CAPITULO V.
 
La humildad en acción.

CUANDO la primera luz del nuevo dia empezó a penetrar por losintersticios de la ventana de la pieza del dormitorio, yopermanecia aún en vijilia aguijoneado por el pensamiento; pocosminutos despues un sueño apacible adormeció mis sentidos, pues miespíritu continuó la vision, soñando en las bellezas seductoras deun paraiso cuyas puertas estaban siempre francas para todos los quesubian a él por la escala del sacrificio de las pasionescarnales.

Dormí por una hora i soñé por un siglo; al levantarme hallé alsalir a la pieza inmediata la mesa del lavatorio preparada contodos los objetos dedicados al aseo; me serví de ellos i en seguidapasé al comedor a tomar el desayuno, invitado por el sirviente deordenanza. Mi huésped habia salido, recomendando que me dijeran quevolveria pronto i que esperaba que yo tendria la bondad defavorecerlo esperándolo. Los pasajeros que pernoctaron en la casase habian ido.

El sol se alzaba como saliendo de entre una brillante cuna deperlas; su fulgor de oro iluminaba el campo i embellecia losbosques; las montañas parecian galvanizadas i el cielo retocado conun azul retinto. Empecé a sentir, a pensar que sobre ese encanto dela naturaleza en la mañana; que sobre esa belleza en los detalles;que sobre esa armonía en el conjunto, habia algo superior; algo masnoble i poderoso, i era, la concepcion que los abarca, i que estaconcepcion era apénas una de las facultades del sér esencia, delespíritu del hombre. Fué la primera vez que apostaté delmaterialismo: la belleza que yo estaba contemplando, no podia serDios, porque mi espíritu la sojuzgaba; mi espíritu tampoco podiaserlo porque era impotente para crear. La armonía universalproclama, dije, un supremo Sér que dirije la creacion.

Me dirijí al bosque; el aire estaba fresco i embalsamado; lasaves entonaban sus cánticos dulcísimos como en concierto; el lagoestaba plateado por la luz del sol. Al penetrar en la enramada mehallé con mi huésped que salia del bosque. Una sonrisa fué elprimer saludo i estrechándome la mano me dijo:

-Buenos dias.

Venia acariciando una paloma que posaba sobre su brazoizquierdo.

-Perdóneme usted, me dijo, que lo dejara solo, tengo lacostumbre de visitar el bosque a la salida del sol. Emilia meacompañaba a esta hora cuando moraba conmigo en la tierra; desdeque voló al cielo, traigo esta paloma por compañera.

Regresamos a la casa dando un rodeo por las orillas del lago. Mereferia en qué se ocupaba regularmente en las primeras horas de lamañana. A cada paso llamaba mi atencion hácia algun objeto queostentara la belleza, diciéndome: esta es la espresion clara ielocuente del idioma de Dios para comunicar a sus criaturas lainfinitésima parte de las obras en que brillan su bondad i susabiduría supremas.

Cuando llegamos a la casa, hallamos en el corredor cinco mujeresdel pueblo i cuatro niños, vestidos pobremente. Mi huésped lossaludó con afabilidad i les suplicó que esperaran unos momentos. Ivolviéndose a mí, dijo:

-Estas son deudas sagradas que estoi obligado a pagar i quedespues de satisfechas me hacen gozar o sentir uno de los placeresmas puros i gratos a el alma.

Entramos; me condujo a su cuarto de estudio. Poco despues medijo:

-Si usted es amigo de los libros, puede entretenerse leyendomiéntras voi a practicar una dilijencia; pronto volveré a gozar elplacer de su compañía; espero de la fineza de usted que medispense.

Le dí las gracias por sus jenerosas atenciones hácia mí,manifestándole al mismo tiempo, que deseaba i me seria honroso elque me tratara con la franqueza familiar. Salió, i yo me quedérejistrando las obras de su librería; ésta no era abundante envolúmenes, pero en cambio, los que habia en el estante eranescojidos i de autores afamados, como Pelletan, Allan Kardec,Reynaud, Flammarion, Pezzani, Lineo, Ganaut, Girardin; i otrossobre filosofía moral, sicolojía, magnetismo, historia, jeolojía,botánica, física, mineralojía, química i otros. En revisar loslibros del estante pasaria una media hora, i luego tomé uno de lostomos de las obras de Pelletan a fin de leer algunas pájinas; meacudió el deseo de encender un cigarrillo i pasé al comedor endonde habia dejado por la mañana un paquetito. Al entrar allí,presencié otra escena que elevó a mis ojos la nobleza i la virtudde mi huésped al hallarlo en ejercicio de la humildad i de laproteccion. Los cuatro niños que habiamos encontrado con sus madresen el corredor, estaban risueños sentados a la mesa, i mi huéspeden persona les servia los platos, de pié, con mas acuciosidad einteres que el mozo mas práctico i atento en el servicio. Susfrases cariñosas i sus chistes, inspiraban a los niños la confianzai el contento.

-Esto que usted ve, me dijo, es para mí una fiesta; es unaespecie de capricho en que siento un goce; así es que no tiene otromérito que el de la orijinalidad.

Yo no me pude resistir a la tentacion de imitarlo, i los niñostuvieron dos sirvientes a la mesa, ellos se miraban unos a otros,estrañando mi participacion en su obsequio, pero luego sonrieron aloirme algunas palabras afectuosas.

En tanto que esto sucedia en el comedor, yo meditaba qué seriade las madres; i apenas acabó el servicio, salí al corredor paraver en qué se ocupaban; pero fué vana mi pesquisa allí, pues ellasestaban en otra pieza, servidas por el ama.

Cuando todo esto concluyó, se despidieron, llevando ellasalgunas provisiones i los niños algunas canastillas con frutas.

Por lo espuesto hasta aquí puede naturalmente deducirse, que mihuésped era un capitalista, o por lo ménos, que era un hombre, comose dice, bien acomodado en materia de intereses: pues nada de eso;sus haberes solo consistian en la propiedad del terreno, que era depoca extensión i en el fruto del trabajo aplicado a la agricultura,con unos pocos animales de servicio, algunas suertes de caña deazúcar i un injenio o molino.

Cuando las mujeres i los niños iban distantes de la casa, meatreví a preguntar a mi huésped si me seria permitido saber porquéllamaba "deudas sagradas" esos oficios de caridad evangélica, i medijo:

-Amigo mio, yo poseo mas de lo que merezco, i por otra parteesta chagra produce a veces algo más de lo necesario a la comodidadde la casa. No tengo hijos que hereden el fruto de mi trabajo; silos tuviera, sin perjuicio de ejercer la caridad, emplearia elsobrante de mis gastos i el producto de los ahorros o economíadoméstica, en darles, primero, educacion moral, i luego en cultivarsu inteligencia, para que pudieran penetrar en el santuario de laciencia hasta donde le es permitido al sér humano: más claro, elcofre en que guardaria el tesoro de su herencia, seria su cabeza;porque en él no entran ladrones, ni aun la muerte lo disipa, puestoque es nuestro espíritu inmortal. I sin embargo, no me descuidariaen proteger al desvalido. Así, pues, si no tengo hijos, tengohermanos i éstos a quienes debo los sobrantes que constituyen laherencia. Estas son las deudas sagradas de las que hablé a usted,que debo pagar religiosamente. Si tuviera parientes pobres, ellosserían atendidos por mí, en primer lugar.

En seguida me hizo una relacion de los bienes que formaban suhaber; los que he descrito anteriormente.

El ama de llaves se presentó anunciando que estaba servido elalmuerzo. Pasamos al comedor. Un sirviente presentaba una salvillade agua, llevando un paño de manos en los hombros. Sobre el blancomantel de la mesa habia dos jarros de plata, dos cubiertos delmismo metal, una bandeja con frito i los platos de servicio; luegonos presentó el negro que nos atendia, otra bandeja con carnes deres i de cabrito, despues una escudilla de grandes dimensiones consopa de tortilla, en seguida un charol provisto de panecillos demaiz, pan de trigo i bizcochuelos i, por último, queso ichocolate. | 1

La conversacion de mi huésped era, como siempre, agradable,instructiva i por lo regular doctrinaria; su voz dulce i susmaneras delicadas; se insinuaba con gracia e inspiraba con suespresion los sentimientos de cariño, de simpatía i de amor quesaben enjendrar los hombres de talento.

-Es envidiable, le dije, la vida que lleva usted en esteprecioso campo.

-En verdad, todos los dias doi gracias a Dios por sus bondades,pero usted sabe por esperiencia, que "no es oro todo lo quebrilla;" no me faltan sinsabores aunque procuro evitarlos, i deellos o de la mayor parte, soi yo mismo la causa: ésta consiste enno poseer la ciencia o el arte de conquistar la voluntad de todosaquellos con quienes tenemos necesidad de estar relacionados.Muchas veces contrariamos por descuido los intereses ajenos, sinadvertir que en ello contrariamos los nuestros; i digo condescuido, porque el hombre en sociedad se debe todo a ella i debeesmerarse en evitar todo lo que ofenda o perjudique a cada uno desus miembros. Así sucede que sin intencion de hacer daño, algunasocasiones lo causamos por nuestra conducta indiferente o apática.Ahora, ¿qué puede esperarse cuando nos complacemos en censurar lasfaltas o defectos ajenos, vulneramos la honra o consentimos enello? Es verdad que no somos ánjeles, pero debemos aspirar a ellopor medio del trabajo i el sacrificio. Con buena lójica podemosasegurar que moralmente hai comunidad de intereses entre loshombres.

 

1 Este es poco más o ménos el servicio del almuerzo en todas lascasas de los hombres regularmente acomodados del Cauca.
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