Desde la antigüedad clásica se han preparado textos, manuales y otras obras didácticas sobre las actividades campestres, agrícolas y pecuarias, unas veces empleando el lenguaje poético, como en los casos de Hesíodo y Virgilio; otras en prosa descarnada, como Varrón, Catón, Columela. Sin embargo, las actividades del agricultor y la vida del hombre del campo, han sufrido el impacto de las concepciones y teorías socio-políticas que -tanto en la antigüedad como ahora en las civilizaciones indoeuropeas y africanas- relegan a los productores primarios al nivel más bajo de la escala social.

Sabido es que los griegos y romanos, y luego los españoles y portugueses que conquistaron a América, consideraban el trabajo manual como cosa degradante. Asimismo, en las sociedades del mundo occidental, con inspiración pastoralista difundida desde el Asia Menor, el pastor, el ganadero han estado por encima del labrador, del agricultor. Por eso las menciones de cosas del campo en el lenguaje poético de todas las épocas, han sido más o menos artificiosas e insinceras y consagran esa discriminación. El ropaje estilístico de autores aun tan excelsos como Virgilio, el maestro de la Geórgica, no puede ocultar este desprecio misericordioso por el campesino: al mismo tiempo que el poeta mantuano hacía la apología de la vida feliz del agricultor, su contemporáneo el tratadista Marco Terencio Varrón enumera así las tres clases de instrumentos usados en las labores campestres: los que hablan, o sean hombres libres y esclavos; los semivocales, o sea los bueyes, y los mudos, las herramientas. (+) En las composiciones geórgicas de todos los tiempos se ha dado prioridad a la tecnología, empírica o científica, sobre el hombre que la aplica.

Los poetas americanos, imbuídos y nutridos por la civilización occidental, no han acabado en cuatro siglos de interpretar la realidad del Nuevo Mundo, tanto en esta como en otras materias. Muchas de las composiciones dedicadas a cosas del campo se refieren, a veces con lenguaje muy similar, a hechos y actividades heredadas de los colonizadores europeos. Aun Andrés Bello, el primicerio en la reacción, fue retórico en este particular. Son escasas en América composiciones que, como la 'Memoria" de Gutiérrez González y "La Silva criolla", del venezolano Lazo Martí, tienen aire de autenticidad y localismo.

Por lo demás, esta sujeción a los modelos clásicos no es privativa de la literatura española, sino de todas las occidentales: italiana, francesa e inglesa. Para dar sólo un ejemplo de cada una, baste citar en su orden a Luigi Alamanni (1495-1556), con el poema didascálico "Coltivazione"; a Jean Francois de Saint-Lambert (1716-1803), con "Les saisons (1769), y a James Thomson (1700-1748), con "The seasons (1726-1746). Ellos, y varios europeos más cuyo estudio pormenorizado se hará en otro ocasión, en mayor o menor grado fueron imitadores de Virgilio.

La poesía geórgica americana no se sustrajo o esta tendencia. Aunque el tema pudo ser autóctono, la manera de desarrollarlo se inspiró en las normas clásicas. Carácter común del género en las piezas publicadas en el siglo XVIII es el uso del latín. Así en la "Rusticatio mexicana", del guatemalteco Rafael Landívar, y en "De rusticia Brasilae rebus", del jesuita portugués José Rodrigues de Melo, que incluye trabajos suyos y de Prudencio do Amaral. Los ingleses de la época sí usaron su propio idioma.

Ya en el período republicano, se publicaron trabajos en español, como la "Silva a la Zona Tórrida", de Bello, y los demás que se reunirán en uno de los volúmenes de esta obra, donde, para mayor claridad, las piezas se han acomodado por grupos, según sea el idioma utilizado.

Pero la poesía lírica tiene su propia versión sobre las cosas del campo. El ambiente rural ha inspirado piezas de gran valor, que hasta ahora parece no se hablan reunido en un conjunto orgánico, como sé trata de hacer en esta antología, compuesta con piezas de temo muy concreto, en las cuales los aspectos tediosos de la didascálida están ausentes.

La temática se ha dividido en seis secciones: Agrozootecnía General; Agrozootecnia Especial; El Acaecer Rural; Alabanza y Vituperio del Campesino y de la Vida Rural, e Insurgencia Agraria. Las dos primeras divisiones corresponden a las categorías aceptadas en la ciencia agronómica y en la zootecnia, y se subdividen en forma metodológica.

En la Agrozootecnia General se consideran primero los factores naturales, como son la tierra y los meteoros; luego los utensilios y herramientas de trabajo; después la secuencia de las operaciones rurales desde la preparación del terreno, la siembra, la cosecha -subdividida de acuerdo con las características de las plantas en siega, vendimia, pepeo-, y el acarreo de los productos, hasta su almacenamiento.

La Agrozootecnia Especial contiene los materiales sobre los cultivos discriminados y los animales domésticos, unos y otros agrupados de acuerdo con la posición taxonómica que ocupan en cada reino.

La tercera sección, Lo Rural, reúne una serie de estampas campesinas, en que se ha tenido cuidado de que la descripción del paisaje sea apenas un elemento tangencial y no primordial, destacándose más bien escenas de la vida campestre, desplegadas en el orden del discurrir cotidiano.

Las últimas secciones comprenden Apologías del Campesino, y una serie de piezas reivindicatorias sobre la condición de inferioridad y servidumbre del agricultor y la desigual repartición de las tierras.

De buenas a primeras, pocos aceptarían que la por Marx llamada "idiotez de la vida rural" pudiera suscitar la vena poética, como no sea la muy discutible que por lo general revelan las canciones de protesta. Pero a medida que el lector se adentre en esta floresta, irá cambiando de parecer. Sobre todas las fases de la actividad agraria se presentan aquí piezas de notable belleza.

Hay que llamar la atención hacia el hecho de que la mayor parte de los poemas compilados se deben a personas de extracción urbana. Son contados los auténticos campesinos que hayan logrado expresar cabalmente la emoción de la vida rural: esta es demasiado dura para soportarla y al mismo tiempo cantarla. Los mejores poemas fueron escritos por gente que rememora una niñez vivida en el campo, y esa nostalgia retrospectiva de situaciones que no se repetirán, penetra y trasciende la atmósfera lírica en que se desenvuelve esta antología.

De ciertos temas (como el sol), se incluyen solamente las composiciones que, fuera de acomodarse a la índole de la colección, tienen méritos literarios intrínsecos, o que, aun no destacándose por este aspecto, muestran ángulos de la temática geórgica dignos de conocerse. Por tal razón, en el casó mencionado, se omiten poemas de entonación grandilocuente, como "Himno al sol", de José de Espronceda.

Se han excluido piezas que, aunque relacionadas con la vida del campo, no se sujetan a las normas establecidas por el compilador, en cuanto a la intensidad lírica y el dominio de la forma. Por excepción, se han insertado poemas (sobre todo de autores centroamericanos) de factura "primitivista", que revelan cierta ingenua tosquedad lindante con la chabacanería, característica del campesino nato.

El acervo reunido es tan copioso, que por fuerza debe ser publicado separadamente. Este primer tomo se dedica a poetas de la península ibérica y del hemisferio americano, con casi 800 composiciones, en seis idiomas (castellano, catalán, gallego, portugués, inglés, francés). Cuando otra cosa no se diga, debe entenderse que las traducciones fueron hechas por el compilador.

En el cuadro de la página siguiente se discrimino la contribución de cada país.

La mayoría de los autores figuran con una o dos composiciones; pero la temática rural ha requerido más insistentemente la inspiración de poetas como los argentinos José Pedroni (30) y Horacio Rega Molina (13); el salvadoreño Alfredo Espino (15); el colombiano Carlos Castro Saavedra (14); el uruguayo Tulio Herrera y Reissig (12), y los españoles Manuel Altolaguirre (10) y Rafael Alberti (9).

Cuandoquiero que ha parecido necesario, se han puesto al pie notas aclaratorias para que el lector pueda entender de qué se trata. Las notas del compilador se distinguen con números y las de los autores -cuando las hay en el original- con letras.

No fue posible obtener al entregar el material a la imprenta, los originales de ciertos poemas leídos durante el largo proceso de preparar la presente compilación. Se ponen sus títulos precedidos de doble asterisco (**), en el lugar que les correspondería, cuando se trate de piezas de gran mérito. Otras se colocan también donde compete, con asterisco sencillo (*), porque no se juzgaron de factura suficientemente depurada para reproducirlos. Unos y otros figuran en el cuadro estadístico, bajo el rubro de "menciones".

Un segundo tomo contendrá piezas líricas de autores europeos (menos los hispano-portugueses), africanos y australianos. Su compilación está en proceso, pero por exigencias idiomáticas la elaboración será lenta.

Finalmente, un tercer cuerpo, que quizá se pueda publicar primero que el inmediatamente anterior -si se halla el patrocinio de entidades culturales para editarlo, en vista de que se trata de un trabajo de tipo académico-, estará constituido por los poemas extensos de índole geórgica exclusivamente americana. A casi todos ellos los caracteriza la más que mediana extensión; tratar en forma lírica o didáctica sobre temas y operaciones rurales, y sostener una entonación casi épica. Todos ellos, -a los que sirve de prototipo la silva de Andrés Bello a la zona tórrida- se pueden encasillar dentro del concepto español de odas o himnos. Aquí tendrán cabida autores como Gutiérrez González, Leopoldo Lugones, Horacio Rega Molina, José Joaquín Pérez, Carlos Wyld Ospina y otros. Asimismo se incorporarán poemas de más largo aliento y tratamiento didascálico, como la "Rusticatio mexicana" de Landívar. A modo de prólogo de esta parte, se hará un estudio extenso sobre la poesía geórgica, a la luz de los conocimientos agronómicos actuales.

Esta antología se empezó a preparar en Cali desde 1947. Poco a poco se fueron acumulando materiales, en un proceso sedimentario tangencial a las otras actividades del compilador. La elaboración de una antología gemela, que acaba de ser publicada (*), facilitó el trabajo, que muchas veces fue paralelo o simultáneo, porque se usaron casi siempre las mismas fuentes bibliográficas.

Por la sacada en limpio de los originales, elaboración de índices y corrección de pruebas, el autor está en deuda con la señorita Inés Calvo Q.

Revisaron amablemente y corrigieron las traducciones del inglés las señoras Jerry Gutiérrez y Bianca de Abenoza, y las del catalán la doctora Rosalina Cadena Carrera.

En la redacción de algunas notas aclaratorias de pie de página, se obtuvo ayuda de varías personas, así: en lo concerniente a ubicación geográfica de ciudades y pueblos de España, del farmacéutico Luis Linares, residente en Cali, y para vocablos indígenas o regionales del oriente peruano, a los señores Luis S. de Freitas Burga, de Iquitos; Alejandro Herr E. y Dionisio Amasifeu T., de Tarapoto y Walther Leveau Ramírez, de Yurimaguas, los cuatro mediante la amable intervenclon del Dr. Santiago E. Antúnez de Mayolo, del Programa Académico de Arqueología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima.
A todas las entidades y personas mencionadas, el autor les expresa su profundo agradecimiento.
 

                                                                                  Cali, 1978.

 

(+)
arro, Mareus Terencius, De re rustica, I, xvii.  (regresar + )
(*)
Víctor Manuel Patiño: "La Flora en la Poesía". Mil y más poemas sobre las plantas. Selección, normas, prólogos, notas y traducciones de  1ª edición hexalingüe. Tomo I, Poetas Ibéricos y panamericanos. Cali.  Imprenta Departamental. 1976. 933 páginas. (regresar *)
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