Betín, con la casa en el todo arrumada, y lo mismo los lienzos y murallas; pero tiene un buen terraplén en que a, poca costa se pueden formar un famoso baluarte. Este en la actualidad carece de toda pieza de artillería, y le han dado por inútil. Me parece ser utilísimo para impedir la entrada a las embarcaciones auxiliar al Morro y guardar la bahía, porque de no reedificarse y coronarle de artillería, pueden los barcos entrar a la bahía por el estrecho o caño que hay entre Betín y el Morro, sin que esto sólo pueda impedirlo, y mucho mejor por el canal que hay entre Betín y el Morrito, que es un cerro elevado, en forma de pirámide, que se halla fuera del mar, y servirá de resguardo o antemural para que el Morro no pueda dañarles.

     En la orilla de la bahía o rada en la parte de tierra de la ciudad, hay otro castillo, que llaman San Vicente, en el todo arruinado y sin pieza alguna de artillería. En su casa, que es bastante reducida, vive actualmente la tropa de las dos Compañías veteranas, y se halla tan maltratada que por instantes amenaza ruina, a causa de tener la mayor parte de su techado o cubierta, que es de teja, descubierto, y lo que no, se halla con tantas roturas, que entrando el invierno, no sé cómo puedan habitar allí aquellos infelices, y lo peor es que más que composición o reparo, hay que fabricarlo o reedificarlo nuevamente.

     Estas son todas las fortalezas y castillos que tiene la plaza de Santa Marta, y ya Vuestra Excelencia verá que no pueden superar a cualquier flotilla o pequeña armada enemiga que se le presente; pero si por mar no se  puede resistir, como se manifiesta en lo que llevo relacionado, que todo es ni más ni menos, conforme  expuesto, y que lo mismo hallará y dirá cualquier sujeto que viniera, no a salir del día, pasear y llevarse de otros fines particulares, sino a cumplir efectivamente inspeccionando con reflexión y haciéndose prácticamente cargo de toda la costa, ensenada y puertos en que se pueden hacer embarques, sin dejarse llevar de dictámenes torcidos y que solo miran a su utilidad propia, y no a la de su. Monarca; menos se le puede resistir por tierra, no sólo por carecer de regimiento veterano, pues aunque en el día hay dos regimientos de milicias, el uno repartido en varios lugares de la jurisdicción del Valle Dupar, y el otro en los de esta Provincia por varias veredas del río de la, Magdalena, ya se deja ver el laborioso afán que costaría acopiarlos en esta ciudad de territorios distantes, pues los del Valle quizá ea ocho días no podríais ponerse en Santa Marta, aunque ya estuviesen juntos en la ciudad del Valle, y los que se hallan en la cordillera del río Magdalena, ni en doce días, aunque estuvieran prontos los champanes o embarcaciones y víveres, sino porque sin fortalezas, o castillos, no se pueden guardar los puertos de desembarques para impedir la internación, que por tierra puede es enemigo hacer a esta ciudad.

     Constante es que el puerto de la Ciénaga distante de Santa Marta abajo como diez leguas, más o menos, se halla sin refuerzo alguno, y que en él puede el enemigo hacer desembarques, que los indios de aquel pueblo no impedirían, por carecer de armas y artillería: ni yo conociendo su carácter me fiaría mucho de ellos. También es cierto que desde dicho puerto a la ensenada de Gaira, distante como Cinco leguas, en varios parajes donde hacer desembarque en la ensenada. dicha del pueblo de Gaira es más visible y fácil el Desembarque. Igualmente en la del pueblo de Tuganza, población de treinta a cuarenta indios, distan le arriba de Santa Marta como una legua, Siguiendo para arriba hacia barlovento hasta la punta que nombran de San Juan de la Guía, se hallan las ensenadas siguientes: la de Granate, la de Bonito Gordo,  la de Concha, la de Chengue, donde está la salina del Rey, que a su  cuidado y disposición del asentista de sales, residente en el puerto de  la Ciénaga, se halla; la del Raguante, la de Syuto, la de Syutico la de   Gairaca, y últimamente la de San Juan de la Guía. Todas estas ensenadas que se hallan en siete leguas de distancia que hay de Santa  Marta a San Juan de la Guía, son puertos de desembarques, en todas se pueden formar castillos o fortalezas altas en una serranías, y en la  de Syuto se hace leña, que la hay abundante en aquellos montes, y  agua dulce y fresca de la quebrada, en que no falta en todo el año. En los puertos de Changue y Granate antiguamente había fortalezas de  cuatro o seis cañones, que retiraron el año de cuarenta, pasada la guerra del ingles, y de aquel tiempo a este se  han arruinado dichas fortalezas.

      En vista de esta relación Vuestra Excelencia determinará lo que  fuese de su superior agrado y a bien tuviese.

      Dios Nuestro Señor guarde la vida de Vuestra Excelencia muchos años.

 

      Santa Marta y abril 12 de 1787.

       Ilustrísimo y Excelentísimo señor, a los pies de Vuestra Excelencia.                                              

                                                                                                                      Fr. Diego García

 

       No sólo al Padre Diego García se le encomendó por elArzobispo Virrey y el doctor Mutis exploraciones del territorio y estudios de las producciones vegetales y minerales de la colonia, sino a otras personas, como al señor Antonio de la Torre, cuyo viaje a Fusagasugá inserto, y dice así:

VIAJE A FUSAGASUGÁ

Excelentísimo señor:

      En cumplimiento de superior orden de vuestro Cabildo, emprendimos el viaje para este valle el día 19 de diciembre del año próximo pasado y llegué a él el día siguiente, a las tres de la tarde.

    El camino desde esa capital, pasando por la inmediación del pueblo de Bosa, y encabezando por el de Soacha hasta lo que llaman la Casa Blanca, es llano, y de buen piso en verano; pero a poco que llueva se pone muy resbaloso, y lo mismo prosiguiendo desde dicha casa hasta San Fortunato, que es de unas lomas de tierra que se caminan por varias veredas estrechas, con muchos derrumbadores resbalosos, y por lo mismo peligrosos para las cabalgadoras y caminantes, que no pueden afirmar el pie, atravesando en dicho camino dos veces el río de Sibaté: de allí se prosigue hasta lo que llaman el Puente de Nobas, en que se encuentran varios pantanos y atolladeros de piso muy desigual y embarazosos, y desde este paraje a lo que llaman El Peñón, o Boca del Monte, algunos callejones, atascaderos, y dos empalizadas bastante largas: luego se emprende la bajada a una loma con varios callejones estrechos, con filones y saltos, hasta llegara la quebrada que llaman Las Cubias, volviendo a subir otra loma algo más moderada, que al bajarla se encuentran algunos atolladeros, y se prosigue por otras lomas cortas hasta la quebrada que entra en el río del Monte, próxima al puente, de malísimo vado, por las machas piedras y poco titulado que han tenido para su composición; inmediatamente se pasa dicho río por un puente de madera de poca seguridad; éste viene por entre unas montañas muy escarpadas, y tiene en su cauce o canal formidables peñones poco más abajo está el vado de mal piso a causa de las mochas piedras grandes que tiene; a mano derecha se parte el camino que llaman de Bermejal; el que, orillándose el río con muchos atolladeros, sale a unas sabanas de buenos pastos que se dilatan hasta el puente del Chorro en el mismo río.

     Pasando el puente del Monte, a la izquierda, se prosigue faldeando una montaña de bastante elevación, subiendo una loma de más que regular eminencia hasta lo que llaman Cruz Grande, de malísimo piso, y muchos atolladeros, hasta volver a bajar a la sexta quebrada, que así la nombran, y por inferiores números a las cinco, que prosiguen intermediando de unas a otras; otras tantas lomas de igual piso y atolladeros que la anterior, todas ellas tienen muchos vados, que poniendo los puentes se pueden evitar, y también los atolladeros de sus barrancas, que son muy pendientes, y con algunos saltos, después de pasar la última quebrada, que llaman La Primera, en la misma falda de la montaña se encuentra la iglesia de la parroquia de Fusagasugá, a la que acompañan ocho y diez casas, que forman una placeta; las más de ellas están de prevención para hospedarse sus dueños cuando van a misa los días feriados. Todos los demás vecinos de dicha feligresía, que son doscientos treinta y siete viudos y solteros, con el número de mil trescientas veintitrés almas, según el padrón que me entregó el Alcalde, tienen sus habitaciones regadas por los montes y barrancos (algunas a más de cinco horas de camino), y tal cual en una sabaneta próxima a la parroquia entre la que intermedia una quebrada caudalosa ea invierno, y por las muchas piedras en verano.

      El temperamento donde está la iglesia es algo frío, muy destemplado y húmedo, el que tienen sus vecinos por poco saludable; algo más benigno es luego que se pasa la quebrada ya dicha con la particularidad que cada cuadra de terreno lo tiene con sensible variación.

      La extensión de la sabana que comprende o forma el valle es tan corta que se puede en poco más de una hora atravesarla por cualquier parte; toda ella está regada de piedras, y sólo puede aprovecharse para pastos de ganados, donde se cría tal cual res de algún vecino, y muy poquísimo de lana.

      En la caída de dicha sabaneta hay dos haciendas: que una se llama La Compañía, y ésta posee la mayor parte de esta otra que se llama de La Puerta; ambas tienen sus trapiches, y aunque la última tiene dos de una y otra banda del río, no son de consideración; las sacas de miel, que es lo único que tienen algún producto, porque el ganado que crían es muy poco, y esta última está ya fuera del valle, lo que  también posee un pequeño cacagual y una meseta muy dilatada, que  aunque teniendo los ríos Cuja, y otros, y Fusagasugá a sus costados,  carece de aguas por lo elevado de sus barrancas, siendo esto causa de  que se pierdan los abundantes pastos que cría.

      Los vecinos de dicha parroquia se aplican a sembrar muy parcamente y esto próximo a sus habitaciones, reduciéndose a muy poco maíz, yuca, arracacha, y tal cual mata de plátanos que con escasez alcanzará para su precisa manutención, y no todos logran de igual proporción por no ser el temperamento donde tienen sus habitaciones apto para aquellos frutos, y no querer separarse para buscar la comodidad en otra parte para aliviar su miseria. Por lo general son muy flojos para cualquier trabajo, privándose del mayor interés por no sujetarse a el, que siendo propio de la ociosidad entregarse a los vicios, en ellos predomina (a lo que se ve) el del juego, del que resultó una muerte poco antes que yo llegase.

     Habiendo oído decir de la fertilidad de este valle y sus muchas producciones, deseaba ver el expediente, para cerciorarme de las utilidades que se podrían esperar; pero visto, no encuentro que desde el año treinta y ocho se haya presupuesto ninguno, ni han tenido otra solicitud los habitantes de él que la de componer el camino y el puente del río del Monte, para la comunicación con esta capital, hasta el año pasado de ochenta y tres, que además de dicha solicitud se le pondera de utilidades y producciones que no se encuentran; porque el que en alguna meseta o trechecito se pueda crear alguna mata de las muchas semillas que proponen, bien se echa de ver qué acopios se podrán hacer para, mandar a otras partes, y aun cuando quisieran sembrarlas, no sustraerían a otros costos del que se dedicase a ello, así porque no todo el terreno es aparente y porque como era menester para hacerlo desmontar las faldas de algunas montañas. Sólo he podido adquirir noticia de que hacia el río de Subia se encontró algún trigo y que es prueba de la poca utilidad cuando no se ha vuelto a sembrar: arroz, anís, garbanzos, cáñamo, ni otros frutos de esta naturaleza, hasta ahora no se ha visto cosecha alguna, ni aun se ha sembrado (según dicen los moradores) en lo que comprende el valle, aunque se incluye todo lo que corresponde al Corregimiento desde el lado acá de San Fortunato, porque según se ve en uno de los informes del expediente, parece se quiere hacer creer que toda la comprensión de él sea valle de Fusagasugá; siendo así que entre unas y otras poblaciones intermedian muchas montañas, zanjones y quebradas de ásperos y difíciles caminos, con algunos voladeros y despeñaderos que para dar mejor conocimiento comprende dicho valle, me ha parecido conveniente estamparlo en la  tarjeta del plano que acompaño de la situación de estos parajes, según el visual que se descubre desde el pueblo de Tibacuy, que aunque distante de él le predomina con bastante elevación, sin recelo de que los engaños que suele producir la vista confundan su verdadera situación.

      Desde que se llegó a la quinta quebrada por el camino que viene  de esa capital, se encuentra en la montaña la especial y saludable producción de la quina amarilla, roja y blanca, la que signe fructificando con algunos intervalos toda la cordillera, donde están situados a su falda los pueblos de Pasca y Pandi| y las parroquias de Icononzo y Cunday (que allí llaman montaña de Sumapaz), prosiguiendo hasta los  Andaquíes, que según la variación de los temperamentos que goza aumenta su actividad; la roja que se encuentra en los parajes de Icononzo y Cunday, se tiene por la más selecta, nada inferior es la de que abundan los montes y cordillera de Balunda, Pagüey y Viotá, que caen a espaldas dé la serranía del Jacuy, la que ,prosigue enlazada con  otras varias serranías o montañas hasta el monte de Tenasucá o de Tena, donde también se encuentra la quina que llaman bastarda o mestiza.

      La llamada terciopelo, aunque no tan abundante, fructifica en varias partes eminentes de dicha cordillera, y tales cuales árboles en parajes varios, como es en lo que llaman Sabia. La producción de dicho específico es abundantísima y de que se pueden hacer crecidísimos acopios, con la proporción de poder embarcar por donde llaman la Mesa de los Limones, o a su frente en el río de Fusagasuga, próximo adonde se debe beneficiar (cómo lo tengo reconocido) para seguir el río de la Magdalena, a la mar y Europa, y como que están ya practicadas todas las prevenciones, que se dignó encargar Vuestra Excelencia así para su aumento como para su mejor conservación, especulación que se debe hacer con las porciones que de todas especies he hecho beneficiar en los tiempos más oportunos, darán el conocimiento de los parajes donde se  deben hacer dichos acopios, que de cualquiera de ellos está próximo al  embarco con considerable ahorro del costo que han cansado las anteriores remesas a Europa.

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