DISCURSO XIX.  

Cuan importante sea á la religion y real corona la conquista del Darien, a la cual destinaba su majestad católica los misioneros de los Guagiros

§ I. 

Ordenaba su majestad católica, como ya dijimos en la carta que recibió de la córte el excelentísimo señor marqués del Villar, que no teniéndose por conveniente el entrar en los Guagiros los misioneros, fueran mandados al Darien. ¿Pues por qué no fueron, una vez que no entraron en la conquista de los Guagiros? El reparó es justo, y me abre dilatado campo para hacer, no uno, sino varios discursos sobre el Darien. Pero me ceñiré á la brevedad de uno solo, y en él reduciré en compendio lo que mas importa para servicio de su real majestad, para las ventajas del real erario, para bien de aquella desgraciada provincia, y para mayor honra y gloria del Señor. Al llegar á Cartagena los misioneros, tuvose presente la real disposicion de introducirlos en la provincia del Darien, en caso de no emprenderse desde luego la conquista de los Guagiros. Pero aunque á la sazon se hallaban en Cartagena los dos señores virreyes, el señor Eslava, que dejaba el baston y el señor Pizarro recien llegado, que entraba en el gobierno, no llegó á tratarse con eficacia el asunto, parte, porque con ansias deseaban y esperaban ambos jefes la entrada de los misioneros en los Guagiros, y parte, porque se consideraba la provincia del Darien inconquistable á voces é industrias de misioneros, y como una Babilonia abandonada; y realmente es tal el Darien, como luego demuestro.

Pocos meses antes de llegar á Cartagena los misioneros de los Guagiros, habian vuelto del Darien dos jesuitas misioneros, y nos hicieron exacta relacion de la constitucion de aquel país, tanto en lo espiritual como en lo temporal; y esta es la que yo quiero dar ahora, forsam meminisse juvabit. Estos dos misioneros fueron el padre Pedro Fabro, de nacion flamenco, hombre, á mas de su religiosidad, de tan insigne talento y crítica en discernir las cosas, que antes de pasar de Flandes al Nuevo Reino, habia sido destinado para continuar con los demás socios la grande obra de los padres Bolandos llamada Acta Sanctorum. El otro era un noble granadino, llamado el padre Salvador Grande, y verdaderamente lo era en virtud y letras. Este cabalmente de vuelta del Darien, se habia quedado en Cartagena, y era mirado con gran veneracion de la ciudad y de los jefes. El Fabro habia ya subido á Santa Fe á gobernar la provincia, y despues traté con particular confianza con su reverendísima por muchos años. Pero el Grande, como estaba, diremos así, á la lengua del agua, fué el que pudo informar á boca á los dos señores virreyes, y darnos á nosotros luces del Darien, luces que nos acobardaron, y quitaron los alientos y esperanzas de entrar en tal mision. Las noticias que daba eran las siguientes en pocas palabras: que llegados allá los dos, nada pudieron hacer: que está aquello perdido por causa del trato y comercio de los Indios con los extranjeros, por las perversas máximas contra la religion, y contra el Católico Monarca, y contra todos los Españoles, ministros y sacerdotes, en que los tienen imbuidos aquellos extranjeros. En fin, aquel país viene á ser una Ginebra de la América: tal mezcla hay de naciones y razas de gentes, tanta libertad de costumbres, y tanta diversidad en materia de religion.

§ II.

Es el Darien provincia grande, que se extiende por mas de cien leguas de levante hácia poniente : está entre Cartagena y Panamá, y confina á mediodía con la riquísima provincia del Chocó, y con el mar del Norte hácia Tramontana. La ciudad principal, de la cual tomó el nombre la provincia, llámase Darien, y á mas de esta hay algunas poblaciones de varias razas de gente blanca, parda y negra, y algunos pueblos de Indios. Antes en gran parte, por lo menos, vivian los Indios sujetos, y reconocidos al dominio del rey de España; mas por los años de 1719 se alborotaron, sacudieron el yugo, y se quedaron como fieras de monte con su bárbara libertad. Son intrépidos, belicosos y atrevidos, y en vez del arco y flechas, usan de las armas de fuego, de que les proveen sus aliados y amigos los Ingleses. Son implacables enemigos de los Españoles después que se rebelaron y entablaron tanta amistad y comercio con otras naciones. Algunos son cristianos y pacíficos, pero la mayor parte idólatras y bárbaros. La piedra del escándalo en esta provincia es una nueva colonia que han fundado en ella los Ingleses, y llaman Caledonia, situada á la orilla del mar. De esta, y consiguientemente de la confusion y mezcla de varias naciones y gentes foragidas, provienen los males y ruina de la religion, menoscabo notabilísimo del real erario, y perjuicio considerable á la corona de España. No hablemos ya en materia de religion, porque ya se echa de ver como ha de estar nuestra pura y santa religion cristiana en un país donde predominan sectarios, protestantes, hombres sin Dios y sin ley; donde reina el libertinaje, la pluralidad de mujeres, la borrachera, y consiguientes vicios; donde no pueden fijar el pié ministros evangélicos, para enmendar costumbres, convertir idólatras, reducir herejes y salvar almas. Dejemos este punto mas digno de lágrimas que de la pluma. Vamos á lo que sumamente perjudica á la real corona, y puede dar ocasion al remedio de tantos males.

§ III.

El oro que á su majestad católica se le va de sus dominios por esa via es innumerable. Primeramente es de suponer que los Indios rebeldes son dueños de la mayor parte de las minas que hay en el mismo Darien. Y de manos de Indios enemigos de los Españoles, y aliados y paniaguados con los Ingleses, ¿dónde han de ir á parar estos oros, sino en manos y regiones extranjeras? A mas del comercio con los Ingleses, es preciso que Indios y no indios del Darien, traten y contraten con tantos otros extranjeros de varias naciones, que, ó fugitivos de la justicia por delitos cometidos en su reino, ó por gozar mas impunemente de su desenfrenada libertad, se han retirado, y viven escondidos en aquella provincia; y por consiguiente, como los Indios todo lo compran con polvos y puntas de oro, por manos de esos otros extranjeros se han de ir cantidades considerables de oro extraido, sin pagar los reales derechos, á tierras extrañas. Así las reales cajas pierden los derechos, porque no entra en ellas ni un polvo de oro, y la monarquía pierde los oros que de los reales dominios se transportan clandestinamente á paises extranjeros. Pero quizás no es esa la mayor pérdida y menoscabo de la real corona. En la provincia del Darien, entre otros rios hay uno famoso, y navegable por muchas leguas, llamado Atrato. Este baja del Chocó, y desemboca al mar del Norte; y por este (exceptuando alguna porcion que se manda con larguísimo y penosísimo viaje á la real casa de moneda de Santa Fe) vienen en grandes cantidades los oros de las riquísimas minas del Chocó, y siguiendo la plácida corriente del rio, sin ruido ni murmullo, sin ser sentidas las canoas, bajan con los oros al Darien, y van á parar tambien clandestinamente en manos de naciones forasteras, y tal vez enemigas de España. Ni quiero decir mas sobre este punto. Lo insinuado basta para quien mas que yo entiende en esta materia; y basta para dar á entender cuan imporante sea á la religion y á la monarquía la conquista del Darien, donde habian de ir los misioneros de los Guagiros, segun las instrucciones de la católica majestad del señor don Fernando VI. El derecho legítimo que tiene su majestad católica para echar tan perversa chusma de extranjeros que tienen infecto é infestado el Darien: las providencias que se pudieran tomar para renovar esa provincia en la fe, en las costumbres, en el debido reconocimiento y sujecion al monarca, otros de mas elevada comprehension lo entenderán, y podrán exponerlo mas largamente y con mayor fruto. Concluyo, añadiendo solamente: que lo que sucede con el Darien es temible suceda tambien con los Guagiros, por el trato y comercio grande que tienen con los extranjeros, y porque estos los proveen de armas de fuego, y es natural que los imbuyan, con el tiempo, en las perniciosas máximas contra la religion, contra los Españoles, y dominio del monarca de España. Paréceme que en una y otra provincia hay periculum in mora, y necesidad grandísima de remedio. Con esto me despido de mis Guagiros con lástima; pero con el consuelo de haber dicho de ellos, y de las otras naciones bárbaras, lo que delante de Dios juzgo debia decir para su divina gloria, y servicio de mi soberano. Dejemos Indios, y vamos á los salvajes y muertos.

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