445 LOS POLLITOS
Obsequiosa y alegre, la pollona canela
con un gran disimulo de maternal sentido,
disciplinadamente va encaminada al nido
como la colegiala se encamina a la escuela.
Y recuenta sus huevos con habitual cautela
porque el último obsequio parece ya cumplido,
y como está febril, resuelta ha decidido
obedecer las leyes de la madre y la abuela.
Y a los veintiún días de íntima soledad,
engrifadas sus plumas, crisis de enfermedad,
alta temperatura... Sol y azul en el cielo...
Sacan pícaramente intrusas cabecitas
bajo el materno buche, nueve criaturitas
como nueve moticas de peluche canelo.
Enrique Martínez
( ?)
Cubano.
446 LOS POLLITOS
Co co ro có,
pi pi ri pi.
Va la gallina con los pollitos.
Son tan redondos, tan redonditos,
afelpados, tan amarillos,
como las flores del espinillo.
Como en la clase,
como en la escuela,
parecen niños
con la maestra.
Todo lo miran y picotean;
luego se esparcen listos y alegres;
mas si los llama la madre, acuden
como los niños más obedientes
Ante un peligro, todos se esconden
entre las tibias plumas del pecho,
y luego asoman las cabecitas
y luego sacan de a poco el cuerpo
Como en la clase,
como en la escuela,
parecen niños
con la maestra.
Ven un bichito, ven un gusano,
como una enorme fiera feroz;
el más osado, de un picotazo
con su piquito lo parte en dos.
Y la gallina se pone alegre,
toda encrespada da en cacarear:
yo soy la madre de este valiente,
dice en su lengua, ca ca ra cá..
Los hermanitos lo felicitan;
el más pequeño pide atención
y dice: cuando salga otro bicho,
si me lo dejan, lo pico yo.
Pi pi ri pí,
co co ro có.
PERROS
447 PERRO
¿Desde qué amanecer me miran esos ojos?
Con pureza de próximo que no es cómplice humano
-¡Pupila tan pueril junto a un iris tan grave!-
Asciende esa mirada de tan remota fe.
¿Desde qué abismo tierno me miran esos ojos?
Jorge Guillén
(1893- )
Español.
448 EL PERRO
No temas, mi señor: estoy alerta
mientras tú de la tierra te desligas
y con el sueño tu dolor mitigas
dejando el alma a la esperanza abierta.
Vendrá la aurora y te diré:
"Despierta: huyeron ya las sombras enemigas".
Soy compañero fiel en tus fatigas
y celoso guardián junto a tu puerta.
Te avisaré del rondador nocturno,
del amigo traidor, del lobo fiero
que siempre anhelan encontrarte inerme.
Y si llega con paso taciturno
la muerte, con mi aullido lastimero
también te avisaré... ¡Descansa y duerme!
Manuel José Othón
(1858 - 1906)
Mejicano.
449 HOMBRE Y PERRO
Hombre que vas con tu perro:
con tu guardián.
Cuida mi voz, como el perro
cuida tu pan.
Perro que vas con un hombre
que amigo tuyo no es...
Acércate un poco al pobre,
huélelo bien.
Fíjate que tengo boca,
fíjate en mi.
Mira que soy hombre, pero...
con estas manos vacías
cómo me parezco a ti.
Perro que vas con tu amo,
fíjate bien:
que al hablar contigo, hablo
conmigo mismo... No ves
que tan cerca del patrón,
no somos tres,
sino dos...
Hombre que vas con tu perro:
tu servidor.
¡Qué grueso que está tu perro,
y qué flaco que estoy yo!
¡Estoy flaco porque tengo
gorda la voz!
Manuel del Cabral
(1907- )
Dominicano.
450 LA RONDA DE LOS CANES
Entre ruinas que fueron españoles batanes
a quien dos higuerotes (1) forjan recia armadura con sus
magras raíces,
una podenca impura plácidamente husmea la ronda de los canes.
Vinieron con sinuosos y esquivos ademanes
en pos de la caricia que es beso y mordedura,
a esconderse en la próxima y lejana espesura falderillos
Brummeles y bulldogos Donjuanes.
En el pajal de oro se oculta la jauría;
bajo los matorrales que bordan el sendero
hasta las viejas tapias y los dos higuerotes
corre temblor de brama; y, cuando en la agonía
del crepúsculo llora su lágrima el lucero,
aullidos de lujuria saltan de los mogotes.
Manuel Díaz Rodríguez
(1871-1927)
Venezolano.
451 ¡TRISTE EL MIRAR DE UN PERRO!...
¡Triste el mirar de un perro! Más parece
una queja o un intimo lamento
de la noche interior que le oscurece
el corazón, que es todo sentimiento.
Mirad un buey. Dijérais que un tormento
en sus tranquilos ojos aparece...
Los ojos de la oveja, del jumento,
¡qué tristes!, sólo verlos enternece.
Llora en todo poniente la tristeza.
Allende el hombre, la naturaleza
es un poniente de dolor y males.
En vuestro ver nocturno, la mirada
es más bien una lágrima callada
¡oh tristes y saudosos animales!
Joaquín Pereira Texeira de Vasconcellos (Telxeira de
Pascoaes)
( ? )
Portugués.
Traducción: José María Cossio
452 PERRO DE GANADO
Tiene de lobo el colmillo
y de oveja la mirada;
erizado el pelo tiene
más que su aguda carlanca;
cuando ladra a medianoche
estremece la majada;
cuando busca entre los brezos,
temblando queda la jara;
cuando roncha el hueso mondo
cruje su recia quijada;
al paso me sale siempre
por el hueco de la barda;
primero causóme susto;
ahora, alegría me causa..
Tiene de lobo el colmillo
y de oveja la mirada!
Luis Fernández Ardavín
(1892- )
Español.
453 LOS PERROS
Miran desde su lengua el silencio del amor.
Se quedan quietos en los rincones, huelen
el cariño en las ropas, en las lámparas, en la voz.
Caminan suaves sobre las alfombras verdes.
Los ojos son vivos y hablan por si solos,
Cómo ausentarlos entonces al silencio,
cómo echarlos de las calles, cómo sepultarlos
si se levantan de los jardines floridos,
cómo envenenarlos por una disposición sanitaria
si sus amos cordiales están también rabiosos.
Oscar Acosta
( ? )
Hondureño.
454 LOS PERROS
El olivo y el pozo... Dormida una aldeana
en el brocal... A un lado la senda viajadora,
y un hombre paso a paso: todo lo que a la hora
suspira una evangélica gracia samaritana...
El sol es miel, la brisa pluma y el cielo pana...
-Y el monte, que una eterna candidez atesora,
ríe como un abuelo a la joven mañana,
con los mil pliegues rústicos de su cara pastora.
Pan y frutas: ingenuos desayunos frugales.
Mientras que los pastores huelgan de sus pradiales fatigas o
se lavan en los remansos tersos,
maniobran hacia el valle de tímpanos agudos
los celosos instintos de los perros lanudos,
de voz ancha, que integran los ganados dispersos.
Julio Herrera y Reissig
(1875- 1910)
Uruguayo.
455 MIS LEBRELES
Mis lebreles son membrudos,
aulladores, sanguinarios y coléricos.
Jamás duermen; incansables
van y vienen por su encierro,
los ijares siempre hundidos
y los ojos siempre torvos y sangrientos.
Su pelaje, que se eriza
si ventean una presa, es como el ébano,
y en el fondo de sus fauces encendidas
arden brasas del infierno.
Por debajo de sus labios replegados
se atarazan sus colmillos carniceros,
y sus húmedos hocicos
se dilatan humeantes y famélicos.
¡Cómo saltan, cómo aúllan
y retuércense, epilépticos,
agitando, vanamente, sus cadenas
en el antro temeroso, cuando llego!
Vibra el látigo, que silba,
e implacable los flagelo,
y ellos brincan, rugen, muerden
y encabrítanse, quiméricos,
con la llama de la lengua entre las fauces y los
ojos inflamados y siniestros;
y yo, impávido, sonrío,
y que soy el soberano entonces pienso,
y mi látigo silbante, como sierpe,
continúa retorciéndose en el viento,
hasta verlos humillados,
los hocicos jadeantes contra el suelo,
y las patas temblorosas,
y las colas extendidas bajo el pecho.
Mis lebreles no me aman,
y yo a ellos los detesto;
y a pesar de nuestros odios no los mato;
lo he intentado, mas.., no puedo!
Hombres fuertes, sonreíos,
porque voy a revelaros mi secreto.
¡Con pedazos de mi carne palpitantes,
a esos canes monstruosos alimento!
Antonio Rey Soto
(1879- )
Español.
456 AMISTAD
A este perrillo feo, que acompaña
mis soledades por el monte umbrío,
te lo presento, nuevo amigo mío,
que otro no he visto de mejor entraña.
Su híspido pelo y su mirada huraña
no dicen relación con su natio,
que cuanto es para otros de bravío
lo tiene para mi de mimo y maña.
Después de correr juntos monte y llano,
caemos de cansancio en la mullida
hierba; a mi lado él juguetea ufano...
¡Pobrecillo, no sabe de la vida!
Mientras está lamiéndome la mano
no piensa, como yo, en la despedida!
Rodrigo Bayón
(1886- )
Español.
457 EL DOGO
Realza el gesto de su faz bravía
que el romo hocico frunce truculento,
su actitud veterana de sargento
macizo de confianza y de osadía.
Jadea combustiones de energía
la expansión presurosa de su aliento,
y su enorme ladrido, en un acento
de leonina dignidad se amplia.
Flavo lustre su pelo tornasola;
en inquietud confidencial, la cola
pródigas bienvenidas desparrama;
por valerosa, su honradez proverbia;
y de amarilla luz su ojo se inflama
en un ardor de lealtad soberbia.
Leopoldo Lugones
(1874-1938)
Argentino.
458 EL GALGO
Echado está a mis pies: hunde dormido
la cabeza en las patas delanteras
y así sueña con todas sus carreras
y con todas las liebres que ha cogido.
Largo, elástico -así como tendido
con ímpetu veloz en las ligeras
ansias con que recorre las praderas-
se despierta y sacude al menor ruido.
La cenicienta piel, aunque se afana
el hueso por salir con raro empeño,
finge el lustre de limpia porcelana.
Súbito tiembla con extraña fiebre;
porque ve que en los campos del ensueño
donde menos se piensa está la liebre.
José Santos Chocano
(1875- 1934)
Peruano.
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Higuerotes =Árboles del género Ficus, especialmente F. urbaniana Warb. y F. velutina H & B., Moráceas (regresar 1) |
