Los ciudadanos citados, y otros muchos que no menciono por no pecar de prolijo, son los transformadores de erial en campo cultivado de una región de Colombia. Todos ellos ponen de presente la energía moral y el vigor físico de una raza dominadora de la Naturaleza. Todos ellos han dejado huella imborrable en tos anales del trabajo nacional; y todos son beneméritos de la civilización 1.

 

VIII

      El libro Monografías del señor Gutiérrez- valiosísima contribución al estudio de la conquista de nuestro territorio y al esclarecimiento de nuestra historia recóndita-no está sólo en los anales literarios y científicos del país: lo acompañado obras muy apreciables y lo preceden la clásica Peregrinación de Alpha, flor de la Comisión Corográfica que presidió Codazzi, y los Apuntamientos de viaje por  Antioquía y las Provincias del Sur de Santiago Pérez,  sucesor de Ancízar en dicha Comisión. Publiqué en 1917 en la selecta revista Popayán una parte inédita de estos  Apuntamientos, de que doy en seguida dos muestras. El pueblo de Túquerres está en el plano inclinado de unas lomas tendidas; es de terreno traquítico y húmedo, y su altura obre el nivel del mar alcanza a 3,057 metros; tiene poco más de 1° de latitud boreal y cerca de 3°1/2 de longitud occidental de Bogotá. Su temperatura media es de 10° centígrados, variable entre el máximum de 20° y el mínimum de 6°; el higrómetro de Saussures marcaba 70°.

      Ora sea por en semejanza parcial de perspectiva con algunas  comarcas del norte de la  República que nos son queridas; ora por el contraste que presentaba  nuestros ojos, acostumbrados ya en las selvas ribereñas del Pacifico a verse ahogados en una, copiosa vegetación, que no dejaba formar horizonte; ora porque así lo haya de causar siempresu agreste hermosura natía en el ánimo de todo viajero observador, pocos espectáculos nos han sorprendido más agradablemente que el de losalrededores de Túquerres, contemplados en lontananza, a la luz matinal del primer día que moramos allí, sereno como los que de ordinario vienen en pos de las noches tormentosas. Colinas sobre colinas, cubiertas de un verde tapiz salpicado de flores, y repartidas como en heredades pequeñas, que separan linderos de arbustos y ramajes; rebaños y caballerías desparramados profusamente  sus declivios, y en los valles cortos interpuestos a las tierras labrantías; vecindarios y parroquias coronando diversas eminencias como contraponiéndose en el  paisaje; surcos abiertos por que medio y a la base de los cerros, sirviendo de cause a numerosas corrientes; al Norte las rocas de traquita queencierran el lago de azufre; por el Sudoeste los volcanes activos de Chiles y Cumbal, ceñidos de una banda de nieve y tocando el cielo con suslargos plumajes de humo, que arquea y se lleva el viento en su dirección; al Sur el gran nudo de los Andes y el nevado de Cayambe; por  todas partes verdura, serranía, pobladores y belleza. Mas como si ésta fuera inagotable en aquellos parajes, sobre cada altura se descubren lejanos panoramas, y dilatanse tras de cada cabo del horizonte escenas nuevas y cuadros variados de la Naturaleza. Del sendero que lleva a la Cumbre del volcán de Túquerres, por entre un cerro de peñas y poblados, se ve levantarse sobre su explanada el imponente volcán de Pasto, y más a lo lejos, con cordones azules por la distancia, cierra el horizonte la cadena oriental de los Andes granadinos.

     De los dos Cantones en que está dividida la Provincia, el de Túquerres es el más septentrional, y está enclavado entre Barbacoas al norte y al occidente Popayán, en parte también al Norte, Ipiales al Sur y Pasto al Oriente. Cuenta 20,732 habitantes, repartidos en su territorio a razón de 279 por cada legua cuadrada, sin contar las 37 baldías,

     Consiste su riqueza principal en los productos de la agricultura, que son todos los de climas fríos y templados, y de los cuales abastece a Barbacoas, y además, en el prodigioso número de sus rebaños; sus tejidos de lana, de la que hace ruanas, capisayos y pellones; en laborea de rosarios y de juguetes de marfil vegetal, y en artefactos de paja, de  fique y de barro. Todo su comercio consiste en llevar a Pasto víveres, que trueca por barnices y por dinero; en cambiar en Barbacoas alimentos y sombreros por efectos extranjeros, cocos y pescado, y en dar al  Ecuador caballerías y dinero por sal, bayetas, pinturas y otras mercancías.

     Si se exceptúa una parte del Patía, desde enfrente al Castigo hasta el Guadual, en que ese río es navegable en balsas, Túquerres no tiene vía fluvial ninguna, pues sus corrientes, que son numerosas, despeñadas de quiebra en quiebra a causa de la rugosidad de su terreno, parecen más bien torrentes como el Guáitara y el Sapuyes. Con el Ecuador y con Pasto puede comunicarse por rutas que son soportables en la estación seca; pero ya hemos dicho algo sobre lo que es el sendero que le sirve para comerciar con Barbacoas, que es justamente el único punto por donde tienen salida hoy sus productos sobrantes, y que sería por donde venirle pudieran la prosperidad y la riqueza, al poseer un camino carretero que le permitiera llenar las márgenes del Telembí y del Patía con los dones de la extraordinaria fertilidad de su suelo. Esos productos, en tal caso, podrían ser tomados por los vapores y llevados a los puertos del Pacífico, cuyo granero vendría a ser Tumaco. Entonces cambiaría la situación social y comercial de los pueblos del sur de la República; sus tareas, limitadas hoy a la provisión de sus necesidades inmediatas y medidas por la posibilidad de la demanda, crecerían indefinidamente, siendo estimuladas por un inmenso expendio, y las compensaría el goce de todas las comodidades que apareja el tráfico en su flujo y reflujo de riqueza, de ideas y de civilización.

     Mi del territorio del Cantón de Tuquerres 114 leguas cuadradas, en las cuales varía singularmente el aspecto del terreno. Este se halla dividido en porciones de labor, potreros de ceba o pástales, bajas colinas, cerros escarpados, algunos de los cuales van a dar al Patía. El Guáitara, tributario de éste, costea el Cantón, y además hay otras muchas corrientes que, desprendidas de la serranía, cruzan los campos en en curso hacia la costa. Cuéntase entre éstas el río Blanco, que atravesando una colina por la abertura que hicieron las aguas, y que en seguida convirtieron, merced a la blandura de las tierras aluviales, en álveo profundo, se vierte en el Carchi. Límite, en parte, este río, entre las dos Repúblicas de Nueva Granada y el Ecuador, presenta una curiosidad en el puente natural que lo cubre, y al que debe el nombre de Rumichaca. Que los geólogos nos digan, leyéndolo en las huella  que dejen a su paso las fuerzas de la Naturaleza, en su obra eterna sobre el globo  que pisamos, qué poder, si el del tiempo, si el de las aguas corriente  o si el de otras estancadas, que después se abrieron camino, rompiendo como un hilo el cordón de los peñascos, ha hendido, labrado y socavado las altas y tajadas paredes de las rocas traquíticas, que ajustan en su fondo y esconden en sus bóvedas las aguas espumosas del río. Nosotros no comprendemos la Naturaleza; apenas nos deleitamos mirándola. Acaso esas filas paralelas que se ven incrustadas en las dos murallas son las piedras rodadas que marcan, como de peldaño a peldaño, la escala por donde el torrente ha ido descendiendo hasta el corvo y profundo lecho por donde hoy se ve, aun sumergiéndose más.

     El puente de Rumichaca, cuya altura sobre el nivel del mares de 3,630 metros, es una bóveda natural, bajo la cual se esconde el Carehi. A no ser por el estruendo subterráneo, el viajero pasaría por el arco de La peña que cubre el río sin percibirlo, y como si la tierra no estuviera dividida y tan apartada debajo de sus pies. Al descender, como es posible hacerlo, no obstante lo agrio del escarpe, por el uno u el otro costado del puente, encuéntranse a pocos metros aguas ferruginosas, cuya  temperatura es de 40 grados centígrados. Una vez en la orilla del río, la vista  se tiende espantada y rueda por sobre aquellas olas siempre alborotadas, que se golpean de piedra en piedra y de roca en roca, ya ocultándose en un seno del peñasco, ya remolineando, como en un instante de  indecisión, para lanzarse después, ciegas, a trechos sin aire y sin luz,  cual si buscaran el corazón de la tierra. Aves negras, amigas de la oscuridad, revolotean sobre sus espumas, mecen sus nidos sobre ellas y  parecen sin fuerzas ni viento para levantar su vuelo hasta el bosque que queda encima. Cuando de este santuario del agua y de la peña, vuelve a salirse hacia el mundo que se ha dejado arriba, a cada paso se pierde un gemido de la onda subterránea, y parece que se deja algo atrás como de misterio y soledad que no ha de encontrarse otra vez. ¡Que cándida sencillez la del Reverendo Velasco, que hace a los incas del Perú artífices de este capricho de la Naturaleza Las rocas unidas en este sitio, no están en todos los demás tan apartadas que no sea posible, en más de uno, poner un pie en territorio neogranadino y otro en territorio ecuatoriano, dejando de por medio el río angosto y espumante en lo hondo del cauce.

      Decía que acompañan a Monografías obras muy apreciables, y así es la verdad.

      Estas obras, que yo conozca, son:

      Una excursión al territorio de San Martín, por el doctor Emiliano Restrepo E.

      Viajes por Colombia, por Jorge Brisson.

      Casanare, por el mismo.

      Colombia, por Elíseo Reclus.

      La Répúblique de Colombie, par Henry Jalhay.

      La République de Colombie, par Ricardo Núñez & Henry Jalhay.

     Up the Orinoco & Down the Magdalena, by H. J. Mozans. A long the Andes & Down the Amazon, by  H. J.       Mozans

     Quito to Bogotá, by A.C. Veatch.

     Colombia, by Phanor James Eder

     Memorándum de viaje, por Joaquín Rocha. Por el Sur de Colombia y Al Meta por el doctor Miguel Triana

    Hace el doctor Triana en su bello libro Al Meta un estudio muy interesante de la llanura oriental y reflexiones de hondo sentido civilizador, su libro pudiera llevar el subtítulo, con toda propiedad: La Sal como elemento de civilización. Posee la Nación la salina de Upín, a corta distancia de Villavicencio y desde Upín hasta la salina de Chita las fuentes saladas de Gacheta, Manbita, Chameza, Recetor, Pajarito Sirguasá, Sismosá y Muneque; en la región de Chita en el río Casanare  El Confite El Volcán de la Virgen, los Salitres, Gurtinajo, Cuicas, Las Pavas,  Tubérsiga, Pozo Grande, Pozo Bravo, Pozo Azul y El Palomo.  fuera de otros ocultos en los bosques.

    La sal de Upín está destinada al consumo de los habitantes y de los ganados de la llanura, y la de Chita concurre con los productos de la de Zipaquirá, transmontando  la cordillera, y con la sal marina importada por Maracaibo  y por el Orinoco. El precio de los fletes determina el radio  de consumo, dice el doctor Triana.

    «Tres caminos, añade, parten de  la Salina: 1° el que  conduce a Soata pasando por Chita y Boavita; este camino tiene dos ramales: a Jericó. Sativa y a Socha-Socotá. enlazada así la salina con la vía nacional del Norte que pasa por Soatá, está en comunicación con los pueblos de García Rovira y de Pamplona. Pero de Boavita se desprende por la banda derecha del río Chicamocha un camino directo a Capitanejo para ir a Málaga, plaza de primer orden en el negocio de sal; 2° el que conduce directamente a Pamplona, pasando por Cocuy, que se enlaza con la vía nacional en el Alto del Almorzadero; 3° la vía de Casanare delante de Sácama. se  bifurca para ir a Munchia, Támara y Moreno y para ir a Arauca. pasando por Lope y Tame.»

    La insuficiente producción de sal, a que se agrega el mal estado de los caminos, hace que todos estos mercados estén no bien surtidos de tan necesario artículo.

 

 

1 Merardo Rivas, los trabajadores de tierra caliente, passin.
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