671      LOA DEL CAMPESINO


 

Yo sé que él es de tierra.
Su piel
en su corteza.
En el haza de la frente
tiene besanas (1) paralelas.
En sus brazos,
son raicillas las venas.
Sus sienes llevan hojas
como la primavera.
Su ojos de intemperies
preguntan y contestan.
¡ Cuántos atisbos claros
sobre los campos dejan!
Labriego de mi patria:
el de los pies de yerba,
las manos de simientes
y el cuerpo de cosechas.
A ti te llaman tosco,
siendo finura cierta;
a ti, que arrojas mayos
en las de otoño glebas.
Quien viendo no te mire,
quien oiga y no te entienda,
ni espigará futuros
ni cantará moliendas.
Que tú, labriego hermano,
eres anchura y puerta:
la puerta que se abre
a auroras de riqueza;
la anchura que da a cielos
de infinitas estrellas

Antonio Oliver Belmás
(1903-   )
Español.


 

672      PANTUM


 

Alzando el himno triunfal de la vida
muge el torrente en los fértiles llanos;
yo siento mi alma de júbilo henchida,
viendo en las mieses cuajarse los granos.

Muge el torrente: en los fértiles llanos
templa la sed ardorosa del trigo;
viendo en las mieses cuajarse los granos
yo al sembrador de la tierra bendigo.

Templa la sed ardorosa del trigo,
huye, y al mar el torrente se lanza;
yo al sembrador de la tierra bendigo,
yo me estremezco de amor y esperanza.

Huye, y al mar el torrente se lanza,
dando a las mieses un ay de partida;
yo me estremezco de amor y esperanza,
alzando el himno triunfal de la vida.

Manuel González Prada
(1848-1918)
Peruano.


 

673      HIMNO DEL LABRADOR


 

¡ oh, mortal que laboras la tierra,
con tu brazo de hierro, nervudo,
para ti son los fuegos lozanos,
la piña dorada y el trigo maduro!

Poco importa el sombrero de palma,
la blusa raída y los pies desnudos,
en estando el ranero repleto,
y el grano seguro,
no es difícil luchar por la vida
y obtener la victoria del triunfo.

Si derribas la enhiesta montaña,
si siembras el grano, si llenas el surco,
de tus puertas huirá la miseria,
las bajas pasiones, los vicios inmundos.

Labrador, vigoriza tu mano
y empuña con bríos tu acero fecundo
que roture la tierra, esa madre
que ofrece a sus hijos el ciento por uno.

Labrador, guarda el hierro homicida
y en la selva y el valle profundo,
que resuene el estruendo del hacha
como el himno triunfal del futuro.

Mas si ves conculcados un día
de la patria los fueros augustos
ve a romper tu azadón en la frente
de sátrapas viles y torpes verdugos...
y que ondee el pendón sacrosanto,
inviolado y grandioso ante el mundo.

Samuel Meza
(1867-1930)
Nicaragüense.


 

674      LE   HASARD (*)


 

D'un oeil inquiet surveille le hasard
Selon que le vent l'améne ou le disperse,
Éclair de bronze furtif, furtif lézard
Courant sur les murs. Mais soudain une averse,
Là, sur la glébe s`effondre; avec sa herse
Un paysan l'étale, mais no voit pas
L'inerte trésor enforcé sous ses pas
Ame à d'autres soucis aveugle et rétive,
Il          régle sa tâtche et l'heure des repas
Sur le labour têtu des champs qu'il cultive.

André Fontainas
(  ?  )
Haitiano.


 

675      CANTIGA DE CLARIDAO (**)


 

Camponês, plantas o grao 
no escuro -e nasce um clarao. 
Quero chamar-te de irmao.

De noite, comendo o pao,
sinto o gôsto dessa aurora
que te desponta da mao.

Fazes de sombras um facho
de luz para a multidao.
És um claro companheiro, 
mas vives na escuridao.
Quero chamar-te de irmao.
E enquanto nao chega o dia
em que o chao seja o reinado
do trabalho e da alegria,
cantando juntos, ergamos
a arma do amor em açao:
a rosa já se faz flama
no gume do coraçao.

Camponês, plantas o grao  
no escuro -e nasce o clarao. 
Quero chamar-te de irmao.

Thiago de Mello
(1926- )
Brasileño.


 

676      SENTIMIENTO DEL HOMRE 
Y DEL SURCO


 

Como dice Aristóteles, cosa es verdadera,
el mundo por dos cosas trabaja: la primera
por haber mantenencia; por la otra con era
por haber juntamiento con fembra placentera.
Arcipreste de Hita.

Insisto en la estética silueta vegetal
que nos proclama el señorío del paisaje,
la paz de la montaña.

La libertad que existe entre la tierra y el cielo
es cosa de hola simple
o          de transcurrir de agua.

No se equivoca el campesino cuando
toma los cielos con las lluvias
en las ocultas cisternas del tiempo,
y en verdad agrícola se acuesta
como eterna semilla acostumbrada.

El aire que se agita es prez de la cosecha,
y luz decora lo preciado, dicha y gala.
El hombre es el paisaje y es su historia,
y por tal necesidad trabaja, come y descansa.

Tiene familia que mantiene y duerme
en suave tierra abonada en márgenes de ríos
que se atreven a inundar dulce floresta,
domicilio y sueño.

Es el padre, son los hijos
quienes tumban los árboles del tiempo
y que en parcelas de quietud
reposarán exentos de tributo,
ausentes del ozono y de la magia de los espantapájaros
que desvalija el vendaval.

Ausentes, perdidos ya para las duras tormentas.
Bajo tumbas removidas duerme el rayo
y todo cuanto fue hombre, trabajo,
apuro, soledad, quebranto.

Pasan guerras civiles de los años
y dejan los campos descarnados,
mutilados los hombres y las rosas.

Cuanto mis ojos han visto,
no digo dónde ni cuándo,
me consuela de morir.

Si duelos fueron, si alegrías
olvídeme de los hombres, de las fechas.
Ya no son horas ni son flores lo que me aflige.
Es tu ausencia vacía en cada cosa:
soy yo mismo perdido entre mis voces.

Xavier Abril
(1903- )
Peruano.


 

677      EL CAMPO


 

De la tierra sube un mensaje precioso.
De la tierra como constante hervor que crece
se la oye en muchas leguas a la redonda
a pesar de su silencio crepitar las entrañas
y las últimas recolectas de los cereales,
un conservar entre apasionado y receloso
de las partidas de campesinos
bajo las tardías nubes hinchadas de orlas de oro
que una brisa calienta.

Pero el campo ha dejado de ser esa fatal belleza desconocida
y aunque en muchas leguas a la redonda
parece rebalsado como durante milenios
con el croar de las ranas, y el paso
que cruje suavísimo de los carros con su maderamen arbóreo
con sus asnillos sucios,
todo casi transparente
cuando los nubarrones palian el sol fluído de junio
y un ligero color de sombra preludia las aguas,
no obstante,
algo que no estaba en los últimos años
modifica la fisonomía impávida de la naturaleza,
y la presta esa incógnita que da miedo y alegría
cuando el hombre protegido de la ciudad
sale de sus cercos y percibe anonadado,
que ya el agro no es la paz que su cansancio busca.

Vosotros si, los crecidos en el hontanar, en los sembrados
o pared medianera de los mugidores establos,
vosotros si sabéis que el rigor de vuestros pies
se marchita como en vuestros abuelos
tras las hórridas jornadas que los años ensartan
acumulando encima de la conciencia un peso vacío.

Vosotros, los que dormís en las pintorescas moradas
donde los pájaros cuelgan sus nidos,
y el dragoncillo (2) roe vuestras galas sin gracia de domingo,
nada sabéis de esos prodigios que os rodean
sino la inclemencia, la helada lluvia, el granizo devastador
y ese pánico natural a la ciudad que brilla seductora,
más insaciable que los elementos.

Vuestra es la tierra, sin embargo,
y no sólo el diminuto cementerio
donde reposáis de padres a hijos los apretados huesos,
como reliquias entre las malvas reales desde el ferrocarril,
dejando un vago temblor en el ánimo.

Juan Gil Albert
(1906-   )
Español.


 

678      LOA A LAS GENTES DEL CAMPO


 

Bajo la azul mansedumbre del cielo, 
sembrando granos o atando gavillas, 
o dándoles agua y amor a las flores, 
pasan su vida las gentes sencillas.

Saben canelones antiguas y tristes, 
y en sus cansadas pupilas se queda 
la ancha visión de los campos de trigo, 
del llano blanco y la verde arboleda.

No hay inquietud que en sus almas florezca, 
no hay ilusión que les vende los ojos. 
Aman con clara ternura lo humilde:  
gleba y maleza, guijarro y abrojos.

Gozan con ávida unción de la sombra 
fresca y sutil de los árboles buenos; 
y en afanosa jornada reciben
besos de sol en sus rostros morenos.

Y hacia el hogar luminoso y lejano  
por el camino de todos los días,

al terminarse la dura labor, 
van con las ásperas manos vacías. 
Hacia el hogar luminoso y lejano 
por el camino de todos los días.

Romeo Murga
(1904 - 1925)
Chileno.

 


679      HIJOS DE LOS CAMPOS


 

Vosotros los que consumís vuestras horas
en el trabajo gozoso, y amor tranquilo pedís al mundo,
día a día gastáis vuestras fuerzas, y la noche benévola
os vela nutricia, y en el alba otra vez brotáis enteros.

Verdes fértiles. Hijos vuestros, menudas sombras humanas: cadenas
que desde vuestra limitada existencia arrojáis
-acaso puros y desnudos en el borde de un monte invisible- al mañana.
¡Oh ignorantes, sabios del vivir, que como hijos del sol pobláis el dia!

Musculares, vegetales, pesados como el roble, tenaces como el arado que
(vuestra mano conduce,
arañáis a la tierra, no cruel,
amorosa, que allí en su delicada piel os sustenta.
Y en vuestra frente tenéis la huella intensa y cruda del beso diario
del sol, que día a día os madura, hasta haceros oscuros y dulces
como la tierra misma, en la que ya colmados,
una noche, uniforme vuestro
(cuerpo tendéis.

Yo os veo como la verdad más profunda,
modestos y únicos habitantes del mundo,
última expresión de la noble corteza,
por la que todavía la tierra pueda hablar con palabras.

Contra el monte que un lujo primaveral hoy lanza,
cubriéndose de
temporal alegría,
destaca el ocre áspero de vuestro cuerpo cierto,
oh permanentes hijos de la tierra crasa,
donde lentos os movéis,
seguros como la roca misma de la gleba.

Dejad que, también,
un hijo de la espuma que bate el tranquilo espesor
del mundo firme,
pase por vuestro lado, ligera como ese río
que nace de la nieve instantánea y va a morir al mar,
al mar perpetuo, padre de vida, muerte sola
que esta espumeante voz sin figura cierta espera.

¡Oh destino sagrado! Acaso todavía
el río atraviese ciudades solas,
o          ciudades pobladas. Aldeas laboriosas,
o          vacíos fantasmas de habitaciones muertas:
tierra, tierra por siempre.

Pero vosotros sois, continuos,
esa certeza única de unos ojos fugaces.

Vicente Aleixandre Merlo
(1898- )
Español.


 

680      ROSTROS CAMPESINOS
 

 

Un olor agrio de café maduro
dispersa grumos rojos en la luna,
grillos de luz violeta, cascabeles
que envenenan el aire del helecho.
Se ilumina la sombra de las cumbres
y baja por los árboles el río
sonando lirios blancos de penumbra
hasta la oscura casa del silencio,
donde enciende el maíz perlas quebradas.
Nos circunda la noche grano a grano,
con música de fronda en los confines,
con guaruras (3) indígenas que llaman
la tristeza sombría de los muertos.
En la luz de la lámpara va huyendo
un espacio de yerbas, de tabaco,
de terrones azules y de ranas.
En circulo, los rostros campesinos
oyen el cuento antiguo de los astros.

Vicente Gervasi
(1913-     )
Venezolano.

 

(1)
 Besanas = Caballones que quedan entre surco y surco al arar. (regresar 1)
 
(2)
 Dragoncillo = Insectos. (regresar 2)
 
(3)
Guaruras = Bocinas o trompetas hechas de diversas clases de caracoles. (regresar 3)
(*) 
EL AZAR!! Con ojo inquieto supervigila el azar / según que el viento lo reúna o lo disperse, / lampo de bronce furtivo, furtivo lagarto / que corre sobre los muros. Pero de súbito una granizada, / allá, sobre la gleba se desploma; con su rastrillo  / un campesino la extiende, pero no ve / el inerte tesoro hundido bajo sus pasos. / Alma a otros cuidados ciega e indócil, / él reglamenta su tarea y la hora del yantar / sobre el trabajo tenaz de los campos que cultiva. (regresar *)
(**)    
CÁNTICO DE CLARIDAD / Campesino, plantas el grano / en lo oscuro -y nace una claridad. / Quiero llamado hermano. / De noche, comiendo el pan, / siento el gusto de aquella aurora / que te despunta en la mano. / Haces de sombras un candil / de luz para la multitud. / Eres un claro compañero, / pero vives en la oscuridad. / Quiero llamarte hermano.// Y mientras que llega el dia / en que el suelo sea el reino / del trabajo y  la alegría, / cantando juntos, levantemos / el arma del amor en acción: /  rosa ya se hace llama / en el filo del corazón.  Campesino, plantas el grano / no / en lo oscuro -y nace la claridad. / Quiero llamarte hermano.  (regresar **)
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