CAPÍTULO DUODÉCIMO
DE EL TERCERO PROVINCIAL


En el subceso de la privación del dicho Provincial Olea, los que le privaron, criaron Comisario a Fray Francisco de Pedroche, de quien se ha tratado en el segundo capítulo. Este congregó Capítulo en el convento de la ciudad de Tunja, año de setenta y uno, donde sucediendo al sobredicho Provincial Fray Francisco de Olea, fue electo tercero Provincial Fray Juan de Velmez, de la Provincia de los Ángeles, natural del Maestrazgo de Calatrava, hombre de buen entendimiento |34 . Sabe y alcanza bien las cosas de la Religión con opinión de Predicador. Pasó a las Indias, año de cincuenta y uno |35 , con Fray Hernando de Carmellones, Comisario de el Pirú.
Llegado a la ciudad de Panamá se quedó allí por el espacio de cinco años, donde se ocupó este tiempo en doctrinar, hacer cristianos y casar unos indios de los españoles, los cuales el Gobernador de allí puso en libertad, por mandado de el Emperador Carlos quinto, y los hizo poblar en es pueblos que serian todos ellos mil indios, y los puso en pulicia cristiana, haciéndoles elegir caciques y capitanes e instituir cofadrías. En el un pueblo de estos hizo el dicho Fray Juan de Velmez, un Jueves Santo monumento para encerrar el Santísimo Sacramento y como era iglesia dentro del mar no se pudo proveer de cera, y solas cuatro veles bastaron, desde la misa de el Jueves Santo hasta el Viernes, que se desencerró el Santísimo Sacramento, que pareció suplirlo Dios. Por orden singular y en tiempo que la noche de el Jueves Santo se andaba la procesión en aquel pueblo con los disciplinantes indios, se huyeron cuatro dellos a las montañas de aquella isla, donde estuvieron tres o cuatro meses, y buscándolos con mucho cuidado, fueron hallados, y decían aquellos indios que el demonio les llevaba de comer de sus comidas de indios, y que los persuadía que no volviesen al pueblo donde estaba el fraile capilludo, y esto les decía el demonio por que los indios no se apartasen de su amistad; y el dicho Fray Juan de Velmez había hecho cinco cruces grandes y las puso repartidas por el pueblo en diversas partes, y les decía el demonio a aquellos cuatro indios, que aquellas cinco cruces resplandecían como cinco grandes candelas, de las cuates el diablo tenía mucho miedo y daba grandes voces y ahullidos, diciendo que aquellas cruces le daban gran tormento; y esto contaban los indios lo cual parecía ser verdad porque según la relación del dicho Fray Joan de Velmez, lo mostraba el terrible aspecto y figuras espantosas que aquellos cuatro indios sacaron en sus filosomías de la montaña de la conversación que habían tenido con el demonio, de los cuales los dos se hicieron cristianos y recibieron el bautismo y los otros dos se ahorcaron. Y que el demonio pretendiese estorbar el bien y conversión de aquellos indios a la cristiandad, pareció claro en que el demonio sacaba arrastrando de su cama una vez al dicho Fray Joan de Velmez, en donde, con gran temor, dio voces, a las cuales un hombre que allí estaba acudió con gran temor, y echando agua bendita, fueron libres de aquel temor y presencia de el demonio, y dieron gracias a Dios, por ello. Hallóse el dicho Fray Joan de Velmez en una gravísima pestilencia de viruelas que hubo entre los indios Moscas de el nuevo Reino, en la ciudad de Tunja, en el cual bautizó muchos dellos con mucha solicitud, donde el demonio pretendió ganar muchas almas, como allí pareció, oyendo muchos bramidos y voces de los demonios por espantar y atemorizar los indios que en aquella enfermedad se convertían a Dios, y les decían que se fuesen con ellos a otras tierras mejores, y el demonio arrastró de su cama a un indio, que en aquel tiempo era lengua intérprete de la predicación que se les hacía en la doctrina cristiana a los indios; y el dicho Fray Joan de Velmez, con el alba y estola, rezando los exorcismos y echando agua bendita en la casa del indio, fue libre el indio de aquella persecución de el demonio. Y que el demonio haya tenido y tiene hoy mucho señorío entre estos indios, es cosa cierta, por lo que se ha visto por experiencia, y por ser ellos tan inclinados a idolatrías, por lo cual Dios alza su mano dellos, y los que se convierten a la cristiandad es por la grande y suma diligencia de los sacerdotes con la divina gracia, entre los cuales han hecho y hacen mucho efecto en esta predicación y conversión nuestros Religiosos con el divino favor.
Ha residido el dicho Fray Joan de Velmez en las Indias treinta y cuatro años, y ha trabajado mucho en la conversión de los indios y bautizado, entre ellos, ocho mil animas. Fue Ministro Provincial tres años, Guardián de los conventos de las ciudades de Tunja y Vélez, pueblos de españoles, y de Sogamoso, pueblo de Indios de la Corona Real, Difinidor dos veces. Vive al presente en Toca, pueblo y doctrina de Indios de la ciudad de Tunja, y de cuarenta y cinco años de hábito.

|34 El P. Velmez era amigo del P. Olea y, viendo el atropello que con éste se había cometido, presentó la renuncia del provincialato por escrito; no obstante, continuó ejerciendo el cargo hasta que los Superiores mayores resolviesen el conflicto, SIMÓN, |Noticias, P. II, 7ª noticia, caps. VI y VII.
|35 El P. Simón y Groot en los lugares citados, se equivocan, al decir que el P. Velmez fue en la misión de 1549 con el P. Vitoria.
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