DISCURSO XXI.
De los muertos incorruptos que se hallan en los montes de la provinciade Santa Marta
§ I.
Después de los monstruos de las selvas, pasemos á ver los muertos de las montañas. En una de las sierras que rodean la ciudad de Ocaña, hay ciertas cavernas donde se hallan Indios muertos sin corrupcion alguna; de suerte, que si por accidente se hallaran por acá en alguna sepultura ó mausoleo, se dudara si eran cuerpos santos incorruptos. A mas de los cuerpos, se hallan mantas y colchas de cama, tejidas de algodon, enteras, y sin lesion alguna, aptas todavía al servicio. De estas habia una en cierta casa de Ocaña: fui convidado á verla; mas porque tenia ocupaciones de mayor monta que las mantas, no me apuré por ver tal antigüedad. Lo que si ví fue un Indio incorrupto, mas no lo ví en Ocaña, sino en la capital de Santa Fe, con la ocasion que voy á referir. Estaba á la sazon en Santa Fe de virrey el excelentísimo señor don fray Pedro Mesia de la Cerda, bien conocido en España y en la religion de Malta por su nobleza, por su fidelidad, y valor en la guerra contra el Inglés, y en el Nuevo Reino por su piedad, ejemplares costumbres, y celo de ejecutar los órdenes del monarca con la mayor puntualidad; prendas que le merecieron la real aprobacion siempre, y la administracion del virreinato por diez años, en los cuales atendió al bien y adelantamiento de la monarquía con la mayor exactitud y fidelidad. Este señor, así como era amigo de promover todo lo bueno, así tambien era propenso á descubrir, ver y tener cosas curiosas y exquisitas. Con este buen gusto, habiendo oído que hácia Ocaña se hallaban estos cadáveres incorruptos, dió sus providencias eficaces para que se le trajera uno á su córte de Santa Fe. En efecto, fué traido, y lo mostraba á las personas de su cariño, como tambien mostraba una punta de oro del valor, á lo qué me parece, de quinientos escudos, hallada en rio Negro, y un pedruscon hermosísimo de las minas de esmeraldas de Muzo, con los almendrones de esmeraldas enteras que tenia: alhajas que guardaba su excelencia, no por interés, sino por el gusto de poderlas presentar á su monarca por cosa rara y preciosa de sus reales dominios. Entre otras cosas curiosas se mostraba en palacio esta alhaja muerta. Era un Indio, segun la traza y fisonomía; ni estaba derecho en pié, ni tampoco echado, sino, cómo decimos, en cuclillas, abrazando con las manos cruzadas las piernas hácia las rodillas, y tenia una mortal herida de espada ó sable en el cuello. No echaba mal olor, era un cuerpo disecado y sin jugo, ni era tampoco petrificado, como se ven árboles petrificados en los llanos de Neiba, en el Nuevo Reino; mas parecía leñificado, porque se parecia á un leño sin corteza, dejado por muchos años en el suelo al sol y sereno. Los médicos de su excelencia, segun su facultad, le llamaban carne momia, y así quedó en palacio por entonces; no sé si fué después transferido á España por cosa rara y particular. Mas en las regiones frías de la América no es cosa tan rara, porque se hallan tambien en ciertas montañas de Quito, y juzgo se encontrarán en otras cavernas de la cordillera de los mismos Andes. La causa física de esta incorrupcion debe de ser sin duda el frio excesivo, y diremos así, preternatural, que hace en aquellas altísimas montañas, porque es increible si no se prueba. Santo Tomás y san Buenaventura, con otros, se inclinaban á afirmar que el Paraíso terrenal estaba debajo de la zona tórrida, por varias razones, y no despreciables (razones que han movido á algunos á ponerlo en el Nuevo Reino, entre Santa Fe, Marañon y Quito). Pero no consintieron á esta opinion los santos doctores (1), únicamente por considerar inhabitable aquel clima por el calor excesivo que en él debía precisamente reinar. Mas yo aseguro que si hubieran probado los fríos inaguantables de aquellos montes, que están debajo propiamente de la ardiente zona en algunas partes, no hubieran dejado su primera opinion por ese motivo los santos doctores.
Llamé preternatural el frio, porque me parece que sobre
ser violento, es de otra especie que el de los paises mas frios de
España. Junto al boqueron, llamado de Caquesa, á cinco
leguas no mas de Santa Fe, en el corto trecho de unos cincuenta
pasos, comencé á helarme de tal manera, que si tardo un poco mas en
embocar por la angostura, que ya baja á tierra caliente, me quedo
emparamado y muerto. No dudo que en los reinos de España se
experimentará semejante frío en algunos montes muy elevados; y en
alguna cueva de ellos tambien habrá cuerpos, sino petrificados,
incorruptos. Lo que yo puedo asegurar es, que á legua y media de la
real antiquísima villa de Camprodon, llamada de los Romanos
antiguamente Julia Livia (2), y cabeza de la Juliana
Ceretania, en el principado de Cataluña, se hallan, y en el día
de la Ascension del Señor son visitadas del vulgo, unas cuevas,
dentro de las cuales se ven (y eso es constante) cuerpos como
petrificados, que no se sabe puntualmente si son de hombre ó de
animal: y la causa de mantenerse así será el frio que reina en la
falda de los Pirineos, donde en medio de dos ríos está situada
Camprodon. De la misma causa provendrá el conservarse, como hemos
visto, los cuerpos sin corrupcion en los montes de Ocaña, y otros
de los Andes. Bien que el calor, cuando es excesivo, causa el mismo
efecto, como se experimenta en Alejandría y playas del Egipto. Y
basta ya de naciones bárbaras y vivas: de salvajes, fieras de
monte, y de muertos incorruptos de quienes hemos hablado en esta
segunda parte: de las naciones de Indios, para su reducion: de los
salvajes, para erudicion: y de los, muertos, para acabar con ellos
en la escuela del desengaño. Fáltame llegar á los puertos de Santa
Marta, así de mar como de rios, para acabar de servir al público
con adecuada y exacta noticia de toda la provincia de Santa
Marta.
