201       CANCION DEL ARADO

La luna en el cielo
con su labrador,
la luna apagándose
porque viene el sol.
Abajo, en el llano,
casa para dos,
y un arado arando
a su alrededor.
¡Chacarero, canta,
canta tu canción!
Pintados de rojo
pintados de azul,
los arados aran
las tierras del sur.
Pasaron la noche
debajo el ombú;
sombrilla de arados
en campos del sur.
Aran en redondo
y al sesgo y en cruz,
haciendo más grande
la tierra común. 
Chacarero ¡ arriba!,
que viene la luz.
Caballito solo,
caballos en haz,
suma de caballos
el motor triunfal,
desgarran la tierra
con urgente afán;
tiran de la tierra
sin mirar atrás;
tiran de sus brazos
de aquí para allá,
la cabeza gacha
para tirar más.
La tierra desnuda
se ha puesto a temblar
con todo su cuerpo
tibio como el pan.
Fulgor de las rejas
-espejo o puñal-
ciégale los ojos
que quieren mirar.
¡ Chacarero, tócala!
Se ha puesto a temblar.
¡ Chacarero, siémbrala,
que florecerá!
Con un brazo en alto
saludando al sol
y el otro en el cuello
del hijo varón,
chacarero, muestra
tu poema a Dios:
bandera de flores
el linar en flor,
bandera argentina
lino y algodón;
oro arrodillado
la mies en sazón;
camello de oro
la parva en sopor;
zumbido de oro
la trilla veloz;
oro que se quema
la encendida troj.
Oro por el aire
y a tu alrededor.
¡Chacarero, canta
con tu hijo varón!

Coro

Chacareros del campo argentino,
¡a sembrar, a sembrar!
Por la patria grande, para todo el mundo,
sembremos el pan.

 

José Pedroni
(1899 - 1968)
Argentino.

 

202             ARADO

Un pájaro venia por las nubes, 
un gran ibis de fuego. 
Venia desde Egipto. 
Lo derribé el hondero.  

Cayó apagándose en la muerte 
y se clavó en el suelo... 
De encina, de álamo y 
laurel era su cuerpo entero.

Vino Hesiodo a mirarlo.
Puso sus manos en los remos.
Después vino Virgilio.
De luz estaba envuelto.
Dijo: "Deus, ecce Deus!"
Dijo: "Venid, oh versos!".

Y vino la gaviota
desde un lugar del cielo.

Nadie la había visto.
Se hizo en aquel momento.
Voló sobre Virgilio
con traje de ángel, nuevo.

El arado partió.
Detrás iba el labriego.
Adelante iba el buey.
Alrededor, el perro.

Virgilio con su vara 
escribía en el suelo. 
Como el agua, corría 
el cristalino verso.

Corría a un bosquecillo 
de color verdinegro. 
Decía entre amapolas:
"Debellare superbos". (1)

José Pedroni
(1899-1968)
Argentino.

 

203   UN ARADO

Cuando te bajaron del carro  
-un carro que tenía una cola de palo-,
casi no te reconozco  
de tan desfigurado.

Por el campo te habían retorcido 
caballos desbocados. 
Tenias los trazos rotos. 
Estabas lleno de barro. 
Cabellos rubios de trigo 
en tus dedos enredados.

Cuatro hombres salieron de la fábrica. 
Cuatro hombres te alzaron. 
Cuatro hombres te llevaron adentro, 
como se hace con los soldados.

Adentro había hasta cuarenta hogueras, 
cada cual con su tajo.  
Cuarenta herreros machucaban hierro, 
sin compás, a lo bárbaro.
De los yunques saltaban estrellas 
para todos lados.  
Hasta una de estas fraguas 
los cuatro hombres te arrastraron.

El primero hizo irritar al fuego, 
que dormía enroscado. 
El segundo te acometió en el suelo, 
martillo en mano.

El tercero te entregó a las brasas, 
despedazado.  
El cuarto te rehizo. 
Era un artista el cuarto.

Luego vino uno más; 
vino con unos tarros, 
y te pintó como pintan los niños:
de verde y colorado. 
Porque tenía un gorro de papel 
que parecía un barco, 
este último te hablaba dulcemente 
mientras te iba pintando. 
La rodilla en el suelo, 
¡qué bien hablado!

(Que hay algunos obreros
que trabajan hablando,
y otros que no hablan nunca:
¡siempre callados!,
y otros que cantan y cantan
a sovoz, olvidados).

De píe junto al carrero, 
arado, ya te vas con tu traje de gala.  
Toda la calle es tuya, que está recién regada. 
La calle sale al campo pasando por la plaza. 
En la plaza hay banderas porque es fiesta mañana.
Gente de pueblo sale de la misa cantada  
y, cortándote el paso para verte, se para. 
Arado, ¡hasta la vuelta!
          Tocan altas campanas.

José Pedroni
(1899-1968)
Argentino.

 

204      EXPEDICION

Pintados de rojo
por los muchachos,
cien araditos
se van al Chaco.

Una ruedita,
dos brazos largos,
cintura fina,
cuchillo bajo.

De a cinco en fondo,
son cien soldados;
todos iguales
sobre los carros.

Atado al muelle
como un caballo,
un barco espera
para llevarlos.

Paraná dulce:
camiino largo
Santa Fe vieja:
lugar del barco.

Dejan la fábrica.
Se van al Chaco.
Cambian de cielo
como los pájaros.

Muchachos rubios
que los pintaron,
sin hablar miran
pintarrajeados.

Refrigerante
suelta su llanto.
La chimenea,
pañuelo blanco.

José Pedroni  
(1899-1968)
Argentino.

 

205     [ARADO, VARON SOLAR...]

Arado, varón solar,
duro parto de centellas,
pasión debieran tener
las manas que te manejan.
pasión de querer poblar
de relámpagos la tierra,
pasión que les rompa el cuerpo
de los pies a la cabeza;
pasión de subir más alto,
pasión que nunca cediera,
pasión que por todas partes
te hacine a sol y braveza.

Que te lleven con sus bríos
de decidida firmeza,
manando desde los huesos
hasta la piel  ciega;
que te arrastren al torrente
maduro de su violencia
hasta que el sudor amargo,
sorba el polvo que golpea
la boca de los gallardos
hijos que te dan su fuerza.

Deja que te lleve un puño
que sea varón de veras,
que te haga sentir el recio
turbante de la pelea,
que te haga beber calor,
que te haga dura la brega,
que te sacuda de cuajo,
que te encienda en la tarea,
que te dé manos que sirvan
para fecundar la tierra.

Trata de cavar abajo
donde las mieses resuenan;
hallarás en las simientes
la miel de nuestra riqueza,
el fervor que nos sacude,
la voz de nuestra protesta,
el calor de la esperanza
que los labradores llevan.

Sueno resultara, arado,
si araras con nueva fuerza
y templado al rojo vivo
-en vez de troj- nuestras venas;
que sean al estallar
duras como tu mancera,
tiernas como las gramillas,
como los surcos severas.

Si alguna vez te tocare
arar algo más que tierra,
ara nuestro corazón
con poder de ancha dehesa;
áranos de parte a parte
sin parar en que nos duela;
llénanos de cosas hondas,
de estrías que se calientan
al calor de las pasiones
y al rayo de las tormentas

Varón por quebrar matrices,
varón por ley de soberbia:
aprende a quemar abajo
donde las sombras se queman,
junto a las vetas ocultas
donde el barro forcejea.

Oh ambición de averiguar
en las raíces secretas!
- y muerde como la muerte
negra que abrumó a la tierra!

Elvio Romero
(     ?     )
Paraguayo.

 

TRILLADORA

206      LA TRILLADORA

Ahora la niñez es de avión por el cielo.
La mía fue de nube. No cambio mi recuerdo.

Aquel rancho, aquel árbol, aquel trigal inmenso,
aquella trilladora que atravesaba el pueblo. 
Ahora la niñez es de coche en el viento. 
La mía fue de pájaro sobre caballo suelto. 
Aquel carro, aquel árbol, aquel poste de hornero
con música en el alma... No cambio mi recuerdo.
Ahora la niñez es de fulgor eléctrico.
La mía fue de lámpara y de luna naciendo. 
Aquel poste, aquel árbol, aquel arroyo lento 
con ángel en la orilla... No cambio ml recuerdo.
Todo está en el ayer como si fuera un cuento. 
"La trilladora", llamase, y no tiene regreso. 
Dormía nueve meses y despertaba al décimo. 
Iba de parva en parva desde noviembre a enero.
Hundiendo alcantarillas y soplando del suelo
 -vidrio pulverizado- bandadas de jilgueros. 
¡ Qué dulce era su canto de sirena, a lo lejos!
Enamoraba al hombre e invitaba al ensueño. 
Se perdió en la llanura con su motor de fuego, 
su vagón, su casilla, su carrito aguatero. 
Un niño la seguía con paloma, y no ha vuelto. 
Era callado, triste... No cambio mi recuerdo.

José Pedroni
(1899-1968)
Argentino.

 

MOLINOS

207     A UNA PIEDRA DE MOLINO EN TIERRA

El recto andar del agua prisionera
se hizo círculo y copla en tus ardores,
pan de roca, en tu danza molinera,
alegres de tus albas, sus rumores.

Sol de espigas, tus labios giradores,
labios del llano, pesadez ligera,
enmudecen tu amarga primavera,
luna muerta en el llanto de las flores.

Hoy te miro, descanso del camino,
moneda del recuerdo abandonada
en la quieta nostalgia del molino.

Cíclope triste, el ojo sin mirada
y la forma andadora sin destino
en el eje del aire atravesada.

Dionisio Ridruejo
(1912 - 1975)
Español.

 

208   EL MOLINO

En la falda del cerro, donde el río
sobre riscos y troncos se despeña
terrible y bramador, hay una aceña,
tesoro y prez de mi lugar natío.

De allí la torre en medio al caserío
vese surgir fantástica y risueña,
cual en pie suele grácil la cigüeña
entre albos cisnes cabe alcor umbrío.

Ceñido en copos de hervorosa espuma
se levanta el molino cual vigía,
siempre velado por delgada bruma;

de allí su canto postrimer envía,
rizando alegre la nevada pluma,
la dulce alondra al expirar el día.

Joaquín Arcadio Pagaza
(1839 -1918)
Mejicano.

   

(1)
Doblegar a los soberbios. (regresar 1)
Comentarios (0) | Comente | Comparta