DISCURSO IV.  

Puerto de Bahía Honda, utilísimo para el comercio de España, paraatajar el de los extranjeros,  y para reducir á los indios Guagiros,y pacificar aquellas tierras 

§ I. 

Esa bahía no la he visto, porque no pude internarme en las tierras de los Guagiros, en cuyo distrito está. Mas por los informes y relaciones que de ella me hicieron los prácticos del rio de la Hacha, y del país de los Guagiros, puedo dar al público las noticias mas ciertas, y sumamente importantes. Esta bahía está entre el rio de la Hacha y el cabo de la Vela, trecho cabalmente en que pescan aquellos Indios las perlas. Llámase Honda por la profundidad de agua que hay en ella. Es grandísima, limpia, y capaz de la mayor flota. Me la alabaron tanto, y tan bellas cosas me dijeron de ella los vecinos del rio de la Hacha, que creí ser una de las mejores que su majestad tenia en sus dominios. Se lamentaban generalmente de que no sirviera sino á los bergantines, y á otros barcos extranjeros, para introducir por ella sus géneros (ropas, canelas, etc., que yo he visto y tocado) y para llevarse el palo del Brasil, las perlas, algodones y oros de la provincia. Estos lamentos se me quedaron impresos en la memoria, y ahora los manifiesto. Ellos, y las circunstancias tan apreciables del puerto o bahía, me han excitado en la mente un proyecto que voy á proponer, salvo meliori, para mayores ventajas de la monarquía.

Es este, que se fundara allí una buena poblacion, ó ciudad, sobre la playa, en el sitio que mejor pareciere á un buen ingeniero, y con un fuerte á la parte de la bahía para la defensa, y otro para tener á raya á los Guagiros por la parte de tierra. En tan cortos períodos está explicado el proyecto. ¿Pero cuántos se requerian para manifestar sus utilidades, si quisiera yo exponerlas todas? Conténtome con insinuar solamente tres. La primera es atajar é impedir absolutamente el comercio extranjero, la introduccion de tantas mercaderías que por ella se hace clandestinamente, y la extraccion de lo mas precioso de la provincia. La segunda ir pacificando y domesticando poco á poco los Guagiros, y traerlos á nuestra santa fe, tratándolos con dulzura y cristiana caridad; y al mismo tiempo ayudar á los pobres padres capuchinos, que segun ellos ingenuamente me dijeron, ó no pueden trabajar, ó trabajan sin fruto entre aquellos bárbaros, que insolentes y desvergonzados los cogen á veces por las barbas con irrision y desprecio. La tercera toca al comercio. Dando fondo un navío de España en la Bahía Honda, el trans­porte de los géneros hácia el reino desde aquélla playa le salia al mercader ventajosísimo Por camino todo llano, sin barriales ni peligros, ameno y delicioso, entrando luego en el valle de Upar, se ponia con sus cargas desde la Bahía á Tamalameque en seis ú ocho dias, cuando ahora desde Cartagena gastará veinte y cinco ó treinta jornadas de calores excesivos, de peligros continuos, de mil incomodidades, que solo la codicia, ó moderado deseo de aumentar el caudal, hace sufribles, ó solo el puro amor de Dios y del bien de las almas endulza, y hace suaves y llevaderos. Con esto tambien resucitaba y recobraba su antiguo sér y esplendor aquella ciudad de Tamalameque, poblada y rica en otro tiempo, ahora pobre y casi desamparada. Y las ciudades del valle de Upar, llamada propiamente ciudad de los Reyes, y la Nueva Valencia, llamada vulgarmente Pueblo Nuevo, ambas situadas en el camino real del tráfico, se hacian respetables lugares de comercio; y animados entonces los vecinos, se daban maña para buscar y sacar los oros y riquezas de aquellas sierras y rios.

No quisiera que por exponer yo este y otros proyectos á favor de la provincia de Santa Marta, y de los comerciantes españoles, sospechara alguno que quiero yo quitar el comercio y acarrear perjuicio á otros lugares de la provincia de Cartagena. No es esa mi intencion, porque soy deudor á todos, y sumamente obligado á aquellas gentes; antes quisiera fomentar el mayor bien de todas las provincias. Vayan á Cartagena cuantos navíos quisieren, aporten á su puerto los mercaderes con sus empleos, que trillado es el camino para subir por agua y tierra á introducirlos en el reino. ¿Pero qué culpa tengo yo, si, como decia el Apóstol de las gentes en otro asunto, adhuc excellentiorem viam vobis demonstro? No es razon tampoco que se chupen todo el jugo del comercio otras provincias, y diremos así: la fundadora de todas, Santa Marta, puede abandonada, disecada, y sin sustancia por falta de comercio, y despoblada, porque se le ha quitado este para engrosar y poblar las circunvecinas. Ni es razon tampoco que los pobres mercaderes se vean obligados á pasar tantos trabajos, cuando por otra via pueden evitarlos con mayores ventajas, ahorro de plata, y sin quebranto de la salud. No hay vomito prieto en los puertos de Santa Marta, ni en la Bahía Honda. Son tierras secas y sanas, como dice Herrera, las de Santa Marta, ni esta ha sido jamás, como dicen allá de otros puertos, sepulcro de chapetones. Yo digo lo que juzgo conveniente para el bien comun, y cada uno juzgue como le pareciere, y tome lo que le gustare. Sapientibus, et insipientibus debitor sum. Puertos tan buenos en todas sus circunstancias no los hallará el comercio en toda la costa de mar, como el de Santa Marta y Bahía Honda. Y si no quieren creerme, pregunten, y se informen de los extranjeros que tienen bien conocidos, sondeados y practicados estos dos puertos, desde los cuales se chupan mucha sustancia del reino. Alieni comederunt robur ejus. Vamos ahora á los puertos de rios.

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