CAPITULO VI

FRUTOS Y SEMILLAS

(JUGLANDACEAS A SAPINDACEAS)

 

DICOTILEDONEAS.

 

JUGLANDACEAS.

11-Juglands neotropica Diels.

Juglands spp..

 

TOCTE, del panzaleo según unos (Jijón y Caamaño, 1940, I, 328; 1941, II; 32); del quechua según otros (Lira, 1945, 979).

NOGAL.

CEDRO GRANDE, CEDRO NEGRO (Pérez Arbeláez, 1956, 750).

No hay evidencias, aunque sí sospechas, de que esta especie se cultivara en los Andes ecuatoriales en la época prehispánica. Los datos sobre ella en documentos coloniales, que se estudian en otro volumen, se refieren al nogal como a árbol silvestre.

La única mención sobre el particular es tardía. En los alrededores de Lima, y más como árbol maderable que por el fruto, se empezaba a cultivar el nogal, traído de las montañas andinas, hacia mediados del siglo XVIII (Ruiz, 1952, 1, 8).

Durante el presente siglo se ha propagado con fines de reforestación en Venezuela, Colombia y Ecuador; pero no se ha hecho ninguna selección por el fruto.

 

12-Carya pecan Engler & Graeb. .

C. ovata Koch.

PACAN, PECAN.

El pecán es nativo de la región sur-central de los Estados Unidos y la norteña de Méjico. No lo cultivaban, pero sí aprovechaban el fruto, las tribus de dicho sector (Mauricio, 1932, 210). Las primeras referencias que los europeos obtuvieron sobre él, datan de la época de las exploraciones de los españoles, como Cabeza de Vaca, Hemando de Soto y Vázquez de Coronado. Antonio de Ulloa, hablando de la vegetación arbórea de Luisiana, señala como notables el árbol o laurel de cera (Myrica) y los PACANOS: "es un género de nogal de más corpulencia que ellos, pero en madera y hoja muy semejante: el fruto es en el gusto parecido al de la nuez, más delicado y fino, con menos partes aceitosas: en la figura es diferente, y se parece a los dátiles, siendo en el tamaño casi el mismo, o poco menoz:: la cáscara es muy delgada y lisa, sin las escabrosidades que tiene la nuez" (Ulloa, 1772, 116-117;-----, 1944,97-98).

El "nogal blanco o pacana" se introdujo de Luisiana a España y se cultivó en el Jardín Real de Aranjuez, cerca de Madrid, a fines del siglo XVIII (Herrera, G. A., 1818, II, nota 325). Parece que en los Estados Unidos las tentativas de cultivo datan de la segunda mitad del siglo XIX. Es especie cultivada en San Luis Potosí, Méjico (Bukasov, 1930,481).

Variedades mejoradas, de las que han sido seleccionadas en Estados Unidos, se introdujeron en la década 1940- 1950 a la Estación Agrícola de Palmira, en Colombia. No se adaptaron.

 

ANONACEAS.

13-Annona muricata L. .

 

GUANÁBANA, nombre taíno de las grandes Antillas (Tejera, 1951, 214; Henríquez Ureña, 1938, 103), del cual se registran adelante algunas variantes.

CATUCHA, en la región habitada por los indios caracas (véase).

Una de las primeras descripciones de la guanábana se debe a Oviedo en 1526. Abundaba el árbol así en las Antillas como en la Tierra Firme; se conocían frutos de más de cuatro libras (Oviedo y Valdés: Vedia, 1946, 1, 500;-----, 1950, 205-206). Pero los compara a melones, y los asimila por su forma y apariencia a los anones, hasta el punto de dar la misma figura para una y otra especie (Ibid., 1851, 1, 304, lám. 3, fig. 7). Las Casas dice que había guanábanas en la isla Española; pero que no se cultivaban (Casas, 1909, 32). Quizá lo fueron más tarde, pues para 1699 aparecen como plantas hortenses (Rodríguez-Demorizi, 1942,1, 301).

En la isla de Bastimentos, costa norte del istmo panameño, había guanábanas a fines del siglo XVI (López de Velasco, 1894, 353). También en Portobelo a principios del siglo siguiente (Torres de Mendoza, 1868, IX, 115). GUANAVANAS figuran entre las frutas de Panamá en 1609 y poco después (Torres de Mendoza, op. cit., 97; Serrano y Sanz, 1908, 147,75).

Era fruta conocida en Cartagena a mediados del siglo XVI (Castellanos, 1955, III, 22; López de Velasco, 1894, 386;-----: Jiménez de la Espada, 1881, I, xci).

El médico Castañeda le envió de Sevilla en 1600 a Clusius "guadábana", y en carta de 13 de marzo de 1602 le remite de nuevo "guanábana de Santa Marta" (Alvarez López: RI, 1945, VI, 275, 277). A mediados del siglo XVIII el alférez de la Rosa describe las de esa ciudad con su acostumbrada ampulosidad: "La llaman los prudentes «algodones en vinagre»" (Rosa, 1945, 292).

En documentos del siglo XVI se da como existente la guanábana en la isla de Margarita (Castellanos, 1955, I, 593) y en algunos lugares interioranos de Venezuela. Así en Caracas, donde el nombre vernáculo (preservado en uno de los ríos que bañan la ciudad) era CATUCHA (Latorre, 1919, 70, 84; Arellano Moreno, 1950, 70, 84), y en Tocuyo, eh cuya relación de 1579 figura con el nombre de GUANANAS (Arellano Moreno, op. cit., 149). Aquí perseveraban dos siglos después (Altolaguirre y Duvale, 1908, 152).

Una mata de guanábana se consideraba como hito divisorio de Venezuela y Colombia sobre el Meta, hacia mediados del siglo XIX, cuando no estaban delimitadas las fronteras de los dos países (Michelenai 1867, 286).

Esta especie o alguna afín se encontraba también en los valles del Magdalena y del Cauca a la llegada de los europeos. La relación de La Palma de los Muzos puntualiza las diferencias de la guanábana con el anón ( véase); mientras los mayores de éstos no pasan de dos libras, hay guanábanas que pueden pesar cinco o seis (Latorre, 1919, 123). En la descripción de Trinidad de los Muzos, de 1582, se incluyen las GUANAUANAS entre las frutas silvestres (Morales Padrón: A EA, 1958, XV, 606). Un autor que escribía a mediados del siglo XVIII sobre las producciones del Nuevo Reino de Granada, trae los siguientes datos, indicativos de que el nombre guanábana se aplicaba entonces a frutas diversas: "La fruta que llaman guanábana y el árbol del mismo nombre, hay de tres calidades: la blanca es entre dulce y agria, muy gustosa; la guanábana amarilla por dentro y por fuera entre morada [así], muy olorosa, que por otro nombre llaman «tucuragua»: son grandes y espinosas y los árboles grandes como el anón; se producen en tierras cálidas; en la jurisdicción de Muzo se crían con suma abundancia. Otra que también es amarilla, muy olorosa, es de poco gusto; a estas llaman guanábanas cimarronas; se dan en grande copia en Capitanejo de tal suerte que allí los montes son de guanábanas y espinos" (Oviedo, 1930, 44). En La Plata vio este árbol un viajero a fines de la guerra de independencia (Hamilton, 1955, II, 7).

Para principios del siglo XVII las guanábanas se conocían en Cáceres, sitio minero del bajo Cauca (Vázquez de Espinosa, 1948, 317).

Se daban guanábanas en la primitiva Cartago en 1583; Guillén Chaparro las describe así: "fruta grande de hechura del pan de azúcar [,] por defuera verdes y partido lo de dentro que se come, es muy blanco, como algodón, el sabor es acedo a manera de leche vinagre, tiene muchas pepitas largas y delgadas moradas e pardas" (Guillén Chaparro: AIP, 1889, XV, 147). Es de observar que esta descripción, aunque más breve, es más exacta que la de Oviedo. A fines del período colonial, cuando ya la ciudad aludida estaba en su asiento actual, se mencionan en su jurisdicción como guanábana o "cabeza de negro" (Campo y Rivas, 1803, 29).

En Cali había esta fruta a la llegada de los europeos (Cieza, 1924, 92; Guillén Chaparro, op. cit., 151), y se continuó cultivando durante el dominio de éstos (Arboleda, 1928, 629).

En 1824 un viajero dice haberlas encontrado silvestres, con frutas de hasta una arroba de peso, cerca de Buga (Hamilton, 1955, I, 93). En el mismo sector central del Valle las observó un naturalista treinta años después (Holton, 1857, 502).

Varios datos hablan de guanábanas en la vertiente occidental de los Andes y en la costa del Pacífico hasta la línea ecuatorial. No se sabe si eran de la misma especie que encabeza este numeral. Hay varias Anonáceas no suficientemente conocidas ni clasificadas en esa región. El autor ha colectado entre los ríos Docampadó y Baudó una cultivada, de carne amarilla y muy fragante. En la primitiva Toro, que quedaba sobre uno de los altos tributarios del San Juan, hay una mención de 1583 (Guillén Chaparro, op. cit., 150). A principios del siglo XIX se daban silvestres en el valle de El salado, al occidente de Cali, en la cuenca del río Dagua (Villaquirán: BHV, 1939, 245). En Puerto Viejo, costa ecuatoriana, en la primera década del siglo XVII había GUANAVANOS (Torres de Mendoza, 1868, IX, 278).

Al sur de la línea ecuatorial, Cieza registra la presencia de guanábanas a mediados del siglo XVI en el sector septentrional de la costa peruana (Cieza, 1924, 210). Por eso hay que tomar con reservas la afirmación de Feyjoo, quien dice que a Trujillo, donde se cultivaban en su tiempo, habían sido traídas de Méjico (Feyjoo, 1763, 13). Esta fruta se encuentra reproducida en los ceramios negros de los chimúes, lo que prueba que su dispersión hasta la costa peruana es muy antigua (Yacovleff y Herrera: RMNL, 1934, 275-276). Según Hipólito Ruiz, era planta cultivada en las chacras de los alrededores de Lima para la segunda mitad del siglo XVIII (Ruiz, 1952, I, 8). En Chile las había sólo en la parte norte costera, vecina al Perú (Molina, G. I., 1776, 50).

En el reino de Quito, ya bien avanzada la dominación española, se mencionan guanábanas: " ...la medula y las pepitas, se asemejan a las de la «chirimoya» en el color, mas no en la delicadeza, ni menos en el gusto que es ácido, y sólo bueno para conservas: la figura es irregular, aunque comúnmente prolongada, y en el tamaño es monstruosa de grande" (Velasco, 1927, I, 70).

GUANAVANES había en jurisdicción de Jaén de los Bracamoros hacia 1606 (Torres de Mendoza, 1868, IX, 350).

No han consignado los cronistas en qué grado de aprecio tenían a la fruta de que se trata, los indígenas americanos del área circuncaribe y de los Andes al norte del nudo de los Pastos. Los europeos fueron controversiales sobre el particular. Oviedo decía " ...aunque se coma un hombre una guanábana entera, no le hará daño...esta comida o manjar se deshace luego en la boca, como agua, con un dulzor bueno..." (Oviedo y Valdés, 1959, I. 258). Un siglo después Cobo opinaba lo contrario: "Es fruta silvestre, grosera y malsanal no de agradable gusto ni olor" (Cobo, 1891, II, 15;-----, 1956,  I,  239-240).

La semilla se considera insecticida (Posada Aranqo, 1909, 402).

Los datos anteriores parecen corresponder, con razonable seguridad y con las salvedades hechas en cada caso, a Annona murlcata L.. Pero otros relativos a la región amazónica, tanto podrían aplicarse a dicha especie, como A. montana, llamada ARATICÚ (véase numeral 18), o a otras Anonáceas. La costumbre común en los cronistas de ir aplicando los nombres ya conocidos a frutos similares de comarcas nuevas, hace muy arriesgado extender el área de origen de una especie apoyándose apenas en esa clase de informes. En tales casos sólo la escrupulosa colección y clasificación de material botánico en cada lugar, ayudaría a averiguar cuáles especies son endémicas y cuáles transportadas.

 

14-Annona squamosa L..

ANÓN, HANÓN, otra palabra taína (Tejera, 1952, 21- 22; Henríquez Ureña, 1939, 108), que Las Casas escribe ANNONA (Casas, 1909, 32).

Mocuyo (Tejera; 1935, 21-22;-----, 1951, loc. cit.).

Aquél nombre parece haberse aplicado a varias especies de Anonáceas, no sólo del género Annona sino de Rollinia (véase).

Oviedo no menciona el anón en el Sumario de 1526. En la edición definitiva de su Historia dice que los indios ( aunque no especifica región, parece referirse a las Antillas) lo estimaban mucho y lo consideraban como una de sus mejores frutas; él es quien trae la variante HANÓN. Se diferenciaba de la guanábana en ser amarillo y ella verde (Oviedo y Valdés, 1851, I, 304, lám. 3, fig. 7).

En la relación de Puerto Rico de 1582 se coloca entre las frutas de esa isla: "la carne es a manera de natas muy fresca" (Latorre, 1919, 46-47).

Anones eran conocidos en Panamá a principios del siglo XVII (Torres de Mendoza, 1868, IX, 97; Serrano y Sanz, 1908, 147, 75).

En Cartagena se señalan desde mediados del XVI ( Castellanos, 1955, III, 22), y en Santa Marta dos siglos después (Rosa, 1945, 292). Era una fruta común en la isla de Margarita (Castellanos, 1955, I, 593). Para principios del siglo XVII es mencionada en Trinidad y en parte de Tierra Firme (Vázquez de Espinosa, 1948, 78).

No se alude al anón en la cuenca del Cauca, hasta las postrimerías de la dominación española, cuando se hace figurar en Cartago (Campo y Rivas, 1803, 29) y en Cali (Arboleda, 1928, 629). Otras noticias sobre la parte central de la artesa vallecaucana son de mediados del siglo XIX (Holton, 1857, 502).

En cambio, se menciona desde muy temprano en la cuenca del Magdalena. He aquí la descripción que se da en la relación de la Palma de los Muzos de 1581: "anones [,] que son unos árboles llamados por este nombre [,] los quales son montañeses y aylos tanbien de cultura [; ] de medianos cuerpos [;] su madera es ynhutil por ser delgada y tierna [ .] llevan una fruta a manera de corazones de vaca y alguna de aquel grandor [,] de cuero delgado y senbrado por la superficie de vnas puas tiernas a manera de abrojos [.], la carne es blanca [,] xugosa y muy azucarada y suave (Latorre, 1919, 123). Es notable, sin embargo, que en la descripción de la vecina villa de Trinidad de los Muzos, hecha pocos meses después que la anterior, no se hable del anón como de espécie nativa sino introducida de fuera (sin especificar procedencia), "y es fruta que se da muy bien" (Morales Padrón: AEA, 1958, XV, 608). Fuentes más tardías ubican los anones en Mariquita (Simón, 1953, IV, 60) y en Tocaima (Fernández de Piedrahita, 1942, III; 203), En el siglo XVIII abundaban en las tierras calientes del Nuevo Reino de Granada (Oviedo, 1930, 44).

Respecto á Venezuela, hacia la segunda mitad del siglo XVI eran frutas comunes en Caracas (Latorre, 1919, 85; Arellano Moreno, 1950, 85), y en Tocuyo (Arellano, op, cit., 149). Para la última provincia hay también datos posteriores (Altoláguirre y Duvale, 1908, 152). Que el nombre se había hecho extensivo o traslaticio a varias especies del género, se deduce del pasaje de Caulín, en que, refiriéndose a la parte oriental de Venezuela, habla de anones verrugosos, de riñón y lisos (Caulín, 1779, 21, 22).

La misma duda ocurre para los datos sobre anonas de la costa occidental, pues en este sector se llama también así a Rollínía. En Coaques, cerca de la línea ecuatorial, vio un Viajero anonas en 1617 (Herrera y Montemayor: Vargas Ugarte, 1947,70). Asimismo figuran entre los productos de Guayaquil a mediados del siglo XIX (Baleato, 1887,54).

Quizá las anonas de que habla Acosta en Méjico, deban adscribirse a la especie A. diversifolia Safford ( véase numeral 16).

Tampoco se sabe a qué anona quizo referirse Garcilaso en el Perú, pues aunque la asimila al "manjar blanco de españoles", dice que tiene corteza dura (Garcilaso, 1945, II, 186).

Cobo describe una anona con sincarpo de cáscara verde, pero no le señala localidad, por lo cual no se sabe si para mediados del siglo XVII ya la verdadera A. squamosa se conocía en la costa del Perú (Cobo, 1891, II, 16;-----, 1956, 1, 240). Llevadas de Méjico asegura un autor que eran las cultivadas en Trujillo hacia la mitad del siglo XVIII (Feijoo, 1763, 13). En la misma época se cultivaban también en Lima y en Huacho (Ruiz, 1~52, 1, 8, 44).

La anona de la provincia peruana de los Huamalíes a la cual se refiere el botánico Ruiz como especie cultivada allí y silvestre en los Andes (Ibid, 200), más bien podría ser Rollinia ( véase ) .

 

15-Annona reticulata L..

MAMÓN, nombre de la lengua iaína (Tejera, 1951, 359). Con el mismo vocablo se conoce en la costa de Sur América otro frutal de distinta familia ( véase numeral 47).

Dice la relación de Puerto Rico de 1582: ". ..ay otra fruta que llaman mamon y corazon [;] lo de dentro como maxar (sic) blanco [,] tira a dulce [;] es fruta sana y fresca" (La torre, 1919, 47). Cobo se refiere a ella como especie propia de la isla Española: "En lo exterior es blanca y colorada, y en lo interior tiene la carne blanca y muy parecida a la de la «anona», y llena también de pepitas negras como las de la «anona»; pero es muy inferior a ella en el gusto y estimación, porque es el «mamón» fruta silvestre y malsana. Las hojas deste árbol tienen un olor enfadoso que provoca bascas, del cual participa algún tanto la fruta" (Cobo, 1891, II, 16-17;-----, 1956, 1, 240). Otro informe de 1699 confirma la existencia de mamones en dicha isla (Rodríguez-Demorizi, 1942, 1, 301 ).

Al mamón parece corresponder el dato que para el ANÓN de Santa Marta trae un autor del siglo XVIII: "Su tamaño el de dos puños, y su cáscara gruesa y color rosado, con unas cortaduras naturales, que si la materia fuera diáfana, podría duplicar los objetos...carne tan blanca, blanda y flexible, como la mantequilla, y sembrada en buena proporción de unas semillas negras" (Rosa, 1945, 292). Porque el verdadero anón (A. squamosa) no tiene cáscara roja, y en él lo más característico son las papilas que corresponden a frutos dentro del sincarpo.

Mamonas había en Cartago para fines del período colonial (Campo y Rivas, 1803, 29). La relación de Cali de 1808 dice: "hay...guanábanas, chirimoyas, anón y mamón..." (Arboleda, 1928, 629).

 

16-Annona diversifolia Safford.

ANNONA BLANCA, en El Salvador; PAPANCE, en Tapachula; ILAMA en Méjico, al norte del istmo de Tehuantepec (Popenoe (1920), 1939, 190;-----: CEIBA, 1953, 3: 265).

Las anonas a que se refiere Acosta en 1590 como las mejores que probó en América, las de Méjico, podrían corresponder a A. diversifolia, aunque la vaga descripción que hace se puede aplicar también a otras especies. Para mayor confusión, da ANONA O MANJAR BLANCO como sinónimo de guanábana, aunque claramente no se trata de A. muricata, pues dice que es del tamaño de una pera grande (Acosta, 1940, 295;-----, 1954, 119). Correspondería la especie de Acosta a la que Hernández llama ILLAMATZAPOTL o "fruto de las viejas" (Hernández, 1942, I, 268-269; Ximénez, 1888, Mor., 61), y al "manjar blanco" de semilla negra de Guatemala (Gage, 1946, 82).

Quien escribe introdujo al Valle del Cauca semillas de esta especie, obtenidas en Taxco, Méjico, en 1957.

 

17-Annona cherimolia MilI..

CHIRIMOYA.

Aunque se ha sostenido que esta palabra es de origen quechua, no figura en los vocabularios de esa lengua hechos por Domingo de Santo Tomás Navarrete y Diego González Holguín. Según Lira, la forma correcta es CHIRIMUYA (Lira, 1945, 131). La semántica que se da a esa palabra no es con- vincente.

Los datos sobre esta especie son contradictorios. Dice González Suárez que en el territorio ecuatoriano se cultivaba en la época prehispánica, dondequiera que el clima lo permitía (González Suárez, 1890, 1, 158). Otro autor de la misma nacionalidad sugiere que la chirimoya podría haber sido nativa del valle de Loja (Jaramillo Alvarado, 1955, 23-24). Pero las relaciones geográficas de la parte interandina ecuatoriana al sur de Otavalo, ni mencionan esa fruta, ni en general Anonáceas. Las referencias seguras son de época más tardía ( véase adelante).

Cobo describe la chirimoya y destaca las diferencias entre ella y la anona (anón): "No tiene tantas pepitas como la «anona» y son algo diferentes y que se despiden más fácilmente de la pulpa, y su cáscara también es más lisa que la de la «anona». Tiene la carne blanca y suavísima, con un agridulce apetitoso, de suerte que, a juicio de muchos, es la fruta mejor y más regalada de todas las naturales de Indias. Ha pocos años que se da en este reino del Perú la [[chirimoya]], la cual, donde yo primero la vi fue en la ciudad de Guatimala el año de 1629, caminando para México; y parecióme fruta tan regalada, que sentí careciese della este reino; y así, envié desde allí una buena cantidad de sus pepitas a un conocido, para que las repartiese entre los amigos, como lo hizo. De manera que, cuando volví yo de México a cabo de trece años, hallé que ya habían nacido muchos destos árboles y llevaban fruto; pero era tan caro, que se vendían las ((chirimoyas)) a ocho ya doce reales cada una; pero ya se dan con más abundancia, por las muchas que se han plantado y plantan cada día. .." (Cobo, 1891, II, 17-18;-----, 1956, L 240-241).

Aunque Safford en 1917 afirma que halló en Ancón remanentes de hasta tres variedades de chirimoyas (Yacovleff y Herrera, 1934, 276), no hay motivos para dudar del aserto de Cobo sobre su intervención personal para llevar esta especie desde Guatemala al Perú. Pero ello no significa ( a pesar de la ausencia de datos) que la chirimoya no sea una planta de origen andino, aunque de regiones que no fueron familiares al naturalista Cobo. Esto corrobora lo dicho en la introducción de esta obra sobre lo hipotético y deleznable que es echar cábalas sobre el origen de plantas americanas, habiendo todavía tantos hechos y circunstancias por investigar. Es preferible concretarse a presentar los datos seguros o probables sobre la distribución geográfica.

Son casi siempre confusas las notas del naturalista Francisco Hernández para las plantas de las provincias mejicanas. El nombre náhuatl de QUAUHZAPOTL que se le asigna a la chirimoya significa, según los comentadores, "zapote silvestre"; y la afirmación de que "nace en regiones cálidas como la isla de Haití y la provincia quauhnahuacense [Cuernavaca] de Nueva España" (Hernández, 1942, L 274-275), no se compadece con los requerimientos climáticos de A. cherimolia. El nombre chirimoya se aplica en Méjico, tanto a esa especie, como a A. squamosa, a A. reticulata y aun a algunas Anonáceas silvestres (Martínez, 1937, 157).

También es muy improbable que sea A. cherimolia la chirimoya que dice Caulín se daba en el oriente de Venezuela a mediados del siglo XVIII (Caulín, 1779,22). Pero sí pudo serlo la de Tocuyo, según la relación de 30 de julio de 1766 (Altolaguirre y Duvale, 1908, 152).

Correspondiente al Nuevo Reino de Granada es la información que sigue: "La fruta que llaman chirimoya es muy apreciable, y se cría en tierras templadas y cálidas. En la parroquia del Socorro se dan con bastante abundancia; es del tamaño del anón, por fuera verde y por dentro blanca, como la guanábana. Se produce en árbol y es tardía, pues [ no] se da hasta los cinco años en adelante" (Oviedo, 1930, 43-44). Era fruta común en el mercado de Bogotá para fines de la guerra de independencia, y en La Plata (Hamilton, 1955, I, 89; II. 7).

En cierta época estuvo generalizada la creencia de que las chirimoyas de Popayán eran las mejores; un autor dice que allí a veces se cosechaban del tamaño de la cabeza de un hombre, con pocas pepitas (Alcedo, 1789, V, Voc. 57-58). Se cultivaban en Cartago para fines del período colonial (Campó y Rivas, 1803; 29). También --como se vio en el pasaje transcrito a propósito del mamón-- en Cali a principios del siglo XIX (Arboleda, loc. cit.). Hamilton las observó cerca de Palmira y en Popayán en 1824 (Hamilton, 1955, 11, 81, 25). Del sector entre San Pedro y Buga hay datos posteriores (Holton, 1857, 502).

En San José, alto Caquetá, había chirimoyas para mediados del siglo XVIII (Serra, 1956, I, 162).

Las chirimoyas eran frutas conocidas en el Ecuador in- terandino en la primera mitad del siglo que se acaba de mencionar (Juan y Ulloa, 1748, I, 392). En Cuenca las vio un misionero hacia 1760 (Serra, 1956, 11, 327). Poco más tarde Velasco, con su peculiar vaguedad, dice que en el reino de Quito había gran variabilidad en el tamaño y en el gusto de las chirimoyás, no sólo en diversas regiones, sino en una misma, de acuerdo con las condiciones locales. Alaba como óptimas las que se daban en Loja y en Popayán; califica de regulares las de Ibarra, Ambato, Riobamba y Cuenca, y de mediocres las quiteñas (Velasco, 1927, 1, 68-69). También aparecen mencionadas como frutás comunes en Daule, jurisdicción de Guayaquil (Alcedo y Herrera, 1946, 76), aunque el clima es allí muy diferente que en la parte serrana.

Dice Feyjoo que en Trujillo se daban las chirimoyas más sazonadas del Perú, y que tanto ellas como el anón y el guanábano habían sido llevados de Méjico (Feyjoo, 1763, 13). Se cultivaban cerca de Lima, según el botánico Ruiz (Ruiz, 1952, 1, 8); pero después se refiere a la chirimoya como a A. reticulata. Afirma que en Huánuco probó la primera, que tenía 14 libras, y después vio otras menores (Ibid., 325-326). Esto indicaría que bajo el nombre de chirimoya se conocían entonces varias Anonáceas en el Perú.

Al decir del jesuíta Molina, en Chile se cultivaban sólo en la parte septentrional, vecina al Perú (Molina, G. I., 1776, 50).

Había chirimoyas en los yungas del partido de Larecaja, según una relación del doctor Boso, conocido de autos, sobre un viaje que realizó en 1824. Señala allí ecl nombre regional CUTICUTI, y para Sorata el de CHINCHICHINCHI (Boso: Valdizán y Maldonado, 1922, III, 334-335).

 

18-Annona montana Mac..

ARATICÚ, GRAVIOLA, GUANÁBANA en el Brasil.

Lo más probable es que sea a esta especie a la que se refieren bajo el nombre de guanábana los relatos de viajes por el Amazonas en el siglo XVI. Un conocedor del área dice que es común en los rastrojos ya veces cultivada por algunos indígenas; pero que en general es fruta poco apreciada (Ducke: IAN, 1946, 4). Otro científico anota que A. squamosa (fruta de conde), A. retículata (corazao de boi) y A. murícata ( araticú o guanábana) fueron introducidas al Pará desde las Antillas, la primera en 1626, y las otras dos en fecha no indicada (Huber: BMG, 1904, 380). Bajo el nombre general de araticú con diversos calificativos describe Marcgrave varias Anonáceas de la parte oriental del Brasil (Marcqrave, 1942, 93, xli).

En la planicie amazónica, mencionan guanábanas el reo lator del viaje de Francisco de Orellana en 1542, abajo del pueblo de los Bobos (Carvajal, G., 1942, Quito, 38), y algunos de los que han contado la expedición Ursúa-Aguirre, cerca del pueblo de los Bergantines (Vázquez, 1945, 63; Ortiguera, 1909,376,347). Pablo Maroni cita la guanábana como fruta existente en la región siuada arriba del Putumayo (Jiménez de la Espada, 1889, Mar., 115). Otro observador las vio en el sector Caquetá-Putumayo (Serra, 1956, 1, 201).

 

19-Rollinia spp..

ANONA.

BIRIBÁ.

Varios documentos que mencionan ANONAS en la costa ecuatoriana a partir del siglo XVII, incluyéndolas entre las frutas nativas de Puerto Viejo y de Coaques (Torres de Mendoza, 1868, IX, 279; Herrera y Montemayor: Vargas Ugdrte, 1947, 70) y quizá Guayaquil (Alcedo y Herrera, 1946, 76; Baleato, 1887, 54), con toda probabilidad se refieran a Rollinia y no a Annona. Especies del primer género existen en algunos lugares del occidente colombiano; el autor ha colectado semillas de una en el río Iscuandé.

Una anona debió ser común en jurisdicción de Quito a mediados del siglo XVIII, pues a esas frutas se aplica, por lo menos en parte, la noticia de Velasco, de que tienen "la cor- teza amarilla oscura? muy delicada" (Velasco, 1927, I, 66).

Pero donde más seguramente las referencias sobre ANONA correspondan a Rollinia, es en la vertiente oriental de los Andes y en la cuenca amazónica. Había anonas en Valladolid, sitio minero del oriente ecuatoriano, a unas 20 leguas de Loja, según la relación de Juan de Salinas Loyola de 1571 (Jiménez de la Espada, 1897, IV, lxxviii). En la doctrina de Nambija y Yaguarzongo, del corregimiento de Zamora de los Alcaides, en un vocabulario de los nombres regionales de algunas frutas, se pone "[singux] guayabas, digo anonas" (Ibid., 25).

En el mismo caso están las anonas que había en San José del Caquetá a mediados del siglo XVIII (Serra, 1956, 1, 162), y las que para el sector Marañón-Napo mencionan los jesuítas Juan Magnin como ANONES (Magnin: RI, 1940, I, 156) y Pablo Maroni como ANONA (Jiménez de la Espada, 1889, Mar., 115).

No se sabe si era Annona o Rollinia la que había cultivada en Huamalíes y silvestre en la selva según el botánico Ruiz; pero sin duda pertenecía al último género la que él bautizó como Annona lutea o amarilla, de la cual dice que era silvestre, aunque algunos pies de ella se entremezclaban en los plantíos de coca abajo de Huánuco (Ruiz, 1952, I, 326). Quien escribe colectó cerca de Tingo María en 1952, semillas que fueron sembradas en el Valle del Cauca.

Este género se conoce con el nombre de BIRIBÁ en el Amazonas brasileño. Según una relación de viaje, de 1662, en Belem del Pará había entonces muchos BERIBASES (Huber: BMG, 1904, IV, 377, 392).

Para aumentar la confusión, parece que en la parte oriental de Bolivia el araticú, en vez de ser Annona como en el Amazonas, es Rollinia emarginata Schlecht (Parodi, 1935, 156). Serían estas las GUANAVANAS que encontró Juan Alvarez Maldonado en la región del bajo Madre de Dios o Manu en la sexta década del siglo XVI? (Alvarez Maldonado, 1899, 51 ). En el sector de Santa Cruz de la Sierra, el doctor Boso menciona las siguientes Anonáceas: PITIRO, especie de chirimoya de carne morada (el río Pitiruta se llama por ellas); MACUYO, otra de carne blanca sin fragancia; y CALAVE, llamada en Santa Cruz SININI, manera de guanábana de carne blanca y semilla amarilla (Boso: Valdizán y Maldonado, 1922, III, 354; Cárdenas, 1950, III, 21-22).

 

MORACEAS.

20-Pourouma cecropíaefolía Mart..

Pourouma aff. sapída Aublet.

 

PURUMA, en caribe de la Guayana (Aublet, 1775, II, 892).

CAMUIRRO, entre algunas tribus de los Llanos orientales de Colombia.

SIRPE, CAIMA, CAIMARÓN (o CAMAIRÓN), UVA CAIMARONA (Pérez Arbeláez, 1956, 524).

CUCÚRA (Río NeGro), MAPATÍ (Solimoes), PURUMÁ (Solimoes) y UVILLA (Loreto, Perú) (Ducke: IAN, 1946, l0).

HIYE, JOYAHIYE, en la lengua general del sector Caquetá-Putumayo (Jiménez de la Espada, 1904, 29, 32).

En el área equinoccial hay muchas especies de Pourouma que producen frutos comestibles. Algunas de las espontáneas se estudiarán en otra obra. Aquí sólo se discuten los datos aplicables a P. cecropiaefolia o a P. sapida (Aublet) Karst., que han sido objeto de cultivo, la primera desde la época prehispánica.

UVEROS hallaron Felipe de Huten y su gente (1541?) al llegar al río Montoa, en la porción meridional de los Llanos orientales, según los informes que le dio Arteaga, uno de los hombres de esa expedición, al cronista Juan de Castellanos (Castellanos, 1955, II, 187).

Por la misma vía que utilizó en 1569 Gonzalo Jiménez de Quesada para su larga y desafortunada expedición a los Llanos orientales, habían ido pocos años antes Pedro de Silva y su adalid Diego Soleto, quienes descubrieron una tierra

"donde los naturales se  preciaban

de ser agricultores curiosos,

porque tenían huertas bien labradas

de preciadas legumbres y de plantas

fructíferas de especies diferentes,

entre las cuales hay los que se llaman

en aquel idioma camayrones,

árboles semejantes a higueras

en la traza de ramas y de hojas

y en el tronco y corteza, pues herida,

también despiden leche como ellas,

ya cada cual juntó naturaleza

con otra planta de su misma casta

a quien llamamos macho comúnmente

por ser estéril y algo más cubierto

que la que lleva fruto, cuyas ramas

ocupan más lugar, y dellas penden

racimos grandes de pomillas negras

tan grandes como nueces, más y menos,

a manera de dátiles digestas,

el hollejo sutil y delicado

y mucho más doncel que mollar uva,

un cuesquecito dentro no muy duro;

y están aquestos árboles plantados

cerca de las corrientes de las aguas,

y el gusto de su fruto bien pudiera

en abundante tiempo de regalos

ser a todos los buenos antepuesto,

suave, cordial y peregrino,

nada nocivo, antes saludable"

(Castellanos, 1955, IV, 528). Los integrantes de la expedición del propio Quesada hallaron también "camarones" (Ibid., 537-538).

A los jesuítas Cassani y Rivero se les deben valiosas noticias descriptivas de P. cecropiaefolia. Dice Cassani, al enumerar las frutas vernáculas de la región entre la serranía dé Morcote y los Llanos de Casanare: "Hai una especie de ubas silvestres, que no se dan en otras partes: los Españoles llaman «camuirro»: es un arbol mediano, de tronco desnudo, que como la palma forma en lo sumo una vistosissima copa de sus ojas, y frutos: estas penden de un vastaguito, o palito, en el qual de cada uno salen trece ojas largas, como de media vara, y en echura de un plumage: caen azia abaxo por su natural peso, y queda formando en todo el arbol un ramillete vistosissimo, o un multiplicado cumulo de plumages, que a los Españoles, por nuevo admira, ya los Naturales, aunque están hechos a verle, siempre agrada: su fruta es un racimo como de datiles, o ubas, que pende del nacimiento de cada uno de aquellos vastaguitos, o palos, de donde nace el ramillete de las trece ojas: son estos granos sabrosos, y en el color negro, y en la suavidad muy dignos de ser comparados con nuestras ubas" (Cassani, 1741, 46).

 

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Fig. 4. Pourouma sapida (Aublet) Karst. . Caimarón, uva caimarona, camuirro. Frutal de los Llanos Orientales dispersado por las tribus del sector y ahora cultivado en otras regiones de Colombia. Reproducido de Karsten, H. : Florae Columbiae. ... 1862-1869, II, 19-20, pl. CX.

 

Rivero, bajo el mismo nombre de CAMUIRRO, describe en general para todo el Casanare el mismo árbol con términos semejantes a los usados por Cassani; pero agrega este dato, valioso por indicar un proceso de domesticación que tal vez era ya muy antiguo: "de  la raíz de estas [ramas] pende un racimo grande colmado todo de estos granos, regalo de la nación Achagua, la cual desde los montes del Airico condujo la semilla de esta planta, que es como los granos de la pimienta, la sembraron en las orillas del Guanapalo, y allí han logrado su estimado fruto" (Rivero, 1883, 5-6;-----, 1956, 5-6). En otro lugar se dijo que el Airico es la zona comprendida entre el Guayabero y su afluente el Ariari.

Del período republicano son el trabajo descriptivo del caimarón (Karsten, H., 1862-1869, II, 19-20, pl. CX) [véase figura No.4]; observaciones sobre biología (florece en diciembre y enero; madura entre mayo y junio) (Restrepo, E., 1870, 61), y otras menciones incidentales (André: LTDM, 1878, XXXV, 151?; Cuervo Márquez, 1956, 84).

Una de las especies de la región oriental, que se ha tenido como P. sapida, fue introducida tardíamente al occidente colombiano. Se empezó a propagar a partir de 1940 por la Estación Agrícola de Palmira, de donde se llevaron semillas y plantas a la Estación del Calima en 1945. En este último año había ejemplares también en la Estación Agrícola de Armero (Patiño, 1947, Mem., 26; , Informe Inédito).

De P. cecropiaefolia dice Ducke que es muy cultivada por los indios y civilizados en la parte occidental del Amazonas, y sobre todo cerca de la frontera de Perú y Colombia. Abunda en las vecindades de Iquitos (Ducke, op. cit., 10).

 

21-Brosimum utile (H.B.K.) Pittier.

SANDE, costa occidental de Colombia.

GUÁIMARO, área circuncaribe.

PALO DE VACA, PALO DE LECHE (Pérez Arbeláez, 1956, 521).

AVICHURI (Cuervo Márquez, 1956, 84).

CUERPA o SUERPA, CUERPE, en la región de los muzos (véase adelante).

La enorme difusión del SANDE en la Cordillera Occidental de los Andes, en la costa del Pacífico y en la cuenca del Atrato; los usos que en esas regiones se le dan, y la observación personal, permiten sospechar que pudo ser este el árbol al que se refiere Cieza en dos pasajes de su Crónica, como el único que verde y aun chorreando agua, permitía encender fuego en las montañas de Abibe, a los españoles de la expedición de Vadillo (Cieza, 1924, 44-45).

Del antiguo Estado del Cauca hay varias referencias que se pueden aplicar a esta especie. En las provincias de Popayán y de Cauca el GUÁIMARO figura como "madera de lustre" y para tinte negro; al mismo tiempo el SANDE como cosa distinta. Con el último nombre está incluído entre las plantas productoras de gomas y resinas de las provincias de Buena- ventura y Chocó, y aún como planta medicinal: "«sande», cuya leche glutinosa sirve para las inflamaciones del vaso [sic]" (Pérez, 1862, 188, 186, 185, 187).

No hay noticia sobre el uso del fruto para alimentación humana en la costa occidental ni en el Valle del Cauca. La leche que se obtiene hiriendo la corteza sí la beben los cazadores y caucheros que andan monteando en el litoral, y aún se usa para adulterar el chicle o popa (Couma macrocarpa).

Guáimaros incluye Aguado entre los frutos nativos de Lagunilla o Zamu y de Mérida, sobre la cuenca del río Chama, a la llegada de los españoles a mediados del siglo XVI (Aguado, 1917, II, 227, 300). En las ordenanzas de Vázquez de Cisneros sobre el trabajo indígena en esa provincia; publicadas en 1620, se cita una parcialidad llamada Guyámaros o Guáymaros (Gutiérrez de Arce: AEA, 1946, III, 1174- 1175, 1182, 1196). El látex que vierte la corteza dio origen, no sólo al primitivo nombre genérico Galactodendron ( árbol de leche), sino a muchas exageraciones. Humboldt observó esa especie en Venezuela, y reproduce noticias acerca del uso de dicho líquido en Cumaná dadas por Juan de Laet en 1633 (Humboldt, 1941, III, 155-156). El "árbol de leche" es mencionado también en Cocorote, occidente venezolano en 1626 (Vázquez de Espinosa, 1948, 93).

Gumilla, al referirse a las producciones de las vastas planicies orientales, manifiesta: "también abundan los [guáymaros], que cargan mucho de unas frutas menores que bellotas, de mucho gusto" (Gumilla, 1944, I, 266).

Cultivaban el guáimaro los aborígenes del valle de Caldera, Sierra Nevada de Santa Marta (Simón, 1953, VIII, 114). Describiendo el alférez de la Rosa los frutos nativos de dicha provincia, dice: "El árbol de guáymaro es altísimo y frondoso; da su fruta en racimos, llamada como él, la cual cocida sirve al apetito como la castaña de Europa. Echanse los guáymaros en el puchero, y son muy gustosos. Las faltas del maíz (pan común de todas las Indias) las suplen comiéndose cocidos en lugar del bollo" (Rosa, 1945,321,282).

Era especie común en el sector comprendido entre los ríos Atrato y Magdalena (Torre Miranda, 1794, 19, 30).

La relación geográfica de La Palma de los Muzos (1581 ) incluye entre los árboles nativos lo que llama CUERPA, cuyos frutos se comen cocidos (Latorre, 1919, 124), cosa que corrobora la relación gemela de Trinidad de los Muzos del año siguiente, cuando -esta vez entre los árboles de cultura- pone: "«Cuerpe», o guáymaro de los españoles cuya pepita se come cocida" (Morales Padrón: A EA, 1958, XV, 607).

Un árbol productor de leche, llamado SÁNDIL, que arde estando verde, se daba en las montañas andinas entre el páramo de Guanacas y los nacimientos del Caquetá (Serra, 1956, I, 159).

En el pueblo altocaqueteño de Descanse y de allí hacia abajo lo señala otro viajero (Rocha, J., 1905, 19-20).

 

22-Brosimum alicastrum Swartz.

CAPOMO, RAMÓN, en Yucatán.

De esta especie, originaria de América ístmica, Méjico y Antillas, se usa el fruto hervido como alimento humano y animal, y el follaje para las bestias (Martínez, 1936, 99-102). Se cultiva como ornamental en algunas avenidas de la ciudad de Mérida, Méjico. Semillas fueron introducidas a la Estación Agrícola de Palmira en octubre de 1947, desde la Estación Agronómica de Santiago de las Vegas, Cuba, y otra vez en noviembre de 1949, de Estados Unidos (Ramos Núñez: EAP, nov. lo, 1956). Quien escribe también llevó al Valle del Cauca, en noviembre de 1957, semillas tomadas en Mérida.

Este es el BREAD-NUT que se usaba en Jamaica como forraje y aun como alimento humano en épocas de escasez (Long, 1774, III, 768-769).

 

LAURACEAS.

23-Persea spp..

 

AGUACATE, del náhuatl AHUAQUAHUITL, según unos (Henríquez Ureña, 1938, 103), o de AHOACAQUA- HUITL o AHUACACUAHUITL según otros (Hernández; 1942, 1, 88-89; Ximénez, 1888, Mor., 59; Robelo; 3a ed., 338-339, 344).

ASWE, en cuna (Wassén, 1949, 57).

BEO (Uribe Ángel, 1885, 525), BEGO (Fr. Pablo del Smo. Sacramento, 1936, 78), en catío; VEÓ, en chamí (Robledo, E.: RHA, 1922, 606), ambos dialectos de la lengua chocó.

CURO, CURA, usados al oriente del Magdalena; quizá de algún idioma chibcha.

OKZE, OTZE, en el idioma páez de la Cordillera Central de Colombia (Rivet: JSAP, 1941, XXXIII, 36). PALTA, de un dialecto de la lengua jívara (Ecuador interandino), incorporada al quechua (Jijón y Caamaño, 1941, II, 45-53), inicialmente bato la forma PALTAY, para el árbol y PALTAY PAYURAC para el fruto (Navarrete, D. de S. T., 1560, 159; González Holguín; 1608, 272).

PERA, nombre español usado en los primeros tiempos, antes de que se generalizaran algunos vocablos indígenas.

El curo ilustra muy bien lo que se dijo en el primer capítulo de esta obra, acerca del carácter de alimentos básicos y no de meras golosinas que tuvieron algunos frutos para los pueblos indígenas de la zona intertropical americana. El hecho de que sean más conocidas y hayan sido objeto de Selección sistemática las variedades de Méjico y de Guatemala, para incorporarlas al cultivo industrial en el sur de los Estados Unidos, hace olvidar que tipos sin seleccionar de varias regiones de la porción equinoccial (Sierra Nevada de Santa Marta, Mariquita, Tumaco etc.), sostienen ventajosamente la comparación con cualesquiera otros que la ciencia agronómica haya perfeccionado.

El carácter continental y no insular del género Persea, a la llegada de los europeos, está sólidamente documentado.

América ístmica.

Nada nuevo, sino repetición de las nociones admitidas en su época, ofrece sobre el aguacate en Guatemala a mediados del siglo XVIII el historiador y naturalista Fuentes y Guzmán (Figueroa Marroquín, 1957, 91-92).

Benzoni dice que entre las frutas de Nicaragua se encuentra una que no hay en la Española ni en ninguna otra parte de las Indias, semejante "a nuestras peras, con un hueso redondo del tamaño de una vez y media una nuez; de óptimo sabor; el árbol que la produce es muy grande y de hoja pequeña" (Benzoni, 1572, 102). Las Casas hace considera consideraciones similares acerca de la importancia que ese fruto tenía en dicho país (Casas, 1909, 152).

" «Agoacates» e por otro nombre las llaman peras, que es muy buena fruta", figuran con los pijibayes, entre las que usaban los indígenas del valle de Coaza en el río Sixao1a, cuando estuvieron allí por primera vez los españoles en 1540- 1541 (Fernández, 1907, VI, 287). Una montaña del Aguacate aparece como topónimo en el valle central de Costa Rica en documentos coloniales (Ibid., 1907, X, 109, 113). En el sur de esa república empieza a llamarse con el nombre aparentemente chibcha de CURA (Popenoe, 1920, 17-19; : CEIBA, 1953, 268). Eran pequeños los que se daban en el recóncavo de la bahía del Almirante, ocupado por los dorases y zuríes (Rocha: Meléndez, 1682, III, 362).

Oviedo y Valdés desde 1526 habla de las PERAS como espontáneas en Tierra Firme (Oviedo y Valdés: Vedia, 1946, I, 502;-----, 1950, 215-216). Posteriormente repite que ha visto este árbol Con apariencia de ser nativo o autóctono en la sierra Capira del istmo panameño, y en tierras del cacique Janagua, de lengua cueva. Hace notar que en Nicaragua, a pesar de ser árbol cultivado, la fruta es más pequeña que en Panamá (Oviedo y Valdés, 1851, 1, 353-356, 354). Si loS nombres indígenas perduran, el que le darían los cuevas sería el actual cuna ASWE (Wassén, 1949, 57).

Documentos de principios del XVII se refieren al aguacate en Portobelo, como a "fruta sana y de sustancia" (Torres de Mendoza, 1868, IX, 115; Vázquez de Espinosa, 1948,285).

Cieza menciona los AGUACATES entre las frutas de la tierra en Panamá (Cieza, 1924, 19), noticia confirmada medio siglo después por la Audiencia de esa ciudad, que habla entonces de AGUACATES (Torres de Mendoza, 1868, IX, 97; Serrano y Sanz, 1908, 147, 74). Se cultivaba en las islas del golfo de Panamá a fines del siglo XVII (Lussan, 1699, 75), especialmente en Chepillo (Dampier, 1927, 144).

Antillas.

Todo parece indicar que la difusión del Persea y de otras frutas a las Antillas se operó a partir de la conquista española. Un pasaje de Luis Jerónimo de Alcocer sobre Santo Domingo (1650) consagra el hecho, aunque todavía no aplicado al aguacate: "Algunas frutas de Indias se han traído de otras partes" (Rodríguez-Demorizi, 1942, 1, 206). La relación de dicha isla hecha en 1699 por Fernando de Araújo y Rivera, ya lo incluye entre las frutas cultivadas allí ( Ibid., op. cit., 301 ).

Igualmente tardías son las noticias para Jamaica. Hughes, en 1672, dice haber visto sólo en esa isla la fruta conocida con los nombres de SPANISH-PEAR y SHELL PEAR, cuya pulpa macerada con vinagre y pimienta o preparada de otros modos, se consideraba excelente (Hughes, 1672, 40-42). Dampier confirma la existencia en dicha colonia inglesa (Dampier, 1927, 144).

En la isla de San Andrés, según una relación de fines del siglo XVIII, se cultivaban aguacates ( Serrano y Sanz, 1908, 317). Andando el tiempo se convirtieron en renglón de exportación (Parsons, 1956, 15, 32).

Región caribe-magdalenesa.

En el valle de Nutibara, cuenca del Atrato, a la llegada de los españoles de Vadi1lo, "había muchos árboles que llamamos aguacates" (Cieza, 1924, 46). En la descripción de un viaje hecho por ese río hacia fines del siglo XVIII se habla de ellos en la localidad de Ichó (Cuervo, 1892, II, 310).

En Cartagena no hay noticias de los primeros tiempos de la ocupación española Dampier dice más tarde que había allí aguacates (Dampier, op. cit., loc. cít.). En cambio, sí consta que se daban en Ayapel en la época de los Heredias (Simón, 1953, V, 165).

La que cronológicamente parece ser la noticia más antigua sobre el aguacate (1519) se debe al bachiller Enciso y corresponde a Santa Marta. Aunque dice que la fruta parece naranja, la descripción de las que se daban en Yabaro, costa de Santa Marta, no deja lugar a dudas: ". ..cuando es sazonada para comer vuélvese amarilla; lo que tiene de dentro es como manteca, y es de maravilloso sabor y dexa el gusto tan bueno y blando que es cosa maravillosa" (Enciso, 1948,216). Aguacates cultivaban los indígenas del valle de Caldera, en la Sierra ( Simón, 1953, VIII, 114; Vázquez de Espinosa, 1948, 296). En Santa Marta eran muy comunes a mediados del siglo XVIII : "Abunda tanto, que en las cercanías de la capital hay cejas de monte de solos estos árboles. .." A causa de su corpulencia, se empleaban entonces para sombra en los plantíos de cacao (Rosa, 1945, 290). Macizos de aguacates bordeaban el sendero en La Cuchilla, yendo para San Antonio, en la Sierra Nevada, y Reclus vio los frutos caídos por el suelo a millares (Reclus, E., 1881,285).

Cuenca del Cauca.

Cuando Gaspar de Rodas llegó con su gente en 1570 al pueblo de Norisco, lo encontró recién quemado y destruidos los mantenimientos, para que los españoles no se aprovecharan de ellos. Los indios se habían retirado a los montes vecinos,

"lo cual fue causa de que padeciesen,

grave necesidad, y mayor fuera

si no se socorrieran del ganado

y fructa de aguacates que hallaban

en grande cuantidad, cuya hechura

es a similitud de pera verde,

aunque mayor y de más largo cuello,

de gusto simple cuasi de manteca,

ningún olor, mas tales hay que tienen

el del anís, y su sabor el mismo,

una pepita sola, y esa grande

poco menos que huevo de gallina:'

es fructa sana, y es el árbol alto,

no muy hojoso, mas de buena vista.

Destos se sustentaron algún día

en tanto que caudillos diligentes

que la tierra corrían por momentos

descubrian asiento más propicio. .."

 

(Castellanos, 1955, III, 5'71-572; Simón, 1953, VII, 24).

Otros lugares donde había aguacates eran San Jerónimo del Monte cerca de Zaragoza (Simón, 1953, VII, 223), y Cáceres (Vázquez de Espinosa, 1948, 317), donde se daban todo el año de tres clases.

En general en el territorio de Antioquia era fruta común y muy apreciada por los naturales (Uribe Angel, 1885, 516).

Al llegar la expedición de Jorge Robledo en 1541 al norte de Arma, los españoles encontraron un pueblo, al que pusieron de las Peras. "En este pueblo había...una fruta que se llama «aguacates» , ques como peras, eran tan grandes como una pera de las de Castilla, de invierno; tienen dentro unos cuescos redondos tan grandes como nueces, son muy buenos para agua de piernas. .." (Robledo, J.: Cuervo, 1892, II, 403, 404;-----: Jijón y Caamaño, 1938, II, Doc. 86, 96; Robledo, E., 1945, 96). Cieza habla también de FALTAS en Arma (Cieza, 1924, 69). Un sitio Aguacatal se registra en el antiguo camino de Manizales a Honda (Schenck, 1953, 40, 41).

En cambio, para referirse a Cartago Cieza usa el término AGUACATES (Cieza, op, cit., 84). Treinta, años después Guillén Chaparro describe así los aguacates de Cartago : ". ..fruta a manera y color de pera de Castilla, hay unos grandes y otros pequeños, tiene la primera cáscara delgada, y lo que está pegado a ella es lo que se come, tiene sabor de nueces tiernas e tiene en medio un cuesco grande que partido el cuesco tiene olor natural de pino..." (Guillén Chaparro: AIP; 1889, XV, 147). Todavía a fines de la época colonial un nativo de esa ciudad habla de paltas o aguacates como producto vernáculo (Campo y Rivas, 1803, 29).

Cieza y Guillén Chaparro se refieren también el primero a las PALTAS y el segundo a los AGUACATES de Cali ( Cieza, op. cit., 92; Guillén Chaparro, op. cit., 151 ). Esto no debe extrañar, pues todavía uno de los Tíos tributarios del Cali se llamar Aguacatal, que en los documentos coloniales, por lo menos hasta 1628, figura como Río de los Aguacates (Arboleda, 1928, 102). En la planicie vallecaucana este ha sido uno de los frutos más perseverantemente cultivados. Holton los vio en Roldanillo a mediados del siglo XIX (Holton, 1857, 410).

Asegura Cieza que en Popayán "hay muchas arboledas de frutales, especialmente de los «aguacates» o «peras», que destas hay muchas y muy sabrosas" (Cieza, op. cit., 102), Como puede verse, este autor ha usado para la cuenca del Cauca tres nombres diferentes, ninguno de los cuales debía ser nativo, pues en  páez y coconuco se dice OKZE y variantes. En la Cordillera Central se menciona en el siglo XVII un pueblo de indios, Agúacatal, por el paso de pisojé y Hato Frío, o sea en el área de los páeces (Olano, 1910, Doc. 31).

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