Conmemoraciones
1
Estoy usado
como piedra de lecho.
Los bordes ensombrecidos
de la vida.
Yo concilio las expoliaciones
del tiempo
desde que te has ido.
Estás lejana porque el incendio
es la ausencia del bosque.
Mi vida
sobre la herida
de tu muerte.
Subsanándote.
Estoy como el algodón
en la boca del agonizante.
Tú me prestas,
usas mi transcurso,
lecho de estrago
navegando por tus aguas.
Sólo cuando muera
terminará tu muerte.
Rosa oscura
de la nada yaces
a orillas del silencio.
2
Estas mismas campanas
sonarán
el día de mi muerte.
Pensaré entonces:
"Ese día estaba vivo".
Bronces entreabiertos
en la vida y en la muerte.
Hago gestos.
Los gestos que tendré
cuando muera. Inauguro
el silencio venidero.
Yo sé los tientos
que me das.
Entras poco a poco.
La muerte es una
pura insistencia.
De pronto advertimos
que estabas allí
como amigo
reconocido en una sala.
Y nos miras
en la pestilencia de los espejos.
3
Como pájaro herido
por la luz
de opuestos puntos cardinales
que vienen de cielos distintos
y lo hacen girar
movidos por el impulso
de sus desemejanzas,
enamorado
del espacio simultáneo.
Quién bebió
tanta ansia de luz.
Quién fue discernido
por opuestas transparencias.
Fulge el arcángel
en la indecisión
anulando el vuelo antecedente.
Se precisa embriaguez
para anular el peso
y herir la distancia.
La luz es la distancia
agitada por la transparencia
de tus alas.
Todo vuelo
es excesivo.
4
Yo vivo
pero tú eliges
los días del tiempo.
Prometo volver a este día
cuando muera.
Te corona
la nada opulenta.
Tu cabellera
materia espesa,
perturbada
por la gravedad.
Oigo el grito
de los marjales exasperados.
Náufrago y ahogado
en tu muerte.
Miro los techos salobres
de la ciudad. Las tejas
sucias de tiempo y lluvia.
Y el sudor de las pasiones
vividas en los aposentos.
No conoces tus abismos.
Pero hay ojos que habitan
la tiniebla y te perdonan.
