DISCURSO XII.
De la nacion guagira de la provincia de Santa Marta
§ I.
Entre todas las naciones bárbaras de la América, creo no hay otra que necesite que la mas pronta y solícita reducion que la de los Indios Guagiros. Es ella una nacion belicosa y valiente, y en medio de su barbarie, es muy civil con los extranjeros, con quienes tiene casi continuo comercio. Los Guagiros son los pescadores de las perlas, los cuales las venden á los negociantes, los que con las perlas que venden á ciertos bergantines y paquebotes, se proveen de aguardientes, de esclavos negros, y de armas de fuego. Ellos son los que continuamente mascan y comen la yerba del hayo para mantenerse en fuerzas y vigor: ellos son los que tienen multitud de caballos aguilillas para correr con estupenda velocidad por aquellos sus llanos, y para presentarse en campo abierto en forma de caballería ligera contra el Indio Cocina confinante; y ellos son los que trabajan con grandísimo primor las piezas de algodon, hamacas, mantas, y otras cosas para vestirse ellos, y vender á otros que las solicitan. No son pobres y miserables, como son regularmente las otros Indios: tienen sus hatos ó haciendas de ganado en gran número; y con el clandestino y excesivo comercio con Ingleses y Holandeses, saben muy bien (gracias á tales maestros) manejar las armas de fuego para cualquier lance que se les ofrezca: y han tomado ya el gusto en tal modo á las armas de fuego, que poco ó nada usan ya de arco y hechas. Tan políticos y civiles los van criando los nobles extranjeros.
Alguno quizás se maravillará, y aun dudará de lo que llevo insinuado hasta aquí en pocos rasgos sobre los Guagiros; pero esté cierto quien leyere este librito, que pocos, ó ninguno de cuantos presentemente nos hallamos en Europa, puede dar mas individuales noticias de esta nacion que yo; y esto es cabalmente lo que mas me ha estimulado á sacar á luz esta obrita, mirando por la salud eterna de aquellos infelices, y por el mayor bien de la monarquía en circunstancias que me persuaden haber, como dicen, periculum in mora, y por consiguiente necesidad urgente de tratar eficazmente de la reducion total de los Guagiros, como se verá en adelante. Yo, como mandado por la majestad del Católico Rey el señor don Fernando VI expresamente para la conquista y reducion de los Guagiros, tuve la suerte de verlos, de tratarlos, y conversar con ellos aun en sus tierras con toda libertad. Tuve la ocasion en el rio de la Hacha, donde frecuentemente concurren ellos, de informarme de los estilos, artes y costumbres de la nacion; á mas de eso, traté largamente de ella con todos los padres capuchinos sus misioneros (que eran cinco) y tuve mucho trato y amistad con el hermano del cacique; y finalmente, no solo en tierras de Guagiros, sino después en la ciudad de Santa Fe en mi mismo cuarto, mano á mano, traté y discurrí muy de propósito con el mismo cacique, llamado don Cecilio, sobre la conquista y conversion de toda la nacion que se proyectaba entonces, como diré en Otro discurso: y así francamente y con toda verdad puedo informar al público, y aun á su real majestad, de las cosas mas particulares de esta nacion, como vengo á hacer en los discursos siguientes, fijando solamente mis ojos en altos, justos y santos fines que me impelen á escribir lo que escribo.
