarse en la iglesia con misa cantada, á la cual debia asistir todo el pueblo, hombres y mujeres, viejos y niños, sin excepcion de persona. Pero óigase qué maldad tan execrable premeditaron. Imposible que el sacerdote aquel fingido, ó el capataz de tal fechoría, no fuera algun protestante ó ateísta, pues no creo capaces de ella los Portugueses solos. Se dieron todos los de la vil cuadrilla el santo, que al entonar el fingido sacerdote el Sursurn corda, todos al momento echaran mano á las cuerdas, lazos y esposas que traían para el efecto escondidas, y fueran atando uno por uno aquellos pobres descuidados Indios. Así sucedió todo, así amarraron aquellos infelices, así los cogieron todos, y luego conducidos á las barcas, que ya tenían aprontadas, se los llevaron á vender á sus corresponsales de los dominios de Portugal. ¡Habrá mayor barbaridad! Ni las Vísperas sicilianas pueden dar consonante al Sursum corda de los Portugueses. Este y semejantes escándalos dados por los extranjeros á la gentilidad, han hostigado tantas naciones indianas, las han apartado de la fe católica, las han subtraido y ahuyentado de la religion y de la monarquía de España. Y estos excesos son el verdadero por qué son tan pocas las poblaciones de los Indios en Orinoco, en Santa Marta, y en la costa de Tierra Firme, que es lo que buscaba el señor abate Gili, y me tocaba á mí buscar, para saber y poder manifestar al público por qué la provincia de Santa Marta, donde habia tantas naciones de Indios, y el Orinoco, donde el Rey Católico podía tener á la presente multitud de gentes y pueblos, se hallan tan despoblados y desiertos. Dejo aparte la fuga de los Indios amedrentados, y otras causas naturales y comunes de la diminucion de las gentes.

Y para que no vacile el lector sobre la verdad de lo referido, concluyo con asegurar al público, que todo cuanto he producido y queda dicho de los extranjeros en el Orinoco alto y bajo en estos dos discursos preliminares, todo lo he sacado de la historia del Orinoco, que en cuadernos manuscritos (que tengo en mi poder) dejó en la hora de su muerte á un amigo mio (2) el señor abate don Roque Lubian, antiguo misionero del Orinoco y de Meta, en la que fué provincia de Santa Fe; varon de probadísima vir­tud y sinceridad apostólica, honor del reino de Galicia, y operario insigne en aquellas misiones por mas de cuarenta años continuos; compañero é íntimo confidente del famoso padre Manuel Roman, de cuya boca tambien hemos oido, muchos que al presente vivimos, estos mismos y semejantes trágicos sucesos. 

(1)
 Es la 1, lib. 6, tit. 2. 
(2)
El señor don Manuel Balzategui, sugeto de probada virtud, integridad y doctrina, que fué por muchos años superior y depositario de los santos designios de Lubian.

   
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