Ficha de descripción y análisis del periódico
Boletín del Exército Expedicionario (1815-1816)
Disponible en Hemeroteca Digital Histórica
I. Ficha técnica
Nombre del periódico: Boletín del Exército Expedicionario.
Directores del periódico: Pablo Morillo, General en Jefe del Ejército Pacificador (1).
Otros colaboradores asociados al periódico: Sin dato (2).
Fechas de existencia de la publicación periódica: Nº1: 22 de agosto de 1815 - Nº36: 14 de septiembre de 1816.
Frecuencia de publicación: La publicación del Boletín no era regular. Su frecuencia estaba determinada por la misma coyuntura de la guerra: las victorias de los diferentes frentes realistas en Tierra Firme, la captura de información importante proveniente del bando republicano o algunos sucesos de relevancia política para la Corona, como la derrota de Napoleón en manos de los británicos.
Número de ejemplares que circulan: Sin dato.
Lugar de publicación: El Boletín se publicaba en los respectivos cuarteles generales del ejército realista establecidos por Morillo conforme se adentraba en la Nueva Granada. Así, los tres primeros números salieron a la luz en Palenquillo, hacienda situada en las inmediaciones de Cartagena. Desde el 4º hasta el 16º fueron publicados en la hacienda Torrecilla, en la vecina Turbaco, actual departamento de Bolívar. El 18 de diciembre de 1815 se publicó en Cartagena el número 17º, seguido de seis más. Las entregas 24º y 25º se realizaron en Mompox. La 26º en Ocaña y la 27º en Bucaramanga. A partir del número 28º el Boletín se publicaría en Santafé hasta el 14 de septiembre de 1816 cuando llegaría a su fin con la entrega 36º.
Modos de distribución y venta: El Boletín no era una publicación convencional. Las personas interesadas no pagaban para tenerlo en casa o en alguna instancia oficial, pues éste no se encontraba a la venta. Su distribución semejaría más la forma de los bandos, avisos al público o los edictos reales que de la prensa de circulación periódica de la época; sólo que en este caso se trataría de un conjunto de impresos seriados agrupados bajo el título Boletín del Exército Expedicionario. En esa medida, es posible afirmar que circulaba bajo diferentes modalidades: era enviado a la alta oficialidad del gobierno y el ejército realista en diversos puntos de la Nueva Granada; fijado en la plaza pública o en lugares de tráfico constante, y repartido para que circulara de mano en mano entre la población.
Número de suscriptores: Con base en lo anterior, no es posible hablar, en sentido estricto, de suscriptores, sólo de lectores.
Lugares donde residen: Los lectores de la publicación se encontraban a lo largo y ancho del Reino. Sin embargo, es posible que sólo aquellos que habitaban en las cercanías de las localidades recorridas por el Ejército expedicionario pudieran leer de primera mano la información allí consignada.
Intente caracterizarlos: Con seguridad, los lectores más constantes del Boletín eran aquellos sectores directamente implicados en la guerra: las diversas instancias del ejército realista, la burocracia real recién instalada por Morillo, y por supuesto, los principales defensores de la República. De igual manera, si se tiene en cuenta que algunos números de la publicación serían expuestos en lugares visibles, es de suponer que serían asequibles no sólo a los sujetos alfabetizados sino también al resto de la población a través del discurso oral (3).
¿Usa publicidad? ¿Pagada? No.
Nombre del impresor: Sin dato sobre el impresor expedicionario. En Santafé, el Boletín era impreso por Nicomedes Lora en la Imprenta del Gobierno perteneciente en ese momento a Bruno Espinosa de los Monteros.
Taller de Impresión: Las primeras veintisiete entregas fueron elaboradas en la Imprenta del Exército Expedicionario. A partir del número 28º, publicado en Santafé, el Boletín se imprimiría en la Imprenta del Gobierno, que sería la misma Imprenta Real de Antonio Espinosa de los Monteros (4).
Localidad, dirección: La Imprenta Expedicionaria funcionaría en la Nueva Granada en los diferentes cuarteles generales establecidos por Morillo (5). La Imprenta del Gobierno se encontraba en Santafé y, a partir del 13 de junio de 1816, tendría a su cargo la impresión de la Gazeta de Santafé, Capital del Nuevo Reyno de Granada.
Privado o público: Público
Tipo de Imprenta: La Imprenta Expedicionaria era de tipo portátil y fue embarcada desde España con destino a Tierra Firme. La Imprenta del Gobierno era de tipos de molde, varias veces recompuesta debido a los múltiples problemas de tipo técnico que enfrentaría a lo largo de su vida útil.
Tamaño del periódico: El Boletín maneja dos formatos estándar que pueden observarse en el Nº1: (15 cm. X 21 cm.) y el Nº9: (30 cm. X 21 cm.).
Describa la composición del periódico: La composición del Boletín no es uniforme. Hasta la publicación en Santafé del número 28º, el 31 de mayo de 1816, por lo general, en el encabezado se encuentra en mayúsculas Exército Expedicionario, seguido del número del Boletín, como denominan la publicación. Debajo de esta inscripción aparece una franja horizontal, que separa el encabezado del cuerpo principal. A renglón seguido, aparece el nombre del cuartel general de publicación y la fecha. Luego se inserta la información principal, que puede, eventualmente, estar precedida por un título. La publicación siempre finaliza con el nombre de la imprenta. Cuando el Boletín comenzó a editarse en Santafé, si bien se mantuvo, en términos generales, la organización anterior, la impresión se hizo más cuidada. Uno de los pocos cambios registrados tiene que ver con el encabezado. A partir de este momento, el nombre de la publicación ocuparía más espacio y el número del boletín aparecería debajo. La franja horizontal se haría más estilizada y se insertaría otra antecediendo un pie de página con el nombre del impresor, el nombre de la imprenta y el año de publicación. La extensión del Boletín varía desde una hoja de tamaño pequeño (15 cm. X 21 cm.) hasta tres de formato grande (30 cm. X 21 cm.). La única excepción sería su último número, que estaría compuesto por trece hojas. Una extensión considerable para la época.
¿Qué tipo de imágenes o gráficas encuentra? En el último número del Boletín aparecen dos balances organizados a manera de cuadros contables sobre algunas jornadas de las tropas del Rey en Venezuela. El primero de ellos se titula «Estado que manifiesta los muertos, heridos, contusos y extraviados que ha habido en la accion del dia 13/ del que rige [julio de 1816] sobre los cerros de Aguacates», y el segundo «Estado de la Esquadrilla salida el 25 de junio de Cumaná/ al mando del Teniente de Navío Don Manuel de Cañas sobre Puerto Cabello» (Nº36:14-IX-1816: s.n.).
Lugares donde se encuentran números del periódico: En la Biblioteca Luis Ángel Arango se encuentran microfilmados los números aquí reseñados. En físico sólo se encuentran los números 25 y 33. La Biblioteca Nacional alberga el mismo trabajo de microfilmación y cuenta en físico con los números 1-5, 7, 9-15, 17, 19-20, 28, 33. Por su parte la Casa del Florero-Museo de la Independencia cuanta en sus repositorios con las entregas: 21- 22, 24-25, 27, 33 (6).
¿Ha sido re-editado posteriormente? No en su totalidad. Sin embargo, en el texto de Manuel Ezequiel Corrales, Documentos para la historia de la provincia de Cartagena de Indias hoy Estado Soberano de Bolívar en la Unión Colombiana se encuentran los números 1-7, 9-17, 24 (7).
Referencias a otras publicaciones periódicas: El Boletín referencia otras publicaciones del continente con el ánimo de informar sobre los acontecimientos de Europa u otros lugares de la monarquía hispánica en América. De esta manera, es a través del Chronicle de Kingston (Nº4:19-IX-1815: s.n.) que se conoce sobre la entrega de Napoleón a los ingleses. Por su parte, la Gazeta de México (Nº21: 17-I-1816: s.n.) y la Gazeta de Caracas (Nº36:14-IX-1816: s.n.) contribuyen con información sobre la guerra entre los ejércitos republicanos y realistas en sus respectivos lugares de origen.
Estudios sobre el periódico: Un artículo de Antonio Cacua Prada titulado «Don Pablo Morillo, ¿periodista?» ofrece alguna información útil sobre la publicación y transcribe los números 1 y 24 (8).
Observaciones particulares: El Boletín no se encuentra paginado. Faltan los siguientes números: 8, 18, 23, 26, 29, 31.
II. Narrativa y análisis
El Boletín del Exército Expedicionario se encuentra profundamente ligado a la campaña de reconquista del ejército realista en la Nueva Granada. Ciertamente, se constituía en su medio de comunicación oficial. Su vocero autorizado. Los diferentes lugares de su publicación dan cuenta de la avanzada misma de las tropas expedicionarias, desde Santa Marta hasta Santafé. En este sentido, las órdenes del Rey eran inequívocas con respecto a la pacificación de Tierra Firme: «La tranquilidad de Caracas, la ocupación de Cartagena de Indias y el auxiliar al Gefe que mande en el Nuevo Reyno de Granada, son las atenciones principales ó las primeras de que se ocupará la expedición», todo ello procurando «el menor derramamiento de sangre de sus amados vasallos, sin excluir del número de vasallos á los extraviados de aquellas vastas regiones de América» (Rodríguez 1908: II: 437-438).
A partir de una estrategia que combinaba indistintamente la pluma y la espada, Pablo Morillo pensaba llevar a cabo esta empresa real. Así, antes de partir desde Caracas hacia las costas cartageneras prometía a los neogranadinos la restitución del orden perdido a cambio de su obediencia al Rey. Su expedición traería paz y prosperidad a todo el Nuevo Reino: «me lisonjeo de que aprovechareis mi venida, y os reuniréis al rededor del trono del mas deseado de los Reyes, y entónces cesarán vuestros males» (9). En idéntico sentido, días antes del desembarco de las huestes realistas en Santa Marta el 23 de julio de 1815, Morillo, a través del general americano José Domingo Duarte, ratificaba su invitación a los neogranadinos, no sin antes recordarles las cualidades del Ejército a su mando:
Una expedición de quince mil guerreros españoles al mando de un General, que merece dignamente este nombre, después de haberse señalado en las victorias que salvaron la España de la opresión de un bárbaro usurpador, os convida, y no exige mas triunfo que el que vosotros mismo debais conseguir de vuestras desgracias, volviendo voluntariamente al seno de una madre patria, á quien en medio de vuestros delirios, habeis insultado, pero que olvida sus agravios, y os llama con ternura á disfrutar de la paz y tranquilidad que habeis perdido en cinco años de furor, de confusión y de anarquía (10).
Justamente, dar cuenta del fin paulatino del desorden republicano y registrar la vuelta de los neogranadinos al seno de la «madre patria» era uno de los propósitos del Boletín. De esta manera, su primer número saldría a la luz el 22 de agosto de 1815, en Palenquillo, cerca de Cartagena, seis días después de que se avistaran en sus costas las velas de los buques reales (Nº13:22-X-1815: s.n.) y una vez comenzado el bloqueo marítimo de la ciudad (Nº1: 22-VIII-1815: s.n.). Si bien no existe un programa editorial que señale de manera explícita los objetivos y límites de la publicación, a partir de una lectura cuidadosa de sus páginas es posible adelantar un esbozo de sus presupuestos discursivos. La información publicada allí era únicamente de carácter oficial, producto de disposiciones del gobierno monárquico, partes de guerra y prensa extranjera. Así, no se daría a la imprenta información no confirmada debido a «los incidentes que ocurren quando se pelea», pues «todos los días llegaban noticias favorables á la causa de los fieles vasallos de S.M. pero el General en Xefe [Pablo Morillo], constante en su principio de no dar al público sino lo seguro, no ha permitido se publique cosa alguna hasta tenerlo de Oficio» (Nº36:14-IX-1816: s.n.). Los realistas creían en el poder de la palabra escrita. Ante los eventuales embustes de los republicanos, «armas bien miserables y propias de los que viven sobre el engaño de los Pueblos»(Nº1: 22-VIII-1815: s.n.), esgrimían la información consignada en la publicación arguyendo que «no se puede formar una idea de estos sucesos, sino teniendo a la vista los partes que los contienen» (Nº36:14-IX-1816: s.n.). El Boletín se pensaba como una ventana transparente a los sucesos de la guerra. Sus páginas permitirían establecer a los lectores lo que verdaderamente ocurrió. Es notorio el afán por narrar, por fijar la versión verdadera: «no puedo pasar en silencio», afirmaba un oficial realista al relatar los hechos (Nº25:16-III-1816: s.n.). Así, no se trataba únicamente de vencer en el campo de batalla. Era necesario convencer, tanto a los afectos a la causa republicana como a los mismos realistas, de la inminente reconquista de la Nueva Granada.
El Boletín era un proyecto eminentemente castrense. Una exposición abierta de ciencia militar. Un arma de lucha fundamental encaminada a legitimar la campaña de reconquista, facilitar la comunicación entre las tropas y combatir la propaganda republicana forjando una propia. La narración de las batallas y los sucesos protagonizados por los ejércitos realistas en la Nueva Granada ocupan buena parte de sus páginas. En este sentido, es posible afirmar que el Boletín tenía un carácter fuertemente acontecimental. Inicialmente, se ocuparía de la situación de la costa norte neogranadina. Al tiempo que la publicaciónregistraba la jura de fidelidad a Fernando VII en distintas poblaciones (Nº2: 27-VIII-1815: s.n.), daba cuenta de la creciente asfixia de la resistencia cartagenera. Los primeros días de septiembre se concretaría el bloqueo terrestre de la plaza. Mientras el brigadier Pedro Ruiz de Porras tomaba Mompox con el ánimo de cortar el tráfico por el río Magdalena e incomunicar la ciudad con el interior, la división comandada por el brigadier Francisco Tomás Morales, después de someter los pueblos cercanos, ocupaba la isla de Barú (Nº5: 20-IX-1815: s.n.). Semanas después, los republicanos, capitaneados por el general Juan Nepomuceno Eslava, al intentar apoderarse de la fragata española Ifigenia,sufrirían allí considerables pérdidas (Nº7:26-IX-1815:s.n.). Un día después, el 23 de septiembre, destacados líderes revolucionarios fueron apresados y dados de baja cerca del río Sinú, producto de «los esfuerzos que ha hecho esta tropa para dar un día de gloria al Rey» (Nº9: 3-X-1815: s.n.). Casi al mismo tiempo, durante una expedición fuera de la ciudad en busca de víveres e información, encargada al capitán Francisco Sanarrucia por el comandante de la plaza Manuel del Castillo y Rada, las tropas realistas vencieron de nuevo: «la mortandad que sufrió el enemigo, fue considerable, pereciendo muchos ahogados, y quedando el resto en nuestro poder». De esta manera, el objetivo se había cumplido: «destruir el plan que se tenía propuesto el gobierno de Cartagena, borrando del número de monstruos que han afligido a la humanidad al asesino Sanarrucia» (Nº11: 7-X-1815: s.n.) (11).
El 11 de noviembre, día de gran valor simbólico para los republicanos de la ciudad, los realistas intentaron fallidamente ocupar el Cerro de la Popa. No obstante, ese mismo día consiguieron tomar la isla de Tierrabomba y estrechar definitivamente el bloqueo marítimo, «quitar este recurso al enemigo, privarle de la pesca de la bahía, y aislar los ataques de la plaza de los de los castillos, sin que puedan socorrerse con tropas ó víveres si no con gran riesgo» (Nº16: 14-XI-1815: s.n.). Una vez llevado a cabo el cerco, la ciudad fue bombardeada el 30 de noviembre. Cartagena hambrienta, apestada y hostigada se rendiría a las armas realistas el 6 de diciembre. Así, la impresión del Boletín en el cuartel general de la ciudad se constituía en un triunfo en sí mismo para los realistas. La evidencia de la victoria total. Un buen presagio para el futuro.
Sin embargo, la información sobre la toma de la ciudad no se hizo oficial a través de la publicación. Mientras el jefe del ejército realista permaneció en Cartagena no hubo referencia alguna en sus páginas sobre la situación de los vencidos. Una vez Morillo marchó para Mompox fue publicada la noticia sobre la ejecución de los líderes revolucionarios, llevada a cabo el 24 de febrero de 1816. Después de mencionar sus nombres, el Boletín agregaba: «pudieron estos delinqüentes haber gozado del indulto general que S.M. con tanta clemencia concedió; pero la presunción y las falsas ideas sobre el estado de la España los engañó apelando después a disculparse con alegatos falsos y débiles» (Nº24:29-II-1816:s.n.) (12). Los siguientes números de la publicación vieron la luz en Ocaña y Bucaramanga conforme las tropas que seguían a Morillo arribaban a estas poblaciones. En la primera, éste publicaría un indulto que comprendía a los capitanes y subalternos que depusieran las armas y se entregaran con la tropa a su cargo en toda la Nueva Granada. Un indulto que exasperaría los ánimos de los principales historiógrafos patrios por una sencilla razón: también ofrecía la libertad a los esclavos que se levantaran contra sus amos. Un indulto poco respetuoso del orden social. Sin importar los recursos, los realistas habían venido a ganar la guerra (13).
Mientras se efectuaba el asedio de Cartagena, y con el fin de someter rápidamente las demás regiones pobladas de la Nueva Granada, Morillo había establecido que la campaña de invasión se llevara a cabo de manera simultánea en diferentes frentes. Así, el Boletín se encargaría no sólo de cubrir el acontecer de las tropas a su mando sino del desarrollo de la guerra a lo largo y ancho del Reino. La reconquista de Antioquia, encomendada a las tropas del coronel Francisco Warleta, era una de las prioridades de los realistas. En un parte de guerra fechado el 20 de octubre de 1815, el capitán Vicente Sánchez Lima, tras tomar la población de Nechí, hacía entrega a Morillo de las «llaves» de la provincia (Nº14: 29-X-1815: s.n.). Pronto fueron tomadas Simití, Zaragoza y Medellín, donde, el 7 de abril de 1816, Warleta entraba «en medio de las aclamaciones y á ruego de los pueblos», dando por terminada «una campaña, pronta, brillante, [y] de unas consecuencias incalculables» (Nº14: 29-X-1815: s.n.) (Nº15:1-XI-1815: s.n.) (Nº17: 18-XII-1815: s.n.) (Nº19: 7-I-1816: s.n.) (Nº27:13-V-1816: s.n.).
Días después de la toma de Cartagena, mientras el coronel Julián Bayer se adentraba en territorio chocoano, sus fuerzas capturaron en las bocas del Atrato a 130 emigrados de la ciudad, gracias a la información reportada por los indios de la Bahía de la Candelaria (Nº22:18-I-1816: s.n.). Pronto su expedición se dirigiría desde Quibdó hasta las inmediaciones de Cali para llegar después a Popayán (Nº30:23-VI-1816: s.n.). Mientras tanto, desde Venezuela, el coronel Sebastián de la Calzada se dirigía hacia los valles de Cúcuta, donde se enfrentaría con las fuerzas de Urdaneta y tomaría la ciudad de Pamplona el 28 de noviembre de 1815: los republicanos debieron, entonces, replegarse al interior del Reino (Nº5: 20-IX-1815: s.n.) (Nº17: 18-XII-1815: s.n.) (Nº22:18-I-1816: s.n.). En febrero de 1816, Calzada le escribía a Morillo desde Piedecuesta dando cuenta de la derrota del ejército republicano comandado por el general Custodio García Rovira en el páramo de Cachirí. Girón, Bucaramanga y la provincia de El Socorro habían sido sometidas. En esta última, Calzada debía esperar al coronel Miguel de Latorre, quien venía desde Ocaña, para arribar juntos a la Sabana de Bogotá (Nº25:16-III-1816: s.n.). El asalto a la capital era cuestión de días (Nº27:13-V-1816: s.n.).
El 6 de mayo Santafé fue tomada por Calzada y Latorre «en medio de las bendiciones del Pueblo». Morillo, después de pasar por El Socorro, Ubaté y Zipaquirá, entraría el 26 evitando todo tipo de recibimientos especiales (14). «Como la clemencia es la virtud característica del Monarca», el 30 de mayo, en medio de la jura de vasallaje a Fernando VII en la ciudad, el jefe del ejército pacificador publicaría otro indulto, tras el estruendoso fracaso del promulgado en Ocaña. El Boletín saldría a la luz pública un día después, dando cuenta de estos acontecimientos y de la avanzada del ejército sobre otros puntos del Reino. Una muestra irrefutable de la capacidad de triunfo de las tropas del Rey, quizá sólo superada por «las pruebas mas convincentes del entusiasmo y placer con que los Pueblos se apresuraban á manifestar su regocijo, al ver restablecido con la llegada de S.E. [Morillo] y del Exército a su mando, el deseado Gobierno del Soberano, en que habían sido tan felices» (Nº28:31-V-1816: s.n.) (15). Ciertamente, la toma de Santafé, percibida como el centro ordenador del espacio simbólico neogranadino, garantizaba la reconstrucción del orden institucional perdido desde 1810, al tiempo que se daban las últimas puntadas de la campaña expedicionaria en el Reino, que para el Boletín, en términos generales, iba llegando a su fin. Por ello, a partir de la ocupación de la capital, se empeñaría en subrayar el carácter imparable del ejército realista. Las noticias sobre las juras de fidelidad a Fernando VII en Natagaima y en algunas poblaciones de los Llanos de San Martín (Nº30:23-V-1816: s.n.) y el relato detallado de la batalla de la Cuchilla del Tambo, que permitiría a los realistas entrar en Popayán y, posteriormente, tomar La Plata, darían cuenta del cumplimiento de los objetivos trazados desde Madrid con respecto al Nuevo Reino. Sólo faltaban los Llanos de Casanare. La futura obsesión de Morillo (Nº32:17-VII-1816: s.n.) (Nº33:18-VII-1816: s.n.) (Nº34:27-VII-1816: s.n.).
Justamente, la campaña del sur había permitido al Boletín subrayar la importancia no sólo de la captura de los oficiales del ejército republicano sino de la extinción de los «enemigos» ilustrados, considerados los «cabecillas alucinados» de la Revolución, sus principales responsables. En este sentido, la publicación recordaría con ironía la captura de Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Manuel Rodríguez Torices y el Conde Casa-Valencia, entre otros, en Popayán, producto de la huída del corsario inglés William Brown, quien debía recogerlos en Buenaventura. Simplemente, éste no los había aguardado. El Conde esperaba aún la restauración de una corbeta, «se interesa porque se verifique, para facilitar su viaje; pero parece imposible; también viene a embarcarse el Dr. Caldas con otros de Caracas, y se han quedado burlados. En Popayán se halla don Camilo Torres. El General de Antioquia, y una porción de mandones de primera» (Nº35:1-VIII-1816: s.n.). De esta manera, al poner en evidencia el engaño de Brown a los republicanos, la publicación resaltaba el oportunismo de mercenarios extranjeros, la pretendida inmanencia de la justicia real y el naufragio del gobierno republicano. A los enemigos de la monarquía sólo les restaba entregarse (16).
Sin embargo, el Boletín no se agotaba en el acontecer de la Nueva Granada. En este sentido, las noticias sobre Venezuela destacan por su importancia. La publicación se empeñaba en subrayar continuamente «la tranquilidad y mejor orden que felizmente disfrutan aquellas hermosas provincias» (Nº2: 27-VIII-1815: s.n.). La guerra librada allí había permitido la restitución de la economía: «son numerosos los convoyes de frutos que cada 15 días salen para España de varios puntos de Venezuela» (Nº2: 27-VIII-1815: s.n.). Tras cerca de un año de enfrentamientos militares ahora «reynaba en Caracas la mayor tranquilidad, y solo se ocupan sus habitantes de su agricultura y comercio» (Nº28:31-V-1816: s.n.). Era tal la incidencia de la situación venezolana en la guerra de reconquista librada en la Nueva Granada, que el último numero del Boletín, inusitadamente largo (trece hojas), era dedicado en exclusiva al enfrentamiento militar entre los realistas y las tropas bolivarianas en la isla Margarita y los valles de Aragua. Se trataba de dar cuenta de la «historia completa de esta empresa del sedicioso Simón Bolívar». Para ello, la publicación seguiría el desarrollo cronológico de los partes de guerra publicados previamente en la Gazeta de Caracas, y enviados por elcapitán general Salvador de Moxó a Morillo. La preparación de la expedición de Bolívar en los Cayos de San Luis en Haití; su desembarco en Margarita el 2 de mayo de 1816; el posterior enfrentamiento entre sus tropas y los realistas de la isla; y su repliegue a Cumaná y las batallas con el brigadier Morales son retratadas con detalle por la publicación.Según el Boletín, la expedición de Bolívar en Venezuela había producido, además de la «aniquilación» de los rebeldes, «el desengaño para los que ocultamente esperaban un nuevo orden de cosas, el medio para conocer los malos en Venezuela, y mas que todo para poner en evidencia los deseos de aquellos habitantes, que es el amor al gobierno de S.M.» (Nº36:14-IX-1816: s.n.).
Para el Boletín, la Nueva Granada y Venezuela, gracias a la campaña pacificadora, se integraban en un movimiento de restauración monárquica más amplio, liderado por España y Francia en Europa (17). Por ello, no es casualidad que la única noticia no procedente de América o de la Península tuviera que ver con la situación de Napoleón. Su entrega a las autoridades británicas fue publicada en su momento en el cuartel general de Torrecilla, cerca de Cartagena, quizá con el ánimo de persuadir a sus habitantes de la posible suerte que podían correr si se empeñaban en resistir al cerco del ejército realista. La Revolución no podía ser una empresa exitosa ni en América ni en el Viejo Continente. Por información extraída del Chronicle de Kingston, «que nos ha traido la Fragata de S.M.B., la Juno», se sabía que el emperador francés había capitulado el 14 de julio de 1815. Napoleón, muy a tono con lo que se esperaba de los vasallos rebeldes de Fernando VII, escribía al príncipe regente de Inglaterra: «En vista de las facciones que dividen mi Pais y la enemistad de las mas grandes potencias de Europa, he terminado mi carrera política y vengo como Temístocles, me entrego al Pueblo Británico, y me someto á la protección de sus leyes, que reclamo de V.A.R. como el mas poderoso, el mas constante y el mas generoso de mis enemigos» (Nº4:19-IX-1815: s.n.). La historia de Napoleón era una especie de fábula ejemplarizante: los enemigos de la Monarquía nunca triunfaban. Una imagen especular de los americanos.
De esta manera, la guerra emprendida por la monarquía hispánica, tanto en Europa como en América, dejaba una enseñanza y señalaba la evidencia: la justeza de las pretensiones de Fernando VII, apuntaladas, en buena medida, por el correcto accionar de sus tropas en la Nueva Granada. El Boletín quería proyectar una imagen favorable de los ejércitos realistas con el fin de ganar adeptos para su empresa. Así, se esforzaba por demostrar que éstos habían llevado a cabo la guerra de pacificación de manera regular, buscando en lo posible «evitar la efusión de sangre», siguiendo las órdenes regias. Por ello, antes de algunos enfrentamientos publicaban indultos y aceptaban la mediación de los representantes de la Iglesia católica en el conflicto (Nº15:1-XI-1815: s.n.). Cuando herían a los republicanos los llevaban a sus hospitales (Nº1: 22-VIII-15: s.n.) y en el caso de alguna posibilidad de ahogo intentaban socorrerlos (Nº3: 27-VIII-15: s.n.). Las tropas del Rey se querían disciplinadas. Los soldados encontrados culpables de prácticas irregulares, como robo y deserción, eran pasados por las armas (Nº32:17-VII-1816: s.n.), mientras que sus mejores hombres se constituían en los portavoces privilegiados del discurso de fidelidad regio: cuando se lanzaban al campo de batalla lo hacían en nombre de Fernando VII. «Viva el Rey» se constituía en la voz que insuflaba valor y decisión a sus actos (Nº15:1-XI-1815: s.n.), y junto con «vivan nuestros hermanos», señalaba el final de la revolución en los pueblos reconquistados (Nº25:16-III-1816:s.n.). Así, las tropas realistas estaban acostumbradas a «derramar su sangre en defensa de su Rey» (Nº25:16-III-1816:s.n.). Una acción ciertamente digna de publicidad. Por ello, el Boletín apartaba ciertos espacios para enaltecer su labor en el campo de batalla y comunicar las condecoraciones concedidas a los más valerosos (Nº27:13-V-1816: s.n.) (Nº30:23-VI-1816: s.n.) (Nº32:17-VII-1816: s.n.). Un pequeño panteón de héroes efímeros.
Sin embargo, para que la labor ideológica del Boletín se encontrara completa era preciso que girara su espiral discursiva. Hablar de los republicanos. Señalar la asimetría fundamental entre éstos y los fidelistas. Así, una estrategia recurrente de deslegitimación del ejército republicano sería negarle tal estatus. En este sentido, la devaluación de sus prácticas militares resultaba efectiva. No eran más que una «gavilla rebelde» dada al saqueo y la huida (Nº15:1-XI-1815: s.n.). «Una pandilla», «una horda de hombres delinqüentes, que hostigados de sus crímenes viven errantes afligiendo á los buenos, y llenando de oprobio á la humanidad». Un ejército que no representaba al pueblo, que sembraba la amargura y la infelicidad por doquier (Nº32:17-VII-1816: s.n.). Para la publicación, los ejércitos republicanos, además de ser capitaneados por hombres inmorales y poco capaces, «solo existen en el papel para engañar y conducir al precipicio á los incautos habitantes de la América» (Nº5: 20-IX-1815: s.n.). Aunque para el Boletín también existían en la práctica. Con frecuencia, se reconocían por sus actos. Términos como «incendiarios», «asesinos», «ladrones», se intercambiaban sin problema para calificarlos. Bolívar era el sedicioso por antonomasia. Sus costumbres se proyectaban sobre sus hombres: «el cobarde y débil Bolívar dexó el campo con la anticipacion que acostumbra, y á imitacion le siguieron sus sequaces, dexando por todo el camino de Ocumare señales convincentes del terror pánico conque huían». Un ejército indisciplinado, aunque se encuentren en sus campamentos papeles con el «orden del día». A partir de todo ello, la conclusión del Boletín era lapidaria: el Estado imaginado por los independentistas era una quimera: tan sólo un «soñado Estado» (Nº36:14-IX-1816: s.n.).
En este contexto de guerra el manejo de información era clave. Permitía la comunicación entre pares, despistar al enemigo y adelantarse a las probables maniobras futuras de los contrincantes. Durante el enfrentamiento, las embarcaciones que atracaban en los puertos locales, además de proveer víveres y armamento, traían información valiosa del exterior. Y no sólo se trataba de los barcos autorizados a echar anclas, pues Morillo supo de la expedición de Bolívar desde Haití hacia las costas de Venezuela gracias a la correspondencia capturada en algunos buques durante la toma de Cartagena (Nº36:14-IX-1816: s.n.). Asimismo, los espías se constituían en vectores privilegiados de información, advertían sobre las condiciones del enemigo y permitían asentar golpes importantes (Nº2: 27-VIII-15: s.n.). La necesidad de información era apremiante. Incluso, se podía arriesgar la vida misma para conseguirla. Así, el Boletín registraba la ansiedad experimentada por los cartageneros frente a la ignorancia de lo que pasaba en el resto de las provincias. Aquello le permitía afirmar a la publicación que en la expedición fallida de Sanarrucia fuera de la ciudad, los rebeldes «se dirigieron á buscar víveres á la Costa, afirmar hombres, llevar proclamas y boletines, y sobre todo á saber lo que pasaba fuera de la Plaza» (Nº10: 6-X-1815: s.n.).
De esta manera, la correspondencia, los partes de guerra y los oficios de los rebeldes se constituían en importantes botines de guerra. En uno de los enfrentamientos, los realistas habían incautado a los republicanos de Cartagena, además de armamento y vituallas, «las instrucciones del gobierno rebelde a Sanarrucia, las proclamas para alucinar á los habitantes del interior, los boletines de Cartagena ilustrados por su Xefe de Estado Mayor Montilla, una proclama de Castillo fundada en la muerte que el General en Xefe [Morillo] ha dado según dice á 400 caraqueños antes de abandonar á Venezuela refugiándose á Sta. Marta con 3000 hombres porque este Exército, dice, ha salido batido en todas partes y aniquilado, y aquí venimos huyendo» (Nº11: 7-X-1815: s.n.). Así pues, también se trataba de una guerra de papel. Por ello, no toda la información capturada era confiable. Un manejo oportuno de ésta podía permitir ventajas importantes sobre los «enemigos». Mientras las tropas de Morillo se encontraban en Mompox «se recibieron nuevas noticias de que la Expedicion rebelde compuesta de 3000 hombres, quería desembaracar en Santa Marta á lo que se dió tan poco asenso que se previno á la Compañía de Cazadores de la Union, siguiese su marcha desde el Valle Dupar, al Hacha, y por la Guagira a Maracaibo» (Nº36:14-IX-1816: s.n.). Esta información permitía a los realistas estar al tanto no sólo de los movimientos de los republicanos sino saber qué tipo de relatos circulaba sobre ellos mismos. Justamente, desvirtuar esta información era uno de los objetivos del Boletín. Y un medio recurrente para conseguirlo era publicar estos mismos oficios y cartas y señalar, en algunas oportunidades, «la arbitrariedad y el engrandecimiento» de los republicanos: «la falacia con que ocultándoos la verdadera situación de las cosas, os alucinaban con viles y seductoras patrañas» (Nº12: 15-X-1815: s.n.).
Sin duda, estos flujos de información también se veían afectados por las condiciones geográficas y climáticas de la región. De esta manera, lo último que supo Morillo sobre la expedición de Bolívar a Margarita fue la derrota del ejército republicano. Luego, «en este estado la comunicación de este Vireynato con Caracas se cortó por el invierno», y los oficios del ejército realista se interrumpieron (Nº36:14-IX-1816:s.n.). Sin embargo, aquello que se había interrumpido eran los partes de guerra oficiales porque la información seguía llegando procedente de Maracaibo, en oficios de su Gobernador, quien a su vez, recibía algunas relaciones desde Curazao y de «personas fidedignas» de Puerto Cabello (Nº36:14-IX-1816:s.n.). Morillo tuvo que esperar hasta septiembre para recibir la información oficial por parte del capitán Moxó. Precisamente, la ciudad de Maracaibo, además de apoyar la labor del ejército realista en la Nueva Granada con algunos envíos de vestuario y municiones (Nº22:18-I-1816: s.n.), parece haber sido una de las principales proveedoras de información durante la campaña en Cartagena, pues la noticia sobre la captura de los revolucionarios en México había sido enviada por el Gobernador de la ciudad, el Coronel Villa, a Morillo, quien dio vía libre para su publicación en el Boletín (Nº21:17-I-1816: s.n.).
En este punto, es necesario insistir en que toda esta retórica excluyente de la guerra era escrita a partir de un lenguaje que se quería profundamente monarquista. Para los realistas, el único posible y deseable en América. Por ello, la publicación no tenía problema en insertar partes de guerra de otros puntos de la monarquía hispánica sin ninguna explicación adicional. El «enemigo», término acuñado con altísima frecuencia por el Boletín, era uno solo: la insurgencia republicana, que con sus ideas de libertad, igualdad y soberanía nacional venía a transformar un orden confeccionado por Dios, y en esa medida atentaba contra la armonía cósmica que había garantizado por cerca de trescientos años la tranquilidad para América. De esta manera, los realistas asentados en la Nueva Granada celebraban con igual entusiasmo la captura de importantes revolucionarios en México (Nº21:17-I-1816: s.n.) o las victorias de las tropas del Rey en el extenso territorio del Virreinato del Perú (Nº20:11-I-1816: s.n.) (Nº24:29-II-1816: s.n.). Se trataba de una misma lucha. Una lucha de opuestos, con frecuencia asimilada a la eterna batalla entre el bien y el mal morales. México, Lima, Maracaibo y Cartagena se encontraban unidas por el sentimiento de lealtad regia que se manifestaba en un discurso común, rico en adjetivos, atrapado en un binarismo que reforzaba las diferencias y negaba a los republicanos lo que atribuía a los realistas y viceversa. Un lenguaje que intentaba restaurar la situación previa a la Revolución.
Volver al Antiguo Régimen. Quizá una manera efectiva para ello era señalar, por ejemplo, las diferencias entre las castas como contradictoria con el sistema republicano y constitutiva de la idiosincrasia de la Nueva Granada y Venezuela. La igualdad, decretada con cautela por algunos sectores revolucionarios, se disolvía precisamente en las diferencias raciales y en las distancias sociales. La Revolución no había cambiado nada. Según el Boletín, durante la reconquista de Venezuela «todos han corrido á las armas, para defender el deseado y benéfico dominio del Rey», «no siendo menos fieles los negros á quienes el bandido Bolívar concedió la libertad» (Nº36:14-IX-1816:s.n.). De hecho, mientras la publicacióncantaba las victorias realistas no perdía oportunidad alguna para reforzar el orden colonial señalando la adscripción racial de los combatientes. Su énfasis en términos como «zambo», «negro» «pardo» e «indio» ponía en evidencia que toda igualdad distinta a las distinciones era una empresa quimérica. Así, en los partes de guerra eran moneda corriente aseveraciones del tipo: «entre los prisioneros se ha cogido por José María Moreno, Zambo de Ayapel, al infame asesino negro llamado Isidro de la Cuesta» (Nº15:1-XI-1815: s.n.), o «algunos de ellos fueron muertos á palos por los Indios de Piagua» (Nº34:27-VII-1816: s.n.). La Nueva Granada era aún una sociedad fuertemente jerarquizada en términos raciales. Campo fértil para una monarquía cimentada en las pretendidas diferencias naturales entre los individuos
En lo que respecta a los lectores del Boletín,es muy probable que encontrara sus más asiduos lectores en la alta oficialidad del ejército realista y en los sectores letrados del gobierno monárquico. En algún momento, el Boletín afirmaba que publicaba algunos partes de guerra para «satisfacción de la Expedicion Pacificadora» (Nº36:14-IX-1816: s.n.). Una satisfacción generada por la lectura de sus páginas, que debía afianzar la fidelidad regia en las tropas a través de la lectura comunitaria, pues de aquéllas debía desprenderse «la complacencia de saber que donde se halla qualquier parte de sus fuerzas, se halla el valor, el entusiasmo, la fidelidad y el sosten del mas amádo de los Reyes» (Nº36:14-IX-1816: s.n.). El Boletín se configuraba como una herramienta útil, que permitía a los principales del ejército realista tener conocimiento sobre la situación de sus pares. Así, en un parte de guerra de Morales a Morillo se agregaba: «todo lo que se pone en conocimiento del Exercito y marina para que conozcan la pequeñez del enemigo con que tienen que combatir» (Nº3: 27-VIII-1815: s.n.). No obstante, la publicación también contaba con los republicanos como lectores potenciales. De hecho, uno de sus objetivos más acuciantes era lograr introducirse en las filas enemigas para desmoralizar su accionar. Los republicanos debían ser advertidos de lo desigual de su lucha al tiempo que los realistas hacían gala de sus fuerzas con el propósito de conseguir su retiro del campo de batalla. Según Restrepo (1969: II: 61-62), Morillo procuraba esparcir sus publicaciones y proclamas sobre todo entre los independientes, buscando su retorno a la monarquía hispánica. En todo caso, e independientemente de su filiación política, el Boletín se dirigía especialmente a los «americanos», con el fin de evidenciar las bondades del gobierno monárquico: «la paz, el orden, y todos los bienes que os ofrece vuestro legítimo Soberano, el deseado Fernando» (Nº12: 15-X-1815: s.n.). Así pues, durante la campaña expedicionaria todo parecía indicar el éxito de las armas del Rey. El Boletín, a su manera, agenciaba la contrarrevolución. Una vez Morillo consideró que la campaña de reconquista, en términos generales, había finalizado, la publicación llegó a su fin. Reeducar a los «americanos» en la fidelidad regia les correspondería ya a la Gazeta Real de Cartagena de Indias y a la Gazeta de Santafé, Capital del Nuevo Reyno de Granada (18).
Bibliografía Referenciada
Albi, Julio. Banderas olvidadas: el ejército realista en América. Madrid, Ediciones de Cultura Hispánica, 1990.
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Chaparro Silva, Alexander. «Ficha de descripción y análisis del periódico Gazeta de Santafé, Capital del Nuevo Reyno de Granada (1816-1817)».
Chaparro Silva, Alexander. «Ficha de descripción y análisis del periódico Gazeta de Santafé, Capital del Nuevo Reyno de Granada (1818-1819)».
Corrales, Manuel Ezequiel. Documentos para la historia de la provincia de Cartagena de Indias hoy Estado Soberano de Bolívar en la Unión Colombiana, Tomo II. Bogotá, Imprenta de Medardo Rivas, 1883.
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Medina, José Toribio. Historia de la Imprenta en los antiguos dominios españoles de América y Oceanía. Tomo II. Santiago de Chile, Fondo Histórico y Bibliográfico José Toribio de Medina, 1958.
Quintero Saravia, Gonzalo. Pablo Morillo: General de dos mundos. Bogotá, Planeta, 2005.
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Rodríguez Villa, Antonio. El teniente general don Pablo Morillo, primer conde de Cartagena, marqués de La Puerta, Tomo III, Madrid, Establecimiento Tipográfico de Fortanet, 1908.
Semprún, José, y Bullón de Mendoza, Alfonso. El ejército realista en la independencia americana. Madrid, Editorial Mapfre, 1992.
Sevilla, Rafael. Memorias de un oficial del ejército español: campañas contra Bolívar y los separatistas de América. Madrid, Editorial América, 1916.
Stoan, Stephen K. Pablo Morillo and Venezuela 1815-1820. Columbus, Ohio State University Press, 1974.
Alexander Chaparro Silva
Línea de Investigación Opinión Pública e Independencia (Director Ph. D. Francisco A. Ortega)
Programa Nacional de Investigación Las Culturas Políticas de la Independencia, sus memorias y sus legados: 200 años de ciudadanías
Universidad Nacional de Colombia
NOTAS
1. Para un recuento biográfico sobre Pablo Morillo puede verse Rodríguez Villa, Antonio. El teniente general don Pablo Morillo, primer conde de Cartagena, marqués de La Puerta. Tomo I. Madrid, Establecimiento Tipográfico de Fortanet, 1908; Stoan, Stephen K. Pablo Morillo and Venezuela 1815-1820. Columbus, Ohio State University Press, 1974; Quintero Saravia, Gonzalo. Pablo Morillo: General de dos mundos. Bogotá, Planeta, 2005.
2. A partir de la lectura del Boletín, y de la bibliografía primaria y secundaria aquí citada, no ha sido posible establecer algunos datos referidos a la impresión de la publicación antes de la llegada de Morillo a Santafé, es decir mientras se imprimió en la llamada Imprenta Expedicionaria. La información sobre los colaboradores de la publicación, el primer impresor y la misma imprenta es escasa.
4. Para información sobre la Imprenta Real de Antonio Espinosa de los Monteros, que heredaría su hijo Bruno, puede consultarse Medina, José Toribio. Historia de la Imprenta en los antiguos dominios españoles de América y Oceanía. Tomo II. Santiago de Chile, Fondo Histórico y Bibliográfico José Toribio de Medina, 1958. pp. 239-245; Cacua Prada, Antonio. Historia del periodismo colombiano. Bogotá, Fondo Rotatorio Policía Nacional 1968. pp. 38-46; Cacua Prada, Antonio. Orígenes del periodismo colombiano. Bogotá, Kelly, 1991. pp. 35-44; Garzón Marthá, Álvaro. Historia y catálogo descriptivo de la imprenta en Colombia. Bogotá, Nomos Impresores, 2008. pp. 39-43.
5. La Imprenta Expedicionaria no sólo se utilizaría para estampar el Boletín. También daría a luz, de manera simultánea, múltiples bandos y proclamas realistas. Algunos de estos, producidos en particular por esta imprenta, pueden consultarse en la Sala de Libros Raros y Manuscritos de la Blaa, Signatura 12780. Miscelánea. 1505, Piezas 93-96, y en Rodríguez Villa, Antonio. Op. Cit., Tomo II, pp. 563-590.
6. Pueden consultarse en físico en la Sala de Libros Raros y Manuscritos de la Blaa, Signatura 12780. Miscelánea. 1505. Piezas 169 y 170, y en la Biblioteca Nacional en el Fondo Pineda 834. Piezas 8 y 10.
7. Corrales, Manuel Ezequiel. Documentos para la historia de la provincia de Cartagena de Indias hoy Estado Soberano de Bolívar en la Unión Colombiana, Tomo II. Bogotá, Imprenta de Medardo Rivas, 1883.
8. Cacua Prada, Antonio. «Don Pablo Morillo, ¿periodista?», en Boletín Cultural y Bibliográfico, Vol. VIII,Nº11, Bogotá, Banco de la República, 1965. pp. 1644-1650. El artículo de Cacua aparece reproducido en Cacua Prada, Antonio. Op. Cit. 1968. pp. 82-87, y Cacua Prada, Antonio. Op. Cit.Bogotá, Kelly, 1991. pp. 245-254.
9. La proclama sería insertada cerca de un año después en la publicación realista Gazeta de Santafé (Nº2:20-VI-1816: 11) como una prueba de las buenas intenciones de Morillo para con los neogranadinos. También puede consultarse el texto original en Rodríguez Villa, Antonio. Op. Cit., Tomo II, pp. 467. A los pocos días de conocida esta proclama en las costas de la Nueva Granada, fue reimpresa y comentada de manera ácida por algunos republicanos denunciando el despotismo de España y prometiendo «circularla no solo por la Nueva Granada sino por todo el continente columbiano, en testimonio del vivo interés que nos inspira». Segunda Proclama del General Morillo en Venezuela. Anotada como la primera por un independiente. Cartagena de Indias, Imprenta del Gobierno por Manuel González y Pujól, 1815. Sala de Libros Raros y Manuscritos de la Blaa, Signatura 12780. Miscelánea. 1505, Pieza 91.
10. Al igual que la anterior, esta proclama aparecería cerca de un año después en la Gazeta de Santafé (Nº4: 4-VII-1816: 25-28); según el Editor de la publicación, el clérigo Juan Manuel García Tejada del Castillo, la original reposaba en los anales del Gobierno Insurgente. En el encabezado de la comunicación se puede leer: «La siguiente proclama es de un Americano, que nacido en la ciudad de Yucatán del Reino de México, residió en esta de Santafé en tiempo del Ilmo. Señor Virey D. Antonio Caballero y Góngora, y dictó lecciones de Filosofía en el Colegio Seminario de San Bartolomé; él conoce bien el carácter dócil de nuestros pueblos; y afirma una verdad quando dice: que solo la seducción pudo haberlos separado de la Matriz, y de la obediencia debida a nuestro católico Monarca». Que Morillo eligiera a Duarte para dirigirse a los neogranadinos no puede interpretarse como una mera coincidencia. Sin duda, un americano que había hecho carrera en la burocracia monárquica se constituía en la prueba fehaciente de que los reclamos de los republicanos sobre la discriminación entre españoles americanos y peninsulares a la hora de repartir los cargos del gobierno eran infundados. Adicionalmente, el énfasis en su lugar de nacimiento podría interpretarse como una manera de presentar la reconquista como un asunto menos «español», es decir en términos de los republicanos, menos «extranjero», y más como un asunto interno. Así, Morillo buscaba generar confianza y hacer más efectivos los canales de comunicación con los insurgentes. También puede consultarse el texto original en Rodríguez Villa, Antonio. Op. Cit. Tomo II, pp. 563-566.
11. Esta seguidilla de derrotas republicanas fueron utilizadas por los opositores de Castillo y Rada para conseguir su desprestigio y posterior encarcelamiento. El 17 de octubre de 1815 los partidarios de los hermanos Piñeres proclamaron como comandante supremo de la plaza a José Francisco Bermúdez, lo que supuso la radicalización de la resistencia republicana. Sobre la campaña de reconquista en Cartagena puede verse: Lemaitre, Eduardo. Breve Historia de Cartagena de Indias 1501-1901. Bogotá, Cámara de Representantes, 1986. pp. 149-163; Quintero Saravia, Gonzalo. Op. Cit.pp. 277-306; y Cuño, Justo. El retorno del rey: el restablecimiento del régimen colonial en Cartagena de Indias (1815-1821). Castelló de la Plana, Universitat Jaume I, 2008. pp. 41-96. Estas dos últimas obras confeccionan su narrativa, en algunos puntos, con información extraída del mismo Boletín.
12. Manuel del Castillo y Rada, Martín Amador, Pantaleón Germán Ribón, José María Portocarrero, Santiago Stuart, Antonio José de Ayos, José María García de Toledo, Miguel Díaz-Granados y Manuel Anguiano fueron los líderes revolucionarios fusilados en esta oportunidad por el Consejo de Guerra. Son conocidos popularmente como los nueve mártires de Cartagena. El parte de guerra de Morillo al Ministro de la Guerra reportando la toma de la plaza, fechado el 31 de diciembre de 1815, fue reproducido el 17 de marzo de 1816 en la Gazeta de Madrid. Este puede consultarse en Rodríguez Villa, Antonio. Op. Cit., Tomo I, pp. 173-182. Para una versión más amplia de Morillo sobre la toma de Cartagena, y en general sobre la campaña de reconquista de Tierra Firme, puede verse: Morillo, Pablo. Manifiesto que hace a la nación española el Teniente General Don Pablo Morillo, conde de Cartagena, marqués de La Puerta, y general en gefe del ejército expedicionario de Costa-Firme: con motivo de las calumnias é imputaciones atroces y falsas publicadas contra su persona en 21 y 28 del mes de abril último en la gaceta de la Isla de León, bajo el nombre de Enrique Somoyar. Madrid, Imprenta de la Calle de Greda a cargo de su regente Cosme Martínez, 1821, pp. 13-21. Para las impresiones al respecto del Capitán General del Reino, y próximo virrey, Francisco de Montalvo, puede verse Corrales, Manuel Ezequiel. Op. Cit. Tomo II., pp. 162-164.
13. Según José Manuel Restrepo, el indulto de Ocaña era una estratagema hipócrita de Morillo destinada a corromper la fidelidad de los esclavos. Restrepo, José Manuel. Historia de la Revolución en la República de Colombia. Bogotá, Bedout, [1827] 1969, tomo II, pp. 106. En este mismo sentido, se manifestaría José Manuel Groot sobre un indulto similar ofrecido por el coronel Miguel de Latorre en Zipaquirá, antes de su arribo a la capital: «esto era provocar, o más bien excitar a los esclavos a la infidelidad y traición para con sus amos. ¿Y a qué abusos no daba lugar esta autorización, hecha a nombre del Rey a los bárbaros esclavos, la que debería entender cada uno según sus más feroces instintos?». «Quien sepa lo que eran en América los esclavos de las minas y haciendas, graduará las consecuencias de esta autorización y la moralidad y civilización de los jefes expedicionarios de Fernando VII» Groot, José Manuel. Historia eclesiástica y civil de la Nueva Granada. Bogotá, Editorial ABC, [1869] 1953, tomo III, pp. 488. El mismo Morillo rememoraría así la proclamación del indulto: «Publiqué el 24 [de abril de 1816] un indulto solemne, claro y terminante que debía disipar hasta las menores sospechas á los mas desconfiados, y á aquellos mismos que tuviesen un interés en ocultarlos á los pueblos; pero este paso lleno de beneficencia y generosidad fue tan inútil, supérfluo y despreciado como todos los demás». Morillo, Pablo. Op. Cit. pp. 23.
El indulto puede consultarse en Sala de Libros Raros y Manuscritos de la Blaa, Signatura 12780. Miscelánea. 1505. Pieza 99. Véase también en Morillo, Pablo. Op. Cit. Piezas justificativas pp. 22-23, y Rodríguez Villa, Antonio. Op. Cit., Tomo III, pp. 53-55.
14. Sobre la entrada en Santafé y los primeros días de Morillo en la ciudad puede verse el relato del oficial español Rafael Sevilla, quien hizo parte del Ejército expedicionario enrolado en España. Esta narración se constituye en una de las principales fuentes primarias sobre la campaña de pacificación. Sevilla, Rafael. Memorias de un oficial del ejército español: campañas contra Bolívar y los separatistas de América. Madrid, Editorial América, 1916. pp. 87-104.
15. El indulto del 30 de mayo estaba dirigido solamente a los oficiales que habían servido en el ejército rebelde y daría pie al establecimiento del Consejo de Purificación en la capital. El indulto y la noticia del juramento de fidelidad a Fernando VII en Santafé pueden consultarse en la Sala de Libros Raros y Manuscritos de la Blaa, Signatura 12780, Miscelánea 1505, Pieza 103. También puede verse, Rodríguez Villa, Antonio. op. cit., pp. 67-70.
16. La noticia resumida sobre el enfrentamiento en la Cuchilla del Tambo, los prisioneros de Popayán y la toma de La Plata sería registrada el mismo día por la Gazeta de Santafé (Nº8,I-VIII-1816: 65-68).
17. Para ubicar el accionar del ejército realista en la Nueva Granada y Venezuela en el contexto de la guerra desatada en toda la América hispana continental puede verse Albi, Julio. Banderas olvidadas: el ejército realista en América. Madrid, Ediciones de Cultura Hispánica, 1990; y Semprún, José, y Bullón de Mendoza, Alfonso. El ejército realista en la independencia americana. Madrid, Editorial Mapfre, 1992, caps. 2-3 y 4.
18. Sobre estas publicaciones véase Chaparro Silva, Alexander. «Ficha de descripción y análisis del periódico Gazeta de Santafé, Capital del Nuevo Reyno de Granada (1816-1817)». Chaparro Silva, Alexander. «Ficha de descripción y análisis del periódico Gazeta de Santafé, Capital del Nuevo Reyno de Granada (1818-1819)».
