Canción del Mar
Yo fui el cantor de una canción sombría,
que un ronco océano me enseñó a cantar.
Mi corazón divina sed tenía,
y el agua acerba de mi mar bebía,
y me embriagaba del horror del mar.
Cuando la torva tempestad raía
mi vela errátil de fatal negror,
ebrio del zumo de la mar bravía,
sobre mi nave rota me dormía,
soñando el sueño de un celeste amor.
Rayo iracundo de fragor broncíneo
rasgaba el cielo como fosco tul,
y yo veía, al resplandor fulmíneo,
tras mis pesados párpados, virgíneo
ángel querúbeo de mirada azul...
Hoy ya reposo de la mar felina;
cércame playa de desierto horror...
¡Dadme de nuevo aquella sed divina,
mi rota nave y mi canción marina,
mi tempestad y mi celeste amor...!
