129 ESTE SONIDO DE LA LLUVIA CAE
Este sonido de la lluvia cae
más adentro de mi que la amargura:
esa ráfaga que la inclina trae
golpes de tiempo y de humedad más pura.
Todo vuelve a nacer igual que era,
cuando oculto soñaba en el morado
resplandor de la trágica vidriera
bajo el candor del aguacero amado.
El patio, el pescador, el río, están
generosos y humildes esperando
afuera de mi vida. . . ¿Volverán
algún día a brillar en viva gloria,
estrellas de mi ser, cielo girando
con todo el polvo de eternal historia?
Cintio Vitier
( ? )
Cubano.
130 CHUVA NA MONTANHA (*)
Como caíram tantas águas,
nublou-se o horizonte,
nublou-se a floresta,
nublou-se o vale.
E as plantas moveram-se azuis
dentro da onda que as toldava
Tudo se transformou em cristal fosco:
as jaqueiras cansadas de frutos,
as palmeiras de legue aberto,
e as mangueiras com suas frondes
de arredondadas nuvens negras superpostas.
O arco-Iris saltou como serpente multicolor nessa piscina de desenhos delicados.
Cecília Mefreles
(1901-1964)
Brasileña.
131 VISITA DA CHUVA (**)
Estas altas arvores
sáo urnas harpas verdes
com cordas de chuva
que tange o vento.
Vém os sons mais claros
da arnendoeira amarela,
pontuados na palma
das fortes folhas virentes.
Os sons mais frágeis nascem
na fronde da acácia leve,
com frouxos cachos de flóres
e folinhas paralelas.
Os sons mais graves escorrern
das negras mangueiras antigas,
de grossos, torcidos galhos,
franjados de parasitas.
Os sons mais longínquos e vagos
vém dos finos ciprestes:
chegam e apagam-se, nebulosos,
desenham-se e desaparecem...
Cecilia Meireles
(1901-1964)
Brasileña,
132 EL SURCO
Dijo el surco a la lluvia: te esperaba.
Piadosa oíste mi constante ruego:
el sol de estío con su rojo fuego,
mi oscura entraña con ardor quemaba.
Yo soy como el amante que anhelaba
a la amada imposible; a ti me entrego;
sin el influjo de tu sacro riego,
el grano en su prisión ni germinaba.
Con tu beso fecundo y tus arrullos,
reventará en mi vientre la semilla
que a flor de tierra surgirá en capullos.
Del sembrador el corazón se alegra,
al ver la gama que del verde brilla
sobre mi piel endurecida y negra.
Jorge Federico Zepeda
(1883 - 1932)
Hondureño.
133 POEMAS DE LA LLUVIA
I
Llueve perpendicular,
ambiciosamente,
y el agua
sola se queda, sola en la tarde,
sola en la tierra, sola en el aire.
Panderetas de hojas tiemblan
y el buen aroma se expande.
Deja que caiga, deja que lo inunde todo,
hasta que el agua se junte cabeceando
por todas partes.
Que las cosas de la tierra
se mojen y enloquezcan en lluvia.
¡ No sabes el bien que les hace!
La lluvia es quien pinta lo verde
y la que saca brillo a la piel de la tarde.
¡ Mira la lluvia qué piadosa, qué sencilla
y perdurable!
La paz reina. Con su canción potente
los muertos y las raíces a flor de tierra salen.
Sólo a nosotros, los vivos,
se nos muere la pupila
y el torrente de lo que fue nos invade.
No hay remedio.
Nuestro barro está gritando hacia el suelo,
y nosotros, inmortales,
oscuros padecemos, ¡Ay, quién sabe
dónde se va nuestro espíritu
cuando el mundo se ciñe de lanzas!
¡Quién sabe!
II
¡ Oh!, hay mil clases de lluvia,
pero la que más me gusta
es la que bate palmas entre las filas de avellanos,
agujereando sin orden
la densidad del aire.
Cada sapico entre la hierba
ha sentido una gota en el flanco
y corren armando la caramba
a mirar por el ojo del túnel.
Entonces por encima de los avellanos
cae derrumbado un tumulto de siglos
que se hace lámina de la tierra.
Y así se van sucediendo,
¡paciencia, alma, paciencia!,
virginidad de aire
con esta chorretada de vapor que manamos los toros.
III
¡Cuánta agua, Señor!
Me invade los ojos el color de las distancias
y voy a volverme esfinge.
¡ Qué horrible dolor no entender el destino
de tantas aguas!
Me voy, me voy.
Cada invierno me voy de mí.
Estamos cercados de lluvia o de barrotes.
En el invierno, Señor,
¿adónde me voy? Retrocede y retrocede
mi alma y se desgasta
como una piedra pómez,
¿Es que llevamos dentro el cadáver podrido de algún
conquistador?
¿Por qué, Señor, esta desolación
como si fuese un hijo venido de los trópicos?
¡Pero si yo he nacido alimaña,
cercado por la lluvia y por la niebla
y una tutela familiar
de ramajes y montoncitos de tierra!
Y, sin embargo, desfallezco
inevitablemente.
Cada Invierno, Señor,
la crisis de mi tierra de albedrío.
Y cada primavera vuelvo al mundo
como nueva crisálida.
Fray Augusto de la Inmaculada
(1922- )
Español.
134 TRÓPICO
Gotas de ámbar, de fósforo y rocío.
Peces que tienen corazón de arena.
Hojas y plumas bajo las que suena
la corriente legítima del río.
Tenebroso rumor de ánima en pena
que entre los doce meses de su estío
busca el mar, y en el anda del navío
coloca cebos para la sirena.
Grietas de contraluz, verdes neblinas,
sofocan el follaje, sin estruendo,
en un tósigo de hongos y resinas.
Nada bajo los árboles se mueve.
Ni siquiera esa lluvia, porque llueve
como si lo estuviéramos leyendo.
Horado Rega Molina
(1899- 1957)
Argentino.
135 PAISAJE DEL TRÓPICO
Polvo y moscas. Atmósfera plomiza
donde retumba el tabletear del trueno
y, como cisnes entre inmundo cieno,
nubes blancas en cielo de ceniza.
El mar sus ondas glaucas paraliza
y el relámpago, encima de su seno,
del horizonte en el confín sereno
traza su rauda exhalación rojiza
El árbol soñoliento cabecea,
honda calma se cierne largo instante,
hienden el aire rápidas gaviotas,
el rayo en el espacio centellea
y sobre el dorso de la tierra humeante
baja la lluvia en crepitantes gotas.
Julián del Casal
(1863 - 1893)
Cubano.
136 LLUVIA MONTAÑESA
Se cierra el horizonte-ceniza, plomo, perla,
Los terrones candentes se entreabren.
Brillan las hojas. Los goterones danzan
y de la tierra sube ese olor
natural, único, eterno y cósmico;
olor de hembra, de tumba y de lecho,
de beso y ramaje, de vida,
de todo, de nada...
Regino E. Boti
(1878- )
Cubano.
137 LAVANDO NUBES
El viento está lavando las nubes.
Toma una nube negra,
la empapa en lluvia,
la retuerce en seguida,
la golpea contra el molino,
nos moja el campo,
lava el cielo,
y sale la nube blanca
de negra que era,
para ir a colgarse
en el hilo del horizonte
a secarse.
Alfredo Mario Ferreiro
(1899- )
Uruguayo.
138 EL INVIERNO EN JALAPA
Luchan el cierzo y austro; leve bruma
el valle, el monte y el zafir empaña,
y rumoroso sus arenas baña
inquieto el mar con irisada espuma.
En grupos, balador y ágil, trashuma
el rebaño o se llega a la cabaña,
donde no lejos de un rival, sin saña
sacude el gallo la mojada pluma.
Yarrástranse las nubes con sublime
susurro en el pinar. ¡ Cuánta belleza
la blanca, tenue luz al cuadro imprime!
Y del invierno acrece la rudeza
la lluvia pertinaz, que el alma oprime
con infinita y plácida tristeza.
Joaquín Arcadio Pagaza
(1839-1918)
Mejicano.
ITINERARIO DE LA LLUVIA
139 PAISAJE
Cae la lluvia, lenta
sobre el campo tierno.
Viste la mañana
su traje más fresco.
¡Qué siembra más clara
cubre el campo tierno!
Juncos de cristal
quiebran sus reflejos
en las sementeras
que ha labrado el viento.
La lluvia cae, lenta,
sobre el campo tierno.
Recoge la tarde
sus débiles ecos.
Una fría lumbre
se esconde a lo lejos.
¡ Qué clara cosecha
espigó el silencio!
Cae, cae la lluvia
sobre el campo tierno.
Los pájaros, mudos.
Los árboles, quietos.
¿Lucirá su luna
la senda del sueño?
¿Qué frágil cocuyo?
qué tibio lucero
prenderá en la sombra
la noche de invierno?
Desgrana la lluvia
su límpido acento.
Cae, cae la lluvia
sobre el campo tierno.
Miguel R. Utrera
(1909- )
Venezolano.
(*) |
LLUVIA EN LA MONTAÑA // Como cayeron tantas aguas, / se nubló el horizonte, / se nubló la floresta, / se nubló el valle. //Y las plantas se movieron azules / dentro de la onda que las entoldaba. // Todo se transformó en cristal fosco: / las yacas cansadas de frutos, / las palmeras de abanico abierto, / y los mangos con sus frondas / de redondeadas nubes negras superpuestas. //El arco-iris saltó como serpiente multicolor / en esa piscina de diseños delicados. (regresar *) |
(**) |
VISITA DE LA LLUVIA //Estos altos árboles / son unas arpas verdes / con cuerdas de lluvia / que tañe el viento. // Proceden los sonidos más claros / del almendro amarillo, / son punteados en las palmas / de recias hojas verdeantes. // Los sonidos más frágiles nacen / en la fronda de la acacia leve, / con laxos racimos de flores / y hojitas paralelas, //Los sonidos más graves escurren / de los prietos mangos antiguos, / con ramas gruesas y torcidas, / franjeadas de parásitas. // Los sonidos más lejanos y vagos / vienen de los finos cipreses: / llegan y se apagan, nebulosos, / se insinúan y desaparecen... (regresar **) |
