(continuación "COFFEA ARABIGA")


 

donde hervía en las tinajas el guarapo con limón.
Y si el viento se mecía de la leña entre la llama,
los albores de las yucas y los oros de la ahuyama (1) rebotaban -abrasados- en los tiestos del fogón.

Y otra vez a la cogienda. Y otra vez inquietas manos
desgajaban de las matas los racimos soberanos  y se henchían los guchubos (2) con las pepas de carmín.
Pero el Angelus vibraba por los ámbitos, sonoro, y detrás de las montañas entre un mar de sangre y oro
se bañaban las estrellas que surgían del confín.

Era entonces el regreso.. . Chapoleras y pastores caminaban agrupados dialogando sus amores o            rumiando los recuerdos en el fondo de su sér. A los tiples se juntaba la dulzaina campesina y bambucos (3) soñadores y la lánguida guabina eran numen, dulce numen del doliente atardecer...
¡Oh, las tardes de cogienda! Cuántas veces en la playa
o en la cerca en donde abría roja flor de pitahaya  dije a núbiles serranas las angustias de mi cruz!
Era el aíre nupcial. Algo palpitaba en el misterio.
De la brisa entre las cañas querellábase el salterio. Se expresaban los cocuyos en semáforos de luz...
Y se fueron esos días y esas tardes se alejaron... Las alegres pepas rojas en los granos se trocaron que agrisó la luz candente de la bóveda estival. Todo solo, todo triste, todo muerto, todo en calma. Las zagalas eran alma de las fibras de su alma
y sin esas rapazuelas quedó triste el cafetal. 

Pero no... Cual largas cintas de pedruscos enfilados que ciñeran las llanuras y amarraran los collados extendían dos caminos su fatal desolación: iba el uno hacia las playas de tostados arenales y buscaba el otro un rubio balanceo de trigales empinándose hasta cumbres que diadema el frailejón.

Esas sendas se alegraron... En las anchas piedras duras
resonaron de la recua las vibrantes herraduras como el ruido sonoroso de un alegre cascabel,
y a compás de las carracas y los rústicos panderos entonaron sus canciones quejumbrosas los arrieros que dejaban en las ventas las monedas del carriel.
En las ventas... Humo claro, rubio techo, sombra amiga,
fueron ellas en la marcha un descanso a la fatiga en las noches rumorosas y en las horas de calor.
Allí el junco siempre blando, la panela, la cuajada,
y mejor, mejor mil veces que el potrero y la posada lina pródiga ventera que alegraba el mostrador...

Y otra vez quedaron tristes y desiertos los caminos.
Para nadie resonaban en sus árboles los trinos  y ya a nadie daba aliento la canción del diostedé... (4)  Pero al fin las tardas mulas con sal blanca regresaron
y por valles y por cumbres en silencio se regaronlos tesoros escondidos en los sacos de café.   

Y, ¿qué valen nuestras almas cuando ignoran el tormento?
Arrojémoslas, serenos, al crisol del sufrimiento  y serán supremas joyas de un tesoro inmaterial. También este grano misero probó el fuego en la redoma
y al contacto de las llamas se hizo sangre, luz y aroma
cual si fuera el jugo mismo de la tierra tropical.

Y aquí está... Caliente y negro como filtro misterioso
con hechizos inefables corta el hilo del reposo
y despierta las ideas en alígero escuadrón. Es un arpa entre sus manos el cordaje de mis nervios,
y el arrullo y los suspiros y los cánticos soberbios brotar hace de las almas en continua vibración.

Y es mi patria colombiana... Concreción de cielo y tierra,
él nos habla de los llanos, de los ríos, de la sierra
y recuerdos que dormían resucita con su olor...

¡Sí, mi patria! ¡En las cogiendas, del crepúsculo al desangre,
se azulean las montañas entre franjas de oro y sangre
cual si Dios tendiera al mundo mi bandera tricolor...
Ah, mi linda cantinera... Pónme oídos... No te vayas...
Mientras gritan los burgueses entre números y rayas
añoremos nuestra tierra, nuestros cielos con su añil.
Hay un algo indefinible que repica entre mis venas y contigo,
calentana que al terruño me encadenas, quiero hablar, si tú lo quieres... Otro tinto, Abigail...

Nicolás Bayona Posada
(1902-1963)
Colombiano.

 

409      EN LA COSECHA


 

Al pie de los ya rojos cafetales, 
congregase una turba de morenas, 
festivas como el ritmo de sus venas, 
ruidosas cual bandada de turpiales.  

Y en tanto el sol las ve por los cristales 
de las aguas de un mar de ondas serenas, 
doquier moverse alígeras sirenas, 
que bullen entre grutas de corales.

Cada arbusto batida la bermeja  
exuberante ramazón, se queja  
en los suspiros del follaje enhiesto:  

y en un temblor de carne dolorosa,  
vierte un chorro de sangre luminosa  
que salta y corre empurpurando el cesto.

Luis Churión
(1869-1945)
Venezolano.

 

 

410      LAS COGEDORAS DE CAFÉ


 

Llega el verano con tibias ráfagas, 
con bellas tardes y brisas blandas; 
doquiera, ostenta Ceres sus galas, 
duraznos dulces y áureas manzanas.

Los cafetales lucen sus matas
de granos rojos bien tachonadas,
y de los campos ya las muchachas
a las haciendas se van ufanas.

Celajes blondos extiende el alba, 
y el gallo entona sonora diana; 
las aves pían, mugen las vacas, 
graznan los patos buscando el agua, 
y al transeúnte los perros ladran. 
La niebla extiende sus tenues gasas, 
fingiendo blondas en las cañadas... 
Se han levantado las aldeanas, 
y a las cogidas presto se marchan. 
Ya por las calles carretas pasan 
y los gañanes a sus labranzas 
y con canastos quince muchachas 
van a la hacienda de "La Esperanza". 
Una de todas, junto a la casa de una 
su amiga llamada Eufrasia, 
con ritos bruscos así la llama:
"Anda ligero; corre, muchacha! 
¡ Si vamos tarde vay nos regañan!" 
Y todas juntas, canta que canta,
vanse a la hacienda muy de mañana.

Por fin llegaron... Cambian enaguas, 
y los canastos presto se atan, 
y a la tarea diestras se afanan, 
dejando escuetas todas las ramas. 
Unas conversan; las otras cantan; 
cuatro murmuran en voz muy baja; 
dos confidentas de novios hablan; 
otra, a hurtadillas, come naranjas, 
y allá Clotilde, Luisa y Tomasa, 
el fruto rojo juntas desgranan, 
en los canastos o en grandes mantas; 
y en los cafetos sus cantos alzan 
fastidiadoras, negras chicharras...      

Lisímaco Chavarría, 
(1877-1913)
Costarricense.


 

411  ESCOGEDORAS DE CAFÉ EN EL SOCONUSCO


 

En el patio qué lujo, 
qué riqueza tendida. 
(Cafeto despojado 
mire el suelo y sonría).  

Con una mano apartan 
los granos más felices, 
con la otra desechan 
y sopesan y miden.

Sabiduría andando 
en toscas vestiduras. 
Escoja yo mis pasos 
como vosotras justas.

Rosario Castellanos
(1925- )
Mejicana.


 

412      LA SORPRESA


 

I

 

Se cosechaba el fruto de la fecunda hacienda 
por donde corrió libre, del trópico en la llama, 
mi pubertad fogosa, joven corcel sin rienda, 
o ciervo sorprendido por la primera brama.

Eran las dos muchachas, al borde de la senda,
bajo la fresca fronda, sobre la verde grama; 
y el cafetal en fiesta: la esmeraldina rama
granosa de rubíes; bullicio de contienda  

por las tupidas calles de fértiles arbustos.

Contienda laboriosa  de femeniles manos 
labriegas, con los gajos torcidos y robustos;

con pérfidos espinos y fútiles macollas; 
con la purpúrea copia de los maduros granos. 
(¡Oh criollas cogedoras de las cosechas criollas!).

 

II

 

Eran las dos muchachas, al borde del camino,
sobre la verde grama, bajo la fresca fronda; 
una de rizos rubios, otra de pelo endrino. 
La primavera bruna, la primavera blonda.

Llenaban, parloteras, la indígena y redonda
canasta de bejuco, del fruto purpurino. 
Mis trémulas audacias, en atrevida ronda,
rondaban la pareja con paso clandestino.

La granujienta grana del rebosado cuévano 
se derramé de súbito. En ademán que vuela
ceñí, de un solo abrazo, las dos cabezas locas;

mezclé, de los cabellos, el oro con el ébano; 
uní, de las mejillas, el nardo y la canela; 
y amé, de un solo beso, las dos rosadas bocas.

Alfredo Arvelo Larriva
(1883- 1934)
Venezolano.


 

TABACO

 

413  EL ROMANCERO DEL TABACO


 

[QUEMA:]

 

Como avión envuelto en llamas
cayó el sol tras los barrancos
y se tiznó de petróleo
la tierra con el estrago.
¡El incendio en la chamiza
y en los rostros aldeanos
proyecta sobre los montes
largos perfiles fantásticos,
sombras chinescas que corren,
festín de duendes y endriagos,
cíclopes que gesticulan
y flamígeros penachos!
Parece que alguno hubiera
cantado el "machete-pando"
o que pasara el "Silbón" (5)
con su carreta de palo
y la bolsa que contiene
los huesos allí encerrados
de los arrieros que dicen
blasfemias y desacatos
e impenitentes murieron
dándole el alma a los diablos.

 

[TRASPLANTE DEL COLINO:]

 

Lloverá cuarenta días
la regadera en el surco,
mañana y tarde, lo mismo
que en los tiempos del Diluvio.
Así apellida la etapa
nuestro buen lenguaje rústico
como la Real Academia
lo hubiera hecho en el suyo. 
De ciento en ciento, se van
los arbolitos menudos
poniendo en hojas de plátano,
pañales verdes y húmedos.
Hará de cuna el zurrón
de cuero. El terreno pulpo
y con cuerdas paralelas
trazadas calles y surcos
espera ya al sembrador,
que con el cabo filudo
de un estacón de madera
va abriendo la tierra, en cuyo
lugar aprieta y aporca,
mientras rapsoda minúsculo
pone agua del calabazo
en el terrón sitibundo.

 

[PLAGAS:]

 

El tayo,  que corta el tallo
para comérselo a gusto,
cae en manos del guardián
y abono rinde al terruño.
Pero otros tayos bandidos
saben escurrir el bulto
y burlar la policía
entre el misterio nocturno;
y hartos ya con el banquete
que les dió el robo y el hurto
con arterias de topo
se esconden en lo profundo.
Quizá sean centinelas
de estos vándalos, el rudo
tres-tres,  tiren, tiren, tiren
y el siniestro sucurrucluco. (6)
Con el lucero del alba,
madrugador sin segundo,
puso de punta los huesos
el labriego corajudo;
y en su ajedrez de esmeralda
da jaque-mate al intruso
siguiéndolo por el rastro
que va dejando en su rumbo.
Voraz como el tiburón,
polímano como el pulpo,
en la zurda galería
viene después el cachudo, (7)
hijo de la mariposa
y a quien le basta un segundo
para hacer más agujeros
que los que le hacen al mundo
los cirujanos halados
en Londres, Berlín o Hamburgo. 
¡Clarinada de arrendajos,
verbenas y caracuchos
parece el amanecer
como no hay otro tan rubio!
Pero hay otro criminal
matasiete y vagabundo,
sombrío y torpe, muy más
que el gusano del sepulcro.
No va la hoja divina
con su apetito de bruto
mas la odia por ser bella
y ser promesa de triunfo:
es el arador; (8) maneja
su diabólico serrucho
y va cortando los tallos
al caminar, uno a uno. 
(continúa...) 

 

(1)   
    Ahuyama, uyama = Cucurbita moschata Duch., Cucurbitácea. Pepónide comestible, llamado zapayo en el suroeste de Colombia. La primera palabra de origen cumanagoto: la última, del quechua.  (regresar 1)
(2)
Guchubos = Cestos (de cosecha?).  (regresar 2)
(3)
 Bambuco = Baile y tonada del centro de Colombia, compás 3/4. (regresar 3)
(4)
 Diostedé     =Tucán, ave de largo pico, Rhampastos spp.  (regresar 4)
(5)
Machete-pando y Silbón = Personajes de creencias populares, similares a los duendes. 
(regresar 5)
(6)
 Surrucluco= Surrucuco, ave rapaz. Rupornis magnirostris .  (regresar 6)
(7)
 Cachudo = El gusano esfíngido Protoparce sexta paphus (Crami).   (regresar 7)
(8)
Arador = Quizá el elatérido Agriotes sp. No hay material en qué basar el juicio.  (regresar 8)
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