DISCURSO VI.

De las conquistas proyectadas contra la nacion de los Chimilas

§ I. 

No se sabe que se haya hecho conquista, ni temporal ni espiritual, de esta nacion en aquellos primeros tiempos, por lo menos con la formalidad y empeño con que se emprendió la de otras naciones indianas del Nuevo Reino. Lo cierto es, que si se hizo, hoy en dia no queda rastro de ella, ni vestigio ó monumento de religion ó de civilidad que lo compruebe. Ni es creible que si hubiera sido una vez reducida y pacificada una nacion que está tan inmediata á la capital y otras poblaciones grandes, se bubiera dejado alzar otra vez, y volver á su barbarie, especialmente siendo tan importante para toda la provincia y comercio del Nuevo Reino la paz, quietud y reducion del Indio Chimila. Por lo menos el ilustrísimo señor Piedraita, describiendo en su historia las conquistas de otras muchas naciones de Santa Marta, no hace mencion de la de los Chimilas. Ni en la vida de san Luis Beltran, que entró evangelizando en la provincia, y cabalmente debió de pasar por las tierras ó vecinas ó propias del Chimila, no se habla una palabra de esta nacion. Yo, considerando que el Chimila, ó presentemente ocupa, ó por lo menos, dirélo así, como Pedro por su casa, entra y gira libremente por las tierras de los antiguos Taironas nunca conquistados, voy consintiendo en que viéndose estas dos naciones del centro de la provincia apretadas y rodeadas de los Españoles, se unieron, y quedaron en el centro despóticas y bárbaras, y de Taironas y Chimilas se componga la nacion llamada hoy de los Chimilas; porque ni creo que absolutamente por sí misma se haya extinguido una nacion tan numerosa y dominante corno la de los Taironas, ni que hubiera podido quedarse así sin conquista ni reducion el  Chimila, si no hubiera tenido, con la union y alianza, el apoyo y defensa de los Indios Taironas. Por fin, sea de esta union lo que fuere, no consta que fuera antiguamente reducida á Dios ni pacificada con las armas españolas la nacion de los Chimilas. Vamos á la pacificacion y reducion proyectada en nuestros tiempos.
 

§ II. 

En fuerza de la real cédula arriba mencionada sobre la reducion de los Chimilas, y de las privadas instrucciones que sobre el mismo punto traia de la córte su excelencia, el señor don José Pizarro trató con grande eficacia desde los principios de su virreinato de pacificar la nacion chimila. Como su excelencia era recien llegado de España, precisamente para el buen acierto hubo de tomar luces, y sentir los varios pareceres de personas prácticas de aquellas tierras, en órden al modo mas fácil y eficaz para domesticar tal nacion, y sujetarla á la religion y á la corona. Parecióle bien á su excelencia un proyecto insinuado y propuesto de ciertos caballeros, y mandó que se pusiera luego en ejecucion: así se hizo, y vé aquí en breve el proyecto ejecutado en esta forma. Fundáronse cuatro ó cinco pueblecitos á las orillas del rio Magdalena por la parte de Santa Marta, y otro á las faldas de la Sierra Nevada, que es el que dijimos habia logrado el honor de tener por fundadores todos los reos que entre cepos y cadenas gemian en las cárceles del reino. Los pueblos bien cortos del rio estaban distribuidos por la orilla con bastante órden, y no poca distancia del uno al otro, y sus fundadores era pobre gente, pequeña turba de Indios mansos, de mulatos, y razas semejantes. Lo que mas brillaba y daba golpe en todos estos pueblos eran los nombres especiosos y alusivos que les pusieron los ejecutores del proyecto. Al uno llamaron San Fernando, dedicándolo justamente á la católica majestad del señor Fernando VI, cuya piedad y celo urgia la pacificacion del Chimila; al otro liamaron san Zenon; era á la sazon primer ministro en la córte don Zenon de Somodevilla , marqués de la Ensenada: á otro san Sebastian; valia mucho en la córte el empeño y favor del señor don Sebastian de Eslava: á otro san José; ya habia entrado de primer ministro el señor don José de Carvajal, y el señor virrey Pizarro llamábase tambien José: la gracia de entrambos personajes importaba mucho á los promotores del proyecto. Y bastando ya los dichos protectores en la córte, dieron á otro pueblo por protector en el cielo al glorioso san Antonio, tan devotos eran los caballeros, que á todos los pueblos dieron nombre de santo con alguna alusion del caso. Pero sepamos en qué vino á parar todo. El uno sacó el titulo de marqués de N., el otro la cruz de Santiago ó Calatrava; y así salieron ellos y otros condecorados y gloriosos de la empresa. ¿ Y los Indios Chimilas? Nada se perturbaron, se quedaron tan quietos, ó por mejor decir, tan inquietos, vagabundos, salteadores de camino real, y tan bárbaros corno siempre. Yo estaba entonces casi en el centro de la provincia, y pisando tierras del Chimila: no se reconoció el mas mí­nimo movimiento ni alteracion, ni rastro de temor en los Chimilas. Por ese mismo tiempo clavaron las setenta flechas que dijimos en el cuerpo de aquella pobre mujer junto á Santa Marta: entonces fué cuando nos buscaron por el camino real los setenta Indios con el capataz mestizo, como queda dicho; y por fin, concluida ya la fundacion de los mencionados pueblos, volvieron á las orillas del Magdalena, entre pueblo y pueblo, á flechar á no sé cuantos; y hay ahora tanto peligro en navegar aquella banda del rio, y tanto temor en los viajantes como de antes. ¿Pues de qué sirven las dichas poblaciones? Sirven para que si alguno quiere ranchar en algun pueblo de esos (lo que los navegantes casi siempre procuran evitar por varios motivos) duerma mas resguar­dado de los Chimilas que si durmiera en el monte, y pueda tambien comprar algunos huevos ó pollos. Sirven para que si alguna canoa pasa á aquella orilla peligrosa, no corra riesgo de Chimilas en las inmediaciones de aquel pueblo. Y hablemos de tina vez claro: yo no tengo interés ni puedo tenerlo en lo que escribo: escribo para mayor gloria de Dios y bien de la monarquía, y así hablo claro. Sirven y pueden servir mucho dichas poblaciones á la orilla del rio Grande, para que los contrabandistas del rio de la Hacha, corno los que yo encontré (que cargados de bocas de fuego, con una recua de caballos de géneros forasteros se metian por las tierras de los Chimilas, hasta salir á la orilla del rio) puedan depositar en estos pueblecitos los géneros de contrabando con toda seguridad y facilidad admirable de ser transportados en pocas horas ó dias á ciertas poblaciones civiles de la otra orilla, y mandados después á varias partes del reino. Mas para pacificar ni reducir á Dios, y á su majestad católica la nacion chimila, ciertamente poco ó nada sirven tales poblaciones. Ni este es solo parecer mio: CS de toda la provincia de Santa Marta, como se lo dije yo mismo al excelentísimo señor Pizarro , cuando á mi regreso de Santa Marta, en larguísima audiencia con que me honró su excelencia en Santa Fe, quiso ser informado del estado de la provincia, y de lo que se decia del proyecto ejecutado de las nuevas poblaciones. Como su excelencia era amantísimo de la verdad, y enemigo de adulaciones y mentiras, pude decirle con sinceridad, y le dije para mayor bien de aquella provincia todo lo que yo juzgaba y habia oido de personas imparciales, y prácticas del país y tierras de los Chimilas. Pero ya las poblaciones estaban fundadas, y allí quedó el proyecto, porque concluyó su excelencia el tiempo de su gobierno, y no se procedió á lo que mas importaba. Las intenciones del señor Pizarro eran sanísimas, los deseos de complacer á su majestad en el cumplimiento de sus reales órdenes eran sincerísimos y eficaces. Tambien se puede creer que de sana intencion y de buen celo procediera el proyecto de aquellos caballeros; mas lo cierto es, que las medidas y providencias para reducir y pacificar la nacion de los Chimilas, fueron muy cortas, diminutas é ineficaces. Si le hubieran sugerido al señor Pizarro otro medio mas eficaz, segun el empeño y celo que su excelencia fomentaba en su noble pecho, de la reducion de aquellos Indios, y tranquilidad de la provincia de Santa Marta, hoy en dia no hubiera un Chimila que no estuviera reducido, ó por lo menos que anduviera inquieto, vagabundo y asesino, haciendo intraficable la provincia, como presentemente lo es por la insolencia del Chimila. Mas ya que el proyecto sugerido entonces al señor Pizarro, poco ó ningun efecto tuvo, digamos otros que con el tiempo podrán servir de luz á los señores virreyes de Santa Fe, y gobernadores de Santa Marta, á quienes ruego que al subir ó atravesar el rio Magdalena, den mas crédito á lo que sus limpios ojos leen en este librito, que no á lo que sonará á sus oidos sugerido de otros en asunto de la pacificacion de Santa Marta y reducion de los Indios.

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