364       LA CARRETA

 

La carreta 
del malojero (1) 
salió muy de mañana, 
al par de la campana, 
por el sendero.

Y alegre y crujidora,
la carreta del malojero,
al marchar, parecía cargar la aurora.

Y fue que, en el sendero, 
la carreta del malojero 
tropezó con la campiña, 
de talle perfumado y mañanero, 
bajo sus bucles verdes, como una niña...

Y oyó decir a la campiña
de bucles verdes: "Quiero
que me lleves contigo por el sendero".

Cargó entonces con ella,
la carreta del malojero,
como se carga una doncella.

Así llegó hasta el caserío,
fresca de aurora, la campiña,
con su cuerpo mojado por el rocío
y sus verdes bucles de niña.

Y esto lo celebraron esa mañana
el burrito de carga y la campana.

Jacinto Fombona, Pachano
(1901 -1951)
Venezolano.
 

 

365       LA CARRETA

 

Lenta y perezosa,
con el son de sus ruedas chirriantes,
viene la carreta...

La carreta que en la madrugada
salió de la huerta
con su verde caudal de sandías
y sus largas cañas,
y sus frutas frescas.

Carreta chitreana: (2)
con su yunta de bueyes macizos;
aún los ven mis sueños
recorrer, taciturnos y lentos,
como tus boyeros,
el camino de cinta rojiza
que lleva hasta el puerto.

Me parece mirarte, nublada
por el polvo terco,
bajo el sol calcinante y severo,
caminar con vaivenes de hamaca,
mientras el boyero,
con garrocha en mano,
apura las bestias
con voz que es tormento.

Te recuerdo, también, en las noches
lunadas de enero
mientras hacen las rubias estrellas
guiños picarescos,
recorriendo veredas preñadas
de sitios risueños,
al alegre compás de tonadas
y de la saloma (3) suave cual lamento.

He seguido tus huellas: dos rayas
que señalan guardando el secreto,
y nos hablan de soles
bajo ancho sombrero...
y de quemas arduas,
y de vientos fieros,
y del rancho pajizo que cierra
con un cuero seco
cuando cae el chubasco
y el agua
se cala en los huesos.

Carreta chitreana:
¡tú eres como algo lejano
que tarde veremos...
como un pensamiento
que ha de realizarse
cuando estemos viejos!
Deja que te guarde
entre mis ensueños
(con el laberinto
de tiempos que fueron),
rodando..., rodando,
envuelta en el velo
de polvo rojizo que
levanta el viento,
por la ruta larga
camino del puerto.

Ana Isabel Illueca, 
(1903- )
Panameña.

 

CARROS

 

366   A LA RUEDA DE UN CARRO

 

Tristemente, las ruedas van hundiendo en el barro su gemido incansable,
monocorde, doliente, lagrimones de cieno se desprenden temblando,
desplomándose suaves, silenciosos y lentos,
dulcemente redondos, tiernamente pausados.

Aquí en esta madera, que se queja cansada,
cantaron jubilosos, espléndidos, los pájaros,
y las ramitas tiernas con su verde ventura
temblaron mansamente bajo el viento de mayo.

Redonda va la pena, redonda va la muerte,
redonda va la rueda, torpemente girando...

Y sobre el carro, lento, cargado de verduras, 
 un mocetón alegre no sé qué va cantando.

Rafael Morales
(1919- )
Español.

 

367      LOS CARROS


 

Mucho antes que el agrio gallinero, acostumbra
a cantar el oficio de la negra herrería,
husmea el boticario, abre la barbería...
En la plaza hay tan sólo un farol (que no alumbra)
A través de la sórdida nieve que apesadumbra,
los bueyes del cortijo aran la cercanía,
 y en gesto de implacable mala estación,
 el guía salpica de improperios rurales la penumbra.

Mientras, duerme la villa señorial....
 Los Amores
de la fuente se lavan en su mármol antiguo;
y bajo el candoroso astro de los pastores,

ungiendo de añoranzas el sendero contiguo,
pasan silbidos lentos y aires de tiempo ambiguo,

 en tintinambulantes carros madrugadores,

Julio Herrera y Reissig
(1875-1910)
Uruguayo.

 

368   ODA ALS CARROS MATINERS (*)

 

¿M'estic al llit, sense trontoll,
ara que l'alba els finestrons colora,
o duc als llavis un bri de fonoll,
dintre d'un carro perfumat de boll,
pels empedrats de la Ciutat sonora?

Aquest trontoll tan seguit
tot el meu cos sotragueja -diría-.
I el so dels picarols m'ha deixondit,
ritme valent i clara melodía,
com si el cavall m' arrossegués el llit.

Són filagarses de tenebra
eis guarniments, amb un or malaltís.
Les morisques de coure han deixondit el gebre
de les roderes, vidre fonedís.
L'euga ha vist en la pura tenebra
les estrelles caient a l'abis.

I ha sentit pel camí del tossal
el refrec perfumat de la pineda.
Tot el cel era fi com la seda
i, al bell cim de la vela, el fanal
ha copsat dintre de la llauna freda
el batee d'una estrella immortal.

Marià Manent
(1898- )
Catalán.
 

 

369 POEMAS DE LA SOMBRA, 2
 
 

Con alfalfa verde regresó del campo
un carretoncillo de ruidosa marcha,
y asida a su cola tortada de palo
venia la sombra de su misma carga.

Ml perro corneta (4) que salió ladrando,
alcanzó la sombra, fresca como el agua,
y trotando en ella fue siguiendo al carro
bulliciosamente por la calle larga.

Y me dije a solas: Si me fuera dado
cambiar mi figura, conservar el alma,
sombra ya seria de un pequeño carro,
de un carrito viejo vendedor de alfalfa.

José Pedroni
(1899 - 1968)
Argentino.
 
 

CARRETEROS
 

370       CARRETERO

 

Oloroso está el heno, carretero,
oloroso está el heno;
huele a trébol del valle, a vellón nuevo
y al patio viejo del mesón del pueblo.

Oloroso está el heno en la carreta,
el heno de la húmeda pradera
sembrada de corderas...
¡Oh pradera que está en la primaveral

-Oloroso está el heno, buen amigo,
que vas por el camino,..
Un camino, una tarde, un buen amigo... 
Oloroso está el heno con rocío.

-Lo cortamos cuando era luna nueva.
¿Sonaba una vihuela?
-Si, una vihuela de baladas llena
a la luz de la luna, luna nueva.

Tus manos siempre tocan el rocío,
y el heno y la tierruca del camino,
y por eso parecen dos racimos
de sembrado con sueño matutino.

Y tienen un gajito de pereza,
de esa pereza, de esa
pereza que dormita en la carreta
quejosa a la tornada de la era.

Quién sabe si es tristura
la que empaña la breve felpa oscura
del ojo de los bueyes de la yunta
de mansedumbre grave y de dulzura.

Carreta y carretero
se humedecen en ese raso viejo
del ojo de los bueyes, y por eso
están tus manos tristes, carretero.

Tus manos grandes, óseas, morenicas,
como sarmientos de las viejas viñas,
sobre el heno oloroso están dormidas,
carretero que vas para la villa

Enrique Banchs
(1888 - 1968)
Argentino.

 

371       NO ES CIERTO, CARRETERO!


 

Desgreñado: qué duras
y turbadas las riendas de tu ceño,
dura y hosca la piedra que sacudes
en hosco trajineo,
pétreas las desgreñadas cabelleras,
desaliñado y áspero el sendero.

Ya sé.
Ya sé que te dijeron
los que siempre quisieron someterte
con palabras que no son de tu pueblo: -
"¡Lo que recorres, todos los caminos
son tuyos como tuyo el valle entero,
todo lo que conmueves a tu paso
como línea de fuego,
y como tuyo el sol, tuya la vida
con su soberbio tallo duradero!"

¡No! ¡No creas nunca
que estás libre por eso: porque el viento
te orea, porque puedes tocar como ninguno
los tambores sombríos del silencio,
hollar los llanos, huronear los astros
en el azul horóscopo del cielo!

¡Duele el camino en polvo
-desmoronado e impune cautiverio-,
duele el paraje, duelen
los avatares del resol señero,
duele la vida, temblorosa y triste,
duele el hostigamiento
de las cúspides áridas
de los barrancos viejos!

¡No tienes más, más que ese
insultante sudor de plomo ardiendo,
más que ese sol hostil que te amortaja
y te brilla en la piel resplandeciendo,
más que ese seco y pobre entusiasmo
de trópico sediento!

¡Y retumba tu grito
en la pesada fragua del desierto
como una fuerte voz, como un pedazo
de son sombrío y golpeado cuero,
como un tremendo filo airado,
elemental y verdadero!

De más está,
de más que te hayan puesto
allí para decirte: -"aquí tienes las bridas
del resol, no hay frenos
para ti, ya te hemos dado
todo lo que fulgura bajo el cielo,
el solar, la tierra roja, el monte
y el eco de tu aliento!"

¡A ver! ¡A ver! ¡Levanta
el fuerte puño despierto
y diles con grito abierto
que nada hay de cierto en eso,
carretero!

Elvio Romero
(    ?     )
Paraguayo.

 

372   ROMANCE DEL CARRETERO
 

Y la carretera toda
para ti, carretero.

(ALBERTI).

¿Cuánto quieres por tu carro,
carretero?

Me gustan sus ruedas verdes;
me gusta su toldo negro;
me gusta su estampa fina;
me gusta su andar ligero;
su mula torda de varas
y su potro delantero...
¿Cuánto quieres por tu carro,
carretero?

Si es por el precio, no dudes,
que no regateo el precio.
Quiero tu carro y tus mulas, l
os ladridos de tu perro,
la pólvora de tu látigo
restallando sobre el viento,
tu voz de amo del camino, t
u bota de vino negro;
tu mirada escrutadora
de cien jornadas, tu gesto
curtido de sol y luna;
tu cantar y tu silencio,
tu hacer alto en las posadas
y tu andar siempre a lo incierto.
¿Cuánto quieres por tu carro,
carretero?

En sus ojos, la sonrisa;
en sus labios, el silencio.
A la vera del camino
me dejó con mi dinero. Levantando polvaredas
se perdió el carro a lo lejos,
y yo me quedé pensando:
iSi yo fuese carretero...!
¡Si yo tuviese tu carro y un camino...!

Los viñedos,
taberna de caminantes,
los olivos azulencos,
paz y bálsamo del campo,
los trigales -oro viejo,
pan y ostia-, la llanura
y el alcor atalayero,
la noria de andar cansino
y el molino soñoliento,
la reseca paramera
y el humilde huertezuelo,
la fuente, la cruz, el río,
agua y tierra y aire y cielo.
¡todo vendría conmigo
en mi carro, carretero!;

¡ todo haría luminoso
mi camino, carretero!;
¡ todo serian campanas
en mi alma, carretero!;
¡todo estaría cantando,
dentro de mi, mi alegría,
carretero!...

¿Cuánto quieres por tu carro
carretero?

Florencio Llanos Borrell
(1918- )
Español.

 

373    PEÑARANDA DE DUERO


 

¿Por qué me miras tan serio, carretero?

Tienes cuatro mulas tordas,
un caballo delantero,
un carro de ruedas verdes,
y la carretera toda
para ti,
carretero.
¿Qué más quieres?

Rafael Alberti
(1902-  )
Español.

 

(1)
 Malojero = Relativo al malojo, o sea el follaje del maíz o de otras gramineas usado como pienso. (regresar 1)
(2)
Chitreana = De Chitré, lugar de Panamá, provincia de Herrera. (regresar 2)
(3)
Saloma = Canto marinero. (regresar 3)
(4)
Perro corneta = Con una oreja gacha. (regresar 4)
(*) 
ODA A LOS CARROS MADRUGADORES / ¿Estoy en la cama, sin bamboleo, / ahora que el alba tiñe los postigos, / o llevo en los labios una brizna de hinojo, / dentro de un carro con olor de grano, / sobre los adoquines de la ciudad sonora? // Este continuo bamboleo / todo mi cuerpo sacude, diría. / Y el son de cascabeles me despierta, / ritmo valiente y melodía clara, / cual si el caballo me arrastrara el lecho. // Son como hilachas de tiniebla / los jaeces, de un oro enfermizo. / Las sonajas de cobre desvelaron la escarcha / de las roderas, vidrio que se funde. / La yegua ha visto en la tiniebla pura / las estrellas cayendo al abismo. / Y ha sentido en la senda del monte / el roce perfumado de los pinos. / Todo el cielo era fino cual la seda / y, en lo alto de la lona, el fanalillo / ha alcanzado en su fría hojalata / el latido de un astro inmortal.  Traducción: José Agustín Goytisolo. (regresar *)
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