488      LOS POTROS


 

Ya se acercan los potros; raudamente precisa
el grupo sus contornos de estética salvaje;
entre el pálido rosa del lánguido paisaje
corren desenfrenados, a la par de la brisa.

Los potros ya se acercan; mas lo hacen tan aprisa,
que parece volaran sobre el quieto paraje;
desplazánse los cascos en fantástico viaje
atrás dejando chozas de silueta imprecisa..

Huracanadamente por los llanos nativos,
van devorando leguas los potros fugitivos,
por burlar los afanes de inútil seguimiento;

como una sombra alada pasan ante nosotros,
y los recios gañanes, en fuga tras los potros,
describen con los lazos rúbricas en el viento.

Alfredo Espino
(1900 - 1928)
Salvadoreño.


 

489      LOS POTROS


 

Atropellados por la pampa suelta, 
los raudos potros, en febril disputa, 
hacen silbar sobre la sorda ruta 
los huracanes en su crin revuelta.  

Atrás, dejando la llanura envuelta 
en polvo, alargan la cerviz enjuta, 
y a su carrera retumbante y bruta 
cimbran los pindos (1) y la palma esbelta.

Ya cuando cruzan el austral peñasco  
vibra un relincho por las altas rocas;  
entonces paran el triunfante casco,  

resoplan, roncos, ante el sol violento,  
y, alzando en grupo las cabezas locas,  
oyen llegar al rezagado viento.

José Eustasio Rivera
(1888-1928)
Colombiano.


 

490      LOS POTROS


 

Son cuatrocientos potros
trotando, trotando, trotando.
Van como una tormenta
hecha de un trueno largo
de una nube parda;
de cuatrocientos potros
-casi todos de pelos oscuros-
van como una tormenta
con relámpagos tordillos blancos.

Jinetes en caballos ha tiempo arrocinados;

sacudiendo los ponchos de calientes colores,
mal doblados en pliegues y colgantes del brazo,

con silbidos y voces
los troperos los van azuzando.  

Asi marchan los potros,
trotando, trotando, trotando.
Cuando encuentran un río
lo vadean a nado,
y por unos momentos solamente se ven
las cabezas ansiosas a flor de agua boyando.
Al salir a la orilla,
jadeantes y empapados,
agachan las orejas, se sacuden las crines,

relinchan unos cuantos,
y en seguida, otra vez,
son cuatrocientos potros
trotando, trotando, trotando.  

Cuando llegue la noche, cumplida la jornada
-previendo una posible disparada de potros-,
los troperos harán cuatro fuegos bien grandes
que arderán a la vez en las puntas del campo;
luego, mientras vigile quien se quede de ronda,
hombres y animales buscarán el descanso;
y los potros salvajes dormirán sin saber
que su albedrío ha muerto,
¡y que lo están velando!

Fernán Silva Valdés
(1887- )
Uruguayo.


 

491  A UN POTRO BLANCO, MUERTO EN UNA NOCHE DE LUNA


 

Céfiro casi, viento adolescente,
cálida nieve con temblor alado,
tibio rayo de luna, derribado
en la noche tranquila y transparente.
Tu juvenil cabeza, tiernamente
yace en la yerba del abril soñado.
La luz helada el corazón rosado
de nieve te pobló tempranamente.

¡Ay, esa yerba de frescor y menta
que el clavel de tu lengua recogía
en la tibia mañana blanca y lenta!

Todo se fue con esta luna fría...
¡Ay, tu cabeza núbil y violenta!
¡Ay, cadáver de un viento que se enfría!

Rafael Morales
(1919- )
Español.


 

CHALANES

 

492 ROMANCE DEL DOMADOR DE POTROS 


 

Trigueño, mediana altura,
el cuerpo tirando a flaco;
pómulos algo salientes,
el pelo copioso y lacio,
cayendo sobre la frente
como un sauce sobre un lago;
barba con resabio de indio
y el bigotito muy ralo.
Las piernas algo combadas
por las curvas del caballo;
manos, para las caderas,
las riendas o el mate amargo;
ojos, para sonreírse;
labios, para estar callados.

Tal es la pinta criolla
de un amansador mentado;
pinta que "vide" una vez
y que me sigue pintando.

El no toca la guitarra,
ni en amores es baquiano;
ya el gaucho no es guitarrero,
ni es el Don Juan de los campos;
si eso fue, dejó de serlo
al llegar los alambrados.

Él no sabe de versadas,
no le dio tiempo el trabajo;
oyó hablar de un "Martín Fierro"
perseguido y desgraciado;
oyó alguna vez las mentas,
pero igual siguió de largo.
Él no sabe nada de eso,
no le dio tiempo el trabajo;
sólo sabe "agarrar" potros
y devolverlos "caballos".

De a pie es un hombre incompleto:
el ve que le falta algo;
en él cobra fuerza el mito
primitivo del Centauro.
Se mueve como el marino
cuando está fuera del barco,
pues un domador de a pie
es lo mismo que el albatros:
si el ave estando en la tierra
tiene un andar ordinario,
porque le sobran las alas,
porque le falta el espacio,
algo de eso le acontece
al domador desmontado,
y es que le sobran las piernas
porque le falta el caballo.

Pero, eso si, hay que verlo
en el rigor del trabajo:
él mismo enlazar el potro,
y después de palenquearlo, 
voltearlo al suelo y ponerle,
hecho de tiento, el bocado;
y luego que se levanta
el bagual, medio temblando,
apretarle sobre el lomo
las cacharpas del recado,
montar de salto y salir,
entre gritos y lonjazos, (2)
campo afuera a los corcovos
como pegado a los bastos.
Entonces está en su medio;
entonces es el Centauro.
¡No hay nada que se compare
a un domador jineteando!

Fernán Silva Valdés
(1887- )
Uruguayo.
 

 

VACUNOS

 

493      CORRAL DE PIEDRA


 

Corral de piedra, domador de los ímpetus
de toros bravos y potros crinudos;
plaza para las justas del brazo y de los cuernos;
cancha para la lucha de dos fuerzas:
una salvaje y hábil,
otra salvaje y ciega.

Tus paredes enanas fueron construídas
con piedras fundamentales;
y entre tus limites duros,
el trabajo era un poco progreso
y un poco recreo.

Corral, en otros tiempos
trotado en redondo por las tropillas:
hoy estás muerto, pero aún
tienes tus piedras vivas,
vivas por el yuyito (3)
que le brota a la cara de las piedras.

En tu apogeo fuiste como una aureola
-hecha de sol y de polvo-
santificando las rudas tareas de los campos;
en otros tiempos fuiste un gran anillo,
tosco anillo nupcial para las bodas
de la barbarie con el trabajo.
Corral que estás girando en mi memoria
como un halo de piedra,
como un halo de piedra...
mi canto ha de quedar preso en tu redondel,
cual los cuernos de un toro en la armada de un lazo.

Fernán Silva Valdés
(1887 - )
Uruguayo.


 

494      TORNAN AS VACAS PARA A 
ALDEA (*)
 

 

Tornan as vacas para a aldea;
vacas roxas, vacas mouras,
vacas de coor marela.

Foi avisarlle un luceiro:
¡a teixa noite está preta!

Lembráronse do cortello lonxano
tamén da herba
qu' escoa o suor do corpo,
loira cabaleira d'unha Madalena.

Tornan as vacas para a aldea;
vacas roxas, vacas mouras,
vacas de coor marela.

Como no San Xuan as mozas,
con cereixas nas orellas,
axiña elas van con fallas
encol do pescozo e testa.
Todal- as folliñas bican,
docemente, a sua pél tépeda.
Si quixeran voar poderian
pois no mesmo lombo duas asas llevan
mais prefiren voltar paseniño
depinicando nas troles das veiras
hastra qu'os zagales lles berren:
Ey, vacas, seique non tendes presa!

Tornan as vacas para a aldea;
vacas roxas, vacas mouras,
vacas de coor marela.

Un instante se pararon
a caron d'unha flgueira;
tudol-os tigos bulían,
sonaxas d'unha pandeira,
porque o vento os abaneaba
como campanas nas festas;
enton os cornos das vacas
¡como tremaban de invexa!
ponlas que non pairen froitos
nin coñecen primaveira.

Tornan as vacas para a aldea;
vacas roxas, vacas mouras,
vacas de coor marela.

Xa tiraron do carro mancado,
xa cabelaron c'un arado a terra,
xa deixaron nas augas dos regos,
onde elas beberon, fiíños d'estrelas.

Tornan as vacas para a aldea;
vacas rosas, vacas mouras,
vacas de coor mareia.

Alí as agardan as donas,
para lle munguil- as tetas;
e pra que fique nas cuncas
a esmola da leite fresca,
branca como a lúa,
como a lúa chea.

Eugenio Montes
(1928- )
Gallego.


 

495      VACAS


 

En los paisajes submarinos
que hay en los ojos de las vacas,
se me cayó la angustia de las manos.
Vacas de soberana majestad
mordisqueando la paz de los crepúsculos.
Madrinas de las hojas que en Otoño
juegan sanselerines (4) de colores
en dirección a la montaña blanca.

Se oyeron cinco campanadas largas,
el viento se cruzó de brazos,
y las nubes en posiciones rígidas quedaron
como en una película cortada de repente.
Miré dentro de mí y vi el paisaje
submarino de los ojos de las vacas.

Joaquín Gutiérrez Mangel
(1918- )
Costarricense.

 

(1)
 Pindos= Palmas, en general. Palabra de origen tupi. (regresar 1)
 
(2)
 Cacharpas del recado = Conjunto de objetos o prendas de uso, en especial cuando son viejas
(T. Saubidet). Recado = apero. (regresar 2)
 
(3)
 Yuyito = Yerba, maleza. (regresar 3)
 
(4)
 Sanselerines = cometas, voladores? (regresar 4)
 
(*)
       VUELVEN LAS VACAS A LA ALDEA // Vuelven las, vacas a la aldea, / vacas rojas, vacas negras, / vacas de color amarillo. / Fue a avisarles un lucero: / ¡La sombría noche está negra! / Se acordaron del corral lejano, / también de la hierba / que enjuga el sudor del cuerpo, / rubia cabellera de una Magdalena.. . // Vuelven las vacas a la aldea... / Como en el San Juan las muchachas, / con cerezas en las orejas, / así ellas van con rasguños / sobre el pescuezo y la cabeza. / Todas las hojas besan, / dulcemente, su piel tina, / Si quisieran volar podrían hacerlo, / pues en el mismo lomo dos alas llevan, / pero prefieren volver despaciecito / mordisqueando las flores de la vera / hasta que los zagales les riñen: / Ah! vacas, parece que no tenéis prisa! // Vuelven las vacas a la aldea. / Un instante se pararon / junto a una higuera; / todos los higos se movían, / sonajas de un pandero, / porque el viento los agitaba / como campanas en las fiestas; / entonces los cuernos de las vacas / /cómo temblaban de envidia! / ramas que no sostienen fruto / ni conocen primavera. / Vuelven las vacas a la aldea. / Ya tiraron del carro estropeado, / ya surcaron con un arado la tierra, / ya dejaron en las aguas de las acequias, / donde bebieron, hilillos de estrellas. / Vuelven las vacas a la aldea. / Allí las aguardan las mujeres, / para ordeñarles las ubres: / y para que quede en los cuencos, / la limosna de la leche fresca, / blanca como la luna, / como la luna llena. (regresar *)
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