Selección de poesía Colombiana, años 80 y 90

RAMÓN COTE BARAIBAR
(1963)


Nació en Cúcuta, Norte de Santander, en 1963. Es licenciado en Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid. Publicista, ensayista y crítico. Ha publicado: |Poemas Para una fosa común (1985), |El confuso trazado de las fundaciones (1991), |Informe del estado de los trenes en la antigua estación de Delicias (1992) y |Botella Papel (1999). Fue ganador del III Premio Casa de América, en 2003, con su libro |Colección privada.

 
EXPULSIÓN DEL PARAÍSO
Masaccio
Para Renato Sandoval

 

Ni siquiera las lágrimas

aai
espesas como el mercurio

ni el yunque ardiente

aaique les quemaba muy adentro

ni los kilómetros de zarzas

que hicieron sangrar sus tobillos

ni la prolongada llovizna

aaque los recibió de pie en la intemperie.

Nada, nada de eso, ni las semanas ni las arenas

aini las sucesivas generaciones

han podido borrar de nuestros cuerpos

hese aroma a jazmín que un día muy lejano

trajeron del Paraíso.


BELLA FERRONIERE
Leonardo da Vinci

No fue debido a la blancura cegadora

de la nieve

que desviaras la mirada.

Herida mujer de amores,

protegida por una cierta cinta negra que sostiene tu frente

te asomas decidida a la ventana de la torre

intentando contener ese llanto que sólo el corazón produce,

que sólo del engaño emana.

Las fugaces alondras

que cruzan sobre tu tristeza

nada pueden hacer por aplacar

esa brasa que atormenta el fondo de tus ojos.

Como si te acusaran de olvido

volteas a mirar con rabia, con fiereza,

esa voz alguna vez amada

que ahora te separa de la nieve.


KATIA LEYENDO
Balthus

No existe mayor placer en la vida

Katia, que espiarte

en las tardes de los sábados

cuando en tu cuarto lees solitaria

ese libro de pastas amarillas.

Por cada página que pasas

deslizas como un gato angora

las plantas de tus pies sobre la alfombra,

mientras tus piernas que suben

que bajan que se encogen que se estiran

van descorriendo poco a poco tu falda,

milímetro a milímetro,

hasta aproximarse peligrosamente a tu sexo,

a tu bahía secreta, a tu pócima mágica,

a tu jardín incluso por ti desconocido.

No existe otro placer en la vida

como éste, katia, de los sábados

cuando espiándote detrás de una pared

esperamos el momento en que reconozcas

que la edad de la inocencia

ha llegado a su fin,

que por todo tu cuerpo una serpiente

te ofrece la más tentadora de las manzanas

y decidas entonces desnudarte y descubrir

con tus dedos y ante nuestros ojos

esa llama oculta que arde de deseo,

y mires desafiante con pavor y placer

el mundo al que ahora perteneces.

 

Reservas de visibilidad

De fulgores se componen los días. Encontrar de repente una escalera de piedra ablandada por el manso pregón del musgo. Descubrir un fotógrafo detenido en un parque, iracundo de eternidad ajena. Admirar una tarde, entre las islas, un alargado juguete de madera rodar sobre las tablas de un muelle. Hallazgos que nos llaman al orden, que ocupan el espacio de su revelación y arrojan para siempre su claridad inmediata. Y ya no podemos ser los mismos. Tantos
hallazgos nos aguardan. Sólo por eso la vida parece ser eterna.

aaaaaDe vestigios se componen los días. Por ejemplo, cruzar un martes delante de la casa abolida. Y recuperar muros repletos de ladrillos y sentir el viento lejano de las carcajadas como truchas transparentes luchando entre las camisas. Empuñar manijas. Repetir un nombre en el eco sin escapatoria de los baños blancos. Bajar por calles que obligan al pie a detener su impulso y a enderezar el cuello. Vestigios que nos llaman al orden, que ocupan el espacio de su revelación y arrojan su claridad inmediata. Y ya no podemos ser los mismos. Tantos vestigios nos acechan. Sólo por eso la vida parece eterna.

aaaaaa
Entre fulgores y vestigios.

 

 

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