Riohacha y los Indios
Hanri Candelier

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CAPITULO IV
( 2 Parte)

 

PENINSULA GUAJIRA - ALGUNOS DETALLES
GEOGRAFICOS E HISTORICOS

 

En cuanto a las ondulaciones del suelo, los he anotado muchas veces a lo largo de la orilla oeste, cerca a las lagunas o salinas.

Estas son pequeñas lomas o eminencias, casi siempre alineadas en dirección noroeste, sureste y cuya altura sobre el nivel del mar pasa, rara vez, de 7 u 8 metros; unas son estériles, otras cubiertas con una pequeña vegetación.

Sobre estas eminencias los indios construyen su rancho, por la razón que indicaré.

Si se exceptúa el “Calancala” o “Ranchería” que delimita el mundo civilizado del mundo salvaje, no hay, propiamente dicho, ríos en la Guajira; y de manera general falta agua.

Existen bien algunos ríos pequeños y arroyos, como el río San Juan en la costa oeste cerca a Manaure (Acuoro) y el bonito río Macuira en el este, en la montaña de ese nombre y el Naime al sureste que se arroja en la bahía de Calabozo; pero todos estos arroyos están secos durante la mitad del año.

Existen algunas lagunas en todos los puntos del territorio pero con frecuencia son insuficientes, pues durante los años de grandes y largos calores, se secan también; la tierra arcillosa del fondo se agrieta profundamente. Esto tuvo lugar en 1890. Recuerdo muy bien que en ese año atravesé a pie las grandes lagunas del “Pájaro” y “Yosuru”, lo que no se había visto desde hacía mucho tiempo; mientras que seis meses más tarde, durante la estación de las lluvias me perdí durante una  cacería de patos silvestres.

Para obviar ese terrible inconveniente, los indios deben recurrir a los pozos; en ciertas regiones del norte, como en Chimaré por ejemplo, aquellos constituyen los únicos recursos.

Usted encontrará una decena en la playa, de varios  metros de Profundidad; y cosa extraña, aunque están situados sobre una estrecha banda de arena entre el mar y las salinas, el agua es dulce y clara.

Con frecuencia estos pozos fueron excavados en el lecho de los arroyos y lagunas; se bajó a ellos por medio de escaleras talladas en la arena. He visto unos de más de 6 metros de profundidad. Trabajo y paciencia tuvieron estos pobres indios.

Para extraer el agua utilizaban una totuma, Ita en guajiro, para llenar las jarras de tierra cocida, Amuski.  A su turno esa jarra se vacía en una pila de madera hecha en forma de canoa o en un tronco de árbol. Se puede apreciar el número de totumas que los indios debían sacar no solamente para alimentar a toda la familia sino también asegurar cada día el brebaje de centenares de cabezas de ganado. Con frecuencia no había en el fondo del pozo sino un hilo de agua lodosa.

Se debe a esa situación climatérica que el Indio Guajiro sea esencialmente nómada, no tiene un domicilio fijo. Cuando el agua llega a faltar, en la región en la cual se había establecido sale con su mujer, niños y rebaños, en busca de otro sitio más favorable, en el cual se instala provisionalmente.

Se quedará hasta el día en que falten el agua y los pastos e irá nuevamente en busca de otro sitio. Pero si en el intervalo, las lluvias volvieron a dar fertilidad a la aldea que ocupaba primitivamente, entonces volverá a su primer sitio con los suyos.

La  península posee dos salinas importantes, las dos contiguas al litoral, una en la región norte, al este de punta Gallinas, en Taroa (Utalipa), la otra en la región sur en la costa oeste, en Manaure (Acuoro). Esa última está siendo explotada por el Gobierno colombiano, y proporciona gran parte de la sal necesaria al país.

Mirando en el mapa la configuración de la península y su posición como orientación, es fácil apreciar que toda la costa oeste, bien abrigada de los vientos alisios, contiene un gran número de radas bastante seguras.

Todos los barcos de escaso tonelaje pueden anclar sin peligro de 500 a 600 metros de la orilla y con tres brazos de agua más o menos.

El fondo es igual en todas partes menos en Manaure, donde existen numerosos sitios de aguas poco profundas.

A dos millas usted tendrá, por ejemplo 3 brazos, a una milla y media habrá 5, a una milla no encontrará sino 2 y medio brazos.

Igualmente en el “Portete” (Irapua).

Sería seguramente el mejor puerto de la Guajira oeste, si la entrada no fuera tan estrecha por el mismo motivo.

Los otros puertos son “Bahía-Honda”, amplia bahía ovalada de 10 kilómetros de largo y 4 de ancho, donde los colombianos construyeron hace doce años un “Resguardo” que se distingue desde muy lejos en el mar en tiempos claros. Aquel puerto no está bien protegido de los vientos alisios, a pesar de las colinas de 20 a 25 metros de altura que lo cincurdan al norte. Como en Riohacha, sería muy difícil por la tarde y a veces por la mañana después de las 10 u 11 A.M. embarcar a bordo, mercancías sin dañar, por la fuerte marejada.         

“Puerto-Estrellas”, (Paraliero) es también un puerto estrecho y peligroso, lleno de arrecifes.

En el Golfo de Maracaibo hay otros dos excelentes, el de la “Laguna” donde los comerciantes de Curazao, iban, aún el año pasado, a traficar con los Indios, cuando esa parte de la península pertenencia a Venezuela, y el puerto de “Cojoro” al sur. Creo que los dos tendrán más tarde un gran desarrollo.

Fuera de los cabos y puntos conocidos tal como el Cabo de la Vela, Punta Gallinas, Cabo Chichibacoa, Punta Espada (Jurien) es fácil estudiando el mapa, ver en numerosos senos de la costa oeste, que esa costa posee numerosas puntas más, desde Riohacha hasta el Cabo de la Vela; las puntas de las Piedras, la Vela, la Cruz, Jorote, del Pájaro, Chuchupa, etc.

La península Guajira, como en todo el litoral norte de Colombia, tiene dos épocas nítidamente distintas en sus climas, la estación de sequía y la de lluvias.

La primera dura unos ocho meses, la segunda cuatro. Llueve generalmente en octubre hasta noviembre y después en mayo y junio.

Durante estos cuatro meses, al medio día se ven las nubes amontonarse, el cielo oscurecerse y hacia la 1 p.m. unas formidables tormentas acompañadas de aguaceros torrenciales, caen repentinamente; durante dos períodos, el mismo fenómeno se produce todos los días. Los relámpagos y los truenos son bastante terribles. A parte de estos períodos de humedad, los cuales salvo en años excepcionales, son casi siempre regulares; el resto del tiempo es seco y caliente, el cielo es constantemente puro.

La temperatura en la Guajira, fuera de la de los montes Macuira que es muy especial, varía en tiempo ordinario entre los 27 y 32 grados y excepcionalmente entre 23 y 37 grados.

Durante los meses de junio, julio y agosto, las noches son calientes y la baja termométrica es poco sensible, pero durante el resto del año, las noches son frescas, hasta frías y una manta de lana es necesaria para protegerse del frío sobre todo al amanecer hasta la salida del sol.

En una noche del mes de diciembre, constaté una baja termométrica máxima de 8 grados sobre la temperatura del día. Sentí mucho frío esa noche, y al despertarme mi manta estaba llena de gotitas de rocío.

La humedad del aire es muy grande, desgraciadamente no pude anotarla de una manera precisa y segura por falta de instrumentos.

Vi solamente que el hierro y el acero, hasta engrasado se oxidan en muy poco tiempo si no se envuelve con cuero o tela impermeable.

Un capitán de navegación de altura que conocí durante sus viajes a Riohacha, y que había navegado mucho a lo largo de estas costas, me aseguró que el higrómetro de pelo, de Saussure, que tenía abordo, indica en el cuadrante un promedio de 65 a 70 grados, o sea un aire casi mitad saturado. Creo que se equivocó en “menos”.

Los vientos del noreste o vientos alisios soplan sobre esa región, ya hemos dicho, las tres cuartas partes del año. A partir de diciembre hasta abril, cuando son mas fuertes, alternan, combinados, si así puedo decirlo, con los vientos del este. Ese hecho es muy conocido por los marinos que vienen o viven en Riohacha.

Por la mañana uno se levanta con el viento del este, la brisa, como la llaman; de repente, hacia las 9 o 10 u 11, según los días, el viento refresca y pasa al noreste.

Existe por lo demás una expresión para designar esa particularidad: “entra el Nordeste”.

Los vientos del sur y del oeste son muy raros, soplan en los meses de septiembre, octubre, noviembre, durante intervalos diversos y siempre muy cortos, raras veces en otras épocas.

Son estas las pocas observaciones que pude reunir sobre la configuración física y el clima de la Península.

Para completarlas daré otras sobre la historia de sus habitantes.

La primera pregunta que se hace es si el indígena actual fue el habitante primitivo.

No lo creo, y aunque no puedo basar mi apreciación sobre datos absolutamente concretos lo que invoco sin embargo me parece conducente.

Nunca se hizo un estudio, una investigación al respecto y si  se refiere a las obras de los escritores españoles del tiempo de la Conquista, no estaría bien informado;  tampoco lo sería con “La Floresta de Santa Marta” y “La  Perla de América”, dos libros considerados como los mas completos sobre la Guajira del siglo pasado.

Los autores de estos dos libros: Nicolás de la Rosa y el Abate Julián, comentan relatos caprichosos, falsas apreciaciones e inexactitudes de todo género de sus antecesores, lo que indica con claridad, que ninguno de estos escritores penetró en la península, que ninguno se dio cuenta “de vista”, ni  de los lugares, ni de la población; cada uno, es evidente, que se contentó con ir a las mismas fuentes y copiar los documentos, sin examinar lo que se escribió para saber si era exacto.

Para citar uno como ejemplo, el Abad Julián en su “Perla de las Américas”, dice al describir los vestidos de los indios guajiros: a su lado, cuelga la mochila que contiene el Hayo  (coca) y a la cintura lleva el Poporo, pequeña calabaza que contiene una cal muy fina, extraída por ellos de las conchas marinas, bien molidas... mastican esa mixtura... y así entran y pasan a través de la ciudad con un aire majestuoso y vencedor, que muestra la vanidad que conserva esa nación.

Evidentemente el Abate Julián encontró esa descripción en las obras de Fernández de Oviedo, Castellanos, Piedrahita, Herrera y otros, y es su sola excusa; pero es también un singular error. Jamás el indio guajiro, según lo que pude ver durante los tres años que viví con ellos, ni  sus ancestros, usaron esa mixtura de hayo o cal. Los indios Aruaques únicamente, retirados hoy a la Sierra Nevada, San Miguel, San Antonio, Santa Rosa, Marocaso, etc., tuvieron y tienen siempre esa costumbre, como la de llevar al lado la mochila de Hayo y el Poporo.

Si la descripción del Abad Julián, reproduciendo la de sus antecesores, fuera exacta, probaría que hace tres o cuatrocientos años, los indios Aruaques habitaban la península de la Guajira.

Para mí esto puede haber pasado, por los motivos que a continuación expongo: ellos no fueron los primeros habitantes de ese territorio sino los Aruaques hasta cuando vinieron como conquistadores y los expulsaron.

¿Pero ellos mismos de dónde venían? Cuando se les pregunta, contestan: “De muy lejos”, es todo lo que se les puede sacar. No tienen ningún título, ninguna tradición, ningún monumento: no solamente ignoran la escritura, sino que no tienen ningún signo convencional, figura, para expresar una idea, una palabra. Todo se limita a leyendas, recuerdos siempre limitados.

Según algunos autores, los Guajiros vendrían de las orillas del Orinoco; según otros, del interior de Colombia, de los alrededores de Mompós.

A decir verdad, no se sabe nada y todo se reduce a hipótesis. Lo que es cierto es que es una raza belicosa, todavía bárbara, indomable, orgullosa, aristocrática, exclusivamente dedicada a la cría de ganado, sin ninguna religión, sin ninguna manifestación exterior de culto, y nómades.

En segundo lugar, existen en la Península, algunos cementerios de indios Aruaques, en la costa este, cerca a Guarepo, en la cadena de montañas de Macuira y sobre la ribera misma del Calancala .

Este último que visité, contenía una gran cantidad de “tinajas” especie de urnas enterradas desde hace muchos siglos, enteramente podridas, y cuya autenticidad aruaque no podría asegurarse. Eran idénticas a las que encontré en la Sierra Nevada en Dibulla, Quintana, Bonda, etc., sobre las cuales todo el mundo está de acuerdo. Todas contenían osamentas, en total estado de desintegración; al cogerlas caían hechas polvo.

Examiné algunas de ellas con mucho cuidado, con la esperanza de descubrir cráneos, tibias o fémures bien conservados pudiendo ser utilizados para mensuraciones, no pude encontrar ninguno; solamente algunas de sus “tumas” especie de perlas redondas oblongas, de jaspe o agata roja, que ellos trabajaron y perforaron con un hueco en las dos extremidades; con ellas hacían sus collares.

En tercer lugar, en la cadena del Macuira, aprendí por las afirmaciones de varios indios Guajiros, demasiado tarde, desgraciadamente para poder controlar, que existen restos no equívocos de antiguas casas construidas por los primeros aborígenes, ruinas de aldeas. Sin embargo me hice dar explicaciones precisas, y creí reconocer sin ninguna duda a través de diversos detalles, los vestigios de antiguas habitaciones de indios Aruaques. Vi también otras idénticas en las primeras alturas de la Sierra Nevada, en los alrededores de Santa Marta. Dicho sea de paso, mi opinión es que las primeras culturas en los Montes Macuira, fueron establecidas por los primeros habitantes, los Aruaques; por naturaleza y gusto, fueron verdaderos agricultores. Los guajiros habrían sido incapaces de hacerlo por pereza, ignorancia y desprecio total  de esa rama de la producción.

Solamente los pobres, casi parias, pueden dedicarse a la agricultura, y trabajan manualmente; los ricos son demasiado grandes señores para producir algo con las manos. No pueden dedicarse sino a la cría de ganado.

Al fin, una última razón es que el tímido y suave Aruaco tiene un miedo terrible del Guajiro, le considera como su más mortal enemigo. Basta con solamente pronunciar su nombre frente a él, para ver el terror invadir inmediatamente su fisonomía. ¿Cómo comprender y justificar un miedo tan exagerado, si en el pasado, no hubiera habido una lucha violenta, una guerra sanguinaria entre estos dos pueblos, un odio inolvidable?

En qué época los Guajiros vinieron a instalarse en la península?

Sería difícil dar una fecha precisa; ningún escritor repito, la menciona de una manera positiva. Podemos suponer que esa toma de posesión se remonta a mas de tres siglos.

Nunca se hizo un censo de esa población, la evalúan entre 25 y 30 almas.

Estos indios están divididos en castas o familias independientes las unas de las otras, y con frecuencia enemigas entre sí. Pero todos los miembros de una misma casta no constituyen sino una sola familia y todos son solidarios; todos participan en la querella que puede producirse con uno de ellos, y si una guerra, por una razón cualquiera estalla entre dos individuos de castas diferentes, la lucha se extiende entre las dos tribus enteras .

Las familias más poderosas no son las mas ricas, sino las más numerosas.

Tendré oportunidad para volver sobre ese capítulo, en el curso de mi relato y de mis notas etnográficas.

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Indio guajiro tirando un barril Una calle de Riohacha

 

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Catalina. Portaretrato de Riohachero Suiché, vestido usado por la mujer guajira

 

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