INTRODUCCIÓN

Las civilizaciones del Viejo Mundo tuvieron una base mixta agropecuaria, con predominio de la actividad pastoril en grandes áreas. Las civilizaciones del Nuevo Continente, altas y bajas, fueron, por el contrario, predominantemente agrícolas. Faltaron en la mayoría de ellas casi de modo absoluto animales domésticos, mientras que unas pocas apenas en grado limitado los aprovecharon. La América intertropical es una de las regiones del mundo donde los vegetales alcanzan su plenitud como formas vivas, y mayor variedad y complejidad. Botánicos y genetistas la consideran como uno de los centros más importantes de domesticación de especies útiles, con tres o cuatro focos principales. A pesar de esto, no se han hecho hasta ahora fitobiografías en esa parte del hemisferio, al paso que abundan obras de literatura, historias sobre conflictos armados, apologías de guerreros ó de estadistas, y cronologías de hechos locales. La historia de las plantas en un área tan rica en ellas, no sólo es un instrumento básico para los trabajos de selección y mejoramiento, y por ende para el bienestar humano, sino que puede contribuir a la solución del fascinante enigma que es el origen del hombre americano.

Estas y parecidas consideraciones indujeron al autor a elaborar un plan de trabajo de veinte años, basado en la historia de las plantas y de la actividad agropecuaria en el occidente de Colombia. Bien pronto se vio que un tema de esa índole no podía confinarse a un reducido ámbito geográfico, sin riesgo de dar una visión parcial y lugareñista de los hechos; pero que para desarrollarlo en un escenario más vasto, el tiempo previsto era insuficiente. Adoptando una fórmula de compromiso entre el deseo y la capacidad de realizarlo, se formuló en 1947 un prospecto de trabajo circunscrito a los países que constituyeron la Gran Colombia, y se continuó la consulta de fuentes y el acopio de datos empezados de tiempo atrás para una historia de las palmas. Durante los años 1955-1957 y 1960-1962 se pudo dedicar tiempo completo a la tarea; el resultado fue la redacción de toda la obra en borrador. Al entregar a la imprenta este primer volumen, se cumplen los primeros quince años de investigaciones, de los veinte calculados al principio.

Pareció lógico empezar con la historia de las plantas y de los animales domésticos, o sea los sujetos del estudio. Un primer volumen -que por limitaciones financieras se dividirá en dos o tres tomos- contiene las biografías de las plantas americanas cultivadas: el actual se dedica a frutos comestibles; el segundo tomo al resto de las plantas alimenticias (tubérculos, cereales y seudocereales, verduras, condimentos, avío y menaje), y el tercer tomo a las otras plantas usuales (fibrosas, tintoreas, medicinales, cauchíferas y laticíferas, ornamentales y forrajeras), así como a los animales domésticos de América intertropical. El tercer volumen, actualmente en borrador, se refiere a las plantas ya los animales domésticos introducidos de otros continentes. La historia de las actividades agropecuarias, incluyendo la tecnología, la mano de obra, y todos los factores limitantes, desde los enemigos naturales (plagas y enfermedades), hasta las causas inhibitorias socioeconómicas y poítico-culturales, es el objeto de un cuarto volumen. El quinto y último estará dedicado a las plantas usuales, no cultivadas sino extractivas, ya la vegetación natural. Aunque todos forman parte del mismo proyecto y se complementan, cada uno constituye un cuerpo independiente. La aparición de los otros tomos queda condicionada por las facilidades editoriales de que se disponga.

Una de las ramas descuidadas de la Botánica es la sistemática de las plantas cultivadas. El hombre contemporáneo, con todos los recursos científicos a su disposición, no tiene autoridad para censurar a los pueblos antiguos porque no hayan trasmitido noticias sobre el origen de las plantas cultivadas, si ellas son ahora las cenicientas entre los arqueólogos, los geógrafos, y aún los agrónomos y botánicos. Por este motivo, las denominaciones científicas que se usan aquí, lo son en forma tentativa y lata. Otra dificultad, íntimamente aso- ciada con la anterior, la constituyen los nombres vulgares o regionales, de los cuales sólo se ponen aquí los más difundidos, o los que por una u otra razón merezcan serlo. Un estudio lingüístico que permita elaborar un vocabulario razonado de nombres comunes de plantas y de animales en América, es de necesidad imperiosa. El XXXV Congreso Internacional de Americanistas, reunido en Méjico en agosto 19-26 de 1962, aprobó una recomendación del autor en este sentido.

En un principio, el escenario geográfico a que se quiso confinar la presente investigación estuvo restringido a la cuenca del río Cauca, en Colombia, considerada como núcleo, y alas regiones más cercanamente vinculadas a ella, que integraron el territorio de la gobernación de Popayán en la época colonial, y el Gran Cauca del siglo XIX. La dinámica de la investigación rebasó después aquellos límites. El desiderato actual es la zona circunscrita por los ríos Túmbez, Marañón y Amazonas al sur, y por el 14° paralelo al norte, o sea, a grandes rasgos, la faja comprendida entre el ecuador geográfico y el ecuador térmico, que es lo que propiamente se considera aquí corno región equinoccial. Esta área coincide más o menos con el sustrato cultural y lingüístico llamado macro-chibcha por los antropólogos, pero en su periferia comprende intrusiones de otras culturas: mejicanas y centroamericanas, chimú-mochicas e incaicas, arawaks, tupís y caribes. A partir del siglo XVI, ha sido ocupada y dominada por cinco naciones europeas: España, Inglaterra, Holanda, Francia y Portugal. Se ha organizado el estudio por bloques geográficos: ístmico, chocoense-barbacoano, costeño-equinoccial, caribe-magdalenés, y amazónico. Cuandoquiera que el tema la exige, se rebasan los límites expresados para incluír regiones tan importantes como las Antillas y el Perú. Aquí los países no se consideran en su configuración política actual, sino como entidades histórico-geográficas: toda querella sobre límites es impertinente. Siendo el conocimiento del terreno condición indispensable para una investigación como ésta, se ha tratado de llenar tal requisito en la medida de las posibilidades: casi no hay región o lugar de los citados en el curso de la obra, excluídas las Guayanas, donde el autor no haya estado por lo menos una vez.

Este trabajo no se refiere al origen de las plantas. Mientras no se intensifiquen las excavaciones arqueológicas, los estudios de lingüística indígena, la colección y catalogación de plantas selváticas y protocultivadas, y mientras no se estudien mejor las cultivadas desde un punto de vista distinto del meramente utilitario, toda tentativa de pronunciar- se sobre el origen de estas últimas, no podrá pasar de la fase hipotética. El propósito de esta obra es más modesto: indagar cuál era la dispersión geográfica de las plantas de cultivo en América equinoccial a la llegada de los europeos; seguir las migraciones que propiciaron éstos o sus descendientes en el transcurso de los últimos cuatro siglos y medio, y con esos materiales, tratar de reconstruír la escala de valores que las plantas desempeñaban en la vida de los pueblos de dicha región. Por eso se ha enfatizado lo relativo al siglo XVI y en general a la historia colonial. La pobreza de documentos sobre el período nacional y sobre las Guayanas se tratará de subsanar en posteriores ediciones. Es entendido que un conocimiento básico de la historia de las regiones comprendidas en el presente estudio, es prerrequisito para entender los hechos expuestos. No es posible entrar en aclaraciones de sucesos históricos que no estén directamente relacionados con el tema principal.

 

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Mapa 1. América intertropical. La zona punteada corresponde a la parte equinoccial, ámbito de la investigación.

 

Esta investigación se basa en obras impresas, y debe considerarse más como una tentativa de ordenar parte de los datos disponibles, que como una tarea historiográfica. Para el futuro, hay intención de utilizar de preferencia documentos inéditos. Como es de poca ayuda elaborar una simple compilación cronológica de lo que se sabe sobre plantas y animales, cuando quiera que fue necesario o posible, se hizo el examen crítico de los testimonios disponibles. Se ha eludido con mucho cuidado la historia episódica o pintoresca, que más sirve para desorientar a los poco familiarizados con el tema, y que ha sido pretexto en más de un caso para dar aserciones sin fundamento por verdades firmes y asentadas. Evitóse en lo posible alinear los hechos en forma acomodaticia, pues el autor no se ha propuesto demostrar ninguna hipótesis, sino que se ha limitado a acumular materiales para análisis posterior. Por el mismo motivo, tantas veces cuantas pareció imprescindible se transcribieron los textos en su versión original, con la ortografía de la época. Por cuidadoso que sea, un resumen de pasajes de autores antiguos, destruye muchos matices de pensamiento y de expresión que pueden constituir indicios esclarecedores importantes, quizá pasados desapercibidos por quien hace el resumen, pero que otros podrán captar. Como justificación de este apego a los textos originales, sirva la siguiente frase que puso Francisco Manuel de Melo en el prólogo del libro de García da Orta: "Los que lo lean o consulten, por cierto no vacilarán ante una fórmula ortográfica desueta, ante una palabra poco usual, ante un giro gramatical anticuado, pues aquellos a quienes tales formas podrían causar molestia, seguro que no se acordarán de leerlo". Cuando haya avanzado la catalogación de los materiales disponibles, quizá se pueda ,compendiar la obra reduciendo muchas de las citas textuales.

El largo tiempo transcurrido desde Las consultas iniciales y la dificultad de encontrar en un momento dado las mismas ediciones consultadas, han impuesto en muchos casos al redactor el uso inexcusable de las ediciones que se tenían a la mano, con el consiguiente recargo de esfuerzo y las dificultades adicionales para la compulsa. Esto se tratará de corregir en el futuro.

Muchas entidades y personas han colaborado en esta obra. En los Estados Unidos, el doctor José Cuatrecasas, de la National Science Foundation, con la revisión taxonómica de gran parte de las plantas enumeradas, y con sagaces sugestiones sobre diversos aspectos de la investigación (1955- 1957; 1960-1961). Leyeron el primer borrador sobre variedades de maíz los doctores Paul C. Mangelsdorf, director del Museo Botánico de la Universidad de Harvard (1956); y Edgar Anderson y Hugh Cutler, directores honorario y encargado, respectivamente, del Jardín Botánico de Saint Louis, Missouri (1956). El doctor Henry J. Bruman, jefe del Departamento de Geografía de la Universidad de California en Los Ángeles, leyó el borrador sobre la historia del cocotero (1962). A los doctores Raymond E. Crist y Thomas Lynn Smith, profesores de la universidad de Florida en Gainesville, se les deben valiosas recomendaciones y consejos sobre la manera de aprovechar mejor las consultas bibliográficas (1955). Don José María Arboleda Llorente, director del Archivo Central del Cauca, de Popayán, suministró ( 1956) copias certificadas de documentos coloniales que se publican ahora por primera vez. Otras personas, cuyos nombres se mencionarán cuando venga el caso, respondieron cuestionarios sobre diversos asuntos.

Se hicieron consultas en las siguientes bibliotecas: Nacional y del Jardín Botánico, de Río de Janeiro (1943); Nacional y Colección Medina, de Santiago de Chile (1944, 1953, 1954); Nacional de Lima (1944, 1952, 1953); de la Universidad de San Javier, La Paz, Bolivia (1944, 1954); Nacional y Municipal de Quito (1944); Nacional de Caracas (1946); del Museo Antropológico, de Méjico (1957, 1962); de la Universidad de Gainesville (1955); Pública de la ciudad de Nueva York (1957), y Bancroft de la Universidad de California, Berkeley (enero de 1962). Los borradores se hicieron en la Biblioteca del Congreso de Washington (Fundación Hispánica, División de Libros Raros), durante más de dos años en períodos discontinuos (1955-1957; 1960-1961); y en las de la Universidad de Harvard, en Cambridge, denominadas Widener, Lamont, Peabody y del Museo Botánico, especialmente en la última, durante más de siete meses (1955, 1956, 1961).

No hubiese sido posible realizar esta obra en lapso tan relativamente corto, sin la generosa ayuda otorgada desde noviembre de 1955 hasta octubre de 1957 por la Fundación John Simon Guggenheim, representada por el doctor Henry Allen Moe y sus colaboradores, ayuda que se obtuvo en virtud de los benévolos conceptos de autorizados exponentes de la ciencia en América, como Julio S. Storni (Argentina), Martín Cárdenas (Bolivia), Oswaldo Goncalves de Lima (Brasil), Demetrio García Vásquez (Colombia), José Cuatrecasas, Raymond E. Crist, Richard E. Schultes (Estados Unidos), Javier Pulgar Vidal, Luis Valcárcel (Perú), Carlos E. Chardon (Puerto Rico), y Miguel Acosta Saignes (Venezuela). Los capítulos referentes a plantas fibrosas, tintóreas, medicinales y ornamentales americanas, que se incluirán en el tomo tercero, fueron completados y reformados mediante un subsidio del Programa de Becas de la Organización de los Estados Americanos, como parte de la preparación del volumen referente a la historia de las actividades agropecuarias, de que se hablará a su hora.

Durante quince años la señorita Inés Calvo, de Cali, Colombia, ha ayudado con devoción y constancia en la copia, clasificación y compulsa de referencias; poniendo en máquina la ficha definitiva, y elaborando los índices de nombres científicos y de nombres vulgares. En la sacada en limpio colaboró también la señorita Clemencia Patiño.

La edición del presente volumen se hace por cuenta del tesoro departamental del Valle del Cauca, Colombia, en virtud de la ordenanza 128, de 6 de diciembre de 1961, aprobada a iniciativa del diputado Vicente Saavedra en asocio de algunos de sus colegas.

A todas las entidades y personas mencionadas, y a las que se citarán en el curso del trabajo, el autor les manifiesta su profundo agradecimiento.

 

México, D. F., febrero-agosto de 1962.

A los primitivos pueblos de América intertropical, domesticadores de plantas y de algunos animales, y creadores de técnicas idóneas para el dominio del ambiente.

A la memoria de Pedro Cieza de León, primero e incomparable descriptor de la naturaleza y del hombre de los Andes equinocciales.

 

"El tiempo puede tanto en toda cosa que muchas veces lo que se tiene por permanecedero y al parecer y juicio de los hombres turará por algunos siglos, lo consume y acaba en breves días, de suerte que no se halla vestigio ni rastro de ello, y en lugar de lo que consume, añade y pone de nuevo cosas que claramente saben ser muy desemejables a las pasadas, y las más veces las compuestas y artificiales y advenedizas de fuéra se tiene(n) entre los hombres por naturales, sólo por no hallar escrito lo que en semejantes casos usaron y tuvieron sus mayores, cuya memoria está de todo punto puesta en olvido; y así claramente vemos que en nuestra España no se sabe hoy por entero qué árboles o frutales eran naturales y producía la tierra ni cuáles fueron traídos de Asia, África y otras partes del mundo, y lo mismo es acerca de las costumbres y manera de vivir que tuvieron, porque aunque se halle escrito que era una gente robusta e indómita y que con pertinacia siguieron los ritos de su gentilidad, no se halla por extenso escritas todas las costumbres que tenían, y como he dicho, los árboles y frutas de que usaban para su sustento, y jumentos y otros animales que para su servicio tenían, ni cómo usaban de ellos, lo cual ciertamente en este tiempo donde tanta pulicia, erudición y doctrina hay nos diera muy gran contento saber y leer, con lo cual conociéramos más claramente esta fuerza del tiempo que todo lo muda y revuelve; y considerando yo este mudamiento que el tiempo ha de hacer en todas las cosas de las Indias, he presupuestado, aunque como algunas veces he dicho no pensaba meterme en tanto trabajo, escribir todo lo que pudiere acerca de las costumbres y barbaridad de los indios, y asimismo las cosas que en su tierra había y se daban y criaban y la tierra producía en la sazón que los españoles entraron en ella, pues los que en los siglos venideros fueren hallando en su tiempo las cosas más asentadas y enmendadas y en todo mudadas se holgarán de ver y leer la diferencia que de este tiempo al suyo en todo habrá, y así he ido escribiendo las cosas que a mi noticia han venido aprobadas por ciertas y verdaderas en los libros pasados, donde tratando de las conquistas he tratado también los naturales, y lo mismo he hecho en el presente libro, en el cual sólo me resta tratar y escribir algunas particularidades así de los indios como de árboles que la tierra producía y los que de nuevo han plantado los españoles, y animales y culebras y otras sabandijas que la tierra produce, que cierto son cosas dignas de notar , aunque para darse a entender se han de escribir con alguna prolijidad".

AGUADO, Pedro: Recopilación historial. Bogotá. 1956. Tomo II. pp. 109-110.

I-PLANTAS FRUTALES CULTIVADAS EN LA

REGION ECUATORIAL DEL NUEVO

CONTINENTE

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