Sanclemente, Marroquin, El Liberalismo y Panamá Otto Morales Benitez © Derechos Reservados de Autor CAPITULO XI (3 parte) Notas sobre Vargas Vila Es amplia, variada y llena de matices la obra de José María Vargas Vila. De Colombia tuvo que salir asediado por la tiranía de la Regeneración. Como él arremetía contra sus jefes, conductores y paniaguados, entre ellos contra muchas de las prácticas aberrantes y discriminatorias del clero, se le creó un círculo de animadversión, que aún no cede. Es el odio contra un grande escritor. Con facetas discutibles, si se quiere, pero que tiene una variadísima creación, reconocida en otros medios. Sobre él se ha hecho un cerco de odio, de desvío en el análisis, de lecturas críticas parcializadas. Escribió y publicó setenta y ocho volúmenes: veintidós novelas, tres de relatos, once de ensayos literarios, siete de filosofía, siete de estudios históricos, seis de temas políticos, uno de conferencias y una tragedia. Es un modernista afrancesado y maneja diversas novelas: la sentimental, la política. Consuelo Triviño, 155 quien realizó recientemente una investigación sobre sus Memorias, dice que es uno de los autores más conocidos, leído y apreciado en el continente y en la España. Así mismo, que ha sido el más «combatido cruelmente». Lentamente, la crítica ha principiado a situarlo y ya aparece en los manuales más importantes de los estudiosos más empinados internacionalmente: Rudolf Groosman, Enrique Anderson Imbert, Alberto Zum Felde, Luis Alberto Sánchez. De su análisis se van desprendiendo las partes que son artificiales y brillan aquellas que le dan un sitio intelectual indiscutible. En Colombia, lo informa la escritora Triviño, los manuales de literatura, muchos escritos por sacerdotes, se han propuesto opacar su figura. Se cumple esa tarea con empecinamiento, Cosa que va apareciendo elemental, si pensamos que sus escritos, en parte trascendental, se pronuncian contra el clero, los tiranos del continente, el imperialismo. Siempre fue un predicador de las más activas formas de la libertad. Y contra él se crearon atmósferas enrarecidas cuando calan excomuniones contra el autor y su obra, en época en donde predominaban los más agudos sectarismos políticos y religiosos. Su obra, también es un acto de rebeldía contra la miseria. Como exiliado, hizo una vida intensísima. Se encontró con los más entusiastas amigos del radicalismo liberal en el destierro. Con ellos trabajó denunciando lo que acontecía en Colombia y se pusieron del lado de los grandes luchadores del continente. Siempre en actividad intelectual. En Nueva York funda la revista Hispanoamérica; trabajó en el diario El Progreso , después dirige La Revista y, por último, la Némesis,que siguen consultando quienes necesitan refrescar la imagen de esa época. De suerte que unía el periodismo y la política. En 1887 cuando tuvo que abandonar el país, llegó a Rubio, Venezuela, fundó, con Juan de Dios Uribe y Diógenes Arrieta, el periódico Los Refractarios. Donde vivía ejercía su magisterio intelectual. Siempre en función de irradiar sus ideas políticas. Estas se confundían con la doctrina liberal. Ayudó a crear la atmósfera anti-imperialista que aún prevalece en el continente. Sus obras, dice Triviño, están concebidas para repeler la tiranía el tradicionalismo en cualquiera de sus múltiples formas y al clero. Naturalmente, se arremolinaban contra él las más dinámicas fuerzas de derecha. Estas han tratado de que desaparezca, lo que hace daño, pues, como ella misma lo dice, así se mutila la historia de la literatura de Colombia si no aparece su nombre con un juicio justiciero.  | | Vargas Vila | El país necesita rescatar sus Memorias. Consuelo Triviño ha iniciado esa labor y su libro se inclina a hacer la denuncia de su existencia y el lugar donde se encuentran: «Que el diario fuera a parar a manos del gobierno de Cuba es algo que tiene tintes de novela policíaca. Un ciudadano de aquel país llevaba años intentando salir de la isla y para tal efecto visitaba con frecuencia a Georgina Palacio, la heredera de los documentos de Vargas Vila, a quien logró convencer para que le vendiera el diario. Su plan, como se supo más adelante, era vivir en el exterior con lo que le dejara la venta de los inéditos del escritor colombiano. Los empastó de la forma más rudimentaria y les puso un sello con su nombre, pero su plan fracasó porque altos mandos del gobierno cubano lo interceptaron y le confiscaron el valioso botín. Así fue como Vargas Vila fue a dar a aquella caja fuerte del archivo del Consejo de Estado de la isla». Antes de llegar a Cuba, el diario ya había corrido un destino incierto. El primer incidente ocurrió cuando el escritor y su secretario hacían un largo viaje por Hispanoamérica. La persona que se había quedado en Barcelona a cargo de sus pertenencias amenazaba con marcharse y abandonarlo todo, y aunque Vargas Vila logró recuperarlo parcialmente, jamás pudo resarcirse de la pérdida de aquellos diez primeros tomos de sus memorias que entregó a la editorial Bouret, de París, y que contenían los primeros años de su vida, desde 1860 hasta 1898. Parece que los diez primeros tomos de estas Memorias han desaparecido, y se refieren a sus años iniciales. Como también se perdieron, o no han sido publicadas, sus cartas con José Martí, con José Enrique Rodó, y con muchos de los escritores que ejercían un dominio en la vida intelectual y política del continente. Arturo Escobar Uribe publicó su libro El divino Vargas Vila, 156 del cual tomamos varias citas, que reflejan su influencia y el respeto que se tiene entre los escritores y hombres cultos del continente: «Del escritor Otto Morales Benitez, tomamos de su libro inédito, Señales de Indoamérica, el siguiente capítulo que galantemente nos ha cedido para exornar estas páginas, y que bajo el rubro de ‘Vargas Vila, un prestigio internacional’, dice: «Cuando la posesión de Rómulo Betancourt de la Presidencia Venezuela se reunieron en Caracas los más destacados intelectuales de América. Allí estaban aglutinados todos los matices ideológicos siempre con tendencias de izquierda. Era lógico que se hicieran diálogos intensos, al amparo de la noche. Roberto García Peña contó alguna de estas tenidas. En una de ellas apareció el nombre de José María Vargas Vila. A los colombianos se nos ha acostumbrado a despreciarlo alegando siempre su mala calidad literaria cuando, realmente, lo que buscan es ocultar el rechazo su lucha anticlerical por su denuedo en su denuncia internacional contra la Regeneración conservadora, por su arriscada pendencia, desde el destierro, contra los valores de cartón que sofocaban la libertad en Colombia. García Peña comenzó a escuchar con sorpresa que en los mensajeros de la cultura americana no existía ese desdén que en Colombia han querido universalizar contra Vargas Vila. Que, al contrario, uno a uno iban diciendo qué libro los había sacudido más espiritualmente. Algunos recitaron de memoria paginas completas, de diversas obras. Todos coincidieron en señalar el nombre de Vargas Vila como uno de los autores que más influencia tuvo en una época en el continente» Juan de Dios Uribe, otro escritor proscripto, decía de su mensaje: «Le dedico una palabra cuando merece un libro. Es el domador de leones sueltos. Lleva en una mano el látigo hecho de escorpiones luminosos, y en la otra la escala por donde trepan a la celebridad los escogidos de su corazón o de su inteligencia. Ama y odia con un desorden magnífico. Tiene siempre delante de sí un acusado que ha de morir a sus pies, y a poco que se empine en el pretorio descubre un cementerio lleno de los muertos con su pluma. No otra cosa son «Los Providenciales». A los réprobos de la libertad les niega en la pira una gota de agua. Deja la piedad para los grandes infortunios, y nadie como él ha llorado con lágrimas de fuego sobre las ruinas de Colombia», Para terminar, apelaremos a algunos juicios del maestro peruano Luis Alberto Sánchez. 157 Este considera que despertaba muchos recelos por el éxito permanente entre sus lectores. Cuando se difundió falsamente su muerte, Rubén Darío escribió: «Era José María Vargas un joven colombiano de gran talento, al cual obligaron a salir del país las cosas de la política... Este era un corazón llameante y una mente violenta». En Colombia, participó en la guerra. Fue secretario del jefe Daniel Hernández. Estuvo en la batalla de La Humareda. Cuando salió exiliado, fundó en Venezuela el diario Federación, en 1886, que hubo de suspenderse a pedido de las autoridades colombianas, quienes además exigieron, sin éxito, la entrega del periodista. Más tarde fue ministro del Ecuador en Roma por su amistad con el presidente Eloy Alfaro. Nicaragua lo encargó de su consulado en Madrid. Su obra crecía en forma extraordinaria. El era anacoreta, disciplinado y sobrio, como lo describen quienes lo conocieron. En 1925, pasó por Barranquilla y los estudiantes le tributaron una recepción multitudinaria. El ideal estético lo mantenía en vilo. El maestro Sánchez sostiene que «cuando se enfrenta a temas políticos, la forma como combina los elementos históricos con las exclamaciones o desfogues rítmicos, alcanza un nivel superior, semejante a un nuevo estilo de libelo (libelista fue, sin duda)». Además, destaca su «finura crítica y la ancha veta cordial de escritor». ____________ 155. Consuelo Triviño, selección, introducción y notas. Prólogo de Rafael Conté. Diario secreto. Arango Editores. El Ancora Editores. Bogotá, 1989. (Regresar) 156. Arturo Escobar Uribe: El divino Vargas Vila. Ensayo biográfico, primer volumen. Editorial Gráficas «Venus». Bogotá, 1968. (Regresar) 157. Luis Alberto Sánchez: Escritores representativos de América. Segunda serie. Editorial Gredos S.A. Madrid, 1972. (Regresar) CONTINUAR REGRESAR AL ÍNDICE |