582 VEGUERA
I
La encallecida mano ya no aporca
el tallo, de falanges empinadas,
en cuyo seno abulta la mazorca.
De las últimas hojas lanceoladas
la vida en torno diligente riega
de polen volador nubes doradas.
Junto a la troje la esperanza ruega;
en el amor abrevan las fatigas;
y del seno oloroso de la vega
sube el himno triunfal de las espigas.
II
Huelga la luz en las tupidas frondas;
el viento canta en el manglar sombrío;
y tiembla el junco entre las claras ondas.
Junto al verde tablero del plantío
mueven al sol sus cálices rosados
las abiertas campánulas del río.
Y nunca por el hombre codiciados,
en el verde jaral de los rastrojos
exhiben sus colores sazonados
áureos racimos y mereyes (1)
rojos.
III
En el declive de arenosa rampa,
que lentamente el batatal estrecha,
yergue su torre y su paral la trampa.
Tiene para atraer miga deshecha;
y desde el fondo oscuro del mogote
el ojo negro del gandul acecha.
Atenta al menor ruido, al menor frote,
como quien teme peligrar cercano,
con el ojo avizor y siempre al trote,
la tímida perdiz atisba el grano.
IV
Cuelgan bajo la nave del sendero
parásitas de flores amarillas
y gajos de cristal que da el uvero.
(2)
Saltan sobre los troncos las ardillas:
domina el color verde en las feraces
costas en que maduran las patillas.
Sobre la greda corren las torcaces;
flota al viento la húmeda atarraya;
y cae formando láminas fugaces
él humo del hogar sobre la playa.
Francisco Lazo Martí
(1864-1909)
Venezolano.
583 BUCÓLICA (*)
A vida é feita de nadas:
De grandes serras paradas
À espera de movimento;
De searas onduladas
Pelo vento;
De casas de moradia
Caldas e com sinais
De ninhos que outrora havia
Nos beirais;
De poeira;
De sombra duma figueira;
De ver esta maravilha:
Meu Pai a erguer uma videira
Como uma Mae que faz a trança à filha.
Miguel Torga
(1907- )
Portugués.
584 AZUL DE CAMPO TIERNO
A Isabel Pardo de Hurtado.
Oh, paz de mis contornos!
Oh, comunión de alas!
Los árboles traducen
lo que dicen las auras:
que es sumisa la alondra;
que pasó fresca el alba
con ojos de ilusión
y mejillas de nácar;
que vino el Monje Céfiro
madrugador... Y canta
la espiga ante la rosa
su canción de alabanza!
Ya en sazón de duraznos,
en la fuente cercana,
con delantal de espumas
núbil ninfa se baila.
El manzanero tiembla
cuando la brisa pasa!
Tintín le da sus mieles
de avena a la comarca.
De los collados dóciles
a las praderas baja
el mugir amoroso
de novillas y cabras.
Oh, paz de mis contornos!
Mariposa-esmeralda
funde en el campo tierno
las gemas de sus alas!
Gilberto Garrido
(1898- )
Colombiano.
ITINERARIO DE LA JORNADA
LA MAÑANA
585 GEÓRGICA
Húmeda de la aurora, despierta la campana
en el azul cristal de la paz aldeana,
y por las viejas sendas van a las sementeras
los viejos labradores, camino de las eras,
en tanto que su vuelo alza la cotovia(3)
a la luna, espectral en el alba del día.
Molinos picarescos, telares campesinos,
cantan el viejo salmo del pan y de los linos,
y el agua que en la presa platea sus cristales,
murmura una oración entre los maizales,
y las ruedas temblonas, como abuelas cansadas,
loan del tiempo antiguo virtudes olvidadas.
Dice la lanzadera el olor del ropero,
donde se guarda el lino, el buen lino casero:
y el molino, que esconde bajo la vid su entrada,
dice el áureo recuerdo de una historia sagrada:
bajo la parra canta el esponsal divino
de la sangre y la carne, de la hostia y el vino.
El aire se embalsama con aromas de heno,
y los surcos abiertos esperan el centeno,
y en el húmedo fondo de los verdes herbales
pacen vacas bermejas entre niños zagales,
cuando en la santidad azul de la mañana,
canta húmeda de aurora la campana aldeana.
Estaba una paloma blanca en un rosal florecido;
pra un ermitaño do monte el pan llevaba en el pico.
Ramón del Valle-Inclán
(1869- 1936)
Español.
586 MADRUGADA
Amaneciendo... lejos aletea
el gallo melancólico... Una franja
de suave rosicler y de naranja
se inicia sobre el cerro de la aldea...
En las turgentes lomas cabecea
la grácil arboleda de la granja
y en la senda, al saltar de piedra
en zanja la hacendosa carreta bambolea...
El campo se despierta. ¡Cómo brinca
la alegría en los patios de la finca,
entre una algarabía de terneros!
Todo bajo la luz de los paisajes,
cuando van despertando los boscajes
con su alegre clarín los clarineros...
Alfredo Espino
(1900-1928)
Salvadoreño.
587 MADRUGADA CAMPESINA
Albor: milagro en luz
que avanza por los campos agrandándolos.
Albor que a nuestros ojos sedientos de horizontes
extiende el panorama sereno de las leguas.
En las lindas auroras de Diciembre
hay un soplo aromado de inocencia:
viene del campo azul de los luceros
desde la Nochebuena.
Es un viento celeste, pastor amanecido
que, olvidando el rebaño de las nubes;
se duerme en los vellones de los trigos.
Y entonces, mientras sueña,
el trino de los pájaros
se levanta en las puntas dormidas de los álamos.
Entonces, en la carreta de yuntas apacibles
va amaneciendo un canto.
Y la huasca silbante del arriero
aviva el trote alegre de los piños
(4)
que van a la invasión de los potreros;
¡la brava libertad de los corcovos
y el tirante vibrar de los relinchos!
Ya luego pasarán los segadores
que en el trigal maduro
con la luna afilada de sus hoces
cosecharán el oro y el rocío.
Mientras tanto en la paz de un cielo blanco
un humito lejano se destrenza
en espiral tranquila:
¡ alma besando a Dios en la mañana
desde la soledad humilde de su rancho!
Francisco Donoso
(1896- 1969)
Chileno.
588 CANTO AL ARADO Y A LA ESPIGA
Antes que el duro corazón, la esteva,
rompa del surco; y al azul labriego,
sobre la faz del campo labrantío,
se alce la alondra matinal del riego;
humea el rancho agricultor que anida,
con su techumbre nueva
de oro pajizo, en el feraz plantío.
Móntale guardia, así cual aguerrida
tropa, la valla de un nopal bravío,
cuyas hojas hirientes y bizarras,
como lanzas enhiestas,
bruñera el sol, entre las áureas siestas
ebrias de luz y roncas de cigarras.
Cerca, le brindan sombra unos samanes
al rústico sendero...
Uncen allí la yunta los gañanes,
sobre la hierba florecida y como
húmeda aún del llanto mañanero;
mientras expurga familiar el lomo
manso y bestial un tordo vocinglero.
El "Clavel" y el "Lucero"
son la estrella y la flor de aquel sembrado:
tienen los bueyes nombres
fraternales y dulces a los hombres
que los guían pacientes al arado...
Bajo la fiera lumbre
del trópico, la yunta perezosa,
con su vieja y sagrada pesadumbre,
labra la tierra verde,
la tierra verde y nuestra; y cual de un ara
humilde asciende el humo de la choza,
que en la dulzura geórgica se pierde,
suave y azul, de la mañana clara.
Sopla el bochorno un hálito de fuego,
verdean los frondosos topochales,
pasa cantando el acequión de riego;
y a la sombra feraz de sus arrimos,
se doran los racimos
entre un vuelo goloso de turpiales.
Al pie de retorcido matapalo,
-también entre los árboles existe
la semejanza con el hombre malo,
como en el sauce con el hombre triste-
un asno descabeza
quién sabe cuál ensueño de belleza,
de una ardiente y remota poesía,
que ante el paisaje bíblico lo embarga:
la huida a Egipto y la celeste carga
de Jesús y María.
Arde, trémula y rubia, en su decoro,
bajo la gloria del azul perplejo,
la siembra; el predio abarca,
y en la égloga de oro
tañe su flauta de carrizo, el viejo
río, padre fluvial de la comarca
Rudo trajín de gente agricultora
muestra la tarde a su amarillo lampo:
los hombres, cual Booz, labran el campo,
y, como Ruth, espigan las mujeres;
y ya de vuelta, hacia la noche bella,
los bueyes rumian la cercana hora
que entristece las cosas y los seres,
cuando se enciende la primera estrella
sobre el barbecho que el testuz enflora,
como en las fiestas de la antigua Ceres.
Tierra que echas a vuelo tus aromas,
mientras pacen, bucólicas, las reses,
madúranse las pomas
y amarillean bajo el sol las mieses;
tierra fragante, luminosa y llana,
cuyo florido corazón hermana
la fuerza del arado
y la gracia de la égloga fecunda:
el hierro en el dolor de la coyunda
y el oro en las espigas del sembrado.
Véspero campesino,
como la estrella de Belem, asoma.
Dios atardece en el fulgor divino.
Mas he aquí que vuela una paloma;
después, una fragancia:
y en las cándidas alas y el aroma,
la paz y la abundancia.
Sergio Medina
(1882 - 1933)
Venezolano.
589 ALBA EN EL CAMPO
En esta aldea pura me levanto
cuando la luz a la tiniebla embiste,
y alegremente mi tristeza canto,
porque yo soy naturalmente triste.
Amo las zarzamoras del camino,
y el agua de los rústicos bancales,
y la vaga canción que el campesino
murmura entre el rumor de los maizales...
Pediré en el establo leche blanca
para mis labios ávidos y urbanos...
Después iré a horcajadas en el anca
del asno más brioso, a buscar flores,
mientras ganan la muerte con sus manos,
en un ansia vital, los labradores...
Fernando González
(1901- )
Español.
590 A LA ESPERA DEL SOL
El alba. Por la colina
bala un cuerno. Se ilumina
la aldea con la fogata.
Huele el valle a meliloto,
y en un tramonto remoto
muere el lucero de plata.
Del establo, la tambera
lleva la vaca lechera
a beber en el pozanco,
y, por ser su favorito,
sigue a la moza un cabrito
todo blanco.
La moza huele a poleo,
y es su sonreír tan franco,
que siento como un deseo
de ser su cabrito blanco.
José Pedroni
(1899-1968)
Argentino.
(1) |
Mereyes = Las frutas que en otras partes llaman marañones. (regresar 1) |
(2) |
Uvero = Uva de playa, árbol poligonáceo Coccoloba uvifera L.. (regresar 2) |
(3) |
Cotovía = Totovía, nombre onomatopéyico de un ave parecida a la alondra. (regresar 3) |
(4) |
Piños = Bestias caballares. (regresar 4) |
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BUCÓLICA // La vida está hecha de nadas: / de grandes sierras paradas / en espera de movimiento; / de mieses onduladas / por el viento; / de casas de morada / caldas y con señales / de nidos que otrora habla / en los aleros; // de polvo; / de sombra de una higuera; / de ver esta maravilla: / Mi padre enderezar una vid, / como una madre que arregla la trenza a una hija. (regresar *) |
