574 RECUERDO DE PISSARRO
Si no fueran veraces tus alcores,
con torvas pinceladas de castigo,
el gallo endemoniado de colores
no dejaría trigo sobre trigo.
Pero allí están los dos cultivadores,
a avispa haciendo fuego en el postigo,
la parva, el carro, un nicho de verdores,
la tapia, esquebrajada como un higo.
Tierra donde es cariño la distancia
y es tal la tabla de su agrimensura
que en el regazo cabe su abundancia.
Geórgicas de un verde cardenillo.
Cromática humedad. Lozana untura.
Sudor muerto en el mango del rastrillo.
Horacio Rega Molina
(1899 - 1957)
Argentino.
575 MOMENTOS DEL SUBURBIO
Por los campos verdes, entre los potreros,
silbando al ganado pasan los vaqueros
bajo su suave fuego, canario, de sol;
de peltre relucen los toros bermejos
y gallos pregonan a grito, de lejos,
la luz belemita de un nuevo Señor.
Hablando del lago que miran de frente
las mozas trigueñas repasan el puente,
las "quemas" humean y ladra el mastín;
canta una cigarra canción vespertina:
¡cigarra sedienta del aura azulina
que da a los volcanes las tardes de abril!
En los canillones de la carrilera
donde una ausencia por siempre se fuera,
marchan los aceros plateados del riel;
verduras silvestres bordan las orillas
y sueñan retornos flores amarillas,
mirando la estela callada del tren.
Sobre la acuarela de lomas y llanos
pasan las cotorras en grupos hermanos
a los guayabales dorados de luz;
ingenuos repiques, a cielo perdidos,
en una Edad Media, parecen venidos
de los campanarios de vaga Estambul.
Como los cipreses de los cementerios
las altas palmeras callan sus misterios;
el tráfago urbano se siente olear:
presintiendo el monte que se muere el día,
un pájaro llora la melancolía
de lo que queda por lo que se va.
José Olivares
( ? )
Centroamerica.
576 INSTANTANEA
Un pequeño caserío
arropado en la neblina,
la fugaz cinta de un río
y a lo lejos la colina.
Dos terneritos pintados,
sobre una sábana verde,
como si fueran dos dados;
y un camino que se pierde...
Todo visto de un andén
palpitante y volandero,
aprovechando el ligero
detenimiento del tren.
Asdrúbal Villalobos
(1895- )
Costarricense.
577 AL HORIZONTE DE UN SUBURBIO
Pampa:
Yo diviso tu anchura que ahonda las afueras,
yo me estoy desangrando en tus ponientes.
Pampa:
Yo te oigo en las tenaces guitarras sentenciosas
y en altos benteveos (1) y
en el ruido cansado
de los carros de pasto que vienen del verano.
Pampa:
El ámbito de un patio colorado me basta
para sentirte mía.
Pampa:
Yo sé que te desgarran
surco y callejones y el viento que te cambia.
Pampa sufrida y macha que ya estás en los cielos,
no sé si eres la muerte. Sé que estás en mi pecho.
Jorge Luis Borges
(1899- )
Argentino.
578 PATRIA DEL CAMPO
Rojas, azules, verdes, amarillas.
El pico abierto, el ojo entrecerrado.
Canta el punzante gallo y en astillas
rompe su canto un aire congelado.
Endardada en la niebla comarcana
allá lejos la iglesia monologa.
Eternamente, desde la campana,
como un hilo de miel, cuelga la soga.
Arde dentro en marea parecida
a la de celestiales resplandores,
la vela donde está reproducida
la imagen de la Virgen, en colores.
Ven a ver la hendijuela que me toca
de esta puerta sin llaves ni cerrojos;
el humo azul que sale de mi boca,
la paloma que me entra por los ojos.
¡Ay del poder vivir entre las cosas
hechas por Dios, como también deshechas,
donde las rosas no son más que rosas,
de serlo, y de su nombre satisfechas!
Patria del campo para el que no tiene
que esperar, y no espera, ni ha esperado.
Y llama al ángel, que en seguida viene
o por el cielo, o por el río, a nado.
Patria mía del campo, que se esconde
entre taimados frutos, y hace acopio
de bienestar en estas casas, donde
toma el nombre coman fuerza de propio.
El color categórico de granja
en las ventanas y postigos sopla
del comedor, por el que la naranja
se pasea, lo mismo que en la copla.
Solo estoy. Ni me tienta ni preocupa
la refacción, que espera, casi fría.
La cabecera de la mesa ocupa
el cielo, comensal del mediodía.
Y pienso que esta paz es la guardiana
de todo bien, de toda cosa bella.
Y mi mano acaricia una manzana
y hasta se deja acariciar por ella.
Aquí todo perdura, en el sentido
fundamental de la cosmología;
ponte un pájaro muerto en el oído
y escucharás su canto todavía.
Aquí no importa el vaho de la nada,
la defunción gratuita a pino y yeso,
si la fosa común fue ya ensayada
en el hotel con camas desde un peso.
¡ Ay! Yo quiero morir entre arboledas,
morir al filo de las casuarinas. ¡
Llevadme en carro cuyas cuatro ruedas
sean cuatro coronas y de espinas!
¡Ay!, yo quiero morir en este manso
comedor, de frescura y gruesa lumbre,
junto al ajo que htele sin descanso,
junto a la pera que destila herrumbre.
Y quiero los teñidos redondeles
de los vasos, la mácula que amengua
la desbordada cal de los manteles,
y el picotazo del ají en la lengua.
Aquí quiero quebrar mi aburrimiento
con ese sobresalto: la gallina,
y el pejerrey, magnífico y sangriento
como un rey de baraja en la cocina.
Aquí quiero la inédita pereza
que da el río, por valles y por sierras.
Lo natural de la naturaleza, y las tierras
que aún se llaman tierras.
Aquí, por solo amar, tuyo es lo que amas.
El campo junta. Ventarrones chocan.
Y hay cielos de distancia entre las ramas
de árboles que parece que se tocan.
Aquí el vino está lleno de rumores,
y al volcarlo en la cuba de madera,
oyes el habla de los viñadores
y el ruido del racimo y la tijera.
Aquí, al cabo de siegas y de trillas,
contra la tapia de ladrillo rancio,
la madre sienta al hijo en sus rodillas
eternizando su último cansancio.
¿Qué cuadro has de pintar? Ven.
No te importe pincel, paleta, espátula, tablero.
El gallo, tan jurídico en su porte,
posa para la tapa del tintero.
En palmipedas hojas de lechuga
tiembla el rocío. Vuela ya la urraca.
La húmeda paja del establo enjuga
el llanto del caballo y de la vaca.
Ven, que para cualquiera rebeldía
tienes dorada pólvora de estambres,
te da el cañaveral fusilería
y el abrojo electriza los alambres.
Patria del campo es esta, para goces
de una igualdad contada con plurales.
Si vienes, no me llames dando voces
y búscame apartando los trigales.
Horacio Rega Molina
(1899 - 1957)
Argentino.
579 DULCIA LINQUIMUS ARVA
(Abandoné la amada llanura).
Una amistad hicieron mis abuelos
con esta lejanía
Y conquistaron la intimidad de los campos y ligaron a su
baquía
la tierra, el fuego, el aire, el agua.
Fueron soldados y estancieros Y apacentaron el corazón con
mañanas
y el horizonte igual que una bordona
sonó en la hondura de su austera jornada.
Su jornada fue clara como un río
y era fresca su tarde como el agua
oculta del aljibe
y las cuatro estaciones fueron para ellos
como los cuatro versos de la copla esperada.
Descifraron lejanas polvaredas
en carretas o en caballadas
y los alegró el resplandor
con que aviva el sereno la espadaña.
Uno peleó contra los godos,
otro en el Paraguay cansó su espada;
todos supieron del abrazo del mundo
y fue mujer sumisa a su querer la campaña.
Altos eran sus días
hechos de cielo y llano.
Sabiduría de campo afuera la suya,
la de aquél que está firme en el caballo
y que rige a los hombres de la llanura
y los trabajos y los días
y las generaciones de los toros.
Soy un pueblero y ya no sé de esas cosas,
soy hombre de ciudad, de barrio, de calle:
los tranvías lejanos me ayudan la tristeza
con esa queja larga que sueltan en las tardes.
Jorge Luis Borges
(1899- )
Argentino.
580 DEL CAMPO
Al paso de los ladrones nocturnos
oponen la invasión de grandes olas de temperatura.
Al golpe de las barcas en el muelle,
la pavura de un lejano sonido de corneta.
A la tibia luz del mediodía que levanta vaho de los patios,
el grito sonoro de las aves que se debaten en sus jaulas.
A la sombra acogedora de los cafetales,
el murmullo de los anzuelos en el fondo del río turbulento.
Nada cambia esta serena batalla de los elementos
mientras el tiempo devora la carne de los hombres
y los acerca miserablemente a la muerte como bestias ebrias.
Si el río crece y arranca a los árboles
y los hace viajar majestuosamente por su lomo,
si en el trapiche el fogonero copula con su mujer mientras
la miel borbotea como un oro vegetal y magnifico,
si con un gran alarido pueden los mineros parar la carrera del
viento,
si estas y tantas otras cosas suceden por encima de las
palabras,
por encima de la pobre piel que cubre el poema,
si toda una vida puede sostenerse con tan vagos elementos,
¿qué afán nos empuja a decirlo, a gritarlo vanamente?
¿En dónde está el secreto de esta lucha estéril que nos
agota
y lleva mansamente a la tumba?
Alvaro Mutis
(1921- )
Colombiano.
581 YO NACÍ EN UNA ALDEA
En mi aldea los labriegos eran rudos y buenos
como el trigo y la tierra, como el agua y el cielo.
Pastores de vacadas, de flores y praderas,
una cruz los signaba en sus rostros de breña
cuando callados iban por los negros caminos
a dialogar humildes con las eras y el río,
las palomas salvajes y las colmenas rubias.
Y una cruz los signaba al caer las penúltimas
llamas de los crepúsculos sobre la tierra sola.
Eran fuertes y tiernos.
Con su mano callosa derrumbaban el toro
y sembraban la rosa...
José María Vivas Balcázar
(1918- 1960)
Colombiano.
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Benteveos o bienteveos = Ave de lomo pardo, pecho y cola amarrillos y una mancha blanca en la cabeza... Es inquieta, curiosa, dañina, insociable y pendenciera (T. Saubidet). (regresar 1) |
