Contestación

A la señora doña Soledad Acosta de Samper.

Mi distinguida señora y antigua amiga:

Soy, desde años atrás, lector asiduo de cuanto su noble pluma escribe; y los cuadros históricos que publica La Nación han debido naturalmente, de una manera especial, interesarme.

La dedicatoria que usted se digna hacerme de la colección de esos cuadros me es, por tanto doblemente grata y honrosa, y la acepto con reconocimiento profundo.

Ligado, durante muchos años, a la respetable casa de usted por vínculo político, en la obra de salvación nacional a que usted bondadosamente alude, debo a ustedes una de las más eficaces cooperaciones. El enorme contingente de su ilustre esposo, el señor doctor Samper, es demasiado notorio. La parte personal de usted es menos conocida; pero tanto a mí me consta, que más de una rectificación de ideas debo a palabras suyas, proferidas en tiempo oportuno, en la época tempestuosa de 1875, en que tuvo principio seguramente la complicada labor de regeneración, próxima ya a final y feliz desenlace.

Repito a usted, con todo respeto, la expresión de mi gratitud; y aprovecho la oportunidad para suscribirme de usted seguro servidor y leal amigo,

RAFAEL NUÑEZ

Bogotá, 25 de enero de 1886.

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