grietas, y formando otras cuevas poco profundas pero bastante amplias.  En Facatativá creen algunos que en estas cuevas escondieron los Zipas sus tesoros; tradición que tienen todos los pueblos de la Sabana en cuyas cercanías se encuentran cuevas, muy comunes en esta meseta, pero con respecto a aquéllas no hay fundamento, porque a menos de  2 metros se encuentra la roca en cualquier parte que se cave. A continuación hay un verdadero caos de monolitos regados caprichosamente, pero que presentan un conjunto agradable a la vista.

    Estas piedras, colocadas las unas al lado de las otras, forman el frente del cerro en su parte más ancha. La cima de la colina está formada por un terreno sólido, que si las aguas corrieran de nuevo, dejarían tal vez descubiertas otras tantas maravillas. En toda la extensión de la ladera que mira al Norte se halla un ancho camino que debieron formar las aguas dislocando los peñascos y echándolos a lado y lado para labrarse un lecho, hoy seco y cubierto de verdura. Nada más pintoresco que este pequeño valle encajonado entre dos murallas de piedra que comunica por sus extremos con la Sabana. Entrando por el extremo inferior se halla a la izquierda una serie de peñas cilíndricas apoyadas por uno de sus lados en una o más piedras, y que lanzan al aire su frente en forma de grandes y toscas cornisas. Frente a éstas hay ana gran mole de 100 metros de longitud y 16 de altura, que es la que ha dado el nombre a la serie de rocas: a la sombra de ésta fue donde Rojas acampó en el siglo pasado, como lo rezan las siguientes inscripciones que copiamos allí:

     " Aquí posó Josphe de Roxas Acosta a 29 de octubre del año de 1739.

     " Llegó Josphe de Roxas Acosta a 29 de diciembre de 1740."

     En la parte superior de la bóveda que forma la cornisa de esta peña está delineada con alguna perfección por una veta natural de color gris una cara de mujer, que los sencillos indígenas del Distrito creen es una imagen de la Santísima Virgen.

    Hay además una gran multitud de rocas aisladas, casi todas con jeroglíficos, entre las cuales se ve una que tiene un pozo de agua de un metro de profundidad y 150 de diámetro.

     El día 14 visitamos las escuelas primarias : la de varones se abrió el 3 de febrero, y está regentada por la señorita Lucrecia Quijano, quien se ha hecho querer y estimar en la población por su conducta y consagración. Hay 133 niños matriculados, y la asistencia diaria es de unos 100, los cuales están divididos en tres secciones, según el grado de sus conocimientos. Examinamos algunos niños, y quedamos muy complacidos del resultado del examen. Se dan allí enseñanzas de Lectura, escritura, Gramática, Aritmética, Geografía, Historia Patria, Historia Sagrada, Religión, Ortografía y Geometría. El señor Cura no hace la clase de Religión, pero sí explicaciones los domingos por la tarde en la iglesia, a las que asisten los niños. Entre éstos notamos buena educación, aseo y progreso en la escritura. El local es amplio, pero no se encuentra en buen estado; carece de excusados, de agua y de una pieza con cerradura para los arrestos. Hay casi absoluta carencia de textos de estadio, pocos mapas, un globo, un tablero, bancos suficientes y no todas las pizarras que se necesitan. No hay útiles de escritorio, de los cuales tienen que proveerse los estudiantes en sus casas. Como el número de éstos aumenta diariamente, creemos indispensable el nombramiento de una Subdirectora, pues a pesar de que la señorita Quijano es una de las mejores maestras que hemos encontrado en la visita, no alcanzará a atender a tantos, mucho más cuando ha habido necesidad de dividirlos en tres secciones.

    La escuela de niñas se abrió el 28 de febrero, bajo la dirección de la señorita Rosalía Plata, virtuosa y consagrada, y tiene 70 matriculadas, que asisten con puntualidad. El local es cómodo, pero se halla en mal estado, y la señorita Directora lo mantiene tan aseado como es posible. No tiene más mobiliario que los bancos, y carece de mesas, taburetes, mapas, globos, textos y útiles de escritorio. Se nota orden y arreglo en el establecimiento. No hay excusados ni agua; se aconsejó a la señorita Directora plantar en el solar de la escuela un jardín para recreo de las niñas, entre quienes debe distribuirse para su cuidado.

     Indicamos a las autoridades políticas que nos acompañaron a la visita la necesidad de reparar el edificio o de enlucirlo siquiera por el momento, indicación que fue atendida al instante por el señor Alcalde, a quien llamamos también la atención al escaso número de niñas que se han matriculado. Para la formación del jardín aconsejamos se destinasen algunos de los detenidos de la cárcel.

     La visita de las oficinas públicas la practicamos el día 15.

     El Prefecto de la Provincia es el señor General Esteban Rubio, y el Secretario el señor don Ignacio de la Cruz, que reemplazaba a aquél accidentalmente; servía de Secretario al señor Cruz don Juvenal Soto A  joven consagrado y laborioso.

     La Prefectura no tiene local propio para el Despacho; se halla en una pieza pequeña y poco adecuada, retirada del centro de la población, y se ha tomado en arrendamiento en una casa particular.

     Lo pudimos dejar constancia de nuestra visita, porque no se lleva allí el libro correspondiente; sólo había uno de visitas hechas por el Prefecto, en el cual no encontramos constancia de que el actual hubiera practicado una sola a ninguna de las oficinas de su dependencia en la cabecera ni en los Distritos.

      Las comunicaciones se copian a mano, por falta de una prensa, en un libro que en otro tiempo sirvió para la Prefectura de Guaduas, y no tiene índice.

      El libro de recibos de pliegos que se despachan se compone de hojas de papel, cosidas y sin encuadernar.

      El de decretos es diminuto y se lleva con orden y aseo.

      El de cauciones de policía contiene una sola.

      No se llevan los de conciertos, de radicaciones, ni trabajo personalsubsidiario.

      El escaso archivo se conserva en buen estado, en legajos sin índice.

      No hay códigos, ni leyes, y el mueblaje consiste en dos mesas y unestante.

      Hicimos al señor Secretario, encargado de la Prefectura, algunas  indicaciones convenientes, que oyó con amabilidad y que creemos serán  atendidas en lo que de él dependa.

      La visita de la Alcaldía se practicó el día 16; está a cargo de don  Abelardo Ángulo, quien tiene por Secretario a don Demetrio Latorre,  joven estudioso y muy recomendable. Del señor Ángulo sólo podemos" decir que por su conducta privada, por su energía y consagración, por  su tino y prudencia, nos ha parecido el mejor de los Alcaldes que hemos encontrado en nuestras visitas.

      No dejamos constancia de la nuestra a la Alcaldía, porque no Encontramos el libro correspondiente, pues no hay tradición de que autoridad alguna superior haya visitado esa Oficina; como el encargado de la prefectura estaba presente, se le recordó la obligación que tiene a ese respecto. El de las practicadas por el señor Alcalde se lleva con orden, pero no encontramos constancia de que hubiera hecho una sola en la escuela de niños: se le ordenó hacer una semanal a cada una de las escuelas del Distrito.

      Se llevan bien el libro de posesiones, el de recibo de pliegos y sumarios, el de ordenaciones contra la Tesorería, el de decretos, conciertos, cauciones de policía, depósitos de animales y copiador de comunicaciones. El de cauciones tiene pocas diligencias, porque, según nos informó el señor Alcalde, hay pocas riñas en el Distrito. Se nota que se presentan muchos animales para el depósito, y que son pocos los conciertos, a pesar del gran número de muchachos vagos que pululan en la ciudad.

     La administración del cementerio está cedida al Párroco, y por eso no se lleva el registro correspondiente ; se ordenó abrirlo y que no se permita inhumar cadáver alguno sin la licencia respectiva del Alcalde, quien al propio tiempo debe velar porque en el campo santo se cumplan las disposiciones de policía.

     No hay libro de resoluciones ni de radicaciones, y se mandó que fueran abiertos.

     El registro de degüellos se lleva, pero en un cuaderno sin pasta.

     La oficina está bien amueblada y tiene estantería, en la cual están colocados los archivos en algún orden, pero sin un índice. Los archivos son escasos, porque en las Administraciones anteriores se dispuso de ellos vendiéndolos por libras.

     Hay un solo sumario en curso y ninguno demorado.

     Por último se indicó al señor Alcalde cómo debe formarse la lista de los decimos para arreglar el trabajo personal subsidiario, y desde el  mismo día tuvimos el gasto de ver que principió a obrar en ese sentido con actividad.

     El presupuesto de rentas para el presente año asciende a $ 6.832 distribuidos así: El 1 por l,000 sobre la propiedad raíz, $ 1,200 , matadero, $ 1,000, almotacén y coso, $ 2,102; juegos, $ 180; arrendamiento de tiendas, $ 210; derechos de cementerios, $ 100 , área de población, $ 60; renta nominal, $ 480 , trabajo personal, $ 300; tiendas de la casa municipal, $ 120; aprovechamientos, $ 200; arrendamiento del local del hospital militar, $ 80. Para el pago de serenos, local y alumbrado está votada la partida de $ 1,346.

     El cuerpo de serenos consta de 8 individuos, y por consiguiente su. servicio es tan imperfecto como el alumbrado de las calles, pero no por eso deja de ser útil para la seguridad y el orden.

     El Juzgado del circuito en lo civil está a cargo del inteligente y laborioso joven don Isidoro Talero, que hacía pocos días se había posesionado del empleo. El local es cómodos pero se halla en muy mal estado y poco aseado, cursan allí seiscientos cuarenta y un negocios civiles, carece de códigos y leyes, y los que están en servicio son de propiedad particular del señor Juez. Del 1.° al 15 del presente formó éste un ordenado inventario y despachó cuarenta y siete negocios; dictó tres sentencias definitivas y tres autos interlocutorios.

        En la noche del día 16 y la mañana del 17 nos ocupamos en tomaralgunos datos de los archivos parroquiales, que nos facilitó bondadosamente el Reverendo Padre Salazar. Aquellos no son completos, porque  el día 12 de octubre de 1785 un terremoto derribó la iglesia y la casa  cural y destruyó en parte los libros parroquiales. El doctor don Juan  Ignacio de Salazar y Caicedo, Cura entonces, repuso en lo posible esos  libros. De debajo de los escombros de la casa hizo sacar el doctor Salazar los libros, y encontró qué había, once embarrados, mojados can los aguaceros y casi desleídos. Además, en un libro de bautizos hay una nota  en que consta que en tiempo del dictador T. O. de Mosquera, el ya finado Hilarión Olaya se apoderó de algunos libros y no devolvió cuatro o cinco de bautismo y quién sabe cuántos más, y que otros individuos también se llevaron libros.

      La primera fecha que encontramos en el archivo es de diciembrede 1692, en una nota firmada por el doctor Sebastián Rodríguez, Cura  doctrinero, quien dice que al tomar posesión sucede a Juan García  Duque. Cura interino por muerte del Maestro Fernando de Montoya.  De 1685 a 1699 fue Cura el Maestro don Bernardo de Guzmán Ponce  de León y Saavedra, de quien se burlaba mucho su sucesor en notas  que ponía al pie de las partidas; 1699. doctor José Bracio de Salvarrieta; 1705, doctor Sebastián Ospina; 1711, doctor don Lucas de Céspedes ; 1721, doctor Sebastián Rodríguez, 1722, doctor don Antonio Osorio; 1727 a 1736, doctor Juan Esteban Saucedo y Cortázar, hombre deciencia y de grandes virtudes, a quien encargaban con mucha frecuencia los Prelados de hacer visitas en las demás parroquias de la Arquidiócesis ; 1736 a 1738, doctor don José Ignacio Flórez y Venegas  1738  a 1750, Maestro José Patricio de Cárdenas Darán ; 1751 a 1766 doctor  José Rodríguez del Basto; 1756 (28 de septiembre) a 1769, doctor don Ildefonso Antonio Madrid; 1769 (3 de diciembre), doctor JuanIgnacio de Salazar y Caicedo, que murió el 7 de septiembre de 1797 ; le sucedió interinamente el doctor Agustín Salgado hasta el 1.° de julio de   1798, que se publicó como Cura propio al doctor don Agustín de Ricaurte y Torrijos, quien desempeñó el Curato hasta 1801. En tiempo del doctor Saladar visitó la parroquia el Arzobispo señor don Agustín   Alvarado y Castillo, en 1777 ; y en 1791 el Ilustrísimo señor Arzobispo don Baltasar Jaime Martínez Compañón, quien hizo 739 confirmaciones de hombres y 693 de mujeres ; 1888, doctor Silvestre Figueroa 1802 a 1807, doctor José Santos González y doctor Manuel Garay  1807 20 de febrero) a 1818 (29 de octubre), doctor José de Torres ; 1818 (18  de noviembre) a 1833, doctor José Manuel Fernández Saavedra 1.

 

 

1   Nació en Bogotá el día 15 de enero de 1798, según el doctor José María  Samper; hizo sus estudios como hijo del Colegio de Nuestra Señora del Rosario, donde puso de relive su gran talento y su vocación sacerdotal; fue Vicerrector y Rector de este ilustre Colegio; recibió las sagradas órdenes a los veintidós años; se encargó por poco tiempo del Curato de Guasca, de donde  pasó al de Facatativá; el Ilustrísimo señor Mosquera lo sacó de allí para hacerlo Sacristán Mayor de la Iglesia Metropolitana; por oposición obtuvo la Canonjía doctoral, y en 1850, a propuesta del Poder Ejecutivo, le confirió el Senado el empleo de Dignidad Tesorero de la misma iglesia; el Congreso lo nombró Obispo de Panamá, y no aceptó; fue varias veces Senador y Representante, y murió en Bogotá el día 14 de octubre de 1877. El doctor Saavedra fue eminente orador sagrado, profundo escriturario y hombre de generales y no superficiales conocimientos en otras materias; como autor no dejó nada que  recomiende sus talentos, a pesar de que escribió bastante. Como Cura de Facatativá apenas se limitó a cumplir sus deberes sacerdotales, sin desviarse del camino recto; pero una vez establecido en Bogotá, parece que le trastornaron la cabeza los elogios y las ideas de moda en esa época, y se dejó arrastrar por la senda de la política, de manera que a poco se vio alejado de la mayoría del virtuoso clero colombiano y de su propio Pastor, el señor Mosquera, y emprendió la ingrata tarea de escribir contra la Compañía de Jesús y contra aquel eximio Prelado; y no se contentó con esto, sino que avanzó por el mal camino hasta hacerse masón. Estas graves faltas del elocuente orador son borrones indelebles en su vida, que no pueden olvidar los colombianos, a pesar de que él se arrepintió de ellas y murió como católico. Los últimos doce años de su vida estuvo ciego, dando ejemplo con su palabra y con sus hechos.
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