Selección de poesía Colombiana, años 80 y 90

JORGE GARCÍA USTA
(1960)


Nació en Ciénaga de Oro, Córdoba, en 1960. Realizó estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Santo Tomás y de Derecho en la Universidad de Cartagena, donde dirige la Revista |Historia y Cultura. Ganó el Premio Nacional de Poesía Joven León de Greiff en 1984. Ha publicado los libros de poemas: |Noticias desde otra orilla (1984), |Libro de crónicas (1989), |El reino errante (1991) y |La tribu interior (1995).

 


Declaración de amor de Demetrio Spath (1934)

No sé cómo vine

a estas tierras tan anchas.

Las voces son más solas,

los cielos más ansiosos.


El verde no limita: se derrama y duele.

El río responde, a lo lejos,

por todo destino

pero la selva ya no se sabe esperanza.

Someya Báladi,

me gustan sus manos con costumbres,

su parentesco con la lluvia,

su oficio de sombra.

La veo salir y entrar a la luz

como puñal de leyenda.

Puedo prometerle, apenas,

una casa con lámparas,

cinco hijos correctos,

almacén y hombrías.

Usted, Someya Báladi,

es mi tercera patria.

 


Ortografía de hojas

Hace meses que las hojas

copian sin margen

las huellas

que en letras urgentes

deja en tu cuerpo mi mano

(Así, sin embargo,

sólo aprenderá a leer el bosque)

 
Crónica de Gauguin

Porque él conoció las ansias de ese mar

que hace de un hombre, por siempre,

un ángel endeudado,

o alienta el dios solidario

que silba por las noches

los rencores de las islas.

A cuatro patas del deseo,

fundó el amarillo del enigma,

labio a labio, robando la brasa primordial

que puede fundar varias iglesias en un párpado

y regala a cada día un animal milagroso.

Amarillo de amor,

entonces, el pobre pájaro,

el flanco de la muchacha que inventa vanidades

aaaaaaaaaaaaaaaa partir de su trenza,

y amarillo augural

el grito del día

con su jeta cínica o cantante,

y amarillo de deleite

la perversión del girasol

y amarillo de tinaja

la paz del pubis de la tahitiana

que pensó en él

como un animal cansado

aaaaaque perfumar y servir.

Así fluía cada día suyo

trabajando por ser ofrenda,

trombón o rapsodia.

El cielo

era aquella vulgar contraseña de la arena.

Qué soñaba antes, indagan los pregoneros,

pintando azufres pueriles,

pero vinieron las islas y sus plegarias,

y un pájaro, como héroe mestizo,

funcionando en el mar.

Entonces, mal viejo,

si ya tenías mar y mujer a la mano

para qué París otra vez,

la deliciosa perfección de sus mugres.

Catedrales de ocio

en el otoño

producen espejismos de tul.

La mujer de la lluvia trae la brasa y el sonido

y hace resplandecer el tiempo,

y unos amores montunos

gimen y se eternizan, con patadas rotundas,

en los talleres de pintura.

Se sabe ahora que lejos de sus cartas

por las islas, quedó una forma de vida

lentamente distribuida en nalga briosa

y esa fértil lepra del mar

que salva del hombre

aasus espléndidas escorias.

 
 
Crónica del beso y del besar

En el principio fue el beso.

El beso fue inventado un día de dioses arrechos,

a partir de la sombra sonora

y la precisión del sol

para originar escándalos.

En el principio fue el auge de la nariz

y el dedo purgatorial

revisando labios recientes

y luego el beso ocupó la noche

con sus patentes de lluvia desamarrada.

Crónicas de piedra viva

cuentan que el baile

no fue más que un simulacro de besadores

en época de prohibición

y que allí el beso alcanzó

la dignidad del agua bien usada.

El nuevo arte hizo de los perfiles,

un paisaje del éxtasis.

Y allí, todo hombre suda y se purifica

y la muerte se aleja, esperando.

Más que escribir una historia,

hacer la crónica del beso,

es documentar un fulgor.

Por eso,

besos galantes con límites

en frote y tiempo

no sirven a quienes saben

que mañana

la guerra romperá la casa,

el comisario reemplazará los atavíos del queso

y morirán muchos funcionarios de buen amor.

Por eso - lo manda la crónica original

hay que besar con las normas del caballo:

con la peligrosa mansedumbre del loco,

las manos trabajando en la distancia


y el temblor enlunado de siempre.

 
Comentarios () | Comente | Comparta c