POLICARPA SALABARRIETA
(Heroina.)

El amor patrio es un sentimiento que nace con el hombre.

Del suelo en que nacemos, grande o humilde por su mayor o menor moralidad, cultura i riqueza, amamos todo : el aire que respiramos, la luz que nos alumbra, el pedazo de cielo que nos cobija, la tierra que nos sustenta, las aguas cuyo dulce rumor escuchamos, el clima que hace parte de nuestra naturaleza, los horizontes que nos deslumbran, i hasta la misma desgracia que la Providencia o nuestros conciudadanos nos envian.

En la tierra en donde nos cabe en suerte aparecer al mundo, todo es grande i magnífico: allí están nuestras mas caras afecciones, la memoria de nuestros antepasados, sus glorias i tradiciones, sus virtudes que se reflejan en nosotros, i los huesos sagrados de nuestros padres, que nos inspiran veneracion.

De este conjunto de circunstancias viene lo que se llama amor patrio, sentimiento acaso el mas poderoso i sublime del alma. I cosa rara!...... Este amor al país en que se ha visto la primera luz, es mas vehemente en la mujer, que obedece sinceramente a la relijion del sentimiento, que en el hombre, dado de suyo a mayores i mas dilatadas contemplaciones.

La mujer, hecha de ternura i fidelidad como las Gracias alegóricas, reduce el universo al hogar, al esposo, al hijo, al padre, al hermano, al amante que la desvela, a la flor que cultiva, a la tumba que guarda las cenizas de los que le pertenecen, al templo donde eleva su espíritu a Dios!...... El hombre tiene tambien estas adoraciones, pero él no se liga solamente a esos vínculos, sino que va mas allá, internándose en un mundo mas grande a que se siente ligado por la intelijencia.

Hé aquí la razon por qué es mayor el entusiasmo patrio en el sexo débil que en el Fuerte. Entusiasmo corroborado por la historia i que mas de una vez ha libertado de la esclavitud a los pueblos.

Las mujeres galas salvaron a su Patria de la servidumbre.

Roma se salvo tambien en una ocasion de ser azotada por los cimbros, debido a la enerja de las mujeres romanas.

César en sus atrevidas conquistas tenia ménos temor, si era que el temor podia caber en aquel espíritu formidable, a los hombres que a las mujeres.

El hombre lucha i muere. La mujer no se pára ante ningun sacrificio. En defensa de su pedazo de suelo su heroismo no tiene límites, pues que ni siquiera se detiene ante la virtud. Es la fiera que defiende la guarida que constituye el mundo de sus afecciones. Tratándose de servir a su causa, ella compromete cuanto le rodea, hace, sin pretenderlo, un poema de su vida, i al inmolarse no piensa siquiera en que al otro lado del suplicio la espera el Dios de la inmortalidad para presentarla a las venideras jeneraciones como un luminoso ejemplo de abnegacion, de desinterés i de patriotismo.

Así, Judit cortando la cabeza de Holoférnes, a fin de salvar a Betulia su Patria;

Clelia, tratando de envenenar a Porsena, Rei de los etruscos, en venganza de los agravios hechos por éstos a Roma;

Juana de Arco quemada viva por haber peleado contra los ejércitos ingleses que invadian la Francia i llevado a Cárlos VII vencedor hasta Reims;

Ana Maria Carlota Corday, muriendo en el patíbulo por creer que salvaba a su país de la anarquía, suprimiendo al sanguinario Marat;

Policarpa Salabarrieta, entregándose al verdugo por amor a la República,

Son vivos ejemplos de lo que puede la mujer con su entusiasmo i de la fuerza inquebrantable de su abnegacion.

Policarpa nació en la ciudad de Guáduas, Estado de Cundinamarca, en el mes de enero de 1795.

Era de bella fisonomía, de talle airoso aunque pequeño, de mirar ardiente, i en el blanco mate de sus mejillas se entreveia la distincion de su linaje, aun cuando, segun las preocupaciones sociales de su tiempo, no habia nacido de las clases altas o nobles.

Quince años tenia la jóven cuando sonó la primera campanada de nuestra emancipacion, el 20 de julio de 1810, i desde ese instante fué, a semejanza de una inspirada que leyera en el porvenir su destino, amiga decidida de la causa de la independencia.

Mujer de jenio franco, de viva imajinacion i de singular serenidad de ánimo, manifestaba su conviccion con desembarazo, i hacia gala de aborrecer a los españoles mui cordialmente. Esta conducta la recomendó a los patriotas, que en breve se relacionaron con ella, í la levantó la saña de los españoles, que espiaban sus movimientos para perderla.

Convencida de que Guáduas era un teatro pequeño para su actividad i del papel que le tocaba desempeñar en la terrible contienda, i sabiendo ademas que en Bogotá habia otras patriotas que trabajaban en favor de los libres, se vino a escondidas de sus padres, Joaquin Salabarrieta i Mariana Rios, a esta ciudad, i yendo a la casa de la señora Andrea Ricaurte de Lozano, liberal entusiasta, la ofreció sus servicios.

En breve Policarpa, dando espansion a sus sentimientos, empezó su oficio con la audacia propia de su carácter: seduciendo a los soldados de Sámano, alentando los ánimos de los independientes, recojiendo sijilosamente contribuciones a fin de enviar pertrechos i otros recursos a los patriotas insurreccionados i circulando noticias manuscritas respecto de la favorable situacion en que se hallaban los republicanos.

Poco tardó el Gobierno en tener conocimiento de todos los trabajos de la jóven revolucionaria, e inmediatamente la mandó reducir a prision.

Sabiendo nuestra heroína que se la buscaba, tomó el partido de ocultarse, hasta tanto que, creyéndose olvidada, dejó su escondite para volver a sus trabajos.

Por este tiempo ocurrieron dos circunstancias que marcaron completamente su destino. La insurreccion que se levantó en el oriente de los llanos de Casanare, acaudillada por frai Ignacio Mariño, de la órden de predicadores, i la pasion vehemente que contrajo por Alejo Savarain, oficial de la República, a quien los españoles obligaron a servir en sus filas como soldado.

Policarpa quiso ir a los Llanos, segun aparece de documentos fidedignos, a servir en las filas del Padre Mariño; pero Savarain, que la adoraba vivamente i la habia ofrecido su mano, se opuso a ello, ofreciéndola que él desertaria del lado de los tiranos, exijencia que, por otra parte, la habia hecho su amante, e iria a hacer parte de los revoltosos, esperando una mejor oportunidad para contraer los sagrados vínculos.

En efecto, el oficial, cumpliendo su compromiso, desertó a los pocos dias con cinco compañeros mas, comprometidos por la heroina, en direccion a los Llanos, llevando correspondencia de aquella sublime mujer que, por la libertad de su Patria, daba no solamente su sosiego i arriesgaba su vida sino que iba en su entusiasmo hasta desprenderse delas afecciones mas caras para su corazon.

Por un acontecimiento imprevisto Savarain fué sorprendido en su fuga, i tomándosele la correspondencia que llevaba, Policarpa fue descubierta, quedando en poder de sus enemigos los documentos que corroboraban su culpabilidad.

Nuevamente perseguida, se oculto en casa de la señora Ricaurte de Lozano, su amiga y compañera de azares, siendo allí capturada a poco por el Sargento Iglésias, hombre brutal que vivia espiando a los patriotas, entregado a los placeres de Baco.

Presentada ante el virei Sámano, éste, enseñándola las notas tomadas a Savarain, la hizo con sobra de arrogancia el siguiente interrogatorio:

"- ¿Conoces estas cartas ?

"- Las conozco.

"-¿ Son tuyas ?

"- Yo las escribí i las firmé.

"- ¿Cuánto tiempo hace que sirves a los ladrones, asesinos, insurrectos?

"- Desde el dia en que los libres levantaron el grito de inserruccion contra sus tiranos.

"- Miserable!..... ¿ Sabes lo que dices ?

"- Sí, sé que debo servir a mi Patria.

"- ¿Eres, pues, Policarpa Salabarrieta ?

"- La misma. I ademas, soi Porta-estandarte del gran rejimiento de la independencia."

Indignado el Virei con la altivez de la víctima, mandó que la pusieran en "el calabozo mas sucio," fueron sus palabras al Sarjento Iglesias, en compañía de los criminales de delitos comunes, pertenecientes a la mas baja ralea.

En la prision, la noble hija de Guáduas sufrió los mas duros padecimientos i vejaciones, con la resignacion con que esas vírjenes santas del tiempo de la guerra de las cruzadas morian por su Patria i por su Dios.

Sabido es que la ferocidad española no tuvo límites. Aquellos déspotas, deseosos de continuar su dominacion en América, creian que el terror era el mejor medio de hacer eterno su Poder; así que, todo americano era para ellos un enemigo, i la cuchilla de su tiranía no respetaba condicion ni sexo.

La señora Mercedes Abrego fué decapitada por Lizon, por el solo hecho de haberle bordado un uniforme de Brigadier al Libertador;

La señora Josefa Figuéras fué asesinada por Moráles, por haberle sido éste acreedor de una suma de pesos que aquélla se atrevió a cobrarle;

Bóves mató a Cármen Mercié, por patriota, complaciéndose de las convulsiones de

la criatura que aquella mártir llevaba en sus entrañas;

Morillo hizo flajelar públicamente, i al desnudo, a Joaquina Estévez, pretendiendo arrancarla un secreto que se la habia confiado.

¿Podia esperarse de Sámano que perdonara a Policarpa, mas comprometida que ninguna otra en favor de la santa causa de nuestra emancipacion ? Imposible.

Era necesario levantar el patíbulo infame a la heroína, i, para mayor suplicio, levantarlo frente a frente del que se habia erijido para inmolar a Savarain.

El 14 de noviembre de 1817, a las once del dia, los dos amantes a quienes el Dios que dirije los acontecimientos humanos habia negado su bendicion en la tierra, marcharon con paso digno i sin el menor abatimiento al cadalso, en medio de una gran multitud que, por congraciarse con los amos estranjeros, lanzaba, en medio de los mas asquerosos chistes i risotadas, ridículos sarcasmos a las víctimas.

Llegados al lugar del suplicio, Policarpa esclamó con voz Fuerte :

- Muero gustosa, i mi sangre será vengada bien pronto por los libertadores de la Patria.

Inmediatamente subió al patíbulo i se la fusiló por la espalda, al mismo tiempo que se ejecutaba a su compañero.

Aquellas dos grandes almas, al perderse entre las brumas sombrías de la noche, a semejanza del rayo del cielo que ilumina los mas lejanos horizontes, dieron mayor luz al sol de la libertad que se levantaba espléndido sobre la Patria.

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