Valle del Magdalena y Nuevo Reino de Granada.

Los patangoros "Tenían asímismo curales, que son árboles crecidos y grandes; tienen la hoja casi a la manera de la de cidro; la fruta de éstos algunos las llaman peras, por tener alguna similitud de ellas, y otros las llaman curas, y otros paltas. Es fruta que pocas de ellas maduran en el árbol, sino desque están crecidas y de sazón las cogen y las ponen en parte abrigada donde maduran. Tienen dentro un gran hueso que ocupa la mayor parte de ella, el cual no es de comer sino la carne que entre este hueso y el cuero se cría que es, si está de sazón y bien madura, de muy buen gusto, aunque es comida ventosa y pesada y humida" (Aguado, 1947, II, 112-113). Lo de la maduración provocada lo había consignado Oviedo desde 1526. .

CURAS figuran entre las frutas que los indígenas de Mitaima, en el flanco oriental de la Cordillera Central, ofrecieron en 1550 a López de Galarza (Aguado, 1916, I, 625). Constituían una de las más apreciadas producciones de los pijaos (Tascón, T. E., 1938, 130).

Se ha hablado de un huerto indígena cerca de Chaparral, que incluía aguacates. En la misma región ocupada por los pijaos se registra un Río de las Curas (Simón, 1953, IX, 84, 94). También era cultivado en Timaná (Ibid., VI, 46), y en Suaza (Arcila Robledo, 1950, 372-373).

En la margen derecha del Magdalena, cuando Jiménez de Quesada bajó contra los panches,

"vinieron, pues, algunos principales

con guamas, aguacates y otras frutas. .."

 (Castellanos, 1955, IV, 264; Simón, 1953, II, 118; Fernández de Piedrahita, 1942, II, 87).

Había CURAS en Tocaima, y en la región de los muzos (Aguado, 1916, I, 578; 1917, II, 708). La relación de La Palma de los Muzos de 1581 incluye los CUROS entre las frutas de la tierra (Latorre, 1919, 122). Asimismo, como cultivadas, la descripción de trinidad de los Muzos de 1.582 habla de “ curas y paltas y aguacates"; CACHI eraernombre de la fruta y PATA el del árbol en el idioma local; la semilla se usaba molida como remedio contra las diarreas (Morales Padrón: A EA, 1958, XV, 606). Eran comunes (y han continuado siendo excelentes hasta hoy) en Mariquita (Simón, 1953, IV, 60). Para 1610 en Tunja se conocían las "curas, que otros llaman aguacates" (Torres de Mendoza, 1868, IX, 400). En general, en todo el Nuevo Reino de Granada "el fruto de los árboles que llaman «curos», y al fruto «curas» y «aguacates», se produce con mucha abundancia en todas las tierras templadas y cálidas, y en éstas con mayor abundancia, y es fruta regalada y apreciada" (Oviedo; 1930, 43).

Las CURAS ( el texto dice ClRAS) eran también familiares a los chitareros de Pamplona (Aguado, 1916, I, 590)

 

Venezuela y Llanos orientales.

En 1563 los indios de Burba, en el valle del Espíritu Santo, entre Pamplona y Mérida, secuestraron a su encomendero Juan de Medina y "le amarraron fuertemente en un árbol que los españoles llaman cural, de do se coje la fruta llamada cura", y lo despedazaron poco a poco, en venganza de los malos tratos que les había inferido (Aguado, 1917, II, 544). Eran las curas frutas comunes en Lagunilla y en Mérida a la llegada de los europeos (Ibid" 227, 300).

Curas tenían los cuicas de Trujillo (Arellano Moreno; 1950, 98), y los naturales de Tocuyo (Ibid., 149). Asimismo se cultivaban en el valle de Caracas : Juan de Pimentel los nombra CURAGUA o AGUACAL (Latorre, 1919, 84; Arellano Moreno, 1950, 84). Documentos posteriores dicen lo propio (Dampier, 1927, 144).

Para principios del siglo XVII había aguacates en la isla de Trinidad (Vázquez de Espinosa, 1948, 77).

En la región oriental de Venezuela era fruta común a mediados del siglo siguiente (Caulín, 1779, 21, 22).

A la Guayana parece que llegó mucho más tarde (Aublet, 1775, 1. 364).

En los llanos del Meta también había aguacates (Balderrama, 1955, 294), no es posible decir si nativos o procedentes de los flancos cordilleranos.

 

Costa del Pacífico.

Entre los idibaes de la región de las Anegadas, cerca de bahía de Solano, las paltas eran frutas tradicionales, según documentos de la primera mitad del siglo XVII (Córdoba Salinas, 1957, 248;  Arcila Robledo, 1950, 52).

Silvestres se daban los aguacates en el valle del Salado, alto Dagua, para fines del período colonial (Villaquirán: BHV, 1939, 245), aunque -como en casos semejantes de lugares anteriormente habitados por numerosa población indígena- podrían ser relictos de antiguos cultivos.

A medida que se avanza hacia el sur de la costa colombiana, las condiciones parecen más propicias, pues la calidad de la fruta es excelente. Un misionero dice que en la isla de Gorgona había a mediados del siglo XVIII aguacates, con fruta "como los pechos de una moza doncella" (Serra, 1956, II, 190). Como ninguna fruta --excepto las uvas (Pourouma) que se mencionan en otra obra-- hallaron los primeros españoles que allí estuvieron, se debe concluír que durante la época colonial fue llevado el aguacate desde la costa vecina.

Los de Tumaco, en sus dos variedades verde y morada, rivalizan en calidad con las mejores; pero no hay noticias históricas sobre esta zona.

Para mediados del siglo XVI. Cieza incluye las paltas entre las frutas de Puerto Viejo ( Cieza, 1924, 155), dato confirmado por la relación de esa ciudad de principios del siglo siguiente (Torres de Mendoza, 1868, IX, 279). Cerca de la línea ecuatorial, en los lugares de Coaques y Cabo Pasao eran también comunes (Herrera y Montemayor: Vargas Ugarte, 1947, 70, 83). En la jurisdicción de Guayaquil se señalan para principios del siglo XVII en Picuazá como GUACATES, y en Guayaquil propio como AGUACATELES(Torres de Mendoza, 1868, IX, 305, 251). Con posterioridad se mencionan en Daule (Alcedo y Herrera, 1946, 76). A mediados del siglo XIX se creía que los de mejor calidad eran los de Bodegas y Baba (Baleato, 1887, 54).

 

Callejón interandino ecuatorial.

Había aguacates en la provincia de Quillacinqa en 1583 (Guillén Chaparro, op. cit., 153). La pluralidad de nombres que se señaló en la hoya del Cauca se presenta también en el Ecuador interandino al terminar el siglo XVI. Aparecen mencionados como frutas de la tierra los AGUACATES en Otavalo (Jiménez de la Espada, 1897, III, 114); del mismo modo en Pimampiro (Ibid., 131); " «paltas» , que son como peras verdenales de Castilla y mayores", en Cañaribamba o Cuenca (Ibid., 185); y "«paltas» y por otro nombre peras", en Loja (Ibid., 202). Algunos han querido confinar a esta última jurisdicción el foco o centro originario de la especie (González Suárez, 1890, I, 158; Jaramillo Alvarado, 1955, 34-36, 92), basándose en la aserción de Garcilaso de que de esa provincia se llevó por Tupac Yupanqui al Perú. Lo mismo podría decirse de casi toda la Cordillera andina y de la América ístmica.

La mención sobre la provincia de Yumbos, al oeste de Quito, es de mediados del siglo XVII (Jiménez de la Espada, 1897, III, ci); pero el cultivo pudo ser allí tan antiguo como en otras partes.

Las noticias del siglo XVIII añaden muy poco a lo anterior, pues se limitan a repetir nociones consagradas (Juan y Ulloa, 1748, I, 394-395; Serra, 1956, II, 327; Velasco, 1927, I, 74)

 

Area amazónica.

El misionero Serra, quien probó aguacates en la parte superior del Magdalena, cuando ejerció su ministerio en el alto Caquetá, donde también los había, se aficionó a comerlos (Serra, 1956, 1. 296, 306).

En los flancos de la Cordillera Oriental de los Andes, en el sector comprendido entre el Napo-Pastaza y el Marañón, las relaciones geográficas del siglo XVI incluyen Persea entre las frutas nativas. En Chuquimayo, cuenca del río Chinchipe, las “peras", según Diego de Palomino (1549?) eran frutas vernáculas (Jiménez de la Espada, 189,7, IV, xlviii). En Zamora de los Alcaides, gobernación de Juan de Salinas, se daban "paltas, por otro nombres peras y aguacates" (Ibid., 5, 20). En San Juan de Chamato (Nambija o Yaguarzongo) los aguacates se decían LANGAVIX en lengua nativa (Ibid;, 25). En Valladolid, al oriente de Loja, había hacia 1571 "paltas, por otro nombre peras o aguacates" (Ibid., lxxviii).

Tampoco faltan noticias de la existencia de esta fruta en la propia planicie amazónica, por lo menos hasta el Rionegro. Relata el cronista Gaspar de Carvajal que durante la expedición de Orellana en 1542, se encontraron en un lugar , llamado Paguana, arriba de la confluencia del citado río de aguas negras, "peras, que en lengua de la Nueva España se llaman aguacates" (Carvajal. G., 1894, 46). También uno de los relatos de la expedición Ursúa-Aguirre, debido al capitán Altamirano que participó en ella, se refiere a los indios paltas, que vivían cien leguas abajo del Marañón, y menciona el aguacate entre las frutas de Cararo, lugar donde los expedicionarios hallaron comida para más de seis meses (Vázquez de Espinosa, 1948, 383, 384).

Los jesuítas misioneros de la primera mitad del siglo XVIII en la región de Maynas, incluyen el aguacate entre las frutas locales, sin ningún comentario (Magnin: RI. 1940, I. 156; Jiménez de la Espada, 1889, Mar., 115).

A la parte baja del Amazonas parece fue introducido después de la conquista europea (Huber: BMG, 1904, 382).

 

Perú.

Por la parte costera, Cieza dice que en el sector de Túmbez a Trujillo, se cultivaban las paltas a la llegada de los españoles (Cieza, 1924, 210). Otro autor de principios del siglo XVII las señala específicamente en Trujillo (Vázquez de Espinosa, 1948, 365). Para 1639, Lima se mantenía provista de frutas, entre ellas paltas, casi durante todo el año, pues cuando faltaban los de la costa, que se cosechaban en verano, venían de la sierra, donde se cogían en invierno (Cobo, 1956, II, 317). Las más afamadas eran las del valle de Ica en la costa y las de la provincia de Azángaro en la sierra (Ibid., I. 241 ). Los paltos eran objeto de cultivo cerca de Lima, en la segunda mitad del siglo XVIII (Ruiz, 1952, I. 8).

"Garci1aso de la Vega --a quien siguen en esto otros autores-- dice que se llama palta, "porque de una provincia de este nombre se comunicó a las demás" (Garcilaso, 1945, 11, 181; Yacovleff y Herrera, 1934, 276-277; Vásquez de Espinosa, 1948, 540). Se vio ya que las paltas de la provincia de Azángaro, que está al sur del Cuzco, se consideraban las mejores de la sierra. La relación de La Paz o Chuquiabo, de 1586, incluye las paltas entre las frutas de la tierra (Jiménez de la Espada, 1885, II; 67).

 

Tipos y variedades.

Motolinia hace el siguiente intento de clasificación de los Persea mejicanos: "De estos ahuacates hay cuatro o cinco diferencias: los comunes y generales por toda esta tierra, y que todo el año los hay , son los ya dichos, que son como brevas, y de estos se ha hecho ya aceite, y sale muy bueno, así para comer como para arder; otros hay tan grandes como muy grandes peras, y son tan buenos, que creo que es la mejor fruta en la Nueva España en sabor y virtud: otros hay mayores que son como calabazas pequeñas y esto son de dos maneras, los unos tienen muy grande hueso y poca carne, los otros tienen más carne y son buenos. Todos estos tres géneros de grandes se dan en tierra bien caliente. Otros hay muy pequeñitos, poco más que aceitunas cordobesas; y de este nombre pusieron los indios a las aceitunas cuando acá las vieron, que la llamaron ahuacates pequeños. .." (Motolinia, 1941, 222-223). Hernández y Ximénez sólo mencionan aguacates negros por fuera; ambos autores llaman la atención sobre el olor de las hojas (Hernández, 1942, I, 88; Ximénez, 1888, Mor., 59-60; 60). Los comentadores de la edición de Hernández traen distintas denominaciones regionales para variedades mejicanas (Hernández, 1942, 1, 89).

Acosta (1590) parece haber sido el primero que comparó los Persea norte y suramericanos: "En el Perú son grandes las paltas, y tienen cáscara dura, que toda entera se quita. En Méjico por la mayor parte son pequeñas, y la cáscara delgada, que se monda como de manzanas. .." (Acosta, 1940, 293-294;-----, 1954, 119). En cambio, para Cobo los frutos de mayor tamaño se encontraban en Yucatán, y como hecho general, sostuvo que los mejores se daban en regiones cálidas y secas. "Hállanse tres diferencias de «paltas» : la segunda especie es de unas «paltas» grandes y redondas que se dan en la provincia de Guatimala, las cuales no tienen la cáscara tan lisa como las primeras; y la tercera, de unas «paltas» muy pequeñas, cuales son las de México, las cuales en el tamaño, color y forma se parecen a las brevas; unas son redondas y otras prolongadas, y tienen la cáscara tan sutil y delicada como la de las ciruelas. .." (Cobo, 1891, II, 19-20;------, 1956, 1, 241-242). .Recuérdese que Castellanos se refiere a variedades que llenen olor y sabor a anís (castellanos, 1955, III, 571-572). Según Motolinia: "la hoja ancha y muy verde, huele muy bien. .." (Motolinia, 1941, 223). No describe Vázquez de Espinosa ninguna de las tres clases que según él había en el bajo Cauca (Vázquez de Espinosa, 1948, 317).

Velasco dice que en su tiempo (principios del último cuarto del siglo XVIII) en el Ecuador se conocían paltas de diferentes tamaños (pequeñas como una nuez o mayores de un palmo); figuras (redondas, ovales, cuellilargas), y colores (verdes, negras y moradas) (Velasco, 1927, I, 74).

Una variedad con hojas olorosas a anís introdujo en 1808 desde Jamaica a la Nueva Granada el prócer José María Cabal (Caldas, 1942, III, 20). A raíz de la fundación de la Estación Agrícola de Palmira ( 1928), se importaron algunas variedades mejoradas de aguacates, desde los Jardines Experimentales de Summit, Zona del Canal de Panamá, y de California y Florida. Algunas de ellas se propagaron después en las Estaciones Agrícolas de Armero y de Medellín, a las cuales se hicieron también introducciones independientes. Los tipos más prometedores se han ido difundiendo desde tales entidades portado el país.

 

Usos.

El aguacate constituyó uno de los pilares de la alimentación de los pueblos de América intertropical. Hasta donde puede saberse, se consumía directamente como alimento básico en las épocas de cosecha. Quizá los españoles introdujeron nuevos usos culinarios de aprovecharlo, como sea la adición de azúcar o miel, o la preparación en salmuera o con vinagre. Según Cobo, "algunos la comen con azúcar o con sal, y otros como se coge del árbol, que ella es fruta tan sabrosa cuando está bien sazonada, que no ha menester otro sainete". Rodajas del fruto verde echadas en salmuera servían como sustituto de las aceitunas (Cobo, loc. cit.). En Jamaica, durante la dominación inglesa, quizá como una herencia española, se consumía la pulpa macerada con vinagre y pimienta (Hughes, 1672, 42). Dampier dice que se comía con azúcar o con jugo de limón; pero lo más comúnmente con sal y plátano verde asado, en Panamá (Dampier, 1927, 144).

Desde temprana época se difundió entre los españoles la creencia, generalizada ya para fines del siglo XVI, de que el aguacate era fruta afrodisíaca. Motolinia se limita a decir: "de estos se abstenían los indios en sus ayunos por ser fruta de sustancia" (Motolinia, op. cit.). El protomédico Hernández afirma: "excita extraordinariamente el apetito venéreo y aumenta el semen" (Hernández, 1942, I, 88), parecer al que se adhiere el comentador Jiménez (Ximénez, 1888, Mor., 59- 60). A esa circunstancia le atribuye Dampier la afición de los españoles por el aguacate en Tierra Firme (Dampier, loc. cit.), por la fama de salaces que entre las otras naciones europeas han tenido los ibéricos. El alférez de la Rosa decía a mediados del siglo XVIII: "La pepita [?] comida, despierta el apetito sensual, según la experiencia hecha por la brutalidad de los indios” (Rosa, 1945; 290).

En cuanto a la semilla, la sustancia tánica que contiene se utilizó para marcar ropa, uso que persiste en muchos lugares (Ximénez, loc. cit.; Ruiz, 1952, I, 31 ).

Tradiciones.

La importancia que como alimento tuvo Persea entre los pueblos aborígenes americanos, debió inspirar mitos, leyendas y creencias de las cuales no ha quedado recuerdo. El siguiente pasaje de un jesuíta intolerante no deja duda de que en los Andes septentrionales del Perú esta especie fue objeto de un rito de fertilidad, asociado a profunda intención religiosa, como se deduce de la práctica del ayuno: "Otro abuso más perjudicial que éste [obtener los favores de una mujer acertando con una piedra o vara en el hueco de un peñasco, lo que se llama «Sipastarina»], descubrió y castigó el dotor Alonso Osorio en su visita y es que por el mes de Diciembre, que empiezan a madurar las Paltas, hazían una fiesta que llaman «Acataymita», que durava seys días con sus noches, para que madurase la fruta. Juntávanse hombres, y muchachos, en vna placeta entre unas huertas desnudos en cueros, y dende allí corrían a vn Cerro, que avía gran trecho, y con la muger, que alcanzavan en la carrera, tenían exceso [así]. Precedían a esta fiesta, por vigilia, cinco días de ayuno no comiendo sal, ni agí, ni llegando a mugeres" (Arriaga, 1920, 63).

 

ROSACEAS.

24-Rubus spp. .

ZARZAMORAS.

No estando completo el inventario de las especies que se encuentran en los Andes equinocciales, es casi imposible saber a cuáles se refieren los datos en cada caso.

Describiendo Mártir de Anglería --según los informes del piloto Andrés Morales, quien exploró el Caribe y las Antillas por orden del comendador Juan de Ovando, en 1515?--, el aspecto y las producciones de la isla Española dice que en las montañas de Imizuí e Hybahaino, el clima es frío por la altura, "y en prueba de ello encontraron «aholvas» y zarzos de moras, las cuales dos no aguantan región cálida". Igual cosa ocurría en las montañas de Cotoy, provincia de Cayabo, en el interior de la misma isla (Anglería, 1944, 267, 274). Las Casas también habla de las zarzamoras del Cibao, que consideraba mediocres (Casas, 1909, 17, 38).

Sostiene Oviedo que hay zarzamoras tanto en las Antillas como en Tierra Firme. Cree que se trata de las mismas de España, pero advierte que las plantas son más vigorosas que en Europa, aunque sus frutos sean menores (Oviedo y Valdés, 1851, I, 310).

El uso de la zarzamora en arrope es muy antiguo en América, y ya lo registra Fuentes y Guzmán para Guatemala en el siglo XVIII (Figueroa Marroquín, 1957, 209).

El cronista Simón cuenta como hecho digno de consignase, que el 14 de mayo de 1625 comió en Santa Fe de Bogotá "moras de zarza" recién cogidas; como se refiere al mismo tiempo a otras frutas cultivadas ( camuesas, duraznos, higos), puede sacarse la conclusión que aquéllas procedían de algún huerto de la orden franciscana a la cual pertenecía (Simón, 1953, VI, 132). "Las moras son unas frutas muy regaladas, ya más de ser bien dulces se sazonan con almíbar; y es un manjar bien regalado y muy frescas y cordiales y sirven de remedios. Se producen en los barrancos en todas las tierras templadas" del Nuevo Reino de Granada ( Oviedo, 1930,45).

El misionero Serra dice haber comido en la que es hoy la parte interandina del departamento colombiano de Nariño, al sur del río Guáitara, zarzamoras grandes, puntiagudas; aplastadas, con sólo cinco o seis eterios por racimo (Serra, 1956, 11, 59).

Cuenta Alonso de Montemayor, en una carta fechada en Lima el 4 de diciembre de 1548, que cuatro años antes, en huyendo como huía con su gente el virrey Blasco Núñez Vela, para escapar de Gonzalo Pizarro, en el trayecto de Túmbez a Tomebamba (Cuenca), sólo comían zarzas de mora (Medina: CDIHC, 1895, VI, 130).

Cobo registra las zarzamoras sólo como mata silvestre (Cobo, 1890, 1,441;-----, 1956, I, 201).

Las tentativas de cultivo en América equinoccial han sido tardías y poco perseverantes; pero la creciente demanda en los últimos años ha inducido a algunos horticultores a buscar y propagar los tipos más promisorios.

 

25-Fragaria spp. .

QUELLÉN, QUELLGHEN, en araucano (véase adelante).

FRUTILLA.

FRESA.

Si se recuerda lo que se ha dicho en algunos capítulos anteriores sobre la propiedad de multiplicarse por división¡ como una dé las causas que debieron intervenir en el proceso de la domesticación y protocultivo de plantas americanas por los pueblos indígenas, no parecerá extraño que el mismo principio haya operado en la Fragaria, fácilmente propagable por estolones. Tampoco es de menospreciar la circunstancia de que la frutilla sirve para preparar una bebida ( véase adelante).

Esta era una frota muy usada por los araucanos (Medina, 1952, lv, 203-204). Hablando González de Nájera de las producciones chilenas, trae este pasaje: "Sola una fruta que tienen de consideración, original de aquella tierra, por extremo vistosa, sabrosa y olorosa y sana, aunque algo flemosa, a la cual se hace agravio con el diminutivo nombre que le dan, llamándola «frutilla», por ser como es de tanta excelencia, que puede muy bien competir en bondad con la más regalada fruta de España, cuya forma es de hechura de corazón; en grandeza son las más viciosas, y de jardines como huevos pequeños comunes, y las más desmedradas campestres, como nueces de todos tamaños; el color tienen unas blanco y otras rosado, y otras el uno y el otro. De comer son ternísimas, que se disuelven o deshacen en la boca, y a la digestión fáciles. No tiene esta frutilla corteza o cáscara que quitar, su superficie es unos puntos relevados a semejanza de madroños, pero no de su aspereza, porque son ternísimos y suaves; y finalmente digo, que no tienen hueso ni pepita ni cosa que desechar, y así se come esta fruta entera, que cada una es un proporcionado bocado. Los indios hacen della vino, y curándola al sol, pasas, que son de buen comer. Nace esta fruta de una humilde yerbezuela que se planta para muchos años, a cuyas posesiones llaman los nuestros frutillares". Los araucanos sembraban frutillas en los lugares altos y despejados, cercanos a formaciones boscosas, donde se escondían para asaltar a los soldados españoles que acudían golosos al reclamo de los frutos ( González de Nájera, 1889, 23-24; 89; Salas, 1950, 390). Hacia principios del siglo XVII se cultivaban en Santiago (Vázquez de Espinosa, 1948, 676, 678). El pirata Ringrose cuenta que vio en La Serena, cuando sus compañeros capturaron esa ciudad a fines de 1680? fresas tan grandes como nueces (Ringrose, 1945, 338). Eran excelentes los fresones de Palomares y Concepción (Ruiz, 1952, 1, 257).

Aunque algunos botánicos consideran que el género Fragaria es espontáneo a todo lo largo de los Andes así como en las costas occidental y oriental de los Estados Unidos (Popenoe: CEIBA, 1953, 288; Haudricourt et Hédin, 1943, 61), los datos disponibles para la América del Sur indican que la dispersión se operó a partir de Chile, desde la llegada de los europeos. Por ese motivo, a la inversa que las otras especies consideradas en este trabajo, se hará el estudio por áreas geográficas de sur a norte.

Acosta, sin fijar localidad, expresa en 1590: "Dicen que en Chile se halla naturalmente nacida esta frutilla en los campos. Donde yo la he visto siémbrase de rama, y críase como otra hortaliza" (Acosta,.1940, 276;-----, 1954, 113).

Enumerando las frutas que conoció en su niñez en el Perú, manifiesta Garcilaso: "Otra fruta, que llaman [chili.], llegó al Cozco año de mil y quinientos y cincuenta y siete; es de muy buen gusto y de mucho regalo; nasce en unas plantas baxas, casi tendidas por el suelo; tienen un granujado por cima, como el madroño, y es del mismo tamaño, no redonda sino algún tanto prolongada en forma de corazón" (Garcilaso, 1945, II, 180). El madroño a que se refieren Garcilaso y González de Nájera es la Ericácea española Arbutus unedo. La relación del Cuzco de 1650 ya habla de las frutillas de Chile como planta de cultivo (Jiménez de la Espada, 1885, II, 180). La relación de Jauja? de 1586 incluye entre las de la región la "frutilla de Chile" (Ibid., 1881, I, 87). Para principios del siglo siguiente también las había en Castrovirreina (Vázquez de Espinosa, 1948, 492).

Los datos más importantes sobre esta especie los trae Cobo, quien hace notar que era la equivalente de la fresa española, o sea una de las plantas comunes a ambos hemisferios. Después de describir la planta agrega: "La frutilla de Chile se halló sólo en aquel reino, y por eso le dieron este nombre los españoles; llámanla los indios chilenos en su lengua, «quellen», y hacen della chicha, que es su vino. Esta fruta y planta es la que llaman en España fresa, la cual es bien conocida en las montañas de Oviedo y en otras muchas partes de Castilla la Vieja; solo que esta fresa de las Indias es mayor que la que nace en España, porque algunas fresas son tan gruesas como nueces. Es fruta muy sabrosa y regalada, la cual, aunque en Chile es silvestre y nace en lugares no cultivados, en las demás partes desta tierra, principalmente del Perú, a donde se ha traspuesto, es hortense y ha cundido tanto, que casi es general en todas las Indias, pues se ha llevado hasta la Nueva España, a donde la vi yo en una huerta cerca de México. Dase mejor en tierras templadas y frías que en las calientes; con todo eso, nace bien en las huertas desta ciudad de Lima" (Cobo, 1890, I, 337;-----, 1956, I, 157-158).

Para mediados del siglo XVIII se cultivaba en Trujillo (Feyjoo, 1763, 13).

Dice la relación de Quito de 1573: "La frutilla de Chille se da bien y es olorosa y sabrosa; tiénese por fría" (Jiménez de la Espada, 1897, III, 73). Con el mismo nombre aparecen mencionadas como cultivadas en la jurisdicción del obispado de Quito en 1650, especialmente en el asiento de Hambato (Ibid., cxxvi), localidad esta última donde habían sido señaladas años antes (Vázquez de Espinosa, 1948, 344). Las de ese lugar en particular eran dos o tres veces mayores que las de Europa. En todo el Ecuador fructificaban sin interrupción en el siglo XVIII (Velasco, 1927, I, 69). Caldas vio en los alrededores de Ambato frutillas, que se llevaban de allí a Quito y a otros lugares (Caldas, 1942, III, 63, 127).

Las referencias sobre la cuenca del Cauca son más tardías. "Fresas y frutillas" se cogían en San Antonio, al occidente de Cali, en 1808 (Arboleda, 1928, 628). Las de Popayán eran muy grandes a fines de la guerra magna (Hamilton, 1955, II, 25). Holton las vio en la finca del señor Caldas, al occidente de Vijes, a mediados del siglo XIX (Holton, 1857, 539).

"Frutillas de Chile" se cultivaban en jurisdicción de Tunja en 1610 (Torres de Mendoza, 1868, IX, 400). En general, en las tierras frías y templadas del Nuevo Reino había "las frutas que llaman [de] Chile, y es regalada" ( Oviedo, 1930, 45 ). Según Gilii, en su tiempo había frutillas de Chile en la Sabana de Bogotá, así como la fresa europea; esta última había sido introducida por el virrey Messía de la Zerda (1760- 1772) (Gilii, 1955, 131, 134). Se hallaban corrientemente en el mercado de la capital según observadores de 1824 y 1854 (HamIlton, 1955, I, 89; Holtop, 1857, 149).

Se cultivaba en el valle de Caracas cuando estuvo allí Humboldt en 1799 (Humboldt, 1941, II, 326).

Teniendo en cuenta lo dicho antes sobre la predilección de los indígenas americanos por las bebidas, no es extraño que la frutilla se haya empleado para los mismos fines, según se ha visto en las citas de Cobo y González de Nájera. En la misma forma usaban las tribus norteamericanas la Fragaria virginiana (Mauricio, 1932, 209), aunque también la consumían en forma de pan, o mezclada con otras comidas, después de machacados los sincarpos en morteros ( Carrier, 1923, 30, 289).

 

26-Prunus salícifoia H. B. K..

CAPULÍN,  CAPULÍ, CAPOLÍ, palabra al parecer náhuatl, de radical desconocido, (Robelo, 3ª ed., 349, 357-358).

Los mejicanos "tienen cerezas, ciruelas y manzanas de varias especies..." (Anglería, 1944, 391). Alguna de las segundas pudo ser la especie en cuestión.

Quizá el protomédico Hernández se refiera, no a una sino a varias especies en sus informes sobre el capulí: "Se hacen de ellos [los frutos] un pan y una bebida cuando hay escasez de víveres y de vino; suministran un alimento atrabilioso y hasta cierto punto nocivo al corazón, y si se comen mucho tiñen los dientes de un color negro, que puede sin embargo quitarse fácilmente y limpiarse con dentífrico( ...) Hay tres variedades de estos árboles, distintas por el fruto: el «xitomacapolin» , que lo da casi del tamaño de las ciruelas; el «helocapolin», que lo tiene un poco menor, y el «totocapolin», que tiene el más pequeño, pero todos lo dan en racimos" (Hernández, 1943, II, 328; 1946, III, 901-903, fig. 902). Ni es seguro que todas tres sean Rosáceas.

Según Acosta, en la Nueva España "se dan los capolíes, que son como guindas, y tienen su hueso aunque algo mayor, y la forma y tamaño es de guindas, y el sabor bueno, y un dulce agrete. No he visto capolíes en otra parte" (Acosta, 1940, 295; , 1954, 119).

Había CAPULÍES en Guatemala a principios del siglo XVII (Vázquez de Espinosa, 1948, 205).

En el territorio de la Nueva Granada, las menciones del capulí en la Cordillera Oriental son del período republicano. A mediados del siglo XIX Cerassus capollín era árbol común tanto en Bogotá como en la Sabana (Holton, 1857, 201). En cambio, en la porción suroccidental, constituida, hoy por el departamento de Nariño, hay datos del siglo XVIII, pues un misionero comió de estos frutos en Pasto y observó que las tórtolas gustaban sobremanera de ellos (Serra. 1956, II, 37; I, 151).

 

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Fig. 5.-Capolín Prunus sp., según el protomédico de las Indias Francisco Hernández: Historia de las plantas de Nueva España, México, 1946, III. p. 902.

 

Dice Gonzáles que en la época prehispánica, “los árboles frondosos del capulí hermoseaban las heredades de los cañaris, y eran por ellos adornados como deidades campestres...” (Gonzáles Suárez, 1890, I 158). No los mencionan ni como frutas de la tierra ni como introducidas las relaciones geográficas de Cuenca ( que es la región antiguamente habitada por los cañaris), ni las de ningún otro lugar de los Andes ecuatoriales, documentos circunstanciados si los hay. De 1789 es el siguiente pasaje de Velasco, que se transcribe bajo su responsabilidad: "Haré mención de uno muy particular [capulí], no tanto por su elevación, cuanto por su sin igual belleza. Llamábase el árbol del Paraíso, colocado en medio de un gran huerto cuadrilongo cercado de paredes, en el sitio de Tiobamba de la provincia de Latacunga, pocas millas distante de la capital, Quito. La fama de este llevó allá en diversos tiempos no pocos Forasteros, y entre ellos el Sor. Condamine, el año de 1743. No se hartó de contemplarlo casi todo el día: midiólo geométricamente, y lo dibujó con propia mano. Se elevaba igualmente grueso, con cerca de nueve varas de circunferencia, hasta la altura de ocho varas, muy derecho, sin la mínima rama, y abría una copa de inmensa anchura perfectamente redonda. De en medio de ella salía solo y desnudo el tronco, poco menos grueso cosa de cinco varas, y abría la segunda copa poco menor con la misma figura. Salía de esta más delgado el desnudo tronco cosa de otras cinco varas, y formaba la tercera y última copa menor; en figura algo piramidal, elevándose todo él cosa de treinta y dos varas. Cerca de un año después de la observación de este académico, se cebó en él por largo rato un huracán o torbellino, hasta arrancarlo con todas sus raíces, de modo que pasando estas por debajo de las paredes del huerto a distancia de una cuadra, derribó varios pedazos de ellas, según yo vi con mis ojos" (Velasco, 1927, I, 66-67). Un árbol como ese no podría tener menos de un cuarto de siglo. Parece que abundaba más antes que ahora, cuando la deforestación ha avanzado en el Ecuador (Pérez, A. R., 1947, 405). Al norte del río Chota hay un cerro Capulí.

En 1652 Bernabé Cobo, al describir el capulí, trae este dato sobre la dispersión: "Nace este árbol en tierras templadas, como lo es la comarca de México, y dase ya en esta ciudad de Lima, a donde se trujo pocos años ha de la Nueva España" (Cobo, 1891, II, 41-42;-----, 1956, I, 250). El misionero Serra vio estos árboles en Cajamarca hacia 1760 (Serra, 1956, II, 354). En su primer viaje a Huánuco, en 1780, el botánico Hipólito Ruiz observó en Pampa Reyes, cerca de Tarma, cerezas que identifica como Prunus virginiana (Ruiz, 1952, I, 129). Quizá serían sólo capulíes.

 

27-Couepia aff. guianensis Aubl.

MERECURE (Pittier, 1926, 298).

En la lista de frutales nativos de los Llanos y del Orinoco, hecha por fray Jacinto de Carvajal en 1648 figura el merecure, "fruta verde oscura con pecas blancas" (Carvajal I., 1892, 366). Con la misma categoría de autoctonismo se incluye en una relación sobre El Pao, de 1768 (Altolaguirre y Duvale, 1908, 55 ). Hay una isla Merecure en el Orinoco (Bueno, 1933, 128).

Este árbol se encuentra aquí y allá en algunos conucos de los Llanos orientales de Colombia y de Venezuela, más como protegido que como cultivado.

 

28-Couepia subcordata Bentham ex Hook. .

MARÍ-RANA..

Especie amazónica subespontánea y cultivada. Frutos comestibles de inferior calidad (Ducke, 1946, 16).

 

29-Couepia bracteosa Benth. .

PAJURÁ.

Arbol frutal que se encuentra en las mismas condiciones que el anterior (Huber: BMG, 1904, 397-398; Ducke, loc. cit.).

 

3O-Couepia chrysocalyx Benth. .

PARINARY, PARANARY.

Algunos autores creen que su cultivo puede ser antiguo en el flanco oriental de los Andes (Huber: op. cit., 399).

 

AMYGDALACEAS.

31-Chrysobalanus icaco L. .

HICACO, ICACO, parece ser voz taína (Tejera, 1951, 276-277, 303; Henríquez Ureña, 1938, 117).

GUAJERÚ, nombre indígena del Brasil (Marcgrave, 1942, 77).

Oviedo hizo una completa descripción del icaco. Según él, los hay blancos, colorados y casi negros; son antidiarreicos; crecen en las playas y arenales en estado espontáneo, pero algunos "curiosos hombres que se deleytan de toda agricultura, los labran e hácense de mejor fructa" ( Oviedo y Valdés, 1851, I, 299-300). Las Casas dice que los indios no lo cultivaban (Casas, 1909, 33).

La difusión de esta especie en el área circuncaribe era total a la llegada de los españoles, y está reflejada en la toponimia. Una lista de topónimos puede verse en otro volumen.

YCACO, aparentemente ya cultivado, se incluye entre las frutas de la isla Española en la relación de Araújo y Rivera en 1699 (Rodríguez-Demorizi, 1942, I, 301). Escapado al cultivo, en el interior de la isla se había convertido, junto con los guayabos, en plaga de los pastales (Sánchez Valverde, 1947, 192).

En Jamaica lo menciona Hughes como "indian plum-tree" (Hughes, 1672, 89 ).

YCACOS eran frutas comunes en Cartagena a mediados del siglo XVI (López de Velasco, 1894, 386;-----: Jiménez de la Espada, 1881, I, xci), y en 1743 (Gilii, 1955, 77). También abundaba en las playas de Santa Marta en el siglo XVIII: "de estos se hacen tarros de dulce en almíbar, muy estimado" (Rosa, 1945, 295). Holton cree que la popularidad de que gozaba el hicaco en el bajo Magdalena a mediados del siglo XIX, más se debía a la almendra que a la pulpa (Holtont 1857, 73).

ICACOS eran comunes en Trinidad y el Esequibo a principios del siglo XVII (Vázquez de Espinosa, 1948, 79).

"El hicaco es de competente mérito para dulces", informa el doctor Luis Vergara en 1808, al enumerar las producciones de Cali, lo que indica que para entonces ya era planta cultivada en el interior del Valle del Cauca (Arboleda, 1928, 630).

Cobo se refiere al hicaco como a planta costanera, sin indicar nada sobre localidades. "La fruta que lleva es como un albaricoque, más agradable a la vista que al gusto, porque, tiene el color de manzana arrebolada; la cáscara es como de manzana y la carne blanca y esponjosa nada apetitosa, porque es fruta silvestre y grosera; tiene muy gran hueso en proporción de su tamaño" (Cobo, 1891, II, 51;-----, 1956, I, 254).

Se llama UAJURÚ en la parte baja del Amazonas; su dispersión en la costa oriental suramericana es semejante a la del Anacardíum  occidentale (Huber: BMG, 1904, 399-400).

Ficalho se inclina a considerar esta especie como indígena de Africa. En las posesiones portuguesas del Atlántico se llama N'GIMO, en plural JINGIMO. Con el cocimiento de la cáscara tiñen allá los pescadores sus redes, que se vuelven más rígidas y duraderas (Ficalho, 1957, 175).

 

PAPILIONACEAS.

32-Erythrina edulis Tr. ex Micheli.

Erythrina spp. .

 

NUPO, NUPE, en la región habitada por los muzos- colimas (véase adelante).

BALÚ, BALUY, CALÚ, en áreas de pueblos chibchas (Posada Arango, 1909, 118-120; Pérez Arbeláez, 1956, 593; Romero Castañeda, 1961, 96).

CHACHAFRUTO, SACHAFRUTO y variantes, en el occidente colombiano. Esta palabra, derivada y deturpada de SACHA-PURUTU, fríjol de árbol o de monte (Lira, 1945, 864, 774), parece haberse acuñado después de la conquista española en la gobernación de Popayán, y de allí difundido a Antioquia y otras partes de la Nueva Granada, pues al sur del Ecuador, donde existe una planta semejante, no se conoció aquél nombre.

Entre las plantas cultivadas por los indios muzos de Trinidad, la relación geográfica de 8 de enero de 1582 menciona la siguiente: “...ay otro arbol del tamaño del ziruelo que da vna fruta que llaman frisoles [,] tan gruesos como nuezes [;] comenla los naturales [.] este arbol llaman nupaz [.] no sirue de mas que de lleuar esta fruta" (Morales Padrón: AEA, 1958, XV, 607). La domesticación de esta especie de semillas feculentas, que se comen solamente cocidas, parece ser bastante antigua. Posada Arango dice no haberla visto silvestre en ninguna parte (Posada Arango, 1909, 118-120).

En el antiguo camino de Medellín a Rionegro se pasaba por el llano de Chachafruto, que quizá debió su nombre al árbol en cuestión (Restrepo, J. M., 1957, 67; Schenck, 1953, 24).

Para el Ecuador, Velasco habla del HUATO-POROTO, que tiene "cada grano tan grande que pesa más de una onza. Lo da un árbol mediano en grandes racimos de vainas, después de unas flores encarnadas muy bellas. .." (Velasco, 1927, 1, 82).

Cobo describe bajo el nombre de "árbol de habas", uno del Perú, que por todos sus detalles corresponde a Erythrina. Pero debe ser otra especie, pues el tamaño de las semillas es menor que en E. edulis: “...echa unas vainas de una tercia de largo, de poco más de un dedo de ancho y casi tan gruesas como anchas; la cáscara es verde, dura y correosa, y dentro tienen unas pepitas poco mayores que habas; son verdinegras y tan tiernas como habas verdes, las cuales se comen asadas, pero es fruta grosera y de ruin sabor" (Cobo, 1891, II, 48;-----, 1956, 1, 253).

El Instituto de Agronomía Colonial de Francia, en Noqent-sur-Marne, tenía en 1925 plantas de E. edulis Tr. que intentaba propagar en las colonias, y publicó una nota para llamar la atención sobre esa especie (Bois, 1927, 1, 130-131).

 

MIMOSACEAS.

33-Inga spp. .

GUAMA, GUABA, GUAVA, del taíno (Tejera, 1951, 187- 188; Henríquez Ureña, 1938, 115, 120).

PACAE, PACAY, en quechua; PACCAY (González Holguín, 1608, 263).

KUILUP, en cuna (Wassén, 1949, 57).

CURIO ZURI, nombre genérico (Latorre, 1919, 103'); y COPERE, aplicado solo a la "guama macheta", en muzo (Morales Padrón: A EA, 1958, XV, 593, 594).

JOYAPENNE = guama bejuca; SISIPENNE = guabas de mono; SUIPENNE = guabas de paují, en la len- gua siona o general del Caquetá-Putumayo (Jiménez de la Espada, 1904,32, 40, 41).

PENÉ en coreguaje (Rocha, I., 1905, 200).

INGA, en tupí-guaraní (Marcgrave, 1949, 111-112).

 

Antillas.

La diferencia entre las cosas que se conocen por percepción directa y aquellas de que se tiene noticia por terceros, está bien ilustrada con las informaciones del historiador Oviedo y Valdés, sobre la fruta objeto de este numeral. De la GUAMA antillana no se muestra entusiasmado, y se la abandona a los monos; pero dice que la madera es excelente, muy consumida como leña en los ingenios azucareros de Santo Domingo (Oviedo y Valdés, 1851, 1, 299). No parece haber visto, o no la señala, la identidad de aquellas con las que llama COABAS del Perú, de las cuales habla apoyándose sólo en los informes del piloto Pedro Corzo (Ibid., 1885, IV, 218). "Es fructa sana e que los indios de aquella tierra la tenían e presciaban por muy buena fructa, e los cristianos no la tienen en menos estimación, porque demás del gusto, es provechosa" (Ibid., 1959, 1, 275).

De las GUABAS dice Las Casas lo mismo que de las demás frutas nativas de la isla Española, que ni indios ni españoles se preocupaban por cultivarlas ( Casas, 1909, 33). Abundaban también en Jamaica (Morales Padrón, 1952, 281 ).

América ístmica.

GUABAS eran frutas comunes en Panamá según la Audiencia lo informa en 1609 (Torres de Mendoza, 1868, IX, 97; Serrano y Sanz, 1908, 147).

Dampier las vio en Realejo, puerto de la costa occidental de Nicaragua, y hace una descripción tan cuidadosa como casi todas las suyas (Dampier, 1927, 156).

Urabá y cuenca del Atrato.

GUABAS hallaron los integrantes de la expedición de Vadillo cuando llegaron al valle de Nutibara en 1538 (Cieza, 1924, 46; Simón, 1953, V, 209). En su salida al Urabá a principios de 1542, al pasar por el río de Las Guamas, encontró Jorge Robledo los primeros indígenas después de andar varios meses peregrinando entre la selva (Robledo, J.: Cuervo, 1892, II, 431;-----: Jijón y Caamaño, 1938, II, Doc. 123; Friede, 1956, IV; 248).

La guama es común a lo largo del Atrato y sus tributarios, lo mismo que en casi todos los ríos de la América intertropical. Pero sólo se menciona en Ichó, en un documento del siglo XVIII (Cuervo, 1892, II, 310). Aun existe allí una variedad que por tener el arilo teñido de color rojo, recibe el nombre local de "guama bija".

Costa atlántica.

Del sector entre el Atrato y el Magdalena son una referencia del siglo XVI sobre GUAMOS y GUABOS en Cartagena (López de Velasco, 1894, 386), y otra correspondiente a Ayapel, de la época en que arribaron los españoles ( Simón, 1953, V, 165). Era planta difundido en ambas márgenes del Sinú (Torre Miranda, 1794, 30). En la actualidad, los indios chocoes que moran en la parte alta de ese río, protegen los guamos, pero no los cultivan (Gordon, 1957, 18).

Al referir que los indígenas de Bonda, cerca de Santa Marta, le llevaron algunas guamas al adelantado Pedro Fernández de Lugo en 1535, Aguado las califica como fruta de poca estimación (Aguado, 1916, I, 133; Castellanos, 1955, II, 611). GUAMAS, de las machetas a juzgar por la descripción, había en Santa Marta a mediados del siglo XVIII (Rosa, 1945, 295).

Venezuela; Orinoco.

De GUAMAS habla Juan de Pimentel en su relación de Caracas, hecha en 1578 (Latorre, 1919, 85; Arellano Moreno, 1950, 84). Eran frutas comunes en El Pao, a la entrada de los Llanos, a fines del siglo XVIII (Altolaguirre y Duvale, 1908, 55). Otras fuentes las mencionan en varios puntos de las planicies al pie de los Andes Orientales { Castellanos, 1955, IV, 537-538; Gumilla, 1944, I, 266).

Había también en la desembocadura del Orinoco y en trinidad (Vázquez de Espinosa, 1948, 78).

Viajeros del último siglo hablan de variedades de gusto excelente en el alto Orinoco. Michelena vio en Santa Isabel, pueblito del río Marvaca, afluente del primero, unas guamas de vaina muy larga, de cinco y seis pulgadas [?]. En el centro del pueblo, plantada, había otra guama, hijeante, "y la fruta, en lugar de una vaina como las demás, con una gran cantidad de ellas, no contenía más que una sola, grande y melosa, de lo más delicioso que se puede comer en calidad de fruta" (Michelena, 1867, 354). Es difícil saber con esos datos si en realidad se trataba de un Inga. Pero a las guamas con legumbre de más de 80 cm. de largo se refiere otro viajero no menos fidedigno (Tavera-Acosta, 1954, 211 ).

Valle del Cauca y Antioquia.

En la cuenca del Cauca, Cieza sólo sitúa las GUABAS en Quimbaya y en Cali (Cieza, 1924, 84, 92). A Jorge Robledo le salieron a recibir el 2 de enero de 1541 los indios quimbayas al otro lado del paso de Irra, con varias frutas, entre ellas GUAMAS (Robledo, J.: Cuervo, 1892, II, 398;-----: Jijón y Caamaño,1938, II, Doc. 90). Guillén Chaparro da de las GUAMAS una de sus buenas descripciones; las señala en Cartago y en Cali (Guillén Chaparro: AIP, 1889, XV, 147, 151). En ambas jurisdicciones vuelven a mencionarse para fines de la colonia; en Cartago como GUAMAS, PACAES, PATERNAS o COJINICUILES, nombres los tres últimos desconocidos en dicha área (Campo y Rivas, 1803, 29; Arboleda, 1928, 629).

En el bajo Cauca, durante las campañas de Gaspar de Rodas y Andrés de Valdivia se hallaron guamas en diversas localidades. Los nutabes asaltaron un destacamento español al mando de Francisco Maldonado; teniente de Valdivia, el l0 de octubre de 1574; en haces de guamas que llevaban a modo de obsequio, escondían machetes de los obtenidos por trueque o por regalo (Castellanos, 1955, III, 651-653; Simón, 1953, VII, 116-117). Uno de los lugares donde las había era San Jerónimo del Monte (Simón, 1953, VII, 223).

Después de fundada la ciudad de Antioquia a fines de 1541, mandó Jorge Robledo al capitán Vallejo contra unos indios "que estaban juntos en un pueblo que se dice de las Guamas, que le pusimos este nombre, porque tenía mucha multitud de árboles desta fruta que se dice «guamas», el cual pueblo estaba de la otra banda de la Loma de la Cruz" (Robledo, J.: Cuervo, 1892, II; 423;-----: Jijón y Caamaño, 1938, II, Doc. 115).

Valle del Magdalena.

Las guamas figuran entre las frutas que los panches obsequiaron a Gonzalo Jiménez de Quesada cuando se le sometieron (Castellanos, 1955, IV, 264; Simón, 1953, II, 118; Fernández de Piedrahita, 1942, II. 87).

Guamos abundaban en el territorio ocupado por los muzos (Aguado, 1917; II, 708), donde según la relación de La Palma, eran de tres o cuatro clases; la madera se usaba como leña (Latorre, 1919, 121-122, Simón, 1953, IV, 215). La relación de Trinidad hecha en 1582, dice que el nombre era CURI; "otras «coperas» de hechura de un machete; otros tres o cuatro géneros de guamos que dan fruta como algarrobas que las comen los naturales" (Morales Padrón: AEA, 1958, XV, 607-608). Quizá de allí se derive el topónimo Coper.

En el valle del Magdalena las degustó un viajero (Serra, 1956, I, 76-71).

En general, en las tierras calientes y templadas del Nuevo Reino de Granada eran frecuentes los GUAMOS ( Oviedo, 1930, 46).

También los había entre los chitareros de Pamplona (Aguado, 1917, II, 590).

Costa del Pacífico.

PACAES eran frutas utilizadas por los idibaes del sector vecino a bahía de Solano, a principios del siglo XVII (Córdoba Salinas. 1957, 248; Arcila Robledo, 1950, 52).

En 1583 Guillén Chaparro dice que en Toro, la antigua, había dos variedades: "las unas llaman machetas y las otras largas" (Guillén Chaparro, op. cit., 150). En nuestros días un observador menciona el GUAMO como frutal aprovechado por los indios cholos de la isla Munguidó, río San Juan (Wassén, 1935, 84).

La gente de Francisco Pizarro en la expedición conquistadora del Perú en 1531, halló GUAVAS en la bahía de San Mateo (Trujillo, 1948, 46). También eran comunes en Puerto Viejo (Cieza, 1924, 156); en la relación de esa ciudad de principios del siglo XVII se dice: "La fruta del guabo es muy larga, como de una Vara, y tiene dentro unos como copios [así] de algodón blancos y suaves" (Torres de Mendoza, 1868; IX, 278). En Guayaquil, por el mismo tiempo, entre los "árboles mansos de la tierra" se enumeran los "pacages, que llaman guabas" (Ibid., 251; Juan y Ulloa, 1748, I, 395).

Era el pacay árbol cultivado en los valles irrigados de la costa norte del Perú (Cieza; 1924, 210; Yacovleff y Herrera, 1934, 267 ). En numerosas piezas de cerámica de toda la costa peruana se hallan representaciones de la legumbre.

Se cultivaba en Lima, no tanto por la fruta, como para leña. "Es fruta muy fría y más de golosina que de sustento; porque aunque se coma un hombre una canasta de [pacaes], no se satisface ni le causa hastío..." (Cobo, 1891, II, 44-45;-----, 1956, I, 251-252). Conviene tener en cuenta que el PACAE es Inga feuillei D. C., cuyas legumbres son muy cortas. El carácter de esencia forestal lo conservaba un siglo después (Ruiz, 1952, I, 8).

Andes ecuatoriales.

Los conceptos GUABA y PACAY aparecen involucrados en la segunda mitad del siglo XVI. Las relaciones geográficas de los lugares poblados en el callejón interandino en esa época, hablan de Inga ya con uno, ya con otro nombre: GUABOS en Otavalo; GUABAS en Caguasqui-Quilca, en Pimampiro y en Yumbos (Jiménez de la Espada, 1897, III, 113, 126, 131, ci). La relación de Quito, entre los árboles de tierra caliente, pone un "árbol llamado [pacay]; lleva una fruta que llaman «guaba»" (Ibid., 69). Al sur de la línea ecuatorial, en Paute se habla de PACAIS, y de GUABOS en Pueleusí de Azogue (Ibid., 168, 175). Había un lugar llamado Pacaibamba, por la abundancia de pacayes (Ibid., 177, 179). Cañaribamba tenía PACAIS; Santo Domingo Chunchi, así como Loja, GUABAS (Ibid., 186, 191, 202; Jaramillo Alvarado, 1955, 92). Más de diez clases de GUABAS conocía Velasco en el Ecuador, de las cuales las que consideraba mejores eran las de Quito, la verde [?], la bejuquera y la machetona (Velasco, 1927, 1,70). La población de Inga en la sierra ecuatoriana ha disminuido por causa de la tala inmoderada (Pérez, A., 1947, 405).

Amazonas.

Los hombres que acompañaron a Gonzalo Pizarro al país de la canela en 1541, antes de que se separara Orellana, pasaron muchas hambres, pero "hallaron cantidad de «guabas» que no era poca ayuda para pasar su necesidad" (Cieza, 1884, 71 ). Los de Orel1ana, una vez que se lanzaron aguas abajo, comieron GUAVAS en la tierra de los omaguas, arriba del Río Negro (Carvajal, G., 1894, 46).

Había GUABAS en Zamora de los Alcaides, oriente ecuatoriano (Jiménez de la Espada, 1897, IV, 5). En Nambija y Yaguarzongo se mencionan las guabas chicas (AMBIX), las largas (GUAPUXI), y las anchas (TORO); los nombres entre paréntesis son de una de las lenguas locales (Ibid., 25). En la cuenca del río Chinchipe los indígenas cultivaban GUAVOS en Pericos y en otros lugares (Ibid., xlviii, l, lxxviii).

En la parte alta del Caquetá Serra dice haber propagado una variedad redonda (será cilíndrica?) (Serra, 1956, I. 174). Los jesuítas no añaden nada de particular sobre la guama (Magnin; RI. 1940, I. 156). De acuerdo con un botánico muy familiarizado con la flora amazónica, Inga se cultiva más hacia la porción occidental del río que en la oriental; ocho especies se enumeran como más frecuentes (Ducke; IAN, 1946, 13-14).

El pacai se llama SIRO en lengua yuracaré (Boso; Valdizán y Maldonado, 1922, III, 366).

Cultivo.

Las noticias dadas permiten afirmar que lnga se cultivó en el pasado para utilización de la leña, y raramente por el fruto. Con el auge que tomó el cultivo del cafeto en Colombia y en Venezuela a partir de mediados del siglo XIX, se apeló al guamo como árbol de sombrío, por las ventajas sobre otras especies usadas antes con tal fin. A pesar de eso, no se conoce ninguna tentativa de plantar tipos seleccionados solo por la calidad del fruto. Las guamas que se sacan a los mercados proceden de árboles sin especialización.

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