En igual fecha del año de 1864 la expresada corporación autorizó al Gobierno para fomentar la apertura de una nueva vía.
En virtud de esa autorización, que se retiró más tarde, por la Ley 7 de 20 de marzo de 1867, la Administración Mosquera celebró un contrato con el General Leonardo Canal, el 6 de noviembre de 1866, por el cual este se comprometió a abrir el camino y a establecer la navegación por vapor en el río Patía, desde la desembocadura del Nulpe hasta el mar 1. El contratista trató de formar una compañía anónima con el objeto de explotar las arenas auríferas del Telembí y cumplir los compromisos que contrajo en el contratos pero ningún beneficio reportaron los habitantes del Sur, a pesar de que el Gobierno ayudaba a la empresa con $ 250,000 en acciones que suscribía y con 40,000 hectáreas de tierras baldías.
Derrocado el General Mosquera, el Congreso improbó el contrato por la Ley 29 de 4 de julio de 1867.
Por la de 22 de abril de 1872 cedió el Congreso al Estado del camino a la hacienda de Chaitán, en la mesa de Túquerres, con el exclusivo objeto de que su valor se invirtiera en los trabajos del camino.
Animada con tan valioso auxilio, la Legislatura del Cauca resolvió dar un paso firme, y así, por la Ley 357 de 1872, mandó empezar la obra por administración, y creó una junta con ese objeto.
El Bien Publico de Pasto, dice que la Legislatura aplicó a ella en 1873 el fundo de Chaitán, todo el producto del peaje del Guabo y Coaiquer en el mismo camino 2 y la mitad del producto de la Aduana de Tumaco.
No conocemos esta disposición, pero al la Ley 26 de 1873 de la misma corporación, que dispone que se emprenda la obra por contrato.
El Presidente del Estado, General Julián Trujillo, hizo venir entonces de los Estados Unidos a los ingenieros Enrique Stiles y Enrique Finlay, para que hicieran el trazado; por lo cual les pagaba $ 10,000. Ellos llenaron a medias su cometido, presentando un trabajo que más tarde se utilizó en parte. Doscientos mil pesos fue la suma apropiada entonces para la obra.
El 31 de diciembre de 1873 se celebró un contrato con el señor César Castro y con los dos ingenieros americanos, por el cual se comprometían éstos a entregar construido el camino en el término de tres años, mediante el pago de $140,000 por las 29 leguas que calculaban ellos mediaban entre Túquerres y Barbacoas. Castro había dicho, en su carácter de Ingeniero comisionado por el Gobierno para hacer una exploración, que sólo se invertirían $ 120,000 3.
Los trabajos empezaron en 1874, y después de gastar $ 150,000, según El Bien Público, "sólo se hizo una pica" que empeoró las condiciones del tránsito.
El Gobierno General, que veía al Cauca tomar al fin interés era la redención del Sur, apropió, por Ley de 17 de junio de 1876, la suma de $ l00.000, pagaderos con el 20 por 100 de la Aduana de Tumaco (vendrían a ser unos $ 2,000 anuales en aquel tiempo) para ayudar a los gastos.
Para activar los trabajos se organizó en Túquerres, el año de 1878, un cuerpo de zapadores, según lo avisó entonces el Secretario de Gobierno del Cauca al del Interior y Estaciones Exteriores.
Como se adelantaba poco, y los gastos eran considerables, para atender a éstos se remató, en marzo de 1881, por $ 37,866, la hacienda de Chaitan, y la Ley 5 del mismo año apropió la suma de $ 30,000 en el Presupuesto Nacional. La Legislatura del Cauca, por la Ley 14 de 13 de agosto del citado año, autorizó al Presidente del Estado para nombrar un Superintendente que vigilara los trabajos, con $ 100 de sueldo.
El año siguiente el señor Stíles avisó al Gobierno que se retiraba del contrato. El Presidente no convino en ello, como tampoco había accedido a la solicitud de rescisión que le hizo Castro el 3 de noviembre de 1879. Sin embargo, ambos se retiraron, parece que en virtud de convenios privados; pero ni la responsabilidad de ellos cesó, ni se dio paso para hacerla efectiva.
La Ley de 11 de septiembre de 1882 dispuso aplicar a los gastos del camino el producto liquido de la Aduana de Ipiales, que apenas producía para sus gastos.
Ninguno de estos auxilios nacionales se hacía efectivo, y por eso la Ley 26 de 18 de junio de 1883 ordenó al Gobierno que dictara medidas eficaces para que se cumpliera lo dispuesto a ese respecta pero esto también se quedó escrito, y la vía continuaba en tal estado que en 1887 el Administrador de la Aduana de Tumaco escribió al señor Nicolás Pontón que loe habitantes del Sur hacían todo su comercio por el Ecuador, por falta de un camino a Barbacoas.
En ese mismo año el notable mecánico e ingeniero americano Mr. Charles de St. Charles, el Coronel Gustavo Guerrero y los señores Bernardo de la Espriella y Anselmo Figueroa, promovieron la formación de una compañía anónima, con el objeto de construir un ferrocarril hasta el Telembí, y vinieron a Popayán en agosto a proponer a la Gobernación se les cedieran con ese objeto las rentas del camino, y que ellos se comprometían a sufragar la mitad de los gastosa pero no fueron atendidos. Juzgamos que el sistema de ferrocarriles es el más apropiado y económico para caminos de aquella región.
En el de herradura efectivo trabajando por aquel tiempo, como Inspector, el señor José María Cantera, e hizo tan poco que, dice El Meridional de Pasto de 1889, sólo alcanzó a arreglar 53 cuadras con un gasto de más de $ 20,000.
La Asamblea del Cauca dispuso, por Decreto de 28 de enero de 1888, nombrar al ingeniero don Julián Uribe, con $ 250 de sueldo, para hacer una inspección en la ruta conocida y estudiar otra que se proyectaba en Pasto, y que también exploró el señor Uribe. Los considerados del Decreto dicen, en sustancia que hasta aquella fecha se habían invertido $ 130,000 "sin provecho alguno," pues no se habían podido dar al servicio publico las secciones entregadas, "por haberse convertido en intransitables lodazales.
En junio siguiente avisó el Secretario de Hacienda a la Asamblea que el señor Uribe había informado que por la vía de Túquerres se podía construir un camino de herradura, amplio y estable, con un costo que no excedería de $ 80,000.
El Secretario dice que los trabajos se empezaron, en virtud de lo ordenado por Ley del Cauca de 1872, por medio del contrato que dejamos citado arriba, que hubo que suspender, y agrega:
"Se invirtieron algo más de $ 100,000 en lo que entonces se practicó, suma que perdió completamente el Departamento, porque los pésimos trabajos que se ejecutaron pusieron el camino en peor situación, creando graves dificultades en el tránsito, por los profundos lodazales que se formaron y que la incuria de los contratistas no permitió remediar en tiempo oportuno."
La Ley de 16 de octubre de 1888 destinó $ 160,000 para la apertura del camino por la vía que señalara el ingeniero nombrado por el Gobernador del Cauca, y dispuso que si la obra se emprendía por privilegio se concediera éste por noventa años y tomara el Gobierno $ 60,000 en acciones.
En septiembre de 1890 decía El Obrero de Pasto que la ruta trazada por Castro, Finlay y Stiles, de Altaquer a Barbacoas (48 millas, decían ellos, pero son 35 completas), había resultado inapropiada para un camino de herradura, y por eso todo el tráfico se hacía a espaldas de peones.
Sin embargo, posteriormente, encargado de la obra por administración el señor Uribe, alcanzó a mejorarla, de manera que el 25 de septiembre de 1891 entregó un gran trayecto concluido hasta Altaquer.
Para celebrar tan fausto suceso hubo regocijos públicos en Barbacoas, adonde llegaron a caballo el 10 de agosto el joven ingeniero antioqueño y sus subalternos Carlos Fletcher y Nemesio Rodríguez. Este fue otro grande acontecimiento para aquel puerto fluvial, pues era la primera vez que gentes de caballería entraban a la ciudad. El pueblo se agolpaba a conocer lo que creía vacas sin cuernos.
El doctor Víctor Muriel escribía en El Bien Publico de Pasto:
''Cerca de medio millón de pesos cuestan las 19 leguas que promedian entre Barbacoas y San Francisco."
A pesar de la acertadísima dirección del ingeniero señor Uribe, todo revelaba que el camino no tenía cuándo concluirse, porque, o no se suministraban oportunamente los fondos y la herramienta indispensables, o se distraía a los trabajadores, por orden de las autoridades, en luchas electorales, dejando perder en pocas semanas lo adelantado en muchos meses y a costa de grandes sacrificios, o los pagadores nombrados por el Gobierno daban diferente inversión a las sumas destinar das para el pago de jornales.
Entonces se dejó de pagar a los jornaleros la suma de $ 15,398-65 pero debido a los esfuerzos del señor Uribe y a la buena voluntad del Gobernador del Cauca, señor Primitivo Crespo, se pagó la mayor parte de esta suma en 1893, pero todavía se adeudan $ 3,280-85 a aquellos infelices. Creemos que el Gobierno del Departamento está obligado a pagar esta suma, porque él es el responsable de las malversaciones, por haber nombrado empleados sin exigirles las seguridades del caso, y porque los obreros alquilaron sus brazos bajo la garantía y fe del Gobierno.
El señor Crespo nos hizo el honor de comisionarnos para efectuar aquellos abonos, y si no hubiera sido por esa circunstancia y, sobre todo, por la eficaz y desinteresada intervención del señor Uribe, tal vez no se habría disminuido la deuda.
Al fin, en 1892, dio el Gobierno de Popayán un paso decisivo para conservar lo construido o concluir lo que faltaba del camino; celebró un contrato con el señor Ignacio Muños, el más atrevido y más cumplido de los contratistas del país.
El señor Muñoz correspondió superabundantemente a la confianza que se tenía y depositó en él Su primer paso fue acertadísimo, pues llamó al señor Uribe a que se hiciera cargo de la obra como ingeniero. Los otros, como representantes de Muñoz, tuvimos la fortuna de acompañar a aquel amigo en los trabajos.
Las instrucciones que nos dio el contratista fueron lacónicas y precisáis; "ustedes construirán un camino que haga honor al Departamento y deje muy bien puestos nuestros nombres, y no se parea en gastos."
Catorce meses después, con 1,000 peones, modelos de disciplina y consagración, y con un selecto cuerpo de empleados subalternos, estuvo terminado el camino, y quedaron cumplidas las aspiraciones del Sur, las condiciones del contrato y las instrucciones dadas por el señor Muñoz.
Conocemos todo el país, y sin temor de que se nos contradiga, podemos asegurar que aquel es el mejor camino que tiene Colombia.
Dos meses después de hecha la entrega lo recorrió el General Rafael Reyes, y sus impresiones las consignó en carta que escribió en Tumaco el 30 de noviembre de 1893, y publicó La Unidad Nacional, de Popayán:
" Recorrí dice el camino de herradura que la Regeneración ha abierto de Barbacoas a Túquerres: es el mejor que hay en la República; mide más de 30 leguas, con amplio desmonte de 30 metros, y 3 metros de verdadero macadam de cascajo de primera clase, con pendiente máxima de 15 por 100, y éstas son muy escasas 4; de suerte que puede andarse en ruedas, y si no lloviera, podría recorrerse todo él con zapatos de baile, tan bueno así es el piso. Este camino cuesta al Tesoro lo menos medio millón de pesos, y su conservación anual, no menos de $ 40,000, estas cifras dicen elocuentemente que esa vía no se ha construido y no se conserva solamente para proveer de queso y cecina a los barbacoanos, que para este servicio bastaba la antigua vereda de a píe: caminos como éste se hacen para despertar y fomentar el comercio y la industria de pueblos numerosos, como son los que están desde el Mayo hasta Quito; para todos ellos la salida al mar más económica y pronto es el camino de Barbacoas, y es tiempo de que se aperciban de esta verdad, y de que sepan que ninguna de las comarcas que tienen poblaciones en las cimas de los Andes tiene, en todo el Continente, mejor comunicación con el Océano que ellas, y que, en consecuencia, pongan en actividad sus notables condiciones de laboriosidad y de economía para entrar con firmeza por la vía del progreso."
Actualmente el camino se conserva por administración. Si este sistema sostiene el camino en tan buen estado como lo mantenía el contratista, es muy plausible la economía que dicen se hace; pero tememos que a pesar de que el Administrador nombrado, señor don Víctor Triana, ha sido muy acertadamente escogido, si se le escatiman los recursos, la obra sufra.
1 El Nulpe no es afluente del Patía; con el Chota y el Guisa, o Guabo, forma el Mira.
2 En el último bienio se remató el peaje en $ 54,000.
3 El señor Trino García, activo y entusiasta corresponsal del Diario de Cundinamarca, decía en una de sus revistas que el señor Rafael Rodríguez había medido la distancia, y encontrado que era de 28 leguas ; sin embargo, son 32 leguas 11 cuadras y media.
