Selección de poesía Colombiana, años 80 y 90

Prólogo

Los años 80 y 90, en la poesía colombiana, son años de polifonía poética. De individualidades aisladas que dialogan solas con la tradición y con sus influencias. Años de proliferación promiscua, los ha llamado Cobo-Borda. Que se caracterizan porque los poetas que en ellos comienzan a publicar no tuvieron voluntad de grupo o movimiento literario.La polifonía de esta época rompe con una tradición de movimientos dentro de la historia de la poesía colombiana, como son: el Nadaísmo, aparecido en el país en los años 60, el de la revista Mito, nacido en los 50, el que se agrupó bajo el nombre de Piedra y Cielo, en los 30, o el de las revista Los Nuevos, en los 20.Ya en la década del 70 se había roto parcialmente con esta tradición, con el surgimiento de la llamada Generación sin nombre, Generación desencantada o Generación de Golpe de Dados. Un grupo de poetas que no tuvo intención alguna de ser un movimiento literario, pero que por cierta exploración común en el lenguaje y el trabajo de algunos de ellos en la revista Golpe de Dados fue llamado generación. En el caso de la poesía de los años 80 y 90, a pesar de su ya mencionada polifonía, es posible encontrar ciertos rasgos comunes, ciertas tendencias. El crítico y también poeta, que hace parte de esta antología, Jorge Cadavid, ha señalado, en su antología inédita de la poesía colombiana: Bitácora de la diáspora, los siguientes cánones sueltos, como él los llama, de la producción poética de este periodo:

|Son poetas que rinden homenaje a los maestros de las generaciones precedentes (Mito, Piedra y Cielo, Nadaísmo, Generación sin nombre).
No plantean una ruptura con sus antecesores, sino que por el contrario los asimilan y realizan una lectura crítica de sus obras.
Son voces plurales, en las que la experimentación e innovación se ligan a la tradición: tradición de la ruptura.
Son autores que reflexionan sobre la poesía dentro de la poesía misma.
Su actitud crítica se refleja en una desconfianza ante el lenguaje y cierta tentación por el silencio.
Tienden a una eliminación de la sintaxis, a una destrucción del discurso lineal así como del yo poético (lo que quiere decir que se prefiere el uso de la tercera o segunda persona antes que el de la primera).
Gustan del empleo de metáforas herméticas, de difícil interpretación, con cierta oscuridad deliberada.
Entienden la poesía como un palimpsesto.
Limando las aristas políticas, los jóvenes poetas siguen siendo disidentes a su manera, en especial de toda deshumanización, venga de donde venga.
Exploran la poesía conversacional y coloquial.
Sus posiciones ideo-estéticas aparecen catalizadas por el humor y la ironía. Creen en el desprestigio de toda utopía (religiosa, política, filosófica, científica).

Cadavid también menciona cinco tendencias bajos las cuales se pueden agrupar a algunos de los poetas de este periodo. La primera de ellas, y según él, la más notoria, es la crítica y autoirónica, en la cual: el verbo desencarnado y el desenfado expresivo orientan su mirar hacia lo interior, en busca el hombre escindido y anónimo de la ciudad, los espacios urbanos y la enajenación del cuerpo, los asuntos domésticos y la reflexión sobre la inutilidad de la escritura. En esta tendencia ubica a Piedad Bonnett. Pero ésta también podría ser la búsqueda de Gustavo Adolfo Garcés, Joaquín Matos Omar y Orlando Gallo, que tienen además una poesía un tanto llana, no exenta de lirismo; en la cual, lo cotidiano, el ámbito del barrio y lo aparentemente banal son asuntos transcendentales.

La segunda línea expresiva, dice Cadavid, la constituyen los poetas de talante clásico. Poetas que entran en diálogo con el panorama de la poesía universal. Clásico, según él, puede entenderse como esteticista. Aquí ubica a Hugo Chaparro Valderrama y a Ramón Cote Baraibar. Aunque también podrían estar William Ospina, Horacio Benavides y Alberto Vélez, conformando una corriente que es además un tanto erudita y de gran lirismo.

La tercera vertiente, dice, es la barroca: donde el reino de la imagen prolifera en una descarga estilística de símiles y retruécanos. En este apartado, Cadavid incluye a Juan Felipe Robledo. Pero podría decirse también que Jorge García Usta hace parte de esta vertiente.

La cuarta tendencia es la de carácter prosaico y narrativo. En donde se destaca una obsesión por la cotidianidad que lleva a estos poetas hasta los límites de la prosa, con un lenguaje escueto, de corte coloquial. Cadavid, advierte que el rock y el cine han tocado especialmente a estos poetas. En esta tendencia sitúa a Óscar Torres y a Víctor Gaviria. Pero sin duda Fernando Herrera y Flobert Zapata podrían formar parte de ella.

En el quinto y último conjunto agrupa a aquellos que intentan solucionar el poema mediante un discurso de corte filosófico. La imagen poética sirve aquí para comunicar, argumentando, lo que subyace a las apariencias sensibles. En esta corriente de extrañamiento fenomenológico, a veces metafísico o incluso místico, Cadavid incluye a Pascual Gaviria y a Felipe García Quintero. Aunque el mismo Cadavid y Rómulo Bustos podrían estar en este grupo.

Estas tendencias ofrecen una manera de leer la poesía de esta época, pero no necesariamente de leer esta antología. La selección de los poemas se valió de la sensibilidad y el gusto de sus compiladoras. La escogencia de los poetas tuvo como criterio principal que ellos hubieran publicado su primer libro entre el año 1980 y 2000. Luego la selección estuvo marcada por criterios, sin duda injustos y excluyentes, como que los poetas hubieran obtenido premios y menciones en concursos de poesía nacionales e internacionales, contaran con más de dos libros publicados y hubieran sido incluidos en antologías de poesía colombiana. Esperamos que los lectores sepan perdonar estar arbitrariedad.Por último hay que decir que esta antología quiere ser apenas un abrebocas a la riqueza y la variedad de la obra de los poetas aquí incluidos y a la poesía misma, que es en últimas lo que nos interesa.

|Catalina Arango y Ana Isabel Correa.

Comentarios () | Comente | Comparta c