Sinforoso Mutis, precursor y prócer de la independencia

Sinforoso Mutis Consuegra (1773-1822) ocupó un lugar muy destacado entre los científicos patriotas que en el último tercio del siglo XVIII se formaron tanto en el Colegio del Rosario como en la Expedición Botánica. Sinforoso, al igual que Pedro Fermín de Vargas, Jorge Tadeo Lozano, Francisco Antonio Zea o Francisco José de Caldas, tuvo la invaluable posibilidad de participar de la experiencia de ambas empresas intelectuales, caracterizadas por su declarada intención de "difundir la ilustración y las luces" en el Nuevo Reino de Granada.

El hecho afortunado de ser sobrino de don José Celestino Mutis, ilustre profesor del Colegio del Rosario y Director de la Real Expedición Botánica, lo puso en contacto, muy tempranamente, con lo más granado de la élite intelectual neogranadina, produciendo en su voluntarioso temperamento una precoz inclinación por cuanto tuviese que ver con la posibilidad de una radical transformación política del Virreinato.

Pero no fueron sólo sus "peligrosas amistades santafereñas" -que tantas aprehensiones habrían de causar en el ánimo avizor y desconfiado de su tío-, sino el propio contexto histórico regional y familiar que lo circundó, el que sin duda contribuyó decisivamente a moldear su temperamento díscolo y levantisco.

1.1. La Coyuntura

El recorrido vital de Sinforoso Mutis transcurrió en un período caracterizado por una gran dinámica histórica, tanto en las metrópolis europeas como en las colonias americanas. La infancia, la adolescencia y aun la madurez de Sinforoso estuvieron enmarcadas por una sucesión tan vertiginosa como intensa de transformaciones económicas, políticas, sociales y culturales, que difícilmente podían pasar desapercibidas para un espíritu atento y receptivo como el suyo.

Entre la política modernizante de los novadores españoles encabezados por el propio Carlos III, la rebelión comunera, la independencia norteamericana, la revolución francesa y la independencia neogranadina, transcurrió su vida. ¿ Cómo no comprender, entonces, esa permanente inquietud del espíritu que caracterizó a buena parte de la mejor juventud del momento?

Como muchos de sus contemporáneos, Sinforoso Mutis vio escindida su vida entre los intereses de la revolución y los de la ciencia, entre la Expedición Botánica y el movimiento independentista, entre el legado de su padre y el de su tío, entre su herencia hispánica y sus raíces criollas. Una vida, pues, intensa, dramática y apasionada, vivida en medio de las convulsiones de la transición entre el agonizante siglo XVIII y el balbuciente XIX, entre la monarquía y la república, entre la Colonia y la Independencia.

Colegial del Rosario en 1786, agregado de la Expedición Botánica en 1791, conspirador en 1794, preso y deportado en 1795, expedicionario científico y comercial en Cuba entre 1803 y 1808, director científico de la Expedición Botánica en 1809, firmante del Acta de Independencia y miembro de la Junta Suprema del gobierno revolucionario en 1810, miembro de la Representación Nacional y firmante de la Constitución Política del Estado de Cundinamarca, preso y desterrado nuevamente durante la Reconquista, firmante, finalmente, de la Constitución de Cúcuta en 1821, ¿cómo no interesarse por este dinámico, multifacético casi ignorado intelectual y prócer bumangués? 8

"Período de transición" para algunos, "época revolucionaria" para otros, lo cierto es que el convulso tramo histórico del medio siglo que le tocó vivir a Sinforoso Mutis no podía dejar de marcar intensamente su propio y agitado devenir. Tenía apenas cinco años cuando, en 1778, su padre en compañía de otros connotados vecinos de Girón, levantaba desde sus cimientos la recién erigida Parroquia de Bucaramanga. Sinforoso vio con la curiosidad insaciable de los niños cómo ante él se transformaba un viejo y desvencijado pueblo de indios en promisoria, aunque incipiente, parroquia de blancos. No había cumplido aún los nueve años cuando tuvo ocasión de experimentar vívidamente la más grave conmoción social de la historia colonial neogranadina: la insurrección de los Comuneros del Socorro. Su propio padre, diez años antes Alcalde Mayor del Real de Minas de Pamplona y Bucaramanga, era ahora Capitán del Común de la flamante Parroquia. Su activa campaña de sublevación de los pueblos mineros que antes habían hecho parte de su jurisdicción debió dejar una huella indeleble en la ávida conciencia del infante 9.

En 1784 Sinforoso y su hermano José viajaron a Santafé donde, luego de transcurrido algún tiempo, ingresaron al prestigioso Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Por entonces el colegio vivía una de sus mejores épocas. En sus aulas seguía imperando con todo vigor la progresista reforma de estudios que el Fiscal de la Real Audiencia Francisco Antonio Moreno y Escandón había promovido en 1774, y que hacía del ambiente colegial un bullidero de ideas innovadoras. Allí se reunía además la crema y nata de la intelectualidad neogranadina, pudiendo establecerse en consecuencia, por dentro y por fuera del claustro rosarista, las más fructíferas relaciones. Este ambiente entre intelectual, bohemio y subversivo que prevalecía entre los colegiales y; sobre todo, en las tertulias santafereñas que comenzó a frecuentar por las noches, sedujo inmediatamente al joven provinciano, y sembró la preocupación en el espíritu receloso de su austero tío l0.

De manera que, cuando en 1794 Sinforoso Mutis fue apresado con varios de sus contertulios y condiscípulos, acusados de conspiración, don José Celestino Mutis casi celebró el acierto de sus premoniciones 11 . Pero aparte de ello, esta inesperada experiencia no sólo le permitió padecer en carne propia la morosidad y la dudosa equidad del sistema judicial español, sino que lo puso -sin su consentimiento y en la más desventajosa situación, es cierto-, en contacto con la metrópoli, que por entonces también se veía envuelta en la más escabrosa etapa de su reciente historia, amenazada por dentro y por fuera por el avance incontenible de la Revolución Francesa.

Como quiera que Sinforoso permaneció en Cádiz y Madrid entre 1795 y 1803, esto le permitió apreciar de primera mano el inicio del desmoronamiento de la monarquía española en manos por entonces del valido de la reina, don Manuel Godoy; La posibilidad de observar en el propio escenario de los acontecimientos la pugna creciente entre el Príncipe de Asturias y sus padres, así como la evidente antipatía del pueblo español hacia los reyes y su favorito, le mostró en toda su plenitud las ostensibles debilidades del irremediablemente decadente imperio español. ¿Qué mejor estímulo para un conspirador irredimible? Pero además, guiado por el culto y muy lúcido Francisco Antonio Zea -su excompañero de conspiraciones en Santafé y luego de prisión en Cádiz- pudo, una vez libre, iniciarse en los vericuetos de la corte y de la ciencia madrileñas.

Vuelto a la Nueva Granada en 1802, Sinforoso Mutis se reincorporó a la Expedición Botánica, de la cual había sido agregado antes de su distanciamiento con su tío, y poco después emprendió un largo viaje de exploración y comercio a Cuba.

Cuando volvió, en 1808, don José Celestino, que se encontraba ad portas de la muerte, lo designó su heredero en la dirección de la Expedición. Sinforoso inició entonces con empeño sus labores científicas, pero a los dos años estalló la revolución independentista. Sumergido nuevamente en el torbellino de la acción política, sus trabajos botánicos se vieron permanentemente interrumpidos y la Expedición intermitentemente suspendida hasta que, finalmente, el fugaz y arrasador éxito de la Reconquista la clausuró definitivamente, sacrificando además en el cadalso a los más destacados de sus miembros, y remitiendo la totalidad de su voluminosa producción científica a España.

A consecuencias de la Reconquista, Sinforoso Mutis sufrió nuevamente la prisión y el destierro hasta cuando les fue dado a los patriotas saborear las esquivas mieles del triunfo definitivo. Entonces regresó a Santafé en 1821, ocupó una curul en el Congreso de Cúcuta y; al poco tiempo, en agosto de 1822, de vuelta a Santafé, murió inesperadamente. La tan anhelada República daba apenas sus primeros pasos vacilantes.

1.2. La Familia

Don José Celestino Mutis, el pionero de su estirpe en el Nuevo Reino de Granada, desembarcó en Cartagena a finales del año 1760 como médico de cámara del virrey Messía de la Cerda. En 1766 conformó con otros tres socios una compañía minera con el fin de explotar un yacimiento situado en las Vetas de la Montuosa, cerca de Pamplona 12.

Acaso entusiasmado por las hipotéticas posibilidades de éxito de su nueva empresa o tal vez para sentirse menos solo en la desmesura salvaje de la Nueva Granada, el caso es que Mutis logró convencer a su hermano Manuel de que abandonara su nativa y cosmopolita Cádiz y se viniese a probar fortuna en las agrestes pero ricas tierras pamplonesas 13.

Don Manuel Mutis Bosio, en consecuencia, debió iniciarse como abastecedor de las minas de Vetas en el último lustro de los años sesentas. Al poco tiempo de iniciar su actividad comercial en la región contrajo matrimonio con la joven gironesa María Ignacia Consuegra 14. Esta ventajosa alianza mejoró notablemente sus perspectivas económicas, pues María Ignacia aportó una jugosa dote de cerca de 12.000 pesos en bienes y dineros que, hábilmente administrados por Mutis, pronto se verían multiplicados 15.

El matrimonio Mutis Consuegra fue fructífero también en descendencia. Tuvieron siete hijos en total, tres varones y cuatro mujeres: José, Sinforoso, Facundo, Bonifacia, Justa, Dominga y Micaela. De las mujeres dos se hicieron monjas en sendos conventos santafereños: Bonifacia y Justa; y las otras dos optaron por la vida hogareña. Dominga se casó con Pedro Canal Jácome y Micaela con el doctor Miguel Valenzuela Mantilla, hermano de Eloy Valenzuela 16.

En cuanto a los hombres, José y Facundo se dedicaron desde muy jóvenes a los negocios, siguiendo la tradición paterna. José contrajo matrimonio con Nieves Navas Calderón y Facundo con Antonia Amaya. Una de las hijas de este último, Dolores Mutis Amaya, se casó con Luis Perú de Lacroix, ayudante del Libertador y autor del célebre Diario de Bucaramanga 17.

Sinforoso, por su parte, se casó en Cuba con Angela Gama Fernández. De este matrimonio fueron hijos: Mercedes, quien contrajo matrimonio con el coronel Diego Ibarra, primo del edecán de Bolívar, y se radicaron en Venezuela; Manuela, quien casó con el gallego Pedro José Diéguez sin dejar descendencia; y Manuel María Mutis Gama (1811-1841), marido de la pamplonesa Severiana Peralta. Manuel María fue, como su padre, alumno del Colegio del Rosario, hasta 1823. Se dedicó luego a la milicia participando activamente en las guerras de Independencia y más tarde en todas las guerras civiles hasta 1841, cuando fue muerto en la batalla de San Lorenzo, enfrentando a las fuerzas del general Carmona. Ostentaba para entonces el grado de coronel 18.

Fueron hijos de Manuel María Mutis Gama: Vicenta, Manuel y Sinforoso Mutis Peralta. Todos murieron jóvenes y sin descendencia. Sinforoso, quien siguió la carrera de su padre, murió también en su ley en la guerra civil de 1860 19.

No podemos terminar este apartado sin destacar la permanente  preocupación de don Manuel Mutis y doña Ignacia Consuegra por darles una esmerada educación a sus hijos. Los tres varones fueron colegiales del Rosario, y si bien José y Facundo desertaron pronto, por lo menos el primero continuo su formación en Bucaramanga bajo la tutoría de Eloy Valenzuela 20, En cuanto a las niñas, una vez que su tío José Celestina se instaló en Santafé en 1791, doña Ignacia se las envió para que fueran matriculadas en los centros educativos que este juzgase más convenientes. En principio fueron todas al convento, pero una vez que dos de ellas manifestaron no tener vocación religiosa continuaron su educación en el Colegio de la Enseñanza, el primer centro de educación femenina no conventual de la capital 21.

Don Manuel Mutis murió en Mompox el 24 de octubre de 1786 durante una de sus frecuentes correrías comerciales a Cartagena. Pero no por ello su viuda dejó decaer sus negocios o su patrimonio, ni mucho menos descuido la formación de sus hijos, labor en la cual su cuñado la apoyó con persistencia. Los resultados de este permanente interés, en todo caso, eran algo que se salía de su control, aunque, a decir verdad, ambos lucharon con tesón por legarles a sus descendientes la mejor educación a que se podía aspirar en el momento. Esa positiva valoración de la formación intelectual -no siempre bien acogida por los presuntos beneficiarios, dicho sea de paso, parece haber sido un rasgo característico de las elites provincianas finiseculares como lo comprueba la afluencia de estudiantes de todas las regiones del virreinato a los colegios capitalinos 22.

1.3. El Personaje

Sinforoso Mutis Consuegra nació en Bucaramanga el 15 de julio de 1773, tres días después se asentó en el Libro de Bautismos de la modestísima iglesia del pueblo la siguiente partida:

Julio diez y ocho de mil setecientos setenta y tres. Yo Martín Suárez de Figueroa, Teniente de Cura y vecino de este pueblo de Bucaramanga; bauticé, puse óleo y crisma a un niño. Se llamó Sinforoso Fernando, hijo legítimo de Don Manuel Mutis y Doña María Ignacia Consuegra; fue su padrino el Dr. Moreno, Cura de Cácota, de que doy fe24.

Sinforoso Mutis vivió sólo sus primeros años en Bucaramanga. Sin embargo, en el corto período de un decenio pudo observar, entre las brumas fantasiosas de la infancia, algunos de los más importantes eventos de la historia de la incipiente aldea.

Apenas había cumplido cinco años cuando, por decisión del Visitador Francisco Antonio Moreno y Escandón, los ya escasos indios de Bucaramanga debieron abandonar su pueblo para dirigirse, contra su voluntad, hacia la distante reducción de Guane. Sinforoso debió mirar, entre curioso y compadecido, la triste procesión de los desterrados, cargando en sus hombros sus pocas pertenencias y sus pequeños hijos, arreando con parsimonia su precario rebaño, seguidos de cerca por sus lánguidos perros, y bajo la severa vigilancia de su padre, el Alcalde Mayor de Minas don Manuel Mutis Bosio, comisionado para la ingrata tarea, y una vez abandonada la primitiva aldea por sus ancestrales pobladores, mirar cómo con incontenible avidez los nuevos vecinos blancos se apropiaban --en medio de los pleitos y las rivalidades del remate-, de las apetecidas tierras del resguardo de indios. Ver cómo derrumbaban sus chozas y; sobre sus cenizas, edificaban sus nuevas residencias 25.

Un poco más tarde, apenas tres años después de la expulsión de los indios, los ávidos ojos del infante pudieron ver cómo, quienes con tanta impaciencia e impudicia se lanzaron sobre los despojos de sus bienes, se proclamaban sus más entusiastas defensores en una fugaz y oportunista alianza. ¡Eran los capitanes comuneros, su padre a la cabeza! . Ver, pues, de cerca, los ires y venires de la revuelta improvisada, la guerra de rumores, la angustia de la madre, y luego el triunfo simulado, y más tarde la traición y el escarmiento, y con ellos la preocupación y la incertidumbre en el seno del hogar. Todo pudo sortearse, sin embargo, con buena fortuna. Los otrora fogosos capitanes, contritos y medrosos, volvieron a lo suyo, y don Manuel Mutis, el muy activo capitán del común de Bucaramanga, retornó su rutina de hacendado y comerciante 26.

Ya la incertidumbre de la revolución siguió la de los arriesgados viajes comerciales, y de uno de ellos, justamente, ya nunca regresó. Había cumplido Sinforoso apenas trece años, pero su corta vida había tenido como escenario un torbellino de acontecimientos que, a no dudarlo, marcaron para siempre su existencia

1.4. La Política

Vinieron entonces los años de estudio en Santa fe, y con ellos su iniciación formal en la actividad política. Entre la preceptoría de Eloy Valenzuela, los estudios en el Colegio del Rosario, su ingreso en la Expedición Botánica y su vinculación obstinada a las tertulias) transcurrió la década de 1784 a 1794, al mismo tiempo que su adolescencia. Entre tanto, se inició como activista político con tanto entusiasmo que, sin el consentimiento de su tío, optó por retirarse de la Expedición Botánica a mediados de 1793 con el fin iniciar estudios de Derecho en el Rosario.

Debido a ello, e121 de abril de 1794, herido todavía por el inesperado abandono de su sobrino y preocupado por su inmediato futuro, don José Celestino Mutis le escribía a la madre de Sinforoso, entre rencoroso y adolorido: el tiempo está muy crítico y yo debo precaver los desbarros de este niño. Para esto le anticipo a vuesa merced que la Gamba y el marido, cuya casa frecuentaba tanto Sinforoso, fueron llamados por el señor Virrey a dar declaraciones sobre asuntos muy delicados, como se infiere de la salida que le ha hecho hacer el señor Virrey a un médico francés que frecuentaba esta tertulia y otras 27

.Y más adelante anotaba:

Los mozos son imprudentes, sueltan sin consideración alguna palabras peligrosas, y entran en empeños de su perdición. Por esto que participo a vuesa merced con tanto sigilo, puede hacer medir sus pasos a Sinforoso, precaviéndole las comunicaciones de su perdición. Por lo mismo advierto a vuesa merced la providencia rigurosa que es menester tomar para evitar que salga a asueto. [ ...] Ya vuesa merced ve que yo todo lo preveo a tiempo, y hago las advertencias que juzgo convenientes nuestro honor y cristiandad. ¿Qué crédito fuera el nuestro, si por inconsideraciones de ese niño cayese en algunas tertulias ( sobre que haya espías muy secretas) y fuese hallado cómplice en conversaciones peligrosas? 28.

Y era que, desde sus tiempos de agregado de la Expedición Botánica, Sinforoso solía frecuentar algunas de las más conocida y peligrosas tertulias santafereñas, ya que entre estas, aparte de las inocuas que se dedicaban a difundir insulsos versos laudatorios de la religión y el gobierno, existían las que se ocupaban de temas más sustanciales y candentes. Eran justamente estas últimas las que entusiasmaban al joven provinciano ávido de las novedades cosmopolitas que allí se divulgaban, y las que originaban el escándalo y la preocupación de su recatado tío 29.

Así, Sinforoso se hizo asiduo visitante nocturno de las casas del doctor Juan Dionisio Gamba y don Antonio Nariño. En ellas se reunían sendos grupos de amigos de las novedades a comentar la prensa extranjera, sobre todo los últimos sucesos conocidos de la Revolución Francesa, y; eventualmente, a conspirar contra el gobierno colonial 30. Como es bien sabido, de la Imprenta Patriótica de don Antonio Nariño salió la traducción de Los Derechos del Hombre. Tenía, pues, toda la razón don José Celestino Mutis para prevenir a su cuñada sobre las peligrosas amistades de Sinforoso. De hecho, éste se vio muy pronto comprometido en un proceso judicial.

En efecto, la noche del 18 de agosto de 1794, mientras el virrey Ezpeleta se encontraba en Guaduas, la ciudad de Santa fe fue empapelada con pasquines sediciosos. Como quiera que ya desde antes las autoridades se encontraban prevenidas sobre la eventualidad de sucesos de este tipo, procedieron con inusual celeridad y energía. Avisado del delicado asunto, el virrey regreso a Santa fe a las volandas y ordenó el inicio del respectivo proceso. En él resultaron implicados cuatro estudiantes del Colegio del Rosario: José María Durán, Pablo Uribe, Luis Gómez y José Fernández de Arellano 31.

Pocos días antes se había denunciado ante las autoridades la inminencia de una conspiración destinada a implantar en el Nuevo Reino de Granada la Constitución de los Estados Unidos. Entre los supuestos implicados figuraban los nombres de Nariño, José Caicedo, Enrique Umaña, Pedro Pradilla, y hasta Pedro Fermín de Vargas, ausente del país desde 1791, y casi todos ellos, como se ve, contertulios de Sinforoso Mutis. Del seguimiento de esta denuncia, agregada a las sospechas contra Rieux y Gamba, allegados también a Nariño, se llegó a descubrir lo de la publicación de Los Derechos del Hombre 32.

Para colmo de males, en medio de la inquietud reinante, el 20 de agosto se delató una segunda supuesta conspiración. Ante la Real Audiencia un tal Manuel Benítez denunció que Sinforoso Mutis le había revelado un plan consistente en la toma del cuartel del Batallón Auxiliar de Santa fe y el posterior derrocamiento del gobierno. En este complot estaban comprometidos, según el denunciante: Antonio Nariño, Francisco Antonio Zea, José María Lozano, Andrés Otero, Santiago Vidal, José Ayala, José de Azuola y la mayoría de los alumnos del Colegio del Rosario. Es decir, todos los amigos y condiscípulos de Sinforoso, a quien, además, se le sindicaba con nombre propio como conocedor y participante de los gravísimos hechos denunciados 33.No resulta, pues, de sorprender la diligencia del virrey y la audiencia para tratar de esclarecer tan embrollado como delicado asunto.

Hechas las averiguaciones preliminares, se abrieron de inmediato tres procesos separados, pero claramente relacionados: uno por los "pasquines sediciosos"; otro por la publicación de Los Derechos del Hombre; y un tercero por conspiración, en el cual se implicó directamente a Sinforoso Mutis, y a cuyo frente se puso al oidor Juan Hernández de Alba 34.

En el expediente iniciado a los presuntos conspiradores resultaron encartados:. Sinforoso Mutis, Francisco Antonio Zea, Luis de Rieux, Manuel de Froes, José María Cabal, Carlos U maña, Bernardo Cifuentes, Pedro Pradilla, Ignacio Sandino y José Ayala 35. Como puede verse, en uno u otro proceso resultaban implicados la gran mayoría de los más destacados intelectuales neogranadinos del momento, así como los médicos extranjeros Rieux (francés) y Froes (portugués). Fue este, pues, el primer ensayo de la posterior y más radical "siega de inteligencia" que pusiera en marcha don Pablo Morillo algunos años más tarde.

Como resultado inmediato de las apresuradas averiguaciones del oidor Hernández de Alba todos los implicados fueron apresados. Así, Sinforoso Mutis fue detenido el 25 de agosto de 1794 36, iniciándose para él y sus "cómplices" un largo calvario que no concluiría sino cinco años más tarde. Por lo pronto, su tan preocupado como enfadado tío suponía que las cosas no pasarían a mayores, pues con moderado optimismo le escribía a su cuñada el 11 de febrero de 1795 :

De Sinforoso no he querido escribir hasta ver en qué paran estas calamidades. Déjome ahora de hacer reflexiones sobre esta desgraciada suerte de este ingrato, a quien Dios está castigando las desobediencias de su tío. Mas para que vuesa merced se desahogue un poco, debo decirle que no hay tal levantamiento, como se lo figuraron los jueces en vista de un malvado y falso denunciador. Los sindicados y presos estarán pagando algunas habladurías inconsideradas, que al fin se reputarán por puerilidad. Tal es el concepto que yo he formado, y pienso que no estoy lejos de la verdad 37.

En realidad, bien lejos de la verdad se hallaba el sabio Mutis en este aserto, pues no alcanzaba a imaginarse la complejidad del embrollo en que andaba metido su sobrino a consecuencia del exceso de celo mostrado en este caso por las autoridades virreinales, acaso justificado por la evidente gravedad de la situación internacional, profundamente conmocionada por los arrasadores efectos de la Revolución Francesa.

Lo cierto es que, a pesar de su evidente correlación, los tres procesos iniciados por la Real Audiencia tuvieron un desarrollo diferente. El de Nariño y el de los pasquines fueron directamente abocados y concluidos por ésta con sentencia condenatoria para varios de los implicados, los cuales fueron embarcados hacia España a fines de 1795. El proceso por sublevación, en cambio, no fue concluido, pues se consideró más prudente hacerlo llegar directamente al Consejo de Indias para que fuese este alto tribunal el que emitiese el veredicto final 38.

A consecuencia de ello, Sinforoso y sus "cómplices"salieron de Santa fe con rumbo a Cádiz el 3 de octubre de 1795, más de un año después de haber sido detenidos 39. Luego de recalar en Cartagena y en La Habana, donde se les unió Nariño, los procesados desembarcaron en Cádiz el 18 de marzo de 1796 40. Una vez allí, fueron recluidos en el castillo de San Sebastián, donde, a pesar de sus repetidas instancias ante el Consejo de Indias, permanecieron hasta abril de 1799 cuando el Secretario de Estado, Luis Mariano de Urquijo, admitió su solicitud de darles la ciudad por cárcel 41. El 21 de junio del mismo año el Consejo de Indias dictaminó que se debía dar por concluida la causa, restituyéndoles a los implicados su libertad, sus bienes y la posibilidad de continuar en sus estudios, empleos o profesiones "sin nota y como si no se hubiese procedido contra ellos." Finalmente, y mediante real cédula expedida el 31 de agosto de 1799, don Carlos IV acogió en su totalidad el dictamen del Consejo y ordenó la inmediata libertad de los procesados 42.

Luego de permanecer un tiempo en Europa, Sinforoso Mutis retornó a Santa fe en 1802. Un año después viajó a Cuba en plan de negocios y de exploraciones botánicas. Regresó en 1808. Poco tiempo después murió su tío y Sinforoso debió encargarse de la dirección de la Expedición Botánica, como veremos en su momento. Por lo pronto veamos en qué forma afectó el movimiento independentista el destino Sinforoso y de la Expedición, ahora a su cargo.

Como era de preverse, tanto el flamante director como casi todos sus colaboradores, quienes a fin de cuentas constituían uno de los sectores más connotados de la muy reducida élite intelectual santafereña, se vieron pronto involucrados en los sucesos que habrían de conducir a la independencia. En lo que concierne a Sinforoso Mutis, todo parece indicar que su larga prisión en vez de escarmiento le sirvió de acicate, pues desde un comienzo alternó su actividad científica con su inveterada afición conspirativa. Así, mientras le daba los últimos toques a la Historia de los árboles de Quina, restablecía su vieja amistad con Nariño y juntos reiniciaban las subversivas tertulias del 94. A una de ellas, en casa del canónigo Andrés Rosillo, se debió el que se viese nuevamente implicado en problemas con la justicia, pues el 15 de octubre de 1809 el virrey recibió una grave denuncia que ponía en su conocimiento las "cosas contrarias al buen orden y subversivas del gobierno" que se trataban en casa de Rosillo 43. Según el denunciante -que resultó ser el cura de Girón, Pedro Salgar-, se tramaba nada menos que el asesinato del virrey, la toma del cuartel y las cajas reales, y la erección de una junta independiente de gobierno 44. ¡Un auténtico golpe de Estado! . ¿y quienes eran los conspiradores? . El cura Salgar podía dar razón de tres: Rosillo, Nariño y Sinforoso Mutis 45.

La investigación iniciada por la audiencia demostró que había más implicados, pero lo que aquí nos interesa resaltar es la inquebrantable pertinacia de los dos últimos. ¡Quince años después de su primer encontrón con la justicia virreinal seguían en las mismas andanzas!. En esta ocasión Mutis salió mejor librado, a pesar de que fue acusado, además, de poner precio a la cabeza del oidor Hernández de Alba 46. Contra Nariño, Rosillo, y algunos otros, en cambio, se libró orden de captura en noviembre de 1809 47. Pero para entonces ya se encontraba en marcha el inexorable proceso de la revolución de independencia que habría de darles la libertad en poco tiempo. Entretanto, Sinforoso Mutis seguía alternando sus quehaceres botánicos con la política 48 y; cuando llegó el 20 de julio de 1810, él fue uno de los más entusiastas cabildantes, hasta el punto que fue elegido "de viva voz por el pueblo", como el resto de sus colegas, vocal de la Junta Suprema de Gobierno del Nuevo Reino de Granada, y como tal firmó el Acta de Independencia 49.

Cinco días después el flamante vocal, en compañía de sus colegas Tomás Tenorio y Francisco Morales fue comisionado por la Junta de Gobierno para escoltar al compungido virrey Amar y Borbón hasta su reclusión en la sede de la Contaduría 50. Por lo demás, las funciones de Sinforoso en la Junta de Gobierno se centralizaron en el Ministerio de Policía y Comercio, al cual fue adscrito 51.

Entre tanto, la situación política obligó al gobierno provisional a suspender las actividades científicas de la Expedición Botánica y Sinforoso pudo dedicarse de lleno a sus nuevas responsabilidades. Aliado insobornable de Nariño, en 1811 actuó como diputado de la Representación Nacional que redacto y promulgó la Constitución del Estado de Cundinamarca, la primera de la incipiente República 52.

En 1812 el Gobierno de Cundinamarca restableció las actividades de la Expedición Botánica, debiendo Sinforoso restituirse a su cargo de director 53. Al año siguiente, ante el agravamiento de la situación política que obligó a Nariño, entonces presidente, a marchar al sur del país con el fin de contener el avance de Sámano, Mutis, quien ostentaba el rango de coronel, se ofreció como voluntario para acompañar a su entrañable amigo y compañero de infortunios. Pero Nariño prefirió que este permaneciera en Santa fe, quizá en prevención de males mayores ya que, al parecer, las condiciones físicas de Sinforoso no lo hacían muy apto para el combate 54. El hecho es que en noviembre de 1814 lo encontramos inventariando "el ramo botánico" de la Expedición por orden del gobierno, a cargo entonces de don Manuel Alvarez del Casal 55.

De ahí en adelante, y hasta la llegada de Morillo, Sinforoso parece haberse dedicado principalmente a la botánica, pues en un testimonio posterior señalará cómo en 1815, gracias a su doble calidad de director de la Expedición y jefe de policía de Cundinamarca, evitó el saqueo y destrucción de los materiales de la Expedición depositados en la Casa Botánica, en la cual residía desde su regreso de Cuba, y que a la sazón servía de cuartel a las tropas de Bolívar 56.

En todo caso, y como es bien sabido, una vez posesionado Morillo de Santa fe, procedió a hacer apresar a los más conspicuos dirigentes de la revolución independentista. Entre ellos estaría Sinforoso Mutis, quien fue recluido en el Colegio del Rosario a finales de mayo de 1816. De inmediato se le encomendó la tarea de inventariar y embalar para su remisión a España todos los materiales de la Expedición Botánica 57. Apenas concluida dicha tarea, e131 de julio se interrogó a Mutis y a Rizo sobre las labores y resultados de la Expedición 58. Ya para entonces, sometidos a procesos sumarios por parte del "Consejo de Guerra Permanente" montado por Morillo, varios de los procesados miembros de la Expedición Botánica habían sido condenados a muerte y ejecutados. Otros lo serían con posterioridad 59.

Inexplicablemente Sinforoso Mutis salvó su vida, acaso porque se juzgó insustituible su participación en el inventario y remisión de los bienes de la Expedición que con tanto empeño eran reclamados desde Madrid, así como su eventual colaboración posterior para descifrar y organizar el miscelánico contenido de las 104 cajas en que se depositó, con notoria premura e inevitable desorden, el cuantioso pero asistemático legado de la Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada. O tal vez por su cercano parentesco con el muy apreciado y reconocido fundador de la benemérita institución que se daba por concluida de manera tan abrupta como inesperada. O quizás porque, a pesar de su aparatoso título militar, Sinforoso no pasó nunca de ser un botánico-burócrata con escasa o ninguna participación efectiva en las confrontaciones bélicas que precedieron ala Reconquista. Sea de ello lo que fuere, el hecho es que, mientras todas las cabezas visibles de la Expedición eran conducidas al patíbulo, Mutis fue condenado apenas a dos años de destierro de Santa fe por el Consejo de Guerra, pena que al propio Morillo le pareció muy leve, cambiándola por la de dos años de reclusión en el presidio hondureño de Omoa 60

A causa de ello, el 29 de agosto de 1816 salió Sinforoso rumbo a Honduras, en compañía de otros no menos notables prisioneros 61. Entre tanto, su familia fue obligado a abandonar la confortable Casa Botánica y a refugiarse desterrada, en el pueblo de Guasca. Sin embargo, par fortuna de Mutis y sus compañeros, el virrey Montalvo determinó que los presos, entonces en Panamá, debían retornar a Cartagena 62. Desde allí, e128 de junio de 1817 Sinforoso y sus compañeros enviaron a la Real Audiencia; de Santa fe solicitud de que se les cobijase en el indulto general otorgado por el rey Fernando VII el 24 de enero de dicho año 63. Poco tiempo después la audiencia dio respuesta favorable a los solicitantes, pero el virrey Sámano determinó que los indultados permanecieran en Cartagena hasta nueva orden. En consecuencia, y como quiera que el indulto también valía para ellos, doña Angela Gama y sus pequeños hijos se trasladaron al puerto caribeño. Allí permanecerían hasta el 10 de julio de 1820, cuando, ante el asedio incesante del ejército libertador, el gobernador de la plaza consideró más prudente expulsar de la ciudad a los nada confiables indultados 64.

Consolidada la República y, por consiguiente su libertad, Sinforoso Mutis regresó a Santa fe. Una vez allí fue designado "representante principal al Congreso General de Colombia" por la Provincia de Cartagena, en compañía de José María del Castillo y el padre Benito Rebollo 65. De esta manera Sinforoso Mutis llegaba a ser por segunda vez miembro de una asamblea constituyente.

En calidad de tal se desplazó a Cúcuta, donde permaneció durante todo el tiempo que sesionó el Congreso. Asistió con rigurosa puntualidad a todas y cada una de sus reuniones y aportó cuanto estaba a su alcance y consideró de su incumbencia como parte que era de la Comisión de Comercio y Hacienda 66. Concluidas las labores del congreso, Sinforoso firmó la Constitución de la República de Colombia, y retornó a la capital.

En abril de 1822 fue designado por el nuevo gobierno elegido en Cúcuta Ministro Contador de la Caja del Departamento del Magdalena, con sede en Cartagena. Pero, cuando apenas adelantaba

los trámites para posesionarse de su nuevo cargo, Sinforoso Mutis Consuegra murió en Santa fe el 21 de agosto de 1822 67.

Tabla 1.
ITINERARIO POLÍTICO DE  SINFOROSO MUTIS
1794-1822
AÑO
EVENTO
1794
Detenido y procesado por conspiración.
1795
Deportado a Cartagena con rumbo a España
1796-1799
Preso en Cádiz.
1810
Vocal de la Junta Suprema de Gobierno Miembro de la Comisión de Policía y Comercio de la Junta Suprema de Gobierno.
1811
Miembro del Congreso Constituyente de Cundinamarca.
1812
Teniente Coronel del batallón Patriotas
1815
Jefe de Policía de Cundinamarca.
1816
Detenido y procesado por sedición. Preso en Cartagena.
1817
Indultado, pero retenido en Cartagena.
1820
 Expulsado de Cartagena.
1821
Miembro del Congreso Constituyente de Cúcuta.
1822
 Ministro Contador de Hacienda del Departamento del Magdalena.
Fuente: MUTIS DURAN, F. Op. cit.
Cinchona Lanceifolia
Cinchona Cordifolia

 

 

8
Si exceptuamos la breve biografía de Sinforoso Mutis escrita por Facundo Mutis Durán antes reseñada, y las fugaces alusiones a su vida y obra que se pueden encontrar en los escritos de los diversos historiadores de la Expedición Botánica, tanto la personalidad como el periplo vital de este destacado intelectual y político santandereano han pasado hasta ahora prácticamente desapercibidos.
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9
Sobre la actuación de don Manuel Mutis Bosio como capitán comunero y como fundador de la Parroquia de Bucaramanga, véanse: AHR/UIS. Archivo personal de Enrique Otero D.Costa. Carpeta 4, f. 1-8; y; ARENAS, Emilio. La Casa del Diablo. Bucaramanga: Urbanas, 1982. p. 32-41.
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10
Sobre la reforma de estudios de 1774 y el ambiente del  Colegio del Rosario por la fecha del ingreso de Sinforoso   véanse, respectivamente: SILVA, Renán. "La reforma de estudios  en el Nuevo Reino de Granada". En: Dos estudios sobre educación en la Colonia. Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional, 1984.  p. 121-270; y; Universidad y Sociedad en el Nuevo Reino de  Granada. Bogotá: Banco de la República, 1992.
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11
Véanse las cartas de J osé Celestino Mutis a la madre de  Sinforoso de 11 de febrero y 6 de junio de 1795, en: HERNANDEZ  DE ALBA, Guillermo. Archivo epistolar del sabio naturalista,don José Celestino Mutis. Bogotá: ICCH, 1983. T. 2. p. 114-115 y 117. [En adelante archivo Epistolar"] .
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12
José Celestino Mutis permaneció en Vetas de 1766 a 1770. En es lapso debió llegar su hermano a la Nueva Granada. Por lo demás, no sobra anotar que, durante su estancia en Vetas, el sabio Mutis ocupaba sus ocios en la observación y registro de la flora y la fauna circundantes, como lo prueban las hojas de ese período que se conservan de su Diario. v: GUTIÉRREZ RAMOS  Jairo. "La Expedición Botánica y Santander: Tres científicos santandereanos del siglo XVIII". cit.. p. 12-13.
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13
Sobre el ambiente de Cádiz en la segunda mitad del siglo XVIII así como sobre la familia gaditana de los Mutis Bosio, véanse: AMAYA, José Antonio. Celestino Mutis y la Expedición Botánica. Madrid: Debate, 1986. p. 3-5; y; HERNANDEZ DE ALBA, Gonzalo. Quinas Amargas. Bogotá: Tercer Mundo, 1991. p. 17-29.
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14
Para la genealogía de María Ignacia Consuegra y la familia Mutis Consuegra, véase: HARKER, Simón. "Los Mutis". En: Estudio. No.293. (jul./sep.). Bucaramanga, 1984. p. 13-25.
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15
Al momento de su muerte, en octubre de 1786, el cuerpo de bienes dejado por Manuel Mutis fué avaluado en 58.396 pesos, si bien gravados por deudas equivalentes a 35.172 pesos. Aún así, si consideramos que el saldo neto era de 23.224 pesos, podemos comprobar que en algo más de tres lustros la dote de doña Ignacia se vio incrementada en, por lo menos, el 100%.V.AHR/UIS. Archivo Municipal de Girón. Judicial: Inventarios y avalúos de los bienes de la mortuoria de don Manuel Mutis. Paq. 4. f. 916-1028
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16
v: HARKER, S. Op. cit. p. 15.
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17
v: HARKER, S. Op. cit. p. 15.
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18
v: HARKER, S. Op. cit. p.18; y; GARCIA, José Joaquín. Crónicas de Bucaramanga. Bogotá: Medardo Rivas, 1896. p. 24. En homenaje al heroico desempeño del coronel Mutis Gama en esta batalla se bautizó con el nombre de "Mutiscua" a esta v: HARKER, S. Op. cit. p.18; y; GARCIA, José Joaquín. Crónicas de Bucaramanga. Bogotá: Medardo Rivas, 1896. p. 24. En homenaje al heroico desempeño del coronel Mutis Gama en esta batalla se bautizó con el nombre de "Mutiscua" a esta población nortesantandereana fundada en 1841. v: MANTILLA, Ramón M. Mutiscua. Cúcuta: La Tarde, 1943. p. 39-40.
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19
v: HARKER, S. Ibid.
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20
v: Carta de José Celestino Mutis a Ignacia Consuegra del 12 de enero de 1793, en: Archivo Epístola 1: T. 2 p. 81.
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21
V: Cartas de J. C. Mutis a su cuñada sobre la educación de sus sobrinas en Santa fe, en: Ibid.
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22
v: SILVA, R. Universidad y Sociedad en el Nuevo Reino de Granada. Op. cit.
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24
Archivo Parroquial de San Laureano. Libro de bautismos, matrimonios y entierros. 1737-1863. Partida Bautismal No.705.
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25
Sobre la extinción del pueblo de indios de Bucaramanga, la puja por las tierras del resguardo y la erección de la nueva parroquia, véase: ARENAS, E. Op. cit. p. 29-38.
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26
Sobre las actividades económicas de Manuel Mutis, véase: AHR/UIS. Loc. cit.
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27
Carta de J. C. Mutis a doña Ignacia Consuegra de 21 de abril de 1794. v: Archivo Epistolar. T. 2. p. 100. "La Gamba" a la cual se refiere Mutis era la mujer del doctor Juan Dionisio Gamba, amigo del médico francés Luis de Rieux, denunciados ambos ante las autoridades virreinales por "conversaciones sediciosas" sostenidas en la casa del primero donde funcionaba la tertulia de la cual era asiduo visitante Sinforoso. v: ORTIZ, Sergio Elias. Nuevo Reino de Granada. El Virreinato. (1753-1810). Bogotá: Lerner, 1970. p. 383.
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28
Archivo Epístola 1: lbid.
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29
Algunas tertulias fueron no sólo un pasatiempo entretenido, sino auténticos focos de difusión del pensamiento ilustrado, cuando no abiertamente subversivo. En ese sentido, constituían una forma muy eficaz de apropiación de las ideas más avanzadas, a las cuales no les era permitido circular libremente en una sociedad rigurosamente controlada en sus manifestaciones ideológicas por el Estado y por la Iglesia.
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30
No era casual que el médico Rieux asistiera a las dos tertulias también frecuentadas por Sinforoso Mutis, ni que en la casa de  Nariño funcionaran, al parecer, dos tertulias paralelas : el célebre Arcano de la Filantropía, más público, y que sesionaba en su biblioteca, y otra más secreta que funcionaba en un cuarto interior de la casa, y a la cual, aparte de Sinforoso, solían asistir, entre otros: el ya mencionado Rieux, Pedro Fermín de Vargas, Francisco Antonio Zea, José María Cabal, Joaquín Camacho, José María Lozano, Enrique Umaña, José Luis Azuola, Francisco Tobar, José Antonio y Juan Esteban Ricaurte. v: GARRIDO, Margarita. "Precursores de la Independencia". En: Gran Enciclopedia de Colombia. Bogotá: Círculo de Lectores, 1991. T. 1. p. 219; y Reclamos y representaciones. Variaciones sobre la política en el Nuevo Reino de Granada, 1770-1815. Bogotá: Banco de la República, 1993.
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31
v: POSADA, Eduardo. "El proceso de los pasquines". En: Boletín de Historia y Antigüedades. No.96. Bogotá, 1913. p. 721-728.
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32
v: TISNES, Roberto M. Movimientos pre-independentistas Grancolombianos. Bogotá: Academia Colombiana de Historia, 1962. p. 149-150.
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33
Ibid.No deja de llamar la atención la radical beligerancia que se le atribuye a Sinforoso en el proceso, pues de acuerdo con éste, por ejemplo, en la presentación de su denuncia, Benítez ". . . asegura haberle referido Don Sinforoso Mutis que de las cuatro partes de Santa fe las tres estaban prontas a aclamar la libertad"... y enseguida se anota que: "El referido Mutis en su declaración de veinte y cuatro de septiembre asegura haber referido a Benítez que en esta ciudad casi todas las gentes estaban prontas a reclamar la libertad y coger las armas en caso necesario." y más adelante Pablo Uribe declara recordar que Mutis "...Dijo que de buena gana tomaría el fusil; que esto lo dijo a consecuencia de las palabras que vertió cuando insinuó, que qué bueno si esto quedase libre...". v: AHN. Consejos suprimidos. Leg. 21236.
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34
.V. POSADA, E. Op. cit. p. 721
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35
Ibid. . p. 723 ;y ORTIZ, Sergio Elías. Génesis de la revolución del 20 de julio de 1810. Bogotá: Academia Colombiana de Historia, 1960. p. 3.
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36
V. MUTIS DURAN, F. Op. cit. p. 33.
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37
Archivo Epistolar. T. 2. p. 117
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38
POSADA, E. Op. cit. p. 723
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39
MUTIS DURAN, F. Op. cit.. p. 33.
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40
V. TlSNES, R. M. Op. cit. p. 157.
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.41
Ibid. p. 158.
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42
V. MUTIS DURAN, F. Op. cit. p. 34.
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43
V. ORTIZ, S. E. Op. cit. p. 75.
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44
Ibid. El desarrollo de la "conspiración de Rosillo" puede verse, entre otros, en: ORTEGA RlCAURTE, E. Op. cit. p. 1-16.
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45
. ORTIZ, S. E. Op. cit. p. 77.
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46
Ibid. p. 80.
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47
Curiosa y significativamente, si exceptuamos a Nariño ya Baltasar Milano, todos los implicados eran santandereanos, y casi todos clérigos, es decir intelectuales, como, a su modo, lo eran también Mutis y Nariño. Así, aparte del bumangués Mutis, eran del Socorro: Rosillo, Juan José Monsalve, Miguel Tadeo Gómez, Juan Nepomuceno Azuero ( cura de Anapoima), Agustín Estévez ( cura de Choachí), y el doctor Gómez ( cura de la Mesa). \1: Ibid. p. 84-89.
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48
El 26 de febrero de 1810, Sinforoso Mutis publicó en el Semanario del Nuevo Reino de Granada que dirigía Caldas una "Memoria" sobre la Expedición Botánica y varias descripciones de plantas.
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49
V.Acta de la Independencia". En: ORTEGA RlCAURTE, E. Op. cit. p. 121-127.
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50
V. CABALLERO, José María. Diario. Bogotá: Academia de Historia de Bogotá, 1990. p. 80.
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51
V. ORTIZ, S. E. Op.cit. p. 202.
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52
V. MUTIS DURAN, F.Op. cit. p. 40.
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53
Ibid. p. 51.
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54
Ibid. p. 48 y 51. Al parecer Sinforoso Mutis era jorobado y tuerto, según unas coplas burlescas que circularon en Santa fe y que, para su infortunio, son su único "retrato" conocido. Con todo, en 1819 era Teniente Coronel del batallón Patriotas. v: CABALLERO, J. M. Op. cit. p. 219.
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55
V. Historia Documental. p. 283.
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56
Ibid. p. 387. Ibid. p. 387.
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57
Ibid.p.309.
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58
Ibid. p. 61.
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59
Como se recordará, José María Carbonell, amanuense de la Expedición Botánica, había sido ahorcado el 19 de junio, y Jorge Tadeo Lozano arcabuceado el6 de julio. v: CABALLERO, J. M. Op. cit. p. 216 y 218. Salvador Rizo y Francisco José de Caldas fueron ejecutados unos días más tarde.
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60
Sobre la sentencia contra S. Mutis y el agravamiento de la misma por Morillo, véase el postrer informe de Mutis sobre la Expedición Botánica fechado en Cartagena a 30 de septiembre de 1817 incluido en este trabajo y publicado en: Historia Documental p. 382-388
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61
Acompañaban a Sinforoso en su triste destino: Luis Eduardo Azuola, José Santamaría, Camilo Manrique, Pantaleón Gutiérrez, Dionisio Gamba, José María Castillo, Manuel Pardo, Estanislao Vergara y Florencio Ortiz. v: CABALLERO, J. M. Op. cit. p. 219.
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62
V. MUTIS DURAN, F. Op. cit. p. 54
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63
V. "Poder para solicitar indulto otorgado en Cartagena por Sinforoso Mutis y otros vecinos de Santa fe a¡ 8 de junio de 1817" . En: AGN. Archivo Anexo (Historia). '1: 23. f. 602-603v.
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64
V. MUTIS DURAN, F. Op. cit. p. 54-55.
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65
V.Gazeta de la ciudad de Bogotá.No.79, domingo 28 de enero de 1821.p.237.En. AGN.Archivo Anexo (Historia).T.28.f.219 v.
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66
V.Actas del Congreso de Cúcuta. 1821. Bogotá: Fundación Francisco de Paula Santander, 1989. ( 3 vols. )
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67
V. MUTIS DURÁN, F. Op. cit. p.57.
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