CAPITULO XII

VERDURAS, HORTALIZAS, LEGUMBRES.

 

El aborigen americano consumió más verduras en la parte equinoccial que las que consume la población actual. No sólo era más considerable que ahora el número de las especies usadas como alimento verde, sino que aun plantas tenidas hoy como inadecuadas para esos fines se empleaban corrientemente. Además de las que se cultivaban exprofeso como hortalizas, se aprovecharon varias obtenidas en los montes, en los rastrojos o en los cultivos. En el primer caso se trataba de plantas silvestres en el segundo, de ruderales, en el tercero de mesícolas, según la clasificación de Augusto Chevalier (Martonne, 1927. III. 1268-1271). Algunas de las que en la actualidad, con los cambios producidos por la extinción de los grupos indígenas, o por su asimilación a la cultura europea se consideran como malas yerbas fueron verduras estimadas en el pasado; proceso evolutivo que ha sido notado también en el Viejo Mundo (Maurizio. 1932, 107. 118- 119). La sustitución de hortalizas americanas por euroasiáticas obedeció a varios factores, que se estudiarán en otro volumen. La rehabilitación de ciertas verduras usadas por los pueblos aborígenes, enriquecería la dieta contemporánea, tan desbalanceada en los países tropicales.

Milenios de tanteos y experiencias sobre las propiedades de las plantas debieron insumir los pueblos primitivos americanos, antes de que se estableciera cuáles eran más aptas para el consumo en calidad de verdura; qué partes de ellas eran mejores, y en qué forma debían prepararse. Así, unas se usaron por los bulbos o turiones, otras por las hojas y ramas tiernas, o por las flores, o por los frutos en distintos estados de desarrollo.

Como acertadamente lo anota Sauer, parece haber sido menos acusada en el Nuevo que en el Viejo Mundo la diferencia entre horticultura y agricultura (Sauer. 1950, 519). Desde fines del siglo XVI había observado el jesuíta Acosta: “...no he hallado que los indios tuviesen huertos diversos de hortaliza, sino que cultivaban la tierra a pedazos para legumbres, que ellos usan..." (Acosta, 1954, 113). En otro volumen se intenta demostrar la anastomosis que hubo en América entre ambas actividades.

Varios nombres genéricos indígenas se han conservado como equivalentes a "verduras" u "hortalizas". Uno es el náhuatl «quelite» (Robelo, 3a ed., 234-235; 306). Se usó en Centro América hasta el sur de Costa Rica. Tiene también un significado específico ( véase Euforbiáceas ) .Para las verduras mesícolas había el término «jegüite», equivalente a "yerbas que nacen en una sementera" (Robelo, pp. cit., 414).

El segundo es «iraca» o variantes, de la lengua cueva hablada al oriente del istmo de Panamá. Dice Oviedo: "Son los indios muy amigos de comer hierbas cocidas, y en Tierra Firme llámanlas «iracas», que es lo mismo que decir hierbas; porque, aunque son conoscidas entre ellos e tienen sus nombres proprios e particulares, cuando las nombran juntas, dicen iracas, que es lo mismo que decir hierbas". A seguir indica cómo las preparaban (Oviedo y Valdés, 1851, I, 279; -----, 1959, r. 238-239). En otro pasaje, hablando del istmo panameño, reitera: "Asimismo hay muchas yracas, que son diversas hiervas que comen, é de que hacen potajes" (Ibid., 1853, III, 142; , 1959, III, 327). "Hiracas, que son sus yerbas de cocinar", menciona entre los dorases un misionero (Rocha: Meléndez, 1682, III, 408). En uno de los pleitos Sánchez de Badajoz-Rodrigo de Contreras por el territorio de Talamanca, cierto testigo afirma que Badajoz se enojaba con sus soldados "porque iban a cojer un pijibao e por «yracas» para comer" (Fernández, 1907, VI. 104; Vega Bolaños, 1955, VI, 147). En cuna-cueva, «coygaraca», «yraca», significan "yerba" (Lehmann, 1920, r. 114-115, 118). Esta denominación genérica se ha ido restringiendo, y en la actualidad en parte del noroeste suramericano, «iraca» se aplica solamente a la Ciclantácea Carludovica palmata R. et. P. ( véase capítulo XV en el tercer volumen).

El tercer nombre para este grupo de plantas comestibles es el quechua «yuyu» o «yuyo». No se generalizó al norte del Ecuador, aunque no faltan menciones (véase adelante). Con las grafias «yuyos», «yuyus», «llullus» anota Jiménez de la Espada: "es toda clase de yerbas tiernas y comestible~, como poi ejemplo entre nosotros [los españoles] los cardillos lecheros, las achicorias, borrajas; collejas etc." (Jiménez de la Espada, 1881, I, 173 nota).

Un cuarto nombre genérico para verdura es «pira», usado en Venezuela.

Los primeros cronistas e historiadores de cosas de Indias son unánimes en señalar la importancia y la difusión del uso de las "yerbas", como en general se las designa, en la alimentación de los pueblos indígenas.

Para todas las posesiones españolas, a principios del último cuarto del siglo XVI, el geógrafo López de Velasco, destaca el consumo de yerbas y hortalizas (López de Velasco, 1894, 19). Así lo hace a fines del período colonial otro autor (Humboldt, 1941, III, 80). He aquí algunos datos en orden geográfico.

Casas alaba la sobriedad de los indígenas antillanos, que se alimentaban de legumbres, yerbas y raíces condimentadas con ají (Casas, 1909, 90, 91).

En la segunda mitad del siglo XIX los tiribis, bribrís y cabécares de Talamanca (Costa Rica), comían «quelites» ( «kiliti» ) o legumbres cocidas, con sal si la había a mano, o sin ella (Gabb: Fernández, 1883, III, 383).

Según Jorge Robledo, los indígenas de Ebéjico "tienen muchas maneras de raíces y yerbas de comer" (Robledo, J.: Jijón y Caamaño, 1938, II, Doc. 75). Los de Humbra o Anserma; "lo más de su comer es frutas y yerbas guisadas de muchas maneras" (Ibid., 67). Cieza dice que Anserma estaba "llena de legumbres", aunque no específica sí nativas o introducidas (Cieza, 1924, 59).

Refiriéndose a Cáceres, localidad minera del bajo Cauca, afirma el cronista Simón a principios del siglo XVI! : "ciertas hojas que llaman «yuyos» son el mayor sustento de los naturales" (Simón, 1953, VII, 191). Este es el único caso en que la palabra quechua se ha visto usada al norte del ecuador.

En Cali, para mediados del siglo XVI; había "mucha verdura y legumbres de España y de la misma tierra( .., ) Todas las riberas [del río Calí] están llenas de frescas guertas, donde siempre hay verduras..." (Cieza, op. cít., 92).

Los patangoros del valle del Magdalena usaban yerbas en su alimentación (Aguado, 1917, II, 58, 59), El proceso que seguían era el siguiente, que es similar al descrito por Oviedo en Panamá: ". ..toman una gran olla y Dónenla al fuego, y allí echan mucha cantidad de hojas de auyamas, bledos y otras legumbres Silvestres, y algunas veces por cosa muy principal, echan de las propias auyamas, y llena la olla de estas legumbres yagua, danle fuego... y si cuando vuelven de las labores y se halla hecha la comida en la forma dicha, nunca dejan de traer consigo un golpe de hojas, que van cogiendo cuando van cavando, y aquéllas, revueltas en unas anchas hojas, las ponen al fuego y las asan, y después que el calor las ha pasado y asado, se las comen, y tras ello su vino o chicha. .." (Ibid., 131-132; , 1957, II, 82-83). Como esto y raíces era lo único que tenían para comer los españoles que fundaron a Vitoria, desfallecían (Ibid., 1917, II, 58). En el río Páez ofrecieron los naturales a Domingo Lozano "raíces y legumbres que ellos acostumbran comer" (Ibid., 739). También los pijaos tenían la misma usanza (Ordóñez de Ceballos, 1947, 109). En un atestado de 1628 se habla de las varias legumbres que cultivaban los indígenas de Laboyos, en el alto Magdalena (Friede, 1953, 265).

La relación de La Palma de los Muzos ( 1581) menciona las yerbas y hojas diferentes que los indígenas locales consumían (Latorre, 1919, 119). Variado era también el surtido de yerbas usadas en la vecina Trinidad (Morales Padrón: AEA, 1958, XV, 594, 606, 607, 608; Aguado, 1917, II, 708; 363, 374, 394, 499).

Los pueblos del rincón de Vélez estimaban mucho las verduras (Aguado, 1916, I, 236; 1917, II, 352, 349). En el Nuevo Reino de Granada, "ay diferentes hojas muy substanciales, que sirven como en España las verzas" (Zamora, 1701, 43).

Los empresarios de pesquería de perlas en Riohacha, a raíz de la pesquisa adelantada en 1548 por el licenciado Tolosa, se defendían del cargo de dar poca comida a los indios perleros, con decir que eran sobrios, "pues se contentan y mantienen de hierbas, comiéndolas verdes, como bestias" (Friede, 19631 IX, 285, 291 ).

La relación de Barquisimeto (1579) dice que las comidas de los indígenas incluían "almirones y otras yerbas que entre ellos se cogen", y la de Tocuyo (1578) habla de “otras suertes de yeruas que comen" (Arellano Moreno, 1950. 128; 144).

Los yameos del Ucayali, de acuerdo con un informa de 1731, usaban como salsa una yerba de monte (Jiménez de la Espada, 1889, Mar., 516).

En la región andina no fue menos importante que en los valles calientes el consumo de verduras. La relación de Quito de 1573 incluye los «yuyos» entre las comidas normales de los indígenas (Jiménez de la Espada, 1897, III, 94). Había legumbres o verduras de la tierra en Cuenca y Pueleusí ( Ibid., 157; 175). En la relación de Cañaribamba, se habla de una cebolleta que comen los indios, llamada «zarayuyu» (Ibid., 187). Esta palabra quiere decir "yerba de los maizales". Asimismo la relación de Santo Domingo Chunchi es ilustrativa: "comen [los indios] de algunas yerbas que se crían entre maizales" (Ibid., 191). En la relación de Loja se dan informaciones de sumo interés sobre las "yerbas" (Ibid., 203, 204).

En algunos regiones del Perú el uso de yerbas de comer era resultado de la pobreza de otros mantenimientos, por las condiciones desfavorables del ambiente. Así en el Collao, donde según Acosta se comían "raíces y hierbezuelas" (Acosta, 1954, 81 ). Esta escasez está confirmada en otras fuentes. Poma de Ayala asegura que en febrero, los indígenas serranos comían yuyos por falta de grano, y contraían enfermedades (Poma de Ayala, 1944, 239). y Garcilaso: "De las yervas, por su multitud y menudencia, será dificultoso dar cuenta; baste dezir que los indios las comen todas, las dulces y las amargas, dellas crudas, como acá las lechugas y los rávanos, dellas en sus guisados y potajes, porque son el caudal de la gente común, que no tenían abundancia de carne y pescado como los poderosos; las yervas amargas, como son las hojas de las matas que llaman «sunchu» y de otras semejantes, las cuezen en dos, tres aguas y las secan al sol y guardan para el invierno, cuando no las hay; y es tanta la diligencia que ponen en buscar y guardar las yervas para comer, que no perdonan ninguna, que hasta las ovas y los gusarapillos que se crían en los ríos y arroyos sacan y aliñan para su comida" (Garcilaso, 1943, II, 189). Otro autor habla de las "yerbas para comer" (Cabello Balboa, 1951, 234). Fortunato Herrera elaboró una larga lista de plantas silvestres, algunas acuáticas, usadas en el Perú (Herrera, F., 1941).

 

MONOCOTILEDÓNEAS

GRAMÍNEAS.

Al estudiar el maíz en el capítulo X, se habló de la preferencia de muchos pueblos indígenas americanos por el grano tierno. Aquí sólo cabe anotar que en Centro América existe el uso de consumir la mazorca entera, con sus espatas y raquis, cuando está en la fase inicial de su formación. Esto se llama «jilote» (Gage, 1946, 206, 207). No ha quedado constancia de si tal costumbre fue conocida por los pueblos equinocciales.

Sabido es el uso como hortaliza del hongo Usülago maydis que ataca y deforma los granos tiernos del maíz. En Méjico se estimula la propagación del hongo ( «huitlacoche»), que se vende en los mercados. En el Perú se conoce con los nombres de «jattupa» y «pacorma» (Herrera, F., 1941, 175).

 

PALMÁCEAS.

Cuando se abordó el estudio de la palmera Guilielma gasipaes ( H. E. K. ) Bailey en el capítulo IV, tomo I, se dijo que palmito es la parte tierna del cogollo, el cual en algunas especies tropicales es dulce y agradable. Como en general el palmito se obtiene de palmas silvestres, no compete hacer aquí un estudio más detallado, que se deja para una obra en preparación sobre alimentos y alimentación.

De la misma especie mencionada en el párrafo anterior , se usó la inflorescencia hervida con otras yerbas y sustan cias sápidas, para hacer cierta salsa o encurtido.

Otra palma cultivada; justamente con el propósito de aprovechar la inflorescencia como hortaliza, es la pacaya (Chamaedorea pacaya Oerst., Chamaedorea spp.), de la cual se usa solamente la in florescencia masculina. Pequeños cultivos se hacen en huertos en Cobán, Purulhá, y varias localidades del oeste de Guatemala (Cook: CUNSH, 1910, 310. 311 ).

Este uso llega hasta Costa Rica (Stone, 1949, 9).

 

CICLANTÁCEAS.

Los rizomas y brotes tiernos de varias Ciclantáceas, especialmente del género Carludovica, se usaron como hortaliza por algunos pueblos equinocciales. De allí debió derivarse el nombre «iraca» que le dan a las plantas de este grupo en varios países suramericanos. Aunque la principal utilización de estas plantas es por la fibra de las hojas ( y se estudiará desde ese punto de vista en el capítulo XV), no faltan casos históricos del uso en calidad de comida, aunque haya sido de emergencia. Así, en la expedición de Juan de Vadillo, en el mes de agosto de 1538, yendo por una montaña cerrada, no tuvieron los españoles durante varios días nada que comer, "sino unas raíces de unos juncos que llaman «airacas»" (Oviedo y Valdés, 1959, III, 169).

 

ARÁCEAS.

142-Xanthosoma belophyllum Kunth.

Xanthosoma spp.

(véase numeral 114 en el capítulo IX).

 

TURIARA, en Venezuela.

Tratando de las yautías había dicho Oviedo: "Asimismo las hojas es sano manjar, y saben muy mejor a los indios que a los cristianos, e dánse muchos a ello, puesto que no es manjar para desearle ni hacer caso dél, sin necesidad, no hallando otro" (Oviedo y Valdés, 1851, I, 274-275; , 1959, 1. 235). Probablemente se usó más de una especie con ese fin.

Según Pittier, las hojas de la TURIARA se venden para ensalada en el mercado de Caracas (Pittier, 1926, 238).

 

BROMELIÁCEAS.

En Nicoya, Costa Rica, a veces se come la flor de la piñuela (Bromelia pinguin L.) como hortaliza (Pittier, 1957, 181; Wagner, P. L., 1958, 241, 243).

 

LILIÁCEAS.

Las flores del ITABO, IZOTE o DAGUILLO (Yucca elephantipes Regel, Yucca spp.), se consumen picadas en Nicoya (Wagner, P. L., op. cit., 243), y en otras partes de Centro América y Méjico (Pittier, 1957, 107, 139).

 

AMARILIDEAS.

Cobo habla de un maguey pequeño, verde, cuyas hojas comían asadas los mejicanos (Cobo, 1890, I, 468).

En una relación sobre Carora, Venezuela, de mediados del siglo XVIII, refiriéndose al ISPOPO (Agave spp? Furcroya spp?), se dice que "su fruta asada es muy sana, sirve como pan, hacese gustosa pira o ensalada, y conserva de ella; esta fruta adobada se llama xibe, y guasi, es tan buena como la alcaparra" (Altolaguirre y Duvale, 1908, 173).

 

DICOTILEDÓNEAS

QUENOPODIÁCEAS.

Chenopodium quinoa Willd.

(véase numeral 132 en el capítulo XI).

La quinua no solamente se usó por el grano. La hoja de algunas variedades sirvió de hortaliza. Según Garcilaso, "las hojas tiernas comen los indios y los españoles en sus guisados, porque son sabrosas y muy sanas" (Garcilaso, 1945, II, 178). En el mismo parecer abundan otros autores (Cobo, 1890, I, 350; -----, 1956, I, 164; González Suárez, 1890, I, 157). El error de González Suárez consiste en incluír el nabo entre las plantas cuyas hojas comían los indígenas ecuatoriales, pues el nabo es planta introducida por los españoles ( véase adelante lo relativo a Oxalidáceas).

 

143-Chenopodium ambrosioides L..

 

EFASOTE, en Méjico.

PAICO, en Perú.

Las hojas y ramas tiernas se comen crudas en Méjico. Así se usaban también en Guatemala en el siglo XVIII (Figueroa Marroquín, 1957, 131 y fig.). Es verdad que la principal utilización es como medicinal ( antiasmático y vermicida).

"Echan los indios esta yerba en sus guisados", dice Cobo del PAYCO (Cobo, 1890, I, 386-387; -----, 1956, I, 179).

Hay distintas variedades para usos culinarios y medicinales.

 

AMARANTÁCEAS.

Amaranthus spp.

(véase numeral 134 del capítulo XI).

 

En el capítulo anterior se trajeron a cuento los datos sobre la utilización de los bledos por la semilla. Pero las hojas y caules tiernos se usaron como verdura.

Para las Antillas, dice Las Casas que los había de dos maneras, unos muy verdes y otros colorados y muy grandes, pero espinosos (Casas, 1909, 39).

Bledos figuran entre las yerbas usadas por los muzos (Morales Padrón, 1958, 608).

En Guarquina o Guadalupe, área ocupada por los patangoros, se sostuvieron de bledos los españoles, durante una campaña de sometimiento, a mediados del siglo XVI (Agua- do, 1917, II, 596).

No eran desconocidos en la Sierra Nevada de Santa Marta (Simón, 1953, VIII, 101).

De las hojas de los BLEDOS DE LAS INDIAS, para distinguirlos de los europeos, dice Cobo que "sirven de mantenimiento ni más ni menos que los bledos" (Cobo, 1890, I. 387, 337; -----, 1956, I, 179).

 

FITOLACÁCEAS.

Algunas especies del género Phytolacca se consumen como verduras en América equinoccial. El tema se tratará en otro volumen.

 

PORTULACÁCEAS.

144-Portulaca oleracea L..

VERDOLAGA.

Esta era una de las plantas comunes a ambos continentes cuando se operó el encuentro de culturas. Por lo menos tal fue la impresión de los cronistas. Oviedo incluye en su lista de las plantas que se encontraban en ese caso, las verdolagas o PERTULACA (Oviedo y Valdés, 1959, II, 17). Lo mismo hace Cobo (Cobo, 1956, I. 158).

 

BASELÁCEAS.

Ullucus tuberosus Caldas

( véase el numeral 121 en el capítulo IX).

Las hojas del ULLUCO, que tenían el nombre especial de «yuyoslluto», se comían en el Ecuador interandino (Jiménez de la Espada, 1897, III, cxxv).

La USPICA, que el botánico Ruiz identifica como Basella diffusa, se usaba en el siglo XVI para yerba de cocido (Ruiz, 1952, I. 355 ).

 

PAPILIONÁCEAS.

Lupinus spp.

( véase el numeral 140 en el capítulo XI).

De los chunbivilcas (Andes peruanos) se dice en la relación de 1586, que comían hojas de altramuces (Jiménez de la Espada, 1885, II, 75).

 

145-Gliricidia sepium (Jacq.) Steud.

YAGUAGUIT, MADERA-NEGRA, MADRECACAO, en Centro América.

MATARRATÓN, en Colombia y Venezuela.

Las hojas tiernas del MADRECACAO se usaban como verdura en Guatemala en el siglo XVIII; y también las flores en días de abstinencia, según información del naturalista e historiador Antonio Fuentes y Guzmán (Figueroa Marroquín. 1957, 157, 158).

El uso perdura en algunas regiones del área, como en la península de Nicoya (Wagner. P. L., op. cit., 243). Allí se llama MADERA-NEGRA.

 

146-Erythrina spp..

BUCARE, en Venezuela.

BARBATUSCO, en Ocaña, Colombia.

Dice Juan de Pimentel en su relación de Caracas ( 1578), al enumerar los alimentos usuales de los aborígenes: ". ..una flor de árboles grandes que se llama bucare la qual cogida [cocida?] es de gusto de alcaparras. .." Este árbol es el que se Usa en Venezuela para sombrío del cacao (Latorre, 1919, 149; Arellano Moreno, 1950, 149).

Posada Arango, después de describir la especie que llama E. pisamo P. Ar. (1897), sostiene que es común la creencia de que las flores caídas al agua dan fiebres, a pesar de lo cual "en el Departamento de Santander comen estas flores, en ensalada y en sopas, a cuyo efecto las venden en el mercado, creo que con el nombre de «barbatusco». Ellas pueden ser, pues, para la gente pobre, un recurso en las épocas de hambre o de carestía de víveres".(Posada Arango, 1909, 122).

 

Phaseolus spp.

(véase numeral 136 en el capítulo XI). .

 

Las vainas tiernas de los fríjoles se usaron como legumbres por varios pueblos americanos. Así está consagrado en el nombre náhuatl «ejote» (Robelo, 3a ed., 397,399). Otros inclusive emplearon las hojas como verdura. Tal ocurrió con los muzos (Morales Padrón, 1958, 608).

 

OXALIDÁCEAS.

Oxalis tuberosa Mol.

( véase numeral 123 en el capítulo IX).

Oxalis spp..

 

CHULCO; en quechua (la parte aérea de la planta).

VINAGRILLO, en Venezuela.

De los indígenas de Quito decía en 1650 Diego Rodríquez Docampo: [se alimentan] "asimismo con yerbas, que llaman «yucas» [por «yuyos» ] , de diferentes maneras: unas se nombran «paico», que es buena para dolores de estómago, vientre y muelas; y otras «yuyoslluto» [ «llutu» = hojas del ulloco, hojas tiernas del ulloco], «guacamullos», Chimborazo, chulco [Oxalis gigantea], la hoja del nabo. .." (Jiménez de la Espada, 1897, III, cxxv). Las aclaraciones entre paréntesis son del editor. De aquí es de donde González Suárez tomó lo relativo a las hojas del nabo, aplicándolo por error a la época prehispánica.

Cobo también da «chulco» con la equivalencia de la planta de la oca; pero no se refiere al uso como hortaliza, sino para fines medicinales (Cobo, 1890, I, 363; -----, 1956, I, 169).

 

TROPAEOLEÁCEAS.

147-Tropaeolum majus L..

TECSAU, MALLAU,-en quechua (Valdizán y Maldonado, 1922, II, 217).

MASTUERZO DE LAS INDIAS.

MARAÑUELAS, en Venezuela.

BERROS.

Escribía en 1615 el naturalista Francisco Jiménez: “También se ha traído a Mexico, la planta que llaman mestuerzo del Piru, con el qual hermosean, no solamente los jardines sino también las rejas celugias, y ventanas, las damas mexicanas [ .] llaman los yndios a esta yerba Pelon mexi quilitl o pellon chile. Vsan de las flores en ensalada, que son muy apetitosas, para despues recibir con mas gusto los manjares" (Ximénez, 1888, Mor., 123-124).

Del mastuerzo de las Indias dice Cobo: "Echanse sus flores en las ensaladas y son muy apetitosas( ...) Llámase «ticsau» en la lengua del Perú" (Cobo, 1890, I, 398; -----, 1956, I, 184; Yacovleff y Herrera, 1935, 40).

 

EUFORBIÁCEAS.

Manihot esculenta Crantz

(véase numeral 125cen el capítulo IX).

Los muzos utilizaban las hojas de la yuca como verdura (Latorre, 1919, 12,6; Morales Padrón, 1958, 608).

Los yurumanguíes de la Cordillera Occidental y costa del Pacífico echaban cogollos de yuca con otras plantas a hervir durante cuatro o cinco días en agua de sal, y luego utilizaban aquello como encurtido (Jijón y Caamaño, 1945, IV, 500; Rivet: JSAP, 1942 (1947), 7).

También en el Brasil usaron los indígenas las partes foliares (Piso, 1948, 62).

 

148-Jatropha multifida L..

J. aconitifolia MilI..

 

QUELITES ( véase lo dicho a propósito de esta palabra al principio del capítulo).

CHICASQUIL, en Costa Rica (Pittier, 1957, 102).

Con el nombre de COL DE NICARAGUA la observó en Panamá entre las hortalizas a mediados del siglo XIX un botánico (Seemann, 1857, 69; -----, 1928, 20-21).

Se usa en Nicoya, y se cultiva en los patios con el fin de aprovechar las hojas (Wagner, P. L., 1958, 229).

 

ANACARDIÁCEAS.

Spondias purpurea L.

( véase numeral 44, capítulo VI, tomo I).

Tanto los frutos tiernos como las hojas de esta especie se usaron también a fuer de hortalizas. Decía Oviedo: "Hácese, asimismo, buen vinagre destas ciruelas, e buena salsa verde con ellas e con las hojas del ají" {Oviedo y Valdés, 1851, I, 233; , 1959, ¡, 261). y Cobo: "De las hojas tiernas deste «ciruelo» se hace una salsa tan buena como de perejil" (Cobo, 1891, II, 34; , 1956, I, 247).

 

Spondias mombin L.

( véase numeral 45, capítulo VI, tomo I).

Los muzos de La Trinidad comían cogollos de hobos a modo de verduras (Morales Padrón, 1958,606).

Las hojas de acaia o ibametara (Spondias?) se usaban como tempero de carnes asadas en el Brasil (Marcgrave, 1942, 129).

 

CARICÁCEAS.

Carica spp..

Cuando se hizo la historia de C. papaya L. en el numeral 69, capítulo VIII, tomo I. se señaló la costumbre seguida por los maynas del bajo Marañón, de preparar una bebida de papayas verdes cocidas y molidas (Figueroa, 1904, 150; Jiménez de la Espada, 1889, Mar., 272, 115). Esto es distinto de la conserva que se hace del fruto en el mismo estado, con la adición de dulce.

Pero la hoja de algunas especies de Carica se usó como verdura por varios pueblos indígenas. De la C. monoica, llamada en el Perú oriental COL DE MONTAÑA, refiere el botánico Ruiz que se trajo de Pampahermosa (Pampas de Sacramento) para cultivar en la quebrada Chinchao, De ella no se comía el fruto por insípido, sino las hojas (Ruiz, 1952, 1. 329).

 

CACTÁCEAS.

Opuntia spp.

(véase numeral 74, capítulo VIII, tomo I).

Es común en Méjico el uso de hojas tiernas de tuna para preparar ensalada. A mediados del siglo XVII decía Cobo: "Las hojas, cuando pequeñas y tiernas, suelen echar en la Nueva España en los guisados y son de buen mantenimiento" (Cobo, 1890, 1. 444; -----, 1956, I; 20).

 

149-Pereskia panamensis Seem..

ÑAJÚ DE ESPINA, en Panamá (Seemann, 1853, 69; -----, 1928, 20-21 ).

Esta especie se usaría por sus hojas en Panamá.

 

CONVOLVULÁCEAS.

Ipomea batatas L.

(véase numeral 127 en el capítulo IX).

Los muzos comían la hoja de batata a modo de verdura

(Latorre, 1919, 126; Morales Padrón, 1958, 608).

 

SOLANÁCEAS.

Capsicum frutescens L.

(véase el numeral 162 en el capítulo XIII).

Decía Oviedo a mediados del siglo XVI: "De las hojas del ají se hace tan buena o mejor salsa al gusto que la del perejil, desliéndole con el caldo de la olla de carne. .." (Oviedo y Valdés, 1851, I, 178; -----, 1959, I, 236).

La utilizaban en esa forma las muzos del valle del Magdalena (Morales Padrón, 1958, 608).

Ese uso parece fue general en toda América intertropical, pues sobre el Perú afirma Cobo: “No sólo se come el fruto desta planta, sino que también sus hojas se echan en los guisados como el perejil y la yerbabuena, en especial en el llamado «locro» (...) También de las hojas tiernas del ají se hace tan buena salsa como de perejil. .." (Cobo, 1890, I, 373; .1956. I, 173).

 

150-Nicotiana tabacum L.

(véase el tomo III).

Los guatusos de Costa Rica echaban tabaco verde a su puchero (Fernández, 1883, III, 315).

Hacían lo siguiente los yurumanguíes (1776): "El tabaco lo cogen tierno y lo echan en la olla con otras yerbas, y lo comen cocido" (Jijón y Caamaño, 1945, IV, 498, 500).

Los sereucumas del Orinoco comían la hoja verde del tabaco en grandes cantidades (Bueno, 1933, 67)

 

CUCURBITÁCEAS.

Esta familia ha suministrado más de media docena de especies utilizadas como hortalizas o verduras en América precolombina (Merrill, 1954, 280). Parece que en algunas regiones del Nuevo Mundo, por lo menos en Méjico, el consumo de las semillas tostadas de las Cucurbitáceas precedió al de las partes carnosas de los frutos (Anderson, 1952, 129-130; Dressler, 1953, 130-131 ). El uso de las semillas, así como el de las flores, son prácticamente desconocidos en América equinoccial, donde en cambio se han seleccionado excelentes tipos de pepónides para comer cocidos.

 

151-Cucurbita moschata Duch..

AYOTLI, náhuatl, de donde el actual AYOTE (Martínez, 1937, 41, Robelo, 3a ed., 58-60).

AHUYAMA, AUYAMA, del cumanagoto, lengua caribe (Henríquez Ureña, 1938, l07-108).

ZAPALLO, del quechua ZAPALLU (ÇAPALLU) (Navarrete, D. de S. T., 1560, 116, González Holguín, 1608, 70). También se dice SAPALLO (Toscano Mateus, 1953, 105).

TAMUÑA (THAMUÑA), en aymara (Bertonio, 1612, 344, 87).

APE-T, APE, en páez-coconuco (Rivet: JSAP, 1941, XXXIII, 40).

BOKA, en yurumanguí (Ibid.: JSAP, 1942 (1947), XXXIV,46).

CUERO, SÓNZO, en la lengua general del Putumayo-Caquetá (siglo XVIII) (Jiménez de la Espada, 1904, 26, 41; Ortiz, S. E., 1954, 434).

ABÓBORA, BOBORA, en tupí..guaraní (Marcgrave, 1942, 44, xl).

América ístmica.

Los documentos relativos a Costa Rica señalan esta zona como la de concurrencia, si no de especies, por lo menos de nombres diversos para Cucurbitáceas usadas como hortalizas. La relación de Vázquez de Coronado habla de CALABAZAS entre los quepos (Peralta, 1883, 771-772). En una relación de 1610 se dice que en la costa atlántica se dan las OYAMAS (Peralta, op. cit., 699; Fernández, 1886, V, 157). En 1570 en un proceso contra unos soldados desertores del campo de Perafán de Rivera, en Arariba, Guaymí, los inculpados tratan de defenderse alegando que pasaron el río para buscar AYOTES (Fernández, 1883, III, 96). !

UYAMAS eran común mantenimiento de los guaymíes (Ufeldre: Meléndez, 1682, III, 2; : Serrano y Sanz, 1908, 86), así como de los dorases (Rocha: Meléndez, op. cit., 401). Un río «Auyama», en la laguna de Chiriquí, puede que tenga relación con esta especie (Alba C., M. M., 1950-a, 51).

Cuando los cronistas de la conquista: en la parte equinoccial hablan de "melones de la tierra", y aclaran que se comían asados, se trata de la planta en estudio, Relatando Gaspar de Espinosa su jornada a la provincia de Paris en 1519, dice: "tienen los dichos ríos muy buenas riberas e de grande pusición [ así] para maizales é yuca e todos los bastimentos de indios, especialmente melones de los indios, que se hallan allí los mejores e más sabrosos que se han visto en todos estos reinos, e tales que, asados, parescen de carne propiamente, que de membrillo. .." (Espinosa: Medina, 1913, II, 283). Con seguridad son los mismos "melones diferentes de los de acá [España]", a que se refiere Andagoya en las provincias panameñas de Chame y Chirú (Andagoya: Cuervo, 1892, II, 92). De acuerdo con las relaciones de Portobelo y Panamá de 1607 había en ambas ciudades "«oyamas», que son calabazas redondas, señaladas las tajadas [ como?] melones; dulces y buenas cocidas y asadas. En el Perú llaman zapallos" (Torres de Mendoza, 1868, IX, 96; Serrano y Sanz, 1908, 147).

Costa atlántica.

En documentos de la época de las primeras exploraciones que se siguieron a la fundación de Cartagena, se habla de "«ahuyama», que es como un melón" (Friede, 1955, m, 276). Quizá no sean otras las YAYAMAS (error de copia?) que según un autor se cultivaban en dicha ciudad (López de Velasco, 1894, 386).

ZAPALLO era común en la cuenca del Magdalena en el siglo XVIII (Serra, 1956, I, 46).

A principios de la conquista de Pacabuey y del valle de Upar, los indígenas ofrecieron AUAYAMAS, junto con otras cosas, a Pedro Vadillo (Aguado, 1916, I, 84). Los pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta, especialmente los del valle de Caldera, cultivaban AHUYAMAS (Simón, 1953, I, 149; VIII, 114). En el siglo XVIII un autor dice que en Santa Marta había "calabaza blanca y colorada, que generalmente es llamada «ahuyama»" (Rosa, 1945, 296).

En Cania, valle de Cúcuta, y en el valle de Santiago, cerca de San Cristóbal del Táchira, las AVYAMAS eran comunes (Aguado, 1917, II, 507, 515). En esa región los españoles llamaron un pueblo «de las Avyamas», "por la mucha abundancia que della havía" (Aguado, 1918, I, 351; Femández de Piedrahita, 1942, IV, 35; Oviedo y Baños, 1885, I, 203). En la localidad de: Sorca, cerca de Sam Cristóbal, existe una variedad endémica de ahuyama denominada «carabiria», que ha perdido la facultad de propagatse por semilla; los agricultores de la región la multiplican vegetativamente.

Venezuela.

En Caracas, según la relación de Pimentel, se conocían las "calabazas que llaman «auyamas»" (Latorre, 1919, 81; Arellano Moreno, 1950, 81). Abundaban en Barquisimeto yen Tocuyo (Arellano Moreno, op. cit., 116, 149). En el golfo de Cariaco se registran con el nombre de AGYAMAS (Arellano Moreno, op. cit., 56; Oviedo y Baños, 1885, I, 306). Nicolás de Federmann encontró AHUYAMAS durante su expedición al interior (Federmann, 1958, 43).

También se cultivaban AHUYAMAS en Coro (Altolaguirre y Duvale, 1908, 204).

Llanos.

Durante la expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada al Dorado, él y sus compañeros descansaron en el pueblo de los Palenques,

 

"satisfaciendo los hambrientos senos,
porque se recogió copia de grano,
yucas, «auyamas» y batatas muchas
con que se sustentaron cuatro meses"

 

(Castellanos, 1955, IV, 541; Aguado, 1918, I, 351, 352).

En un interesante diario de una entrada cuyo fin era conocer los límites Apure-Meta, en 1774, se registra el hallazgo de algunas «auyamas» entre los indígenas del río Canaviche (Cuervo, 1893, III, 95).

Magdalena y Nuevo Reino.

Los patangoros de la margen izquierda del Magdalena, no sólo comían de las ahuyamas los frutos, sino también las hojas (Aguado, 1917, II, 132-133). En Vitoria, pueblo minero fundado en esa zona, para 1583 "se da mucha cantidad de xuca y de frisoles y «auyamas» ques gran sustento para los negros que las huviesen de labrar [las minas]" (Guillén Chaparro: AIP, 1889, XV, 156).

AVYAMAs le dieron los páeces a Domingo Lozano en 1555 (Aguado, 1917, II, 739). Entre Cacataima y Otaima, localidades serranas del área ocupada por los pijaos, a falta de maíz, no se comía sino auyamas asadas (Ortega Ricaurte, 1949, 271 ).

Desde 1628 se habla de ZAPALLOS entre los andaquíes, en las nacientes del Magdalena (Friede, 1953, 265).

En la otra banda del Magdalena, eran los muzos cultivadores de AVYAMAS (Latorre, 1919, 119; Aguado, 1917, II, 708).

AHUYAMAS, según Simón, había en el valle de La Grita, cerca de Vélez, cuando entraron los españoles en 1537 (Simón, 1953, I, 242). Decía Zamora en 1701: “«auyamas», que son vnas grandissimas calabazas, de mas de seis dedos de canto, la carne naranjada de buen gusto, alimento de los pobres" (Zamora, 1930, 43). Otro autor agrega que "las mejores son pequeñas, que llaman del puerto, porque de donde primero se trajeron fue de Girón" (Oviedo, 1930, 48-49).

Cauca y Antioquia.

En el segundo viaje de Jorge Robledo al norte de Cali, entre el Pueblo Grande de los Gorrones y el de Palomino, en los ranchos abandonados por los indígenas a la vista de los españoles, a más de otras comidas de que se ha dado cuenta en diversos capítulos, se hallaron "melones de la tierra, é [o?] ahuyamas". Más abajo, cerca de los raudales, en las vecindades de la boca del Sopinga, con motivo de un naufragio de balsas sufrido allí, los expedicionarios pasaron varios días comiendo sólo "melones asados" (Robledo, J.: Cuervo, 1892, II, 393, 394; -----: Jijón y Caamaño, 1938, II, Doc. 85, 86).

ZAPALLOS se cultivaban en Jamundí a principios del siglo XIX (Arboleda, 1928, 630). Durante las repetidas guerras civiles que azotaron a Colombia en ese siglo, el zapallo constituyó un soporte alimenticio de primer orden. Los pueblos sufrían requisas de los bandos contendientes para obtener víveres. Era esta la única planta que daba sus cosechas en pocos días, con la ventaja de ocultarse entre el rastrojo, donde los frutos podían sustraerse a la voracidad de la soldadesca.

Se cultivaban AOYAMAS en el pueblo minero de Cáceres, parte baja del Cauca (Vázquez de Espinosa, 1948, 317).

Ha sido tradicionalmente utilizado en Antioquia ( Ospina, T., 1913, 146; Parsons, 1949, 117).

Ecuador.

El alto río Mira era fértil de MELONES DE LA TIERRA ( Cieza, 1924, 122). ,

Las relaciones geográficas de la parte interandina ecuatorial de fines del siglo XVI, incluyen esta planta entre los mantenimientos comunes, en los siguientes lugares: Cuenca (ZAPALLOS); en su anejo San Luis de Paute ("zapallos, que son unas calabazas grandes"); y Laja ("zapallos, por otro nombre calabazas") (Jiménez de la Espada, 1897, III, 159; 169; 203; Jaramillo Alvarado, 1955, 92).

Se daban en la región costera de Puerto Viejo "melones de la tierra" (Cieza, op. cit., 156). En Coaques un viajero habla de ZAPALLOS en 1617 (Herrera y Montemayor: Vargas Ugarte, 1947, 69).

Amazonas.

Álvarez Maldonado encontró ZAPALLOS en la región del Madre de Dios, oriente peruano (Álvarez Maldonado, 1899, 51).

En varios puntos del Amazonas se mencionan CALABAZAS durante el viaje de Lope de Aguirre (Ortiguera, 1909, 323, 330, 356; 419).

Se daban zapallos, en la región ocupada por los maynas (Jiménez de la Espada, 1897, IV, cxlvii). Era objeto de cultivo por los indígenas en sus chacras en el siglo XVlII (Magnín: RI. 1940, 1. 180).

Calabazas cultivaban los indígenas en el sector Putumayo-Caquetá (Cuervo, 1894, IV, 276).

Perú

Son confusos los datos sobre el Perú, ya que aquí se usaban otras especies, como la Cucurbita maxima Duch., poco o nada conocidas -sino recientemente- al norte del ecuador (véase numeral 153).

Algún autor habla de CALABAZAS o AVYAMAS sin detalles sobre la especie (Borregán, 1948, 78).

Después de describir la planta, y de hablar de las formas y tamaños de los frutos, agrega Cobo: "Sirven los «zapallos» de mantenimiento a los indios, negros y españoles, unas veces asados con aceite y vinagre, otras en guisados, y en varias maneras de conservas que se hacen dellos; y aun me acuerdo que ha más de sesenta años que, siendo yo muchacho, los vi en España, y los llamaban «berengenas de las Indias», y hacían dellos conserva en arrope..." (Cobo, 1890, 1. 378-379; -----, 1956, 1. 175-176; Yacovleff y Herrera, 1934, 301-304).

 

152-Cucurbita ficifolia Bouché.

 

VITORIA (el pepónide), VITORIERA (la mata), en Antioquia, Colombia (Bukasov, !930, 489; Parsons, 1949, 117). Se desconoce el origen de esas palabras.

LACA YOTE, en Bolivia.

CALABAZA.

No se mencionan calabazas comestibles en los documentos consultados del siglo XVI, sino sólo cuando CALABAZA es sinónimo de ZAPALLO o AUYAMA, según se vio en el numeral anterior.

Para el Nuevo Reino, Oviedo dice que "las calabazas y los pepinos se producen en cualesquier tierras, y de las calabazas se producen excelentes conservas y ensaladas" (Oviedo, 1930, 44).

Hernández menciona para Méjico ocho clases comestibles de AYOTLI, designación genérica para las Cucurbitáceas; pero los nombres con que las distingue parecen aplicarse a diferentes especies (Hernández, 1942, I, 156-160; Martínez, 1937.41). En ese país se usa mucho consumir las semillas tostadas, costumbre desconocida en América equinoccial.

 

153-Cucurbita maxima Duch..

 

ZAPALLO.

En relaciones de la parte oriental de los Andes del sur

boliviano, se habla a fines del siglo XVI de unos ZAPALLOS muy grandes, algunos de tal magnitud que apenas los podía mover un hombre (Jiménez de la Espada, 1885, II, cxi). Quizá a esta especie se refiera Acosta: ". ..las calabazas de las Indias es otra monstruosidad de Su grandeza y vicio con que se crían, especialmente las que son propias de la tierra que allá llaman «zapallos» , cuya carne sirve para comer, especialmente en Cuaresma, cocida o guisada" (Acosta, 1940, 277; -----, 1954,113).

Parodi ha descrito para el norte de Salta la variedad «sipinki» o «sipinke», de cáscara dura, que se conserva mucho tiempo (Parodi, 1935, 142, grab. 143). Los botánicos rusos crearon también la variedad boliviana de Zhiteneva (Buka- SOV, 1930, 206).

Aunque se ha introducido esta especie a Colombia en tiempos recientes, no ha encontrado aceptación, excepto Como alimento para cerdos.

 

154-Cyclanthera pedata Schrad..

Cyclanthera sp..

 

CAYGUA, en taíno, según Cobo (?)

CAÍFA, en Costa Rica (Pittier, 1957, 75). ACCHOCCHA, ACCHOCSSA, ACHOCCHA, en quechua (Navarrete, D. de S. T., 1560, 106 v.; González Holguín, 1608, 5; Valdizán y Maldonado, 1922, II, 343). Esta palabra ha dado la corruptela fonética ARCHUCHA, en el occidente de Colombia. PEPINO DE RELLENO, en varias regiones de habla hispana.

La relación de San Francisco de Paccha, localidad del Ecuador interandino de la jurisdicción de Cuenca (1582), habla de ACHOCCHAS como de hortaliza vernácula (Jiménez de la Espada, 1897, III, 164).

Después de describir la planta y el fruto, añade Cobo: "Sirve la «caygua» en los guisados, principalmente en los locros, y cocida con aceite y vinagre es buena comida; comida cruda sabe algo a cohombro" (Cobo, 1890, I, 380-381; -----, 1959, I, 176-177; Yacovleff y Herrera, 1935, 46). El botánico Ruiz menciona la CAIHUA en el relato de su viaje a la provincia oriental peruana de Huamalíes (Ruiz, 1952, I, 202).

No se han encontrado referencias para Colombia, excepto el pasaje de Basilio Vicente de Oviedo sobre la calabaza, transcrito en el numeral 152, en que menciona también los pepinos. Queda la duda si al hablar de pepino se refiera a Cyclanthera o al Cucumis sativus L., introducido por los españoles.

 

155-Sechium edule Sw ..

 

CHAYOTLI, náhuatl, que ha dado origen a CHAYOTE y variantes. El tubérculo que esta planta forma cuando está adulta, se llama en Méjico «camochayote» y «chayotestle» (Robelo, 3a ed., 58-60, 62-65; Martínez, 1936, 136; Pittier, 1957, 102; 256).

CIDRAYOTA, CIDRAPAPA, en partes de Colombia. En el primer nombre es discernible la forma náhuatl.

HUISQUIL, en Centro América. Parece que GÜISQUIL, HUISQUILA se han usado en Antioquia, Colombia (Ospina, T., 1913, 146; Pérez Arbeláez, 1956, 327).

CHUCHÚ, XUXÚ, en el Brasil.

El médico Hernández dice del CHAYOTLI: "Fruto espinoso de la forma y tamaño de un testículo muy grande... se come cocido y se vende mucho en los mercados( ...) No es enteramente malo ni desagradable como alimento, peto no tiene, que yo sepa, ningún otro uso". Indica que también la semilla se come (Hernández, 1942, I, 167'-168). Del mismo modo, el tubérculo es también muy apreciado en Méjico ( Martínez, 1936, 134-137), uso desconocido en Sur América.

CHAYOTES cultivaban los indígenas de Tucurrique, río Reventazón, Costa Rica, en la segunda mitad del siglo XVI (Fernández, 1907, VII, 386).

Seemann vio esta hortaliza en Panamá a mediados del siglo XIX (Seemann, 1928, 30).

Pese a que algún botánico parece inclinado a creer que esta especie es originaria de Colombia y Venezuela (Parodi, 1935, 146), no se ha visto mencionada esta planta en América equinoccial durante el primer siglo de dominación española. Las referencias, todas tardías, usan invariablemente el nombre náhuatl más o menos deformado; así, por ejemplo, según Gilii se daba a mediados del siglo XVIII, en la Nueva Granada el CAYOTE (Gil ii, 1955, 130). SIDRAYOTAS había en Roldanillo y en Cali en las postrimerías del período colonial (Villaquirán: BHV, 1939-1940, 6: 226, 240). Un autor sostiene que la introducción de la CIDRAYOTA a Antioquia es reciente (Zuleta: RHA, 1919, 759). GÜISQUIL y CIDRAYOTA menciona el agrónomo Tulio Ospina a principios del siglo actual (Ospina, T., 1913, 146).

Cobo se equivocó al atribuír varias semillas al CHAYOTE, pues sólo tiene una: "Es el «chayote» una mata como la del melón y muy parecida a ella en la hoja y vástago; enrédase en los árboles, y es natural de la Nueva España. Su fruto es del tamaño y hechura de un gran membrillo; por de fuera está muy verde, cubierto de unas espinillas blandas como las de la borraja, algo más gruesas; la sustancia de dentro es como calabaza, salvo que es toda maciza, con muy pequeño corazón, en que están las pepitas, que son chiquillas. Nace el «chayote» en tierra caliente y templada, y se come asado y cocido; en sí es muy desabrido, como la «cáygua», mas, suélenlo comer los españoles con aceite y vinagre" (Cobo, 1890, I, 381; -----, 1956, I, 177).

Con el nombre CHOCHO, que podría ser corruptela de CHUCHÚ, se cultivaba en Jamaica a mediados del siglo XVIII (Long, 1774, III, 802).

 

156-Polakowskia tacaco Pittier.

 

TACACO, en Costa Rica (Pittief, 1957, 202).

Se conocen en ese país tres variedades no suficienteínente determinadas ni descritas (Alfaro Sagot, 1941 ).

Esta planta bejucosa es endémica de la sierra central costarricense. La parte comestible es la pulpa del fruto hervido.

Los indígenas que vivían en la confluencia de los ríos Bururi y Chirripó, según una relación de viaje de 1882. cultivaban TACACOS, junto con otras plantas alimenticias (Fernández, 1883, III, 337).

El tacaco se vende cotidianamente en el mercado en San José y en otras ciudades serranas de Costa Rica.

 

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Figura 21.Frutos de tacaco Polakowskia tacaco Pittier, de Costa Rica. Variedades espinosas y lisa. Tamaño natural. Reproducido de la tesis de Alfaro Sagot citada en el texto.

 

El autor introdujo varios frutos a Colombia en 1959; pero no se aclimataron.

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