A las siete de la mañana del sábado 24, salimos de Mompox con gran alegría. Las orillas del río eran planas, pero estaban pobladas de bonitos ranchos rodeados de platanales. El termómetro a la sombra, en este día y a las cuatro de la tarde, marcaba 88º. Uno de nuestros monos (teníamos dos a bordo) saltó a la playa y dos o tres bogas frieron a los bosques en su búsqueda. Lo trajeron muerto. Con sus machetes o largas peinillas, que siempre llevan consigo, lo habían herido cuando trataba de subir a un árbol. En nuestra excursión de caza vimos pelícanos de color escarlata en posición conveniente de buen tiro. Al ir bordeando, y mientras caminábamos cruzando algunos vallados y pasto muy alto, con el afán de conseguir el ave, nos íbamos deslizando silenciosamente para lograr cazarlos. De repente oímos un gran ruido y un crujido en los vallados e inmediatamente supimos que un jaguar o tigre había saltado y se disponía a atacarnos. Rápidamente aprestamos nuestros fusiles dispuestos a defendernos como pudiéramos, pero fuimos agradablemente desilusionados al echar un vistazo a una garza silvestre que pasó apresuradamente por nuestro lado y que había sido molestada en su retiro sombreado.

Hoy navegamos seis leguas aguas arriba y dormimos en la orilla opuesta a la aldea de Guama, que se halla a la orilla derecha del río Magdalena. Había nubes de mos quitos en esta orilla arenosa y el río estaba lleno de caimanes, los cuales hacían mucho ruido duran te toda la noche chapaleando y golpeando el agua en persecución de los peces, impidiéndonos dormir, por estar nuestros catres muy cerca del río. Los bogas nos advirtieron que los caimanes rara vez salían del agua por la noche, lo cual era una noticia agradable pues hubiera sido una visita muy inoportuna.

Continuamos el viaje al despuntar el día, seis de la mañana. El termómetro a la sombra marcaba 7°F. Elcoronel Campbell tuvo hoy la suerte de matar una cabeza negra, caza que durante mucho tiempo habíamos tratado de hacer. El ave era muy alígera y tuvimos mucho trabajo para capturarla, pues parecía correr tan rápidamente como un avestruz, ofreciendo resistencia con su largo pico, cuando uno de los bogas lo alcanzó en una parte panda y lo golpeó con su larga pértiga. Este curioso pájaro medía diez pies de ala a ala y seis pies delpico a las patas; parado medía cinco pies de altura; sin plumas en el pescuezo, su piel era sencillamente tosca. Caminaba de manera tan majestuosa que por eso había adquirido el nombre de El Capitán. Nuevamente dormimos en unaorilla arenosa, y como el viento había derribado los mosquiteros, estos insectos nos chuparon la sangre con toda libertad. Salimos al despuntar el día. La pierna mía estaba tan hinchada e irritada a causa de las picaduras de los tiranos, que no pude por eso acompañar al coronel Campbell en su excursión de cacería.

Llegamos a El Peñón a las diez de la mañana, donde permanecimos el resto del día para contratar dos bogas más y reparar el techo de la piragua. Después del almuerzo el coronel Campbell salió de caza y trajo al buque un lindo monito, llamado tití, de color negro y gris claro, el pecho y la barriga de color chocolate y la cara lampiña de aspecto agradable; además una ave zancuda acuática, de alas amarillas brillantes, y un enorme halcón que durante algún tiempo había sido el terror de las aves de corral de la aldea. Por la noche una india vieja le trajo al coronel Campbell unos huevos de regalo por el servicio que le había prestado al matar al halcón. Los muchachitos bailaban alrededor del pájaro muerto en demostración de alegría por su ejecución. El termómetro a la una de la tarde marcaba en la sombra 822°F. Los padres tenían la peculiaridad en esta aldea de hacer rezar a sus hijos tres veces al día; ellos se arrodillaban y entonaban las oraciones en español. Comimos algo del ave cabeza negra en la comida; era la suya una carne áspera y dura.

Por la tarde presenciamos una procesión religiosa con seis faroles de papel colgados de palos, una cruz y un cuadro pintarrajeado. La procesión dio la vuelta a la iglesia y recorrió la aldea de un extremo a otro. Figuraban en ésta unas sesenta personas entre hombres, mujeres y niños, y un indio anciano que marchaba a la cabeza cantando las vísperas. Luego el mismo indio nos contó que esta ceremonia se hacía dos o tres veces a la semana para mantener alejados a los espíritus malignos. Nos hospedamos bien en casa del alcalde. Durante el gobierno español El Peñón perteneció al rey de España y le pagaban un tributo anual; en la actualidad pagaba algo menos el gobierno de ahora. Casi frente a El Peñón hay un pequeño caño o canal que se comunica con un lago llamado Zapatoza, pero es únicamente navegable por canoas cuando el río está crecido durante las lluvias periódicas. Nos dijeron que la superficie de este lago estaba poblada de gallinetas silvestres.

En esta aldea vimos el árbol de guayaba de cuyo fruto se hace una jalea del mismo nombre y gran cantidad de ésta se envía a Europa. La plaga o sea el jején se encuentra únicamente en algunas partes especiales del Magdalena, y estos caballeritos ejecutan la operación de chupar sangre durante el día. Los meses de marzo, abril, septiembre y octubre son los peores para los mosquitos, pues es la temperatura lluviosa. El termómetro a las dos de la tarde marcaba a la sombra 90°.

Salimos de El Peñón a las cinco de la mañana. A orillas del río había gran cantidad de bambúes espinosos, cuyas espinas agudas tenían pulgada y media de longitud, sin hojas y de veinte pies de altura. El señor Cade mató un pájaro curioso, de aspecto parecido al halcón; el cuerpo de color chocolate, la cola de once pulgadas de longitud y de color verde bordeada de blanco, el pico amarillo y el ojo de un bello color carmesí.

A las cinco de la tarde llegamos a San Pedro y salimos al día siguiente a las cinco de la mañana. Compramos algunos capones aquí por tres reales (un chelín y seis peniques cada uno). Vimos enormes montañas al S.E. en lontananza. El termómetro a las doce marcaba en la sombra 88° F. Pasamos por Braquela de Morales, pequeño atajo no navegable durante todo el año. Nuestro cocinero había sufrido tanto a causa de los mosquitos, que llegamos a temer que a causa de las picaduras y la irritación de las mismas. Sus actividades culinarias quedaran temporalmente suspendidas. Hoy escuchamos a una nueva especie de monos charlando en los árboles; eran pequeños, de color castaño oscuro y con rayas en el cuerpo. Dos patos reales atravesaron nadando este brazo del río con su pollada. Ellos son como la mitad de nuestros patos domésticos y los caimanes nunca los molestan. Las aldeas a orillas del Magdalena so n por lo general muy aseadas, mucho más que las de la parte sur de los países de Europa, y siempre hallamos a los habitantes apacibles y deseosos de servir a los extranjeros.

Dormimos esa noche en la playa y al cabo de pocas horas nos despertaron de nuestro sueño tranquilo los bogas, anunciando la proximidad de una tempestad. Este anuncio produjo un desorden general ocasionado por el transporte de nuestras camas bajo el toldo del champán, ya que las tempestad es en los climas tropicales son más espantosas que en Europa . La lluvia cae a torrentes y los relámpagos son vivos y centelleantes; el trueno retumba en las montañas distantes con majestad aterradora. A causa del gran dolor que tenía en la pierna izquierda, pasé el resto de la noche muy incómodo. Salimos al rayar el día, aun cuando sufrimos alguna demora en poner a flote el champán, que se había embarrancado.

A las tres de la tarde llegamos a una bonita aldea muy notable llamada Morales. La vista que se divisaba desde ésta era extensa,circundada por una cadena de montañas elevadas, bellamente cubiertas de árboles en la cima. Nos hospedamos en la casa de una viuda que estaba en condiciones holgadas y que tenía dos hijas muy bonitas, la mayor de las cuales se había casa do hacía un año. Nos consideramos muy afortunados de haber sido tan bien recibidos por la viuda. Nos levantamos a las cuatro de la mañana y enviamos nuestras camas al champán. Pronto empezamos a sospechar que se aproximaba una tempestad , a juzgar por las miradas sombrías y ariscas de nuestros bogas, si bien ignorábamos aún completamente el motivo del disgus to. El champán pequeño se quedó atrás en busca de reemplazo para dos enfermos y un fugitivo. Después de haber navegado corto trecho en el champán grande, nuestro patrón nos informó con gran sorpresa nuestra que era dudoso cuándo podría seguir el viaje el pequeño champán, pues los hombres estaban muy disgustados de no haber descansado un día en Morales. En tales circunstancias, creímos conve niente regresar a la aldea. Ante esta decisión me pareció observar que los ojos de mi joven secretario brillaban de gusto y por los acontecimientos subsiguientes me convencí de que no estaba equivocado en mi juicio. La menor de las hijas del ama de casa, se había prendado de él y le había regalado dos anillitos de oro: parecía que en ella encontraba una compañía más agradable que la aburridora monotonía del champán. En esta ocasión él se consideró como "garcon de bone fortune", El semblante de la más joven era completamente como el de una gitana, con rasgos delicados, ojos negros y la astucia peculiar de estas tribus errantes; ella estaba comprometida para casarse con su primo, elegante joven criollo. Nos vimos obligados a hacerles una severa reconvención verbal a nuestros bogas y amenazarlos con dar parte al gobierno de Bogotá y enviarlos como soldados al Perú, cosa que los alarmó bastante. Conseguimos tres hombres nuevos, en reemplazo de los dos enfermos y del desertor a quienes convinimos en pagar treinta y seis duros españoles. La población de Morales cuenta con ochocientas almas. De aquí se envía una gran cantidad de chocolate a Cartagena. Hay bonitas hile ras de palma real sembradas a lo largo de la playa del río, frente a Morales, y también hay muchas en las casas que mejoran la apariencia de la aldea. Las aldeas están siempre rodeadas de bosque, y sus plantaciones de caña de azúcar, etc., a distancia, mantienen alejados a los cerdos. Al despedirnos de la distinguida dama y de sus hijas, aquella nos dijo en español: "Adiós caballeros, no se olviden tan pronto de las pobres muchachas de Morales , cuando hayan conocido a las bellas señoritas de Bogotá". Creo que ellas tenían razón en su conjetura , aunque pude observar, no obstante, que uno de nuestros pasajeros estaba muy triste durante el día. Estas muchachas, verdaderamente, eran las más bonitas que habíamos conocido desde nuestra llegada a Colombia. En Morales vimos varias mujeres y un hombre con bocio, larga inflamación en el cuello, que se supone es motivado por tomar agua del Magdalena. Salimos de Morales el 31 de enero a las cinco de la mañana. No pude caminar hacia el buque sin ayuda, debido al dolor de la pierna izquierda. El termómetro a las tres de la tarde marcaba 92° F a la sombra, y en el sol 1160° F.

Llegamos a Vadillo a las seis de la tarde, día de mucho trabajo. Había una gran muchedumbre de gentes estacionadas a orillas del río mirando el champán: al preguntarles, supimos que al día siguiente, domingo, por ser la fiesta de la Candelaria habría una importante feria . A esta festividad y feria asisten muchos habitantes de la ciudad de Cimití, de la provincia de Cartagena, a seis leguas de distancia de la aldea de Vadillo y al extremo de un lago que se comunica con el río Magdalena. En las cercanías de Cimití, la gente lava la arena en busca de oro en polvo, del cual obtienen considerables cantidades que envían a Mompox para su venta. Por la noche la aldea es extraordinariamente alegre: grupos aquí y allá de hombres y mujeres, con sus vestidos de fiesta , juegan baraja apostando dulces, o bailan. Aquí vimos la danza negra o africana: la música consiste en pequeños tambores, y tres muchachas que palmotean exactamente al compás, algunas veces rápido, otras lento, se unen al coro mientras que un hombre canta versos improvisados y en apariencia con mucha habilidad. De una canción patriótica recordamos estas palabras:

Mueran los españoles picarones tiranos;
Vivan los americanos republicanos.

 


En una de estas danzas favoritas, las actitudes y movimientos son muy lascivos. Las bailan un hombre y una mujer. Al principio del baile la dama es esquiva y tímida y huye perseguida por el caballero; pero al fin se hacen buenos amigos. Este es un baile más voluptuoso que el fandango de la vieja España. Algunos de los cimitenses baila n especialmente bien. Hacían tanto mido las danzas hasta las tres o cuatro de la mañana, qu e difícilmente pudimos pegar los ojos; nos sorpren dió ver a varios de nuestros bogas que habían estado impeliendo los champanes al rayo del sol durante trece horas en el mayor jolgorio del baile. En Cimití las mujeres lucían hermosas cadenas de oro con cruces en el cuello y grandes zarcillos en las orejas. Pocos días después de nuestra llegada a Vadillo habían matado en el vecindario un enorme tigre que había producido grandes estragos en el ganado. Los champanes se pusieron en movimiento a las cinco de la tarde. El coronel Campbell y el señor Cade salieron en la piragua de cacería y mataron dos pavos silvestres, varios pares de becardones y un pájaro carpintero de gran copete escarlata. El termómetro a las dos de la tarde marcaba 88° F a la sombra. Pasamos la noche en la orilla del río. Los caimanes y peces cada vez eran más escasos. Salimos al despuntar el día. En este día vimos a gran distancia las montañas de la sierra Simiterra, en la provincia de Antíoquia: parecían ser de gran altura.

Llegarnos a las siete a San Pablo, - donde pasamos la noche. En las cercanías las orillas del río eran muy empinadas, llenas de agujeros, en los cuales los vencejos construyen sus nidos. El terreno aquí no es tan rico ni arcilloso, sino algo cascajoso, con una suave ondulación hacia las montañas. Aquí dejamos a uno de nuestros bogas que se sentía enfermo de disentería; yo le di un poco de calomel y ruibarbo del botiquín que llevaba; pero temo que mi experiencia sea tan mala como la del doctor Sangredo, pues el pobre individuo se puso peor y no pudo continuar el viaje. Salimos al despuntar el día. En algunas de las orillas vimos gran variedad de hermosas mariposas de todos colores y tamaños; no nos tomamos la molestia de coger ninguna, porque no estábamos provistos de cajas pequeñas o cajones para colocarlas, y si no se guardan bien se las comen las hormigas blancas.

Dormimos en una casa solitaria, situada en una buena posición, rodeada de extensas plantaciones de cacao y platanales, etc. El propietario había vivido aquí doce años. Las mazorcas de cacao en los árboles parecen pequeños melones ordinarios y tienen un color rojizo, están llenos de granos, de los cuales se obtiene el chocolate. El terreno a orillas del Magdalena es particularmente ventajoso para el cultivo del árbol de cacao, pues es rico y húmedo. Frente a la casa había un naranjo que fue sembrado hace siete años. Tenía diez piesde circunferencia. Ya me sentía mejor de las piernas y podía andar cojeando con un par de bastones. Compramos aquí once pollos capones por treinta y tres reales y una curiosa honda con bolas duras de arcilla, usadas para matar guacamayos, loros y periquitos cuando ellos invaden los cacaotales y platanales. El amo de la casa nos informó que había matado un león hacía poco tiempo, pero yo después descubrí que pertenecía a la especie del leopardo, el color era de león pero bastante pequeño con la cola semejante al del león africano. Este hombre era adicto a la causa de la Independencia y le había regalado al ejército patriota una cantidad considerable de chocolate, cuando bajaba del río Magdalena para atacar a las tropas españolas. En nuestra travesía hoy por el río, la proa del pequeño champán chocó contra nuestro toldo con gran violencia cerca de donde estaba el coronel Campbell; si le hubiera golpeado el impacto probablemente le habría fracturado dos o tres cos tillas. Nos causó gran complacencia la proeza de mi pointer Don, que salió victorioso de una pelea contra cuatro perros de la aldea, cada uno tan grande como él, lo cual produjo gra n asombro entre los bogas. Una pequeña balsa de vástagos amarrados entre sí cruzó junto a nosotros en el río; no había nadie a bordo. Los bogas generalmente regresan de Honda a Mompox en estas balsas. No vimos ni un caimán en todo el día. Dormimos en una isleta pero nos vimos obligados a regresar al buque por un a tempestad; los mosquitos no nos mortificaron en esta ocasión. Nos divertimos mucho con los micos, que hacían toda clase de maromas en los árboles, se colgaban de la cola mientras que los pe queños se aga rraban de los costados de los mayores. Observamos también que un mico por lo genera l dirigía el camino, seguido por los otros con guías y retaguardia. El termómentro a las dos de la tarde marcaba a la sombra 85° F.

Pasamos la noche del 7 de febrero en las espaciosas orillas llamadas Peñones de Barbacoas, donde tuvo lugar una batalla entre españoles y patriotas el 29 de enero de 1819, y en la cual estos últimos obtuvieron una completa victoria . El coronel Campbell y el señor Cade fueron a visitar las posiciones de los dos partidos; yo no pude acompañarlos a causa de mi cojera. Los árboles de la selva eran especialmente altos en esta parte del río. Nosotros desenterramos tres docenas de huevos de tortuga en la arena y vimos gran cantidad de rudos colgantes de los pájaros que se llaman oropéndolas: su forma es muy curiosa y los cuelgan de las extremidades de las ramas, con un pequeño orificio a cada lado. Esta construcción colgante es una defensa contra los micos a quienes les agradan mucho los huevos y los pichones. La oropéndola anda en bandadas. Los troncos de los árb oles en los cuales estas aves construyen sus nidos, son bastante altos y de corteza notablemente suave, no tienen ramas cerca del suelo, sino a treinta o cuarenta pies de altura , de modo que ninguno de los bogas pudo trepar a cortar alguna rama y dejar que cayera uno o dos nidos; por lo tan to senti grandes ilusión al no poder satisfacer mi curiosidad con el examen interno de su estructura . La oropéndola es un ave negra de cola amarillo anaranjado; algunas de ellas tienen el tamaño de una pequeña paloma. Nos sentimos muy perturbados durante la noche por el rugido de dos tigres o jaguares que se encontraban a corta distancia, pero algunas fogatas impedían que se aproximaran más cerca.

El domingo 8, desembarcamos en la aldea de San Bartolomé y permanecimos aquí un día en busca de bogas de reemplazo; el patrón los consiguió ofreciéndole nueve dólares de sueldo a cada uno. El termómetro a las dos de la tarde marcaba a la sombra 88°F. Y al colocarlo en el piso arenoso del cuarto bajó 3°F en diez minutos. Le hicimos una visita a un anciano franciscano, perteneciente a un o de los conventos de Bogotá. El nos, contó que había ingresado a la orden en 1783; era conversador y comunicativo. Mandamos a buscar una botella de clarete y le hicimos tomar al buen padre tres o cuatro copas; y no obstante sus gestos, que hicieron sonreír a nuestro anfitrión, que nos guiñó el ojo, creo que lo encontró más agradable que la cerveza de Adán, de la cual es muy posible que él hubiera despachado muchas botellas en su época. El fraile residía en San Bartolomé por motivo de salud. La guarida de un caimán de dieciocho pies de largo se hallaba cerca de es ta aldea ; muchos cerdos y perros al ir a beber agua al río habían sido arrebatados por él y los habitantes trataban de ejercer su ingenio para matarlo, pero hasta ahora toda tentativa había quedado frustrada. Nos señalaron a este caimán en el momento de atacar a un pequeño de aquellos que estaban en las orillas , al cual arreba tó hacia el río en un abrir y cerrar de ojos. La gente era muy prudente para
acercarse a esa parte del río bajo su dominio.

Salimos de San Bartolomé a las cinco de la mañana. El termómentro marcaba a esa hora 79" F dentro de la casa. Dormimos esa noche en el sitio de Guerapata en la quinta orilla del Magdalena . Aquí encontramos dos grandes champanes que acababan de llegar de Honda en dos días y medio. Esta noticia nos regocijó mucho pues vimos la esperanza de terminar pronto nuestro viaje monótono y cálido al remontar el río. Los champanes estab an ca rgados de tabaco y cigarros de Ambalema, que está situada arriba de Honda y en la cua l había una fábrica de tabacos perteneciente al gobierno, muy próxima al río, en la provincia de Mariquita. El señor M'Namara, que había sido anteriormente Comisario General del general Devereux en la División de! servicio de Colombia, había comprado grandes cantidades de tabaco en especulación para enviar a Hembro y este cargamento hacía parte de ello . El tabaco de Ambalerna se co nsidera como el mejor de Colombia y es casi igual al que se cu ltiva en la isla de Cuba. El precio era cinco dólares por arroba para el de mejor calidad, el inferior se vendía a tres dólares.

Un teniente coronel, un mayor colombiano y un joven irlandés eran los pasajeros del champán. Este grupo tomó vino con nosotros; el mayor nos informó que él había estado en Bogotá para ser juzgado por una corte marcial general, acusado de haber vendido ochenta equipos completos de armas al general español Morales; él fue honorablemente absuelto de esta acusación. Nuestro buen amigo Paddy se sentía como en su casa; tenía un fuerte dejo y hablaba muy mal el español; se sentía perfectamente libre y descansado con sus compañeros militares de pasaje y se hacía pasar asimismo como uno de los socios en el negocio del tabaco. Cuando más tarde encontramos al señor M'Namara en Honda y le contamos que habíamos dejado a su socio bien en el camino, él se mostró muy sorprendido y al explicarle nuestro encuentro en el champán rió cordialmente y nos aseguró que Paddy solamente era su criado:

Salimos a las cuatro y media de la mañana. El termómentro a las tres de la tarde marcaba 83° F a la sombra. Hay pocos bancos de arena o isletas en esta parte del río y los guijarros son grandes. En este día tuvimos una buena brisa y vimos en el banco de arena donde dormimos la huella fresca de la pata deun jaguary oímos un rugido en la noche. Aquí encontramos un huevo de caimán que lo reventó uno de los bogas; yo lo envié después a Inglaterra. Me contaron una historia curiosa del caimán cuando está incubando sus huevos: que la hembra devora a toda la cría que no alcanza a lanzarse al agua , pues el uso inmediato de sus largas patas es el único medio de defenderse de ese afecto maternal.

Llegamos a Nare por la noche y el alcalde nos consiguió una casa desocupada para nuestro hospedaje. Una milla antes de llegar a Nare, hay una fuerte corriente de agua que desemboca en el Magdalena; su curso es a través de las monta ñas y por la ciudad de Rionegro. Nuestros bogas nos dieron de esta agua en sus cantimploras; es muy clara y mucho más fría que la del Magdalena. Este río es únicamente navegable en piraguas a dos días de viaje del Magdalena; los cargamentos se sacan de las canoas y se transportan por las montañas a las espaldas de los hombres, hacia el interior de la provincia.

Me contaron aquí que hacía poco tiempo un caimán había arrebatado a una mujer que estaba lavando a orillas del río. Su esposo pescó el caimán con un arpón provisto de una carnaza fresca, y al día siguiente encontró parte del cuerpo de su esposa en el interior del vientre del animal. Este monstruo había devorado también seis perros. Aquí vimos por primera vez un rebaño de cabras, indicio seguro de que nos aproximábamos a una región montañosa.

Mientras estaba sentado frente a nuestra casa a las diez de la noche, todos acostados menos yo, pensando en mis amigos de Inglaterra, vi en el techo de la casa vecina a un hombre tratando de herir con una lanza alguna cosa. Me puse en observación y vi a un mono grande en el techo. Esta persona me dijo que el señor jocko venía con frecuencia por la noche a robarse las gallinas y ya había logrado llevarse muchas aves. El mono era muy listo para su enemigo y había escapado.

El día 12 de febrero al despuntar el alba, salimos de Nare dejando dos bogas enfermos. En este día vimos un champán grande y una piragua que bajaban el río. Por lo general viajan por el centro del río . Los tripulantes, con sus largas pértigas sujetas en la popa, reman hacia abajo y van cantando alegres canciones. Esta alegría se comprende fácilmente, pues los bogas regresaban a ver a sus familias en Mompox y la navegación río abajo, con su corriente, es simplemente un pasatiempo para ellos.

Permanecimos durante la noche en una isleta. No les dimos su ración de ron a los bogas por la mañana, pues ellos no les ayudaron a nuestros sirvientes a preparar las camas por la noche en el champán en medio de una fuerte tempestad. El coronel Campbell padecía mucho dolor debido a un nacido irritado que tenía en el brazo derecho. Cogimos algunas hermosas mariposas, pero al día siguiente las encontramos muertas. Las hormigas blancas estuvieron muy ocupadas preparando los esqueletos de las mariposas. El termómetro a las tres de la tarde marcaba a la sombra 82º F. Dormimos en un banco de arena. Cayó más lluvia. Acababa de empezar la temporada de lluvias que terminó con nuestros campamentos de gitanos.

Por la noche vimos en una isla centenares de loros y periquitos que venían a reposar en unos árboles de higuera; todos iban en parejas y antes de cerrar los ojos para dormir por la noche, media hora antes hacían tanto al ido como una bandada de cornejas. Conté treinta pares de loros volando al mismo tiempo en el aire. Estuvimos muy fastidiados durante los últimos dos o tres días con las plagas de jején que lo atormentan a uno especialmente cuando está leyendo o escribiendo. Pasamos este día en la aldea de Buena Vista, a la orilla izquierda del río. El panorama era hermoso a causa de las diferentes cadenas de montañas cuyas bases surgían audazmente del río, y estaban cubiertas de árboles de sombrío y de bellos arbustos. El termómetro a la una de la tarde marcaba a la sombra 84º F.

Pasamos la noche en un extenso banco aguijarroso y pusimos las cobijas sobre el techo del mosquitero con la esperanza de protegernos de la lluvia. Los bogas nos recomendaron no pasear por los bosques adyacentes, pues había en esos lugares muchos tigres. En estos días teníamos más o menos lluvia. Dormimos en una casa que había construido recientemente el coronel Acosta. Había diversas cajas llenas de azadones, zapapicos, etc., que habían llegado de Cartagena, pues se proyectaba una nueva carretera a través de la enorme propiedad del coronel, desde este lugar hasta Guaduas, lugar delicioso, gran aldea a un día de distancia de Honda sobre la carretera a Bogotá. Aquí también debía de edificarse una nueva bodega u oficina de aduana para las mercancías que iban a Bogotá, y si el proyecto de la nueva carretera se llevaba a cabo; al terminarse, se economizarían dos días de navegación por el Magdalena y se acortaría así la distancia a Bogotá. El viaje por tierra también se reduciría desde este lugar y se evitaría la pendiente de las montañas. Esta nueva vía de comunicación debía quedar terminada al cabo de diez meses, pero sospecho que transcurrirían dos o tres años antes de darse al Servicio publico. Había diversas pieles de jabalíes monteses colgando en la habitación, las cuales procedían de jabalíes cazados con lanza por el hombre que vivía aquí, quien me dijo que frecuentaban estos lugares en manadas de uno a dos centenares, y algunas veces causaron muchos daños al maíz, arroz, legumbres, etc. Había tres nidos colgantes de oropéndola cerca a la casa, pero no pudimos subir al árbol, pues tenía doce pies completos de circunferencia, unos cuarenta pies sin ramas y tan resbaloso como el hielo. Aquí oímos un pajarito llamado bugío de plumas grises, del tamaño de una mirla, cuyo canto es una nota suave melancólica y canta toda la noche. Partimos de la casa al despuntar el día.

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