Selección de poesía Colombiana, años 80 y 90

ÓSCAR TORRES DUQUE
(1963)


Escritor, editor y profesor universitario nacido en Bogotá en 1963. Ha publicado, entre otros, los libros: |La poesía como idilio (ensayo, 1992), |Manual de cultura general (poesía, 1994), |El mausoleo iluminado. Antología del ensayo en Colombia (1997 y 1998), |Visitación del hoy (1998) y Otro (1999). Obtuvo el Premio Nacional de ensayo Colcultura en 1992, con su libro |La poesía como idilio. Y el Premio Nacional de poesía Colcultura en 1997, con |Visitación del hoy.

 
 
Elvis Presley

ese muchacho de pelo engominado

que ofreció

por todo tesoro

el rítmico movimiento de su pelvis

que propagó la peste del rockanrol

a lo largo y ancho del último imperio

que se alistó

patriota

en el ejército pulcrísimo de su país

que enloqueció a las niñas

blancas

y a las niñas negras

que se armó hasta los dientes

para asegurar su vida

contra iconoclastas rabiosos

que engordaba como venus de willendorf

y hacía dietas de insomnio

y estimulantes

para reaparecer

-dador de feeling-

que murió tal vez

entre las aperturas de un silencio metabólico

que tal vez vive aún

oculto o incógnito en mansiones de Hawai

ese que ahora

aúlla de nuevo con su jailhouse rock

para que recomience

-corona donada a su memoria-

el testimonio de bienestar

de sus vasallos.


Oficio

Es mentira. La poesía no es mi oficio

Ni siquiera hay tiempo para ello. Pero, y si hubiera

aaaaaitiempo?

Quince minutos no bastan, una hora no basta; quizá dos

aaaaaahoras,

dos horas diarias.

Digamos que hay tiempo, que saludo a contrapecho el ocio

y no corretean por ahí mis hijos ni mi mujer me invita a

aaaaaaacolaborar en la cocina,

no jode el teléfono ni es mañana cuando vence el plazo

nnnnnn
para entregar otro artículo por encargo.

Entonces pase el ángel y yo aplique al papel un par de in-

aaaaaaaisulsos versos

Es esto poesía? Mis amigos dicen que sí, pero yo no me

aaaaaaconvenzo

y en ese tire y afloje se me va la vida.

 

Balcón

Suspendido sobre el aire

como una frase a medio terminar,

el balcón subvierte la calle

con una sombra inesperada

y recoge un poco de sequía

bajo sus faldas cuando llueve.

Es un misterio su permanencia

en tan ligera actitud:

no se abalanza hacia orilla

ninguna, como un puente

lo hace, ni se apega a los muros

con la prudencia adusta

que en las ventanas se advierte.

Tiene algo fugaz su manera

de asomarse al mundo,

como una península

se interna en el mar.

Pero no lo quiero así,

como metáfora de caducidad,

sino como imagen de la poesía.

 

Juan Pablo

|Para Gloria

Pensar que hace diez años ni soñábamos tener hijos,

o mejor, soñábamos no tenerlos,

y hoy mi segundo hijo me llama por mi nombre

como si supiera que su padre es alguien distinto de ese que

aaaaaaaagrita o acaricia,

no un hombre del cual depende su destino

sino un pobre hombre que a veces lo visita y tiene muchas

oooooooooocosas que contar.

Como si ya lo supiera.

Entonces, soy menos su padre que su cómplice;

Nadie me daría el derecho de prolongar mi historia,

De orientar una vida, de legar una herencia que ya apesta

aaaaaaaaaA pudrimiento intelectual, a sanalejo de monasterio.

Él no escucha a su padre sino la música compartida,

Los apellidos de futbolistas extranjeros virtuosamente voca-

aaaaaaaaaaa
lizados,

la historia de Caperucita cada vez distinta,

los nombres de animales que jamás conocerá.

Y sólo tiene dos años. Y es tan flaco y tan pequeño

Cómo he merecido a este Petit Prince que sueña corderos

aaaaaaaaaaaaque no alcanzan mi destreza?

Pero está conmigo y casi digo "es mío", cuando me sorpren-

aaaaaaaaaaaaade la tristeza y veo al genio enano que ignora mi

aaaaaaaaaaaaiimpaciencia y corre en pos de otro juguete.

Es la amenaza.

La amenaza de no entenderlo, de no saber por qué llora,

aaaaaaaaaaipor qué calla,

qué diantre le va o le viene que yo lo nombrara Juan Pablo

para meterlo en mi prisión

llena de apóstoles extemporáneos y torpes palabras de ter-

aaaaaaaaaaaanura.

Pero está libre. No soy yo quien le ha dado esa libertad

ni la alegría de vivir.

Pero hoy más que nunca, o como nunca, sé que lo merezco,

que merezco ser su padre aunque no importe,

que merezco ser Óscar porque así se llama su amigo.

 

 

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