Capítulo décimosexto[1]
En el cual se escribe la elección que el demonio hace entre estos bárbaros de médicos y mohanes e intérpretes para que con él hablen, y la manera de curar, y cómo son enterrados y llorados los muertos, y las opiniones que tienen sobre la inmortalidad del alma [2] y lugar donde van a parar.
Porque una de las cosas principales para la conservación de la vida es la medicina, la cual recibimos por mano de los médicos de los cuales se aprovechan estos indios, diré aquí la forma que tienen en elegirlos, que me parece que no es menos de reír que las otras vanidades y supersticiones que usan.
Ya es notorio cómo por parte y causa de ser esta gente gentiles tiene el demonio mucha superioridad sobre ellos y les habla muy familiarmente: pues el demonio, las más veces, les hace la elección de estos médicos, los cuales asímismo les sirven de intérpretes después para con el mismo demonio, y no demás, porque entiendo, como he dicho antes de ahora, que esta gente no usan de simulacros ni santuarios, aunque tienen una manera de idolatría, como adelante se dirá. La forma de la elección de los médicos es esta: el demonio, como espíritu tan antiguo y experimentado en sus maldades y aun en el conocimiento de la inclinación buena o mala de los hombres, escoge entre los hijos pequeños de estos naturales el que más acomodado le parece que será para imponer a los indios en todo género de maldad, y esta criatura que quiere señalar para este efecto, que será de cinco o seis años, en estando sola, le aparece en figura de indio o de ave o de otro cualquier animal, con la cual visión amedrenta la criatura de suerte que se va llorando a su madre, la cual como ya tiene noticia de lo que es o puede ser, halaga y mitiga el llanto del niño con halagos de madre, diciéndole que no tenga temor ninguno de esperar ni escuchar aquella diabólica visión, que es para que sepa curar y adivinar y dar a entender a los indios lo que le dijere Chancan, que entre estos bárbaros es así llamado el demonio; y tantas persuasiones le hace la madre al hijo y acometimientos el demonio al niño con sus espantosas visiones, que pierde el temor y le aguarda a que hable con él; y lo primero que le hace saber es cómo él lleva las ánimas de los indios que mueren, donde están sus hermanos y parientes y es muy grande amigo de los indios y los quiere mucho, por lo cual lo ha escogido a él para su faraute o intérprete y para que cure las enfermedades que sucedieren, para lo cual es menester que se le haga el corazón colorado, que entre ellos es como decir fuerte y recio y para sufrir los infortunios.
El muchacho a la hora da cuenta a su madre de las razones y coloquios que con el demonio ha tenido, la cual, para que el corazón del hijo se haga fuerte y recio llama a otros niños, los cuales en ciertos días y horas señaladas, le azotan con varas; con lo cual dicen, pasados los términos, que ya está hecho el muchacho, que ha de ser médico fuerte y recio; y pasada esta ceremonia queda ya en toda perfección y grados de medicina y de intérprete, y así, dende en adelante, puede hablar e interpretar las respuestas y hablas que con el demonio tiene, y curar a todos los enfermos de una suerte que no es menos de reír y pasar tiempo que la elección y graduación de su oficio. Cualquier dolor o hinchazón que en el hombre hay, estréganla con la mano y luégo soplan al aire, y tornan a estregar y luégo a soplar, y esto hacen muchas veces, y otras veces chupan con la boca en el lugar de la hinchazón o del dolor y procuran sacarse sangre de los dientes y escúpenla delante de los demás indios, a los cuales dan a entender que aquella sangre han sacado de la parte do han chupado, y con la mucha confianza y fe que el enfermo tiene en el tal médico, se halla en pocos días bueno. Las heridas lavan con agua tibia, y con ponerles las manos encima la dan por bastante cura, y si la herida está en la cabeza lávansela con agua y átanle los cabellos de la una parte y otra de la herida unos con otros, en lugar de puntos, y sin más beneficio de lavarle cada día, sanan muchos; y si la herida es de hierba, curanla a la manera o modo de los españoles, lavándola con agua caliente y cortándole la carne con pedernales hasta atajar la hierba, y por principal ensalmo o cura tienen estos médicos la costumbre de soplar en tanta manera que hasta las lluvias pretenden estorbar con su corruto vaho y soplo. Y no sólo ellos, pero los demás indios, en viniendo un aguacero que sea contra su gusto, luégo comienzan a soplar contra el agua pretendiéndole estorbar su natural camino.
Pero volviendo a los [3] médicos, con toda su ciencia" y preeminencias, pocos mueren de su muerte, porque si la fortuna les pone entre las manos alguna cura de alguna persona que entre ellos es tenida por principal, de la cual el enfermo muere, sus parientes dan al médico dentro de pocos días la muerte, y le dicen que no se metiera en matar al que no podía sanar; pero con todo este riesgo y peligro, nunca entre estos bárbaros faltan cantidad de estos médicos y embaidores; y algunas veces que el demonio se tarda en hacer la elección en la forma dicha, los propios indios fuerzan a un pariente del que antes lo había sido a que lo sea, diciendo que pues él trataba con el médico muerto, que no puede dejar de saber la manera o arte de curar.
Las ceremonias que usan con los muertos son en esta forma: júntanse en casa del muerto todas sus hermanas y parientas y lo primero que hacen es amortajarle, atándole los pulgares de los pies juntos uno con otro y las piernas una con otra, por cima de la rodilla, y tras esto le pintan todo el cuerpo de diversas colores, lo más galanamente que puede ser pintado; y entre las demás tintas con que pintan a estos muertos, la blanca y amarilla no se usa de ellas en otros regocijos sino es en mortuorios, porque las tienen estos bárbaros aplicadas a este efecto, y luégo le ponen todas las joyas que tienen y se hallan en su poder, que son cuentas blancas, que entre ellos las había antiguamente, y plumajes y otras maneras de galanías hechas de plumas de aves de diversas colores, y puesto en este estado le revuelven por mortaja una estera al cuerpo; y conclusas estas ceremonias del amortajamiento, por algún espacio de tiempo todas las mujeres que están presentes le lloran con una manera de endechas y cantares dolorosos y que incitan a tristura, dichos por buen concierto y compás, que en sólo esto parece que tienen policía. Estos bárbaros lo que en los cantares dicen es las fuerzas de que el difunto había usado en su vida, loándole de virtuoso, bien acondicionado y hombre trabajador y sustentador de su casa y familia y de la honra, buen guerrero y animoso; y por aquí van discurriendo hasta acabar de decir todo lo que de él saben y han oído y entendido, y con esto lo llevan a sepultar, y al tiempo de echarle en la sepultura se hace otra ceremonia en el muerto no menos bárbara que las demás. Llégase a él un viejo, así como de los de su familia y el más principal de ella, y con una flecha que trae en la mano da tres punzadas al difunto en el labio bajo de la boca, y en las asillas entre los hombros y el pescuezo le da cada tres punzadas y en los lomos hace lo mismo, y luégo le atraviesa la flecha por entre la barriga y la mortaja, lo cual dicen hacer porque el demonio debajo de llevar consigo al difunto aquestas ceremonias y flechas, está obligado a hacerle allá todo buen tratamiento y amistad; y conclusa esta última superstición lo entierran en su sepultura, y le cubren el cuerpo con tierra.
Entre estos indios hay asímismo algunas bárbaras opiniones acerca de los lugares donde van a parar las ánimas de estos sus difuntos, las cuales dicen ellos conocer en cierta forma, que casi quieren atinar con lo que es ánima; pero todas estas cosas miden ellos conforme a sus entendimientos y juicios, que son bien torpes y terrestres; y para que mejor se entiendan, es de saber que los indios casi generalmente de las cosas interiores de su cuerpo de que más memoria o mención hacen es el corazón, y en estando para hacer o no hacer alguna cosa, dicen que su corazón les dice que la hagan o no la hagan, y para saber de uno si tiene voluntad de ser bueno y de ser cristiano y amar a Dios, le han de decir si tiene buen corazón con Dios y con el bautismo, de suerte que cualquiera cosa de virtud o no virtud que hayan de hacer, ha de ir guiada por el corazón. Pues preguntándoles a estos bárbaros si saben que tienen ánima, que es inmortal y que no muere sino que permanece para siempre, dicen que saben y entienden que dentro, en el corazón, hay una cosa que es como el hombre, a quien ellos llaman tip, lo cual es como aire o cosa impalpable, lo cual sale del cuerpo de cualquier hombre que muere, y es lo que vive y permanece, y que el cuerpo bien ven que se convierte en tierra y gusanos. Sobre el paradero de estas ánimas tienen diversas opiniones, porque unos dicen que van a parar a las riberas del río grande de la Magdalena, a donde hay mucha caza, montería y pesquería, y de todos otros géneros de mantenimientos y bebidas, porque como la principal felicidad de estos bárbaros sea el comer y beber, aplican por lugares aptos y cómodos para las ánimas de sus difuntos aquellos donde ellos les parece que hay más abundancia y fertilidad de comidas y bebidas; otros tienen por opinión que estas ánimas de sus difuntos van al otro hemisferio y parte del mundo a quien comúnmente solemos llamar antípodas, y para significar esto dicen que van donde el sol va a dormir o está cuando donde ellos habitan es de noche, lugar que ellos figuran asimismo abundantísimo de todos géneros de comidas, porque como he dicho, su fin de estos miserables es dar a las ánimas lugar de mantenimientos; y esto dicen haber sabido de muchos difuntos, parientes y hermanos suyos, que volviendo a este mundo se lo han dicho, cosa no menos por cierto de reír y aun de llorar que las demás que el malvado demonio, tomando forma de hombre, se les aparezca a estos miserables fingiendo ser sus parientes difuntos, y para darles más priesa a que aborrezcan esta vida y vayan a gozar de los tormentos infernales, les diga y dé a entender que los lleva a donde hay mucha abundancia de comidas y bebidas; y esto tienen tan creído los indios que, como en lo atrás escrito se sabe y ha visto, muchos por irse con tiempo a gozar de estas falsas promesas, se ahorcaban en tiempo de necesidad, y aun sin ella, con cualquier leve enfermedad, se dejaban morir con decir "voy a ver a mis hermanos y parientes, y a comer y beber sin trabajar
Capítulo decimoséptimo [4]
En el cual se escribe algunas varias opiniones que los indios patangoras tienen acerca del diluvio y creación del hombre, y de los pactos y tratos que con el demonio tienen y han tenido.
Con toda curiosidad se ha procurado inquirir y saber de estos naturales si tienen alguna noticia de la creación del mundo y del hombre, o del diluvio, y si tienen alguna noticia del verdadero Dios. Pero no se halla entre ellos ninguna razonable noticia de estas cosas, sino una manera de rastro y vestigio, que ni es noticia ni lleva camino de serla, aunque algunos les ha parecido que sí, y de esto yo no me maravillo ni culpo a estos bárbaros, pues que entre ellos no hay, ni ha habido, ningún género de escrituras, ni caracteres, ni figuras, ni otras antiguallas que pudiesen retener en sí la memoria de semejantes maravillas ni de otros ningunos antiguos acontecimientos, ni menos deben por nosotros ser culpados estos bárbaros, pues nos consta y sabemos claramente que entre los romanos, griegos y troyanos, y macedonios, y otras muchas naciones que demás del arte del escribir, que siempre tuvieron, florecieron entre ellos personas dotas en todas facultades y costumbres morales, y ninguna cosa alcanzaron enteramente de éstas, y aun el pueblo judaico, escogido de Dios, con venir descendiendo, por religiosa generación, desde Adán hasta Abraham, y de Abraham que Moysen escribió el Génesis, donde dio entera noticia de estas cosas tocantes a la creación y destrucción del mundo, siempre carecieron algunos de ellos, no por no ser enseñados sino por su perversidad y olvido de Dios, los más de estos descendientes de Noé, de esta noticia entera; aunque no dejaron de tener un rastro de ella; pero en cuanto toca a tener entero conocimiento del verdadero Dios Todopoderoso, siempre por su misericordia, desde que crió el mundo hasta el diluvio general, y desde el diluvio general hasta Abraham, que es donde tuvo principio el pueblo hebreo, hubo personas que tuvieron conocimiento de su deidad y omnipotencia divina, y como a tal verdadero Dios le hacían sacrificios, y estos fueron los a quien, por su misericordia, quiso predestinar y predestinó; los cuales, naturalmente, vivían conforme a las inspiraciones divinas; pero en estos bárbaros se apoderó tan de golpe el demonio, que cegándolos de todo punto el uso de la razón y del entendimiento, y haciéndolos inferiores y sujetos al apetito sensual, que los hace tan semejables a los brutos animales cuanto es notorio, les hizo y causó que perdiesen la noticia de semejantes cosas.
Si alguna tenían, que no podrían dejar de tener sus primeros descendientes, porque como la Sacra Escritura claramente nos lo muestra, todos los hombres generalmente, según al principio de esta Historia traté [5], después del primer origen que de Adán, primer hombre criado por la omnipotencia divina, tuvimos, siguiéndose por la maldad de los hombres el castigo del general diluvio, donde solamente Noé y su mujer y con sus tres hijos y nueras fue reservado, a quien atribuimos la segunda progeneración nuestra, es llano que de allí procedemos todos, y que estos naturales generalmente que en las Indias se han hallado, sus antepasados o progenitores no pudieron, pues de Noé procedieron, dejar de tener noticia y relación del diluvio y del castigo que Dios hizo en los hombres, de donde habían de tener conocimiento de que había Dios y de que hubo diluvio; pero como he dicho, esta noticia se perdió por dos causas: la una, por carecer de letras y escrituras, figuras o caracteres con que conservasen la memoria de semejantes grandezas; la otra fue el poder que dije haber el demonio de su propia autoridad, aunque permitiéndolo así Dios por la maldad de estos bárbaros, de que en ellos tuviese tanta mano como tiene para hacerles, mediante sus engaños y fraudes y el haber sujetado la razón al apetito, que careciesen de todo entero conocimiento de las cosas dichas, y así lo que acerca de ellas tienen y creen son, o se pueden tener, por niñerías, porque preguntándoles algunas personas sí saben o tienen que haya Dios todopoderoso, que crió el cielo y la tierra y los hombres, dicen que no saben nada de esto ni lo alcanzan ni entienden más de que han oído decir que en lo alto del cielo está uno que ni declaran si es hombre ni si es espíritu ni lo que es, más de que es como viento, el cual dicen que lo tienen por cosa muy buena, pero no se extiende a más su entendimiento, y con esto juntan un perverso y bárbaro error, diciendo que el demonio, de quien ellos tienen muy particular conocimiento por su común trato, también está en lo alto con aquella persona que he dicho que allá imaginan, a la cual llaman am, y al demonio chusman.
Y entre estos bárbaros hay otros que no le atribuyen al demonio este lugar ni tampoco ninguna bondad, porque dicen causarles algunas veces horribles espantos y visiones y enfermedades y hambres y otras calamidades de aquesta suerte juntamente con los truenos y relámpagos, a quien ellos no tienen por cosa buena, y así no le ponen en la altura del cielo, porque lo tienen por lugar bueno.
Respecto de estar en él el sol y la luna, a quien los que siguen esta opinión tienen por dioses, pero tibiamente y sin hacerles ningunos suntuosos ni señalados sacrificios, como otras muchas naciones de gentiles los suelen hacer a los que tienen por simulacros o dioses, los otros bárbaros de esta nación que constituyen o atribuyen bondad o virtud al demonio se la dan, por respeto de decir que les anuncia y declara muchas veces, por mano de sus farautes e intérpretes, que son los médicos de quien atrás he tratado, las enfermedades, pestilencias, muertes y otros casos fortuitos, y como en otra parte dije, les dije y manifiesta que él es el que ha llevado las ánimas de sus parientes y antecesores y ha de llevar las suyas a unos lugares abundosos de todo género de comida y bebida, y con estas cosas y otras noticias dudosas que les da, que muchas veces salen ciertas, las atribuyen a la virtud y bondad dicha.
Y lo que acerca del diluvio dicen estos patangoros es que de sus mayores supieron y entendieron que generalmente toda la tierra se había cubierto de agua, con la cual se habían ahogado los hombres que había en aquella razón, sin escapar de varones y hembras más de un solo hombre, el cual después de abajadas o congregadas las aguas y descubierta la tierra se andaba por ella comiendo hojas y frutas de árboles silvestres, y que en esta sazón bajó el am del cielo, que es aquella persona que ellos allá imaginan, y trujo un palo envuelto en una estera, con lo cual hizo una chozuela y en ella metió al hombre que del diluvio escapó, y con él una guadua, que es cierta manera de caña hueca, y una vasija o botija, y que el hombre se echó a dormir, y en la mañana halló de la guadua hecha una mujer, la cual luégo tomó el vaso y fue por agua y empezó a servir al hombre y tuvo su principio en servidumbre, y hecho esto el am, persona que, como he dicho, imaginaban en el cielo, les dijo que de lo alto les había de llamar, y cuando oyesen su voz, le respondiesen y obedeciesen, y con esto se volvió el am al cielo, por cuya ausencia les apareció a este hombre y mujer, en la forma dicha criados, una espantosa culebra, la cual les habló y dijo: mirad, no os creáis de lo que el am os ha dicho ni le respondáis cuando os llamare, porque os hago saber que os quiere engañar como a mí me engañó, y os ha de acaecer lo que a mí me acaeció, que porque le respondí llamándome me hizo mudar la piel en culebra, y si vosotros hiciéredes lo que os manda, asimismo os engañará y os convertirá en lo que a mí, y hará que no tengáis cuero y andéis con la carne y huesos de fuéra. Y pasadas estas pláticas entre la culebra, el hombre y la mujer, llamó el am de lo alto, y ellos, por consejo de la culebra, callaron y no respondieron, y así se quedaron desnudos y con necesidad de muchas cosas, y por aquí van discurriendo por otras barbaridades y locuras tan indignas de escribirse como las que he referido que cuentan acerca de la creación del hombre y mujer, aunque a mí no me pareció cosa muy errada tratarla aquí, porque por ninguna de las escrituras de arriba se conocerá más particular y claramente que por ésta la torpeza, rudeza y bajeza de entendimiento de estos bárbaros, a la cual añadiré otra no menor locura e infidelidad que las dichas.
Háseles preguntado, tratando de su conversión, que se vuelvan cristianos, porque mediante el bautizarse y hacer las otras obras que los religiosos les enseñan de la ley de Dios, irán al cielo a gozar de la bienaventuranza de que los bienaventurados que allá están gozan, a lo cual responden, o preguntan que si en el cielo hay bien qué comer y beber; y como se lee diga que no, porque mediante la esencia divina allí no hay necesidad de estas cosas terrestres de que para el sustento de la humana naturaleza usamos, sino que, sin comer y beber viven allí los hombres más contentos y hartos de lo que se puede imaginar, disparan como gente que a imitación de los brutos animales tienen puesta toda su felicidad en el vientre y en el comer y beber, de quien dice la Escritura sacra "quorum Deus venter est", y dicen que pues en el cielo no hay abundancia de estas comidas y bebidas materiales, que no quieren ir allá, sino con el chusman, que es el demonio, que les promete abundancia de estas cosas; y así, con esta ceguedad y brutalidad y otras muchas que entre ellos hay y tiene muy arraigadas el demonio, pocos de éstos se convierten, aunque bien creo que si sus encomenderos pusiesen alguna parte de la diligencia que ponen en sacar oro y otras granjerías que con estos indios tienen, en darles entera doctrina y poner personas religiosas entre ellos, que apartándolos de estos y otros errores que tienen, les diesen a entender la verdad de la religión cristiana, no dejaría de hacer algún fruto en ellos, porque aunque no es gente curiosa por saber ni deprender, el curso y trabajo ordinario de las tales personas religiosas y sacerdotes, no dejarían de hacer algún buen fruto, aunque en ello se tardasen.
Esto es lo que he podido saber acerca de las costumbres y religión de la gente que en estas dos provincias o ciudades de Vitoria y los Remedios llaman comúnmente patangoros.
Capítulo décimoctavo [6]
El cual se escribe algunas diferencias de costumbres que los indios amanies tienen aliende de las referidas en los patangoros, así en los casamientos y adulterios y penas que en ellos se dan, como en su orden de vivir.
Las poblazones de amanies, así los de dentro como los de fuéra, según atrás queda dicho, es gente que aunque está en estas propias provincias de Vitoria y los Remedios, difieren en mucho de las costumbres y manera de vivir de los patangoros, aunque en las cosas de sus idolatrías y supersticiones, tratos y pactos con el demonio todos siguen una opinión, y así trataremos poco aquí acerca de esto.
Es gente los amanies de más razón en su vivir y orden de sus repúblicas que los patangoros, los cuales tienen sus pueblos trazados con concierto, las casas juntas y las calles por orden y compás, y pueblos formados aunque no muy grandes sino lugares de ochenta o noventa casas. Es gente desnuda y de buena disposición y tratamiento de sus personas, casi de la forma que los patangoros, pintándose, engalanándose. Hay entre ellos señores a quien respetan y temen y obedecen, los cuales son electos en cada pueblo por los moradores o vecinos de él, los cuales, las más veces, eligen en este cargo el indio más emparentado y grave y valiente que hay en aquella república, el cual los manda como señor y ellos le obedecen como súbditos, y así hay mejor orden en el vivir entre estos amanies que entre los patangoros. Son gentes grandes trabajadores y bebedores y comedores de carne humana, la cual cuando les sobra y tienen en abundancia la tuestan y muelen y en polvo la guardan.
Los casamientos se hacen entre éstos por vía de trueco, como entre los patangoros, excepto que después de concertado un casamiento para efectuarse y venirse a juntar los dos, ha de pasar término y espacio de cuatro meses, que comúnmente es el discurso de cuatro conjunciones de lunas, en los cuales el varón inquiere y sabe la manera de vivir de su mujer, si ha tenido o tiene buena o mala fama, si es cuidadosa y trabajadora, y si será para criar sus hijos y gobernar y mandar su casa, y otras muchas cosas que la mujer es obligada a saber hacer para el servicio y contento de su marido, como es pintarle galanamente, que es la principal cosa que entre estos bárbaros se usa, y el aderezar de comer en casa. La mujer, por el contrario, en el tiempo dicho, se informa e inquiere y sabe quién es y ha sido el que ha de ser su marido, y si es hombre trabajador y tal que mediante su industria pueda y sepa sustentar su casa y familia; si es buen guerrero y valiente batallador y otras cosas que a ellas les conviene saber para su contentamiento, como si es bien acondicionado, afable y bien quisto con sus deudos o parientes o vecinos, ques señal que lo será con su mujer y con los de su casa; y pasados los cuatro meses, si los dos están satisfechos de la información que el uno del otro ha habido, se efectúa y celebra su casamiento en una casa que para este efecto tienen diputada y hecha, donde se congregan todos los del pueblo a cantar y bailar y beber, con que regocijan sus bodas, y allí estos desposados residen cierto tiempo señalado, en el cual un indio que para ello hay diputado les hace en cada un día cierta exhortación o parlamento induciéndoles a que vivan bien y en paz y amistad y que ella no haga adulterio ni traición a su marido, sino que le sirva y críe sus hijos como es razón, y haga las otras cosas que debe hacer en utilidad y pro de su marido, casa y familia; y asímismo, particularmente al desposado, encarga el buen tratamiento de la mujer, y el no ser disoluto ni absoluto ni desmandarse en tener exceso con ella cuando está preñada y cría, porque en este caso y en lo del tener muchas mujeres, guardan estos amanies la orden y regla que los patangoros, excepto que en el sujetarse las mujeres y hacerlas vivir casta y limpiamente usan de todo rigor.
Estos amanies, porque después o en la hora que el marido prueba o averigua el adulterio que la mujer le hace, y aunque no lo pruebe sino que a él le sea notorio, que nunca falta quién se lo dice, toma la mujer y pónela en la casa donde se celebró el casamiento, en la cual tienen hechos ciertos retretes o apartamientos algo oscuros, y allí están personas que la aguarden y miren no se salga y huya, al cual lugar han de acudir todos los indios de aquel pueblo que quisieren ir a tener exceso carnal con la adúltera, la cual ha de obedecer sus apetitos a los impúdicos y lujuriosos, sin excusarse aunque mucho número de indios acudan a ella al día, y si con este uso y trabajo bestial dentro de cierto tiempo que está limitado y señalado, la tal adúltera no muriese, las guardas que allí están le van estrechando el comer de suerte que se va consumiendo hasta que de hambre y cansada de sus lujuriosos actos viene a morir en aquella pena, y aunque el marido ame mucho a la tal mujer y la quiera reservar de esta pena y tenérsela consigo, no lo puede ni osa hacer, porque demás de ponerse a peligro de que sus parientes le maten, es habido por público infame, de tal manera que desde en adelante no puede entrar en sus acuerdos ni borracheras y es menospreciado y abatido de todos, y si su adúltera mujer le falta no se puede casar con otra, porque no se la darán, y así vive con mucha miseria y vituperio y menosprecio de todos hasta que muere; y es costumbre entre estos bárbaros que a la adúltera y al cornudo de su marido, después de muertos no se les dé sepultura ninguna, mas llevándolos fuéra del pueblo les ponen los cuerpos en un lugar público y pasajero donde sean comidos de las aves y consumidos de los gusanos, y allí les ponen cierta señal que permanece y tura por mucho tiempo, por lo cual los pasajeros y viandantes conocen estar en aquel lugar los cuerpos de las personas dichas; y con estos ejemplares castigos, como he dicho, viven estos bárbaros entre sí casta y honestamente.
Demás, y aliende que tienen por costumbre que ciertos días del mes o de la semana se hacen en el lugar do están los cuerpos muertos cierto parlamento por un indio que para ello está diputado, a cuyo auditorio se llegan todas las gentes de aquel pueblo donde sucedió el adulterio, así varones como mujeres, muchachos y niños, y aun de los pueblos comarcanos, y allí se les explica y dice el delito de aquellos difuntos y su mala vivienda y el castigo que se les dio y el que se les dará a todos los que lo cometieren, y la infamia en que todos los descendientes de aquel linaje caen, y otras muchas cosas, exhortando al buen vivir a los oyentes, cosa, cierto para bárbaros nunca oída hasta ahora.
Si acaso alguna doncella, sin casarse, sino solo por su desordenado apetito, se echa con algún indio, a esta tal se le da y tiene por pena el no poderse casar jamás, sino vivir en perpetua servidumbre de sus padres o parientes más cercanos, y al indio que cometió el estupro se le da por pena que en la casa pública de la borrachera Y casamientos esté por espacio de seis meses sin salir della a ninguna parte, haciendo los reparos de que la casa tuviese necesidad, en el cual tiempo no se le da a comer y beber más de una vez al día, lo cual dicen hacer por castigo de los delincuentes y para ejemplo de los presentes que escarmienten y no cometan semejantes delitos.
En el curar, como dije, casi es toda una usanza de estos amanies y patangoros, excepto que éstos al médico no le dan tan mal pago si muere el enfermo como los patangoros, porque dicen éstos, como gente de más razón, que el médico no tiene ninguna culpa en la muerte del enfermo, sino el demonio, a quien ellos tienen por principal autor de su salud, con el cual los principales tienen sus particulares coloquios y pláticas en esta forma: júntanse estos principales y los médicos con ellos en las casas de borracheras y pasatiempos, y allí se asientan en ciertos asientos que llaman dichos, y el médico y mohán que ha de interpretar sus hablas y las del demonio se ponen fuéra del bohío o casa junto a una saltera o ventanilla que para este efecto tienen hecha, cubierta con una estera, y algunas veces ponen a este mohán o médico en un lecho o barbacoa que tienen hecha junto a la cumbrera del bohío. Uno de estos principales que en esta casa son congregados, el más anciano y grave habla con el mohán lo que quiere tratar con el demonio o saber de él, y los demás que allí están le dan a este anciano sus preguntas, el cual las da y dice todas al mohán, que está escondido, y el mohán hace allá sus conjuros y ceremonias y da a entender a los circunstantes que habla con el demonio, del cual comúnmente pretenden saber estos bárbaros si será el año de muchas aguas, y si los cristianos o españoles están bien con ellos, y si se han de salir o ir de la tierra, o qué remedio tendrán para echarlos della, o si alguna india de sus mujeres les hace adulterio a sus maridos, que les declare con quién y cómo y qué personas lo saben, y si tales y tales indios han de vivir mucho tiempo o en breve han de morir, o de qué muertes, y si fulano y fulano indios han de tener muchos hijos en sus mujeres, y si sus contrarios hacen junta de gentes para venir sobre ellos y si les han de acometer de noche o de día; y por aquí van discurriendo por otras muchas particularidades, y las más veces les da el demonio las respuestas de suerte que no las entiendan y estén dudosos en sus interpretaciones como él lo suele hacer.
Los entierros y ceremonias de ellos son conformes a los de los patangoros, excepto que los varones no acostumbran a llorar los muertos.
En solas estas cosas referidas he hallado que los amanies hacen diferencias a los patangoros, y por eso no hay necesidad de referir aquí las otras particularidades, pues tan cerca están escritas.
También la gente que en estas provincias llaman çamanaes, aunque en el nombre difieren de los patangoros, en la lengua y costumbres son toda una gente, y así no hay que tratar cosa alguna de ellos particularmente.
-
[1]
La palabra "décimosexto" reemplaza a diez y nueve, tachadas. Véase nota 16 a este libro.
[2]
En la "tabla" de Sevilla se lee: "del ánima".
[3]
Señores
[4]
La palabra "décimoséptimo" reeplaza a veinte. Véase nota 16 a este libro
[5]
Referencia al texto del primer capítulo del liro 1°, primera parte, que fue suprimido.
[6]
La palabra "décimooctavo" reemplaza a vigésimoprimero. Véase nota 16 a este libro.
