150 ROMANCE DE LA LLUVIA
EN CUATRO ESTAMPAS
I
"Cuando se pone ese tiempo
y está el barinés soplando..."
sentencia la voz abuela
entre las matas del patio.
Hay un olor de aguacero
en el ambiente pesado.
La modorra de la tierra
se exhala en un lento vaho
sensual de savias remotas.
Balas nubes de basalto
gruñen sordas a lo lejos;
está el barinés soplando
y anda loco por las casas
con travesuras de diablo.
El río viene revuelto
con botes apresurados,
la tarde va descendiendo
por un poniente de estaño
y en el aire hay remolinos
de vertiginosos pájaros.
II
Canta la lluvia en repiques
de goterones de piedra.
Bajan violentos y rápidos
y en vez de mojar, golpean.
Las corolas se deshacen
y las hojas se doblegan
y acribillada en su entraña
se esponja de amor la tierra.
Llueve sobre el ancho mundo
para la piedra reseca
para el cardo calcinado,
para la raíz sedienta,
para el camino cansado
de tanto llevar a cuestas
la esperanza de llegar
adonde nunca se llega...
Llueve sobre el ancho mundo
para todos los que esperan:
hombre, cardo, ave, semilla,
pozo exhausto y dura piedra.
Desciende paz con el agua.
Llueve Dios. Las cosas rezan:
¡Bendita sea la lluvia
que hasta al más humilde llega!
III
¡Qué linda estampa de tarde
con lluvia y lentas campanas!
¿Dónde hay cirios encendidos?
¿En qué altar de pobre casa
se ilumina la novena
con la luz de nuestra infancia?
¡Bendita sea la lluvia
que nos moja de añoranza!
Huele a cocina hogareña
la brisa en lluvia empapada.
Un viejo mundo olvidado
regresa con los paraguas.
Se desdibujan las cosas
tras la cortina de lágrimas
y los niños encerrados
echan barcos en el agua,
o en el ábaco que fingen
los alambres, cuentan raudas
gotas frágiles y efímeras
que se pierden en la nada...
IV
Hay un piano entre la lluvia.
¿La romántica vecina
de treinta años y sin novio
ue en el tango aquel suspira?
Hay un piano entre la lluvia
y una voz enternecida
que ha exhumado de otros tiempos
una dulce melodía,
Y en el aire de la tarde,
con las alas ateridas,
por entre árboles que lloran
y campanas que agonizan,
cruza el ave del lamento
como un alma en la partida.
¿Será el alma de la tarde
que en la voz de la vecina,
solitaria y desterrada
a otro mundo se encamina?
Hay un piano entre la lluvia.
Por su escala cristalina
retornamos a la infancia
con el alma estremecida...
Héctor Guillermo Villalobos
(1911- )
Venezolano.
151LA LLUVIA, MI HERMANA
II pleut doucement sur la ville. RIMBAUD
Siempre la lluvia gris... Qué Intensa pena
tiene esta tarde de melancolía!
Su alma en nosotros a la par resuena
como una novia triste en agonía.
Y es otras veces una hermana buena
que al oído nos da su letanía,
intermitente entre la paz serena
de alguna noche desolada y fría.
¡Oh, la lluvia! . . . Mi hermana confidente
que me vela como a un convaleciente
y en mis labios su breve ósculo imprime...
entre todos el único sincero-!
Siempre la lluvia gris... Yo sólo quiero
su silenciosa música que oprime.
J. A. Falconí Vlllagómez
( ? )
Ecuatoriano.
152 TARDES DE LLUVIA
Bate la lluvia la vidriera
y las rejas de los balcones,
donde tupida enredadera
cuelga sus floridos festones.
Bajo las hojas de los álamos
que estremecen los vientos frescos,
piar se escucha entre sus tálamos
a los gorriones picarescos.
Abrillántanse los laureles,
y en la arena de los jardines
sangran corolas de claveles,
nievan pétalos de jazmines.
Al último fulgor del día
que aún el espacio gris clarea,
abre su botón la peonía
(1),
cierra su cáliz la ninfea
(2).
Cual los esquifes en la rada
y reprimiendo sus arranques,
duermen los cisnes en bandada
a la margen de los estanques.
Parpadean las rojas llamas
de los faroles encendidos,
y se difunden por las ramas
acres olores de los nidos.
Lejos convoca la campana,
dando sus toques funerales,
a que levante el alma humana
las oraciones vesperales.
Todo parece que agoniza
y que se envuelve lo creado
en un sudario de ceniza
por la llovizna adiamantado.
Yo creo oír lejanas voces
que, surgiendo de lo infinito,
inícianme en extraños goces
fuera del mundo en que me agito.
Veo pupilas que en las brumas
dirígenme tiernas miradas,
como si de mis ansias sumas
ya se encontrasen apiadadas.
Y, a la muerte de estos crepúsculos,
siento, sumido en mortal calma,
vagos dolores en los músculos,
hondas tristezas en el alma.
Julián del Casal
(1863- 1893)
Cubano.
153 TARDE DE LLUVIA EN EL CAMPO
Después de la lluvia
el monte ensaya un verde claro;
el silencio se asombra meditando en el agua
y la luz de las hierbas ilumina los campos.
Estremeciendo el agua que ha quedado en las ramas
sin hojas de un arape
(3),
pasa el viento marinero de astros.
Hojas de agua caen lentamente de la fronda abismada,
sobre el humo abatido de los tiempos sembrados,
y en el fondo profundo de la tarde
hace crecer la hierba la canción de los pájaros.
Madura las espigas un sol tímido.
La voz se refresca de infantil soledad
en el abandono crepuscular de los campos,
ausentes de las sombras de las cosas que viven.
En el mar sin orillas de una gota de agua,
barquitos de papel para naufragios de ideas lanzamos,
y el viento marinero se los lleva impasible
hacia un puerto de astros.
Jugamos a ver quién acierta un premio de nubes
en la lotería de cartón de los pájaros.
Y en los duendes menudos del agua que rebotan
vestidos de hojas secas por las gredas del patio
volvemos al pasado.
Recuerdos infantiles llenan toda la casa.
¿Adónde irán los barcos,
los frágiles esquifes de papel que pusimos,
cargados con ideas, en el agua del patio?
El alma centinela
vigila sus barquitos desde el palo más alto.
Y las estrellas mandan de los puertos distantes,
con su frío metálico, mensajes inalámbricos.
Fernando Paz Castillo
(1895- )
Venezolano.
154 TARDE DE LLUVIAS
Se nubia la ciudad
de espejos de silencio.
Y hay un temblor de músicas sutiles
en el viento.
Al fin mujer, la lluvia
se pinta en cada beso
los labios con el rouge de los relámpagos.
¡Qué sensación más honda de frescura!
Pájaros de cristal surcan el cielo
en algazaras frágiles.
Sus nidos de colores
cayeron desgajados por el hacha del rayo.
Repique de campanas
azules, luminosas,
llenan sonoramente el horizonte.
De cada son
ha de nacer la rosa clara
de pétalos de agua.
Los campos se estremecen de rocío,
se inundan de perfume.
Yo respiro el paisaje
detrás del paraguas de colores
del arco iris.
Raúl Otero Reiche
(1905 - )
Boliviano.
155 BALADA DE LA LLUVIA
Llueve, llueve, llueve. Música de llanto,
música de llanto la lluvia deshoja.
La lluvia es un agua para el que se moja,
mas, para nosotros, la lluvia es un canto.
Acerca a los vidrios tu cabeza rubia,
y escucha su ritmo que vibra en la sombra.
La lluvia se nombra, la lluvia se nombra,
la lluvia parece que dijera: lluvia...
Baja con un ruido profundo, profundo...
sobre el cielo raso tiembla una gotera...
¡Qué lluvia tan rara! parece que fuera
la primera- lluvia que cae en el mundo.
La tarde, la tarde se llena de cielo.
La tierra mojada su fragancia efluvia.
La lluvia se ha ido, dejando otra lluvia,
dejando otra lluvia tirada en el suelo.
Horacio llega Molina
(1899- 1957)
Argentino.
156 [TIERRA MOJADA..]
Tierra mojada de las tardes líquidas
en que la lluvia cuchichea
y en que se reblandecen las señoritas, bajo
el redoble del agua en la azotea...
Tierra mojada de las tardes olfativas
en que un afán misántropo remonta las lascivas
soledades del éter, y en ellas se desposa
con la ulterior paloma de Noé:
mientras se obstina el tableteo
del rayo, por la nube cenagosa...
Tarde mojada, de hálitos labriegos,
en la cual reconozco estar hecho de barro,
porque en sus llantos veraniegos,
bajo el auspicio de la media luz,
el alma se licúa sobre los clavos
de su cruz...
Tardes en que el teléfono pregunta
por consabidas náyades arteras,
que salen del baño al amor
a volcar en el lecho las fatuas cabelleras
y a balbucir, con alevosía y con ventaja,
húmedos y anhelantes monosílabos,
según que la llovizna acosa las vidrieras...
tardes como una alcoba submarina
con su lecho y su tina;
tardes en que envejece una doncella
ante el brasero exhausto de su casa,
esperando a un galán que le lleve una brasa;
tardes en que descienden
los ángeles, a arar surcos derechos
en edificantes barbechos;
tardes de rogativa y de cirio pascual;
tardes en que el chubasco
me induce a enardecer a cada una
de las doncellas frígidas con la brasa oportuna;
tardes en que, oxidada
la voluntad, me siento
acólito del alcanfor,
un poco pez espada
y un poco San Isidro Labrador...
Ramón López Velarde
(1888 -1921)
Mejicano.
NOCHE
157 LA LLUVIA
Solo y callado en su desvelo mi corazón escucha en paz la noche
oscura.
Y en las tinieblas de la casa,
percibe el ritmo de una sangre que no es suya.
Poco después,
otro más claro y algo más vivo le responde con ternura.
Otro más hondo le sucede,
y otro más alto se propaga en ondas puras.
Y otro latido, y otro, y otro,
llenan la inmensa oscuridad con su dulzura.
Ya convertida en manso ritmo,
la sucesión de dulces notas se apresura.
Y va poblando el gran silencio con el temblor de sus luciérnagas
de música.
Sobre la noche solitaria se abren las puertas melodiosas de
la lluvia.
Y el corazón entra por ellas hacia los días que lo llaman y lo
buscan.
Envuelto en música lejana voy desandando poco a poco el tiempo
lento.
Y recobrando en melodía lo que las horas me robaron en
secreto.
Por el camino de la lluvia llego,
soñando, a una ciudad que está muy lejos.
Y al dulce día que se acuerda del nacimiento de mi dicha en el
silencio.
El agua canta por las calles y habla de amor en las ventanas y en
los techos.
Y su emoción vive en el aire como el perfume de una flor en el
recuerdo.
El sol que falta en las alturas está escondido en lo más hondo de
mi pecho.
Y allí,
viviendo y alumbrando,
toda su luz es poca luz para mi sueño.
Siento que un río misterioso brota en la paz de mi profundo
sentimiento.
Y que la fuerza de la lluvia lo hace crecer hasta cubrir el mundo
entero.
Luego me acerco a un pueblecito que con su cielo me acaricia la
memoria.
Y entro en la casa de mis versos y abro en secreto una ventana
luminosa.
La oscuridad ensimismada cubre la tierra con sus alas
silenciosas.
La carretera taciturna pasa pensando como un río entre las
sombras.
En los pinares y en los techos,
el alma lenta de la lluvia se emociona.
Y lo que sueña en los desvanes lo está diciendo en el murmullo de
las hojas.
Su voz invade mis sentidos y se difunde por mi ser en dulces
olas.
Ya confundida con mi sangre, sigue el camino de mis venas
fervorosas. Atravesando cuerpo y alma, llega cantando hasta la mano
temblorosa.
Y entre los dedos conmovidos hace nacer una palabra
melodiosa.
Sigo avanzando por el tiempo y al final veo los cielos
infantiles.
Y las murallas y las torres donde me aguardan los dragones y los
príncipes.
Con la emoción de aquel entonces,
vuelvo callado a la ciudad que ya no
[existe.
Y la recorro con la lluvia, que va cantando entre sus niños
invisibles.
Ella me guía por las calles donde los pasos de mi amor fueron
felices.
Y hacía las puertas de las casas donde una vez mi corazón no tuvo
limites.
Pero las calles están solas,
y en cada umbral sólo el silencio me recibe.
Bajo los arcos de los puentes sólo discurre en voz muy baja un
viento triste.
Siempre guiado por la lluvia, llego a las verjas de los
últimos jardines.
Y en ellos oigo el dulce llanto de mi niñez abandonada entre
jazmines.
Pero estas formas de la dicha y estas figuras del amor se van
borrando.
Y en su lugar crece la lluvia con su gran bosque melancólico y
lejano.
Por escuchar los de las gotas,
mi corazón deja de oír sus propios pases.
Y,
por seguirlos por el viento,
se va olvidando de su cuerpo abandonado.
Todas las cosas del recuerdo se desvanecen poco a poco en este
canto.
Y el viejo río de las horas pierde la voz y se adormece en un
remanso.
El vasto espacio se desnuda y el tiempo ya no es presente ni
pasado.
Tanto el espacio como el tiempo se vuelven música sin tiempo y sin
espacio.
La melodía inmensa y pura llena el abismo tenebroso y
solitario.
Y en este sueño sin memoria, mi corazón está despierto y
escuchando.
Francisco Luis Bernárdez
(1900- )
Argentino.
(1) |
Peonia = Arboles y arbustos de flor roja, de diversos géneros
de Leguminosas: Erythrina spp.,
Ormosia spp., y el bejuco Abrus
precatorius L.. (regresar 1)
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(2) |
infea = Nymphaea spp., los lotos.(regresar 2) |
(3) |
Arape = Arbol indeterminado de Venezuela. No registran este nombre las obras consultadas ,sino el de <araque>, aplicado a la palma Dictyocarym fuscum (Karst.) Wendl. (regresar 3) |
