545 VERSOS A UMA CABRINHA
QUE
EU TIVE (*)
Com seu foclnho húmido
Esta cabrinha colhe
Qualquer sinal de noite
De que a erva se molhe.
Daquela flor pendente
Pra que seu passo apela
Parece que a semente
É o badalinho dela.
Sua pelerina escura
Vela-a da noite sentida;
Tem cada pélo uma gota,
Com passos, poeira, vida...
De silêncio, silvas, tome
Compoe nos úberes cheios
Toda a razáo do seu nome
E fruto de seus passeios.
Assim já marcha grave
Como os navios entrando,
Pesada dos pensamentos
Da sua vida suave.
E enfim, no puro penedo
De seus casquinhos tocado
Está como o ovo e a ave:
Grande segredo
Equilibrado!
Vitorino Nemésio
(1901- )
Portugués.
546 LOS CABRITOS
Los cabritos ágiles, de crespas cervices,
en las ramas nuevas ensayan sus cuernos;
y luego olfatean sus anchas narices
el rocío intacto de los brotes tiernos.
Puntiagudas barbas, que ásperas despuntan
darán a las bestias humanos perfiles.
Tristeza y lascivia sus signos conjuntan
cuando los cabritos se tornan seniles.
En bronco paraje de senda escondida,
por donde la tropa cornuda se atreve,
se alzan en dos patas, y en mutua embestida,
chocan los frontales con ímpetus mudos,
como si copiaran un alto-relieve
en la piedra de antiguos escudos.
Carlos Wyld Ospina
(1891- )
Guatemalteco.
547 APRISCO
En el aprisco cálido y oliente
balan tímidamente las cabrillas;
irguiéndose en dos patas de repente,
los chivatos dirimen su rencilla;
las cabras, llena la ubre a no poder
ya más, rumian hincadas de rodillas:
sus ojos claros de inocencia impúdica
soslayan con miradas de mujer
al viejo chivo de la barba talmúdica.
Luis Leopoldo Franco
(1898- )
Argentino.
548 HIMNO PARADISIACO
EL CHIVO
¿Y tú qué haces aquí, viejo silvano?
¿Qué busca aquí tu barba de rey concupiscente?
Tú fuiste el consejero del manzano
y luego han calumniado a la serpiente.
Si Dios hizo la ley, ¿por qué te hizo?
y si te hizo, ¿por qué hizo la ley?
Mataste a Dios y fuiste Rey en el Paraíso.
El Rey ha muerto!... Viva el Rey!...
Andrés Eloy Blanco
(1897-1955)
Venezolano.
CABREROS
549 PASTOR
De pie sobre la roca, él es de roca viva:
lo tallan los helados cinceles de los cierzos;
los soles lo retuestan.
El, quieto.
La mano en la cayada, los ojos a lo lejos;
le pasan por encima las nubes y las horas.... El, quieto
Las cabras saltimbanquis adornan los aleros
de los acantilados con raras acrobacias...
El, quieto.
Y el alma primitiva le irá, como otra cabra trepándole
los riscos de sus duros adentros;
le sonará con dulce tintinear de esquilas...
El, quieto, quieto, quieto.
Angela Figuera Aymerich
(1902- )
Española.
OVEJAS
550 DIME LA COPLA, JIMENA
Ya se van los ganados
a Extremadura;
ya se queda la sierra
triste y obscura.
Ya se van los pastores,
ya van marchando.
Más de cuatro zagalas
quedan llorando.
Dime la copla, Jimena...
Aroma la cantilena
su voz armoniosa y pura:
Ya se van los ganados
a Extremadura.
En silencio el majadal,
desierto el agreste chozo,
refugio del pastor mozo
a orillas del pastizal.
Tenue ventisca otoñal
presagia invernada dura:
Ya se queda la, sierra
triste y obscura.
Ya blanquean los borregos
el verdor de la cañada;
los zagales cañariegos
(1) dan al aire su
tonada:
Ya van marchando.
Mas de cuatro zagalas
quedan llorando.
Hacia remoto confín,
a un silbo, el rebaño arranca;
armado de su carlanca
la escolta fiero el mastín.
Morena moza, fragante
como tomillo salsero,
ve partir al trashumante
rebaño desde el sendero.
Noche alegre de San Juan,
noche de fuego y de amor,
en que al ejido, galán,
bajó del hato el pastor!
¿Será su amor zalamero
flor de almendro tempranero
que mata el cierzo invernizo,
o será tronco roblizo
de la lumbre trashoguero?
Como el agua del regato,
saltarín y bullidor,
balaba el zagal del hato
por las veredas en flor.
En la paz de la mañana,
junto al dulzor del balido,
disuena el agrio ladrido
de la perra trujillana.
El cristal de una fontana
entre las guijas murmura:
Ya se van los ganados
a Extremadura
Zagala, cierra tu zarzo,
que es duro el viento invernal.
Si viene dulzura en marzo,
pronto tornará el zagal.
Hay niebla en el roquedal
y otoño niebla la altura:
Ya se queda la sierra
triste y obscura.
Al tramontar el alcor,
perdidos entre la bruma,
lejano suba el pastor
al rebaño que trashuma.
Tras el mastín labrador
van los corderos balando:
Ya van marchando.
Más de cuatro zagalas
quedan llorando.
Enrique de Mesa
(1879- 1929)
Español.
551 ARIAS OTOÑALES, 3
El pastor, lánguidamente,
con la cayada en los hombros,
mira, cantando, los pinos
del horizonte brumoso;
y el rebaño soñoliento
levanta nubes de polvo,
y llora con sus esquilas,
bajo la luna de oro.
La aldea del valle está
quieta en humo blanco. Todo
lo que era alegre al sol, sueña
no sé qué amores llorosos.
Ya no se ve el río oscuro,
perdido en sí mismo. Sólo,
en la ciega paz inmensa,
se siente que tiene fondo.
Flota el humo blanco. El valle
se queda más solo y lóbrego.
Las esquilas lloran más,
bajo la luna de oro.
Juan Ramón Jiménez
(1881- 1958)
Español.
552 EXODO
Me sorprendió la tarde entre la albura
de un éxodo de ovejas. Del rebaño
tomé la mía sin hacerle daño.
No vi su piel. Y era la oveja oscura...
Pastor que pastoreas en la altura
la rosa de los vientos. No hay engaño
en el color, que hasta el oscuro paño
se cristaliza con la llama pura.
Igual que no se ve desde la orilla
la imagen interior, la noche estanca
la luz en la mirada que no brilla.
Pastor que buscas una oveja blanca,
toma la negra que tiñó la arcilla
y arráncale el color que no se arranca.
Raúl Contreras
(1896- )
Salvadoreño.
553 LOS CORDEROS
¡Camino de mi casa he visto cien corderos!
El sol estaba apenas abriendo su ojo blanco.
Tenia el cielo un vago recuerdo de luceros
y un agua transeúnte lamía su barranco.
Qué mieles de dulzura me dio a beber la aurora!
Aquel pedazo nuevo brindó un sabor extraño
y en lo más hondo mío sentí un alma pastora
que apacentaba al alba la mota del rebaño.
A toda prisa iba gritando el corazón!
Camino de mi casa he visto cien corderos:
sobre la pana verde era un gran algodón
aquella gran blancura echada en los senderos.
¡Oh lumbre limpia y nueva que lava las mañanas!
Era un blancor caído y arriba era un blancor.
Las nubes de lo alto dieron su piel de lanas
y eran corderos blancos los copos del Señor.
Yo entero estaba ungido de una gracia sin manchas.
Por mis pupilas anchas
entraba la mañana su alegre resplandor.
Una lengua imprevista me lamía por dentro
y desgastaba el tilo de toda mi aspereza.
El mundo estaba abierto y yo era el centro
de aquella niñez blanca de la naturaleza.
Bueno, inocente, niño, como una flor de hombres.
Mi barro estaba inútil y sólo el alma lista.
Las mil cosas terrestres perdieron sus mil nombres y
todo era una sola comunión panteísta.
Mi carne ya era libre de malignos fermentos.
Se aligeró de instinto mi cuerpo pecador
y despoblado entonces de deseos violentos
tenía yo una unción de enviado del Señor.
Milagro de las lanas impecables.
Corderos de mi aprisco y corderos de Dios
que en el don de las cosas inefables
trajeron hasta mi su enseñanza sin voz.
La luz del sol, ya espesa, rompió la paz aldeana.
La vida se hizo vida con todos sus colores,
y yo estaba feliz, porque aquella mañana
fuimos Dios y mi espíritu igualmente pastores:
Héctor Cuenca
(1897- 1961)
Venezolano.
554 PALABRAS A LA OVEJITA SOLA
Ovejita sola que vienes tras mío,
si yo fuera luna,
ya hubiera aprendido
tu dulce y quejoso llamado de cuna,
y esta misma noche, con un doble cuerno
de plata saldría
balando en el cielo tu balido tierno...
Y toda la gente se levantaría.
José Pedroni
(1899 - 1968)
Argentino.
PASTORES
555 ¡QUÉ GUSTO ES VER UN SIMPLE PASTORCILLO...!
¡Qué gusto es ver un simple pastorcillo
enel campo criado,
y allí también con él sus pensamientos!
Tocar el caramillo
es su mayor cuidado;
repastar las ovejas, sus contentos:
nada le quita el sueño,
ni fuera de su gusto tiene dueño.
Viene la noche, ordeña su ganado,
cena queso y cuajada,
o manteca más blanca que la nieve;
échase sin cuidado
sobre la paja usada
cuando más nieva, más ventisca y llueve;
y en pellejas envuelto,
duerme toda la noche a sueño suelto.
¿Pues luego a la mañana, con el frío,
las manos en el seno,
con migas el estómago aforrado,
no lleva su cabrío
por el pasto más bueno,
y en su gabán, metido y rebujado,
súbese a una ladera
y allí el nuevo calor del sol espera?
Tal vez se sienta orilla de una fuente
o de algún arroyuelo
donde corre el cristal envuelto en flores:
ve sus cabras enfrente
pacer el verde suelo,
cantando su descuido o sus amores;
o se queda tendido
debajo de algún álamo, dormido.
Canta entre las encinas mil canciones
con voz sonora y clara,
donde su corazón claro se lea;
publica sus pasiones,
o labra una cuchara
de incorruptible enebro o roja tea,
y guárdala escondida
para la que es el alma de su vida. (continúa...)
(1) |
zagales cañariegos = Los que van con los rebaños transhumantes. (regresar 1) |
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VERSOS A UNA CABRITA QUE TUVE // Con su hocico húmedo esta cabrita coge / cualquier señal de noche / con que la hierba se moja. / De aquella flor péndula / hacia quien el paso dirige / parece que la semilla es el badajito de ella. // Su muceta oscura / la protege de la noche sentida; tiene cada pelo una gota, / con pasos, polvo, vida... / De silencio, zarzamoras, hambre / compone en las ubres llenas / toda la razón de su nombre / y fruto de sus paseos. / Así ya marcha grave / como los navíos atracando, / lastrada de los pensamientos / de su vida suave. /Y en fin, sobre el puro peñasco / de sus casquitos tocado / está como el huevo y el ave: / gran secreto / equilibrado! (regresar *) |
